05.14.08

Deng Xiao Ping

Posted in terrorismo, Democracia at 19:02 por jserna

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Desde luego todo atentado está concebido para dañar objetivamente: para herir, para matar o para ambas cosas a la vez. Pero estos ataques están igualmente pensados para activar o agravar procesos de victimización, para que nadie se sienta a salvo, para que los medios registren el hecho: un acontecimiento del que siempre darán cuenta los periódicos buscándole inevitablemente algún significado. Por supuesto todos somos potenciales víctimas, pero hay más probabilidades de que asesinen a quienes son símbolos o pueden tomarlos como tales. Aparte de matar, eso es lo más extraño de estas acciones: que los ejecutores no lo hacen por razones personales; sólo para que escarmienten los símbolos. Supongo que quienes han puesto una bomba de más de cien kilos en un cuartel no tenían nada particular contra una persona nacida en Melilla hace cuarenta y tantos años: de profesión, guardia civil. Hacer de alguien un emblema de algo tiene la ventaja de que no es preciso enemistarse con él. Basta con convertirlo en símbolo de lo odiado. 

Un atentado cobra dimensiones de terror sublime cuando la muerte real agiganta el hecho, pero también cuando la matanza potencial hace imaginar un infierno. Sin embargo, la violencia simbólica en sí tiene poco de sublime: suele ser banalidad incurable, impotencia mediocre, razonamiento averiado. ¿Que en ocasiones hay circunstancias objetivas que parecen justificar el hecho violento? Digo esto y me acuerdo de lo que cuenta Santiago Roncagliolo en La cuarta espada, un volumen en el que el autor rastrea el terror en el Perú reciente, el provocado por Sendero Luminoso y el organizado por el contraterrorismo. Las primeras acciones ordenadas por Abimael Guzmán fueron concebidas por su dimensión especialmente simbólica. O eso creyeron él y los suyos.

El primer atentado ocurría en la madrugada del 17 de mayo de 1980. Duró una media hora. Cinco encapuchados redujeron al guardián de un colegio electoral en Chusti. Quemaron las urnas y el libro de registro. 

Quemaron las urnas y el libro de registro

Durante las siguientes semanas, los senderistas cometieron otros atentados con dinamita y con bombas caseras. Atacaron bancos, torres eléctricas, locales públicos y… algunas dependencias de la embajada de China en Lima.

La embajada de China.

La siguiente acción más llamativa tuvo lugar el 24 de diciembre de ese mismo año: “una columna senderista”, escribe Roncagliolo, ”atacó una hacienda, secuestró al propietario de sesenta años, lo torturó a golpes, le cortó las orejas y lo mató”.

Le cortó las orejas y lo mató

Dos días después, el 26 de diciembre, Sendero Luminoso engalanó el centro de Lima con adornos de simbolismo obvio: en algunos postes de la luz colgaron perros. Los responsables policiales pensaron que los animales llevaban dinamita. En realidad, los perros sólo tenían carteles con una leyenda extraña: “Deng Xiao Ping, hijo de perra”.

 Deng Xiao Ping, hijo de perra.

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Una acción de violencia simbólica, fotografiada por Carlos Bendezu para la Revista Caretas. Con esta acción contraria al reformismo comenzaba en Perú la guerra de guerrillas, replicada con ferocidad por el Estado. Deng Xiao Ping en los Andes… El resultado, casi setenta mil muertos. Desde luego en el origen de tantas violencias suele haber un principio banal que se hace pasar por simbólico, una justificación presunta, un escarmiento.

No me pidan que ahora razone: no puedo decir más de lo que ya he dicho muchas veces. Sólo puedo mostrar mi estupor.

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Viernes 16 de mayo, a poqueta nit, nuevo post.

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05.12.08

Salvemos el PP

Posted in Comunicación, Democracia, Historia at 22:28 por jserna

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0. El Partido Popular está en crisis (12 de mayo)

Está en crisis… desde 2004. Ahora, una generación se aparta o se jubila o es tentada por la empresa privada; la nueva cohorte, al menos los rostros más conocidos que la forman, llega a los puestos de responsabilidad aupada por Mariano Rajoy en un momento de grave enfrentamiento. El Partido Popular corre el riesgo de eliminar las mesnadas de su propio recambio. ¿Y por qué debería preocuparme si el PP es una organización en la que no milito? Perdonen el didactismo: porque la democracia depende de los partidos que compiten, y los partidos son agregados generales de intereses contrapuestos, formas institucionales que se basan en expectativas personales, estructuras que se nutren de poder, el mismo tóxico que envenena las relaciones. ¿Pero es pensable un sistema político sin ese nutriente? Por supuesto es una ingenuidad creer que la forma partido puede ser reemplazada por algo distinto y mejor: por ejemplo, por una organización en la que no se dé un juego de suma cero. Pero los juegos políticos no son sólo lizas entre individuos con expectativas: son básicamente choques y alianzas entre coaliciones internas que compiten para adueñarse de la organización. Son formaciones en las que se milita. El lenguaje es evidentemente bélico y ello no es una casualidad. Pero en un ejército el conflicto no se da sólo hacia el exterior: contra ese enemigo que tratamos de reducir o eliminar. El conflicto se da también internamente: entre esos oficiales y clase tropa que esperan subir en el escalafón granjeándose el apoyo del mando. Por eso, en su seno, todo puede ser objeto de disputa, entre otras cosas porque se fundamentan en un recurso escaso: el poder y sus consecuencias.

Pero digo lo anterior y me corrijo. Un partido es algo bien distinto a un ejército. Salvo casos extremos, la jerarquía no se cuestiona entre la tropa. Las informaciones suben y las órdenes bajan. Pero en una formación política la ejecución de los planes no depende siempre de la anuencia colectiva, sino de los consensos.  Cada parte del partido, cada órgano de la organización, es un canal de influencia, un canal a través del cual fluye la capacidad de dirección, de cooptación, de asentimiento. Salvo que haya una fracción suficientemente poderosa, capaz de imponer su dominio y de repartir prebendas, el equilibrio es inestable. El poder institucional es un producto-milagro, un engrasante que suaviza. En principio, una pequeña cantidad sobra para lograr la consecuencia inmediata: para alcanzar una posición aseada. Pero, por lo que parece, el poder es también un narcótico cuyo efecto se disipa pronto porque su disfrute siempre escaso y revocable está amenazado.  Digo poder y pienso en Michel Foucault.

1. La sociedad cortesana (13 de mayo)

La única manera sensata de abordar qué sea el poder en un partido es hacerlo desde el pesimismo, desde la lucidez de quien carece de expectativas o desde la voluntad de quien no tiene ambición. Por no militar en partido alguno o por no desear poder institucional alguno, observo su funcionamiento desde el puro desapego. Frente al encanto y frente al engaño de los diagnósticos, hay que oponer el realismo político y el paganismo de las creencias: nada de fantasía o de expectativa o de sagrado. En un partido, como en todo lo humano, cualquier cosa es contrariedad ordinaria, un drama muy vulgar. Si los pensamos bien, es casi milagroso que sean pacíficas la mayor parte de nuestras relaciones: es sorprendente teniendo en cuenta que lo humano suele ser competitivo. Sólo la ingenuidad o la mala fe revisten la competición con la buena intención del altruismo, con la paz del todo que unos y otros aceptan. 

Pero un partido político es una Corte. Permítanme esta metáfora.   La organización tiene vida de palacio en torno al príncipe, esa vida de palacio es propiamente representación cortesana: una lucha generalmente incruenta entre  nobles (y no sólo guerreros) que disputan entre sí, que se retan buscando el apoyo, el favor, el consentimiento del monarca y de los restantes titulados. Es una nueva forma de batallar con ostentación, con amagos, con excesos; una nueva manera de refinar del combate originariamente bélico, decía Norbert Elias. Es un nuevo modo de civilizar y civilizarse, es decir, de hacer incruenta la liza, dado que disputan luciendo las mejores galas, persuadiendo al príncipe, atrayendo al pueblo, que observa lejano y atónito ese conflicto cortesano. Pero ese monarca no siempre consigue ser un rey absoluto, dueño manifiesto de todos los recursos y de todos los concursos, amo de la soberanía y de la jurisdicción, de la representación del poder y de sus instituciones. Es un primus inter pares.

Para empezar no puede deshacerse impunemente de quienes le acompañaron en las guerras que sostuvo con anterioridad. No se lo perdonarían. Siempre habrá nobles irredentos, nobles dispuestos a abandonar la vida muelle de palacio, la insignificancia que el futuro o el soberano les deparan: por vanidad, por orgullo, desearán disfrutar de los tesoros ganados o, mejor, desearán salir otra vez a batallar, a ensanchar los confines del Reino, a apropiarse de su parte del botín. Sin embargo, si ahora el rey espera beneficiar con títulos y empleos a los advenedizos que llegan, esa camarilla afín que desplaza a los rancios, es probable que la Corte de viejos guerreros se resienta, se levante. El monarca –tan legítimo, tan divino, tan lejano– está necesitado de apoyos y coaliciones: no puede reformar contra sus propios mantenedores ni contra los valedores que antaño ampliaron la superficie del Reino. Podría verse solo, desamparado, arrastrando con él y en su caída a quienes él mismo aupó. Se sacrificaría así a una nueva generación de nobles ambiciosos y jóvenes recién titulados. ¿Es pensable tal cosa? Quizá lo pensable o lo venidero sea la irrupción de un tercero, la salida de un inesperado representante de los valores dinásticos, una línea depuesta pero legítima o un linaje imprevisto pero aceptable: alguien en fin que reclame tradición y reformas, batallas que puedan calmar la sed de los guerreros y que puedan satisfacer las ambiciones de los nuevos, esa rivalidad ostentosa de quienes ya alardean en la Corte. Pero ese tercero no podrá ganar contra una parte del Reino. Mejor dicho, no podrá ganar contra una parte de la Corte.

José Luis Rodríguez Zapatero fue el tercero en disputa en unas primarias socialistas (primus inter pares), alguien que supo obtener sus triunfos sin apear a toda una generación, aportando –eso sí– gente nueva con ambiciones no menores. Se trataba de reunir apoyos de los viejos para dar paso a los advenedizos, operación que encabezó un joven hombre del aparato y de la estructura parlamentaria del partido. Con aparente ingenuidad y con resuelto maquiavelismo, Rodríguez Zapatero ha sabido representar su acto como si de una narración épica se tratara, como un nuevo Arturo. Suso de Toro, escritor áulico del actual presidente, lo glosaba rememorando el mito: “El mito es bien conocido: a la muerte de Uther, el soberano, el reino se había sumido en el desconcierto y el desgobierno; los nobles se disputaban el trono, pero sólo aquel que arrancase la espada de la piedra sería el elegido. Pero no fue ninguno de los barones, sino Arturo, un muchacho de origen incierto, quien arrancó limpiamente la espada”. Eso leemos en Madera de Zapatero, aquel volumen electoral que aquí analizamos y que les invito a repasar. Desde luego no fue exactamente así, de ese modo prístino, original, adánico que sus oponentes le reprochan. Hay que leer más y creo que muchos de los que opinan en la prensa no leen suficientemente o, al menos, se dejan llevar por la impresión no madurada.

Por ejemplo, estoy seguro de que muchos de los que los que le son hostiles no han leído el Examen a Zapatero, de Philip Pettit. En unas declaraciones que en sus páginas se recogen, el actual presidente habla de las relaciones internacionales y dice: “Los intereses de nuestro país están mejor servidos con una labor discreta y constructiva que permita ir ganando aliados que con confrontaciones estériles con las que se acaba alienando a socios que antes o después vas a necesitar”. Por favor, olviden las relaciones internacionales y lean en clave personal y maquiavélica el texto que les he reproducido. Rodríguez Zapatero se presenta como un político sagaz que sabe lo que se juega: su éxito no dependería sólo de sí mismo, sino de las coaliciones que fuera capaz de organizar, de las colusiones que pueda orquestar, de los potenciales aliados que pueda reunir.

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Blogosfera 

Àngel Duarte, “Dejen de devorarse a ustedes mismos, por favor“, El tinglado de Santa Eufemia, 13 de mayo de 2008

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Miércoles 14 de mayo, nuevo post a poqueta nit

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04.21.08

Esperanza Aguirre

Posted in Comunicación, Democracia at 12:43 por jserna

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0. Proemio (21 de abril, 12:43)

La actualidad es un concepto discutido y discutible. Como la nación. Como el Espíritu Santo. Como Esperanza Aguirre. Como Dios…, ah, qué grandes momentos he pasado leyendo los últimos libros de Manuel Talens y a Eduardo Mendoza. Aún me divierto pensando en las carcajadas que me han provocado. Deberíamos estar siempre agradecidos a quienes nos hacen reír. También Esperanza Aguirre me hizo reír cuando se convirtió en personaje habitual de Caiga Quien Caiga, con un Pablo Carbonell divertido y demente persiguiéndola. Incluso le dedicaron su apartado especial en la emisión: “El rincón de Espe”, creo que lo rotularon.  Eran momentos de esplendor político. Estaba endiosada. Como ahora.  

En La cinta de Moebius, de Manuel Talens, Dios aparece en persona, aquejado de dolencias humanas, demasiado humanas, avejentado tras siglos de faena providencial: tras siglos de una tutoría agotadora. En El asombroso viaje de Pomponio Flato, de Eduardo Mendoza, es el Niño Jesús quien aparece: un pillete bastante repelente, de ingenio agudo, un pícaro, un sabelotodo. Dios y el Niño Jesús están convencidos de su verdad, de la Verdad. Creen ser muy listos, sabedores de sus respectivos papeles en el mundo; y creen tener sentido estratégico, conscientes de que librarán batallas trascendentales que les dejarán en buen lugar. Bien mirado, el rol que desempeñan es algo desastroso. Ambos se saben decisivos pero no calculan suficientemente el peligro de sus enemigos. Un exceso de confianza o de autoestima les lleva a desatender lo que es una vida eterna.

Esperanza Aguirre no tiene una vida eterna. De hecho, su existencia política se está acortando. Es una mujer avispada, de ingenio agudo, algo pícara y convencida de su faena providencial, pero le pierden su sentido pijo de la presentación y la representación, sus hachazos mal dados y una militancia doctrinaria que cree estratégica. Pero hay más. Esperanza Aguirre no es un símbolo: es un concepto. Es persona, sí, pero también es un concepto discutido y discutible. Como Dios: se postula indirectamente, valiéndose de sus segundos y, por tanto, se sueña como líder… pero sin conseguir el aplauso mayoritario de su partido, de sus secuaces y de sus opositores, claro. Leamos bien: secuaz es quien “sigue el partido, doctrina u opinión de otro”, dice el Diccionario de la RAE. Aguirre tiene gentes que la siguen, que la quieren como “lideresa” del partido, como ariete doctrinal, como directora de opinión. Pero el suyo es un concepto discutido: los marianistas se le oponen. También el suyo es un concepto discutible porque el liberalismo no intervencionista que abandera Aguirre es una posición doctrinaria que no aceptan todos los votantes del PP. Pero eso no es lo peor. Lo peor es la colusión entre mercantilismo, periodismo y ambición política.

De hecho, la presencia y la actualidad de Aguirre entre nosotros se deben a los periodistas de papel o radiofónicos: son ellos quienes la encumbran o la convierten en centro de discusión. Es triste el papel que el periodismo está desempeñando en esta lid. Nada nuevo…: habrá que volver a leer a Karl Kraus y confirmar que hay profesionales que  emplean diputados en uso o en desuso para sus fines político-mercantiles. “¿Es la prensa un mensajero?”, se pregunta Kraus. “No: es el acontecimiento. ¿Un discurso? No: es la vida. No sólo plantea la exigencia de que el verdadero acontecimiento lo constituyan sus noticias sobre los acontecimientos, sino que provoca también esa siniestra identidad por la cual, en apariencia, se informa de los hechos antes de que se hagan realidad”.

Lunes 21 de abril. Esperanza Aguirre tiene previsto reunirse con Francisco Camps. ¿Qué declaraciones hará? Lunes 21 de abril. Esperanza Aguirre tiene previsto acudir a un programa televisivo, 59 segundos, enteramente dedicado a ella.  Allí podrá departir con periodistas. ¿Qué declaraciones hará? ¿Será hoy el día?

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1… 59 segundos  (21 de abril, 23:56 horas)

Veo las imágenes de Esperanza Aguirre en el programa de Televisión Española. Ante periodistas varones y ante la moderadora se presenta simultáneamente rotunda, medida, inconsciente, contenida, temeraria, convencida, suelta, segura. Con respuestas necesariamente rápidas, como exige el esquema de los cincuenta y nueve segundos, se afirma sin afirmar, se postula sin postularse, se vende sin vender directamente el producto. Esperanza Aguirre es un producto –como diría Risto Mejide– y ella lo sabe: sabe que en este momento no puede ganar el congreso del PP pero sabe a la vez que el candidato a la Presidencia del Gobierno no tienen por qué elegirlo ahora.  Por tanto, ha de iniciar la campaña futura cuando cuente con sus recursos potenciales, con sus avales; cuando Mariano Rajoy dé sus boqueadas como candidato. Sin embargo, Aguirre parece haberse quemado en poco tiempo.  Quizá por ello las dificultades o el fracaso de Rajoy se salden con un tercero en disputa. ¿Un tercero en disputa?

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Hemeroteca

Justo Serna, Tertius gaudens, El País, 22 de abril de 2008 El artículo que ahora leen se escribió y fue remitido el pasado 11 de abril. Siendo como es un artículo de plena actualidad, su publicación se ha retrasado once días. Aparece hoy en El País-Comunidad Valenciana. Si se ignora lo anterior, ese lapso, y se lee ahora, podría interpretarse como un análisis implícito de los últimos choques y desenlaces de Esperanza Aguirre con los suyos: con Alberto Ruiz-Gallardón, con Mariano Rajoy e incluso con Francisco Camps.  Pero no es así: no lo he escrito valiéndome de los últimos hechos noticiables. Es un vaticinio de lo que puede suceder en el futuro al margen de lo ocurrido en la última semana. Es decir, sigo pensando que Esperanza Aguirre –que ahora parece reservar su hachazo para mejor ocasión– tiene muy difícil conciliar a quienes se ha enfrentado a tumba y ambición abiertas. No descartemos, pues, a un tercero. ¿A quién?

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Hemeroteca histórica

Una entrada de este blog dedicada a la última novela de Manuel Talens, ahora traducida al inglés para su mayor difusión y publicada de nuevo. No me pregunten por qué.

-Red de traductores Tlaxcala

-Revista Cubanow

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Hemeroteca y predicciones hechas en este blog

-El barrito del elefante (1 de febrero de 2008): ”…imaginen una derrota clara de uno de los dos candidatos, de su oferta: entonces la rabia, la ojeriza y el malestar serán manifiestos. Si ocurre eso, el líder vencido será inmediatamente cuestionado, viviendo su partido un período convulso, lleno de incertidumbres que a todos nos afectarán, claro: condicionará el conjunto del sistema democrático y, además, el hostigamiento y el probable rencor contra quien gane seguirán. Es una banalidad metafórica, pero resulta definitivamente cierta: los partidos políticos son maquinarias pesadas de las que oímos el ruido de sus engranajes. Mientras se gana, todo funciona como un resorte bien engrasado; cuando se pierde, todo chirría, amenazando el conjunto del mecanismo. O quizá los partidos son como elefantes (que tantos servicios prestaron en las antiguas guerras): barritando…, temibles en ataque, en sus embestidas; pero lentos y torpes cuando deben correr o rehacerse rápidamente”.

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HOY, JUEVES, 24 DE ABRIL, NUEVO POST A LAS DOS DE LA TARDE 

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03.17.08

La decadencia de España

Posted in Televisión, Comunicación, Democracia at 11:29 por jserna

1. Jardinería sublime

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Leo la prensa conservadora, a columnistas que fueron combativos durante la pasada legislatura. Salvo Pedro Jota Ramírez o Federico Jiménez Losantos que siguen en estado de alerta, en posición de combate, la mayoría parecen desconcertados y, más aún, abatidos. Como soldados aturdidos tras la embestida del enemigo. Después de haberse empleado con ardor guerrero y con excitación, se les ve ahora entristecidos, lógicamente entristecidos, tratando de comprender qué ha pasado. Algunos de los más influyentes parecen sumidos en un estado general de melancolía, algo así como una neurastenia, un debilitamiento, un hastío profundo con pérdida de la fuerza nerviosa, una fatiga sólo en parte causada por el esfuerzo militante. El propio Partido Popular, obligado a reparar los desperfectos que la derrota ocasiona, está volcado al interior… ¿Cuál es el tono que los analistas han adoptado?  Buscar desesperadamente metáforas que les devuelvan el lirismo perdido, que les permitan hacer literatura y que, a la vez, justifiquen el apocalipsis verbal con que se emplearon.  

¿Por qué el peor presidente de la democracia ha derrotado a un partido tan surtido de propuestas?, se preguntan una y otra vez. ¿Qué extraña patología padece un país que da el triunfo a un insolvente, a un incompetente, a un bobo? ¿Estaremos quizá ante un nuevo Mr. Chance, aquel jardinero fronterizo que llegó a gobernante, encarnado por Peter Sellers? Hablaba literalmente de injertos y de abonos, pero todos creían que se expresaba con jardinería sublime; todos le suponían una profundidad de la que carecía. Gabriel Albiac, que fue un abstruso filósofo seguidor de Louis Althusser, es ahora un fiero crítico conservador, desencantado y no menos eminente: Contra los políticos se titula su último libro. Pues bien, Albiac fue también uno de los primeros en escribir de Mr. Chance para denostar a Rodríguez Zapatero. Concretamente en una columna que publicó en La Razón el 9 de agosto de 2006. 

Las metáforas, siempre las metáforas. Ahora, los fieros combatientes de la ideología conservadora han encontrado a otro tipo averiado que les permite denostar al mismo presidente: o, mejor aún, zaherir a esos once millones de votantes que han quedado obnubilados por nuestro Mr. Chance. El nuevo monigote es Rodolfo Chikilicuatre. El personaje de El Terrat les sirve ahora para diagnosticar los males del país, para deplorar el estado de nuestra incultura, de nuestra incuria: para medir la profundidad de nuestra decadencia moral. A esta conclusión llega –por ejemplo– el martillo de izquierdistas que es Hermann Tertsch, ese antiguo reportero sobre el que volvemos una y otra vez.  Pero algunos otros columnistas han ido más allá en su dictamen: somos unos irresponsables, nos dice Curri Valenzuela, la gran Curri Valenzuela que aquí examinamos tiempo atrás. “Está claro que cuando se nos llama a votar, los españoles nos decantamos por la opción más divertida. Mandamos a Rodolfo Chikilicuatre al festival de Eurovisión con la intención de que medio mundo se ría de nuestra música y elegimos a Zapatero”. Podríamos concluir que los mismos electores que han dado el triunfo al presidente socialista son quienes han votado para que el payaso de El Terrat nos represente en el Festival de Eurovisión. Se pueden perder unas elecciones, pero no se puede admitir que en la misma semana gane doblemente la estulticia.  Ajá. Entendido.

“Chiquilicuatre y Zapatero, cada cual a su modo”, dice por su parte Manuel Martín Ferrand, “son síntoma y reflejo de la realidad española. Ambos cuentan con el respaldo de un buen número de votantes y concuerdan con el gusto y la estética, los planteamientos y la praxis, de una población que desprecia el esfuerzo, desestima la excelencia, confía en que el Estado resuelva todos sus problemas y se reconforta con su propia y grosera pequeñez. Chiquilicuatre y Zapatero son las proyecciones, en el espectáculo y en la política, de una sociedad dispuesta a admitir que el grafiti es un arte, que las televisiones al uso constituyen un medio informativo y la cultura no es otra cosa que una lápida que aplasta nuestra creatividad”, admite Martín Ferrand con melancolía. “Los jevis y los friquis, que también tienen sus derechos, no pueden, desde su risible minoría, ocupar el centro de la Nación y convertirse en ejemplo para la juventud”, apostilla.

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2. Fluidos cardíacos

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¿Qué les falta a Tertsch, a Valenzuela o a Martín Ferrand? Nuestros autores son literales, se expresan viendo en la realidad un espejo de sus propias incertidumbres, y el sarcasmo sólo lo emplean para atacar al adversario. Parecen incapaces de tomarse con guasa o  con distancia irónica: la España de sus dolores es un ultraje que a ellos se les inflige. Por eso se expresan con severidad ulcerosa, con acentos que ellos creen orteguianos. Yo, por el contrario, pienso que Chikilicuatre canta una pieza memorablemente sarcástica, como ya les dije. Imaginen que Baila el Chiki Chiki gana el Festival de Eurovisión. Qué conclusiones tan avinagradas se permitirán esos columnistas: Europa en declive, etcétera. De momento sólo es España la que está en decadencia: compitiendo ferozmente con el Pavo Dustin, por ejemplo. Pero no adelantemos acontecimientos. 

El humor es una defensa contra las ofensas de la vida, de nuestra propia vida. Por eso quiero ver la realidad en las entretelas; por eso deseo leer periódicamente libros que me desmientan o me rebajen, que me hagan apearme de la severidad académica. Cuando, además, estos volúmenes se escriben con ironía, con sarcasmo y con prosa inteligente, mejor aún.

¿Qué nos ofrece ahora el mercado? A Tertsch, a Valenzuela o a Martín Ferrand les recomendaría Sé lo que hicisteis…, el libro que firman Patricia Conde y Ángel Martín. Si lo leen, quizá puedan olvidarse de Chikilicuatre… para confirmar lo peor: que España está poblada por monstruos televisivos. Como saben, Sé lo que hicisteis… es un programa de La Sexta. Allí se hace un repaso –un zapping– de lo que las cadenas de la competencia ofrecen, preferentemente en materia cardíaca: en asuntos del corazón. Con ironía mordaz y salaz, Ángel Martín examina imágenes y palabras, dichos y hechos de famosos y de periodistas más o menos famosos: básicamente de esos reporteros televisivos –esos profesionales– que cada día o cada semana comentan las andanzas u ocurrencias de personajes tan relevantes como Nuria Bermúdez, Belen Esteban, Pipi Estrada o Alessandro Lecquio.  

Patricia Conde da la réplica haciendo de buena chica que no entiende: frente a esos aspavientos y grititos, Ángel Martín debe esmerarse, corregirse o enmendarse para no escandalizar a su partenaire. Una de las fuentes informativas de las que principalmente se nutría Sé lo que hicisteis… ha desaparecido de la parrilla: Aquí hay tomate , de Tele 5. Eso hace que el programa haya perdido algo de chispa y frescura: los tics, los guiños, los cebos del Tomate son ya pasado. Menos mal que aún quedan buena parte de sus monstruos… El libro del programa trata escasamente del espacio, pero sus páginas son una auténtica enciclopedia del famoseo: recomendable, en general muy bien escrito y con una ironía que llega al sarcasmo. En el libro hay “citas célebres” de los famosos (así lo llaman en el programa de La Sexta). Son frases inconexas o carentes de sentido, semánticamente confusas y sobre todo descacharrantes, como aquella que profirió Sofía Mazagatos cuando le preguntaron por Mario Vargas Llosa: “Pues le sigo desde hace tiempo; nunca he tenido la suerte de leer nada de él“.

La lectura de este libro produce hilaridad y sorpresa entre quienes nos rodean: tales son nuestras carcajadas, hipos y espasmos. Sus páginas reducen la presunta seriedad del mundo rosa, dejándolo en lo que es: la comidilla indigesta de esos curiosos… que somos todos.  Achata la figura roma de tantos famosos y se burla de la gravedad de los periodistas, de esos profesionales que convierten la información de personajillos en fluido cardíaco. Este libro revienta desde dentro el mundo rosa y, a la vez, hace caja (como El Terrat como Chikilicuatre). Hermann Tertsch, Curri Valenzuela, Manuel Martín Ferrand u otros severos columnistas deberían evitar las metáforas lastimeras. Oigan, dejen de inculpar a la España decadente por el triunfo de Rodríguez Zapatero: lo que, de vez en cuando, deberían hacer es relajarse, leer buenos e intrascendentes libros y sacarle provecho a la televisión basura, ese sitio en el que abundan los monstruos. Entre ellos, está Rodolfo Chikilicuatre, un apuesto crooner que se contonea al ritmo del perrea-perrea. Chincha y rabia.

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03.10.08

La horma de Zapatero

Posted in Comunicación, Democracia at 1:11 por jserna

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1. La horma del zapatero (01:11, 10 de marzo)

Durante meses, qué digo meses: durante años. Ha sido durante cuatro años. El Partido Popular no ha hecho oposición, sino recreación de la realidad, tratando de ahormarla a sus deseos, como un zapatero terco. Durante dicho período, el PSOE ha acertado y ha cometido errores; ha tomado decisiones sensatas y ha adoptado otras verdaderamente discutibles. Lejos de combatir lo equivocado, en ciertos sectores del PP –y entre sus columnistas más acérrimos– creyeron posible rehacer la realidad, reacomodándola a su propia versión. Más aún, creyeron posible hacer chanza de José Luis Rodríguez Zapatero, deslegitimándolo, ahormándolo otra vez, presentándolo como un pelele, como un pérfido, como un déspota, etcétera. Todo ello a un tiempo, sin reparar en lo contradictorio de esos términos. Tanto exageraron que lograron atraer mi atención por el curso cotidiano del Gobierno; tanto denostaron que consiguieron preocuparme por asuntos de política ordinaria que generalmente no suelen interesarme. Desde hace cinco o seis años han conseguido movilizar o despertar a quienes no somos militantes ni acérrimos seguidores. Si han sido incapaces de rebasar a un Gabinete tan mediocre (en su opinión); si han sido incapaces de hacer llegar su crítica más allá de los afines…, entonces es que hay un error de cálculo verdaderamente grave: han confundido la realidad y el deseo, la base y el molde, insisto. Acabo de escuchar a distintos analistas conservadores en Intereconomía TV: sus rostros expresaban desolación e incomprensión. Unos proponían un congreso extraordinario para encontrar caras nuevas; otros propugnaban un acuerdo parlamentario del PP y del PSOE para concordar los grandes temas de Estado; otros aceptaban resignadamente el techo electoral del Partido Popular. Se les veía preocupados: Carlos Dávila, Isabel Durán, Román Cendoya, etcétera. Por primera vez no sonreían: pero no era la suerte de España lo que les preocupaba, sino el porvenir del PP. Espero y deseo que el Partido Popular encuentre su horma…

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2. Malestar, un profundo malestar (13:09, 10 de marzo)

Lees Abc o lees El Mundo y los síntomas son inequívocos: hay malestar, un profundo malestar. Han sido cuatro años de militancia activa, porfiada, de combate sin cuartel, de agitación antizapateril (¿lo llamamos así, con ese neologismo tan popular?). Desde el minuto uno, como nos recuerda José María Calleja en Cuatro años de crispación. ¿Y cuál es el resultado? ¿Una dulce derrota o un fracaso político? En este y en aquel artículo, en este y en aquel columnista, se percibe el mal: el malestar y el desastre. Pero no se acierta con su diagnóstico. Les reproduzco la retórica. El Partido Popular no ha podido superar el peor Gobierno desde la muerte de Franco. Ha sido un Gabinete de presidente aventurero y de ministros temerarios. Ha sido un Gobierno insolvente, un equipo de indigentes intelectuales que han despertado desconfianza. Ha sido un Gabinete que al tratar con los terroristas ha sacrificado la moral: un Gabinete que ha acabado adoptando medidas eficaces, sí, pero políticamente derrotistas. Ha sido un Gobierno que ha mentido, que ha ha sabido engatusar, persuadir, embaucar a miles y miles de ciudadanos: a millones de ciudadanos. Ha sido un Gabinete que ha cuarteado España, dando oxígeno a los separatistas. Ha sido un Gobierno internacionalmente poco o nada homologable, con alianzas extremistas: hasta el punto de devaluar el papel que nuestro país desempeña en el exterior. Ha sido un Gabinete que no ha creído en la nación que dirige: hasta el punto de cuestionar el concepto mismo de nación, algo discutido y discutible. España, pues, es algo discutido y discutible. Y la ciudadanía consiente.

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3. El federiquismo (11:40, 11 de marzo)

No todos consienten… ¡Queda algún bravo valiente! Un amable lector me pregunta por Federico Jiménez Losantos. Le responderé reflexionando sobre la guerrilla semiológica del locutor (¿aún maoísta?), algo que ya traté cuando analizaba La ciudad que fue.

El izquierdismo es la enfermedad infantil del comunismo, del marxismo-leninismo. Frente al liberalismo muelle, el federiquismo es la enfermedad senil del maoísmo, del maoísmo-liberalismo.  Es un combate. “Dicho en lenguaje corriente”, indica Mao, abatir un objetivo sólo “se logra ‘disparando al blanco’. Cuando uno dispara una flecha, tiene que apuntarla a un blanco”, insiste el Gran Timonel. Lamentablemente, “algunos camaradas, sin embargo, ‘disparan sus flechas sin tener un blanco”. Con Rodríguez Zapatero muchos creyeron hallar al enemigo único que resumía todos los odiosos y variados rasgos de los adversarios, un careto, una caricatura, un blanco al que agujerear con fácil tino. ¿Y si el contendiente responde? “Es bueno si el enemigo nos ataca, porque eso prueba que hemos deslindado los campos con él. Y mejor aún si el enemigo nos ataca con furia y nos pinta de negro y carentes de toda virtud”: es prueba de reacción herida. Libramos una lucha sin cuartel: sin olvidar cuál es el rostro del oponente.

El de Federico Jiménez Losantos es el viejo método de la simplificación: también llamado del enemigo único, según decía Jean-Marie Domenach. ¿En qué consiste? El enemigo se nos presenta con muchas caras amables y con matices sutiles que hay que descubrir (Ruiz-Gallardón, por ejemplo). No os dejéis embaucar: localizad esos rostros, pero identificad al enemigo, un solo enemigo, y combatid, pues “si tenemos una teoría justa, pero nos contentamos con hacer de ella un tema de conversación y la dejamos archivada en lugar de ponerla en práctica, semejante teoría, por buena que sea, carecerá de significación”. Hay que ponerla en práctica con denuedo. Es un ejercicio de guerra popular y de guerrilla: si quieren, de inspiración “liberal” y de consumación nuevamente maoísta. “Lo que necesita España”, leo en el blog de Jiménez Losantos, “es mandar a Zapatero y su cuadrilla alcantarilla abajo”. Así, sin más. El militantismo bélico no puede decaer: con el 9-M “se ha perdido una batalla importantísima, pero aún se puede dar mucha guerra”.

Guerra otra vez. En fechas de conmemoraciones históricas, la analogía forzada del pasado puede servir para insuflar nuevas energías: “acordémonos de nuestros tatarabuelos liberales de Cádiz”, dice Jiménez Losantos. “Estaban peor que nosotros y salieron adelante cumpliendo con su obligación moral y nacional. ¡Animo, pues, liberales! No vamos a dejar de serlo porque, una vez más, hayan triunfado los serviles. Cádiz no se rinde”. O Numancia… O, como dijo el presidente Mao: “valentía en el combate, espíritu de sacrificio, desprecio a la fatiga y tenacidad en los combates continuos (es decir, entablar combates sucesivos en un corto lapso y sin tomar reposo)”. No vamos a flaquear: combatir al enemigo, añade Mao, “no es ofrecer un banquete, ni escribir una obra, ni pintar un cuadro o hacer un bordado”. En efecto, la campaña “no puede ser tan elegante, tan tranquila y delicada, tan apacible, amable, cortés, moderada y magnánima”. En ello estamos.

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4. Hemeroteca reciente y actual

…tanto exageraron que lograron atraer mi atención por el curso cotidiano del Gobierno; tanto denostaron que consiguieron preocuparme por asuntos de política ordinaria que generalmente no suelen interesarme…

Florilegio

-Juan Manuel de Prada, “El sueño de morfina”, Abc, 1o d emarzo de 2008:

…la sociedad española está cada vez más imbuida de lo que aquí hemos denominado Matriz progre…

-Hermann Tertsch, “Colores de Zapatero”, Abc, 3 de marzo de 2008:

Este presidente, no homologable con ningún dirigente respetado…

-César Alonso de los Ríos, “La desgracia nacional”, Abc, 29 de febrero de 2008:

Una victoria electoral del PSOE sería una terrible desgracia…

Continuará…

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5. Hemeroteca JS

Reseña de Duelo de titanes, de Lucía Méndez (Ojos de papel, marzo de 2004):

…Una derrota de Mariano Rajoy le permite a Ruiz-Gallardón presentarse como el candidato que no fue, como el activo que el Partido Popular derrochó a sabiendas. Un éxito del PP le permite presentarse como el militante obediente que fue, alguien a quien correspondería un pago o contraprestación a cambio de su doliente fidelidad. Es decir, su silencio siempre tiene premio… Qué historia la de Ruiz Gallardón. Es un drama, pero es también una comedia de enredo y es un juego de suma cero. Pero es sobre todo un folletín que puede narrarse como un cuento o que puede dramatizarse como un desamor. Lucía Méndez ha escrito una obra entretenidísima que, más allá del contexto o de la circunstancia, podremos seguir leyendo después del 9 de marzo. Entonces cobrará su auténtico valor.

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03.09.08

Elecciones. Ganadores y rencores

Posted in Comunicación, Democracia at 10:23 por jserna

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La malicia del periódico que malicia (10:23, 9 de marzo)

“No sabemos qué va a suceder el domingo, pero si los resultados difieren de los pronósticos de las escuestas, la polémica va a estar servida. En cualquier caso, la democracia española debería tener mecanismos para aplazar unas elecciones en caso de atentados terroristas que pretendieran alterar la voluntad de los ciudadanos expresada libremente. Y no decimos que el de ayer [por el atentado del viernes 7 en Mondragón] sea el caso. ¿Pero qué hubiera ocurrido si la víctima hubiera sido uno de los candidatos?”, leo en el editorial de El Mundo del sábado 8 de marzo.

Es un párrafo inquietante, escrito con toda la malicia de quien malicia, un párrafo aparentemente descriptivo, unas frases que constatan hechos a partir de un atentado: lo que puede ocurrir si las previsiones electorales no se atienen a los pronósticos de los sondeos y lo que podría ocurrir si, en el extremo, un atentado se cometiera contra uno de los candidatos. Todo está dicho en condicional, en un condicional en principio técnicamente irreprochable: el de quien queriendo anticiparse piensa escenarios hipotéticos.

Pero todo está dicho con un futurible insidioso que provoca efectos: habrá polémica si los resultados desbordan lo previsto por las encuestas. ¿Habrá polémica por parte de quién?  Si es una descripción objetiva de la conducta política, entonces el periódico debería contrarrestar ese mal comportamiento simplemente exigiendo responsabilidad a los partidos. En realidad, el enunciado no es descriptivo ni constata algo que pueda verificarse antes de que ocurra: simplemente contribuye a que ocurra al enunciarlo. En Cómo hacer cosas con palabras, John Austin calificaba de realizativos estos enunciados, auténticos actos de habla, dado que anticipan algo que, al decirse, ya está ocurriendo: la polémica está servida simplemente porque se está alentando a no aceptar los resultados. 

Si gana el Partido Socialista con amplio margen, entonces habrá polémica entre los sectores militantes que, como El Mundo, han apostado por Mariano Rajoy. Eso nos anuncia el editorialista. Si gana el candidato popular con mayoría suficiente, ¿entonces también habrá polémica entre quienes, como El Mundo, han rechazado expresamente a José Luis Rodríguez Zapatero? En este caso, si ocurriera eso, me apuesto doble contra sencillo a que el periódico admitirá la sensatez del juicio electoral. En realidad, el editorialista expresa lo que desea que pase y, por tanto, es la suya una hipótesis realizativa expresada con toda la malicia. En la ilustración que escogido y que reproduzco más arriba puede leerse: “Los que se apoderan de lo ajeno ni se corrigen ni se enmiendan“. Parece la moraleja de la amenaza electoral lanzada por el editorialista. Amenaza basada, ¿en qué? ¿En el efecto emocional que pueda provocar el atentado de Mondragón?

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03.06.08

Hay que votar…

Posted in Comunicación, Democracia at 16:49 por jserna

1. Hay que votar (16:50 horas, 6 de marzo)

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Hay que votar para que esta democracia siga funcionando imperfecta y aceptablemente, como lo que es: un artificio humano, demasiado humano. Hay que votar para que el desánimo y el descrédito no se adueñen del electorado: para que el ruido mediático y colectivo no sustituya la intimidad del sufragio. Hay que votar para que la urna provoque efectos políticos y colectivos: por injusta que sea, la ley del número es preferible al decisionismo inspirado de unos pocos. Hay que votar para que cada uno reciba su justo merecido en pago, recompensa o castigo: el sufragio raspado o el respaldo mayoritario, los resultados mediocres o el triunfo revocable.

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1. Las elecciones de Cracovia (16:50 horas, 6 de marzo) 

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Permítanme recordar una anécdota bien conocida. En El chiste y su relación con lo inconsciente (1905), Freud analizaba una historieta graciosísima. Es ese tipo de chiste hebreo que él clasificaba y tipificaba como escéptico. En un vagón ferroviario, dos judíos se encuentran. “¿Adónde vas?”, pregunta uno de ellos. “A Cracovia”, contesta el otro. Quien había preguntado inmediatamente responde: “Fíjate lo embustero que eres. Me dices que vas a Cracovia para que yo crea que vas a Lemberg. Pero sé muy bien que vas a Cracovia”. ¿El segundo miente cuando dice la verdad, y dice la verdad al pronunciar una mentira?, se preguntaba Freud. Desde luego es un contrasentido. Aparte de esta cuestión decisiva, el psicoanalista apostillaba algo importante sobre las condiciones de la verdad. ¿Realmente decimos la verdad sin preocuparnos del oyente o, por el contrario, buscamos su consenso? ¿Describimos tal como son las cosas según las vemos o, por el contrario, tenemos en cuenta a quien nos escucha hasta el punto de decirle lo que espera oír? En fin, un lío: un lío semejante al que enfrenta a los principales contendientes que concurren a las elecciones. O un contrasentido, ya digo. Una desconfianza radical. Tú me dices, yo no te creo. Tú me reprochas, yo no confío. Tú me criticas, yo no convengo: no convengo en lo básico, en el marco de referencia. Ésta es la circunstancia más incómoda de esta pasada legislatura: hagas lo que hagas, yo no aceptaré tu marco de referencia, con lo que… no habrá posibilidad alguna de entendimiento y, además, te supondré siempre guiado por la mala intención. Me dices una verdad que no puedo creer y cuando creo que me mientes sospecho que me estás diciendo la verdad. O en términos muy parecidos: creo que mientes cuando dices la verdad, y dices la verdad cuando creo que mientes.

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2. La crispación (16:50 horas, 6 de marzo)

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“Ha habido una táctica periodística de crispación sistemática y organizada. Desde el minuto uno de la legislatura el PP no asume la derrota electoral y se aferra a una teoría disparatada en la que le importan muy poco las víctimas, la convivencia o la verdad. Sólo le preocupa reclamar como un derecho lo qaue creía que le había arrebatado”, dice José María Calleja en una entrevista concedida a El Plural. He leído el libro del periodista vasco que motiva dicha interviú. Se titula Cuatro años de crispación. ¿Cómo es posible que un periodista tan campechano, abierto y sensible se muestre a la vez tan irritado con el Partido Popular? Durante años, en su programa en Cnn+ ha dado cobertura a políticos vascos de todo el espectro. Facilitó incluso el entendimiento de constitucionalistas del PP y del PSOE para la discusión del monotema (como él mismo llama al problema del terrorismo). Le abrió las puertas a Jaime Mayor Oreja, a María San Gil, entre otros muchos. Hoy, sin embargo, el periodista lamenta la deriva de estos representantes y sobre todo deplora las actitudes políticas del PP, de una parte del PP. 

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3. José María Calleja (9:20, 7 de marzo) 

Resulta significativo que un periodista que ha destacado desde antiguo por su coraje antiterrorista (vive con escolta permanente desde 1995), por su sensibilidad hacia las víctimas, critique en los últimos tiempos a organizaciones o representantes a quienes él mismo respaldó en este tema: el PP o los dirigentes de la Asociación de Víctimas de Terrorismo. ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Acaso Calleja ha cambiado de lugar? Seguramente, el periodista está en el mismo sitio, percibiendo los hechos con el mismo enfoque, juzgando las cosas con idéntica vara de medir. Entonces, ¿cuál ha sido el cambio? Respuesta: la estrategia seguida por estas organizaciones en los últimos años, en colaboración, connivencia o colusión contra el Gobierno. Desde el minuto uno, como dice Calleja, habrían adoptado la crítica apocalíptica y sistemática, hostigando al nuevo Gabinete socialista valiéndose de todos los instrumentos a mano: el del terrorismo entre ellos, pero sobre todo el de la agitación mediática.

Al PP, la experiencia les habría demostrado que “la única estrategia que tiene que llevar a cabo desde la oposición para ganar las siguientes elecciones consiste en desgastar de manera brutal al Gobierno, en minar su credibilidad”. Aceptemos que esta lógica pueda darse, en efecto, cuando el PP está en la oposición. Entonces, ¿deberíamos concluir que si ganan las elecciones acabará el ruido mediático? Calleja se responde: “el Partido Popular parece tener, así, una doble personalidad: una moderada y razonable, que le acerca a un partido conservador europeo, y otra ultramontana, que se deja ver cuando está en la oposición”. Por eso, añade Calleja, cuando el PP está en la oposición “no se ciñe a la agenda lógica de desgastar al Gobierno, de hacer ver que ellos lo harían mejor si gobernaran; no, ataca frontalmente en cuestiones tan trascendentales como el terrorismo. En ese ataque no le importa echar por tierra el discurso ganador de los demócratas y dar baza a los terroristas; es un ataque tan brutal que se lleva por delante los consensos, los logros que se hayan podido conseguir en la lucha contra el terrorismo, que manosea a las víctimas, que pisotea símbolos como el lazo azul… Todo es bueno para el convento de la crispación”, concluye Calleja, esperando –como dijera Felipe González– que la posible vuelta al Gobierno atemperaría el ruido mediático. 

Yo no creo que esto vaya a ser exactamente así. Quiero decir: la crispación es un instrumento de hostigamiento, pero el ruido mediático y militante y el partidismo de ciertos sectores del PP tienen un ciclo más largo: son herramientas de remoralización y renacionalización española y, en sus sectores más extremos, son mecanismos de recristianización política: algo que ya pudimos ver con los Gobiernos de Aznar. En el caso de llegar al Gobierno, ¿repetiría Mariano Rajoy aquella dinámica, contentaría a sus sectores más militantes?

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4. Ha ocurrido (14:15 horas, 7 de marzo)

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Lo que esperábamos… ha ocurrido. Un atentado mortal, en este caso de un antiguo concejal socialista. Esperamos, deseamos, que los partidos políticos tengan ahora un comportamiento ejemplar. Hace exactamente cuatro años, cuando estábamos a punto de elegir a nuestros representantes y vivíamos bajo el impacto del 11-M, escribí esto: hay “que conservar la calma, la cordura verbal, exigir transparencia informativa al Gabinete y votar el domingo lo que tuviéramos pensado votar antes de que los atentados agravaran el estado de la opinión”. Vuelvo a repetirlo. Lamentablemente tengo que volver a repetirlo.

Continuará el día 9 de marzo de 2008…

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Hemeroteca

A. Entrevistas. José Luis Rodríguez Zapatero: El País 

B. Entrevistas. Mariano Rajoy: El País

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