literatura


literatura and Francia and General14 Jun 2007 07:05 pm

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La revista Magazine littéraire dedicó su número de mayo a Montaige, como debe ser en los tiempos que corren y merece  el ensayista, aunque el título no era demasiado original: Un autre regard sur Montaigne. En cambio, en la entrega que abre el verano, en la que hace 465, la cosa ha cambiado notablemente. El rótulo de la portada no lleva a engaño: Julien Gracq, le dernier des classiques. No sé a ustedes, pero a mi me ha sorprendido. Si me hubieran preguntado por los clásicos franceses que aún siguen al pie del cañon, no creo que Gracq hubiera sido el primero en venirme a la mente (de hecho, no estaría en mi corta lista). Y, sin embargo, las cosas son como son. Dicen, los que saben, que es el escritor más visitado de Francia y que  cuanto menos publica mayor es el rosario de peregrinos que acuden a su casa de Saint-Florent-le-Vieil, junto al Loira. Por allí pasan regularmente nombres como Angelo Rinaldi, Philippe Le Guillou, Régis Debray, Jérôme Garcin, todos cual discípulos deseosos de ser tocados por la gracia del maestro.  

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No sé, ustedes tienen más elementos de juicio que yo. Pero si hemos de creer al citado Magazine Julien Gracq es el último, así que me he puesto manos a la obra y me he agenciado una buena muestra de este literato: Los ojos del bosque, El mar de las Sirtes, En el castillo de Argol y Las aguas estrechas. Con ese listado estoy bien dispuesto,  de momento. Tampoco es que uno pueda llegar muy lejos, pues hace años que no escribe o, al menos, que no publica. En cambio, ha accedido a ser entrevistado por la mencionada revista, para relatar, entre otras cosas, su pasión inveterada por Julio Verne y por el surrealismo, el escándalo de su rechazo al   Goncourt en 1951, su fidelidad al editor José Corti, su negativa a pasar por el registro televisivo o a ser editado en formato de bolsillo, etc. Originalidad no le falta, desde luego. 

Por si les ocurre como a mí y no están puestos en este escritor escondido, cultivador del siempre curioso simbolismo francés, les recomiendo su texto Leyendo escribiendo, que es una buena manera de empezar. En general,  parece ser que es esta parte de su escritura, más  sincopada, la que mantiene más adeptos hoy en día y ahí hay una buena muestra. Para los más afortunados,  aseguran que lo mejor es recuperar su opúsculo de 1949 La littérature à l’estomac, donde dice cosas como:  

«  […] le Français, lui, se classe au contraire par la manière qu’il a de parler littérature, et c’est un sujet sur lequel il ne supporte pas d’être pris de court : certains noms jetés dans la conversation sont censés appeler automatiquement une réaction de sa part, comme si on l’entreprenait sur sa santé ou ses affaires personnelles – il le sent vivement – ils sont de ces sujets sur lesquels il ne peut se faire qu’il n’ait pas son mot à dire. Ainsi se trouve-t-il que la littérature en France s’écrit et se critique sur un fond sonore qui n’est qu’à elle, et qui n’en est sans doute pas entièrement séparable : une rumeur de foule survoltée et instable, et quelque chose comme le murmure enfiévré d’une perpétuelle Bourse aux valeurs. Et en effet – peu importe son volume exact et son nombre — ce public en continuel frottement (il y a toujours eu à Paris des “  salons ” ou des “ quartiers littéraires ”) comme un public de Bourse a la particularité bizarre d’être à peu près constamment en ” état de foule ”): même happement avide des nouvelles fraîches, aussitôt bues partout à la fois comme l’eau par le sable, aussitôt amplifiées en bruits, monnayées en échos, en rumeurs de coulisses[…]”. 

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 Sea como fuere, su nombre aún se asocia al escándalo Goncourt. He aquí la carta que remitió a Maurice Noël, editor  literario de Le Figaro a finales de noviembre de 1951:  « Je n’ai pas prêté une attention vive aux premiers échos - parus dans Le Figaro et Le Figaro littéraire et ailleurs - qui faisaient état de mes « chances » pour le prix de fin d’année. La position que j’avais prise l’an dernier au sujet des compétitions littéraires dans un article La littérature à l’estomac (dont Le Figaro littéraire avait reproduit des extraits) tout autant qu’elle les rendait invraisemblables me paraissait leur opposer d’avance un démenti suffisant : on ne s’attendait tout de même pas à ce que j’aie changé d’avis en quelques mois. Mais ces échos se multiplient et se précisent et j’ai de bonnes raisons de ne plus leur refuser aujourd’hui un caractère sérieux. Dès lors, ceux qui me lisent ne comprendraient pas que je ne m’explique pas brièvement, mais publiquement à ce sujet. Non seulement je ne suis pas, et je n’ai jamais été, candidat, mais, puisqu’il paraît que l’on n’est pas candidat au prix Goncourt, disons pour mieux me faire entendre que je suis, et aussi résolument que possible, non candidat. Je ne redirai pas des raisons que j’ai dites longuement en leur temps. Je ne tiens pas à me poser en champion publicitaire de la vertu : cela ne me serait pas agréable. Je ne nie nullement non plus que certains suffrages sincères, dans un jury comme ailleurs, puissent me faire plaisir. Mais, tout de même, je ne veux pas qu’on pense qu’après avoir sérieusement détourné peut-être quelques jeunes (peu nombreux, qu’on se rassure) de la conquête des prix littéraires, je songe maintenant à la dérobée à me servir. Je ne m’en prends pas spécialement au prix Goncourt. Je m’en prends à lui moins qu’aux autres, du fait que longtemps, il fut le seul. Deux ou trois prix littéraires, passe encore si on y tient - deux ou trois cents (le nombre sera dépassé la semaine prochaine) cela devient un trait déplaisant d e « mœurs indigènes » sur lequel tout le monde au fond est d’accord, sans toujours l’avouer. Je persiste à penser qu’il n’y a plus aucun sens à se prêter de loin ou de près à quelque compétition que ce soit et qu’un écrivain n’a rien à gagner à se laisser rouler sous cette avalanche. Je m’excuse d’être obligé de revenir sur un sujet avec lequel je croyais en avoir fini. Avouez qu’au moins ce n’est pas de ma faute : il semble qu’en cette matière il soit bien difficile de se faire entendre clairement. Agréez, cher Monsieur, etc. » JULIEN GRACQ 

literatura and General03 May 2007 09:07 pm

 Zeszyty Literackie

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 Entre las revistas literarias que pululan por el universo, hay una de calidad contrastada e impacto reducido que lleva el nombre de  Zeszyty Literackie. El penúltimo número de esta publicación polaca, el que hace 96, editado hace ya algunas  semanas, estaba centrado en el mencionado autor húngaro. El índice nos recuerda que   han realizado  una selección de sus escritos (cinco: Memoria de Kassa, Hermana, Diario de 1948, Adiós y Diario de lectura: tres novelas de Franz Kafka)) y que han recopilado  una serie de artículos y ensayos sobre su vida y su obra.   Entre estos últimos, destaca sobremanera el primero, firmado por  J.M. Coetzee  y que lleva  el título de “Sandor Marai”. Es un ensayo polémico, que retoma la lectura que hiciera a finales de  2001 para The New York Reveiw of Books (“Dupe History”, vol. 48, núm. 20). Allí,   el autor sudafricano ya decía lo siguiente: “Sería de esperar que los nuevos lectores ignoraran el ruido y aceptaran a Márai por lo que  –sobre la base del limitado conocimiento que de él tenemos fuera de Hungría—  parece ser: un escritor menor, con un estilo de ficción algo pasado de moda,    pero un atento  cronista a de la década oscura de los años 40 y un  valeroso portavoz de una clase social en desaparición”.  En cualquier caso, Marai le atrae, quizá porque su prosa fluye de un modo tal que también queda dominada por la desgracia. Junto a Coetzee  (Cohetes, según el word), los atrevidos hallarán textos de especialistas en Marai como Roberto Salvadori, Huba Lorinczy y Juliusz Kurkiewicz, así como las opiniones de Imre Kertesz, Tomasz Mann, Andrzej Stasiuk y Mariusz Wilk. Todo ello acompañado por otros artículos sobre Nietzsche (Krzysztof Michalski),   Miquel Barceló (Adam Zagajewski) o Mozart (Tomasz Cyz), entre otros.

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En fin, un paseo literario por tierras polacas, a través de un autor que nació dentro de un imperio, en una ciudad (Kassa) que fue húngara y ahora es eslovaca. Si desean más y quieren hacerlo con mayor comodidad, les aconsejo leer sus libros o repasar la biografía de Ernö Zeltner (Publicacions de la Universitat de València, 2005)

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literatura and USA and General01 Mar 2007 06:46 pm

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Hachette del alma mía  (y un secreto)

El hecho de que  Europa sea  un gran mercado abierto –uno en el que los editores del Reino Unido y de los USA pueden vender ejemplares de sus libros-  ha sido un asunto  peliagudo para las editoras   americanas y británicas, cosa que explica que el tema se llevara  al famoso BEA (BookExpo America) del pasado año.   La cosa ha quedado irresuelta, pero se está calentado por momentos tras   la reciente decisión del grupo Hachette para  ceder sus derechos europeos de forma exclusiva a su filial británica para esos libros sobre los que posea derechos mundiales. (Por cierto, no olviden que el año pasado Lagardère/Hachette se quedó con Time Warner Book Group. Hay que ver cómo está el mundo, quién se lo iba a decir hace unos años a AOL Time Warner) 

Pues a eso vamos. David Young, el nuevo responsable de  Hachette Book Group USA, señaló no hace mucho que ésta era una decisión que había tomado de acuerdo con su colega/contraparte británico   Tim Hely Hutchinson, el número uno de las islas. “Putting two identical books into a relatively small market with no real marketing support is pointless,” dijo el amigo  Young con más razón que un santo. De ese modo, la filial británica de Hachette, con Hutchinson al frente,  supervisará la comercialización de los títulos en lengua inglesa para  Europa de un pequeño pero significativo    número   de autores. Como parte del acuerdo, los del otro lado del Atlántico, los de USA,  tendrán derechos exclusivos en su tierra  y en Asia, si es que    Hachette los tiene. “This means books will not have to travel unnecessarily far”, subraya Young con su habitual sentido común.    

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Pero, claro, nunca llueve a gusto de todos. Estaban Young y Hutchinson tan contentos repartiéndose el pastel y en eso va y les sale un grupo de repondones, con muy malas pulgas, con Karl Heinz Petzler a la cabeza,   director  de la distribuidora lisboeta  Lisma Lda. Petzler  y los suyos expusieron que les parecía que se trataba de una decisión muy corta de miras,      que daría lugar a una caída de  ventas de los autores americanos de Hachette en Europa. “I can only classify this decision of voluntarily renouncing turnover as an unheard of act of self-castration,” firmó Petzler, sin pelos en la lengua,  en una carta enviada a los responsables de  Hachette. “It also shows a lack of respect for authors, agents and customers alike, who all will lose because of this move”. Todos saldrán perdiendo, pues. 

Brian DeFiore, jefe de la agencia literaria DeFiore & Company, que fue el encargado de moderar la mesa redonda celebrada en el  BEA, dijo que el conflicto entre los USA y el Reino Unido está empeorando por momentos  y que el enfermo tiene muy mala cara, probablemente   peor que en la  pasada primavera.   Señaló el hombre que lo que ocurre es que las posiciones entre  ambos lados continúan siendo inamovibles: los editores yankees  insisten en que Europa sigue siendo un mercado abierto, lo que hace muy difícil pensar en  un reparto con los británicos, y que las editoras americanas no están por la labor de llegar a acuerdos con homónimas europeas que ya tienen firmada la exclusividad. “Deals are falling through all over the place,” DeFiore said, y tiene razón al señalar el falling through.  Brian añade que él preferiría que Europa siguiera siendo un mercado abierto, aunque bueno, si   el movimiento de Hachette significa que se está imponiendo un “nuevo estándar” a la hora de negociar los derechos internacionales de las grandes distribuidoras y editoras, bienvenido sea, será mejor que  la incertidumbre actual. Lo que ocurre es que no parece que vaya a ser así.    

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El influyente Brian Murray, de HarperCollins, ha resumido la cosa del siguiente modo: “When HarperCollins controls world rights and there are U.S. and U.K. editions available, we offer both editions to readers in the EU because we believe it is in the best interest of our authors and our customers to do so”. Estoy a la espera de que respondan a mis preguntas   otras grandes,  como  la mansión Random  y el Pinguino.  De momento, me quedo con lo expuesto por un  portavoz de S&S (el amigo Simon y su colega Schuster), que ha remachado el asunto diciendo que cualquier decisión “that works against an open market is a step in the wrong direction”.

Yo, si me lo permiten, respeto esta última opinión. No en vano S&S ha cubierto el pasado un año de forma memorable, con unos beneficios que rondan los 70 millones de dólares. Todo ello gracias a éxitos indiscutibles como You: On A Diet, donde un par de doctores escriben The Owner’s Manual for Waist Management, mientras triunfa en la misma casa el Joy of Cooking, y así hay para todo, para llenar la panza y para arreglárselas con la dichosa cintura. Adenás, para que nada falte, han tenido triunfos esperados, como la última de Stephen King (Lisey’s Story), y bombazos caídos del cielo, como The Secret.

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Si no estoy mal informado, este último empezó a ser publicitado en noviembre y, tras conseguir el respaldo televisivo de ELLA, de Oprah, en dos ediciones de su  talk show  de febrero se ha convertido en un preciado objeto de deseo. Tanto es así que, rompiendo todos los moldes habidos y por haber, habrá en la calle desde hoy mismo un total de 3,7 millones de copias. Nada, una nimiedad, si no fuera porque esta productora televisiva venida de Australia lleva vendidos más de un millón y medio de DVD’s como calentamiento. Por supuesto, también tiene un blog, una web oficial  y es la reina del youtube. Y dirán ustedes ¿pero qué tiene, cuál es el secreto? Lo mismo le he preguntado yo a mi amigo Jerry Adler, de S&S.  Jerry me dice que  tendremos que esperar un poco hasta que se traduzca, cosa que será más bien pronto, pero me añade que no hay secreto, que contiene “that should be self-evident to anyone who has ever been in an airport bookstore. The film and book are built around 24 ‘teachers,’ mostly motivational speakers and writers (dressed up by Byrne with titles like ‘philosopher’ or ‘visionary’) who have been selling the same message for years”. Yo no lo acabo de entender, pero me digo: ¿no se me podía haber ocurrido a mi?


 
 

Para Monigotepress, desde New York, donde estamos preparando la próxima edición del BEA para los meses de mayo-junio. Les espero.   

La carta citada más arriba:

Open Letter to the American/British Publishers

Dear Colleagues Lately, we have been informed that UK publishers are trying to get exclusive sales rights for our territory (i.e. Europe). We strongly oppose this for the following reasons:

• All European distributors, wholesalers, retailers, and ultimately the consumers, would be obliged to buy British books, thus depriving them of the right to choose between competing editions. There would no longer be a free trade situation in which customers can decide which edition they want.

 It would not increase overall book sales in stores but only be an invitation to Internet dealers, such as Amazon who could supply consumers anywhere with the edition of their choice.

• In the case of an absence of any competition British publishers could not only fix their retail prices (which, again, would harm overall sales) but also lay down other commercial rules of their choice with regard to discounts, returns , payment terms etc. - without any restrictions.

 • In a global market this would be an atavistic move, because it means a return to protectionism and an attack on cultural diversity. We would like to urge all publishers involved to strongly reject any effort to restrict competition in our market.

Best Regards

Karl Heinz Petzler (Director) - Lisma Lda. Lisbon, Portugal Jorge Brentano (Director) - comercial atheneum, s.l. Barcelona, Spain (Distributor) Jan Andersen (Director) - Politikens Boghal, Copenhagen, Denmark (Distributor) Lynn Kaplanian-Buller, (Director) - The American Book Centers Amsterdam and The Hague, Netherlands (Bookshop Chain) Odile Hellier (Director) - Village Voice, Paris, France (Bookshop) 

literatura and Francia15 Feb 2007 10:14 am

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 Toutes les méthodes pédagogiques sont bonnes, tant qu’elles ne transforment pas les moyens en fin et qu’elles cherchent, grâce à la littérature, à enrichir et à structurer l’esprit de l’être humain” (Tzvetan Todorov, La Littérature en péril, Flammarion, «Café Voltaire», 95 págs, 12 €)

Hay autores incombustibles y uno de ellos es, sin duda alguna, Tzvetan Todorov. El 2007 empieza para él como siempre, con un texto revigorizante, aunque corto, cuyo título es La Littérature en péril. Un volumen que, si no ando desencaminado, es el que hace la bonita cifra de treinta y cinco dentro de su nutrida producción.  Hay en este libro  una   andanada contra quienes   supuestamente ponen la literatura en peligro, contra  aquellos profesores, críticos literarios y oras gentes de letras que reducen la literatura a juegos formales y que no ven  otra cosa que “técnicas narrativas”. Y no es un defecto exclusivo de las mentes pensantes, pues el deterioro se cultiva desde la tierna infancia. La escuela es la inicial responsable, porque “on n’apprend pas de quoi parlent les oeuvres, mais de quoi parlent les critiques”, porque en aras del análisis formal los profesores descartarían estudiar su relación con el hombre y con el mundo: “on se demandera si Le Procès s’apparente au registre comique ou à celui de l’absurde, au lieu de chercher la place de Kafka dans la pensée européenne”.  Así pues, entre unos y otros    quedaría encumbrada una   trilogía fatal, esa que formarían el formalismo, el nihilismo y el  solipsismo.  

Con tales armas,  no harían sino desesperar al lector más entusiasta y ese resultado no sería extraño, pues precisamente es el entusiasmo lo que desespera a aquellos caballeros eruditos. He aquí, pues, el abismo que separa a aquéllos de éstos. El crítico y el especialista destilan conmiseración, mientras que los lectores  buscan en una novela algo que dé sentido a su vida. En fin, dice Todorov, es necesario que la literatura devenga popular: “Non seulement [les] romans populaires ont amené à la lecture plusieurs millions d’adolescents, mais de plus ils leur ont permis de se construire une première image cohérente du monde, que, rassurons-nous, les lectures suivantes amèneront à nuancer et à complexifier”. 

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La crítica ha tratado con algo de respeto y un poquito de ironía esta nueva entrega del pensador franco-búlgaro, dadas las puyas que contiene contra esta profesión. Philippe Lançon, en la reseña que ha publicado  Libération, puede ser un buen ejemplo. A su parecer, con este libro    Todorov se ha incorporado a lo que podríamos denominar el coro   de    los suplicantes o llorones.      

¿Es realmente cierto, se pregunta Lançon, lo que denuncia este pensador? La producción literaria  contemporánea desmiente este tópico, concluye, algo que debería ser obvio incluso teniendo   un conocimiento superficial de ese mundo. En Francia, por ejemplo, no cesan  de publicarse novelas de todas las clases, cuya preocupación principal es relatar el mundo de una manera u otra. Atribuir, pues, a las críticas aparecidas en la prensa o en las revistas especializadas tal influencia sobre el trabajo de los novelistas  es exagerar el poder de los unos y subestimar la imaginación de los otros. Ahora bien, continúa Lançon, Todorov es un universitario y mucho de los de ese círculo   estudian tanto  a los muertos que acaban viendo a los vivos con    una perspectiva deformada, casi siempre nostálgica. Todorov no escaparía, pues,  a ese timbre.  

¿Significa eso que el libro de Todorov carece de interés? De ningún modo, sobre todo en la parte en que relata una breve meditación autobiográfica. Hay que recordar que  Todorov   estuvo vinculado en los años sesenta  a Gérard Genette, uno de los pioneros de la crítica textual, con quien creó la revista  Poétique bajo el estandarte clasificatorio del estructuralismo. Fue un trabajo fructífero, hasta el punto de que modificó y orientó los estudios literarios en Francia y, por extensión, en otros lugares.   Por eso, no debe extranar que Todorov se pregunte: “Devrais-je me sentir responsable de l’état de la discipline aujourd’hui ?”  Lançon no lo cree. 

Todorov recuerda que comenzó a  estudiar en la Bulgaria comunista: «Je me suis engagé  dans une des rares voies qui permettaient d’échapper à l’embrigadement general.  Elle consistait à s’occuper d’objets sans teneur idéologique; donc, dans les oeuvres littéraires, de ce qui touchait à la matérialité même du texte, à ses formes linguistiques”. Al llegar a   Francia prosiguió   este trabajo en contacto con el naciente estructuralismo, con una pretensión: “infléchir l’enseignement littéraire à l’université pour le libérer de la grille des nations et des siècles, et l’ouvrir à ce qui rapproche les oeuvres les unes des autres”. Fue eso lo que le hizo recordar siempre que la literatura le ayudó a vivir, porque le hablaba del hombre, porque le permitía comprender.    

Todorov acaba reconociendo que los estudios a los que contribuyó en los sesenta han llevado a exagerar la importancia del sentido formal en los textos. Por tanto,  sería necesario volver a reintroducir un poco de simplicidad, de humanidad y de contexto. Y tras ese breve comentario,    Lançon concluye: “C’est juste, banal, d’un diagnostic un peu superficiel ­ comme un préambule au livre profond qu’il écrira peut-être sur son rapport à la langue, ce tango éclairé et discret de formaliste humaniste”.             

Para terminar, hemos de añadir que quizá la preocupación de Todorov sea ciertamente banal, pues las previsiones editoriales en Francia son de tal calibre que ha de haber necesariamente obras con las que colmar esa sed humanista. Por lo que se dice, entre enero y abril se publicarán un total de 542 nuevas novelas y ensayos, entre francesas y traducidas.  Alimento no faltará. Entre todo eso, también han aparecido o aparecerán otras reflexiones sobre la literatura, como L’Art de raconter (Grasset) de Dominique Fernandez o Devenirs du roman (Naïve) de François  Bégaudeau, así como obras tales como  Place des pensées (Gallimard), en la que Richard Millet reflexiona sobre la obra de   Maurice ­Blanchot,  La Révolution (Gallimard)  de François Furet, con prólogo de  Mona Ozouf o el  François Furet   (Gallimard) de  Ran Halevi. 

Que ustedes lo disfruten

Enlace: Una entrevista cruzada entre Todorov y François Bégaudeau, novelista y profesor de francés