Italia


Ideas and Italia and USA09 May 2007 11:16 am

Andrew Arato

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En conexión con el texto sobre la paranoia americana, les presento hoy a Andrew Arato, profesor de teoría política en la New School de Nueva York. Entre nosotros quizá no sea muy conocido, pero tampoco se puede afirmar lo contrario. Se han publicado artículos suyos en revistas tales como La Política (1998) e Isegoría (1996) y se puede leer su obra fundamental sobre el concepto de sociedad civil (Jean Cohen y Andrew Arato, Sociedad civil y teoría política, FCE, México, 2000). En ese sentido, Arato   considera  la sociedad civil como el espacio de profundización   de la democracia, por lo que     debe ampliarse reduciendo las funciones burocratizadas del Estado y estructurando nuevas áreas de vida social en forma de organizaciones de participación voluntaria. De ahí que haya sido muy leído entre los impulsores y defensores de los nuevos movimientos sociales como plataformas   críticas frente a  las políticas y la acción del Estado. Ahora bien, como se ha destacado, en esta lectura habermasiana hay cierta ambigüedad frente al hecho de la desigualdad económica, frente a   la relación entre esa sociedad y la economía.   

Pero no traemos hoy aquí a Arato por estos asuntos, sino por sus reflexiones sobre Irak (The Occupation of Iraq and the Difficult Transition from Dictatorship)  y porque eso nos permite introducir una interesante publicación italiana titulada Una Città: mensile di interviste. Pues bien, una de sus últimas entrevistas es a Arato y versa sobre el asunto de la guerra iraquí. Les hago un resumen.

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¿Cómo interpretar lo que está sucediendo en Irak?  (…) Desde el punto de vista político, el problema principal de los Estados Unidos es que incluso cuando   se hacen cosas justas,   se hacen tan   tarde que no consiguen sus propósitos.  Sería bien distinto si se hubieran hecho a su debido tiempo. Si, por ejemplo, se hubiera intentado   construir antes una alianza regional con otros países, como Arabia Saudita e Irán, habría sido una elección muy inteligente e importante, incluso con vistas a la cuestión israelo-palestina. Pero ahora que el conflicto entre sunis y chiís se ha agravado, convirtiéndose en parte del conflicto entre Arabia Saudita e Irán, es demasiado tarde. Así pues, en un momento en el que sería conveniente intentar negociar, nos encontramos con una guerrilla que ninguno de los   países   parece  en condiciones de detener.  Es   cierto que Arabia Saudita tuvo su  responsabilidad  en el inicio de  este conflicto,     armando a los grupos fundamentalistas sunís en esta última fase y en la anterior, haciendolo por razones de autodefensa, pero  ¿cómo detener el fundamentalismo paquistaní, las células de Al Qaeda en Mesopotamia y todos estos grupos armados excéntricos, unidos por una la ideología pero sin una única organización? 

¿Qué entiende usted al decir que se hacen cosas justas en el momento equivocado?   No quiero decir que todo   todas las elecciones justas se hayan realizado en el momento erróneo, pero visto desde sus  efectos parece   un desprovisto: se nos moviliza regularmente a posteriori, sobre la base de los errores cometidos, para ponerles remedio. Pero éste es el comportamiento típico de un niño, no el modo en el que debería actuar un Gobierno. Una actitud responsable significa   prever los problemas. Y era posible. Mucho se había escrito con con anterioridad sobre lo que  habría sido necesario hacer: preparar una estrategia   en relación con los sunís y en general con los países de la región (…). Estas cosas no se hicieron entonces, y ahora es tarde para intentar recuperarse.  (…) La situación parece irremediablemente  comprometida. No digo que Irak esté perdido: ese pueblo   tiene las energías necesarias para retomar su rumbo  sobre nuevas bases, con un nuevo     árbitro. Ciertamente, la ocupación  americana ha fallado. 

¿Hay aún una salida estratégica posible?  

Es necesario salir y cuanto más pronto mejor.  Ciertamente, no podemos   dejar el país en la improvisación, pero en cualquier caso nos debemos ir. Será lo mejor para los iraquíes,    incluso para los americanos. Obviamente no para estos estrategas de nuestra administración para los cuales la retirada equivale a admitir un error de campeonato. Asumir la conciencia de una derrota implicará un cambio significativo, una nueva idea de internacionalismo, una nueva actitud hacia el mundo entero, un adiós al sueño de la hegemonía. En resumen, será un golpe duro: lo saben incluso   los demócratas  y son conscientes de  que la retirada de las tropas es una elección muy dolorosa. Pero, atención, es una decisión muy difícil para la élite, no para la población: los americanos no tienen ningún interés en el Imperio, de modo que no harán una tragedia de ello. Para una parte de la clase dirigente y los ideólogos   será, por el contrario, un verdadero choque al tener que reconsiderar el papel de su País en el mundo. Pero no hay alternativa. No solamente, la retirada será seguramente más dramática que la de Vietnam, porque entonces los Estados Unidos hicieron marcha atrás ante los chinos, ante la Unión Soviética. Se hizo con vistas a un sistema de grandes potencias, y de algún modo aquella derrota formaba parte del juego, era  aceptable. Pero, ¿qué ocurre ahora? Hoy   la retirada lo es  ante un conflicto de fuerzas desiguales y  descentralizado: una enorme pérdida de    prestigio, un deshonor para América. El mensaje que se envía del mundo es que la gran ventaja, la enorme superioridad militar y tecnológica de los Estados Unidos, ya no cuenta para nada; que ser una superpotencia no significa nada, que pueden ser batidos   en un conflicto asimétrico y que eso puede producirse en cualquier parte. Porque precisamente los enemigos   no están ya en la Unión Soviética o China, sino más bien en la guerrilla en Irak, un enemigo  que no combate como los Estados Unidos. Además, nuestro enemigo es cada vez más hábil. (…)  Los viejos métodos del imperio, las grandes masacres, no son posibles hoy, y en consecuencia nunca conseguiremos superarlos. En resumen, ya no hay   superpotencias en el mundo. (…) 

Ha habido miles de muertos.  ¿Cómo ha reaccionado la población americana?  

Como dije, al pueblo americano no le importa  el mito de la gran potencia que abandera victorias por todo el mundo. Hablamos de una población cada vez más preocupada por su seguridad, por poder llevar una vida decente, con un sistema sanitario decente. Esto es lo que quieren, no combatir en guerras… La gente empieza a odiar todo esto. (…)  En resumen, la gente sabe que está  pagando un precio muy alto y probablemente para nada. Todo esto pesa mucho sobre la opinión pública. (…)  En   próximos meses, podemos imaginar dos escenarios: o la nueva estrategia no funciona, y los demócratas se refuerzan y consiguen retirar los fondos para la guerra (lo pueden hacer sin la firma del presidente,   simplemente no aprobando el presupuesto y esto lo puede  hacer incluso una de las dos Cámaras), o la nueva estrategia funciona, y entonces veremos los resultados en las elecciones presidenciales. En cualquier caso es cuestión de poco tiempo. Si va mal, en  tres o  cuatro meses   habrá realmente un desastre y se retirarán los fondos.  

Sobre la marcha de la guerra se juega el destino se los candidatos a la Presidencia…

En efecto.  Si las nuevas estrategias  no dan resultado, eso será desastroso para todo el Partido Republicano (…). Si la guerra se alarga hasta las elecciones del 2008, la ventaja para los demócratas podría ser realmente enorme. Sin embargo, si el Congreso comienza a recortar   fondos para la guerra, esto favorecerá a los candidatos demócratas más radicales, como Obama y Edwards, a diferencia  de Hillary Clinton, que se presentó como demasiado pro guerra como  para de extraer   beneficios de esa configuración política; podría aún formar parte de ella, pero no en absoluto   liberarla (…) Si la estrategia de “salir” no funciona, o empeora las cosas, Hillary puede decir adiós a su veleidad presidencial. Por otro lado, como quedó de manifiesto  en la batalla entre McCain y Giuliani. McCain promovía el aumento de   tropas y hoy ha sido superado por Giuliani y, aunque es un candidato atípico para el Partido Republicano,   ahora va en cabeza. (…)  La verdad es que Giuliani es casi liberal, según  las normas americanas, y en consecuencia sería un candidato extraño para los republicanos. (…)  

Pero puede haber  sorpresas…  

Teóricamente sí, pero son pocos los que tienen   oportunidad de llegar a la Presidencia.   Para hacerlo necesitan  mucho dinero; la campaña electoral es increíblemente costosa en América, (…)  En cualquier caso, en el bando republicano son básicamente   tres: McCain, Giuliani y Romney, de los otros nombres nos podemos olvidar tranquilamente. Entre los demócratas, los que tienen alguna oportunidad, por   razones muy diferentes, son  Hillary Clinton, Edwards y Obama. Hillary Clinton tiene la organización, Edwards   el programa, un programa para muchos populista, y Obama tiene el carisma y la inteligencia; tres perfiles muy diferentes. El sentido común dice que vencerá quien tiene la organización. Hillary   tiene incluso el dinero, y además cuenta con  la ingeniería política de Clinton, que tiene un talento político excepcional en este campo, algo de lo que ella también está dotada. Éste es la ventaja de Hillary, que, sin embargo, como dije, tiene el problema de la guerra; si no tuviera el voto negativo de la guerra habría sido invulnerable. Tiene   otro problema, una clase de negatividad, que a muchos no agrada, lo que llamaríamos el  “woman factor”. Segolene tiene el mismo problema… 

¿Qué debemos esperar  con relación a Irán?  

En los Estados Unidos hay aún componentes favorables a una guerra y algunos europeos son suficientemente  estúpidos como para dar su apoyo. Francamente es difícil captar la estrategia de Blair y cuál será su plan sobre irán. Si piensa   encontrarse con una reedición de las Malvinas, es que no se entera de nada.  . La verdad es que los americanos son incapaces de llevar una guerra terrestre. Como máximo podrían   bombardear…  (…)  Si, en efecto, los Estados Unidos aumentan las presiones sobre  Irán no harán más que  reforzar los elementos más radicales del país. Creo que se  debe cambiar radicalmente el enfoque y aceptar   negociar. Son necesarios compromisos regionales,  un nuevo equilibrio. Irán no es   un país fundamentalista y es   capaz de negociar. Paradójicamente hoy son los Estados Unidos los que se han convertido en  un país de fundamentalistas.   Éste es el problema: ven enemigos por doquier y no aceptan ninguna negociación… Irán, para no proseguir su plan nuclear, exige  poder estar tranquilo con respecto a  Israel. Israel tiene la bomba e Irán teme que se dirija  contra ellos. Y, en consecuencia, quieren garantías de que no será usada. Tal garantía sólo pueden ofrecerla los Estados Unidos. (…) Hay otra consideración que debemos hacer. Irán prosigue con su plan porque, visto lo ocurrido en Irak, la lección que han aprendido es que  -si te atacan detodos modos–  lo mejor es armase. Se ha atacado a Saddam y no tenía   armas nucleares. Corea las tenía y no fue atacada. En resumen, sea como fuere, tenerlas   es definitivamente mejor que no tenerlas. La alternativa es la negociación y el acuerdo  internacional y creo que Irán estaría dispuesto a ir por ese camino, porque ya no es el país de Khomeini, hoy es un lugar diverso…  

Italia and Historia07 Mar 2007 02:38 pm

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Segundo. Del arte de la copia


Prosigamos con la peritación de Gentile. A lo ya expuesto, hay que añadir otra característica,   la presencia    “di prolissi resoconti dei frequenti viaggi fatti dal Duce in varie regioni d’Italia, annotati fin nei minimi dettagli, con l’elencazione dei singoli paesi, villaggi e borghi incontrati lungo il percorso, e persino con l’indicazione delle svolte, delle salite e delle discese, fino alle soste per la merenda”. Y no menos curiosas  “sono le note che descrivono le visite del Duce a stabilimenti, cantieri, fabbriche, opere in costruzioni, delle quali sono citate sempre, con ostentata pignoleria, le dimensioni, le caratteristiche tecniche e le funzioni”. Esto podría  “avvalorare l’ipotesi dell’autenticità”, dice Gentile, “nel senso di un’autenticità postuma”. Pero, a pesar de lo que parece, para él son una “fonte della maggiore perplessità sull’autenticità dei diari, a causa della frequente concordanza, spesso letterale, fra il testo delle agende e le cronache dei giornali che trattano gli stessi avvenimenti”.

Por ejemplo, le sorprende una descripción que se halla el 20 de febrero de 1935: “Esteso l’impianto aerodinamico riunito con un grande fabbricato dove vi sono sei gallerie del vento”. “Una avente 4 metri di diametro con una potenza soffiante di 13 cavalli e una velocità del vento di 360 km l’ora. 4 gallerie di due mt. di diam. con potenza soffiante di 450 cavalli e una galleria verticale di 3 mt. di diam. con potenza soffiante di 80 cavalli alta circa 30 metri. La galleria verticale (di cui esistono solo 3 esemplari al mondo) permette di studiare il comportamento dell’aereo in perdita di velocità in vite e altre manovre acrobatiche”. Lo que ocurre es que ese mismo día se podía leer en el periódico   Tribuna lo siguiente: “Non meno importante è l’impianto aerodinamico riunito in un grande fabbricato. In complesso ci sono sei gallerie del vento: una avente 4 metri di diametro con potenza soffiante di 1.300 cavalli e velocità massima di 360 chilometri all’ora; quattro di diametro di due mt. con potenza soffiante di 450 cavalli cadauna, e una verticale, di tre metri di diametro con potenza soffiante di 80 cavalli alta circa 30 metri. La galleria verticale di cui esistono al mondo soltanto tre esemplari, permette di osservare e studiare il comportamento dell’aeroplano in ‘perdita di velocità’ in vite e altre manovre acrobatiche”. Impresiona la similitud y crea perplejidad, arroja dudas infinitas.

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Continuemos con la lectura del diario y vayamos ahora al 27 de agosto de   1936: “Sul fianco del ripidissimo costone che precipita nella valle si aprono centinaia di abitazioni troglodite. Siamo indietro almeno di diecimila anni! I vecchi governi anche quando ebbero uomini della Lucania non si occuparono di questa regione che è l’immagine della miseria (…) Il ’sasso’ dovrà sparire e rimanere soltanto un’attrattiva per turisti”. Bien, no está mal. Ahora comparemos esa anotación con una crónica aparecida dos días después en el Corriere della Sera: “Sui fianchi del ripidissimo costone che precipitano a valle - vera bolgia dantesca - si aprono centinaia di abitazioni trogloditiche”, c’è scritto. “I vecchi Governi, anche quando ebbero a capo uomini della Lucania, evitarono sempre di occuparsi di questa dolorosa bruttura (…) fino a quando l’intero ’sasso’ sparirà e rimarrà soltanto come una attrattiva per i turisti”.

¿Qué me dicen?

Italia and Historia05 Mar 2007 02:13 pm

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Ya saben lo que se cuece en Italia, los supuestos diarios inéditos de Mussolini. Aquí también ha llegado la cosa. Yo lo leí en El País, donde se decía: “A los 62 años de la ejecución de Mussolini, el senador italiano Marcello Dell’Utri, de la derechista Forza Italia, el partido de Silvio Berlusconi, reveló el pasado sábado en Udine que estaba en posesión de esos cinco cuadernos, que habrían sido llevados clandestinamente a Suiza por uno de los partisanos que participaron en el arresto y ejecución del Duce. Los documentos, actualmente bajo custodia notarial en un banco de la ciudad suiza de Bellinzona, arrojarían (de ser auténticos) una nueva luz sobre el pensamiento político del líder fascista italiano. El fragmento que más polémica ha creado es el que reza así: “No podemos y no debemos tomar las armas, que de todas maneras no tenemos”, lo que hace pensar que Mussolini era contrario a la entrada de Italia en la guerra, a pesar de haber firmado acuerdos con Hitler poco antes”. 

Para esclarecer el entuerno, se puesto a ello uno de los máximos expertos del mundo de la mussolinologia, si se me permite la expresión: Emilio Gentile. Se trata de un prestigioso profesor de historia contemporánea de la Universidad de  La Sapienza, la de Roma.

A su juicio, y es relevante, esos textos sólo se pueden calificar como un auténtico bluff. No los escribió el Duce, de eso está seguro: “Permangono”, excribió para  L’espresso ya a finales de 2005, “fondati motivi per dubitare che l’autore delle cinque agende sia stato Benito Mussolini”. Gentile estudió los diarios durante dos meses   a raiz de que en novembre de 2004 fueran ofrecidos a esta publicación por Maurizio Bianchi, hijo del partisano  que los habría conseguido el 27 de abril 1945 en la localidad de  Dongo, tras la captura de Mussolini. Como recordatorio, ahora que la cosa ha explotado, Gentile resume lo estrafalario y clamoroso de la falsificación.  

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Primero:   “Nomi errati ed errori grammaticali, discordanze cronologiche, incongruenze e inesattezze”. Incluso hay partes que parecen tomadas  de las crónicas periodísticas de la época. “Una prima lettura  mi ha dato un’impressione generale di unità e coerenza, sia per lo stile che per il contenuto dei cinque diari, tali da far pensare che siano stati scritti dalla stessa persona, anche se il tono, il contenuto e la lunghezza delle annotazioni variano a seconda degli anni. (…) Non sono tuttavia emersi motivi sufficienti per formulare subito un giudizio sull’autenticità o meno”.

Para hacer bien las cosas, Gentile señala que emprendió su análisis  “non per campioni o periodi particolari”, sino siguiendo de forma meticulosa “giorno per giorno le annotazioni”. De esa forma, ha podido confrontar “le note dei diari con il maggior numero possibile di fonti edite (documenti, diari, memorie) e di opere storiografiche sulla vita di Mussolini e sulle vicende del periodo cui si riferiscono i diari”. Por otra parte, ha comparado   “quotidianamente, per tutto il periodo compreso fra il 1935 e il 1939, gli avvenimenti pubblici, gli eventi di cronaca, e anche, dove possibile, le condizioni meteorologiche con analoghe notizie della stampa coeva”. Y todo ello ayudándose de la  “lettura incrociata di vari giornali e riviste come ‘Il Popolo d’Italia’ e il ‘Corriere della Sera’, il ‘Messaggero’ e la ‘Tribuna’, ‘La Stampa’, e ‘Gerarchia’, fino a ‘La rivista illustrata del Popolo d’Italia’ e gli ‘Annali del fascismo’. Verificando, nei punti ancora ambigui, con la documentazione dell’Archivio centrale dello Stato”.

De todo lo anterior, extrae el profesor Gentile un juicio que no puede ser más drástico: “Dal punto di vista della novità e dell’originalità”, insiste, “questi diari non presentano un contenuto documentario particolarmente nuovo e originale per la biografia di Mussolini”, ni tampoco “per la storia del periodo di cui fu protagonista”. Hay aquí y allá datos sacados “da altri diari e memorie di protagonisti del regime fascista, come ad esempio i diari di Galeazzo Ciano, Giuseppe Bottai e altri collaboratori del Duce, sia nella politica interna che nella politica estera”. Además,  “si è riscontrata in queste agende una singolare mancanza di note su momenti, aspetti e figure che ebbero sicuramente un significato e un ruolo molto importante nella vita politica di Mussolini”. Por si fuera poco, uno no observa “mai un resoconto dettagliato o citazioni testuali dei numerosi colloqui che Mussolini ebbe con il re, né vi sono altre notizie che permettano di avere una più ampia conoscenza delle relazioni fra la monarchia e il regime fascista, a parte alcune considerazioni sul problema della ‘diarchia’, cioè sui rapporti fra il re e il Duce, che tuttavia nulla aggiungono a quanto già noto da altre fonti, a cominciare da scritti e dichiarazioni dello stesso Mussolini”.

Finalmente, hay un aspecto curioso: “il carattere prevalentemente descrittivo e impressionistico delle annotazioni sullo svolgimento di eventi di grande rilievo della politica di Mussolini, come gli incontri di Stresa e di Monaco, e i viaggi del Duce in Germania e di Hitler in Italia”. Es decir, en pocas palabras:  “spesso di minimo interesse e di scarso significato”.  

Otro día, más

Ideas and Italia26 Ene 2007 09:35 am

Queridos hermanos, prosigamos.

        

Alberto Toscano es profesor de sociología en el  Goldsmith College de la London University, donde forma parte del Centre for the Study of Invention and Social Process. Ha traducido al inglés libros    (de Alain Badiou y de  Toni Negri) y ha publicado numerosos artículos sobre  Schelling, Deleuze, Simondon y Badiou, entre otros.  Su último volumen, por ejemplo, lleva por título: The Theatre of Production: Philosophy and Individuation between Kant and Deleuze, (Palgrave, 2005).

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Su  propuesta sobre el particular se pueden resumir en el siguiente párrafo: el creciente uso del término “fanatismo” para identificar los peligros del presente, en particular el recrudecimiento de la política religiosa y el fenómeno terrorista, muy pocas veces se acompaña de una reflexión sobre la genealogía del término y la variedad de usos que permite. Una simple mirada a la historia filosófica del concepto permite rasgar los velos que lo cubren y proponer una crítica de sus funciones retórica y analítica. Siguiendo las huellas de los grandes pensadores que han intentado determinar su significado, nos queda a nosotros la tarea de repensarlo para el presente como una figura histórica, política y psicológica, dejando de utilizarlo como mero talismán para exorcizar el miedo. 

Así pues, es ese recorrido histórico el que interesa. Veamos lo que nos dice.

El discurso sobre el fanatismo surgiría de las mezcolanzas  ideológicas, teológicas y políticas que acompañan a la Reforma. Mejor dicho, de la feroz polémica entre, por un lado, Lutero y, por otro, los movimientos urbanos y campesinos (como los encabezados por Müntzer) que cuestionaban la autoridad de los príncipes y del clero. Lutero los condenará usando el término Schwärmer (de Schwärmerei, que podemos traducir como fanatismo). ¿A qué se refiere? Recordemos que los ideólogos de la Reforma ven en éstos un intento de eliminar la distinción clave entre las dos ciudades agustinianas, con la voluntad milenaria de que el reino de los cielos se manifieste en la tierra. Para Lutero, el propósito de acabar con la autoridad secular es una desastrosa señal de soberbia, una auténtica catástrofe religiosa.           

Si en el discurso protestante el “otro” es el campesino, en la Ilustración se propone inicialmente una figura del fanático que calificaríamos de ambigua, y ello aunque este movimiento pueda definirse por su lucha contra el fanatismo religioso. Por ejemplo, en Le fanatisme, ou Mahomet le prophet (1741), Voltaire obliga a uno de sus sicarios a matar al sheik de la Meca, pues éste rechaza doblegarse ante la religión del “fanático”. Además, el sicario resulta ser hijo del sheik, lo cual vendría a demostrar la fuerza profanadora del fanatismo. Para otros, la verdadera lección sería que ese Mahoma no cree en el dogma e   instrumentaliza el fanatismo. En cualquier caso, permite una ecuación que hará fortuna entre una categoría abstracta (fanatismo) y una cultura particular (islam). (Añadamos a lo dicho por Toscazo la aclaración de Voltaire en una carta remitida a Federico II  de Prusia: “Me vería recompensado si una de estas almas débiles siempre dispuestas a recibir un furor ajeno […] se dijese, tras leer el libro: ¿por qué obedecer a los ciegos que me gritan: odiad, perseguid, acabad con quien es tan temerario para no pensar como nosotros sobre cuestiones incluso indiferentes?”).           

De todos modos, es con Kant con quien vemos un tratamiento más austero y culturalista.  Así, en la Crítica de la razón práctica, el filósofo alemán distingue entre “fanatismo religioso”, que concierne al conocimiento de Dios, y un peligroso “fanatismo moral”  que desdeña el deber de la razón y funda la moral en el sentimiento, en la noble convicción, en la fe sublime. Un fanático moral es, pues, el que, no sometiéndose a un deber universal,  puede convertirse en un homicida bienintencionado. Fanatismo es así transgresión de los límites de la razón humana, un delirio metafísico.           

El concepto también sería importante en Hegel, para quien el fanatismo es un paso necesario en la progresiva universalización del espíritu. Si el pensamiento alemán puede verse como una respuesta filosófica al trauma histórico y a la esperanza de emancipación que supone la Revolución Francesa, entonces Hegel no se desvía en absoluto de ese camino. El fanatismo sería una manifestación de la libertad subjetiva en su pura negatividad, en tanto rechazo activo de cualquier determinación. Así, en la Fenomenología del Espíritu, Hegel entiende que es eso lo que está detrás del Terror revolucionario y de la implacable lógica de la sospecha que lo acompaña (en este punro, Toscazo recurre a Alain Badiou, Le Siècle, Le Seuil, Paris, 2005).     

      

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En fin, ese recorrido es amplio, pero es en el siglo XX cuando quizá haya mayor preocupación por el concepto. Aunque no exclusivamente, han sido los pensadores anticomunistas los que mayores esfuerzos han dedicado a esclarecerlo, viendo en él la causa y no el efecto de los males sociales (Cioran o Aron), creando una dicotomía ideológica entre un liberalismo del escepticismo y del compromiso, por un lado, y el frente del fanatismo, por otro.  Ya no es, pues, una tendencia errónea de la razón (Kant) o un extremismo necesario en el desarrollo de la humanidad (Hegel), sino simplemente una patología a extirpar. Esa análisis, sin embargo, olvida que los escépticos y los liberales son capaces de causar grandes males (bajo el pretexto de una guerra justa, por ejemplo) y que no todos los reaccionarios pueden ser catalogados de fanáticos. Olvida también que una historia sin fanatismo puede que sólo sea el resultado de una política de emancipación real y no de una abstracta batalla de ideas.            

Así pues, siguiendo las huellas de quienes han intentado esclarecer el significado del concepto, queda para nosotros la tarea de repensar el fanatismo como figura histórica, política  y psicológica y sus  aplicaciones para el presente, no usándolo sólo como talismán que sirva para exorcizar enemigos absolutos. Quizá en ese camino un primer paso sea tratar el concepto como predicado de ciertas acciones y discursos políticos, absteniéndonos de definir a los sujetos políticos como fanáticos  sans phrase. Como enseña la vida de Lutero y la de aquellos campesinos revoltosos, la designación de los enemigos como “fanáticos” es a menudo un siniestro preludio para tildarlos de “perros” o de illegal combatants.                       

  Eso es todo. Les ruego me disculpen este desastroso resumen. Pero, claro está, destripar un texto es injusto. Ocurre  como con los relatos de misterio, hay que guardar cierta intriga para el lector o el espectador.

  Textos de Toscano sobre el fanatismo:  

Fanaticism and Social Theory
Fanaticism: A brief history of the concept
 

Texto de La Ética de Alain Badiou: Ensayo sobre la conciencia del Mal
 

Ideas and Italia24 Ene 2007 01:36 pm

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No sé ustedes, pero a mi me ocurre una cosa curiosa. Cuando me abruman las novedades, me refugio en los clásicos. O al menos releo cosas, repaso números atrasados (que ahora me inundan, tras el restablecimiento de Snop y sus remesas fuera de fecha).

Me ha ocurrido con la revista italiana Reset, que dirige Giancarlo Bosetti. Este periodista y filósofo, nacido en Milán en 1946, fue vicedirector del periódico   l’Unità y fundó Reset en 1993. Creo que su último libro es Cattiva maestra. La rabbia di Oriana Fallaci e il suo contagio (Reset, 2005) Pues bien, el número que cerraba el pasado año llevaba por título L’ateismo di Freud, pero me he quedado con  el anterior, un volumen doble rotulado  Speciale Filosofia. Viaggio nel pensiero-ponte alla scoperta delle differenze. La presentación es atractiva y la nómina de colaboradores interesante:  

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“Possiamo chiamarlo, il viaggio filosofico che qui vi proponiamo, «pensiero-ponte», perché il ponte è un concetto chiaro ed elementare. La distruzionee poi la ricostruzione del ponte di Mostar (nome di città che peraltro vuol dire «antico ponte») hanno un valore simbolico che non sfugge neanche fino ai disegni dei bambini delle scuole materne. Il regista turco Fatih Akin ha dedicato al concetto il titolo del suo film, Crossing the Bridge, che parla della musica  come «ponte» tra mondi diversi, tra Oriente e Occidente (idea cara anche a Daniel Barenboim e alla sua orchestra). Sia Istanbul che la Bosnia sono luoghi di  confine tra mondi, di convivenze e di conflitti, nei secoli. Situazioni diffuse sul pianeta. Di ponti e pensieriponte ha bisogno il Medio Oriente.

Non è un caso che vengano da qui alcune delle formule più penetranti per definire quello che serve, e che manca. Amin Malouf, libanese, storico delle Crociate «dall’altra parte», chiama questa merce preziosa «pensiero di cresta»:   la capacità di mantenersi in cima all’onda senza scivolare nell’incavo, da una parte o dall’altra, e così di difendere una visione più ampia senza lasciarsi risucchiare dalla faziosità. Amos Oz il pensiero-ponte lo vede come saper «convivere con l’ambiguità» accettando il rischio di passare per traditore da una parte e come nemico dall’altra.

Le sue tesi bellissime «contro il fanatismo» sono state poi oscurate da pagine meno amiche della virtuosa ambiguità durante l’ultima guerra in Libano (la lezione sulla storia del fanatismo di Alberto Toscano è piena di tante altre sorprese), ma ci atteniamo al penultimo Oz. Charles Taylor usa un’altra parola: «umiltà», quella suprema e  ofisticata virtù che consiste nel saper immaginare se stessi come qualcosa di diverso dal centro del mondo e prende a prestito  ’idea di «provincializzare» l’Europa, noi, l’Occidente, da un indiano che insegna a Chicago, Dipesh Chakrabarty. Con il grande filosofo canadese, che apre questo numero di Reset si affaccia il tema che è filosofico ma anche pratico (e quanto!) di perseguire una visione dell’essere umano che superi «le  lealtà nei confronti della propria tribù». L’aspetto più concreto della faccenda consiste nel fatto che non abbiamo altra scelta che individuare in ogni civiltà le persone che sono capaci di dialogare con gli altri. La politica – e con essa la democrazia – finisce spesso per spingere verso la direzione  opposta: patriottismi di tribù. Ma nessuna attività è più meritoria di quella che riesce a mettere all’angolo gli estremismi in tutti i campi, in tutte le province.

«Noi abbiamo i nostri “selvaggi” e loro hanno i loro». Fornet-Betancourt chiama questa pratica filosofica interculturale «attraversare contesti» ed è un viaggio che ci porta verso la «profondità del mondo», prepara situazioni di ospitalità e di accoglienza, aiuta a immaginare soluzioni dei conflitti, a superare risentimenti che sembrano invincibili. Che a nessuno venga in mente di dirci che si tratta di pensieri da «anime belle» perché ci arrabbiamo. Chi crede che la politica non si alimenti di visioni capaci di gettare ponti, verso gli altri, verso la fine di conflitti etnici, razziali, sociali, e verso il futuro dia un’occhiata alle vicende del XX secolo, alla biografia di Mandela, di de Klerk, di Martin Luther King, alla storia del socialismo, del laburismo, dei sindacati, del popolarismo cristiano e altro ancora.

Chi crede che si tratti di sogni a occhi aperti dia un’occhiata alle pagine più importanti della storia del pensiero e veda se non hanno a che fare con questi «ponti»: da Abelardo a Cusano a Raimondo Lullo, da Montaigne a Lessing, la capacità di «provincializzarsi» e di immaginare il mondo oltre la lealtà per «la propria tribù» ne ha fatta di strada grazie a loro (Marx se la cava meno bene, il suo internazionalismo è poco pluralista). Se l’Europa ha fatto un addestramento migliore lo deve a una storia che l’ha forzata a gettare più ponti. E a ben vedere la storia del pensiero, letta attraverso i «ponti », altro non è che la storia del pluralismo, nucleo incandescente del pensiero liberale, che si è nutrito non solo di universalismo e cosmopolitismo, ma anche di quella ambigua passione per la diversità che attraversa illuminismo e romanticismo da Vico a Herder, da Montaigne a Isaiah Berlin. Può un’idea di libertà, una pratica, una politica di libertà fare a meno del loro pensiero? Abbiamo chiesto ai nostri amici e collaboratori di farci strada in questo viaggio e la loro risposta è stata generosa, come vedrete in queste pagine. Ma è soltanto l’inizio”.

Me voy a detener en el texto de Alberto Toscano (pero eso será otro día, con perdón). 

Microhistoria and Italia05 Dic 2006 09:36 am

Parece que no doy la talla y que mis crónicas son un tanto vagas y bastante irregulares. Al menos  eso opina un vecino cascarrabias. Yo no le hago caso, pero me pone nervioso y con la excitación me precipito. Sobre el ordenador, en este caso. Y así salen las cosas, sin el orden necesario, desconcertadas. Lo digo para que ustedes tengan a bien disculparme, para que sean magnánimos y me absuelvan si lo que les comunico no está a la altura de lo esperado.   Además, les pongo sobre aviso: me voy de puente, así que hasta el 11 nada más les podré ofrecer. Ese día estaré de nuevo en ruta y la crónica no faltará.

Carlo Ginzburg. Entre lo verdadero y lo falso  

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De Italia nos llegan noticias de los avatares del último libro de Carlo Ginzburg. Parece que se acercan las fiestas navideñas y que conviene aprovechar la presencia física de este historiador para presentar el libro en las mejores condiciones. Tras ocho años en el dorado exilio californiano de la UCLA, el profesor ha aceptado la invitación de su amigo Adriano Prosperi para impartir sus lecciones de nuevo en Italia, en Pisa. (Il Corriere della Sera le entrevistó para congratularse de la noticia).  De todos modos,  no parece que esa decisión haya bastado para que el público haga justicia a sus méritos. Desde el éxito de El queso y los gusanos y el triunfo popular de El juez y el historiador, nada parece haber  sido igual en lo tocante a ventas.    

 La última traducción de Il formagggio La última traducción de Il formagggio 

Así que a mediados de  octubre   Ginzburg pasó por Bolonia para discutir el texto con sus colegas universitarios y unas semanas más tarde habló en Milán, en la Fundación Feltrinelli. Hace unos días, el 29 de noviembre, estuvo en Florencia en la Biblioteca Municipal Central. Algunas de esas intervenciones se pueden incluso seguir en internet. En el caso de Milán, le podemos escuchar a él y a sus introductores:

Intervención de Mario Miegge
Intervención de  Stefano Levi della Torre
Intervención de  Carlo Ginzburg

Además, también podemos acceder a una entrevista que publicó el periódico La Repubblica el pasado 15 de julio.  

El libro en cuestión se titula Il filo e le tracce. Vero, falso, finto y lo publica de nuevo Feltrinelli dentro de su colección “Campi del sapere”. A lo largo de sus 340 páginas, Ginzburg incluye diversos artículos que, si no me equivoco, en parte son ya conocidos, pero dándoles ahora un nuevo sentido. El autor  plantea de inicio su rechazo a quienes difuminan los límites entre los relatos de ficción y las narraciones históricas. Así pues,  como en anteriores ocasiones, trata de explorar la relación existente entre verdad histórica, ficción y falsedad a través de una serie de casos, de auténticas miniaturas en muchos capítulos: los protocolos de Sión, la conversión de unos hebreos en Mallorca, Stendhal, unos caníbales brasileños, la Inquisición, etcétera.     

ginzburgfilo.jpg            Nada de eso extrañará, sobre todo a quienes conozcan sus últimos volúmenes (Ojazos de madera, Rapporti di forza). En la última década, Ginzburg ha querido significarse como un antirelativista, como alguien que aún cree en la verdad (en mayúsculas) y que al tiempo es consciente de que han pasado los tiempos del positivismo ingenuo. Así que se enfrenta con coraje a los textos, a las fuentes, y a las múltiples maneras de leerlos. Porque, ¿qué es una fuente? ¿Cuándo decimos que contiene la verdad? Si resulta falsa, ¿la descartamos? «Nessuno – señala Ginzburg - penserà che sia inutile studiare false leggende, falsi eventi, falsi documenti: ma una presa di posizione preliminare  sulla loro falsità e autenticità e, di volta in volta, indispensabile».            

Ésta es la dualidad metodológica que Ginzburg considera necesaria. Enfrentemonos abiertamente, pues, a cualquier fuente,  observemos la existencia de múltiples voces, mostremos incluso la  pugna por representar la realidad. De ese modo,  escarbando en los textos, incluso contra la intención de quienes los produjeron, uno puede hacer emerger voces incontroladas (no sé si les sonara a Bajtin, a mí sí me lo parece): como las de aquellos hombres y mujeres que se sustraían de los estereotipos judiciales en los procesos de brujería. Es decir, realidad, imaginación y falsificación se entrecruzan a menudo, unas vecen en contraposición, otras alimentándose mutuamente.                  

En fin, el hilo es lo que deseamos decir y demostrar, los indicios nos remiten a algo opaco, a esos elementos incontrolados, a silencios incluso, que todo texto ofrece y que el historiador ha de tener en cuenta.  Naturalmente, la verdad es el punto de llegada, no el de partida (excepto para algunos píos historiadores, añadiríamos). «Gli storici, scrisse Aristotele –concluye Ginzburg- parlano di quello che è stato (del vero), i poeti di quello che avrebbe potuto essere (del possibile). Ma naturalmente il vero è un punto di arrivo, non di partenza. Gli storici (e in modo diverso i poeti) fanno per mestiere qualcosa che è parte della vita di tutti: districare l’intreccio di vero, falso, finto che è la trama del nostro stare al mondo». 

Pueden leer una de las miniaturas que se incluyen en el volumen, en concreto la que lleva por título La conversione degli ebrei di Minorca (417-418), aparecida en el número 79 (1992) de la revista Quaderni Storici.


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Más allá de Ginzburg, un autor por el que siento debilidad, poco añadiré. Podría hablarles del éxito italiano de Matilde Asensi, pero las comparaciones son odiosas. Eso sí, podría aconsejar el volumen de Roberto Casati, Il caso Wassermann e altri incidenti metafisici (Laterza). Casati es un reputado filósofo, con un puesto de  director de investigación en el celebérrimo CNRS, aunque ahora está en Venecia. He aquí un extracto: 

   casati.gif “La filosofia insegna a guardare altrove, e in cambio esige che si guardino le cose di tutti i giorni come alla moviola, come se fossero una possibilità tra le tante. Se il filosofo vuole coltivare il senso della possibilità cantato da Musil, dovrà costruire mondi e paesaggi mentali con pazienza e a volte temerarietà, rimanendo disponibile a stupirsi del risultato. L’immaginazione, di un tipo quasi letterario, è una componente essenziale di questo esercizio; il quale si accompagna spesso a una impressione di solitudine sconfinata. E in effetti ci sono dei punti di svolta quando si esplorano i paesaggi mentali che si sono costruiti, in cui è come se ci si affacciasse alla finestrella ventosa, intagliata nella pietra, in cima alla torre altissima di una cattedrale in rovina lasciata da un’antica civiltà; sul vuoto di questa solitudine sono in agguato una vertigine e una malinconia. Non c’è posto per questa vertigine in un libro di filosofia, in un articolo accademico. Pudore, riservatezza, necessità di convincere razionalmente e non di coinvolgere emotivamente: tutto milita per un’oggettivazione del sentimento. Ma sovente nella storia della filosofia si passa vicino alla finestrella, come nei pensatori che hanno ispirato in parte questi racconti.”   

Bien, por lo que parece va a estar tan suculento como su anterior El descubrimiento de la sombra (Debate, 2001). Desde luego, qué envidia, vaya título!:  “Desde tiempos muy antiguos se ha hecho uso conscientemente de las sombras, y esto a pesar de que se las temiera y nunca se ha sabido bien qué son. La historia de la ciencia está entretejida con la trama de la sombra. Es interesante probar la consistencia de la trama. Para hacerlo hemos de actuar sobre dos vertientes. Por un lado hay que comprender bien por qué las sombras constituyen una insidia para la mente. Si tuviésemos que descubrir su naturaleza, nos encontraríamos en un callejón sin salida. Si son ausencias, cosas que no existen, entonces no existen y basta. Pero, ¿cómo es que hablamos de ellas? ¿acaso son algo más que una carencia, o son solo una ilusión? Seguramente las sombras son misteriosas. Por otra parte, las sombras a despecho de su precariedad, y a despecho de ser tan misteriosas, son un precioso auxilio para el conocimiento. ¿Cómo reconciliar estos dos puntos de vista?”.  Las sombras y lo falso,  Casati y Ginzburg, dos formas distintas de explorar lo que no es evidente.

Pues eso, que hasta aquí puedo leer…   

Divertimento: Retomemos la hermenéutica del “word”, lugar de puertas y ventanas inseguras donde los haya. Decíamos que muestra un insistente empeño en sustituir la palabra York por Cork y comentaba un@ amable visitante que quizá hubiera en ello cierta querencia por lo irlandés. No lo descarto, simplemente constato los hechos. Hablando de lo verdadero y lo falso, escarbando en la ficción, nos hemos topado con un ejemplo. Tómense la molestia de buscar “Nueva Cork” en el google y escojan la opción “búsqueda en español”. Existen algo más de 58 mil referencias, algunas de las cuales acaso traduzcan la New Cork irlandesa. La mayoría, sin embargo, son transfiguraciones de Nueva York (el word lo ha vuelta a intentar y casi se me escapa). Miren la primera, es un informe del U.S. Census Bureau y dice así: “De los 10 condados con las más grandes proporciones de personas nacidas en el extranjero aparte de Miami-Dade, todas, excepto por el condado de Hudson, Nueva Jersey, estaban localizadas en Nueva York o California. (Ver tabla 2.) El condado de Queens, en Nueva York, 46.6 por ciento), tenía el segundo porcentaje más alto de residentes nacidos en el extranjero entre los 231 condados incluidos en la Encuesta de la Comunidad Estadounidense, seguido por Hudson (39.1 por ciento); Condado de Kings, Nueva Cork, (38 por ciento) y el condado de San Francisco, California, (36.7 por ciento)”. Ahora está claro, el condado de Kings, en Brooklyn, es parte de Nueva Cork. Vean cómo se construye la realidad. Hagan, pues, lo que Carlo Ginzburg y extraigan sus propias consecuencias.