Febrero 2008


General27 Feb 2008 06:14 pm

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¿Cómo afectan los cinco sentidos a nuestras experiencias y cómo han informado el curso de la historia? MarK M. Smith, historiador de University of South Carolina at Columbia, explora esas preguntas en su nuevo libro: Sensing the Past: Seeing, Hearing, Smelling, Tasting, and Touching in History (University of California Press/Berg Publishers, 2008). Nada menos que una descripción de la historia de los sentidos desde la antigüedad hasta presente, el último     trabajo de Smith pretende profundizar en nuestra comprensión de la historia social y cultural fijando   la atención en el sentir. Veamos una entrevista aparecida en el Chronicle of Higher Education.

Ante todo,  ¿qué es la historia sensorial?

La historia sensorial aborda no sólo la historia de los sentidos sino  también su construcción social y cultural, así como   su papel al dar textura al pasado. Se ocupa de la manera en la que   la gente piensa sobre los sentidos, el proceso cognoscitivo de sus percepciones sensitivas, pero  tomando seriamente el contexto social y cultural   de esas experiencias. La historia sensorial se esfuerza por enmarcar todo eso de la forma más   amplia posible. Enfatiza el papel de los sentidos - incluyendo la vista y la visión – al  formar las experiencias de la gente en el pasado y demuestra cómo las personas entendían sus mundos y por qué.

Enseñas en Carolina del Sur  y buena parte de tu trabajo se ha centrado en la historia sureña de preguerra. ¿Es la historia sensorial particularmente relevante para esos tiempo y lugar? ¿Tu interés se acrecentó  yendo más allá de esa época?

Mi interés particular, la esclavitud meridional de preguerra,  va más allá de  la historia de la raza, de la clase y de la economía política. De hecho,    mi primer libro versaba sobre  la historia de la conciencia  del tiempo en el sur de preguerra (Mastered by the Clock: Time, Slavery, and Freedom in the American South, University of North Carolina Press, 1997). Mientras   investigaba para el libro,   pude apreciar no sólo la   importancia que tenían los diversos tipos de relojes en la formación de la conciencia    del tiempo en aquella zona, sino también el papel fundamental que jugó   el sonido del tiempo en las plantaciones del sur.
Desde entonces, me hice mucho más sensible no sólo a la evidencia que indicaba cómo la gente vio el mundo, sino a la importancia de lo oído, lo olido, lo probado  y lo tocado en  la elaboración de toda  clase de relaciones sociales en el sur. En cierto modo, dudo que me hubiera interesado por o estudiado la historia sensorial sino hubiera sido   historiador de la esclavitud y del viejo sur en la Universidad de Carolina del Sur.

¿Cuál ha sido  tu experiencia al estudiar la historia sensorial? ¿Encontraste referentes?

La historia sensorial - incluso aunque no siempre se la llamara así–  tiene realmente una amplia y distinguida genealogía, una que me fue especialmente provechosa cuando comencé a indagar sobre este objeto. El trabajo de los primeros historiadores   de la escuela de los Annales era muy práctico, y entre los recientes citaría a Alain Corbin, cuya  investigación resulta imprescindible. Puede ser que también se observe la influencia   de ciertos antropólogos con preocupaciones históricas, tanto en el desarrollo de este campo cuanto en mi trabajo. Por ejemplo, David Howes, de la Universidad de Concordia [en Montreal],  era y continúa siendo  un inmenso   apoyo, así que los historiadores harían bien en leer su trabajo.

Algunos sentidos   - pienso en el olor y el gusto  y quizás en el tacto - parece que pueden    presentar dificultades a la hora de  estudiarlos. ¿Piensas que tales obstáculos son la probable razón de que hayan sido pasados por alto en buena medida en la investigación histórica, o piensas que es más debido a un fuerte prejuicio visual?

Pienso que esas dificultades  son en gran parte un  error, y la evidencia está en la creciente literatura. Como demuestro en Sensing the Past, tenemos, por ejemplo, un   trabajo excelente sobre la historia del olor y del olfato desde la antigüedad hasta presente, y hay una creciente literatura histórica sobre el gusto y el tacto. La evidencia histórica de todos los sentidos está ahí – seguramente no siempre, pero está ahí en cualquier caso.  

 Has acentuado la importancia de ” historizar los sentidos”  - para frenar  la tendencia a   filtrar las experiencias sensoriales históricas con sensibilidades modernas. ¿Puedes explicarlo?

La historia sensorial, al menos a mi modo de ver, debe tener mucho cuidado de no asumir que los sentidos son una suerte de atributo  “natural”, pues de lo que se trata es de localizar su significado y su función en contextos históricos específicos. En general, pienso que la mayoría de los historiadores interesados en los sentidos están de acuerdo  con esta aproximación, especialmente porque   asumir que “nosotros” (quienquiera que sea ese “nosotros”) podemos experimentar y entender los sentidos del mismo modo como, por ejemplo, un esclavo del siglo XVIII sentía su mundo hace   enormemente importante  el contexto.

¿El campo de estudio está creciendo? 

“Creciendo” no es la palabra adecuada, por suave. Se está multiplicando, tanto que es difícil estar al tanto de lo que se hace.  Los historiadores -como los especialistas en las disciplinas afines (especialmente la antropología)- están produciendo trabajos a un  ritmo asombroso. El campo está más desarrollado en Europa y en Canadá, pero los historiadores de los Estados Unidos han producido algunos trabajos importantes en los últimos años. Los congresos sobre el asunto están proliferando, el objeto está recibiendo   atención continua en las   principales revistas  - The Journal of American History, por ejemplo, presenta una muy buena sección sobre los sentidos en la historia americana que saldrá este septiembre - y hay también una revista interdisciplinaria, The Senses and Society, publicada por Berg en el Reino Unido. Especialmente atractivas son las Series in Sensory History, con distintos libros y monografías sobre la materia que   la    Universidad de Illinois   publicará pronto.

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Algunos críticos se han preguntado si la historia sensorial es históricamente contingente, y si esa aproximación funciona  mejor para el siglo XIX. ¿Qué desafíos predices  que representa la era digital para el estudio sensorial?

Una vez más   pienso que se equivoca quien   sostiene   que la historia sensorial es adecuada para un siglo en particular. Sólo en los últimos años los historiadores han producido   trabajos fascinantes  sobre el papel del olor en el  cristianismo antiguo, los sentidos en la Inglaterra medieval  o el olfato en el   siglo XX en América, por señalar sólo algunos.
La era digital puede realzar algunos aspectos de la historia sensorial. Puedo pensar, por ejemplo, en los clips de audio en línea que capturan algo del pasado y, si están correctamente y rigurosamente contextualizados,    pueden   ayudar a entender algo sobre cómo la gente los entendía. Resulta bastante irónico que la evidencia impresa -concebida en tiempos como muy ocular- sea una muy buena fuente para capturar qué pensaba  la gente sobre los sentidos, el significado que les daban  y las maneras en las que cuestionaban esos significados.

PD: Un ejemplo del trabajo de Mark Smith: “The Touch of an Uncommon Man

General25 Feb 2008 09:43 am

De Francia, recojo dos noticias. Primera: Google, la gran empresa del espacio virtual, tendrá que comparecer antes los jueces el próximo 15 de junio. Los responsables acusadores son  el grupo  La Martinière, el Syndicat national de l’édition y la Société des gens de lettre. El motivo es el de otras veces, es decir, que la empresa americana ha digitalizado y puesto (gratuitamente) a disposición de sus usuarios diversos volúmenes que no estarían exentos de abonar los correspondientes derechos de autor.   Así que el enemigo es  Google Book Search (entre nosotros Búsqueda de Libros de Google y en Francia  Google Recherche de livres), un proyecto que, como es sabido,   partía de los fondos depositados en las bibliotecas de algunas universidades americanas.  Por supuesto,  Google repone, y así es, que cuando se trata de libros protegidos sólo permite consultar breves extractos. Los franceses, en cambio, quieren ver algún billete verde.  En ello estamos y en París se verán las caras.  

Segunda: la revista literaria Lire ha presentado hace unas semanas los mejores libros de 2007. En el apartado de historia el galardón ha recaído en el siempre interesante  y virtuoso Paul Veyne, con su Histoire: Quand notre monde est devenu chrétien (312-394), cuyas 320 páginas se pueden leer en Albin Michel por unos escasos 18 euros.

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Para este autor se trata de entender cómo esta secta triunfó, cómo alcanzó el estrellato y devino una suerte de best-seller espiritual. A su manera inimitable, erudita e impertinente, Paul Veyne expone varias razones. La principal remite al emperador Constantino, amo y señor de   Occidente, cuya conversión implicaba el deseo de   cristianizar el mundo para salvarlo: “Sa conversion lui permettait de participer à ce qu’il considérait comme une épopée surnaturelle, d’en prendre la direction et d’assurer ainsi le salut de l’humanité”. El historiador destaca así el papel crucial que puede desempeñar un individuo excepcional. Todo gran emperador necesita una gran religión y él la halló. Ahora bien, ante los dioses paganos y como secta minoritaria, el cristianismo  era una religión de vanguardia que no se asemejaba a nada conocido. Así que Constantino se limitó a ayudar a los cristianos a establecer su Iglesia, a crear su red de difusión. Lentamente, con docilidad, las multitudes paganas se fueron cristianizando a golpe de seducción: “est le gigantisme de son dieu, créateur du ciel et de la terre, gigantisme étranger aux dieux païens et héritier du dieu biblique”. Quedan, claro está, otras cuestiones: “Quelle est la religion vraie?”,  ¿qué decir de la iglesia?, “formidable machine de conquête et d’encadrement”  y, finalmente, ¿qué hay de las raíces cristianas de Europa? En cuanto a esto último, que se trata en el capítulo final, Veyne constata que   su contribución se reduce casi a la presencia de cristianos y que si fuera necesario hallar verdaderos  padres espirituales habría que citar a Kant o a Spinoza. No obstante, reconoce que hay algunos elementos  de raíces cristianas, pero en la medida en que abonaron el terreno a las Luces: L’initiative et le gros du travail sont dus aux Lumières”.     

Añadamos que los premiados en ensayo fueron Yann Algan y Pierre Cahuc (La société de défiance), mientras que en biografía triunfó lo último de François Dosse (Gilles Deleuze et Félix Guattari, biographie croisée).   

En cambio, de Inglaterra, tomo nota de la última polémica que provoca el siempre discutido y omnipresente Martin Amis. Ya hablamos de sus más y sus menos con Terry Eagleton, tras la instalación del primero en la Universidad de Manchester y algunas de sus manifestaciones. Ahora es noticia su salario, que alcanza las tres mil libras   (unos cuatro mil euros)  por ocupar la cátedra de escritura literaria.    Tomo la referencia del Times. El celebrado autor  (que en cierta ocasión escribió aquello de que las “armas son como el dinero; nadie sabe lo que significa decir basta”)  ha sido contratado a razón de unas tres mil libras la hora (unos 4000 euros) para enseñar   escritura creativa en la universidad. En realidad, su sueldo asciende a unas 80.000 libras (106 mil €) a cambio de trabajar un total de 28 horas al año.   Amis defendió su paga en estos términos. “Es una decisión de la Universidad de Manchester y yo la acepto”; además, “ésta es una conversación realmente desagradable. ¿Quién dice que yo no ganaría ese dinero en cualquier otro lugar? ¿Por qué te no tienen esta conversación con Wayne Rooney? Algunos futbolistas ganan enormes sumas. No todos los futbolistas consiguen cientos miles a la semana como Rooney. Y eso es todo lo que tengo que decir sobre el asunto”.

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Añadamos que su sueldo (¡quién lo pillara!) supera en más de 240 veces   el promedio de un profesor a tiempo completo, que gana 38.933 libras (52 mil €) al año por 59 horas a la semana. Pero es cierto que a su vez palidece con respecto a los honorarios de las grandes figuras políticas. Tony Blair, por ejemplo, recibió hasta 240.000 libras (320 mil €) por  un discurso de 20 minutos en China, es decir,   720.000 libras por  hora. En cualquier caso, el problema es esa tendencia de las universidades anglosajonas a contratar personalidades a cualquier coste, con el fin de mejorar la reputación del centro y atraer alumnos.   Ocurre, no obstante, que la de Manchester ha tenido que recortar recientemente 750 empleos,   incluyendo algunos conferenciantes, para paliar su considerable déficit.   Por supuesto, los sindicatos universitarios  han criticado el volumen de  sueldos como el de Amis, puesto que la mayoría de los conferenciantes que les visitan son remunerados entre 20-50 libras la hora (25-65 €).   Eso sí, desde que llegó Amis, el curso de escritura creativa ha aumentado el 50 %.   

Comparativa de semanas laborales

La de Martin Amis: alrededor de 32 minutos semanales.

Se encarga de un seminario de  90 minutos en su taller de escritura creativa (12 semanas) = 18 horas
Una sesión de dos horas en los cursos de verano (4 semanas) = 8 horas
Da una sola clase de dos horas en un curso regular (una vez) = 2 horas
Total anual: 28 horas

La de Wayne Rooney: alrededor de   26 horas semanales.

Juega dos partidos de 90 minutos   (48 semanas)
Se prepara durante tres horas para cada  partido    (48 semanas)
Entrena cuatro horas diarias, cinco días a la semana (48 semanas)
Total anual: 1.248 horas

Otras celebridades

Tony Blair, 100.000 - 200.000 libras por conferencia (130-260 mil €)
Cherie Blair, 15.000   (20 mil €)
Bill Clinton,  150.000   (200 mil €)
Henry Kissinger,  12.000   (16 mil €)
Duquesa de York,  8.000   (10 mil €)
José María Aznar, 35.000 dólares de Georgetown (24 mil €)
Yo mismo, la voluntad (¿€?)

General22 Feb 2008 12:58 pm

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Sirva como ejemplo, al menos para las distintas corporaciones nacionales de historiadores y sus revistas institucionales. El ejemplo es la  edición especial que acaba de presentar la Journal of American History con el título de “Through the Eye of Katrina: The Past as Prologue?”. Trata de ser una primera aproximación, desde la disciplina en cuestión, a todo aquello que rodeó y rodea   el desastre provocado por el   huracán Katrina y su impacto en New Orleans y en toda  la costa de aquel golfo. Son veinte los artículos y ensayos preparados, escritos por distintos especialistas de las distintas    áreas desee las que se puede abordar el asunto, en los que se discute  el desastre   a través de diversas ópticas, como la historia política, la urbana, la ambiental, la arquitectónica  o la  musical.
Además, se trata de un número al que se puede acceder libremente en línea,  al que para la ocasión se han agregado  imágenes, mapas, sonidos y   vídeos relacionados con el suceso, tanto en el portal como en los artículos. A ello se añade un   glosario que destaca los acontecimientos y lugares más importantes de la historia de New Orleans.  Finalmente, los responsables indican que en semanas sucesivas irán agregando materiales a la página.    

Como ciudadanos informados que estudian el pasado, se lee en la presentación, los historiadores tenemos una oportunidad única, pero también una obligación concreta, de hacer comprensible el presente en términos de lo que lo ha precedido. Como cualquier otro suceso actual, el huracán Katrina deriva en parte su significado de circunstancias contemporáneas y en parte de opiniones que están formadas por la experiencia acumulada, o por lo eso que  a veces   llamamos memoria histórica. La relación entre Katrina y su contexto histórico es, por supuesto, dinámica y recíproca. Como los historiadores acostumbran a asumir desde antiguo, los acontecimientos del presente –especialmente los shocks traumáticos   que interrumpen el statu quo- alteran nuestras opiniones del pasado. En la sombra de las catástrofes humanas,   los especialistas se han visto impelidos a  formular nuevas preguntas y a revisar viejas ortodoxias mientras sondean nuevos significados siguiendo lo que Robert Coles ha descrito como “ese flujo de asuntos humanos que finalmente denominados histori” (The Mind’s Fate: A Psychiatrist Looks at His Profession—Thirty Years of Writings. Boston, 1995) 

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La mayor parte de los ensayos que se incluyen  fueron preparados inicialmente para el Howard Mahan Symposium, un  congreso realizado en Mobile,  Alabama, entre los días 7 y 10 de marzo de 2007,   patrocinado por el Department of History at the University of South Alabama junto con la  Journal of American History. El simposio de 2007 forma parte asimismo    de una serie de conferencias y de eventos en curso que tienen lugar en la citada Universidad, todos ellos dedicados, en parte, a examinar la historia de esa región dentro de un contexto nacional y trasatlántico.

General20 Feb 2008 10:09 am

El periodista y escritor Enzo Molino analiza la última obra de Furio Colombo en La Rivista dei Libri  (la particular edición italiana de NYRB) de febrero de 2008
Furio Colombo, Post giornalismo. Notizie sulla fine delle notizie.  Roma, Editori Riuniti, 142 páginas, 10 euros.  

No es habitual que cuando vemos un libro de ensayo el título de la colección, el del volumen, incluso el eventual subtítulo y todos los paratextos respeten con suficiente aproximación el contenido.  Tampoco lo es que la ilustración de la cubierta sea igualmente fiel. En este caso, una vieja máquina de escribir  asoma por la parte inferior de la portada, mostrando así un instrumento prácticamente obsoleto. Hoy en día, en la era del   postgiornalismo analizada por Furio Colombo, es el ordenador el que mejor representa simbólicamente la profesión y la condición del periodista.  A ello se añade   el prefijo  “post”, que aparece en el título con una intención  ambigua, entre lúdica y dramática, hasta el punto de poderse leer de forma catastrofista como  una condición “postuma”.

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El argumento del libro queda especificado en el subtítulo (Notizie sulla fine delle notizie) y consiste en una indagación a través de las cadenas televisivas y los papeles impresos que constituyen ese bosque de   información en el que Caperucita, la abuelita  y el Lobo intercambian sus roles a placer según sopla el viento de sus intereses. Una tríada, además, gobernada por Silvio Berlusconi, cuyo poder y atractivo reside en su potencia económica y mediática, en la capacidad de controlar el juego cambiando las reglas y confundiendo las pistas, con la complacencia de amigos y cómplices diversos. Un performer en suma.

Furio Colombo ha hecho bien al escoger la afirmación (24 septiembre de 2007) de un  gran anchor man americano, Dan Rather, y estamparla en la cubierta: “Llega el momento en que uno debe dar la cara y reconocer que la democracia no podrá sobrevivir si los medios sufren continuamente interferencias e intimidaciones por parte del poder político y el mundo de las altas finanzas. Y ha hecho bien porque equivale   a la mentalidad de quien ha escrito  Post giornalismo (para una colección que se llama La vera storia y que dirige el magistrado Mario Almerighi), y se corresponde con un curriculum bien conocido: experiencia académica e industrial; trabajos en la prensa y en la televisión;    una escritura narrativa, ensayística, periodística; la pasión civil…   

Todo anclado en sólidos cimientos, los de una ética irrenunciable que, en las páginas del libro, se mezcla con el recuerdo de algunas plumas ejemplares del periodisto italiano antes de la era post: Mario Pannunzio  y Paolo Murialdi. Lo que indica Colombo, por eso mismo, no es novedad en su trayectoria: “los países de hoy pertenencen a quien controla la comunicación”; “no sólo los estudiosos, sino el público en general, están advirtiendo que viven en la Era de la Comunicación”, la cual “se ha transformado en una industria pesada”, tanto que “cualquier ciudadano del mundo deviene miembro de un nuevo proletariado, sobre el cual se dejan caer las bombas de un inmenso material informativo“. “Quien recibe el mensaje parece tener una libertad residual:  la de leerlo de forma diferente”   y en esta diversidad radica la esperanza  de seres humanos con “una cierta libertad frente al fenómeno total de la Comunicación”.   

No es un objetivo fácil de conseguir y no sirven soluciones del tipo de “ocupar la sede de la radiotelevisión” pública o “la sede del ministerio” correspondiente. Serían un acontecimiento informativo de primer orden, pero no permitirían ganar “la batalla  por la supervivencia del hombre en la Era de la Comunicación”. Así que se necesitarán “soluciones de guerrilla”, poniéndose frente al televisor, la radio, el periódico y la pantalla cinematográfica. 

Ocurre que la batalla que nos ocupa no se “gana allí de donde parte la Comunicación, sino a donde llega”.  Estar en el punto de llegada significa ilustrarse y hacer comprender a cuantos podamos qué mensajes recibimos y los intereses que hay tras las noticias que estos emisores eligen transmitir.    Es “una acción para empujar a   la audiencia a que controle el mensaje y sus múltiples posibilidades de interpretación”, en un “combate  de guerrilla cultural puerta a puerta”, en el papel de agentes de la “Recepción crítica”.   

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Post giornalismo es un libro que convendría leer en las facultades, pero tambien en los talleres de escritura,  por el ritmo de su prosa y por la documentación que emplea. Es un manual de resistencia, que puede enseñar a los periodistas, a los que leen, a los que escuchan , a los que miran, y que puede evitar la deriva post,   mostrando un panorama glocal – global y local – donde aparecen líderes como Berlusconi, Bush, Blair o Putin y los “hombres de servicio”, los servicios secretos, la industria de la moda,  comisiones parlamentarias, los talk show, los magazine y esos montajes ejemplares que permiten la presencia obsesiva e impúdica de algunos políticos… Sujetos y objetos activos que muestran las condiciones en las que ha prosperado el posperiodismo, con los hechos desprovistos de contenido: sólo importa  la noticia.

El libro se cierra con una ferviente invitación a los politicos a que renuncien a la exhibición televisiva,  sobre todo a ciertos talk show,   liberando a los telespectadores antes de que sea demasiado tarde, antes de que la crisis de credibilidad de la   clase política sea irremediable. Un ejercicio que recuerda la empresa de   Lisistrata y las mujeres atenienses: rechazaron a sus maridos mientras no pusieran fin a las guerras continuas.   Aquellas esposas vencieron, pero quizá a Furio Colombo, una especie de nuevo Aristofanes mediático, le sea difícil obtener el mismo resultado. Es de apreciar su fe, su esperanza y la utopía de su   radicalismo liberal porque  fe, esperanza y utopía son en él cualidades de la imaginación que no se sustraen a las características de una bien armada ingenuidad. La mejor conclusión es la idea de democracia que  Colombo toma de Giovanni Sartori.  “La democrazia non sólo es un voto, sino el conjunto de condiciones jurídicas, culturales y psicológicas que consienten y nutren la vida democrática”.  Post giornalismo es una contribución decisiva a esta idea de democracia.      

General17 Feb 2008 07:42 pm

Sobre el pensamiento poscolonial 

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La revista francesa Esprit ha tenido la gentileza de permitir que podamos acceder de forma libre y gratuita a uno de los artículos de su revista. No es la primera vez y hay que felicitarse por esta práctica, tan recomendable como escasa en otros lugares. La gracia se ha hecho obra a través de su propio   portal y del de Eurozine, un proyecto de larga y brillante trayectoria dedicado a informarnos sobre lo que publican ciertas  revistas europeas, todas ellas de excelente factura. En esta ocasión, el texto proviene del número de diciembre de 2006, en el cual se contenía un dossier dedicado a: “Pour comprendre la pensée postcoloniale”. Se incluía allí un artículo de presentación (que también se puede leer completo libremente) seguido de  otro espléndido del antropólogo belga Filip De Boeck (Instituut voor Antropologie in Afrika ) sobre la ciudad de Kinshasa como urbe poscolonial, un lugar al margen de cualquier categoría occidental, con un funcionamiento aparentemente irracional, que sólo parece sugerir   destrucción y   locura (”¿qué sentido –según una cita de Mike Davis que tenemos a mano– tiene una ciudad con una población estimada en seis millones de habitantes en la que casi no circula ningún automóvil ni ningún transporte público por la sencilla razón de que a menudo resulta imposible encontrar una gota de combustible durante semanas, incluso meses? ¿Para qué seguir manteniendo la convención social que lleva a denominar “dinero” a un billete de banco cuando cotidianamente resulta que sólo se trata de un pedazo de papel sin valor?  ¿De qué sirve distinguir lo formal y lo informal o la economía paralela cuando lo informal se convirtió en norma y lo formal prácticamente dejó de existir?”). En fin, unas líneas que no hacen justicia al libro de De Boeck del que proceden en última instancia: Kinshasa. Tales of the invisible city (Ludion, Gante, 2004; y en francés en La Renaissance du Livre, Bruselas, 2005) que se acompaña, además,  con unas magníficass imágenes de la fotógrafa belga Marie-Françoise Plissart. 

Aquel número de Esprit también transcribía una entrevista con el reconocido filósofo y teólogo camerunés Fabien Eboussi Boulaga (La Crise du Muntu, 1977) sobre las maneras de pensar África por parte de los intelectuales de las antiguas colonias, sobre qué balance cabe hacer, pero no de forma complaciente, sobre las ambiciones y los reversos de los discursos de la independencia; un texto de Jean-François Bayart (Le gouvernement du monde. Une critique politique de la globalisation, Fayard, 2004) y  Romain Bertrand (Mémoires d’empire. La controverse autour du “fait colonial”, Editions du Croquant, 2006), investigadores del CNRS (Ceri-Sciences PO), en el que los autores escarbaban en el otro lado, en las herencias y las responsabilidades de los colonizadores, analizando la memoria de la colonización, la forma en que se transmitió el poder y las repercusiones de la cultura colonial en las metrópolis; otra entrevista, en este caso con Philippe Roussin, otro investigador del CNRS (Misère de la littérature, terreur de l’histoire. Céline et la littérature contemporaine, Gallimard, 2005), sobre la literatura, con el descentramiento (occidental) a la hora de definir las jerarquías culturales sobre las que tradicionalmente se ha hecho literatura, con el nacimiento de nuevas corrientes estéticas y la emergencia de críticas trasnacionales; y finalmente, el texto que  ahora paso a mencionar.  

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Se trata de otra entrevista, en este caso con el historiador camerunés Achille Mbembe, que lleva el título de “Qu’est-ce que la pensée postcoloniale?”. Mbembe es profesor de historia y política e investigador en el Wits Institute for Social and Economic Research (WISER) de la Universidad Witswatervand de Johannesburgo y ha impartido docencia en diversas universidades americanas, además de dirigir el Consejo para el Desarrollo de la Investigación en Ciencias Sociales en África (CODESRIA), con sede en Dakar. Es, por otra parte, un autor más conocido entre nosotros, tanto por sus artículos en las versiones castellanas de Le Monde Diplomatique como por sus contribuciones en los libros coordinados por  Gilles Kepel, Las políticas de Dios (“La proliferación de lo divino en el Africa subsahariana”), Jérôme Bindé, ¿Adónde van los valores?: coloquios de siglo XXI  (“Del racismo como práctica de la imaginación”),   Fernando López Castellano, Desarrollo: Crónica de un desafío permanente (“Poder, violencia y acumulación”) y Okwui Enwezor, Lo desacogedor. Escenas fantasmas en la sociedad global (“Necropolítica”).

Un autor que, además,   escribe continua y afiladamente sobre el asunto del pensamiento poscolonial, uno de cuyos más recientes textos apareció en el último número (el 165) de la revista Cultures Sud, que se dedica a “Retours sur la question coloniale”. Aunque, ciertamente, su texto más conocido, sobre todo tras la versión inglesa, continúa siendo De la postcolonie. Essai sur l’imagination politique dans l’Afrique contemporaine (Paris, Karthala, 2000), volumen del que se publicó una buena reseña en la revista mexicana Estudios de Asia y África en 2005. En fin, uno de los referentes de las teorías poscoloniales.Pues bien, dicho lo anterior, remito a la lectura en inglés o francés de ese texto, que así se ofrece para los (envidiados) políglotas. Mi buena acción para empezar el año debería ser la de  verter este breve texto al castellano, pero he de renunciar a la empresa.   Paciencia, hermanos, porque el texto merece la pena, empeño mi palabra en ello.  

POSDATA

“El drama de África es que el hombre africano no ha entrado lo suficiente en la historia. (…). El problema de África es que vive demasiado el presente con nostalgia del paraíso perdido de su infancia.(…) En este imaginario donde siempre todo vuelve a empezar, no hay sitio ni para la aventura humana, ni para las ideas de progreso”  (Nicolas Sarkozy, “Discurso”, Dakar, julio de 2007) 

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“En la actualidad, el prisma cultural e intelectual con el que las nuevas élites dirigentes francesas observan a África, la juzgan o le dispensan lecciones no sólo es  anticuada. Es que no permite unas relaciones de amistad que serían una señal de libertad en coexistencia con  relaciones basadas en la  justicia y el respeto. De momento, y tratándose de África, lo que ocurre es que   Francia carece del crédito moral que le permitiría hablar con certeza y autoridad” (Achille Mbembe, “L’Afrique de Nicolas Sarkozy”, agosto de 2007)

General14 Feb 2008 09:58 am

Decía no hace muchos días mi admirado Manuel Rodríguez Rivero, ahora en El País: “el derrumbe de la ideología que informaba la práctica política en los países del “socialismo real” -es decir, en las burocracias (post)estalinistas realmente existentes-, y el sálvese quien pueda entonado con brío y mala conciencia por buena parte de los intelectuales de izquierda en la última década del siglo XX, ha dejado el vasto campo de estudio del Comunismo en manos casi exclusivas de historiadores liberales o sólidamente instalados en la derecha política, como Richard Pipes u Orlando Figes, particularmente eficaces en su empeño de pulverizar el mito del “buen” Lenin frente al “malvado” Stalin”. De este segundo autor citaba con acierto su “The Whisperers, private life in Stalin Russia, (…), cuyo trabajo en archivos familiares de la época estalinista le ha permitido reconstruir (a veces con cierta “creatividad”) la historia -y el sufrimiento- de los que, sin hacer la Historia, se limitaron a padecerla, y de qué modo”. 

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Por supuesto, Figes es considerado un autor liberal o más bien uno de los máximos representantes de la historiografía antibolchevique, y esta última etiqueta que le cuelgan   hace que sea bien visto por la derechona de toda la vida. Pero es un error caer en tal trampa, porque no responde totalmente a la realidad. Por su parte,  la “creatividad” debe entenderse como voluntad narrativa bien llevada. Si alguien no tiene claro este concepto, remito como en otras ocasiones a Natalie Zemon Davis y, por citar un libro reciente, a su entrevista con Denis Crouzet (Pasión por la historia. Universitat de València, 2006).. 

Para quien tenga dudas sobre la trampa antechicha, diré que podemos consultar  todavía las palabras de Figes que reprodujo El País hace ahora unos seis años cuando la polémica generada por el libro del novelista británico  Martin Amis sobre Stalin (Koba el temible: la risa y los veinte millones). En realidad, resumía las duras palabras que Figes le dedicó en The Telegraph unas semanas antes con el título de “A shocking lack of decorum”:

“Un buen historiador necesita muchas cualidades (…), pero por encima de todo necesita humildad. No escribimos historia para llamar la atención sobre nosotros mismos”, “Amis nos entrega quizá las 100 mejores páginas que se han escrito sobre Stalin”, pero “de hecho, como pieza de escritura histórica, no es original y es de segunda categoría”. “Me recuerda a muchos de los ensayos de estudiantes pregraduados que he leído: charlatanería basada en los trabajos de otros, agudo e ingenioso (sobre todo con las palabras), precipitado en sus conclusiones y repleto de hechos confusos. Al no contar con ninguna fuente rusa -o al menos eso parece-, inevitablemente hay vacíos y distorsiones”. “Hay errores básicos en casi todas las páginas. Sin embargo, no es la sección histórica la que realmente huele mal, sino la egocéntrica manera en que vincula los hechos de la Rusia de Stalin con su propia experiencia en las secciones personales”, “Me refiero al pasaje en que compara la muerte de su hermana, por trágica que fuera, con el sufrimiento de millones en la Unión Soviética cuyos seres queridos fueron torturados y luego asesinados por unos sádicos en la celda de una prisión o, peor todavía, enviados como esclavos a un GULAG”.  “El auténtico protagonista de su libro no es ni Stalin ni sus víctimas, sino Amis, el pretendido historiador: Amis cavilando sobre el sufrimiento del mundo desde la seguridad de su hogar”.  Vaya con el historiador antibolchevique!

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De Figes podemos decir que ha escrito libros magníficos, entre los que recomiendo vivamente el espléndido El baile de Natacha (Edhasa, 2006) o Interpretar la revolución rusa: El lenguaje y los símbolos de 1917, este último escrito con Boris Kolonitskii (Biblioteca Nueva-Universitat de València, 2001). Y el pasado octubre apareció The Whisperers, private life in Stalin Russia, que es un proyecto mayor si cabe.  Dice Figes que, entre 2003 y 2006, tres equipos de investigadores de la Memorial Society de San Petersburgo, Moscú y Perm   recuperaron varios centenares de archivos   familiares (cartas, diarios, documentos personales, memorias, fotografías y enseres) que habían sido escondidos por los sobrevivientes del terror estalinista.  Además, el grupo entrevistó extensamente a los familiares vivos,  a las personas que podían explicar el contexto de estos documentos privados y relacionarlos  con los antecedentes familiares. El proyecto estuvo encabezado    por Figes, con el apoyo del Arts and Humanities Research Council y el Leverhulme Trust.   En suma, una colección única de documentos y de testimonios sobre la vida privada soviética bajo el gobierno de Stalin, reflejando el mundo interior de las  familias y de la gente común. A partir de todo ese material se configura su nuevo libro y la página web que lo acompaña. Digamos, eso sí, que la Memorial Society es una institución de signo liberal, nada más, en el contexto que ese término tiene en Occidente y sobre todo en la actual Rusia.  

Sobre el libro poco hay que decir, pues ha tenido muy buena acogida y lleva meses en las librerías. La reseña para el New York Times, por ejemplo, la hizo Joshua Rubenstein, responsable de Amnistía Internacional, y señaló que, además de otras virtudes, el volumen resiste ese intento de Putin de reimponer la amnesia moral al pueblo ruso, una resistencia hecha desde la gente común y desde la historia cultural. Así empezaba Rubenstein su análisis:  

“For many years, Orlando Figes observes, the memoirs of intellectual dissidents, like Eugenia Ginzburg and Nadezhda Mandelstam, and the work of Aleksandr Solzhenitsyn, “were widely greeted as the ‘authentic voice’ of ‘the silenced,’” telling us “what it had ‘been like’ to live through the Stalin Terror as an ordinary citizen.” Their books did indeed reflect the experience of people like themselves, who were “strongly committed to ideals of freedom and individualism.” But they did not represent what happened to millions of other people who were not opponents of the regime and did not engage in any kind of substantial dissent, but were still dispatched to labor camps, to exile in remote settlements or to summary execution. As Figes, a leading historian of the Soviet period, concludes in “The Whisperers,” his extraordinary book about the impact of the gulag on “the inner world of ordinary citizens,” a great many victims “silently accepted and internalized the system’s basic values” and “conformed to its public rules.” Behind highly documented episodes of persecution, famine and war lie quieter, desperate stories of individuals and families who did what they could to survive, to find one another and to come to terms with the burden of being physically and psychologically broken. But it was not only repression that tore families apart. The regime’s reliance on “mutual surveillance” complicated their moral burden, instilling feelings of shame and guilt that endured long after years of imprisonment and exile”. 

Y así empieza la introducción de su libro el propio Figes:  

“Antonina Golovina tenía ocho años cuando la exiliaron con su madre y sus dos hermanos menores a la lejana región   de Altai, en Siberia. Habían arrestado y   condenado a su padre a tres años en un campo de trabajo por “kulak” o campesino “rico” durante la colectivización de su aldea, en el   norte de Rusia,   y la familia había perdido su propiedad, a manos de la granja colectiva para la que trabajaban. A la madre   de Antonina apenas le dieron una hora para empaquetar algo de ropa para ese largo viaje. La casa en la que los Golovin  había vivido durante   generaciones   fue destruida, y el resto de la familia se dispersó: la hermana y los hermanos mayores  de Antonia, sus abuelos, tíos,   tías y   primos huyeron en todas direcciones para evitar ser detenidos, pero la policía acabó capturándolos, y se les envió a Siberia, o a faenas en  los campos de trabajo del gulag, de modo que muchos de ellos no se reencontrarían jamás.

Antonina pasó tres años en un “establecimiento especial”, un campo de registro con cinco barracones  de madera en la orilla de un río en donde se apilaban un millar de “kulaks” y  sus familias. Después de que dos de los edificios fueran destruidos por unas fuertes nevadas en el primer invierno, algunos de los exiliados tuvieron que vivir en   agujeros excavados en la tierra congelada. No llegaban alimentos, porque el establecimiento estuvo incomunicado por la nieve, de modo que la gente tuvo que sobrevivir con los que habían traído consigo de sus hogares.   Murieron de hambre, de frío y de tifus, pero   no podían enterrar todos los cuerpos, así  fueron apilados hasta la primavera y entonces los lanzaron al río. 

Antonina y su familia volvieron del exilio en diciembre de 1934  y, tras reunirse con  su padre, se  mudaron a una casa de una sólo habitación en   Pestovo,   una ciudad repleta de antiguos “kulaks” y   sus familias. Pero el trauma que había sufrido dejó una profunda cicatriz en su conciencia, pero la herida más profunda   era el estigma de su origen “kulak”. En una sociedad donde la clase social lo era todo, Antonina fue calificada como un “enemigo de   clase”, se le impidió continuar estudiando o acceder a algunos trabajos   y quedó expuesta a la persecución y a la detención en las oleadas de  terror que barrieron  el país durante el reinado de Stalin. Se crió con un   sentimiento de   inferioridad social   qué ella misma describe como “una especie de miedo”, dado que “como éramos kulaks   el régimen podía hacernos cualquier cosa,  no teníamos ningún  derecho,   tuvimos que sufrir en silencio”. Tenía demasiado miedo como para defenderse de los niños que la tiranizaban en la escuela. En cierta ocasión, Antonina fue   castigada por uno de sus profesores, que señaló    ante   toda el aula   que “los suyos” eran “enemigos del pueblo,   ¡despreciables kulaks.  Desde luego, merecéis que os deportaran,  sólo espero que aquí os exterminen!” Antonina sintió una injusticia y una cólera profundas y eso   hizo que deseara lanzar un grito de protesta.  Pero un miedo mucho  más profundo la silenció”. 

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En fin, para no alargar mucho esta entrada y aclarar el asunto, me permitiré reproducir la entrevista que   Juana Libedinsky le realizó para La Nación de México el  21/10/2007:   

-Después de toda una vida profesional dedicada a estudiar Rusia, ¿hubo algo que lo sorprendiera al investigar la vida privada durante el comunismo?

-Los cinco años en los que trabajé en este proyecto fueron de una sorpresa constante. Desde que se abrieron los archivos, en los últimos diez o quince años, ya se había podido investigar mucho sobre la estructura del partido y la política. Sin embargo, nadie había logrado entender cómo el sistema de valores oficial había logrado entrar en la vida privada de la gente y cómo la población lo había interiorizado. Nuestro desafío fue hacer el primer estudio sistemático al respecto, y muchos de los hallazgos fueron totalmente inesperados. Primero de todo, fue sorprendente el nivel de miedo y ansiedad que todavía queda en la población al hablar sobre su vida personal y la de su familia. Una de las razones por las que no hice este trabajo a principios de los 90 fue que sentía que la gente no estaba lista para abrirse. Esta vez, en cambio, encontré que si bien había muchos que efectivamente no sólo querían, sino que necesitaban hablar de estos temas, les resultaba prácticamente imposible por el pánico a decir algo equivocado y que eso tuviera consecuencias. Y esto no sólo en el campo sino incluso entre la elite intelectual moscovita. Lo otro que me sorprendió fue una constante paradoja: la gente que más había sufrido por el régimen, era generalmente la que más profundamente creía en él.

-¿Cómo es eso?
-Por ejemplo, entrevisté al hijo de unos campesinos que habían sido enviados al Gulag en Siberia. Toda su vida había sido discriminado. Aun así, siempre trató de ser admitido en el partido y una de sus mayores alegrías fue cuando lo logró, en 1960. Tratamos de llegar a su estructura de creencias y nos dimos cuenta de que él realmente creía en Stalin y en los enemigos del pueblo, a pesar de haber sido declarado uno de ellos junto con su familia. El mismo no podía explicar esa aparente contradicción. Finalmente dijo que si uno creía en Stalin y creía en que había un objetivo ulterior para el bien de todos, era más soportable sufrir la represión. Es decir, el caso propio, la tragedia individual, se transformaba en algo necesario para el gran logro final. Es una mentalidad muy difícil de entender desde una perspectiva occidental, pero sirve para iluminar por qué muchas personas sienten todavía nostalgia por el período estalinista, incluso quienes personalmente sufrieron la represión.

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-¿Diría que es un trabajo que sirve para entender la Rusia actual?

-Sí, creo que podemos extraer lecciones cruciales. La historia, por supuesto, siempre es tanto sobre el pasado como sobre el presente, porque es tanto sobre la memoria como sobre la construcción de la identidad actual, sobre la manera en la que una población se interpreta a sí misma. Con esta investigación pudimos aprender mucho sobre la naturaleza de la dictadura de Stalin y lo que le hizo a la vida de la gente, pero más importante aún es que sirve para entender lo que yo llamo la conformidad silenciosa que existe en Rusia hoy. ¿Cómo entender, si no, que el 80 por ciento de la población apoye a Putin? Lo que el pánico y la ansiedad de la gente pone al descubierto al hablar aún hoy es que se trata de una sociedad que ya no reflexiona sobre sí misma sino que se mueve por actos reflejos que la llevan a acallar las críticas personales y moverse con la mayoría.

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-¿Cuál diría que es la gran lección que se puede extraer de su trabajo?

 -Al terminar el proyecto me di cuenta de que la herencia de Stalin afectó a tres generaciones. Por eso la gran lección es que la represión que se ejerce contra una persona no sólo la afecta a ella y a su familia inmediata sino a muchas personas y a sus descendientes. En la última parte del trabajo nos enfocamos en los hijos y nietos de personas que habían sufrido la represión estalinista y encontramos un patrón común. En general sus padres y abuelos, para protegerlos, no les habían contado lo que habían vivido, pero los chicos instintivamente lo percibían y se autocensuraban, se ponían un límite interno a lo que se atrevían a hacer y decir. Por eso muchos hijos y nietos de las víctimas, aunque sus simpatías estuvieran del lado de los disidentes en los 60, no hacían nada al respecto. Esto para mí explica por qué el sistema soviético duró lo que duró. Ideológicamente, en las décadas del 60 y 70 el sistema estaba muerto, pero si bien nadie creía en él tampoco había una verdadera oposición. ¿Por qué no la había? Por lo que algunos de nuestros entrevistados llamaron un temor genético, que recibieron en la sangre de sus antepasados.

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-¿La Rusia estalinista fue un ejemplo único o comparable con otros sistemas represivos?
-Muchas veces se hacen comparaciones morales con el régimen nazi pero eso creo que es un error. La Alemania nazi duró 12 años; el sistema estalinista soviético, 75, y de muchas maneras sigue vivo hoy. Cuando una dictadura permanece durante tanto tiempo prácticamente cambia la condición humana. Creo que la única comparación acertada es, obviamente, con China, pero quizá sirva para entender también a las culturas que han tenido regímenes autoritarios por un período muy prolongado y se puedan extraer lecciones sobre cómo condiciona a la gente ese tipo de atmósfera política. Al respecto, lo otro que me sorprendió fue cómo, en el medio de las historias terriblemente tristes, salían historias de gente de extraordinario valor. El terror sacó lo peor, pero en algunos casos, sacó lo mejor de la población, y esas historias sirven para recordarnos de lo que son capaces los seres humanos en condiciones imposibles, de los extremos a los que están dispuestos a ir para salvar a otros. Fue muy conmovedor.

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-¿Pero cómo se explica que algunos obedecieran ciegamente y otros pusieran su vida en peligro por los demás?

-Me gusta creer que los seres humanos son capaces de hacer el bien tanto como son capaces de hacer el mal. Lo más interesante es cómo muchas veces una misma persona es capaz de ambas cosas. Encontré muchas historias que lo demuestran. Por ejemplo, la de un fiscal de Leningrado que, al enterarse de que los padres de una chica de 14 años habían sido arrestados y habían tenido que dejar a su hija a cargo de dos medio hermanos pequeños, fue y personalmente se ocupó de abrirle la casa (que había quedado sellada) para que sacara dinero y objetos para poder sobrevivir. Si alguien se enteraba de lo que había hecho, él hubiese sido enviado directo al Gulag. Es la historia de valentía de un hombre que a la vez era parte del sistema de represión. Los seres humanos somos animales complejos: si nos sueltan en un sistema político como el soviético podemos agachar la cabeza y cometer atrocidades, pero a veces nuestra humanidad igual puede resplandecer.

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-Al cumplirse noventa años de la Revolución Rusa, ¿cómo cree que debería ser recordada?

-Es una pregunta difícil. Hoy todos vemos a la Revolución Rusa como lo que fue: un experimento utópico que salió mal y arruinó la vida de millones de personas. Lo que no podemos saber es, en el contexto del Armagedón que fue la Primera Guerra Mundial, si no fue acaso un experimento utópico que necesariamente debía intentarse. Lo que me parece peligroso es hacer juicios morales si no entendemos los tiempos que se vivían, como decir -desde nuestra distancia- que se trató sólo de un acto de maldad planeado por Lenin y sus seguidores. Simplemente, creo que fue uno de los momentos trágicos de la historia de la humanidad y que así es como debe recordarse.

Posdata: Concluida esta entrada y mientras reposa en espera de ser publicada, ha aparecido un artículo en El País titulado “Viaje al imperio de los susurros“.

General09 Feb 2008 06:03 pm

Lo leí en el National Post, de Canadá. Este año marca el centenario del glutamato monosódico, de la máquina de café expreso, del FBI y – lo más importante para dicho diario— de la atonalidad. Yo añadiría, sin querer molestar, que el bicentenario de Darwin no va a ser moco de pavo y que lo del famoso cuerpo policial  es cosa aparte.

Pero es cierto, en 1908, el compositor vienés Arnold Schoenberg apartó la tradición clásica   de su audiencia. Alejó una de otra,   literal y figuradamente, y al hacer eso creó algunas de las piezas  de la mejor música de la cultura occidental, dando un giro a la tradición. Schoenberg comenzó a componer siendo un niño, en los ochenta del siglo XIX. Para entonces, la opinión pública europea estaba dividida   entre   dos monstruos. Brahms, el supuesto reaccionario,  que no obstante escribió piezas  emáticas  cada una de las cuales se relacionaba con la melodía principal. Wagner tenido por progresista, con sus tonalidades, poco dado a apreciar  el mundo melódico de su oponente.

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No obstante, Schoenberg unió esos mundos separados en una noche de 1899 al componer el sexteto para cuerda Noche transfigurada, cuando tenía 25 años. No sólo era música hermosa y sofisticada, eran treinta minutos  de música conmovedora que el citado Post sitúa al mismo nivel que lo mejor de Mahler o Richard Strauss. La diferencia es que Schoenberg no quería entretener, porque se sentía un guerrero cultural, alguien que se atrevía a decir aquello de “He descubierto una técnica que garantizará la supremacía de la música alemana durante los mil años siguientes” (la pantonal, la llamaba). Cierto es, indica John Keillor en el Nacional Post, que la mayoría de artistas estaban visitando el diván psicoanalista. Así que no son de extrañar las manifestaciones grandilocuentes, ni que unos u otros escarbaran en el envés de ese sujeto racional ilustrado que ahora se agotaba. Schoenberg estaba en ello y compartía intereses con Egon Shiele y Oskar  Kokoschka, con Klimt,  Klee y Kandinsky. Cuerpos y  paisajes sólo tenían sentido si el artista revelaba la verdad, aunque pareciera  horrible,  y   así el expresionismo se dejaba llevar por la impronta espiritual, instintiva.
 

Es lo mismo que hizo   Schoenberg con la música. De Mozart a Mahler, el mundo clásico clásica transitó un recorrido cada vez más disonante, con más notas cromáticas.  Schoenberg sacó la conclusión de que, dado que esas notas  iban ocupando el primero plano de las composiciones, en ese tipo de escritura estaba el futuro. Pero, como suele ocurrir,  al público no le complacía una música difícil y la crítica fue demoledora.  Las cosas han cambiado, pero tampoco en exceso. 

Schoenberg no fue un showman o un oportunista, como lo fue Beethoven, a juicio de John Keillor. Era la clase de persona  dispuesta a afirmar en público su judaísmo el mismo día que Hitler asumía la cancillería, y en Berlín.   Su valor y sinceridad absolutos se extendieron a todas sus acciones. En el verano de 1908, se encontraba de vacaciones en Grunden con su familia mientras escribía el ciclo de canciones de El Libro de los jardines colgantes. En aquellos días, su esposa Matilde le dejó   para marcharse con su profesor   de   pintura, Richard Gerstl. Durante los meses en los que su esposa estuvo ausente, Schoenberg terminó la composición  con dos piezas carentes de cadencia ni acorde primario. Suspendió las resoluciones tradicionales en su música, reflejando el trastorno de la crisis matrimonial. Los discípulos del maestro mantuvieron   contactos regulares con Matilde hasta que la convencieron para que volviera, cosa a la que accedió aquel otoño.    Gerstl quemó todas sus pinturas y después se apuñaló. 

La siguiente obra   la concluyó Schoenberg en  Navidad,   su segundo cuarteto de cuerda. Estaba dedicado a su esposa, y el centro tonal era otra vez imperceptible en los movimientos finales. En su lugar había  una soprano que cantaba un poema de Stefan George que empezaba con aquello de “Siento aire de otros planetas” y que    discurre   con cuatro acordes tonales   aislados entre sí.    De todos modos, el término atonalidad no será utilizado   hasta 1912, cuando estrenó con moderado éxito  su Pierrot Lunaire   en Berlín, el 16 de octubre de 1912,   con Albertine Zehme como solista vocal y el propio Arnold Schönberg tomando la batuta. Los mismos protagonistas que en la representación que tuvo lugar en Praga en febrero de 1913, cuya crónica ha pasado  a los anales: 

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 “Cuando por fin estaba a punto de acabar el último poema se oyó gritar a una sola persona: “¡Se acabó!”. Y aquí sí que se desencadenó la batalla de las opiniones encontradas, en el curso de la cual quedaron ahogados los últimos tonos de la composición. No sólo la juventud entusiasta, sino también la parte del público de orientación más musical se encontraba al final de la representación del lado de los que aplaudían. Sólo que también la oposición se había acorazado. Empezaron a oírse silbidos estridentes, y las llaves hicieron valer sus incultos derechos como instrumentos de crítica. Gritos de “¡Fuera!” intentaban atronar a los de “¡Bravo!” y la pugna entre los partidos se mantuvo sin interrupción hasta que apagaron las luces y el tumulto quedó reducido al silencio. Nada más terminar la representación Schönberg había dejado la batuta sacudiendo la cabeza en señal de visible disgusto y se había retirado. Reapareció sin embargo varias veces, llamado y saludado por el júbilo de sus partidarios, y pudo agradecer el homenaje, no por contestado menos sincero, con una sonrisa. Los sectores que aplaudían habían logrado sin duda una victoria moral. Era la victoria de los amigos del progreso y del esfuerzo intelectual. La victoria de cuantos son lo bastante jóvenes como para dejarse arrastrar y lo bastante inteligentes como para dejar al menos que los demás se expliquen”.  

Nunca volvió a la tonalidad. Su convicción influenció a generaciones de compositores que sentían que regresar a la tonalidad armoniosa era un paso atrás, incluso fascista. Así se inició un siglo de   música vanguardista.   

General06 Feb 2008 10:45 pm

 El sexo, por supuesto, puede también darle un empujón a un blog. En 2004 un ” Staff Ass” (asistente) del Capitolio  citó que Jessica Cutler utilizaba su blog Washingtonienne para difundir chismes sexuales  de primera mano   (a veces por  dinero) sobre algunos varones capitolinos, incluyendo un funcionario del gobierno de  Bush que estaba  casado. Cuando Ana Marie cox, que entonces tenía su blog  Wonkette, lo difundió e hizo que todo el mundo se enterara,   Washingtonienne alcanzó su momento de gloria  y Wonkette obtuvo mayor fama de la que jamás había tenido. Ambas bloggers se lanzaron a publicar sendos libros.

En 2005, Diablo Cody, una antigua stripper   de Minnesota con un blog llamado The Pussy Ranch, escribió un libro (Candy Girl: A Year in the Life of an Unlikely Stripper); y ese año la película que ella escribió (Juno) fue un éxito. Veamos un fragmentop de su blog:

Estoy en casa de mis padres. Llegué de Seattle anoche y dormí   14 horas de un tirón. Mi madre vino a mi cuarto al mediodía   y miró de hurtadillas; me dice que estaba tan quieta  que incluso  comprobó mi respiración. Hace 29 años probablemente ella hizo lo mismo tras una salida nocturna, claro que yo era muy guapa y en mi sueño no murmuraba nada de un cock ring .

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Para muchos bloggers la infamia es mejor que nada. En su libro The Future of Reputation, Daniel Solove cita  el blog Washingtonienne de Jessica Cutler: ” Hay gente con   blogs que nunca será  famosa, y los han estado manteniendo durante un año o así.   Me sabe mal por ellos…. Todos deberían tener    un blog. Es lo   más democrático”. Pasar  inadvertido en esta democracia es no existir. Esta clase de presión existencial  hace    las apuestas  lingüísticas sean más arriesgadas.

La invectiva -hilarante, ácida, servida a menudo como falsas excusas- está por todas partes. La ley de la blogosfera es hobbesiana: la supervivencia del más cáustico. En 2004 un blogger británico conocido como Eurotrash persiguió a  una crítica gastronómica del  New York Times que había mencionado efusivamente  un restaurante. Veamos  una muestra de su ataque:

Haces que mis dientes quieren vomitar. La vez última que tomaste el metro fue  en 1983. Leíste una vez una novela de Kurt Vonnegut y   fingiste que la entendías. Ríes como una hiena, pero anhelas la aprobación. Tu ropa es agradable, aunque, no sé. No te veo de Adán. Lo siento.El ataque del   blogger era tan inmisericorde que la gente tomó nota. Y en poco tiempo alguien descubrió que el chef sobre el que había escrito  patrocinaba   el libro del crítico. Así que le pillaron  y pronto perdió su trabajo. La reacción del  blogger: “Una tormenta en un vaso de arena, así lo veo. Es la vida de Nueva York. Bah” 

En 2006 una feminista de  Tejas que escribe el blog I Blame the Patriarchy se burló    de las quejas que   había suscitado entre otras feministas al decir que la felación   era “asquerosa”.  Suavizó su ataque con una apología, falsa por supuesto:

Estoy escarmentada. . Había olvidado que cuando se trata del sexo, el deber de la feminista radical es callar…. Debo haber estado mal  al cuestionar la degradante  representación  sexual que le corresponde a  toda mujer   por  derecho de nacimiento, cuando resulta que dominar este teatro consiste en ser invitada al rico banquete de la vida. Es un hecho bien conocido que la mayoría de las mujeres saltan  de sus camas cada mañana   cantando: ” ¡Oh, espero poderme cepillar algún tipo hoy!”.

Por supuesto no puedo probarlo, pero  estoy bastante segura que los bloggers tienen bocas más asquerosas, pieles más resistentes  y tesoros más brillantes que la mayor parte de la gente a la que he leído en libros. Veamos una  muestra de   palabras espigadas entre  algunos de mis blogs preferidos:

anyhoo, bitchitude, fan-fucking-tabulous, hole-esque, nastified, alternapop, coffin-snatching, YouTube-ization, touzing, Daddio, manky, nutters, therapised, Boo-Ya Nation, dildopreneur, dudely, flava, haz-mat, nut sac, sexbot, underwearian, fugly, vomit-y, consciousness-jumped, tear-assed, fetbryo, grapetastically, mommyblogdaciousness, Nero-crazy, Engrish, pidginized, votenfreude, angsty, malgovernment, bejesus, JumboTron, man-dresses, babe-aliciousness, droit de senny.

Los Bloggers les dan  nuevos (Web-inflected)  significados a las viejas palabras. Un troll en la Web es alguien que hace comentarios provocadores    para generar protestas.     Astroturfing es crear un falso movimiento de base. Los Bloggers también espolvorean   sus blogs con expresiones como WTF (”What The Fuck?”, ¿Pero qué   carajo?), lol (Laughing Out Loud, carcajada ruidosa), y meh (indiferencia  verbal). Deletrean mal intencionadamente -como ” teh” por  “the.” Llaman a Internet “los Internetss”,  utilizando el resbalón lingüístico de   George W. Bush.  Si la gente escribiera   esto pensando en publicarlo, les mandarían a paseo. Y, de hecho, hay un término para los que se quedan marcados por el blog: ” dooced“,  por    la  blogger Dooce, alguien que ahora ha vuelto al hogar materno (stay-at-home-mother o SAHM) o. como ella dice,  “Shit Ass Ho Motherfucker”,  que perdió su trabajo por usar el blog para meterse con su empresa.  

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Una escritura como ésta   puede parecer fácil, pero     inténtelo.  Geoffrey Nunberg, un lingüista de Stanford que escribe para los periódicos y la radio y contribuye a veces al registro de la lengua del blog, admitió    en 2004 en la  NPR (National Public Radio):  “No veo que la forma se pierda por completo”.   Y  agregó que  muchos periodistas que son invitados por sus editores para crear blogs están igualmente perplejos:   “le dan forma con las   ledes (Legal Electronic Data Exchange Standard), desarrollan sus reflexiones metódicamente, dan contexto y   fondo, y son cuidadosos con las   ID de los nombres que introducen” ¿A que no sabes qué? Interpretan como   periodistas, no como bloggers.

Los Bloggers van como un tiro cuando están abajo, dando patadas hacia arriba. Dales un sueldo, un contrato para un  libro  o credenciales de   prensa y entonces ya  no es lo mismo. (Y esto incluye, en general, los blogs creados por revistas,   compañías  y   periódicos.) ¿Por qué? Cuando escribes por un salario, te preocupan los   pleitos,   la estructura de tus frases, escoges las palabras. Te preocupa   tu jefe,   tu editor,   tu madre  y   tu superego que te mira por encima del hombro. Y ésa no es forma de hacer un blog.

Hacer Blogging,  en su más libre expresión, es como ir a un  baile de disfraces.   Puedes decir   cosas rencorosas o infantiles que no soñarías   mencionar si tuvieras que publicarlas en un libro o te encontraras cara a cara con la persona en cuestión.   Puedes flirtear con cualquiera   o al menos  intentarlo.  Puedes decirle al presidente exactamente lo que piensas en él. Puedes tener opiniones políticas que tus amigos te recriminarían. Puedes incluso difamar a la gente   que no te gusta y   ocultarte tras   un alias. (Es muy duro tropezarte con   bloggers anónimos que te difaman porque hay una    ley del Congreso según la cual  los administradores de la web no son responsables de lo que    se escribe en sus páginas –James Goodale, “Yale Law Students May Be Out of Luck,” New York Law Journal, December 7, 2007. Y borrar cualquier cosa en la web es casi imposible.) Puedes asumir una nueva identidad y ver cómo vuela –sin compromiso

Un blogger llamado el EL Guapo, que utilizaba libérrimamente el spanglish y firmaba cada entrada con   “Mucho Amor”,  se mantiene  firme a la hora de custodiar   su verdadera identidad y mantener el secreto. (Intenté y no pude averiguar quién   era para mi antología.) Se presenta como un guatemalteco-estadounidense de veintinueve años que vive en     Washington, C.C., y escribe sobre las cosas tales como ayudar a un amigo obsesionado con el sexo a   comprar     condones a granel en Costco y defenderse de un puñado de      asaltantes con    la frase; “Yo Quiero Taco Bell”.  Quisiera desesperadamente que fueran unas memorias. ¿Pero a quién le importa? En un libro, puedes meterte en apuros si escribir bajo falsas pretensiones   o escribes unas memorias falsas (recuerdan el caso James Frey). En un blog no.

Bueno, en todo caso,  no muchos problemas. En 2006 Lee Siegel,   crítico cultural y editor de New Republic   (quién, dicho sea de paso,   acuñó el término “blogofascismo” para describir los intentos de los bloggers de controlar a sus críticos) se puso de moda en el blog de New Republic      usando  una especie de ” marioneta hecha con un calcetín” a la que puso el   alias de Sprezzatura, para contener a sus propios críticos. Se autodefinió como ” bravo” y ” brillante” y etiquetó a sus detractores de “borregos abusivos”.   Como dijo de sí mismo, ellos le habían arrastrado al fango.  Cuando alguien intentó ponerle a prueba, Sprezzatura respondió: “No soy Lee Siegel, imbécil. Si supieras quién soy,  tú y tus compinches os ensuciaríais los pantalones”.  New Republic  suspendió  a Siegel. Ahora ha vuelto    y acaba de publicar un libro sobre la cultura del blog, Against the Machine.

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Mientras reunía mi antología de blogs, quedé maravillada en muchas ocasiones  por la gran cantidad de los bloggers obsesionados con los superhéroes enmascarados. (a bote promto, puedo pensar en entradas sobre Superman, Spiderman  o Green Lantern.)  Por ejemplo, veamos esta entrada sobre la película Superman Returns   que encontré en un blog bastante raro:

así que anoche vi el regreso de superman, btw (by the way, a propósito)… me estoy sentando y estoy hambriento, devorando cada señal de la mitología Clark Kent antes de saber que lo hago: los campos de maíz, la granja, el carro viejo, el perro   Labrador, el sol rompiendo sobre la llanura sobre los llanos….pero hay más. algo me daba en el trasero.   y era brandon routh   [el actor de Superman]. y era el vuelo… de veras. era como si esta película hubiera cogido el modelo exacto de mis movimientos  y velocidad y los trazara   fuera de mis sueños. la bondad y  la velocidad imposible, la suspensión de la gravedad. la fuerza que me dieron  los rayos del sol, cómo entraron en mi pecho. las torres de nubes elevadas,   las tormentas, los relámpago en la estratosfera y sobre el horizonte. todo….pensé, ¿y si tuviéramos un héroe como ese en este mundo?. no un salvador, sino un héroe que pudiera hacer esas cosas…. no lo tenemos, claro. pero en alguna parte, al menos yo sí, necesito saber que he dado un paseo,   que habito esa fuente de energía y espero (porque eso es lo que es…) y los puedo ver   reflejados en los ojos de un superhombre, en su mirada cuando  se dice a sí mismo y al perro que hay a su   lado, reservado y sin   inflexión a no ser cierta tristeza y resignación, pero   apenas… ” bien, he vuelto” (él no dice eso, pero ésa es la sensación) y el cachorro se queda pensando, “amigo. la pelota”.

Finalmente, creo que he desarrollado la fijación por el   superhéroe. Es eso de volar. Es la suspensión de la puntuación y de las buenas maneras e incluso de la  identidad. Los Bloggers en sus computadoras son superhombres volando. Rompen las reglas. Entran en sus cabinas   telefónicas virtuales, se ponen sus trajes, derriban a sus villanos personales, y salvan el mundo. Anónimos o no, habitan esa fuente de energía y tienen esperanza. Entonces vuelven a sus trabajos, a sus perros y a sus vidas y es como eso de  “amigo. la pelota”.
La escritura del blog es una escritura id -grandiosa, soñadora, privada, de asociaciones libres, infantil, sexy, pequeña, sucia. Si los bloggers dicen la verdad o realmente son lo que dicen ser es otro asunto, pero WTF. Son lo que escriben. Y eso no se puede falsificar; -)

General05 Feb 2008 02:26 pm

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 Los blogs se leen, se escriben, se citan, se enlazan, se promocionan y, desde hace algunos meses, se reflexiona sobre ellos, rotulan las portadas de algunos libros. Es el caso del que en febrero edita Sarah Boxer, titulada en filosofía por Harvard y variada comentarista del New York Times, donde igual habla de fotografía que de psicoanálisis, de arte que de animales y, cómo no, de filosofía. Y de blogs, porque presenta un volumen antológico titulado  Ultimate Blogs: Masterworks from the Wild Web (Vintage).  Así es, en efecto, se trata de una selección de lo mejor o de lo más impactante que la blogosfera ha dado en tierras del señor Bush, que es como decir en el orbe todo. Hay que reconocerlo, en cuestiones de tecnologías de la información y el conocimiento, por no hablar de la dichosa Web 2.0, ellos viajan con el Halcón Milenario y nosotros aún estamos haciendo prácticas con El Coche Fantástico.

Para no aburrirles con mis ocurrencias,  como suele ocurrir,  pasaré a verterles lo fundamental de sus conclusiones, que la autora ha tenido a bien resumir bajo el epígrafe de Blogs en el número del 14 de febrero de la New York Review of Books. Vamos allá

Hace dos años, me dieron una idea espantosa para un libro: una antología de blogs. Estaba segura de que no era posible. Los libros hay que ajustarlos. Los blogs son precipitados. Los libros son lentos. Los blogs son rápidos. Los libros te exigen que  permanezcas entre sus cubiertas. Los blogs te invitan a que te pierdas. Los libros han de respetar los derechos de autor  y no han de difamar. Los  blogs cogen lo que quieren con  impunidad -noticias, chismes, imágenes, vídeos. La pregunta es si se pueden combinar ambas cosas y si un libro no traicionaría el espíritu del blog (de hecho, lo hice con Ultimate Blogs) 

Un blog, para quienes no lo sepan, es un diario o un registro que aparece  en una página Web. Se escribe en línea, se lee en línea y se actualiza en línea. Está a disposición de cualquier persona con una conexión a internet, que lo puede ver y (en muchos casos) comentar.   Las entradas, o   posts, se organizan en orden cronológico inverso, como una pila de correo no leído, con las entradas más recientes arriba y las más antiguas   en la parte inferior. Algunos blogs se asemejan a las revistas en línea,   con   gráficos,  barras laterales   y   fotos subtituladas. Otros apenas tienen el nombre del blog en el encabezamiento y las entradas antiguas debajo. Puedes encontrar blogs haciendo una búsqueda regular en Google con el nombre del blog (si lo sabes) o haciendo una búsqueda en el blog de Google usando palabras claves.

La palabra “blog” deriva de   Web log o Weblog. En 1997,  Jorn Barger, el encargado de Robot Wisdom, una web llena de escritos de James Joyce, así como textos sobre la inteligencia artificial, el judaísmo y el  racismo (al autor se le ha acusado de racista), acuñó   la palabra “Weblog.” En 1999,  Peter Merholz, el autor de un Weblog llamado Peterme, decidió dividir el término en dos  -”We blog”-  creando una palabra que podía servir como sustantivo o verbo. El “Blog” había nacido. Hoy en día  se dice que hay   más de 100 millones de blogs en el mundo, de los que cerca de 15 millones están activos. En Japón, a los blogs descuidados o abandonados   se les denomina  ishikoro, pebbles (guijarros.)  Hay blogs políticos,   confesionales,     chismosos,   de sexo,   de madres,   de   ciencia,   de  soldados,   de gadgets,  blogs de   ficción,  de videos,   de   fotos,   de   historietas, por nombrar algunos. Los hay creados por una persona o por grupos.    Los periódicos y las revistas también tienen los suyos.  
Cada deporte, cada guerra, cada huracán tiene su propia   cosecha de   bloggers, que a menudo aventajan a los medios de comunicación tradicionales en actualidad, alcance geográfico,   información sobre el terreno y   detalles. Podemos leer sobre la guerra de Iraq en bloggers iraquíes, en los de soldados americanos (ahora censurados a menudo)  o en los de expertos como Juan Cole, cuyo blog, Informed Comment, resume, analiza y traslada noticias del frente. 

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Con tal  abundancia, puede parecer fácil  poner un manojo de blogs en un libro y   llamarlo   antología. Pero sería  incorrecto. ¿Dónde está el problema? En los enlaces -esos pedacitos del texto destacado que pinchas para ser transportado a otro blog u otra página Web. (Los enlaces son el equivalente en la  Web a las notas a pie de la página, salvo que te llevan directamente a la fuente.) No sólo es que los enlaces sean difíciles  de trasladar al texto impreso.  Es que toda esa cultura   del enlace  -componer al vuelo,   coger y poner    lo que te gusta, haciendo conexiones y referencias extrañas e inexplicadas–  no se ajustaría cómodamente  en un libro.

 Sí, estoy hablando de la propia escritura bloggy. ¿Hay realmente tal cosa? Un creciente número de libros ha reflexionado sobre los efectos de los  blogs y los bloggers en la cultura (We’ve Got Blog and Against the Machine), en la democracia (Republic .com 2.0), en la política (Blogwars), en la privacidad (The Future of Reputation), en los medios (Blog: Understanding the Information Reformation and We’re All Journalists Now), en el profesionalismo (The Cult of the Amateur), en los negocios (Naked Conversations), y en todo lo antedicho (Blog!). ¿Y qué decir sobre sus efectos en el lenguaje?   ¿Son un nuevo género literario? ¿Tienen sus propias concepciones, formas y reglas? ¿Tienen una esencia?

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Leer blogs, desde luego, no es como la lectura de un artículo periodístico o de un libro. Los lectores del blog saltan aquí y allá. Siguen los enlaces. Se trasladan desde el blog  a las  noticias o a los vídeos de  YouTube, y lo hacen más fácilmente que si estuvieran pasando la página del periódico. Se dejan llevar continuamente a alguna parte. Los Bloggers prosperan fragmentando la atención    y   repartiéndola en frases ingeniosas,  muestras de canciones,   noticias breves y   juicios sumarios. A veces, ni siquiera puntúan. Y si no pueden poner la inflexión correcta en una oración, utilizarán a menudo un OMG (Oh my god!) o un emoticono en vez de palabras -por ejemplo,  una cara sonriente :-), un guiño; -) o un ceño fruncido:- (. Muchos bloggers realmente no escriben mucho. Son más bien como empresarios, editores  o redactores, que buscan y eligen cosas   que encuentran en línea, y que de vez en cuando dan con un titular divertido o agregan  un comentario malicioso. Hay días en los que la única cosa original que ves en un blog es el equivalente del “Lee esto…. Mira aquello…. Eso es poco convincente…. ¿Te Puedes creer esto? “… 

Los Bloggers asumen que si los estás leyendo, eres uno de los suyos, o al menos estás en su onda, entiendes sus bromas y conoces los nombres que citan.  A menudo, comienzan la reflexión por la mitad, con sobreentendidos. No les preocupa que te quedes desorientado, no son responsables de tu educación.   Los  Bloggers, como anotó en cierta ocasión Mark Liberman, uno de los fundadores del blog Language Log, son como Platón. :-)  El mensaje tácito es: Eh, yo estoy hablando aquí con mis compinches. Puedes continuar conmigo o largarte. Es cosa tuya.  

Veamos cómo empieza La República de Platón: “Ayer bajé al Pireo, en compañía de Glaucón, hijo de Aristón, con el fin de elevar mis oraciones a la diosa y para ver cómo iban a realizar la fiesta, que celebraban por primera vez”.

Un momento! ¿Quién es Ariston? ¿Y Glaucón? ¿Qué fiesta es ésta?

Y aquí, para   comparar, tenemos un fragmento  de Julia { Here Be Hippogriffs},   un blog sobre la maternidad y de la infertilidad:
¡Había dejado a  Steve  sólo con sus chismes en los últimos tres días,   así que me estoy sintiendo  muy presionada    para abandonar   Internet (tú! él quisiera que te abandonara!) y  bajo a mirar SG-1 (supongo que se referirá a la serie Stargate SG-1) con él…. Tendrá que   ser rápido. ¡Vite! ¡Aprisa, Aprisa!   Fui a una Blogher. Era   divertido y algo ridículo y  estoy contenta de haber ido,  aunque no sepa si   volveré   otra vez. Una   nota para mis amigos blogging estériles: NO PENSÉIS EN ELLO. No vayáis. No vayáis nunca a una Blogher. 

Pero bueno,  ¿Quién es Steve? ¿Qué es  eso de Blogher? ¿Un blog?  (No.) ¿Un club de   madres? (No.) ¿Una conferencia blogging? (Sí.) 

Coges la onda, captas el viento Blogger  a través de lugares,   gentes,   textos  y     blogs que puedes o no conocer sin  que te den  nada provechoso. Ellos piensan que incluso si no te ofrecen enlaces,   podrás conseguir todo lo necesario con el Google, la  Wikipedia   o buscando en  los archivos de su blog. El   tono de la mayoría de blogs - reactivo, dinámico, conversacional, libre-asociativo-  es predicado con esa capacidad de enlazar  y se infunde con ella. Y   no es ningún accidente. En tiempos, los blogs no eran   sino enlaces con pequeños comentarios.

Aunque el blogging tenga precedentes en los ochenta –gupos y diarios on-line, las secciones “What’s New” de las páginas personales– el  blogging tal como lo conocemos    (según el ensayo de Rebecca Blood   Universo del  Blog –Editorial Gestión 2000) comenzó a prender  alrededor de 1998. Fue entonces cuando algunos empezaron a usar sus páginas para registrar y enlazar otros    sitios que   habían descubierto. Estos bloggers tempranos no ofrecían   muchos comentarios, más bien topónimos y coordenadas para navegar por la web.   Desempeñaban  “una valiosa función de filtrado para los lectores”. Ellos “pre-surfed” la  Web.

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Ese mundo pequeño y acogedor estalló en 1999,   año en que un puñado de herramientas permitieron que cada uno se construyera fácilmente su blog y lo pusiera en la red –LiveJournal, Diaryland, y, el más importante, Blogger, una aplicación  blogging gratuita ofrecida por  Pyra Labs. Con ello,  cualquier persona con un ordenador y   acceso de Internet podía hacer un   blog, a través de un servidor como  Blogger (ahora en manos de  Google) o, en años posteriores, dentro  una red social   como MySpace. Es sencillo: sigues las instrucciones,  eliges un nombre para tu blog, decides lo que muestras de tu privacidad en la parte  “Sobre Mi”, resuelves  si permites comentarios de los lectores y escoges la plantilla.

A principios de 1999 había algunas docena de blogs.  Antes de finales de año había miles, sin que se pudiera parar. A finales de 2003 había dos millones de blogs y el número se doblaba cada cinco meses. A principios de 2006,   Technorati, un buscador de blogs, indicaba un total de  27 millones. A  finales de 2007, la cuenta pasaba de 100 millones. (El mayor número de blogs,   un   37 por ciento,   están en japonés, según un artículo reciente de Blaine Harden en el  Washington Post, y la mayor parte de éstos son corteses y modestos- “Karaoke para tímidos”.  El treinta y seis por ciento de entradas están en inglés, y la mayor parte de ellas son todo lo opuesto a  la cortesía y la modestia).

Cuando llegó el auge del blog, el tono de la blogosfera    empezó a cambiar. La mayor parte de los nuevos blogs   -aunque no todos – ya no eran tanto filtros de la  Web como lugares para difundir   opiniones y hacer  revelaciones. En vez de imaginar nuevas maneras para presentar   hallazgos refrescantes, muchos de los nuevos bloggers se preocupaban por la forma de ser encontrados. La misma significación del enlace comenzó   a cambiar. Los enlaces que antes importaban eran los que ofrecías   en tu blog,  que apuntaban  a otros sitios, los de salida (outbound). Ahora los enlaces que valen -y así sigue– -son los que desde   otros blogs   apuntan al tuyo, los llamados enlaces de entrada (inbound). Ésos son los que los que cuentan en los buscadores como   Technorati.  Son la medida de la fama.

Ahora que la fama y los enlaces son una y la misma cosa, hay  bloggers que harán    cualquier cosa – propagar rumores, difundir mentiras, seleccionar peleas,  crear personajes falsos- para ser noticia y, por tanto, hacer que les enlacen.   Están, en el lenguaje de la blogosfera, “link  whores”.  Y los que tienen éxito devienen celebridades del blog  o ” blogebrities”. Una de las maneras más seguras de engrandecer tu blog   es derribar a un político o a un periodista famosos. (a los Bloggers que van constantemente a la caza de los medios dominantes, o MSM, se les apoda    Pajamahadeen.)

En 2004 los blogs Little Green Footballs Power Line   montaron el  Rathergate   cuando propagaron    que el informe que Dan Rather presentó en 60 Minutes II  sobre la participación del   presidente  George W. Bush en la Air National Guard  era una falsificación. (A partir de la denuncia,  un comité de la  CBS   investigó el asunto sin que pudiera probar que el relato  de la carrera militar de Bush fuera sustancialmente incorrecto, además de que Rather   denunció a la CBS por “despido improcedente”). 

En 2006 Little Green Footballs  se anotó otro tanto al señalar   que una fotografía de Reuters de un ataque aéreo israelí había sido manipulada  para hacer que la humareda que se veía sobre el  Líbano fuera más densa y oscura. En 2004 muchos blogs de la derecha ayudaron a que Swift Boat Veterans  hundiera la candidatura de  John Kerry a la presidencia. En 2002 fueron bloggers como Joshua Micah Marshall de Talking Points Memo y   Atrios (un seudónimo) de Eschaton los que difundieron los comentarios racistas de  Trent Lott en la fiesta de celebración del centenario  del ex-senador estadounidense Strom Thurmond, llevando a la dimisión de Lott como líder de la mayoría del Senado.

General03 Feb 2008 01:52 pm

Post cruzado: de Tapera

 Unos días después del texto de Horacio González, largamente tratado en algunos blogs, el suplemento Ñ de Clarín publicó un texto de Christian Ferrer intitulado: “Blogs o el espectáculo del yo”.

Los textos de Ferrer que leí son iluminadores. Lo mismo puede decirse de los de González. Pero si por ese motivo se hace necesario poner algunas balizas en el camino de la interpretación de sus escritos, aún más anotado deberá estar el circuito una vez que se ponen en serie. Y es probable que esa serie crezca. Vale decir: tendremos que viajar más lentamente; evitar ultimaciones y admoniciones. Aún queda mucho por discutir.
¿Y eso qué significa? Quiere decir que muchos de los participantes de ese debate aún no han consolidado un intercambio de conocimientos pertinentes: González y Ferrer rápidamente evidencian poca información acerca del debate que quieren dar. Y quienes pretendemos intervenir tenemos mucho que aprender de ellos acerca de los modos de pensar problemáticas más amplias que el estrecho pasillo blogspot. (Una digresión acá: el pudibundo lamento sobre la maledicencia de los personajes anónimos, sobre la perfidia de los embozados, sobre los trolls, etc., sobre el matonismo, es una versión diezmada y cobarde del reclamo de autoridad y jerarquía. Frente a la queja que esconde un argumento acerca de quién-puede-decir-algo-sobre-alguna cosa no hay nada que decir más que informarle al llorón o llorona de marras que preferiríamos no considerarla.) Acerca entonces del conocimiento: comparemos una reseña del NYRB sobre blogs con estos dos elementos de la serie que recién comienza. Mientras Sarah Boxer revela un manejo de las herramientas que discute, González y Ferrer deciden evitar su mención (me gusta más, sin embargo, la zona de debate y la pericia de los locales). Y aquí está el giro que provoca ciertas respuestas airadas y por momentos exultantes: poner a los blogs en el conjunto de tecnologías de la modernidad para luego hablar de la modernidad parece un sacrificio que vela toda posibilidad de discutir posibles diferencias. Pero sucede que para discutirlas hay que conocerlas.
Entre tantas cosas accesorias que podríamos discutir del texto de Ferrer -en su texto se pasa rápidamente de las intenciones a los efectos o al revés- , una se distingue entre todas: no haber comprendido que el asunto de los blogs no es un tema que pueda tratarse en singular (para un tratamiento alrededor de un tópico acorde con el texto de Ferrer, en torno a un blog fuerte [Kottke.org], puede consultarse el artículo Michael Keren, “Blogging and the Politics of Melancholy”). La lectura de blogs no halla en el post su unidad (por eso no se puede comparar, como lo hace Ferrer, el número de ensayos al año de los escritores del papel con el sistema de los diarios o las estrategias de los blogs; aunque tres ensayos por año también es una producción envidiable). La unidad de medida de la lectura de blogs ni siquiera es un blog. Su unidad es una red, más o menos densa, más o menos estable, alrededor de uno o dos hubs, con muchos alveolos y retículas débiles o fuertes. Su circuito está trazado por links, comments, posts, asides, archivos, páginas estáticas, twitter, facebook, cosas como delicious, googleos -desde la barra o desde el sitio-, libros de papel, mp3, radio, TV, etc. etc. Muchas personas con más expertise en ese tipo de lecturas se han dedicado a discutir las posibilidades de esos ejercicios antes que a creer que esa modalidad supere a la lectura de libros. (Gracias a David Mckenzie sabemos decir que el libro tampoco es una unidad ni sólo resultado del autor del texto.) Pero además de no competir con libros, la lectura de blogs se teje con distintas agujas y la urdimbre no es libertaria (y no lo es no porque se parezca a los discursos de sobremesa: cualquier género puede parecerse a un discurso de sobremesa, en algún momento de su historia). Pero sí se trata de un tejido con más modos de disponer la información. Y eso hay que celebrarlo discutiéndolos, leyendo claro también sus tremendas asimetrías y brechas.
Finalmente, el blog no es un juguete nuevo, aunque lo sea para Ferrer o para Clarín. Me enteró mientras estoy escribiendo esto (tengo que saltar de un lado a otro buscando referencias con google y cada tanto le doy un click al tab del firefox en donde aparecen los feeds de los blogs que leo) que InterLink HeadLine News 2.0 cumple 13 años. Qué bueno.

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