Enero 2008


General29 Ene 2008 02:39 pm

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Con el año 2007 aún coleando las editoriales engrasaban sus prensas para que el entrante no se quedara huérfano de novedades.  Uno de los autores afortunados es Pierre Bayard, con  L’Affaire du chien des Baskerville, una obra que promete rendir algunos beneficios a Les Editions de Minuit, aunque sólo se extienda  a lo largo de 176 páginas. El volumen, según se anuncia, defiende la idea de que los personajes literarios, contra lo que comúnmente se piensa, no son seres de papel, sino que tienen una existencia autónoma en el interior de los textos, hasta el punto de cometer asesinatos que el propio autor ignora. Es lo que le habría ocurrido a Conan Doyle, dejando que Holmes acusara irróneamente a un infeliz animal, el célebre sabueso,  y permitiendo al verdadero criminal evadirse de la justicia. Bayard ha escrito este libro para que la verdad resplandezca:

 ”Comment Conan Doyle a-t-il pu se tromper à ce point ? Il lui manquait sans doute, pour résoudre une énigme aussi complexe, les outils de la réflexion contemporaine sur les personnages littéraires. Ceux-ci ne sont pas, comme on le croit trop souvent, des êtres de papier, mais des créatures vivantes, qui mènent dans les livres une existence autonome, allant parfois jusqu’à commettre des meurtres à l’insu de l’auteur. Faute de mesurer cette indépendance, Conan Doyle ne s’est pas aperçu que l’un de ses personnages avait définitivement échappé à son contrôle et s’amusait à induire son détective en erreur.
Cet essai, en engageant une véritable réflexion théorique sur la nature des personnages littéraires, leurs compétences insoupçonnées et les droits qu’ils peuvent revendiquer, se propose donc de rouvrir le dossier du Chien des Baskerville et de résoudre enfin l’enquête inachevée de Sherlock Holmes, permettant par là à la jeune morte de la lande de Dartmoor, errante depuis des siècles dans l’un de ces mondes intermédiaires qui environnent la littérature, de trouver le repos”.

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Además, este psicoanalista y profesor de literatura ha conseguido que su anterior éxito, Comment parler des livres que l’on n’a pas lus? (inédito por aquí), se haya traducido con parabienes al inglés (How to Talk about Books You Haven’t Read, Granta). Para alguno de los críticos, como el del Times, el volumen es recomendable aunque sólo sea porque “proves that French literary criticism is sometimes absolutely penetrable if it really makes the effort”.  Pero, ciertamente, las opiniones no han sido unánimes desde que apareciera hace ahora justamente un año. Juan Pedro Quiñonero, uno de los primeros en presentarlos a los lectores hispanos, señaló en ABC que era uno de esos libros escritos para ganar premios literarios y concluía: “Bayard prefiere abandonar a su triste suerte al atónito e ignorante lector: ¿Para qué leer, si es posible triunfar en sociedad utilizando sin pudor los maquillajes a la moda, que las industrias de la (in)cultura venden a 15 euros las 198 páginas en las más selectas editoriales de moda?”. En cambio, Umberto Eco, al que Bayard dedicaba un capitulito, era más benévolo en las páginas de L’Espresso con motivo de la traducción italiana:

 ”La parte più intrigante di questo pamphlet, meno paradossale di quel che sembri, è che noi dimentichiamo una percentuale altissima anche dei libri che abbiamo letto davvero, anzi di essi ci componiamo una sorta di immagine virtuale fatta non tanto di quello che essi dicevano, bensì di ciò che ci hanno fatto passar per la mente. Pertanto se qualcuno, che non ha letto un certo libro, ce ne cita dei passi o delle situazioni inesistenti, noi siamo prontissimi a credere che il libro ne parlasse.

È che (e qui viene fuori lo psicanalista più che il docente di letteratura) Bayard non tanto è interessato a che la gente legga i libri altrui, quanto piuttosto al fatto che ogni lettura (o non-lettura, o lettura imperfetta) debba avere un aspetto creativo, e che (a dirla con parole semplici) in un libro il lettore debba metterci anzitutto del suo. Tanto da auspicare una scuola dove, siccome parlare di libri non letti è un modo per conoscere se stessi, gli studenti ‘inventino’ i libri che non dovranno leggere.

Salvo che Bayard, per mostrare come, quando si parla di un libro non letto, anche chi l’ha letto non si accorge delle citazioni sbagliate, verso la fine del suo discorso confessa di aver introdotto tre notizie false nel riassunto de ‘Il nome della rosa’, de ‘Il terzo uomo’ di Greene e di ‘Scambi’ di Lodge. La faccenda divertente è che io leggendo mi sono subito accorto dell’errore su Greene, ho avuto un dubbio a proposito di Lodge ma non mi ero accorto dell’errore a proposito del mio libro. Il che vuol dire che probabilmente ho letto male il libro di Bayard oppure (e sia lui che i miei lettori sarebbero autorizzati a sospettarlo) che l’ho appena sfogliato. Ma la cosa più interessante è che Bayard non si è reso conto che, denunciando i suoi tre (voluti) errori, egli assume implicitamente che dei libri ci sia una lettura più giusta delle altre -tanto che, dei libri che analizza per sostenere la sua tesi della non-lettura, dà una lettura molto minuziosa. La contraddizione è così evidente da dar adito al dubbio che Bayard non abbia letto il libro che ha scritto”.

Volvamos a Bayard: “Tout autant que Musil, Valéry incite à penser en termes de bibliothèque collective et non de livre seul. Pour un vrai lecteur, soucieux de réfléchir à la littérature, ce n’est pas tel livre qui compte, mais l’ensemble de tous les autres, et prêter une attention exclusive à un seul risque de faire perdre de vue cet ensemble et ce qui, en tout livre, participe à une organisation plus vaste qui permet de le comprendre en profondeur.  Mais Valéry nous permet aussi d’aller plus loin en nous invitant à adopter cette même attitude devant chaque livre et à en prendre une vue générale, laquelle a partie liée avec la vue sur l’ensemble des livres. La recherche de ce point de perspective implique de veiller à ne pas se perdre dans tel passage et donc de maintenir avec le livre une distance raisonnable, seule à même de permettre d’en apprécier la signification véritable”.

General25 Ene 2008 10:43 am

 Una buena manera de empezar el año, para seguir con los propósitos de enmmienda, es este texto del magnífico geógrafo  Jared Diamond, aparecido en el New York Times, el 2 de enero de 2008.

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Para los matemáticos, el 32 es un número interesante: es 2 elevado a la quinta potencia, es decir, 2 por 2 por 2 por 2 por 2. Para los economistas, el 32 es aún más especial, porque mide la diferencia de nivel de vida entre el primer mundo y los países en desarrollo. Los promedios de consumo de recursos como el petróleo y los metales, así como los índices de  desechos generados como los plásticos y los gases de efecto invernadero, son   32 veces más altos en Norteamérica, Europa occidental, Japón y Australia de lo que lo son en el mundo en desarrollo. Ese factor 32 tiene consecuencias importantes.

Para entenderlas, consideremos nuestras preocupaciones con respecto a la población mundial. Hoy en día  hay más de seis billones y medio de personas, y ese número puede ascender a nueve billones en medio siglo. Hace varias décadas, eran muchos  los que consideraban que el aumento de la población constituía el principal  desafío que la humanidad tenía ante sí. Ahora nos hemos dado cuenta  que eso sólo importa   si lo ponemos en relación con lo que la gente consume y produce. Si la mayor parte de las personas del mundo, esos   6.5 billones,  estuvieran en hibernación y no metabolizaran ni consumieran,  no habría problemas de recursos. Lo qué realmente importa es el consumo total del mundo, la suma de todos los consumos locales, cuyo cómputo es el resultado de multiplicar las poblaciones locales por el promedio del consumo local  per capita.

El aproximadamente billón de personas que vive en países desarrollados tiene  un índice de  consumo per capita de 32. La mayor parte de los otros 5.5 billones de personas del mundo en desarrollo  tiene niveles  de   consumo    per capita por debajo de 32, de hecho se acerca a 1.

La población,  especialmente en el mundo en desarrollo, continúa creciendo, y hay gente que sigue centrando su preocupación en eso. Lo que observan es que las poblaciones de países como Kenia están creciendo muy rápido, y dicen que se trata de un grave problema. Desde luego, es un problema para los más de 30 millones de habitantes  de Kenia, pero no es una carga para el   mundo en general, porque los keniatas consumen poco. (Su índice relativo  per capita es 1).  El problema real para el mundo es que cada uno de los 300 millones de norteamericanos consume tanto como 32 keniatas. Con diez veces su población, los Estados Unidos consumen 320 veces más recursos que Kenia.

La gente del Tercer mundo es consciente de esta diferencia en consumo per capita, aunque la mayoría no podría especificar que ese factor es de 32. A medida que crece su desesperanza, se sienten  frustrados e indignados, y algunos se convierten en terroristas, o bien los toleran o los apoyan. Desde el 11-S de   2001, se ha puesto de manifiesto que los océanos que antes protegían a los Estados Unidos ya no sirven. Habrá más atentados terroristas contra nosotros y contra Europa, y quizás contra Japón y Australia, mientras persista esa diferencia de 32 en índices de consumo.

La gente que consume poco quiere disfrutar del estilo  de vida propio de quienes consumen mucho.   Los gobiernos de los países en vías de desarrollo hacen del aumento de los estándares de vida un objetivo fundamental de su política nacional. Y decenas  de millones de personas en el mundo en desarrollo buscan el estilo de vida del primer mundo por sí mismos, emigrando, especialmente a los Estados Unidos,   Europa occidental,   Japón y   Australia. Cada   transferencia de una persona a un país de alto consumo hace que crezcan las tasas de   consumo del mundo, aunque la mayoría de los inmigrantes no consiguen  multiplicar su consumo por 32 de forma inmediata.
Entre los países en vías de desarrollo que están intentando aumentar el nivel de  consumo per capita dentro del propio país, China ocupa un lugar destacado. Tiene la economía con el   crecimiento más rápido del mundo, y hay 1.3 billones de chinos, cuatro veces la población de los Estados Unidos. El mundo ya está  agotando los recursos disponibles, y lo hará aún más pronto si China alcanza los promedios de   consumo norteamericanos. Ahora mismo, China está compitiendo con nosotros para conseguir  petróleo y metales en los mercados mundiales.

Los índices de consumo per capita   en China siguen siendo cerca de 11 veces menores que los nuestros, pero   supongamos  que se acercaran a ellos. También podríamos imaginar que no hubiera ningún otro aumento de consumo en el mundo - es decir, que ningún  otro país aumentara su consumo, que todas las poblaciones nacionales (China incluida) permanecieran  sin cambios y que cesara la inmigración. Pero sólo con que eso sucediera en la China veríamos que aproximadamente  se doblarían los índices de    consumo del mundo. El consumo de petróleo, por ejemplo, aumentaría un 106 por ciento y el de  los metales un 94 por ciento. Si la India consiguiera también lo que la China, las tasas de   consumo del mundo se triplicarían. Si todo el mundo en desarrollo lo consiguiera   repentinamente, esos índices se elevarían once veces más. Sería como si la población del mundo se hinchara hasta alcanzar los 72 billones de personas (con los actuales niveles de   consumo).

 Algunos optimistas señalan que podríamos soportar un mundo con nueve billones de personas. Pero no he encontrado ninguna persona lo bastante loca como para defender que pudiéramos sostener 72 billones. Con todo, a menudo prometemos a países en vías de desarrollo que con sólo adoptar las  políticas  adecuadas - por ejemplo, instituir un gobierno honesto y una economía de mercado -, también podrán disfrutar de una forma de vida semejante a la del primer mundo. Esta promesa es imposible, una broma cruel: incluso ahora estamos teniendo dificultades para soportar  la forma de vida del primer mundo,  cuando solamente se trata de un billón de personas. 

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Los americanos podemos pensar en el crecimiento del   consumo   de China como un problema. Pero los chinos sólo están alcanzando el nivel de   consumo que nosotros ya tenemos. Decirles que   no lo intenten sería vano.La única propuesta que China y otros países en vías de desarrollo aceptarán es que vayamos hacia unas tasas  de   consumo y   unos estándares de vida más iguales en todo el mundo. Pero el mundo no tiene bastantes recursos disponibles para que los   índices de   consumo de China sean como los nuestros, aún menos para que lo haga el resto del mundo. ¿Significa eso que vamos de cabeza al  desastre?

No, podríamos conseguir un horizonte estable en el cual todos los países convergieran en niveles de   consumo considerablemente por debajo de los más altos actuales. Los americanos podrían oponerse: de ninguna manera   sacrificaríamos nuestros estándares de vida en beneficio del resto del mundo. Sin embargo, estemos o no dispuestos a ello,    pronto tendremos tasas más bajas de la consumo, porque las actuales  son insostenibles.

Sin embargo,  no necesitaríamos hacer un gran sacrificio,    porque los estándares de vida  no se acoplan fielmente a las tasas de consumo. Buena parte del consumo americano es derrochador y contribuye poco o nada a la calidad de vida. Por ejemplo, el consumo de petróleo per capita en Europa occidental se sitúa sobre la mitad del nuestro, cuando el nivel de vida de Europa occidental es más alto desde cualquier punto de vista razonable, incluyendo la esperanza de vida, la salud, la mortalidad infantil, el acceso a la asistencia médica, las pensiones,   los períodos de vacaciones, la calidad de las escuelas públicas y las subvenciones a las artes.

Preguntémonos si el uso derrochador que los americanos hacen de la gasolina contribuye positivamente a mejorar cualesquiera de esos índices. Hay otros aspectos de nuestro consumo que también son derrochadores. La mayor parte de las industrias pesqueras del mundo todavía   funcionan de forma no sostenible, y muchas se han derrumbado o han disminuido sus  rendimientos -incluso aunque sabemos cómo gestionarlas para preservar el medio ambiente y las pesquerías. Si   todas las industrias pesqueras fueran sostenibles, podríamos extraer peces de los océanos consiguiendo que los índices de capturas estuvieran en sus cotas históricas máximas y continuar así indefinidamente.

Lo mismo ocurre con los bosques: ya sabemos cómo manejarlos de forma sostenible, y si lo hiciéramos así en todo el mundo   podríamos extraer bastantes troncos para cubrir las necesidades de madera y del papel del mundo. Con todo, la mayoría de los bosques se gestionan de forma no sostenible,    con los consiguientes descensos en la producción. Por tanto, al igual que es cierto que podemos mantener nuestro nivel de vida consumiendo menos  de lo que   ahora lo hacemos, también es cierto que llegará el día en que los índices de   consumo per capita en muchos países en vías de desarrollo  serán casi iguales a los nuestros. Son tendencias deseables, no perspectivas   horribles.

De hecho, ya sabemos cómo mejorar las tendencias; lo que ha faltado  principalmente ha sido voluntad política. Afortunadamente, el año pasado hubo algunos signos alentadores. Australia celebró unas elecciones   en las que una gran mayoría de votantes le dieron la espalda a la política que su gobierno había seguido durante una década; el nuevo gobierno apoyó de inmediato el protocolo de Kyoto sobre el recorte emisiones de gases de efecto invernadero.

También el año pasado, la preocupación por el cambio   climático   aumentó considerablemente en los Estados Unidos. Incluso en China se están produciendo vivos   debates  sobre la política medioambiental, y las protestas públicas detuvieron recientemente la construcción de una inmensa fábrica de productos químicos cerca del centro de Xiamen. Por tanto, soy cautelosamente optimista. El mundo tiene problemas serios de   consumo, pero podemos solucionarlos si elegimos hacerlo.

General22 Ene 2008 06:06 pm

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La pasada reunión de la AHA, la de los historiadores americanos, ha sido un filón de noticias. Para los amantes de los blogs, también (como ya ha adelantado Tapera). Con motivo del 5th Annual Banquet at the AHA convention in Washington, los miembros del jurado (Ancarett, Timothy Burke, Miriam Elizabeth Burstein, Rebecca Goetz, Paul Harvey, Sharon Howard, Elizabeth Klaczynski, Adam Roberts y John Carter Wood) de Cliopatria se reunieron en un agradable restaurante libanés para seleccionar a los mejores blogs del 2007, todo gracias a la hospitalidad de Scott McLemee and Scott Jaschik, de Inside Higher Ed.

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Entre plato y plato, estos fueron los premiados (sólo reciben un logo que añaden a su página como timbre de gloria):

Mejor Blog colectivo: In the Middle. Dedicado a la historia medieval y obra de J. J. Cohen, Mary Kate Hurley, Eileen Joy y Karl Steel. Su interdisciplinariedad y su inteligente prosa sedujeron al jurado, para el que se trata de un blog modélico que persigue su objeto allí donde asoma, aunque mínimamente. Su análisis de Beowulf ha sido sonado.

Mejor Blog individual: Civil War Memor. Pues eso mismo, la escritura de Kevin Levin al servicio de un objeto que aquí no es sólo historia militar, sino que lo llevá mucho más allá.

Mejor Blog nuevo: Religion in American History. Un ejemplo de cómo este tipo de instrumento puede servir para presentar de forma adecuada y amena una visión propiamente académica, de forma que llegue a cualquier público y tampoco olvide a los especialistas e investigadores. Y muy variado.

Mejor Post: Timothy Burke, “Knowledge is Inconvenient,” Cliopatria, 27 de septiembre (con algo de trampa, porque Burke es juez y parte, pero bueno). La entrada analizaba lo dicho por Michael Medved (un muy célebre y conservador periodista radiofónico) sobre el comercio atlántico de esclavos. Medved es bastante zafio, pero eso no quita mérito a la forma en que Burke desmontaba los argumentos de su rival.

Mejor serie de Posts: Errol Morris, “Which Came First, the Chicken or the Egg?” Zoom, Part One, Part Two y Part Three, 25 de septiembre , 4 y 23 de octubre. Sin reparos. Extraordinario y brillante trabajo sobre las fotografías que tomó Roger Fenton (1819-1869) en la guerra de Crimea. Una magnífica reflexión sobre imágenes y documentos históricos aparecida en uno de los blogs del New York Times a cargo de uno de los mejores directores de películas documentales.

Mejor escritor: Caleb Crain, Steamboats are Ruining Everythin. Es un escritor, por supuesto y, además, un brillante articulista, pero se valora su adaptación a la blogosfera histórica, el hecho de que sus textos adopten la perspectiva de la disciplina sin dejar de ser lo que son, piezas literarias.

Vamos allá, démosle trabajo al ratón y hagamos algunas visitas virtuales.

General18 Ene 2008 09:50 am

Hablamos hace unos días de la reunión anual que convoca a los historiadores americanos, los asociados a la American Historical Association. Mencioné entonces las salas en las que se reunían, las múltiples sesiones de trabajo e incluso los lujosos hoteles que tenían a su disposición. Pero hay otras cosas. Hay, por ejemplo, entrevistas de trabajo y, además, la organización aprovecha tales fechas para hacer balance de cómo le van las cosas a la profesión. Pero eso no sólo se trata allí, se publica en su revista Perspectives. En el número de enero de 2008, por ejemplo, hay un interesante artículo titulado “Number of History PhDs Rising Again, but Job Openings Keep Pace” que firma Robert Townsend (AHA’s assistant director for research and publications). Vamos a ello  (y perdón por los errores)

El número de nuevos doctores en historia  aumentó el 5.3 % en el curso académico   2005-2006, pasando de 924 a 973 nuevos graduados. Este  aumento ha sido general en   todos los campos, pero  el crecimiento casi dobla al que se observa en las otras disciplinas del ramo de las humanidades. Afortunadamente, el número de puestos de trabajo que recoge la revista Perspectives es parejo a este aumento, pues los empleos ofrecidos crecen un 6.6 %  (de  966 a 1.030) en el mismo período.

La información preliminar para el curso académico más reciente ofrece buenas noticias adicionales, como que el número de nuevos licenciados que anualmente publica el Directory of History Departments for 2006–07   cae modestamente, mientras que sube de nuevo el número de ofertas de trabajo (no obstante, apenas un 0.2 por ciento) (cuadro 1). Por supuesto, los cambios en el número de PhDs según ese directorio se reflejan en los resultados del correspondiente estudio federal sobre doctorados obtenidos. La caída del 3.5 por ciento en el número de PhDs según el directorio sugiere   que las cifras de 2007 dejarán  aproximadamente en 940 el número de nuevos doctores. Si esa estimación es exacta, ésta es la primera vez en los últimos 25 años en que durante tres años consecutivos el número de ofertas de trabajo excede el número de nuevos PhDs.

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Datos demográficos de la cohorte de 2006 (doctorado)

El estudio anual del doctorado  es preparado por el National Opinion Research Center (NORC) para cinco agencias federales  y proporciona una medida  exacta de los  asuntos en los que se han doctorado (Doctorate Recipients from United States Universities: Summary Report 2006 ).  A cada estudiante que se doctora  se le pide que complete el estudio antes de graduarse (generalmente muy  estímulados por su centro), así que proporciona la radiografía más comprensiva y  detallada sobre quién está recibiendo el grado.

El estudio proporciona una excelente medida para saber cuánto tiempo les cuesta   terminar un doctorado en historia en rtelación con otros campos, ofreciendo una clara evidencia de la larga trayectoria hasta el PhD. La nueva cohorte de los doctorados en  historia  lo acabó en promedio unos 12 años tras la licenciatura, y un promedio de 9.7 años después de empezar el doctorado. La edad mediana de la nueva cohorte   era de 35.5 años -un  aumento de más de un año en relación con  la última década.

Sin embargo, el tiempo que cuesta  coincide con el de las otras disciplinas humanísticas. En promedio, los estudiantes de doctorado en humanidades pasan  9.7 años matriculados. En comparación, en las disciplinas de  ciencias sociales el promedio era apenas de 7.9 años. La edad media  era de 35.0 años para los doctores en  humanidades, pero de 32.9 para los doctorados en   ciencias sociales.

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La encuesta  del NORC también permite obtener  datos demográficos a largo plazo sobre los nuevos doctores. La proporción de mujeres en la nueva cohorte  desciende por  tercera vez en los últimos 10 años, del 41.6  al 40.9 por ciento (cuadro 2). La historia es marcadamente  diferente de las otras humanidades y   de las ciencias sociales en cuanto a la proporción de mujeres que se doctoran, pues las mujeres ganan respectivamente un promedio del 50.6 y 57.4 por ciento de los doctorados  en esos campos.

Sin embargo, después de disminuir levemente el año pasado, la representación de las minorías dentro de la nueva cohorte ascendió del 13.3  al 14.1 por ciento. En números absolutos, 139 de los 807 ciudadanos de los E.E.U.U. que obtuvieron el doctorado en historia se clasificaron como miembros de una minoría racial o étnica. Entre los ciudadanos de los E.E.U.U. en las humanidades, el 13.6 por ciento   pertenecían a esas minorías, por el 17.5 por ciento  en  ciencias sociales.

También hay un marcado aumento en el número de extranjeros que obtienen el título en historia respecto de los  últimos dos años -que alcanzan el 13.5 por ciento. En 2006 la representación de estudiantes extranjeros casi alcanzó la paridad con la proporción de estudiantes de las minorías por primera vez en más de una década.

Cambios entre los campos

Los 45.596 grados de  doctor  concedidos  por 417 universidades en 2006 representan  el número más elevado de nuevos doctores conocido en  los Estados Unidos. En términos relativos, la historia supone un   2.1 por ciento   por  segundo año consecutivo, por encima del punto bajo del 1.8 por ciento en 1992-93. Y la historia creció levemente entre las otras disciplinas de las humanidades, donde ahora supone el 17.4 por ciento de los doctorados, superando el punto bajo del 15.1 por ciento de 1989.

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Aunque el número de nuevos doctores en historia ha estado  por debajo del pico alcanzado en 2000, el aumento de 2005-06 coloca a la disciplina por encima de la mayor parte de las otras humanidades y ciencias sociales  (el cuadro 3). Solamente  la economía y  la psicología consiguieron más doctores en 2006.

Ese claro aumento  entre 2005 y 2006 parece absolutamente pronunciado, pero, visto a largo plazo, el número anual de nuevos doctores en historia ha sido relativamente estable durante los últimos seis años. Descendió de forma acusada   a partir de comienzos de los años 70 y en los años 80, y después casi se dobló entre  1989 y 2000. Sin embargo, durante los últimos cuatro años,  el número  ha sido comparativamente constante, con alrededor de 950 doctores en historia por año.

Las otras humanidads y  las ciencias sociales también parecen tener evoluciones similares durante los últimos años. Entre 2005 y 2006, el número de nuevos doctores en lengua y literatura  inglesa y americana    bajó el 0.6 por ciento, mientras que aumentaron el 0.6 por ciento los de  lenguas extranjeras . Las  otras humanidades (incluidos American studies, filosofía  y religión) screcieron un  2.9 por ciento. El número de nuevos doctores en  economía bajó el 0.2 por ciento, mientras que la ciencia política y la sociología aumentaron el 0.6  y el 8.0 por ciento respectivamente.

Dentro de la disciplina de la historia, la historia americana continúa siendo el campo de  estudio más grande con un importante margen , abarcando el 40.2 por ciento de los doctores. Esto está debajo del punto álgido que el campo alcanzó cuatro años antes, cuando la historia americana suponía el 44.1 por ciento de los nuevos doctorados en historia, pero aún mantiene su distancia con los otros campos. El segundo en importancia, el de la historia europea, supone el 22.5 por ciento.

Los especialistas en otras regiones del mundo aumentaron su representación entre 2005 y 2006. El número de doctorados  en historia asiática pasó del 6.9 al 8.2 por ciento, los dedicados a la historia latinoamericana del 4.9 a 5.0 por ciento  y los especialistas en  historia africana del 1.9 a 2.8 por ciento.

La imagen se complica un tanto con las otras categorías o campos que los nuevos doctores pueden seleccionar, incluyendo la historia de la ciencia y de la tecnología (el 5.8 por ciento), la “historia general” (el 6.1 por ciento), y la “otra historia” (el 9.8 por ciento). Éstos porcentajes podrían representar a los especialistas que decrecen  en alguna de las otras categorías, caídas en  áreas geográficas que no se representan (por ejemplo, Oriente Medio)  o de un cierto  tipo de historia transnacional.

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La  ambigüedad  sobre las especializaciones  que los nuevos doctores señalan en sus respuestas al estudio suponen una cierta ambigüedad en cualquier comparación entre los puestos de trabajo  y el camino seguido por los nuevos doctores. Pero se puede realizar la  comparación, que  puede  ser instructiva. La alineación entre las ofertas de  trabajo listadas en Perspectives el año pasado y los nuevos doctores del año siguiente   muestra algunos   problemas entre  oferta y  demanda en el mercado de trabajo académico (cuadro 4).

Las relaciones de trabajos para las plazas de historia americana, por ejemplo, eran un tercio menos que   el número de nuevos doctorados obtenidos  el año antes. Y las ofertas en historia europea estuvieron un 13 por ciento por debajo del número de nuevos doctores. En  comparación, el número de plazas en historia asiática y africana era más alto que el número de nuevos graduados, mientras que los listados de historia latinoamericana mantenían la paridad.

Tales comparaciones necesitan ser leídas con considerable cuidado, por supuesto. La correspondencia aparente entre  entre temas específicos  y especializaciones geográficas puede variar mucho dentro de esas amplias categorías. Así, los especialistas en cualquiera de los campos   con un severo desequilibrio podrían encontrar oportunidades  en plazas  en otras áreas  temáticas y abiertas, pero también podrían emplearse fuera de la academia.

Y como sabecualquier candidato de trabajo serio , los listados en Perspectives no abarcan todo el universo   de las ofertas de trabajo que existen. También aparecen  en otras publicaciones nacionales y locales, y ahora también se distribuyen a través de medios en línea. Sin embargo, los listados de empleos de  Perspectives han proporcionado un buen barómetro de la relación que existe entre los puestos trabajos y los candidatos durante los últimos 33 años.

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Una cierta confirmación de esto se puede encontrar en la proporción de nuevos doctores que indican haber obtenido un empleo definido el el momento de graduarse. En la cohorte 2006, el 54.4 por ciento de los doctorados  indicó tener  empleo “definido”. Esto supone una leve caída en relación con el año anterior, pero sigue siendo mucho más alto que de lo que lo había sido durante los malos años  90 (cuadro 5). El 28.0 por ciento de los nuevos doctores que indicaban que seguían “buscando empleo ” a la hora de graduarse marca una mejora positiva. El restante 17.7 por ciento se compone de quienes siguen algún tipo de estudio posdoctoral, están negociando un contrato o carecen de  plan definido para un empleo futuro.

Las perspectivas de empleo entre hombres y mujeres aparecen ser semejantes (cuadro 5). En los últimos tres años,  prácticamente la misma proporción de cada grupo indicó que que tenía empleo definido al doctorarse. Esto  contrasta marcadadamente con lo ocurrido en  los años 80 cuando los  historiadores  disfrutaban  de una modesta ventaja modesta para encontrar  empleo, o con lo sucedido en los años 90, cuando las historiadoras  parecían tener una leve ventaja.

Más información en: AHA Data on the Historical Profession. De todo lo que allí se recoge, me permitiré mencionar los salarios (las becas y otros emolumentos van aparte):  

Table 1: Salaries for Historians and Faculty in All Disciplines except the Health Sciences, 2006–07

Type Field Professor Associate Professor Assistant Professor New
Assistant Professor
Instructor All Ranks
Private   HistoryAll Fields $74,893
$79,504
$58,404
$63,250
$48,219
$53,317
$47,145
$52,948
$39,048
$43,734
$59,619
$63,534
Public   
History
All Fields
$77,397
$84,395
$57,987
$65,879
$47,741
$56,43
$47,084
$56,069
$37,756
$42,251
$58,861
$65,684
General14 Ene 2008 09:45 am

Como agoreros en ocasiones, o como simples augures del futuro, quienes se dedican a la historia digital no tienen precio. Nos muestran otras formas de trabajar, aquí aún impensables, pero quizá pronto irremediables (pienso en los nuevos planes de estudio).

Ejemplos hay muchos, todos ellos norteamericanos. Tomemos uno bastante curioso que proviene del departamento de historia de la Universidad de West Ontario, en Canadá, donde trabaja William J. Turkel (que se doctoró hace tres años en el MIT y se nota). Este profesor imparte sus cursos convencionales, pero hace otras cosas, y esas cosas las sabemos por su blog: Digital History Hacks.

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He aquí lo último que se le ha ocurrido:

“Geo-DJ, Part 1: The Idea”

En mi anterior investigación sobre lo que llamé place-based computing, utilicé un Tablet-PC con receptor GPS para presentar a los historiadores materiales de archivo durante una práctica sobre el terreno. Pensemos que estamos situados delante de un edificio antiguo. El sistema utiliza el GPS para determinar nuestra localización, que se plasma en un sistema de información geográfica (GIS). Los trazos del GIS incluyen mapas históricos y fotografías aéreas georeferenciadas, así que podemos ver qué había alrededor de nuestra posición actual (o lo que se cree que había alrededor de ella) cuando fueron creadas esas representaciones históricas. El GIS también incluye enlaces hipertextuales a otros tipos de fuentes históricas, como fotografías de los edificios y de los alrededores, registros censales, artículos periodísticos, directorios de la ciudad, y así sucesivamente. Puedes pinchar sobre una fuente digital para consultarla, comparándola con las fuentes materiales que se han ido acumulando de forma natural en el archivo del lugar. El sistema ha sido probado y funciona bastante bien para investigadores individuales y pequeños grupos, aunque nuestro prototipo no fuera muy robusto, pues la duración de la batería es relativamente corta y la lectura se hace difícil cuando la luz del sol le da directamente.

El sistema que ahora estoy diseñando, geo-DJ, amplía este trabajo a una dimensión ambiental, auditiva. Imaginemos que caminamos por el exterior con un dispositivo tipo iPod que está reproduciendo una banda sonora electrónica. La música cambia como te mueves, reflejando los patrones históricos de uso del suelo del área que estás explorando. Puedes elegir representar trozos del bosque original con una flauta, de una granja lechera con una viola de gamba y cencerros, una fábrica con un conjunto de percusión, un matadero con trompas discordes. Mientras caminas hacia el lugar en el que hay una vieja fábrica, sube el volumen del sonido de la percusión hasta hacerse dominante. Como en los anteriores sistemas place-based, geo-DJ incluye un receptor GPS y se basa en la tecnología GIS. El sistema determina nuestra actual posición, después calcula la distancia y la dirección desde la intersección central (centroid) hasta las figuras históricas de interés. Esos datos serán entonces utilizados para mezclar las pistas de audio que representan cada figura.

Ahora mismo estoy trabajando con diversos diseños de hardware. Los más fáciles de construir harán uso de la misma plataforma GPS/GIS que utilicé anteriormente. También estoy experimentando con hardware y microcontroladores del tipo de los utilizados por el prototipo Arduino. Aunque preveo el uso del sistema como aplicación para la historia, son posibles muchos otros usos. Dejaré en el blog notas sobre el software y el hardware para por si otras personas desean destripar el geo-DJ.

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USA and Historia and General10 Ene 2008 08:52 pm

 Leído en Inside Higher Ed 

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El Council of Graduate Schools americano ha presentado sus índices sobre el doctorado: Ph.D. Completion & Attrition: Analysis of Baseline Program Data from the Ph.D. Completion Project. El hallazgo más llamativo es la caída de la tasa de  abandonos (attrition rates),  significativo porque es una de las razones principales que motivan el estudio y porque una de las preocupaciones  de los centros es que  son muchos los estudiantes que nunca acaban - lo cual supone que determinadas áreas tergan escasez de doctores y, por otra parte,    muchos estudiantes tienen la sensación de que perdieron varios años de sus vidas.

Los datos sobre esos índices de “desgaste” del doctorado (Ph.D.) forman parte de un análisis más amplio, de 10 años, con estadísticas sobre quién comienza y acaba dichos programas. Mucho de los datos ya  aparecieron en julio,   confirmando algo que no es ningún secreto: en promedio, son los del área de las humanidades los que más años necesitan para terminar.  

Incluso pasados 10 años, una mayoría de estudiantes  de  humanidades no  han acabado, mientras que, por ejemplo, casi dos tercios de los de las ingenierías ya lo han hecho.   Después de siete años, la mayoría de estudiantes de  ingeniería y de  ciencias naturales han finalizado,    mientras que ése no es el caso   del 30 por ciento en  humanidades. (Las ciencias sociales están en el justo medio, pero hay diferencias según las disciplinas).

Las tendencias generales no cambian. Pero el informe   proporciona  cierta esperanza en cuanto al fracaso de los estudiantes de doctorado. El estudio analizaba tres cohortes - los que comenzaron en 1992, 1995 y 1998 - y les sigue la pista viendo la tasa de abandono en  1995, 1998 y 2001, respectivamente. (Como con otros datos en el estudio, la información fue recogida a partir de 30 universidades.)

Los datos demuestran grandes cambios en los índices de “desgaste” en matemáticas, ciencias físicas  y  ciencias sociales, y cambios más pequeños en general excepto en humanidades, donde disminuye un 0.3 por ciento.

Para las cohortes más tempranas, los estudiantes  de humanidades tenían índices   más bajos, pero hay un cierto debate sobre si eso es  resultado del tirón de los programas o de las oportunidades de trabajos más lucrativos  en las ingenierías o en ciencias, de modo que eso haría que no se doctoraran.  

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Four-Year Cumulative Attrition Rates for 3 Cohorts of Ph.D. Students

Field Starting in 1992 Starting in 1995 Starting in 1998
Engineering 23.2% 23.0% 21.4%
Life sciences 20.9% 22.0% 17.3%
Mathematics and physical sciences 30.7% 30.8% 24.7%
Social sciences 20.0% 19.5% 15.3%
Humanities 18.5% 21.1% 18.2%

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Robert  Sowell, vicepresidente de programas y  operaciones en el Council of Graduate Schools, dijo que esos cambios le animan (a excepción de las humanidades), pero que el estudio hasta el momento no ofrece  explicaciones a por qué los cambios varian tanto por disciplinas. Sin embargo, para los períodos de las tres cohortes,     señaló que muchos centros empezaban a  dedicar más atención a prevenir el agotamiento y   esperaba que esos datos fueran la demostración del   éxito de esos esfuerzos. También indicó que  no podía identificar a partir de los datos disponibles por qué los cambios  en las humanidades eran tan pequeños   durante períodos en los que los otros grupos mejoraron.

La idea que hay tras el proyecto, concluyó, es conseguir  datos que se puedan utilizar  para mejorar los índices de avabado. “Para mejorar esos índices, tenemos que conocer donde estamos”. 

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Cumulative 10-Year Completion Rates for Students Who Entered Ph.D. Programs 1992-3 through 1994-5

Year in Program % Who Earned Doctorate
3 4.5%
4 10.5%
5 22.5%
6 36.1%
7 45.5%
8 50.9%
9 54.6%
10 56.6%

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Todo lo anterior fue presentado oficialmente en la reunión anual de dicho Council celebrada en los primeros días de diciembre de 2007.

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