Marzo 2007
Monthly Archive
USA and antropología and Historia29 Mar 2007 01:42 pm
Es la cultura, estúpido (1)
Hoy me van a perdonar, pero voy a romper algunos de los criterios que he seguido habitualmente. Les libraré de las novedades, pues más bien manosearé cosas pasadas, y me acogeré en el refugio de lo propio, para mi tranquilidad. Así pues, una expansión que se pueden ahorrar, si lo desean.
Marshall Sahlins y sus polémicas

Ocurre que estaba yo hojeando el último número de una revista académica de mi ámbito disciplinar, ese que llaman historia, y reparé en una de las muchas reseñas que se incluían. Se trata de un comentario del afamado profesor Peter Burke sobre el no menos conocido antropólogo Marshall Sahlins, texto aparecido en número de marzo de The Journal of Modern History. Tras la lectura de rigor, me dije que esa recensión breve e interesante merecía ser reproducida aunque el libro del que trataba tuviera ya unos años (pueden ver un extracto de Apologies to Thucydides: Understanding History as Culture and Vice Versa. Chicago, University of Chicago Press. 2004). Olvidemos, pues, que estamos fuera de plazo, como Burke, y que han pasado tres años y que en 2005 se publicaron numerosos comentarios sobre ese volumen (en The American Historical Review, vol. 110, nún. 4, en Anthropological Quarterly, Vol.78, Num. 1 o en The London Review of Books del 3 de noviembre, por ejemplo) que culminaron en The Year’s Work in Critical and Cultural Theory de 2006, donde se decía: “The year’s serious book-length contributions to reimagining historical narrative come from Marshall Sahlins” y su Apologies to Thucydides, como si del Oscar se tratara.

Bien, como dice Burke, y sobre todo tras el reciente fallecimiento del genial Clifford Geertz, Marshall Sahlins quizá sea uno de los más famosos antropólogos que aún está entre nosotros. Es, además, uno de los más interesados en la historia, incluida la filosofía de la historia. Durante un cuarto de siglo o incluso más, ha estado escribiendo sobre la relación entre los acontecimientos y las estructuras, inspirado por los debates franceses, desde Jean-Jean-Paul Sartre a Claude Lévi-Strauss pasando por Fernand Braudel, y ha estado ilustrando sus argumentos con referencias a la historia de Hawaii y de Fiji.
En Historical Metaphors and Mythical Realities (Ann Arbor, 1981) y Islands of History (Chicago, 1985), se centró en los acontecimientos que siguieron a la llegada del capitán James Cook a Hawaii en 1779, exponiendo dos ideas opuestas pero complementarias. En el primer lugar, la de que los acontecimientos que ocurrieron en 1779 estuvieron “ordered by culture” (Historical Metaphors, 8). Los hawaianos percibieron a Cook a través de la lente de sus propias tradiciones culturales, identificándolo con el dios Lono, y actuaron en consecuencia, dando así a los acontecimientos una impronta cultural distinta. En segundo lugar, en el proceso de asimilar este encuentro cultural y de “reproducing that contact in its own image,” la cultura hawaiana “changed radically and decisively” (Historical Metaphors, 33). Por ejemplo, la distancia social entre los jefes y el resto se acrecentó después de que los jefes hubieran adoptado nombres ingleses tales como King George or Billy Pitt.

En ese punto hemos de decir que la crítica fundamental la realizó con el tiempo su colega Gananath Obeyesekere y que, para los interesados, nada mejor que recurrir al texto de Geertz Reflexiones antropológicas sobre temas filosóficos (Barcelona, Paidós, cap, 2, págs. 54-66) donde se recoge la discusión y se aquilata su valor disciplinario, con una coletilla en la que Geertz muestra su preferencia sobre Sahlins porque abordaría el asunto de un modo más presuasivo, a pesar del brillo estructuralista que envuelve sus análisis. En todo caso, para quienes desconozcan el debate, utilizaré un resumen ajeno (con mil disculpas) cuya autoría no recuerdo. Veamos

Según nos narra Sahlins en Islas de Historia: La muerte del capitán Cook, Metáfora, antropología e historia (Barcelona, Gedisa (1988), el capitán Cook visitó las islas hawaiianas en enero de 1779. Su llegada coincidió con el festival religioso local que celebraba la llegada de Lono, el dios de la paz y la agricultura. Según las tradiciones religiosas hawaiianas, Lono provenía de la distante tierra de Kahiki, un lugar mítico al que ningún hawaiiano había ido antes. A su llegada a la isla, los sacerdotes locales lo agasajaron y le llevaron a los templos para realizar las ceremonias del festival de Makahiki. Cook abandonó la isla, pero se vio forzado a volver al cabo de diez días porque su barco necesitaba reparaciones. Cuando Cook regresó, la época de celebración del dios Lono había terminado. Ahora era la temporada de Ku, el dios de la guerra. Así pues, Cook se encontró con miles de personas dándole la bienvenida. Según la tradición religiosa, Lono debía ser asesinado de manera tal que el jefe gobernante del momento, Kalni’opu’u, pudiera adquirir los poderes divinos del dios agonizante. De ese modo, el capitán Cook, a quien los hawaianos identificaron como Lono, fue asesinado por una multitud de nativos.
Sahlins no sólo aspiraba a demostrar que los hawaiianos llegaron a pensar que el capitán Cook era Lono. A través de la investigación de este acontecimiento histórico, Sahlins pretendía teorizar sobre la naturaleza de la cultura en general adoptando una posición estructuralista. “Del carácter arbitrario del signo se deduce que la cultura es, por su propia índole, un objeto histórico. Saussaure, que desde luego se hizo famoso por la distinción entre los puntos de vista diacrónicos y sincrónicos en el estudio del lenguaje, fue no obstante el primero en admitir que un sistema lingüístico es totalmente histórico, e incluso fue el primero en insistir en ello. Es histórico porque es arbitrario, porque no refleja simplemente el mundo existente, sino que por el contrario, al ordenar los objetos existentes mediante conceptos preexistentes, el lenguaje haría caso omiso del fluir del momento” (Sahlins, 1988:138). En el caso concreto estudiado, eso significaba que “La irrupción del capitán Cook más allá del horizonte era un acontecimiento verdaderamente sin precedentes, nunca antes visto. Empero, encuadrando lo existencialmente único en lo conceptualmente familiar, el pueblo enclavó su presente en el pasado” (Sahlins, 1988:136). Los acontecimientos históricos están, pues, incorporados a la cultura y, a la vez, los fenómenos culturales dependen de la historia.

Gananath Obeyesekere es un antropólogo originario de Sri Lanka que publicó The Apotheosis of Captain Cook: European Mythmaking in the Pacific (Princeton, Princeton University Press, 1992) con la manifiesta intención de criticar las investigaciones de Sahlins. Según Obeyesekere, los hawaianos nunca llegaron a pensar que el capitán Cook fuera un dios. Simplemente lo consideraron como un jefe más, a quien otorgaron los honores preceptivos, tal como la tradición lo estipulaba para cualquier jefe, fuera o no hawaiiano. Cook fue asesinado no porque pensaran que fuera el dios Lono, sino por razones políticas. Cook era conocido por sus prácticas tiránicas con los nativos. Éstos, por su parte, se sublevaron y lo asesinaron. Obeyesekere apuntaba que en aquel momento los nativos sabían muy bien que este hombre blanco, que no hablaba el idioma local y no conocía absolutamente nada sobre las tradiciones religiosas hawaiianas, no podría haber sido Lono.
Obeyesekere insistía en que la creencia de que el capitán Cook fue identificado con Lono por los hawaianos no era un mito de los nativos, sino de los mismos europeos. En los inicios del colonialismo, en el siglo XVIII, prevalecía un mito de superioridad europea que propagaba la idea de que, donde quiera que los europeos viajaran, los nativos que ahí encontraban se sentían inferiores y rendían culto a los colonizadores. Es probable que ese mito haya sido difundido por marineros y misioneros, quienes influyeron en las visiones de los nativos sobre el suceso en cuestión y puede que posteriormente, bajo esta influencia, consideraran a Cook como un dios.
“I question this “fact” –dice Obeyesekere al principio de su volumen–, which I show was created in the European imagination of the eighteenth century and after and was based on antecedent “myth models” pertaining to the redoubtable explorer cum civilizer who is a god to the “natives”. To put it bluntly, I doubt that the natives created their European god; the Europeans created him for them. This “European god” is a myth of conquest, imperialism, and civilization –a triad that cannot be easily separated. This book therefore is not another biography of Cook, it subverts biography by blurring the distinction between biography, hagiography, and myth”.
Con todo ello, Obeyesekere acusaba a Sahlins de ser un continuador más de este mito, pues no estaría en posición de comprender plenamente a los nativos. Sahlins no conocía la experiencia del Tercer Mundo, y solo sería capaz de acercarse a ellos proyectando sus mitologías de superioridad europea. A lo que Sahlins respondió con un libro titulado How “Natives” Think: About Captain Cook, for Example (Chicago, University of Chicago Press, 1996).

Según Obeyesekere, dice sahlins, “I am seen competing favourably with Captain Cook for the title of principal villain. This pamphlet is my answer to the honour. Initially, I admit, it seemed unnecessary to reply, given that a serious reader would most probably conclude about Obeyesekere’s anthropological reasoning and his misuses of historical documents (not to mention his inventions of my work on Hawaii). More importantly by the time Obeyesekere got through making ad hoc concessions to the historical data about Cook’s divinity, there was virtually nothing left of the thesis that it was Europeans, not “natives”, who apotheosized him. (…) Unfortunately, judging from the generality of responses to The Apotheosis of Captain Cook, what is left is a rhetorical politics as appealing as its scholarly arguments are defective. I had forgotten Borge’s warning that “the man does not esist who, outside his own speciality, is not credulous”. Hence this reply.
Por tanto, en esta obra Sahlins se defendía de los ataques de Obeyesekere. Postulaba, en líneas generales, que el verdadero etnocentrista era aquél, pues proyectaría sobre los nativos una racionalidad europea, degradando la propia de los nativos. Al considerar que de ninguna manera los nativos pensaron que Cook era Lono, Obeyesekere los habría retratado como unos intelectuales occidentales, rechazando sus modos de pensamiento, los cuales serían tan válidos como los de la racionalidad occidental. El meollo del asunto se reducía, pues, a la pregunta sobre si existía uno o más tipos de racionalidad. Para Obeyesekere sólo habría una racionalidad universal, compartida por colonizadores y colonizados, aferrándose a la occidental, y lo que es peor aún, la proyectaría sobre los nativos que supuestamente se proponía reivindicar, degradando sus propios modos de racionalidad; Sahlins sugeriría, en cambio, la existencia de múltiples racionalidades.
Y ahora, permítanme un desanso, volveremos otro día con Peter Burke….
Suecia and Ideas25 Mar 2007 08:09 pm
Jacques Rancière, Platón y la literatura
El rey le responde a Theuth:
“tú, que eres el padre de la escritura, le has atribuido una función opuesta a su función real a causa del orgullo que te inspira tu vástago. Aquellos que la adquieran dejarán de ejercitar su memoria y se convertirán en olvidadizos; se apoyarán en signos externos en lugar de en sus propios recursos internos” (Fedro)
Sofocado estaba hace unas semanas, con calores impropios. Así que no lo pensé ni un minuto cuando me invitaron a una escapada nórdica y aquí me tienen, dispuesto a refrescarme como un salmón, en tierras suecas. Debo el placer a Luka Arsenjuk, a quien conocí hace un par de años en mi visita a la Duke University, donde él estudiaba literatura y yo disfrutaba del campus. Ahora se dedica a la cosa del video o algo así, pero no ha abandonado la espesura de su formación posmoderna y americana. A la que llego, me encuentro un texto suyo en la recepción del bungalow, un ensayo sobre Rancière, nada menos, uno de los pocos pensadores que quedan en el hegáxono, de modo que estoy de nuevo hirviendo. Pongámonos a ello, a ver qué nos cuenta.

Para situar el pensamiento de Jacques Rancière, que se mueve dentro de una intersección que abarca la filosofía, la política y la estética, quizá nada mejor que confíar en sus propias palabras, dice Arsenjuk. En una entrevista realizada en el verano del 2000 por Davide Panagia para la revista Diacritics 30 (de la Johns Hopkins University Press) , Rancière describe su trabajo situándolo dentro del círculo que rodeaba a Louis Althusser (por si lo han olvidado, Rancière fue uno de los coautores del famoso Lire le Capital, aparecido en 1965), pero lo hace en términos de un desplazamiento, desde una lectura hermenéutica de los textos hacia una visión más afirmativa del lenguaje. Especialmente desde los acontecimientos de 1968, Rancière empezó a distanciarse de la crítica basada en la distinción sausseuriana entre la langue y la parole, la distinción entre las estructuras (inconscientes) subyacentes y el resto de planos (cultural, social, político) que son determinados por esas estructuras. Así pues, se ha alejado de esta clase de lectura basada en la sospecha y ha preferido un acercamiento que, por decirlo así, afirma lo que hay en la superficie. Ésta no se oculta, sino que se convierte en una escena en la cual se demuestran la creatividad y la eficacia de los juegos del lenguaje y de los actos de discurso. De este modo, estos últimos ya no se entienden como artefactos ideológicos o efectos superestructurales de alguna “causa ausente”, sino que, como actos, como gestos políticos en sí mismos, son capaces de reconfigurar la situación en la cual son enunciados.

Rancière ha basado su relato poético sobre la lengua y el discurso (poéticos en el sentido de la creación, de la formación) en la relectura de la crítica platónica a la escritura (Fedro), como también hizo Derrida en su Gramatología. La palabra escrita - la “palabra huérfana” la llama Platón - es siempre un elemento suplementario en lo referente al orden comunitario. Puede liberarse de una situación en la cual los roles apropiados de emisor y de destinatario, así como los límites de lo que puede ser dicho, estén estrictamente determinados. La palabra escrita se la puede apropiar cualquier persona. A diferencia de lo que ocurre con la elocución individual de la palabra hablada, que queda atada a “la lógica de lo apropiado”, la palabra escrita, en tanto que inesperada e inagotable, presenta lo que llamaríamos un cierto “exceso de extravío”, al menos en lo referente a ese mundo de roles cuidadosamente distribuidos, de tareas y de discursos que son asignados como pertenecientes a individuos y grupos que se consideran a sí mismos desempeñando esos papeles y esas tareas dentro del orden comunitario. Este exceso de palabras sobre cómo funciona y se distribuye aquello que es común, habitual, y que viene establecido por ese orden comunitario representa el poder igualitario del lenguaje -que Rancière llama literalidad-, la capacidad de perturbar los circuitos existentes de palabras, de significados y de lugares de la enunciación. Así se lo confiesa a Panagia: los “seres humanos son animales políticos por dos razones: primero, porque tenemos el poder de poner en la circulación más palabras, palabras inútiles e innecesarias, palabras que exceden su función de designador rígido; en segundo lugar, porque esta capacidad fundamental hacer que proliferen las palabras es incesantemente contestada por quienes piden que se hable correctamente”.
Espero que me perdonen, pero hasta aquí he llegado, no he podido continuar. Rancière es un autor que considero extremadamente interesante, tanto como oscuridad tienen algunos de sus párrafos (que no es el caso previo, pero si lo que le sigue). Así que leerlo a través de Arsenjuk es un doble desafío para el que no estaba preparado. A cambio, me he decidido a comprar el último número de la revista en el que estaba publicado ese ensayo. Se llama Fronesis y, claro está, es sueca, compuesta en la bellísima localidad de Malmö. Su ejemplar más reciente, el 22/23, lleva el título de Liberalismo y en él se incluyen textos, entre muchos otros, de Michel Foucault, sobre el nacimiento de la biopolítica, de John Dewey, sobre el futuro del liberalismo, y dos del amigo Rorty, uno sobre identidad moral y autonomía privada, otro sobre Habermas, Derrida y las funciones de la filosofía. Pues eso, que me vuelvo, que en todos sitios cuecen habas y el bullir me persigue. Además, no acabo de descifrar el sueco como debería. Por si alguno de ustedes desea degustar a Rancière les recomiendo la reciente versión catalana de uno de sus mejores textos: Els noms de la història (PUV, 2005)
Aunque, para quienes ya conozcan lo anterior, les diré que hace unas pocas semanas ha salido en Francia su último libro (recopilatorio): Politique de la littérature (Editions Galilée). Viene a sostener, según dice su editorial, “que la política de la literatura no es la de los escritores ni la de sus compromisos. No se refiere tampoco a la manera en que éstos representan las estructuras sociales o las luchas políticas. La expresión “política de la literatura” supone un vínculo específico entre la política como forma de la práctica colectiva y la literatura como régimen históricamente determinado del arte de escribir. Este libro procura mostrar cómo la revolución literaria trastorna de hecho el orden sensible que sostenía las jerarquías tradicionales, así como por qué la igualdad literaria frustra toda voluntad de poner la literatura al servicio de la política o situarla en su lugar. Esta hipótesis se pone a prueba con algunos escritores: Flaubert, Tolstoï, Mallarmé, Brecht, Borges u algunos otros. Muestra también las consecuencias que de ello se derivan para la interpretación psicoanalítica, la narración histórica, o la conceptualización filosófica”.

Para mayor aclaración, les remito a una entrevista publicada en Le Monde hace unos días. En cambio, la reseña de William Marx para el mismo periódico tendrán que pagarla, pues ha transcurrido ya una semana y los del diario son muy celosos con estas cosas.
Para que no me lloren ni me retraigan haber informado tarde de la recensión, les diré que Marx argumentaba que hay dos maneras antagónicas de contemplar filosóficamente la literatura. Uno la puede tomar como palabra que trasciende las condiciones materiales de su enunciación y que se propone, en última instancia, ser como la voz misma del Ser: es la opción metafísica, la que ilustró Heidegger. Por el contrario, uno puede insistir en su necesaria sujeción a la existencia concreta, tomándola como expresión históricamente dada de una relación singular (la lengua y el mundo): la de un escritor, la de un movimiento estético o incluso la de la toda sociedad. Tal es el camino, concluye Marx, que ha escogido explorar Jacques Rancière, imponiéndose desde hace muchos años como uno de los principales pensadores de la cosa literaria… Exigente como siempre, esta reflexión se centra a veces en escritores esenciales (“Mallarmé : la politique de la sirène”, 1996) y a veces asciende a consideraciones generales sobre la historia de la literatura, como en el ensayo fundamental sobre “La Parole muette” (1998). Dos puntos de vista que están coordinados con un rigor notable a lo largo de esta recopilación, que reúne una decena de textos, el más antiguo de los cuales está fechado en 1979.
Aprovechen si pueden, que Rancière, Badiou y algunos otros (muy pocos) son los últimos intelectuales de verdad que quedan en el Hegágono.
Historia23 Mar 2007 12:29 pm
La historia (en tránsito)
Acaba de aparecer la traducción del libro de Dominick LaCapra History in Transit: Experience, Identity, Critical Theory (Ithaca, Cornell University Press, 2004). El favor se lo debemos, como en tantas otras ocasiones a la editorial mexicana Fondo de Cultura Económica: Historia en tránsito. Experiencia, identidad, teoría crítica. No voy a resumirles su contenido, pues dispongo de él y puedo reproducir sus primeras palabras:
“La historia siempre está en tránsito, aun cuando ciertos períodos, lugares o profesiones alcancen ocasionalmente una relativa estabilidad. Ése es justamente el sentido de la historicidad. Y las disciplinas que estudian la historia -tanto la historiografía profesional como las otras disciplinas científico-sociales humanistas o interpretativas que se ocupan de ella- también están, en grado variable, en tránsito, dado que sus autodefiniciones y fronteras jamás son fijadas ni adquieren una identidad indiscutible. Desde una perspectiva histórica, la sola idea del fin de la historia podría parecer un absurdo ahistórico. Sin embargo, también podría aludir a la esperada o temida, utópica o distópica, trascendencia de la historia en algún más allá intemporal o (post)apocalíptico, ya sea fuera del tiempo o siendo capaz de suspenderlo de algún modo si no de ponerle punto final. El tan mentado fin de la historia podría ser también un intento ideológico de permanecer fijados a una condición histórica existente determinada, como la economía de mercado y la limitada democracia política. En este sentido, aunque nos habla de una estructura fantasmática de deseo y de sus posibles efectos, se convierte en un síntoma cultural que se presenta como una teoría general -síntoma que testimonia el predominio de las sensibilidades postapocalípticas- cuando pretende conceptualizar la historicidad o los procesos históricos en general.

La historia en el sentido de historiografía no puede escapar a la situación de tránsito a menos que se niegue a sí misma rechazando su propia historicidad y se identifique con la trascendencia o la fijación. Esta condición transitoria afecta el significado mismo de la comprensión histórica; exige repensar continuamente lo que cuenta como historia, en el sentido dual de proceso histórico e intento historiográfico de dar cuenta de éste. Las nociones de tránsito y transición no implican un escepticismo relativista ni tampoco una teleología general de la historia o la historiografía, sino más bien la voluntad de repensar objetivos y presupuestos, incluyendo el significado mismo de la temporalidad como rasgo estructural de la historicidad propiamente dicha. Cualquier “defensa” de la historia que niegue o excluya la historicidad, incluyendo la historicidad de la disciplina histórica, equivale a un intento de inmovilizar la disciplina de manera que niegue o margine las fuerzas que componen su estructura internamente disputada y sus posibilidades o metas emergentes; también desnaturaliza defensivamente los encuentros dialógicos con voces y fuerzas que desafían su conformación actual. El encuentro dialógico con un desafío no sólo puede cambiar las prácticas históricas existentes; también puede conducir a repensarlas y a legitimar aquellas que soporten el análisis crítico, en ocasiones situándolas en una concepción más amplia de la comprensión histórica. La profesionalización conlleva el intento de estabilizar la comprensión histórica mediante límites normativos y por lo tanto plantea, a su manera, el problema (ético-político) de los límites normativos y de aquello que los excede, prefigurando quizás nuevas concepciones de la comprensión histórica y hasta de la disciplina de la historia en relación con otras disciplinas y emprendimientos intelectuales, como aquellos representados por las humanidades y las ciencias sociales”.

El autor expresa, además, que uno de sus objetivos es esclarecer el concepto de experiencia, sobre todo en lo que atañe a la comprensión histórica. Le interesa, en particular, cómo esta preocupación ha propiciado otra forma de lectura de los archivos, al interrogarse por cómo se forma y se conserva la experiencia, al rastrearla en grupos aparentemente sin voz. De ahí, añade, que se haya prestado tanta atención a la microhistoria, ya sea en el estudio de grupos humanos como el aclamado Montaillou, de Emmanuel Le Roi Ladurie, o el potentísimo y no debidamente reconocido La Posesión de Loudun, de Michel de Certeau, ya sea tomando la experiencia de un solo individuo, como el hoy famoso caso del otrora mudo y nada glorioso Menocchio en El queso y los gusanos, de Carlo Ginzburg.

Ahora bien, a quienes no baste la lectura posmoderna de la historia, nada más fácil que adquirir en la misma FCE la reluciente reedición de Los Reyes Taumaturgos de Marc Bloch. Pura delicia clasica y moderna para espíritus pasados y pretéritos.

USA and Historia21 Mar 2007 09:54 am
Los historiadores y la guerra, cuatro años después…
Sin comentarios
The New York Review of Books, Volume 54, Number 4 · March 15, 2007 HISTORIANS TAKE A STAND
By Alan Dawley and over 150 other historians
To the Editors:
On January 6, 2007, the business meeting of the American Historical Association passed an unprecedented resolution condemning recent government attacks on the free pursuit of historical knowledge. The resolution has been supported by more than one hundred fifty scholars and is subject to ratification by the association’s full membership in electronic voting March 1–9, 2007.
Resolution on United States Government Practices Inimical to the Values of the Historical Profession
Whereas the American Historical Association’s Statement on Standards of Professional Conduct emphasizes the importance of open inquiry to the pursuit of historical knowledge;Whereas the American Historical Association adopted a resolution in January 2004 reaffirming the principles of free speech, open debate of foreign policy, and open access to government records in furthering the work of the historical profession;Whereas during the war in Iraq and the so-called war on terror, the current Administration has violated the above-mentioned standards and principles through the following practices: excluding well-recognized foreign scholars; condemning as “revisionism” the search for truth about pre-war intelligence; reclassifying previously unclassified government documents; suspending in certain cases the centuries-old writ of habeas corpus and substituting indefinite administrative detention without specified criminal charges or access to a court of law; using interrogation techniques at Guantánamo, Abu Ghraib, Bagram, and other locations incompatible with respect for the dignity of all persons required by a civilized society;
Whereas a free society and the unfettered intellectual inquiry essential to the practice of historical research, writing, and teaching are imperiled by the practices described above; andWhereas the foregoing practices are inextricably linked to the war in which the United States is presently engaged in Iraq; now, therefore, be it Resolved, that the American Historical Association urges its members through publication of this resolution in Perspectives and other appropriate outlets: to take a public stand as citizens on behalf of the values necessary to the practice of our profession; and to do whatever they can to bring the Iraq war to a speedy conclusion.
Alan Dawley, College of New Jersey
Ervand Abrahamian, CUNY Baruch College
Michael Adas, Rutgers University
Benjamin Alpers, Oklahoma University
David Applebaum, Rowan University
Chris Appy, University of Massachusetts
Armen Baghdoyan, Independent scholar and historian
David Barber, University of Tennessee at Martin
Michael Batinski, Southern Illinois University
Rosalyn Baxandal, SUNY College at Old Westbury
Marc Becker, Truman State University
William Beik, Emory University
Thomas Bender, New York University
Lyn Bennet, Utah Valley State College
Joyce Avrech Berkman, University of Massachusetts, Amherst
Ira Berlin, University of Maryland
Magnus T. Bernhardsson, Williams College
Tracey Jean Boisseau, University of Akron
Eileen C. Boris, University of California, Santa Barbara
Constance Brittain Bouchard, University of Akron
Joye Bowman, University of Massachusetts
Renate Bridenthal, Brooklyn College (Emerita)
Ron Briley, Sandia Prep
Joan Louise Bryant, Rowan University
Shefali Chandra, University of Illinois, Urbana
Celia Chazelle, The College of New Jersey
Fredric Cheyette, Amherst College
John H. Coatsworth, Harvard University
Bruce Cohen, Worcester State College
Miriam Cohen, Vassar College
Stephanie Coonts, Evergreen State College
Frank Costigliola, University of Connecticut
John M. Cox, University of North Carolina
Dan Czitrom, Mt. Holyoke College
Robert Darnton, Princeton University
J.D.E. Degroat, St. Lawrence University
Ileen Devault, Cornell University
Charles Dew, Williams College
Gregory Michael Dorr, Massachusetts Institute of Technology
Jay Driskell, Yale University
Roxanne Dunbar-Ortiz, California State University
Eileen Eagan, University of Southern Maine
Christine T. Ehrick, University of Louisville
Rosemarie Eichler, University of Akron
Carolyn Eisenberg, Hofstra University
Eileen Findlay, American University
John Fitzgerald, Longmeadow H.S., MA (Retired Dept. Chair)
Ian Christopher Fletcher, Georgia State University
Jerise Fogel, Winston Prep. School, NY
Eric Foner, Columbia University
Jeffrey Freedman, Yeshiva University
Tami Friedman, Brock University
Peter Frost, University of Mississippi
Irene Gendzier, Boston University
Marvin Gettleman, Brooklyn Polytechnic (Emeritus)
Nathan Godfried, University of Maine
Janet Golden, Rutgers University
Warren Goldstein, University of Hartford
Van Gosse, Franklin and Marshall University
Greg Grandin, New York University
Ann N. Greene, University of Pennsylvania
Robert Griffith, American University
Richard Grossman, Northeastern Illinois University
Atina Grossmann, Cooper Union
Jennifer Guglielmo, Smith College
Daniel K. Gullo, University of Chicago
Martin Halpern, Henderson State University
Michael Hanagan, Vassar College
John Mason Hart, University of Houston
Carla Hesse, University of California, Berkeley
John Higginson, University of Massachusetts
Reginald F. Hildebrand, University of North Carolina, Chapel Hill
Walter Hixson, University of Akron
David Hostetter, Shepherd University
B.T. Huntlye, Front Range Community College
Maurice Isserman, Hamilton College
Tony Judt, New York University
Tom Kaiser, University of Arkansas
Marion Kaplan, New York University
Michael Kazin, Georgetown University
Kevin Kern, University of Akron
Alice Kessler-Harris, Columbia University
Rashid Khalidi, Columbia University
Peter N. Kirstein, Saint Xavier University
Janet Klein, University of Akron
J. Morgan Kousser, California Institute of Technology
Michael Kwass, University of Georgia
Vinay Lal, UCLA
Fabio Lanza, University of Arizona
Bruce Laurie, University of Massachusetts
Jackson Lears, Rutgers University
Michael Levin, University of Akron
Nelson N. Lichtenstein, University of California, Santa Barbara
Peter Linebaugh, University of Toledo
Lester Little, Smith College
Jeff Livingston, California State University
Ngo Vinh Long, University of Maine
Thomas M. Luckett, Portland State University
Staughton Lynd, independent scholar
Henry Maar, California State University
Laura Mason, University of Georgia
Elizabeth McKillen, University of Maine
Jeffrey Merrick, University of Wisconsin
Richard H. Minear, University of Massachusetts
Carl Mirra, SUNY College at Old Westbury
David Montgomery, Yale University
Anna K. Nelson, American University
David Newbury, Smith College
Mary Nolan, New York University
Francis Oakley, Williams College
Enrique Ochoa, California State University
Arnold A. Offner, Lafayette College
Grey Osterud, independent historian and academic editor
Mark Overmyer-Velazquez, University of Connecticut
Maria Pascualy, Washington State History Museum
Roger Peace, Florida State University
Carla R. Petievich, Montclair University
Anne E. Phillips, Rowan University
Margaret M. Power, Illinois Institute of Technology
Jean Quataert, Binghamton University
Liam Riordan, University of Maine
Roy Rosenzweig, George Mason University
Peter Sahlins, Social Science Research Council
Neal Salisbury, Smith College
Martha Saxton, Amherst College
David Schalk, Vassar College
Sigrid Schmalzer, University of Massachusetts
Ellen W. Schrecker, Yeshiva University
Jeff Schutts, Douglas College
Joan W. Scott, Institute for Advanced Study
Scott W. See, University of Maine
Martin Sherwin, Tufts University
Sarah Shields, University of North Carolina
Shanti M. Singham, Williams College
Judith Smith, University of Massachusetts, Boston
David Snyder, Grand Valley State University
Hobart Spalding, CUNY (Emeritus)
Carole Srole, California State University Los Angeles
Ted Steinberg, Case Western Reserve University
Eric Strahorn, Florida Gulf Coast University
Lillian Taiz, California State University, Los Angeles
Baki Tezcan, University of California, Davis
Robert Tignor, Princeton University
Dale Van Kley, Ohio State University
William Van Norman, James Madison University
Mike Wallace, Gotham Center for New York City History
Chuck Walton, Yale University
David Watt, Temple University
Peter Weiler, Boston College
Jon Wiener, University of California, Irvine
Jocelyn A. Wills, City University of New York
Lawrence Wittner, SUNY Albany
Andrew Wood, University of Tulsa
John Womack, Harvard University
Marilyn B. Young, New York University
Ideas and Francia19 Mar 2007 10:10 pm
Tras la muerte de Jean Baudrillard
Con un poco de retraso, les informo del eco que ha tenido la muerte de Jean Baudrillard. En realidad, ya lo sabrán ustedes, padecía una enfermedad desde tiempo atrás y el desenlace no ha sorprendido. Falleció el pasado 6 de marzo en Paris, a los 77 años. Había nacido el 20 de julio de 1929 en la localidad de Reims (Marne) y fue muchas cosas, desde aquella primera ocupación como profesor de alemán en la escuela secundaria. De hecho, sus primeros trabajos fueron traducciones de Bertolt Brecht, de Marx y Engels y de Peter Weiss. Pero no es por eso por lo que se le conoce, sino por sus reflexiones filosóficas, que empiezan con la tesis que le dirige en 1966 Henri Lefebvre y que se titulaba Le Système des objets (Gallimard, 1968). Desde entonces se le ve ya como un sociólogo y, a partir de 1972, ejerce como tal en la Universidad de Paris-X (Nanterre), año en que se publica una de sus obras de mayor impacto: Pour une critique de l’économie politique du signe (Gallimard). Después vendrá el CNRS y un cargo de director científico en la Universidad de Paris-IX (Dauphine). Por lo demás, a esas dos obras citadas aún habrá que sumar otras muchas, aunque hay un par muy destacadas: La Société de consommation (Denoël, 1970) y Le Miroir de la production (Casterman, 1973). A partir de ese cuarteto es como uno pude decir que Badrillard puede ser (in)comprendido.
Con tal bagaje no es de extrañar que la prensa francófona haya rendido un sentido tributo a este crítico y ensayista. Le Figaro, por ejemplo, titulaba Libertaire plutôt que doctrinaire, Jean Baudrillard était l’anti-Bourdieu, oponiendo a dos de los grandes mandarines extintos del Hegágono. Más aún, en otra de sus crónicas le llamaba banderillero (Baudrillard, banderillero des grands chemins), en un sentido ligeramente parecido a lo que señalaba el suizo Le Temps, que rotulaba: Le pourfendeur d’images,. Más escueto ha sido Le Nouvel Observateur, con una simple nota de agencia: Décès du philosophe Jean Baudrillard.
Como en otras ocasiones, la palma se la han llevado los rotativos Libération y Le Monde. El primero le rendía tributo con Jean Baudrillard au-delà du réel. Es decir, el sexo, el lenguaje, los signos, el màrketing o la guerra…, nada habría escapado al análisis paradógico de Baudrillard, de ahí que se añadiera un dossier muy completo: Les cibles de Baudrillard dans «Libération»; Aphorismes, polémique et mémoires; Contre Foucault; Le tournant postmoderne; Quatre livres fondateurs; y Allégresse.
Si no tienen bastante con lo anterior, pueden ver el segundo rotativo. Allí pueden encontrar ustedes una cumplida necrológica, una revista de prensa más amplia que ésta con título significativo (L’hyperréalité est morte, vive l’hyperréalité), una entrevista a Paul Virilio (Il entrevoyait la défaite des faits), la reedición de “L’esprit du terrorisme” un texto que Jean Baudrillard publicó en Le Monde el 3 de noviembre de 2001 tras los atentados del 11 de septiembre) y alguna cosilla más (Le photoreportage en son miroir).
En fin, entre tanto incienso también se ha visto a algún barquero acarreando sus verdades. La nave más atrevida quizá haya sido le pilotada por la revista Têtu, publicación del movimiento homosexual: “Il s’agissait en réalité de livres fort rétrogrades. Son œuvre est d’un bout à l’autre marquée par un point de vue profondément réactionnaire qui s’exprime, notamment, dans ses jugements contre la technique, le féminisme, l’art contemporain ou l’homosexualité. Il a par exemple qualifié le sida d’«épidémie d’autodéfense» de la nature contre l’homosexualité, elle-même assimilée à une «dilapidation sexuelle de l’espèce», et affirmé : «Celui qui vit par le même périra par le même» (Ecran Total, Galilée, 1997, p. 12). De telles déclarations ne l’ont jamais empêché d’être applaudi par toute la presse de gauche”.
General13 Mar 2007 12:55 pm
Fallas

Pues eso, que voy a fallar unos cuantos días. Nuestro querido Ayuntamiento ha clausurado momentáneamente la quietud, el sosiego y la reflexión en beneficio del insigne petardo y sus variados efectos. Que aproveche!
Alemania and Ideas and Historia and General12 Mar 2007 10:39 am
FASCISMO
A veces el azar juega lo suyo. Resulta que empecé la semana pasada con los diarios de Mussolini y la peritación de Emilio Gentile y ahora mismo llega a mis ojos la publicación que regularmente edita el Hamburger Institut für Sozialforschung. Vean ustedes mismo la casualidad.
El nuevo número de esta revista, rotulada Mittelweg 36, reúne a importantes teóricos contemporáneos del fascismo y entre ellos está el historiador italiano, nuestro amigo Gentile, con un texto que pretende ofrecernos una definición del tema con una clara orientación analítica. Nos ofrece, en efecto, algunos referentes obligados dentro de un campo de estudio que, a su juicio, ha ido perdiendo un tanto el rumbo. Con la desaparición de lo tabúes que sigue al derrumbamiento de la URSS ha habido una “tendencia a sustituir el paradigma antifascista tradicional por un nuevo anticomunismo”, dice el historiador. Alternativamente, esto ha traído “una nueva ecuación ideológica entre fascismo y bolchevismo”. Esta ecuación ha producido interpretaciones “que plantearían entender el fascismo como una forma herética de marxismo, como comunismo defectuoso”. Sin embargo, “fascistas tales como Mussolini, que venía de la izquierda revolucionaria, no eran heréticos, sino ateos, y negaban radicalmente la idea misma de marxismo subyacente y el socialismo internacional igualitario”. Tales interpretaciones son parte del uso inflacionista de una definición “genérica” de fascismo, que incluso se aplica a los que “nunca se identificaron a sí mismos como tales o incluso se oponían a tal asociación”. Gentile también reformula al carácter totalitario del fascismo, reafirmándolo, un aspecto éste desacreditado por Hannah Arendt y por otros cuando el concepto del totalitarismo “se convirtió en parte del arsenal propagandístico de la guerra fría”. Gentile lo describe “como un laboratorio en el que se realiza un experimento sobre la revolución antropológica (…). Yo definiría, pues, el totalitarismo como un experimento y no como un régimen, para (…) acentuar así su carácter dinámico – el totalitarismo es un proceso perpetuo que no se puede considerar como completo en ningún momento de su realización”.


La revista ofrece en sus más de cien páginas otros textos, como no podía ser de otro modo. Reproduce, por ejemplo, el capítulo introductorio del volumen del sociólogo de la UCLA Michael Mann, titulado Fascists (2004); el texto seminal de su colega Robert O. Paxton sobre “Las cinco etapas del fascismo” aparecido en 1998 en The Journal of Modern History y luego reformulado en su The Anatomy of Fascism (2004), traducido entre nosotros por Península un año después; Sven Reichardt, reputado profesor de la Universidad de Konstanz, aporta, por su parte, nuevas direcciones en la investigación comparada sobre el tema y, finalmente, el británico Mark Roseman relata la resistencia socialista al régimen nazi en la región del Ruhr.
Qué suerte para los que sepan alemán y puedan pillar la publicación!
He aquí el índice del número de Mittelweg 36 de febrero/marzo de 2007.
General09 Mar 2007 07:18 pm
Los diarios de Mussilini (III)
Tercero. Cuestiones gramaticales e incongruencias

Continuemos con el diario de Mussolini. Hay en ellos, dice Gentile, “una così frequente concordanza”, la cual “potrebbe esser spiegabile con l’ipotesi della ‘autenticità postuma’, immaginando cioè un Mussolini che scrive o riscrive i suoi diari durante la Seconda guerra mondiale, rinfrescandosi la memoria con la lettura dei giornali o utilizzandoli per ricostruire lo svolgimento dei suoi viaggi e delle sue visite”. En este caso, “se fosse dimostrata la validità di tale ipotesi, ci troveremmo di fronte alla realtà di un Mussolini il quale, per compilare ‘a posteriori’ le sue note, non solo si sarebbe avvalso ampiamente della stampa dell’epoca, ma avrebbe addirittura commesso veri e propri plagi, copiando o parafrasando le cronache dei giornali. Tuttavia anche sposando questa ipotesi, resterebbero comunque “inspiegabili altre numerose anomalie”, y hay varios ejemplos. El Edoardo citado el 3 de diciembre de 1935, se llama Leonardo. Mario Stoppani aparece el 3 de julio de 1938, pero se llama Antonio. El Hegel que en el diario habría “iniziato il movimento popolare” junto con Marx, no es otro que Engels. El Niezsche del 10 de octubre 1939 se escribe Nietzsche, etc.
Y luego están las que Gentile denomina “discordanze cronologiche”. Un torrente de inexactitudes inunda los cinco diarios. La visita al Duce de la “professoressa Elisabetta Hazelton Haight”, por ejemplo, que aparece en la agenda como ocurrida el 6 de junio de 1935, tiene lugar el dia anterior (”la nota”, señala Gentile, “riproduce quasi letteralmente il comunicato pubblicato dalla stampa del 6 giugno”). Lo mismo vale para la anotación “Vado a Modigliana”, incluida en los diarios como acaecida el 23 de julio 1935, cuando realmente se refiere al 22 de julio. En cuanto al discurso que el cardenal Schuster habría pronunciado en el Castello Sforzesco de Milan, señalada en la agenda el 25 de febrero de 1937, ocurrió el 26 de octubre siguiente, “come risulta dalla cronaca del ‘Corriere della Sera’ e del ‘Popolo d’Italia’”.
¿Errores veniales? ¿Descuidos inocentes? No lo cree así Gentile. Por eso, como refuerzo de su escepticismo, incluye en su análisis una serie de hechos que desmienten la autenticidad de los diarios Lo que se contiene el 13 de febrero de 1935, por ejemplo, supone admitir que Mussolini va “in incognito” a un espectáculo. Pero si uno lee el periódico Il Messaggero del 14 de febrero de 1935 se encuentra una cosa bien distinta: “Al termine dell’inno, coristi e pubblico rivolti verso il palco ove era il Duce, gli hanno tributato una calorosissima manifestazione prolungatasi per vari minuti”. Así pues, de incógnito poco. Más sorprendente si cabe es la anotación del 16 de junio de 1935, donde el presunto Duce escribe que sus “meditazioni vengono interrotte dalla visita dell’elegante e festaiolo Prezzolini”. Una versión que no se sostiene, como demuestra Gentile, porque Prezzolini fue recibido el dia anterior, por lo que parece bastante “strano che apparisse ‘festaiolo’, se in quella stessa occasione, come sappiamo da testimonianza dello stesso Prezzolini, questi diede a Mussolini la notizia della morte del figlio Alessandro”.
Corolario
Terminemos con el repaso que de los diarios de Mussolini hace el amigo Gentile. “In conclusione”, dice Gentile, “sulla base degli esempi e degli argomenti esposti, e in mancanza di altre inconfutabili o più convincenti prove della effettiva autenticità dei diari, a mio avviso permangono fondati motivi per dubitare che il loro autore sia stato Benito Mussolini”. No solo por las numerosas incongruencias que Gentile ha hallado analizando los diarios, sino por el retrato que del dictador ofrecen esas páginas: “Il Mussolini dei diari”, concluye Gentile, “si presenta come un uomo alquanto romantico e sentimentale, quasi crepuscolare, che ama annotare intime impressioni, emozioni stati d’animo, vagheggiamenti e desideri. È un uomo solo, solitario, misantropo, padre e marito affettuoso, che tesse spesso le lodi della moglie per il suo carattere e la sua saggezza, anche se non mancano allusioni o velati accenni ad avventure extraconiugali con altre donne, e che soprattutto predilige la famiglia e la quiete famigliare”. En fin, todo un conjunto de rasgos que, según el historiador italiano, son “del tutto opposti al personaggio storico, che proiettava pubblicamente di sé l’immagine di un uomo che seguiva quotidianamente la massima ‘vivere pericolosamente’”. Es decir, se crea la imagen “di un uomo politico che è quasi un Duce riluttante, spesso in contraddizione con il capo politico e il personaggio pubblico quale appare da altri documenti, dai diari e dalle memorie dei suoi più intimi collaboratori”. En resumidas cuentas: un material que hay que tomar con finas pinzas y guantes bien esterilizados.
Pero, frente a escépticos como Gentile, el diputado Dell’Utri, blandiendo los papeles, responde con desdén. Acepta la perplejidad de los historiadores, pero asegura que la autenticidad está asegurada por expertos grafólogos. “Per la loro pubblicazione si attende la liberatoria degli eredi. Per ora sono nella cassaforte di un notaio”, ha sentenciado.
Yo diría que se avecina una auténtica batalla de grafólogos. Me han dicho que se están armando y que se dirimirá incluso el honor nacional.
Entrevista a Gentile: http://speciali.espresso.repubblica.it/attualita/mussolini/gentile.mp3 Los diarios:http://speciali.espresso.repubblica.it/attualita/popup_mussolini/popup.html
Italia and Historia07 Mar 2007 02:38 pm
Los diarios de Mussolini (II)

Segundo. Del arte de la copia
Prosigamos con la peritación de Gentile. A lo ya expuesto, hay que añadir otra característica, la presencia “di prolissi resoconti dei frequenti viaggi fatti dal Duce in varie regioni d’Italia, annotati fin nei minimi dettagli, con l’elencazione dei singoli paesi, villaggi e borghi incontrati lungo il percorso, e persino con l’indicazione delle svolte, delle salite e delle discese, fino alle soste per la merenda”. Y no menos curiosas “sono le note che descrivono le visite del Duce a stabilimenti, cantieri, fabbriche, opere in costruzioni, delle quali sono citate sempre, con ostentata pignoleria, le dimensioni, le caratteristiche tecniche e le funzioni”. Esto podría “avvalorare l’ipotesi dell’autenticità”, dice Gentile, “nel senso di un’autenticità postuma”. Pero, a pesar de lo que parece, para él son una “fonte della maggiore perplessità sull’autenticità dei diari, a causa della frequente concordanza, spesso letterale, fra il testo delle agende e le cronache dei giornali che trattano gli stessi avvenimenti”.
Por ejemplo, le sorprende una descripción que se halla el 20 de febrero de 1935: “Esteso l’impianto aerodinamico riunito con un grande fabbricato dove vi sono sei gallerie del vento”. “Una avente 4 metri di diametro con una potenza soffiante di 13 cavalli e una velocità del vento di 360 km l’ora. 4 gallerie di due mt. di diam. con potenza soffiante di 450 cavalli e una galleria verticale di 3 mt. di diam. con potenza soffiante di 80 cavalli alta circa 30 metri. La galleria verticale (di cui esistono solo 3 esemplari al mondo) permette di studiare il comportamento dell’aereo in perdita di velocità in vite e altre manovre acrobatiche”. Lo que ocurre es que ese mismo día se podía leer en el periódico Tribuna lo siguiente: “Non meno importante è l’impianto aerodinamico riunito in un grande fabbricato. In complesso ci sono sei gallerie del vento: una avente 4 metri di diametro con potenza soffiante di 1.300 cavalli e velocità massima di 360 chilometri all’ora; quattro di diametro di due mt. con potenza soffiante di 450 cavalli cadauna, e una verticale, di tre metri di diametro con potenza soffiante di 80 cavalli alta circa 30 metri. La galleria verticale di cui esistono al mondo soltanto tre esemplari, permette di osservare e studiare il comportamento dell’aeroplano in ‘perdita di velocità’ in vite e altre manovre acrobatiche”. Impresiona la similitud y crea perplejidad, arroja dudas infinitas.

Continuemos con la lectura del diario y vayamos ahora al 27 de agosto de 1936: “Sul fianco del ripidissimo costone che precipita nella valle si aprono centinaia di abitazioni troglodite. Siamo indietro almeno di diecimila anni! I vecchi governi anche quando ebbero uomini della Lucania non si occuparono di questa regione che è l’immagine della miseria (…) Il ’sasso’ dovrà sparire e rimanere soltanto un’attrattiva per turisti”. Bien, no está mal. Ahora comparemos esa anotación con una crónica aparecida dos días después en el Corriere della Sera: “Sui fianchi del ripidissimo costone che precipitano a valle - vera bolgia dantesca - si aprono centinaia di abitazioni trogloditiche”, c’è scritto. “I vecchi Governi, anche quando ebbero a capo uomini della Lucania, evitarono sempre di occuparsi di questa dolorosa bruttura (…) fino a quando l’intero ’sasso’ sparirà e rimarrà soltanto come una attrattiva per i turisti”.
¿Qué me dicen?
Italia and Historia05 Mar 2007 02:13 pm
Los diarios de Mussolini. Opereta en tres actos (I)

Ya saben lo que se cuece en Italia, los supuestos diarios inéditos de Mussolini. Aquí también ha llegado la cosa. Yo lo leí en El País, donde se decía: “A los 62 años de la ejecución de Mussolini, el senador italiano Marcello Dell’Utri, de la derechista Forza Italia, el partido de Silvio Berlusconi, reveló el pasado sábado en Udine que estaba en posesión de esos cinco cuadernos, que habrían sido llevados clandestinamente a Suiza por uno de los partisanos que participaron en el arresto y ejecución del Duce. Los documentos, actualmente bajo custodia notarial en un banco de la ciudad suiza de Bellinzona, arrojarían (de ser auténticos) una nueva luz sobre el pensamiento político del líder fascista italiano. El fragmento que más polémica ha creado es el que reza así: “No podemos y no debemos tomar las armas, que de todas maneras no tenemos”, lo que hace pensar que Mussolini era contrario a la entrada de Italia en la guerra, a pesar de haber firmado acuerdos con Hitler poco antes”.
Para esclarecer el entuerno, se puesto a ello uno de los máximos expertos del mundo de la mussolinologia, si se me permite la expresión: Emilio Gentile. Se trata de un prestigioso profesor de historia contemporánea de la Universidad de La Sapienza, la de Roma.
A su juicio, y es relevante, esos textos sólo se pueden calificar como un auténtico bluff. No los escribió el Duce, de eso está seguro: “Permangono”, excribió para L’espresso ya a finales de 2005, “fondati motivi per dubitare che l’autore delle cinque agende sia stato Benito Mussolini”. Gentile estudió los diarios durante dos meses a raiz de que en novembre de 2004 fueran ofrecidos a esta publicación por Maurizio Bianchi, hijo del partisano que los habría conseguido el 27 de abril 1945 en la localidad de Dongo, tras la captura de Mussolini. Como recordatorio, ahora que la cosa ha explotado, Gentile resume lo estrafalario y clamoroso de la falsificación.

Primero: “Nomi errati ed errori grammaticali, discordanze cronologiche, incongruenze e inesattezze”. Incluso hay partes que parecen tomadas de las crónicas periodísticas de la época. “Una prima lettura mi ha dato un’impressione generale di unità e coerenza, sia per lo stile che per il contenuto dei cinque diari, tali da far pensare che siano stati scritti dalla stessa persona, anche se il tono, il contenuto e la lunghezza delle annotazioni variano a seconda degli anni. (…) Non sono tuttavia emersi motivi sufficienti per formulare subito un giudizio sull’autenticità o meno”.
Para hacer bien las cosas, Gentile señala que emprendió su análisis “non per campioni o periodi particolari”, sino siguiendo de forma meticulosa “giorno per giorno le annotazioni”. De esa forma, ha podido confrontar “le note dei diari con il maggior numero possibile di fonti edite (documenti, diari, memorie) e di opere storiografiche sulla vita di Mussolini e sulle vicende del periodo cui si riferiscono i diari”. Por otra parte, ha comparado “quotidianamente, per tutto il periodo compreso fra il 1935 e il 1939, gli avvenimenti pubblici, gli eventi di cronaca, e anche, dove possibile, le condizioni meteorologiche con analoghe notizie della stampa coeva”. Y todo ello ayudándose de la “lettura incrociata di vari giornali e riviste come ‘Il Popolo d’Italia’ e il ‘Corriere della Sera’, il ‘Messaggero’ e la ‘Tribuna’, ‘La Stampa’, e ‘Gerarchia’, fino a ‘La rivista illustrata del Popolo d’Italia’ e gli ‘Annali del fascismo’. Verificando, nei punti ancora ambigui, con la documentazione dell’Archivio centrale dello Stato”.
De todo lo anterior, extrae el profesor Gentile un juicio que no puede ser más drástico: “Dal punto di vista della novità e dell’originalità”, insiste, “questi diari non presentano un contenuto documentario particolarmente nuovo e originale per la biografia di Mussolini”, ni tampoco “per la storia del periodo di cui fu protagonista”. Hay aquí y allá datos sacados “da altri diari e memorie di protagonisti del regime fascista, come ad esempio i diari di Galeazzo Ciano, Giuseppe Bottai e altri collaboratori del Duce, sia nella politica interna che nella politica estera”. Además, “si è riscontrata in queste agende una singolare mancanza di note su momenti, aspetti e figure che ebbero sicuramente un significato e un ruolo molto importante nella vita politica di Mussolini”. Por si fuera poco, uno no observa “mai un resoconto dettagliato o citazioni testuali dei numerosi colloqui che Mussolini ebbe con il re, né vi sono altre notizie che permettano di avere una più ampia conoscenza delle relazioni fra la monarchia e il regime fascista, a parte alcune considerazioni sul problema della ‘diarchia’, cioè sui rapporti fra il re e il Duce, che tuttavia nulla aggiungono a quanto già noto da altre fonti, a cominciare da scritti e dichiarazioni dello stesso Mussolini”.
Finalmente, hay un aspecto curioso: “il carattere prevalentemente descrittivo e impressionistico delle annotazioni sullo svolgimento di eventi di grande rilievo della politica di Mussolini, come gli incontri di Stresa e di Monaco, e i viaggi del Duce in Germania e di Hitler in Italia”. Es decir, en pocas palabras: “spesso di minimo interesse e di scarso significato”.
Otro día, más
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