Febrero 2007
Monthly Archive
Alemania and Ideas25 Feb 2007 07:53 pm
Guía del ateísta
Versículo

Queridos hermanos en el Señor, presentamos hoy la revista Merkur, alemana por más señas. Se trata de un veterano mensual fundado en 1947, que se define como intelectualmente liberal e irónico. No es, desde luego, una publicación académica, sino una revista cultural de amplio especto con sede ahora mismo en Berlín, y que está dirigida por Kurt Scheel y por el espléndido ensayista Karl Heinz Bohrer. Les diré que sobre este último señalan que es un esteta de los de antes, un impugnador de Adorno, alguien que desea regresar a los tiempos en los que verdad y experiencia estaban separadas, para reforzar la segunda.
Pues bien, les dejo con el último número, calentito (de febrero) Allí veran un artículo gratuito. He aquí la tortuosa sinopsis.
“En tiempos como los de ahora, con la religión de nuevo en primer plano, no parece superfluo que los ateos se rearmen y se llenen de argumentos. Porque cuando vienen las apreturas, es lógico que los ateos retrocedan”. Eso dice el profesor Burkhard Müller en esta revista, en un texto alemán que viene a ser la guía de supervivencia de un ateo, y lo hace sin acritud, pero tomándose el asunto muy en serio. Al fin y al cabo, hay cosas que un ateo no se puede permitir. El que se ve a sí mismo como tal, debe decirse: no estás en una posición superior a la de los animales antes que de que algo empezara a rondar por su cabeza, así que ¿realmente consideras que progresar es creer que toda la historia humana no es sino un embrollado recorrido que surge de las leyes físicas más primarias para, a la postre, volver a ellas? No parece fácil responder afirmativamente a esa pregunta. De hecho, añade Müller, el reino animal tiene algunas cosas que enseñarnos. La ética, por ejemplo.
Tomemos el caso de una mona, en cuyo cerebro no hay ningún apartado para la idea de Dios. Ésta adopta a un joven monito (algo que ocurre bastante a menudo) y entonces resulta que ella se comporta de forma más ética que cualquier creyente, al menos si éste lo hace para conseguir la salvación divina. Para dar crédito al creyente, no podemos asumir que la bondad natural sea tan inherente a él como al mono, más bien diremos que se engaña a mismo cuando piensa que debe atribuir sus virtudes naturales a Dios. Pero, sobre todo, es algo vigoroso, por lo que la fe de Müller consiste en lo siguiente: Dios es eso para lo que uno no debe ni puede buscar una explicación lejana, eso que simplemente está ahí. Pero si nos quedamos en lo visible y estamos preparado para reconocer su insuperable majestad, entonces hemos de admitir que estamos tratando con la inaccesibilidad del misterio primario, entre el temor y el autocontrol, cosa muy barata.
Para terminar, un texto de Bohrer, dentro de un conjunto muy interesantehttp://www.ucm.es/info/nomadas/goethe-merkur/Merkur_1_2003_spanisch.pdf
USA and Historia and General21 Feb 2007 08:06 pm
E. P. Thomson, Kolakowski, Tony Judt y Countryman
A vueltas con E. P. Thomson

No les pondré en antecedentes. Les dejaré leer el artículo que Tony Judt publicó en septiembre de 2006 con el título de Goodbye to All That? en el NYRB. El ensayo repasaba la publicación de un par de libros de Leszek Kolakowski aparecidos en inglés y un tercero de Jacques Attali sobre Marx. Aparentemente, nada que decir. La cuestión es que aprovechando que el Pisuerga pasaba por Polonia, vertió algunos comentarios ácidos sobre E.P. Thompson.
Pues bien, recientemente ha quedado demostrado que la cosa se dejó pasar, pero sin caer en el olvido. Así que, el 15 de febrero pasado, Edward Countryman utilizó esas mismas páginas para reprobar los comentarios de Judt, a lo que éste respondió sin miramiento.
Empecemos con el Sr. Countryman que, aun siendo profesor en la Southern Methodist University, es un admirador del trabajo de Thomson, como quedó demostrado en sus diversos libros sobre la “People’s American Revolution”.
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Me cuesta entender el tono, el contenido y el propósito del ataque de Tony Judt a E.P. Thompson en su revisión del trabajo de Leszek Kolakowski [ NYR, de septiembre el 21 de 2006 ]. La prosa de Judt es despectiva. Su innecesaria frase a propósito de Thomson (“leafy perch in Middle England”) se basa en algo que sólo unos pocos conocen, que tras dejar la universidad de Warwick compró una gran casa en las afueras de Worcester. Abundaron loss rumores sobre esa casa, incluyendo uno que decía que los criados le esperaban a él y a su esposa en la mesa. De hecho, estaba llena de libros y de gente.
Judt despachaba a Thompson diciendo que era un “priggish little-Englande”. Que es inglés en identidad y en estilo es indiscutible. Parte de la fuerza de su poderosa escritura historica era su total inmersión en lo que conocía -Inglaterra- pero alertando de continuo de que quien sólo conozca Inglaterra no la conoce realmente. Citando a Kolakowski, Judt convierte a Thompson en un proveedor del “sistema,” alguien que pretende resolver “all the problems of mankind in one stroke”. Thompson nunca fue un teórico. Por el contrario, desconfiaba profundamente de todos los esfuerzos que reducían la desordenada realidad humana a cualquier sistema. En el título del ensayo del mismo volumen donde está la carta abierta de Thompson a Kolakowski (Miseria de la Teoría), Thompson desmantela el sistema contemplativo del entonces a la moda Louis Althusser. ¿Era Thompson inglés y empirista? No question. ¿Eso lo hace autosuficiente o provinciano? En absoluto.
Thompson estaba perfectamente capacitado para la polémica. Por escrito y ante un auditorio, esa cualidad le dio buenos frutos. Pero podría exagerar y lo sabía, a la manera de sus héroes intelectuales, como Jonathan Swift, Thomas Paine, William Blake y William Morris. También sabía corregir sus errores. Cuando reeditó la carta a Kolakowski en Misería de la teoría se disculpó ante Kolakowski por su tono y por “writing what was in fact a very general argument (in which many others were concerned) in the form of a private meditation”. Thompson tenía seguidores, política e intelectualmente. Pero no era ningún “demagogue pompous” que jugaba a tener una “worshipful progressive audience”. Una medida de su verdadera posición es que cuando dirigía a estudiantes graduados insistía en que historiadores que no compartiera ni remotamente su política formaran parte del comité evaluador. Quizás Kolakowski haya mantenido su enojo con Thompson, soportando su estancia en All Souls hasta que pudiera vengarse. Puede que eso sea correcto, y Thompson habría sido el último en oponerse. Situándose en la tradición de Swift, de Paine y de Blake, se expuso exactamente a la clase de ataque, maleducado y ad hominem, que Judt ha emprendido de forma gratuita.
Pero si hablamos de política o de historiografía, Thompson era el menos sectario y el más generoso de los escritores. Judt sugiere que nadie que lea a Kolakowski se volverá a tomar a E.P. Thompson en serio. En esa afirmación, Thompson mismo parece experimentar esa “enormous condescension of posterity” que él precisó para rescatar la historia de la clase obrera inglesa. Los escritos políticos de Thompson forman parte del registro de la izquierda británica del siglo XX y su significado a largo plazo todavía no puede determinarse. Pero como historiador inspiró algunos de los mejores trabajos que conozco, en Inglaterra y en muchos otros lugares. Como persona, no está para nada cerca de la caricatura de Judt. Quienes lo lean (antes que rechazarlo o etiquetarlo) lo tomarán en serio durante mucho tiempo.

Contestación de Tony Judt: El Sr. Countryman se equivoca al suponer que al discutir a E.P. Thompson me beneficio del conocimiento de los “insiders”. Nunca estuve al tanto de los asuntos domésticos de Thompson. Nos saludamos solamente en una ocasión y fue, brevemente, en Los Ángeles. Mis observaciones están dirigidas a sus textos. El Sr. Countryman parece convenir en la abrumadora Englishness de Thompson. Yo, como contrapartida, concederé sin apuro que eso a menudo devino una ventaja.
Los libros de Thompson, sobre todo The Making of the English Working Class y Whigs and Hunters, logran lo mejor cuando escribe con seductora empatía de los free-born Englishmen de la Gran Bretaña del XVIII y de su mundo. “Las peculiaridades de lo inglés” -su respuesta de 1965 al famoso ensayo que Perry Anderson publicó en la New Left Review con el título de “Los orígenes de la presente crisis”- exhiben las cadencias y las preocupaciones de un William Cobbett de última hora. Aquí, y en su mofa a menudo hilarante del obscurantismo continental de Louis Althusser en Miseria de la Teoría (1978), Thompson dio buen uso al anglo-centrismo: preferir el sentido común a la dialéctica y el ejemplo histórico a las elucubraciones de la alta teoría.
Pero Thompson fue autoindulgente con su excesiva verborrea (self-indulgently garrulous). “Las peculiaridades de lo inglés” ocupa cincuenta y siete páginas impresas, mientras que en Misería de la teoría sólo el ensayo que da título al volumen abarca 206 páginas: habría sido el doble de eficaz con una cuarta parte. Y su perspectiva parroquial incluía a menudo un tono que no sólo era irritante y saintsimoniano (priggish and sanctimonious) sino también repugnante.

El 24 de abril de 1981, el New Statesman publicó una carta de un disidente checo, bajo el seudónimo de Václav Racek, que protestaba cortésmente contra la insistencia de Thompson (por entonces estaba con las cuestiones sobre el desarme) sobre el militarismo y la represión en el este y en el oeste. Racek sugería que en el este era algo peor y que el desarme mutuo apenas mitigaría la represión. Thompson respondió con un larga misiva (veinte columnas frente a las tres de Racek) y un condescendiente rechazo, comparando el “ingenuo” deseo de los disidentes checos por la libertad con su propia “defensa de libertades británicas”, aunque concediendo que teniendo en cuenta su mal informada inocencia “no es difícil entender porqué un intelectual checo puede pensar de esta manera”. Explicó que, en su ignorancia, esos disidentes se ” preocupaban de sus propias injusticias nacionales” y tenían así “una visión más alterada y parcial del mundo” que Thompson y sus colegas occidentales.
Dudo de que Leszek Kolakowski haya pensado sobre E.P. Thompson en los últimos treinta años, y mucho menos que esté enojado (”My Correct Views on Everything” fueron publicadas en 1974). Pero tal sugerencia dice mucho de esa perspectiva parroquial –como dice el Sr. Countryman’s - que atribuyo a Thompson: una perspectiva en la cual las disputas locales de la intraizquierda ocupan más tiempo y espacio que los progresos políticos en los países alejados y donde los historiadores asoman más que la propia historia. No me cuesta conceder que éste no es un defecto distintivo o exclusivo de los ingleses ¿Pero es o no es autosuficiente y provinciano? Desde luego que lo es.
Eso es todo, amigos, saquen sus propias conclusiones.
Ideas and Francia18 Feb 2007 10:13 pm
La polémica Bourdieu
Desde hace varias semanas, la familia de Pierre Bourdieu (1930-2002), así como sus fieles y sus amigos, estaban en vilo: ¿podían dejar pasar la provocación del lingüista Jean-Claude Milner, que cuestionaba seriamente la memoria del sociólogo, profesor del Collège de France? El pasado sábado 13 de enero, Alain Finkielkraut recibía al lingüista y filósofo Jean-Claude Milner y a la escritora Catherine Clément en su programa radiofónico Répliques, que emite France Culture. La emisión llevaba por título “La figure du juif de savoir”. Aquel día, Milner calificó de “libro antisemita” a los Les Héritiers. Les étudiants et la culture, una de las obras maestras de Bourdieu. Éstas fueron sus palabras: «J’ai ma thèse sur ce que veut dire “les héritiers” chez Bourdieu : “les héritiers”, c’est les Juifs […]. Je crois que c’est un livre antisémite». Pongamos el diálogo: - Jean-Claude Milner : - « Vous raisonnez, je veux bien que ce soit par référence à Bourdieu. J’ai ma thèse sur ce que veut dire “ héritiers” chez Bourdieu : les héritiers, c’est les Juifs ! »
- Catherine Clément (la voix souriante) : “Vous croyez ?”.
- Jean-Claude Milner : “Je crois que c’est un livre antisémite”.
- Alain Finkielkraut (amusé et vaguement gêné) : “Ah bon ? Ouh la la ! Ouh la la ! Ecoutez, comme vous le dites très très très brutalement, et peut-être faudra-t-il consacrer une une une autre émission à cette question… à cette question-là. Vous nous plongez dans une certaine…”
- Jean-Claude Milner : “Je… je laisse de côté ce point mais …”
- Alain Finkielkraut : “Oui oui, laissez-le de côté”.
En un texto colectivo publicado el jueves 8 de febrero en Liberation (Après Bourdieu, à qui le tour ?), varias figuras de la escena intelectual francesa, entre que se hallaban los historiadores Daniel Rocche y Roger Chartier, el antropólogo Françoise Héritier, el jurista Danièle Lochak o el filósofo Jacques Bouveresse, decidieron reaccionar finalmente contra unas observaciones que entendían “absurdes et ridicules” . Si se habían tomado algunas semanas en responder era por la gravedad del asunto, porque trataba de la memoria de un hombre y de la suerte de las ciencias sociales en Francia, y más generalmente del debate intelectual. No es casualidad, decían los firmantes, que la diana fuera un sociólogo y, lo que es más, un sociólogo crítico. Sería gracioso si el tema no fuera tan serio recordar que la sociología, desde sus orígenes (y recordemos que su padre fundador, Durkheim, era hijo de rabino) fue una “ciencia judía”. Sociólogo antisemita, ciencia judía, estos anatemas sólo revelan una cosa: las ciencias sociales, en cuanto revelan la realidad de los mecanismos sociales, son molestas. Por eso, tal injuria, que alcanza también a la persona de Jean-Claude Passeron, es “le symptôme de la vacuité du débat intellectuel et politique”. A falta de argumentos, se insulta. Pero, a fuerza de manejar la injuria, se trivializan los actos y las palabras realmente antisemitas. Publicado en 1964 por Minuit y escrito con Jean-Claude Passeron, los Héritiers ofrecía los resultados de una investigación estadística dedicada a analizar la composición social de los estudiantes y, en consecuencia ,a la reproducción de las élites. Bourdieu y Passeron intentaban demostrar que se descartaba ara la universidad a los niños provenientes de las clases populares en favor de los hijos de la élite, los cuales habían adquirido su “capital cultural” en el universo familiar“Pour les classes défavorisées, il s’agit purement et simplement d’une élimination”, escribían. ¿Se puede calificar esta investigación de “antisemita”, como hizo brutalmente Jean-Claude Milner en la radio?

Preguntado por Le Monde hace unos días, el lingüista hablaba de una “provocation qui vise à faire penser” y afirmaba no haber dicho nada de lo que tuviera que retractarse: “Si cela fait relire de façon sérieuse et loyale les textes de Bourdieu, alors je n’ai fait que mon devoir. Car le livre de Bourdieu a eu des conséquences néfastes pour tous les enfants d’immigrés qui réussissaient, et qui étaient sommés de s’interroger : “Est-ce que finalement, je ne me suis pas conformé à un système de domination ?”. La passion qui anime ce livre, c’est celle-là, même si je ne prête pas à Bourdieu d’intention xénophobe.”
El lingüista añadía: “Ce qui me frappe, chez Bourdieu, c’est une stylistique générale, une forme de rhétorique qui consiste à employer les mots d’une manière détournée : il appelle “héritiers” des groupes qui n’ont aucun héritage, “noblesse d’Etat” quelque chose qui n’a rien à voir avec la noblesse. Moi-même, je suis l’exemple type de ce qu’on appelle l’élitisme méritocratique ! Or de quoi suis-je l’héritier ? Mes parents n’avaient pas d’argent, et le français n’était pas leur langue maternelle !”
literatura and Francia15 Feb 2007 10:14 am
Todorov ve la literatura en peligro

“Toutes les méthodes pédagogiques sont bonnes, tant qu’elles ne transforment pas les moyens en fin et qu’elles cherchent, grâce à la littérature, à enrichir et à structurer l’esprit de l’être humain” (Tzvetan Todorov, La Littérature en péril, Flammarion, «Café Voltaire», 95 págs, 12 €)
Hay autores incombustibles y uno de ellos es, sin duda alguna, Tzvetan Todorov. El 2007 empieza para él como siempre, con un texto revigorizante, aunque corto, cuyo título es La Littérature en péril. Un volumen que, si no ando desencaminado, es el que hace la bonita cifra de treinta y cinco dentro de su nutrida producción. Hay en este libro una andanada contra quienes supuestamente ponen la literatura en peligro, contra aquellos profesores, críticos literarios y oras gentes de letras que reducen la literatura a juegos formales y que no ven otra cosa que “técnicas narrativas”. Y no es un defecto exclusivo de las mentes pensantes, pues el deterioro se cultiva desde la tierna infancia. La escuela es la inicial responsable, porque “on n’apprend pas de quoi parlent les oeuvres, mais de quoi parlent les critiques”, porque en aras del análisis formal los profesores descartarían estudiar su relación con el hombre y con el mundo: “on se demandera si Le Procès s’apparente au registre comique ou à celui de l’absurde, au lieu de chercher la place de Kafka dans la pensée européenne”. Así pues, entre unos y otros quedaría encumbrada una trilogía fatal, esa que formarían el formalismo, el nihilismo y el solipsismo.
Con tales armas, no harían sino desesperar al lector más entusiasta y ese resultado no sería extraño, pues precisamente es el entusiasmo lo que desespera a aquellos caballeros eruditos. He aquí, pues, el abismo que separa a aquéllos de éstos. El crítico y el especialista destilan conmiseración, mientras que los lectores buscan en una novela algo que dé sentido a su vida. En fin, dice Todorov, es necesario que la literatura devenga popular: “Non seulement [les] romans populaires ont amené à la lecture plusieurs millions d’adolescents, mais de plus ils leur ont permis de se construire une première image cohérente du monde, que, rassurons-nous, les lectures suivantes amèneront à nuancer et à complexifier”.
La crítica ha tratado con algo de respeto y un poquito de ironía esta nueva entrega del pensador franco-búlgaro, dadas las puyas que contiene contra esta profesión. Philippe Lançon, en la reseña que ha publicado Libération, puede ser un buen ejemplo. A su parecer, con este libro Todorov se ha incorporado a lo que podríamos denominar el coro de los suplicantes o llorones.
¿Es realmente cierto, se pregunta Lançon, lo que denuncia este pensador? La producción literaria contemporánea desmiente este tópico, concluye, algo que debería ser obvio incluso teniendo un conocimiento superficial de ese mundo. En Francia, por ejemplo, no cesan de publicarse novelas de todas las clases, cuya preocupación principal es relatar el mundo de una manera u otra. Atribuir, pues, a las críticas aparecidas en la prensa o en las revistas especializadas tal influencia sobre el trabajo de los novelistas es exagerar el poder de los unos y subestimar la imaginación de los otros. Ahora bien, continúa Lançon, Todorov es un universitario y mucho de los de ese círculo estudian tanto a los muertos que acaban viendo a los vivos con una perspectiva deformada, casi siempre nostálgica. Todorov no escaparía, pues, a ese timbre.
¿Significa eso que el libro de Todorov carece de interés? De ningún modo, sobre todo en la parte en que relata una breve meditación autobiográfica. Hay que recordar que Todorov estuvo vinculado en los años sesenta a Gérard Genette, uno de los pioneros de la crítica textual, con quien creó la revista Poétique bajo el estandarte clasificatorio del estructuralismo. Fue un trabajo fructífero, hasta el punto de que modificó y orientó los estudios literarios en Francia y, por extensión, en otros lugares. Por eso, no debe extranar que Todorov se pregunte: “Devrais-je me sentir responsable de l’état de la discipline aujourd’hui ?” Lançon no lo cree.
Todorov recuerda que comenzó a estudiar en la Bulgaria comunista: «Je me suis engagé dans une des rares voies qui permettaient d’échapper à l’embrigadement general. Elle consistait à s’occuper d’objets sans teneur idéologique; donc, dans les oeuvres littéraires, de ce qui touchait à la matérialité même du texte, à ses formes linguistiques”. Al llegar a Francia prosiguió este trabajo en contacto con el naciente estructuralismo, con una pretensión: “infléchir l’enseignement littéraire à l’université pour le libérer de la grille des nations et des siècles, et l’ouvrir à ce qui rapproche les oeuvres les unes des autres”. Fue eso lo que le hizo recordar siempre que la literatura le ayudó a vivir, porque le hablaba del hombre, porque le permitía comprender.
Todorov acaba reconociendo que los estudios a los que contribuyó en los sesenta han llevado a exagerar la importancia del sentido formal en los textos. Por tanto, sería necesario volver a reintroducir un poco de simplicidad, de humanidad y de contexto. Y tras ese breve comentario, Lançon concluye: “C’est juste, banal, d’un diagnostic un peu superficiel comme un préambule au livre profond qu’il écrira peut-être sur son rapport à la langue, ce tango éclairé et discret de formaliste humaniste”.
Para terminar, hemos de añadir que quizá la preocupación de Todorov sea ciertamente banal, pues las previsiones editoriales en Francia son de tal calibre que ha de haber necesariamente obras con las que colmar esa sed humanista. Por lo que se dice, entre enero y abril se publicarán un total de 542 nuevas novelas y ensayos, entre francesas y traducidas. Alimento no faltará. Entre todo eso, también han aparecido o aparecerán otras reflexiones sobre la literatura, como L’Art de raconter (Grasset) de Dominique Fernandez o Devenirs du roman (Naïve) de François Bégaudeau, así como obras tales como Place des pensées (Gallimard), en la que Richard Millet reflexiona sobre la obra de Maurice Blanchot, La Révolution (Gallimard) de François Furet, con prólogo de Mona Ozouf o el François Furet (Gallimard) de Ran Halevi.
Que ustedes lo disfruten
Enlace: Una entrevista cruzada entre Todorov y François Bégaudeau, novelista y profesor de francés
Francia and General12 Feb 2007 09:28 am
El futuro de las librerías (y de los libros)
Antes de empezxar, les ruego que hagan un poco de memoria y que recuerden una entrada anterior. Se titulaba “Entre col y col, un libro de Gallimard” y trataba sobre la voluntad de este último sello de llevar algunos de sus libros a los supermercados. Ahora ya estan en antecedentes sobre algunos de los grandes movimientos que se cuecen justo tras las cumbres pirenáicas. Vayamos, pues, a la novedad (que no lo es tanto)
Alain Kouck (Editis)
En los primeros días del pasado mes de diciembre, la primera librería virtual de Francia, que no es otra que Amazon, anunció haber firmado un acuerdo con el grupo Editis (el segundo en la Galia tras Hachette Livre) y con otros cinco editores (Michel Lafon, L’Ecole des loisirs, La Dilettante, Les Presses de Sciences Po y el grupo Eyrolles). “Chercher au cœur » se denomina el proyecto que les une, aunque en realidad es un programa informático gracias al cual sus clientes pueden consultar resúmenes e incluso buscar en el propio corazón de los libros que desean adquirir antes de realizar el pedido en firme. Eso significa digitalizar los volúmenes, algo que ni siquiera Google ha podido realizar con tranquilidad. Pero aquí se ha seguido otro camino y el viento parece soplar a favor. “Notre souhait, pendant cette période difficile, est de rechercher toutes les pistes qui permettront de faire vendre nos livres”, señalaba Alain Kouck, director général de Editis. “Nos clients sont de plus en plus souvent des internautes. Nous voulons leur fournir les outils qui leur permettent de consulter des extraits des ouvrages avec toutes les garanties pour les auteurs”. Jean-Pierre Tissier, director general de la casa Eyrolles, lo dejó igualmente claro: “Pour vendre le genre de livres, techniques et spécialisés, que nous éditons, la table des matières ne suffit pas. Le lecteur a besoin de savoir comment tel ou tel point technique est traité, et donc de feuilleter le livre, comme en librairie, avant d’acheter”. Como en una librería, eso es.


Como reacción al proyecto, el 14 de diciembre aparece publicada en Le Monde una tribuna con el expresivo título de “Les Librairies dans la tourmente“, que firman Christian Thorel, Jean-Marie Sevestre y Matthieu de Montchalin, libreros y vicepresidentes del SLF (Syndicat de la librairie française). Decididamente, dicen estos señores, son tiempos duros para los libreros independientes. Zarandeados por la crisis económica, maltratados por esa mutación urbana que privilegia los grandes centros comerciales de la perifería en detrimento de los viejos centros históricos, a menudo inaccesibles y anticuados, los libreros luchan, reciben el apoyo de los lectores, se modernizan incluso, pero están expuestas a un futuro incierto. La adaptación está siendo dura y más cuando el mundo empresarial se concentra e impone sus criterios. El el mundo editorial también, donde hay dos grandes monstruos: Hachette y Editis. Y no es que nos asusten, dicen, los retos. No tememos a la informática, ni a crear nuestros propios portales y vender por internet. De hecho, ya lo hacemos en muchos casos. Pero sin olvidar una cosa: « Nous sommes donc prêts à faire le pari que nous avons notre place pour longtemps encore dans le livre de papier, et pourquoi pas dans le monde gazeux du livre dématérialisé ». Apostamos a que el hombre del futuro no será esclavo de la pantalla, sino un ciudadano que transitará por las calles de nuestras ciudades y cuyos dedos seguirán pasando las páginas de los libros. Y creemos también que nuestros hijos sabrán preservar la presencia de las bibliotecas en sus casas.En suma, no tenemos miedo, pero estamos encolerizados. Durante los últimos años hemos chocado contra un muro de incomprensión por parte de editores y distribuidores cuando les hablamos de los problemas que engendran lo que consideramos que son unas condiciones de venta inadecuadas para las exigencias de nuestro comercio: “salaires trop bas dont la conséquence la plus grave est la désaffection pour le métier, charges de plus en plus lourdes, exigences d’équipements de plus en plus sophistiqués, capacité d’investissement en baisse. Durant ces cinq années, le commerce sur Internet s’est développé, exponentiellement, créant une concurrence jamais vue”.
Y a pesar de todo, a pesar de nuestras advertencias, aquí tenemos el acuerdo con Amazon. Se le ofrecen condiciones similares a las nuestras, pero sin las cargas que nosotros soportamos. Eso sí, para los libreros una “session de rattrapage, le 6 novembre, chez Hachette, où, après un long discours de Jacques Attali sur la fin du livre papier (sic!), il fut expliqué à l’assistance des libraires comment faire du commerce en imaginant des méthodes comparables à celles de la parfumerie!” Jamás creímos ser “amados” por otra cosa que no fuera la función que cumplimos, pero confiábamos en el contrato moral enunciado por Jérôme Lindon (quien fuera director de Éditions de Minuit y gran impulsor de la ley del precio único de los libros), ese que dice que no hay libros sin libreros. Quienes firmaron el acuerdo con Amazon han traicionado el contrato y la idea de Lindon. El resultado no será otro que el deterioro de la red de establecimientos independientes. 
Una semana después, el 20 de diciembre, François Gèze, alto responsable de La Découverte, replicó a los anteriores con otra tribuna, esta vez aparecida en LivresHebdo.fr: “L’enjeu, ce n’est pas Amazon, c’est l’amélioration de la productivité de la chaîne logistique du livre”, decía el encabezamiento de ese texto. Desde que ejerzo de editor, dice Gèze, sigue intacta mi convicción de que los libros no pueden existir sin librerías de calidad que los defiendan. Comparto, pues, la preocupación que señalaban aquellos colegas, pero no su veredicto, que me parece excesivo e incluso fura de lugar. Lo digo porque el acuerdo con Amazon no traiciona nada de lo que ellos dicen. El crecimiento del comercio por internet no es una amenaza, es una oportunidad para todos porque nos puede permitir hallar nuevos lectores. Es cierto que supone la penetración de “outsiders étrangers”, como Amazon, pero es falso afirmar que le hemos ofrecido condiciones similares a las que tienen las librerías tradicionales. Además, permitir a los compradores hojear unas páginas es algo bastante fútil; tanto más si advertimos que, al revés de lo que se piensa, el perfil de las tiendas en línea se parece cada vez más al de las grandes superficies, es decir, venden el superventas del momento, en detrimento del fondo. En fin: “Les librairies indépendantes sont donc plus que jamais nécessaires à la majorité des éditeurs et de leurs livres. Mais à l’heure où nous vivons tous une chute des ventes et une transformation des pratiques d’achat probablement irréversibles, ces libraires ne doivent pas se tromper de combat, ni d’ennemi”.


Sea como fuere, ahí no terminó la cosa. El pasado cinco de enero aparecían dos artículos en Le Monde des Livres. El primero (Nos livres continueront d’exister) lo firmaba Arnaud Nourry, director general de Hachette: el segundo (Pour l’avenir de la librairie) era obra de Claude Tarrène, de ediciones Diletante. Sin embargo, les ahorraré el resumen por esta ocasión. Sólo han de hacer clic y aparecerá en sus pantallas.
Como colofón les diré que el año ha sido malo para las ventas de libros en Francia, la peor de las últimas quince anualidades. Tal como ha publicado la prensa, ningún libro ha conseguido superar los 600 mil ejemplares vendidos (¡qué envidia!). Ha sido el año “sin”. Sin Astérix y sin Harry Potter, sin nadie que haya hecho saltar el registro millonario (como hicieron los anteriores y el Da Vinci en 2005). Parece, pues, que hay una erosión general del bestseller, porque la edición de bolsillo y el ensayo han tenido una leve mejora (y esto último gracias a la efervescencia política). En suma: los 53 títulos más vendidos suman la nada desdeñable cifra de 10 millones quinientos mil ejemplares vendidos, pero eso supone un 20% menos que en 2005, cuando las aventajadas obras de aquel curso despacharon 13,3 millones ellas solitas.
Reino Unido and Historia08 Feb 2007 08:16 pm
Ralph Samuel: Auge y caída del comunismo británico.
Ralph Samuel

“The Communist Party, in my recollection of it (I left the Party in 1956), was singularly free of what are known, in more conventional political formations, as ‘rows’. Succession struggles of a kind endemic in social-democratic parties were unknown, and indeed for the first ten years of its existence the Party had nothing resembling a Party leader. Political differences, so far from being envenomed by personal rivalries—the normal condition of the Labour Party—were suppressed for the sake of comradeship. If there were political divisions on the Executive Committee, the members did not know about them, nor would it have been conceivable for confidential reports to be leaked to the capitalist press—something which passes without comment today. Party proceedings, by comparison with those in the Labour Party, were exceedingly decorous. Leaders were not in the habit of claiming that they had been stabbed in the back (a melodrama latterly as common on the left of the Labour Party as it used to be on the right), they did not stage premeditated tantrums at the rostrum or walk off conference platforms in a huff, nor were delegates accustomed to yelling abuse from the floor. ‘Pride’, Deutscher remarks in his political biography of Stalin, ‘is not a Bolshevik virtue’”.
Cerremos el año ya fenecido. Vayamos en esta circunstancia a las Islas Británicas. Una de las efemérides más señaladas entre determinados círculos fue el décimo aniversario de la muerte de Raphael Samuel, que tuvo lugar el 9 de diciembre de 1986. Así pues, unos días antes de cumplirse una década del óbito apareció el homenaje: The Lost World of British Communism.

Se trata de un conjunto de textos recopilados para la ocasión en los que, desde la óptica de los ochenta, Samuel repasa lo que fue ese partido en los cuarenta (recordemos que lo abandonó en 1956 junto a muchos de sus colegas por las razones archiconocidas). Hay así multitud de anécdotas sobre cómo estaba organizado ese partido, sobre las estrategias que dispensaba el comité ejecutivo a sus bases, sobre la Internacional Comunista y sobre el control que ejercía Stalin. Todo muy rígido, como se ve en una de las comunicaciones que remite uno de los mandamases: “… Mrs Kingston, although she has passed party training, and is therefore a full member of the party, does not accept the materialist conception of history, and she believes that communism is founded on idealism and not on materialism … She is trying to form a group of people who think the same”. Al parecer, la señora Kingston era un caso perdido.
De todos modos, parece ser que la parte más interesante del volumen es la dedicada a analizar los pesares de la izquierda en tiempos de la célebre Margaret Thatcher. En aquella época había dos bandos bien definidos: los miembros de la vieja guardia y los jóvenes de Marxism Today. Samuel simpatizaba con los primeros, por el respeto y el cariño que les tenía. En cambio, veía en los otros los peores defectos, tales como la intolerancia y la rigidez intelectual: “For the first time in its history the party is staging something approaching a full-scale purge. It is an odd way to celebrate the advent of pluralism“.
Cabe añadir que, a diferencia de muchos otros, Samuel nunca renegó ni pidió perdón por lo que fue durante aquellos años cuarenta y cincuenta, cuando se empeñaba en hacer de sus alumnos buenos comunistas. En los ochenta le divertía pensar en lo que había hecho en aquellas décadas, pero sin avergonzarse. De él nos ha quedado su trabajo, el de uno de los mejores historiadores británicos del siglo XX. Como muestra su Theatres of Memory: Past and Present in Contemporary Culture que, a no tardar, vertirá al castellano Publicaciones de la Universidad de Valencia (PUV). Cojan número.
Reino Unido and Historia04 Feb 2007 05:49 pm
Natalie Zemon Davis y sus críticos
Recién iniciado el año, el cuatro de enero, se publicó en el Reino Unido el último de los libros de esa espléndida historiadora que es Natalie Zemon Davis: Trickster Travels: In Search of Leo Africanus, A Sixteenth-Century Muslim Between Worlds. Ya me he referido al volumen en otra ocasión, recomendándolo. Lo hice porque está pronta a aparecer una versión castellana que corre a cargo de las Publicaciones de la Universidad de Valencia (PUV). Además, para los impacientes también aconsejé un repaso a esa estupenda entrevista titulada Pasión por la historia que ha editado ese mismo sello, donde mi admirada Davis se refiere con extensión a ese volumen y a su protagonista: León el Africano.
Pero no adelantemos acontecimientos. De momento, nos quedamos con la recepción en aquellas islas. Quiza la primera en hacerse eco de la novedad fuera Rachel Aspden, a la que tengo por deputy arts and books editor de The New Statesman aunque en esta ocasión publicó su recensión en The Observer con el título de “John the Lion, thrown to the Christians …”. Eso fue a finales de diciembre, incluso antes de la fecha oficial de salida, quizá utilizando el texto norteamericano. Sea como fuere, la conclusión era inequívoca, pues Aspden se declaraba fascinada: “The facts that swim out of this postmodern soup are fascinating”. Posmoderna, ésta es la clave: “Natalie Zemon Davis, an American cultural historian best-known for her account of a notorious 16th-century case of identity theft, The Return of Martin Guerre (1983). Martin Guerre’s popular success is no guide to Davis’s sympathies, which are firmly with postmodern academic speculations rather than rip-roaring narrative history. Her introduction places al-Wazzan not amid pirates and prelates but amid historiographers and post-colonial professors (whom, she disconcertingly observes, ‘inserted the non-European world into the consciousnesss of the Renaissance in a new way’). To Davis, her captured diplomat is a textual, rather than an actual, traveller”. Así pues, señala Aspden, no extrañará que Len el Africano y su Descripción de África sean analizados por su significado cultural, como tampoco debería extrañar (pues no es la primera vez; recuédese su Mujeres en los mñargenes) que el libro concluya con un encuentro imaginario entre aquél y Rabelais en Roma: “The awkwardly sentimental scene points up the flaw in Trickster Travels - by turning her back on narrative, Davis becomes lost in her textual maze more thoroughly than al-Wazzan ever was in Rome” .

Bien. Rachel Aspden está fascinada, pero el final no le convence del todo, pues la historiadora norteamericana parece perderse en ese laberinto textual que ha creado como colofón del volumen. Y en ese punto entra James Buchan, cuya recensión en The Guardian del 13 de enero se titulaba “Search for a legend”. Este escritor y periodista empieza marcando distancias, señalando la condición de emérita de Natalie Davis y comentando que el volumen ha sido bien recibido en los USA. Sin embargo, no acaba de convencerle que esa importante figuraque es León el Africano no haya sido más que una excusa, un material circunstancial para hablar del siglo XVI: “sets up Leo as a peg on which to hang all manner of circumstantial material about the 16th-century Mediterranean, a great cluster of might-have-dones and might-have-mets”. Puede, pues, que a otros guste, pero “for this reader, the book is a source of deep misgiving, at best a monument to misapplied learning”. En fin, ya lo ven, palabras mayores. Y ofrece razones, no se crean que es una simple boutade. La primera y fundamental es el método, nada oculto, sino bien explícito en la obra analizada. Dice Davis: “My strategy is to start with the persons, places and texts that good evidence affirms or suggests he knew, and build from additional sources about them what he would have been likely to see or hear or read or do. Throughout I have had to make use of the conditional - ‘would have’, ‘may have’, ‘was likely to have’ - and the speculative ‘perhaps’, ‘maybe’“. De lo dicho, que con matices podrían suscribir autores como Carlo Ginzburg o Robert Darnton, deduce el amigo Buchan que aquí hay gato encerrado, que los posmodernos siempre están con la estrategia para arriba y para abajo y que, no nos engañemos, “this is not history but a sort of romance laden with footnotes, a novel dragging an academic ball and Caín”. Ya pueden ustedes imaginar el resto y no hará falta decir cómo recibe el dichoso capítulo final: “That is the great fault of postmodernist historiography: it cannot distinguish past from present or future”.
Ese mismo 13 de enero, sábado para más señas (el día de las reseñas), aparecía la de The Times, toda una institución en el periodismo escrito. En esta ocasión la bola le salió a Michael Binyon, toda una institución en la casa, con una larguísima y fiel trayectoria desde los años setenta, quien rotuló su crítica del siguiente modo: “Islam’s Renaissance man”. La verdad sea dicha, casi todo el análisis es un resumen atractivo de las andanzas del protagonista, nuestro reiterado León, pero sin escatimar elogios: “Trickster Travels is nevertheless a masterpiece of scholarship”. Bien, hay un sin embargo, pero no tiene importancia y se lo ahorro. En suma, aunque la autora exige mucho a sus lectores y quizá se pase jugando con las probabilidades y con el uso de la imaginación, “the result is a gripping, if arcane, portrait of a bird of passage between two worlds that tempered our civilisation”.
Estamos, pues, en empate y para deshacerlo nos ponemos en manos de Sam Alexandroni, el último en sumarse a las críticas con su “Miraculous conversion”, texto aparecido en The New Statesman el pasado 15 de enero. Este curtido periodista también ofrece un breve sumario de la obra, con el propósito de hacernos entender por qué “Natalie Zemon Davis, a cultural historian famed for her interest in the obscure”, ha elegido este objeto de investigación y cómo “makes this fascinating material tough-going”. Además, como reportero que ha cubierto algunos de los conflictos de Oriente Medio y como interesado en la cuestión islámica, Alexandroni se siente atraido por otras cuestiones: “but Trickster Travels rewards the persistent reader with rich detail on, for example, the use of taqiyya, the dispensation under which Muslims could practise the precautionary dissimulation of faith and religious practices under circumstances of coercion”. These rules allowed captured Muslims to eat pork, drink wine and renounce their faith without fear of being accused of apostasy, providing they remained inwardly faithful”. Ciertamente eso ayuda a entender la conducta de León el Africano, pero puede tener otras implicaciones. Y he aquí la conclusión: “Trickster Travels introduces al-Wazzan as a shadowy figure poorly defined by history, and so he remains”.
Hagan ustedes las cuentas. No sé muy bien si suman más los pros o los contras. Si me piden una opinión, lo tengo clato: voto por Natalie Zemon Davis, a la que situo entre lo mejorcito de la profesión, sin duda alguna.