Archivo del Octubre, 2007

Locura, Literatura y Vida

Miércoles, 17 Octubre, 2007

“Aquí le tenían por discreto y allí se les deslizaba por mentecato, sin saber determinarse qué grado le darían entre discreción y locura”. Miguel de Cervantes

Aunque los días suelen pasar rápidamente y las tareas cotidianas convertirse en hechos diarios sin importancia, el otro día ocurrió algo insólito. Mientras mi familia cenaba, el televisor no dejaba de dar noticias atropelladamente, con el denominador común de tratarse de tragedias y hechos negativos; por supuesto que esto no era lo verdaderamente extraño, lo especialmente insólito fue mi deseo de detener el tiempo, que aquella pesadilla que estaba escuchando no fuera real. Mi familia, que está acostumbrada a dialogar, seguía haciéndolo sin importarle nada lo que emitía el dichoso aparato de televisión. Pensé que todo esto no podía ser lo habitual, no podía formar parte de nuestra vida diaria, digerir cada día este tipo de información no tendría que ser sano mentalmente para nadie. Debería detenerse tanta locura y nosotros deberíamos tener la capacidad de rebobinar nuestro mundo, obligarnos a analizar cuáles han sido las claves de nuestra existencia para alcanzar este grado de irracionalidad. Intentar preguntarnos si hay algún tipo de resquicio renovador en la naturaleza humana, para regresar al viejo camino, que desde la Antigüedad, ha recorrido el hombre una infinidad de veces buscando el sentido de la vida, para poder reflexionar ahora sobre las cenizas de nuestro caos continuo. 

El concepto de locura es el único que reinaba en ese pequeño instante de mi vida. Recordaba ese intento de Foucault en desvelar qué somos y cómo hemos llegado a ser lo que somos. Una antología de nosotros mismos que permita ubicar nuestros límites; por eso, hoy en este post, sólo se me ocurre hablar de la locura. 

La naturaleza literaria tampoco está lejos de la naturaleza de la locura. Recuerdo haber estudiado en el colegio “Elogio a la locura” de Erasmo de Rötterdam, entonces desconocía de qué se trataba pero aquel título me llamaba mucho la atención. Hoy voy comprendiendo sus motivos, como decía Julio Cortázar: “la locura merece ser elogiada cuando la razón, esa razón que tanto enorgullece al Occidente, se rompe los dientes contra una realidad que no se deja ni se dejará atrapar jamás por las frías armas de la lógica, la ciencia pura y la tecnología.” 

Otra locura maravillosa es la del mundo ilógico de Goya, que plasma en dos series de grabados: “Los caprichos” y “Los disparates”. Esas pinturas con los que adornó las paredes de su propia casa en las afueras de Madrid, la Quinta del Sordo, como las figuras de un sueño que, al despertar, se revelan carentes de sentido. 

La otra locura que siempre me fascinó fue la de Don Quijote. Todos conocemos su locura, ésa que surge de una lesión imaginativa en la que su alma sólo registra imágenes deformadas y distintas de las que perciben sus sentidos. Pero probablemente el problema no sea preguntarse si Don Quijote estaba loco o no. ¿Acaso la verdad sobre el ser humano y el mundo sólo pueda sobrevivir a través de la locura? ¿Por qué para este texto cervantino la vida es locura y la cordura, muerte? 

El ejercicio de la lectura lo vuelve loco, esa locura le hace perder la distancia entre la vida y la literatura. El deseo de vivir lo que ha leído le lleva a romper con la realidad, parando su propio tiempo para conseguir otro mejor. Tal vez, la búsqueda de la razón sólo produzca monstruos, pero todavía más inquietante es detenerse a pensar que nuestro mundo está lejos de ser cuerdo y que nuestra salvación consista en detener el tiempo para no caer en el delirio de un loco. 

Podríamos eternizarnos hablando de la locura y de su proyección dentro de la Literatura y la historia del pensamiento, pero ésa no es mi intención, tan sólo sugerir está pequeña pincelada para que pueda avocarnos a la reflexión.