Literatura y humor
Miércoles, 27 Junio, 2007“Si el hombre de las cavernas hubiera sabido reír, la historia sería otra” Oscar Wilde, El Retrato de Dorian Gray
El humor y la comicidad son tan antiguos como la propia existencia del hombre. En la Literatura encontramos los elementos de comicidad presentes a lo largo de su historia, desde la literatura clásica hasta nuestros días. Se dice que el humor es “propensión más o menos duradera a mostrarse alegre y complaciente”, pero realmente el humorismo en la literatura es algo que difícilmente podemos encasillar.
Tras reflexionar durante unos días en el post anterior sobre las quimeras de la sociedad, recordaba la forma en que la Literatura ha descargado su más voraz crítica social a través de la ironía de la sátira, del sentido del humor. Buscar en nuestra Literatura estos argumentos es francamente sencillo, encontrar las paradojas de las lágrimas y las risas en los clásicos de la literatura como Quevedo o la bella utopía del mundo caballeresco del Quijote.
Tal vez la risa ha sido siempre una estrategia social que sirve al hombre para enfrentarse con su propia realidad, por medio de ella rebajamos los elementos más agrios, los más sombríos y trágicos de la vida transformándolos en humor. Lo cómico pertenece a una dimensión más de la vida, aparece en cualquier momento incluso en los momentos más duros sin invitación previa. El humor puede adoptar diferentes formas: puede tener un sentido benigno, efectos consoladores o un gran ingenio como el que saboreamos con Oscar Wilde.
Está claro que el sentido del humor implica un cambio de perspectiva que nos permite escapar de una situación desagradable, huir y sacarla al balcón para verla desde fuera, observarla desde otra panorámica diferente, como la representación de lo cómico en Cervantes; cabe considerar que el Quijote pudo haberse desarrollado como una historia dramática en toda su extensión, sin embargo, su tono de humor no lo ausenta de su crítica. Es precisamente ese efecto de parodia a los libros de caballería lo que hace de Cervantes una mirada diferente: la comicidad de la quijotada, ese contraste entre la utopía y la realidad.
Ortega y Gasset, en Meditaciones del Quijote, destacó la importancia del elemento cómico. La figura de Don Quijote es el representante de un mundo idealizado que aspira a cumplir con su vocación de caballero andante, “de querer ser a creer que ya es, va la distancia de lo trágico a lo cómico. Este es el paso entre lo sublime y la ridiculez”. Don Quijote, además de querer las aventuras, “se obstina en ser aventurero”. Según Ortega, son esas burlas imaginadas y deseadas aventuras victoriosas, lo que harán del Quijote una “tragicomedia”. “Don Quijote se encorva como un signo de interrogación: y es como un guardián del secreto español, del equívoco de la cultura española.”
Sin duda, son muchos los matices por los que nos puede atraer un texto humorístico, su estilo, su forma, gracia o ritmo, todos juntos pueden contribuir a que un texto se disfrute, incluso antes de que se desvele la trama de lo que estamos leyendo. El humor ha aportado a la Literatura grandes escritores, representantes de la ironía y maestros en la utilización del disparate, como indica Ramón Gómez de la Serna: “en mi obra siempre ha alternado el disparate con lo que casi lo era”. Discípulo de ese torrente literario que fue Gómez de la Serna se encuentra también Jardiel Poncela que decidió enfrentarse a los problemas de la sociedad española bajo la bandera del humorismo. Poncela inicia un estilo burlesco propio, producto de observar las desilusiones humanas. Según el profesor Francisco C. Lacosta, para Jardiel Poncela, “lo cómico es la suprema manifestación de la inteligencia porque la risa es razón, sólo el hombre ríe, cualidad negada hasta los animales de cerebro más privilegiado.”
Podríamos pensar que la risa ha de ser estudiada en el marco de la historia cultural y de las mentalidades, pero lo cierto es que cada siglo se ríe de los anteriores; cada grupo, de los otros; cada clase social, de las demás; media humanidad, de la otra media. El sentido del humor en la Literatura ha sido de alguna forma la narración que nos habla de la visión del mundo de cada grupo y cada época.
Por otro lado, el elemento humorístico también posee un gran valor pedagógico, nos enseña a relativizar, es un medio por el cual el lector más joven puede desarrollar el sentido crítico. Los relatos de humor ofrecen la posibilidad de un aprendizaje formal, puesto que pueden conjugarse nuevas formas de expresión con estructuras literarias, descubriendo personajes diferentes que permiten al lector conocer una variedad más amplia de los recursos literarios. La frontera del humor puede resultar una vía atractiva de iniciarse a la lectura, de observar el mundo bajo los aspectos divertidos y contradictorios. Puede ser una estupenda herramienta para el fomento de la lectura, por el carácter lúdico de sus propuestas dentro del espacio de la Literatura. Creo, además, que todo esto se enmarca también dentro de las actuales corrientes educativas que promueven el desarrollo del sentido crítico frente a la intolerancia.
En definitiva, volvamos a fomentar la lectura con sentido del humor, recreemos nuestras pupilas de nuevo en aquella Literatura clásica donde Cervantes nos engaña para desengañarnos donde su risa nos acoge, nos contagia y nos comprende. Encontremos ese rincón de nosotros mismos, como el propio don Quijote, al que se le presenta la razón de la sinrazón rescatando un momento que nos permita disfrutar y, después ¿qué será lo que nos quede tras la sonrisa?
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Propuestas de lecturas:
El turista gruñón, artículo de Pablo Motos en “El País”, 15 de junio de 2007.
“Introducción a la risa en la Literatura española”. Antología de textos. Introducción, edición y notas de Antonio José López Cruces. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
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Feliz verano para todos, volveremos en septiembre.