Una reflexión sobre literatura y mujer
Viernes, 16 Febrero, 2007
La mujer en la literatura, un tema extenso como la literatura misma. La mujer conecta en la literatura al igual que lo ha hecho desde siempre con la cultura, aunque durante siglos haya sido obligada a guardar silencio y aceptar como imagen la representación que se hacía desde el ámbito masculino. No obstante, resulta difícil referirse a la mujer como categoría universal, ya que en realidad hay una misma identidad entre la literatura femenina y la masculina, aunque es obvio destacar que el camino de llegada a la escritura sí ha sido diferente.
Las mujeres, muchas veces excluidas de la prestigiosa galería de los hombres, en su evolución como escritoras han navegado por espacios difíciles, como lo demuestra, por ejemplo Emilia Pardo Bazan en el siglo XIX, pionera del primer feminismo, al instalar lo político en lo íntimo: Sus letras armadas con nuevas formas inventan estilos distintos. Tal vez, la escritura femenina inicie sus pasos a raíz del proceso de búsqueda de la identidad personal, en medio de roles sociales que, como los femeninos, han sido condicionados y definidos, no desde la naturaleza del ser, sino desde la artificiosa imagen que forja la tradición, igualmente frustrante y negadora para ambos sexos.
Está claro que la revolución femenina que se ha producido en Occidente, durante el siglo XX, se ha reflejado, sin ninguna duda, en la Literatura; en este espacio surgen numerosas mujeres escritoras que ascienden poco a poco en el escalafón, en los premios y en el reconocimiento social hasta situarse, actualmente, en igualdad con los hombres. A pesar que la mujer y la literatura han recorrido en los últimos tiempos caminos más o menos próximos, resulta sintomático que el actual éxito comercial de las autoras de best seller no va siempre unido al reconocimiento en los medios académicos y en la crítica como, por ejemplo, el hecho de que tan sólo unas cuantas mujeres hayan conseguido el premio Nobel de literatura: la sueca Selma Lagerluf (1909), la norteamericana Peral S. Back (1938), la poeta chilena Gabriela Mistral (1945), la sueca aunque de origen alemán Nelly Sach (1966), la sudafricana Nadine Gordimer (1991), la norteamericana Tony Morrison (1993), la polaca Wislawa Szimborska (1996) y la austriaca Elfriede Jelinek (2004).
Por distintas razones, el acceso de las mujeres a la literatura se encuentra en los distintos sectores sociales de cada época. El ingreso en el campo cultural como lectora o escritora fue difícil para quienes aprendieron a escribir en su casa y para las que fueron a la escuela pública del barrio; aunque alfabetizadas, las mujeres en general no tenían a su alcance el corpus de textos que se consideraban modelos literarios ni se aceptaban aquellos textos firmados por mujeres que pugnaban por un espacio dentro de la literatura canonizada. Escribir podía ser un acto de libertad, un desafío al estado de cosas haciendo huidiza la propia existencia.
En España, este fenómeno ha sido igualmente significativo, ya que la mujer partía de una situación muy desfavorable de atraso respecto a otros países europeos, proceso especialmente significativo durante el franquismo. Tras la Guerra Civil, a mediados de los años 40 aparecen una serie de mujeres escritoras que, como nuevas voces, irrumpen con fuerza en el ámbito cultural. Sus novelas destacan, por su afiliación al Realismo Social, que alcanzará, con el paso de los años, un gran momento de esplendor. Entre las características de la literatura escrita por mujeres durante esta época cabe destacar el fuerte deseo de cambiar una sociedad en la que estas mujeres sufrieron la guerra siendo niñas o adolescentes. Sus historias están llenas de frustración, inadaptación, soledad o muerte. La mayoría de las historias describen la vida en el campo con fuertes críticas a la burguesía Y un estilo literario sencillo y directo.
La situación de la mujer ha cambiado muchísimo en las últimas décadas, especialmente aquéllas que no viven en la miseria ni en sociedades autoritarias. Las mujeres han protagonizado durante el siglo XX una revolución tanto o más importante que la tecnológica, con trascendencia en cualquier ámbito público y privado. Muchas mujeres se han “liberado” de la procreación forzosa y pueden elegir “desde su libertad personal” una ocupación o actividad profesional frente a la ocupación tradicional de madre y ama de casa. Se han independizado de la tutela masculina y cada vez ocupan lugares de mayor importancia en las instancias de poder, a pesar de que todavía tienen que soportar discriminaciones sociales, educativas y económicas.
Es cierto, que al escribir tomamos conciencia, nos conformamos como sujetos. De cualquier modo, asumir la escritura, escribir, significa expresar sentimientos, pensamientos, miradas distintas de ver las cosas y de vivir, significa poner en funcionamiento la lengua heredada, a través de un acto individual de utilización. Implica también revelar el espejo del alma, fruto de la trayectoria de nuestro propio aprendizaje.
Sugerencias de lectura:
La Biblioteca de autor de Marta Brunet, en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
Agenda:
VI Congreso Internacional de Literatura Hispánica
IV Congreso Internacional de la Asociación de Jóvenes Investigadores de la Literatura ALEPH, “Lectores, Editores y Audiencia: La Recepción en la Literatura Hispánica”, en la Universidad Autónoma de Barcelona.
El término “globalización” comenzó a utilizarse a principios de los años 80 en las escuelas norteamericanas de gestión de empresas de las universidades de Harvard, Columbia y Stanford, entre otras. Se empleaba para dar cuenta de los beneficios de la liberación y la regulación como formidables instrumentos de incremento económico a escala mundial. Sin embargo, Carlos Marx y Federico Engels ya justificaron este término con anterioridad en el Manifiesto Comunista de 1848, cuando, al analizar la tendencia del desarrollo capitalista, expresaron: