“Ver un mundo en un grano de arena/ y el cielo en una flor silvestre./ Contener el infinito en la palma de la mano/ y la eternidad en una hora.” El Aleph, Jorge Luis Borges
“Más palentino que el Bolo de la Paciencia y con más paciencia que el Santísimo Job, Don Higeldo Martín Martín no pudo permitirse unas vacaciones como dios manda hasta que enviudó…”.
Así se inicia el relato corto de Abbé Nozal en Las primeras vacaciones de Don Higeldo, narración que leí con mucho entretenimiento este verano mientras soportaba el calor soporífero de la playa y me llegaban las primeras quemaduras de piel, bueno, quizás exagere un poco, pero he de confesar mi adicción a los relatos cortos, ya que hace que pueda llevar mejor las horas de calor. Despegada durante unas semanas de la pantalla del ordenador, reanudamos de nuevo este blog, que ojalá pueda despertar curiosidad y no aburra demasiado.
Los relatos breves, pueden envolvernos con su sentido del humor o bien sugerirnos que una breve historia en unas pocas líneas pueda alcanzar nuestros más hondos sentidos. Hablar de relato breve, es hablar de novela corta, de historias incompletas y de grandes escritores, es también hablar de cuentos que no precisan de edad para leerlos. Historias que pueden hacernos sonreír con sus juegos de palabras amparadas por situaciones surrealistas que nos obliguen a detenernos para disfrutar de su lectura.
Los microrrelatos significan la esencia de la prosa, su síntesis. Por su brevedad nos permiten profundizar en aspectos de estilo, en la creación de personajes literarios. Autores como Edgar Allan Poe, Gustave Flaubert, Fiódor Dostoievski, Giovanni Boccaccio, Antón Chéjov, Jack London, Iván Turguénev, Emilia Pardo Bazán, Herman Melville, G. K. Chesterton, Luigi Pirandello, Rubén Darío, R. L. Stevenson y Rudyard Kipling, nos han llenado horas de lectura maravillosa. Dado el carácter panorámico que tiene no podemos recordarlos a todos, pero desde luego, sí son un buen tema para debatir.
Actualmente, los cambios en nuestras formas de lectura, como el uso de Internet, han ayudado no sólo al descubrimiento de autores desconocidos, sino que también ha provocado un aumento de lectores de este género. En la red podemos encontrar numerosos anuncios de Talleres literarios, así como numerosos premios al mejor relato de novela corta, lo cual nos indica que este tipo de literatura goza de buena salud y sirve de aliciente para los que se inician en el mundo de la escritura. Está claro que despertar el gusto por la escritura garantiza el gusto por leer, y esto puede ser un valor añadido a la hora de educar.
El relato corto debe proponer rapidez narrativa, sin duda, los mejores son los que sorprenden al lector, como los escritos por mi buen amigo Pepe Reig, que consigue atraparnos desde sus primeras líneas y, esto ocurre en Sombras; Diferido Callejón;”La vida es como es”; son realmente espléndidos, aunque todos ellos pertenecen a ese grupo de narraciones realizadas por escritores desconocidos. Tal vez, algún día podamos convencerle de su publicación.
Suele decirse que el relato breve posee una estructura simple que no llega a profundizar. No estoy de acuerdo con este encasillamiento, creo que este tipo de escritura precisa de gran creatividad, de poder imaginativo. En muy poco espacio puede esconderse todo un mundo inesperado, tan sólo tenemos que releer las fantásticas composiciones breves de Borges como la Biblioteca de Babel, donde el narrador protagonista nos da a conocer una Biblioteca que algunos la llaman el universo. Biblioteca que es interminable e infinita envuelta en la certidumbre de que todo está escrito y nos anula o nos produce miedo. Borges concebía el mundo con la brevedad, la creación artística como fenómeno de síntesis.
En definitiva, reflexionar sobre estos temas, puede resultar sugerente. Dejémonos atrapar por este tipo de escritura, como la que nos propone Pepe Reig:
“…Uno tiene que dejar la espera porque acaba de descubrir la vida corriendo a su alrededor. El otro acaba de recordar de golpe dónde había dejado la suya. Y ninguno puede entender por qué la vida es como es.”
Disfrutemos, pues, de la lectura de estos relatos que sumergen al lector en una atmósfera única.
———————————
Lectura recomendada:
Relato escrito por Pepe Reig
La lotería
Un hombre soñó que le tocaba la lotería y se levantó decidido a dejar que se cumpliera el destino. A la misma hora en que terminaba de arreglarse, que es la misma hora de siempre, una mujer que miraba el mundo desde el fondo de una botella de anís deja abierta la espita del gas. Pero esto nuestro hombre no podía saberlo. Como había soñado que compraba el boleto en una administración diferente de la habitual, porque este hombre jugaba regularmente, se encaminó hacia el mercado donde estaba la número quince. El quince no es un número especialmente mágico. Menos aún que su conocida administración trece de toda la vida, pero un sueño es un sueño. Atravesó el umbral de la suerte a la misma hora de siempre, pero en un lugar diferente. A la misma hora exacta en que pagaba su boleto sin mirar el número, la mujer de la botella de anís prendía el último fósforo de su vida. Pero esto nuestro hombre no tenía modo de saberlo. El hombre que había soñado la lotería nunca se enteró de que la administración número trece quedaba sepultada bajo un edificio arruinado. Esto nunca lo supo y si ese día cambió definitivamente de administración fue porque el sueño decía dónde, pero no cuándo le iba a tocar. El hombre que soñaba siguió esperando su destino sin percatarse de que la lotería ya le había tocado.