Relatos navideños y nuestras cosas digitales
21 Diciembre 2009 por Julia Puig
Nos deslizamos por el final de un año más, y de nuevo nos encontramos con las luces navideñas. Sean de nuestro agrado o no, los árboles de Navidad, los regalos, los dulces, las reuniones familiares,… se imponen en un ciclo del año. Está claro que el ser humano necesita tradiciones y crear una serie de actuaciones que recuerden su historia, su línea vital a través del tiempo. La cuestión es ¿cómo encajan esas tradiciones en una sociedad internauta, urbana, consumista y virtualmente insertada en pantallas de ordenador?
Creo que las tradiciones siguen existiendo por mera necesidad de supervivencia, una supervivencia marcada por la propia historia de la humanidad y, naturalmente, el período navideño no está exento de ello. Ahora se sigue montando el árbol de Navidad con la misma persistencia de antaño, da igual creer, no creer o ser un adaptado, seguimos colocando nuestros adornos navideños. Esto se sigue haciendo mientras escuchamos las noticias alentadoras de la televisión: “Nueva acusación de Chirac por corrupción”, “Blair se valió de un vacío legal para eludir el pago de impuestos al fisco”, “nueva muerte por violencia de género”, “la gripe A sigue…”. No importa, somos capaces de eso, y todavía más. Por una extraña razón nuestro ordenador ha ganado su campaña dominadora, del mismo modo y con el mismo arte que lo hizo la televisión. Frente a nuestras miradas, conviven en abierto y en perenne conexión el televisor y la computadora. Sin embargo, nosotros persistimos en continuar decorando nuestro hogar, entre bola y bola de colores, hacemos descansillos para ver si tenemos noticias importantes de algún amigo a través del messenger o de un e-mail.
Pues bien, partiendo de que somos capaces de evolucionar hacia una sociedad ampliamente informativa, digital, universalmente ciberespacial y con capacidad de desarrollo ilimitado sobre la tecnología, podemos aceptar que necesitamos persistir en nuestras tradiciones. Recordar pues, que podemos seguir leyendo cuentos de navidad, eso sí, ahora también como lectores digitales. Valga, como ejemplo, el siguiente fragmento, del “Cuento de Navidad”, de Guy de Maupassant:
(…) “En una sola noche se cubrió toda la llanura…” misterio, fantasía y miedo conjugan una bonita historia.
O en “Cuentos de Navidad y Año nuevo”, de Emilia Pardo Bazán.
Al hilo de nuestra reflexión merece la pena recuperar la lectura de los cuentos de Quim Monzó “Tres Navidades”, donde se exponen las contradicciones entre la tradición y la modernidad. Destruye la dulce imagen de los tópicos navideños. Sería interesante, también, saber qué pensaría de nosotros Dikens cuando “(…) el viejo Scrooge, duro y cortante como un pedernal; gruñón, reservado y solitario como una ostra (…)” salta de las páginas de su cuento a la era digital. Ahora el “tacaño señor Scroonge y sus tormentosos fantasmas” transmiten su mensaje navideño a través de vistosos paisajes y recorridos aprovechando al máximo la tecnología 3D del cine.
Podría establecer un largo listado de autores que han dedicado algún espacio a la creación del algún tema navideño, pero entonces, esto no sería un pequeño post. Quizás, en lo que sí coincidamos todos, es en que la Navidad no siempre es blanca, tierna y amable; sencillamente, es el resultado de nuestra cultura y tradición. También es colofón de la propia necesidad humana enamorarse, perder los miedos, las frustraciones,… o simplemente el ansia por seguir buscando el elixir de la felicidad ante las amarguras.
Felices Fiestas y buena entrada al solsticio de invierno.
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Lecturas digitales recomendadas:
La leyenda del árbol de Navidad. Petra-Jesús Blanco. Biblioteca Infantil y Juvenil de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
La aventura de oír: cuentos y memorias de tradición oral. Ana Pelegrín

Retomando de nuevo la escritura y este pequeño espacio, ahora ya a otra velocidad, tras la calma regresan las prisas, los horarios, la falta de respiración y, sin duda, el frío. Bueno, dejaremos que todo eso ocurra y que podamos asimilarlo de la manera que queramos.