Lun 25 May 2009
“Una mirada cr铆tica al concepto de progreso”, por Yayo Herrero.
Posted by pangosto under depredaci贸n, progreso., Sostenibilidad, Ecolog铆a
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La mayor parte de la sociedad podr铆a estar de acuerdo con la idea de que en los 煤ltimos dos siglos, y sobre todo en las 煤ltimas d茅cadas, el conocimiento cient铆fico ha avanzado de una forma impresionante. En todas las 谩reas del pensamiento: f铆sica, matem谩ticas, qu铆mica, biolog铆a, econom铆a, sociolog铆a, etc. han sido descubiertas nuevas teor铆as, leyes o postulados cuya aplicaci贸n ha creado una enorme variedad de artefactos, m谩quinas, compuestos qu铆micos, medicamentos, instituciones, nuevos negocios, etc. que han cambiado aspectos sustanciales de la vida.
Curiosamente, a la vez, vemos c贸mo casi todo lo imprescindible va a peor. Las reservas pesqueras en todo el mundo disminuyen r谩pidamente debido a las extracciones masivas; los suelos pierden paulatinamente la capacidad de producir alimentos; el petr贸leo, imprescindible para mantener nuestra organizaci贸n productiva y econ贸mica, se agota; el cemento y el hormig贸n fraccionan y deterioran los ecosistemas; el agua, el aire y el suelo se envenenan debido a la contaminaci贸n qu铆mica; las desigualdades sociales se profundizan porque existe una apropiaci贸n obscena de bienes y riqueza por parte de una minor铆a; la articulaci贸n social que garantizaba los cuidados en la infancia, en la vejez o a las personas enfermas se est谩 destruyendo, entre otras cosas, porque hombres y mujeres dedican la mayor parte de su tiempo a trabajar para el mercado; lo que se llama democracia se ha convertido en un sistema hegem贸nico que dispone de medios de difusi贸n masivos, y una enorme maquinaria tecno-militar capaces de convencer por las buenas o por las malas…
驴C贸mo es posible que de forma paralela a la generaci贸n de tanto conocimiento, a la vez que se han ido descubriendo tantas cosas que antes permanec铆an ocultas, y al mismo tiempo que nac铆an m谩s y m谩s universidades, laboratorios o centros de investigaci贸n, las variables que explican la vida se hayan ido deteriorando progresivamente? 驴Por qu茅 el agua, el aire, los territorios, la fertilidad del suelo, los mares, la biodiversidad o la vida comunitaria se han ido destruyendo al mismo ritmo acelerado con que aparentemente aprend铆amos sobre ellos? 驴Por qu茅 en esta situaci贸n de crisis global la ciudadan铆a contin煤a creyendo firmemente que nuestra sociedad sigue un camino lineal desde un pasado de atraso y superstici贸n hacia un futuro emancipador de mayor bienestar?
Para virar esta trayectoria que conduce al colapso es preciso reflexionar sobre la noci贸n de progreso que tienen las sociedades occidentales, una noci贸n que se basa en la separaci贸n entre cultura y naturaleza, y que ha contribuido a construir una esfera social, tecnol贸gica y econ贸mica que ignora el funcionamiento de los sistemas naturales y crece, como un tumor, a costa de ellos.
Saber de d贸nde venimos para poder cambiar
La g茅nesis del modelo de pensamiento occidental hunde sus ra铆ces en la Modernidad. Este per铆odo, 茅poca de indudables avances, en la que se consigue desvincular el pensamiento del poder religioso, se proclaman los Derechos del Hombre y el concepto de ciudadan铆a (masculina) comienza a abrirse paso, es tambi茅n el momento en el que se consolida el modo de relaci贸n entre los seres humanos y la naturaleza que han dado lugar a la actual crisis ecol贸gica.
En efecto, es en este momento hist贸rico cuando se ponen las bases del actual sistema tecnocient铆fico que se desarroll贸 a unas velocidades incompatibles con los procesos de la Biosfera que sostienen la vida, y al servicio de un modelo socioecon贸mico que s贸lo considera riqueza lo traducible a valor monetario y que necesitaba crecer de forma exponencial.
La ciencia moderna se constituy贸 en el supuesto de que el pensador pod铆a sustraerse del mundo y contemplarlo como algo independiente de s铆 mismo, siendo el conocimiento generado absolutamente objetivo y, supuestamente, neutral y universal. La revoluci贸n cient铆fica condujo a conceptuar la naturaleza como una enorme maquinaria que pod铆a ser diseccionada y estudiada en partes. La naturaleza pasaba as铆 a ser considerada un aut贸mata sujeto a unas leyes matem谩ticas eternas e inmutables que determinan su futuro y explican su pasado.
En la actualidad sabemos que este modelo diseccionador, que ha sido tan 煤til para aplicar en la industria, ha resultado enormemente da帽ino para la vida sobre la Tierra. La l贸gica de las cosas muertas no sirve para entender el mundo vivo. En un ecosistema, vegetales, animales y microorganismos cooperan intensamente y, por ello, no puede ser comprendido estudiando cada parte por separado.
La visi贸n atomizada y dispersa de la realidad tiene importantes repercusiones en nuestro entorno. Muchas decisiones en temas de ordenaci贸n del territorio, de creaci贸n de infraestructuras o de lanzamiento de productos qu铆micos o transg茅nicos al medio, alteran una compleja mara帽a de relaciones con consecuencias imprevisibles. Estas actuaciones basadas en un conocimiento fragmentado, en muchas ocasiones ignoran la densa red de relaciones que conecta todo lo vivo y la emergencia de fen贸menos que no tienen explicaci贸n y ni siquiera son visibles para una mirada reduccionista.
A pesar de que la propia ciencia desautoriz贸 hace muchos a帽os la mec谩nica cl谩sica o la separaci贸n entre cultura y naturaleza como visiones que pudiesen explicar la complejidad del mundo, estas miradas siguen fuertemente arraigadas en los esquemas mentales de nuestra sociedad y contin煤an estando presentes en muchas de las aplicaciones tecnol贸gicas e industriales de vanguardia.
Una concepci贸n del saber como objetivo y universal, la oportunidad de difundirlo que ofrecieron los procesos colonizadores y la tecnolog铆a adecuada para poder hacerlo, han hecho de la ciencia occidental el sistema de conocimiento hegem贸nico, ante el que cualquier otro es considerado tradici贸n o, a lo peor, superstici贸n. De este modo, se olvida que ha habido, y hay, otras muchas formas de aproximarse al conocimiento que han demostrado su utilidad y cuya validez es equiparable a la de la ciencia “oficial” (pensemos en la conservaci贸n de los bosques de muchos pueblos ind铆genas o la eficacia energ茅tica de muchos tipos de arquitectura vern谩cula).
Un progreso lineal e ilimitado
La revoluci贸n cient铆fica e ideol贸gica que instaura el proyecto de la Modernidad se ampl铆a y se asienta en el Siglo de Las Luces, momento en el que se afianza la cultura occidental como visi贸n generalizada del mundo. En este per铆odo, por una parte aparecen los ideales de la Ilustraci贸n basados en la libertad intelectual y el desarrollo del conocimiento emancipado de la Iglesia; por otro, surgen dos fen贸menos asociados: el capitalismo y la Revoluci贸n Industrial. Fundamentalmente en manos de la econom铆a liberal, la ciencia y su aplicaci贸n, desvinculadas de la 茅tica gracias a su halo de objetividad y neutralidad, se ponen al servicio de la industria incipiente y del capitalismo, consiguiendo unos aumentos enormes en las escalas de producci贸n, gracias a la disponibilidad de la energ铆a f贸sil, primero el carb贸n, y posteriormente, y hasta hoy, el petr贸leo. El capitalismo y la Revoluci贸n Industrial, con la poderosa tecnociencia a su servicio, terminaron instrumentalizando los ideales de la Ilustraci贸n e imponiendo unas relaciones entre las personas y tambi茅n entre los seres humanos y la Naturaleza, guiadas por la utilidad y la maximizaci贸n de beneficios a cualquier coste.
El concepto de progreso humano se fue construyendo, por tanto, basado en el alejamiento de la naturaleza, de espaldas a sus l铆mites y din谩micas. El desarrollo tecnol贸gico fue considerado como el motor del progreso, al servicio de una idea simplificadora que asociaba consumo con bienestar, sobre todo en las 煤ltimas d茅cadas, en las que la sociedad de consumo se ha autoproclamado como la soluci贸n para todos los problemas humanos. El lema “si puede hacerse, h谩gase” se impuso, sin que importasen los para qu茅 o para qui茅n de las diferentes aplicaciones. La ocultaci贸n de los deterioros sociales y ambientales que acompa帽aban a la creciente extracci贸n de materiales y generaci贸n de residuos, hicieron que se desease aumentar indefinidamente la producci贸n industrial, creando el mito del crecimiento continuo.
La palabra progreso dotaba de un sentido de satisfacci贸n moral a esta tendencia de la evoluci贸n sociocultural. Se consider贸 que todas las sociedades, de una forma lineal, evolucionaban de unos estadios de mayor “atraso” 鈥揷aza y recolecci贸n o ausencia de propiedad privada鈥 hacia nuevas etapas m谩s racionales 鈥揷ivilizaci贸n industrial o econom铆a de mercado鈥 y que en esta evoluci贸n tan inexorable y universal como las leyes de la mec谩nica, las sociedades europeas se encontraban en el punto m谩s avanzado. Al concebir la historia de los pueblos como un hilo de secuencias que transitaba del salvajismo a la barbarie, para llegar finalmente a la civilizaci贸n, los europeos, empapados de la convicci贸n etnoc茅ntrica de constituir la “civilizaci贸n por excelencia”, expoliaron los recursos de los territorios colonizados para alimentar su sistema econ贸mico basado en el crecimiento. Sometieron mediante la violencia (posibilitada por la aplicaci贸n cient铆fica a la tecnolog铆a militar) y el dominio cultural a los pueblos colonizados, a los que se consideraba “salvajes” y en un estado muy cercano a la naturaleza.
Esta concepci贸n de progreso, vigente en el presente, ha sido nefasta para los intereses de los pueblos empobrecidos y para los sistemas naturales. La idea de que m谩s es siempre mejor, la desvalorizaci贸n de los saberes tradicionales, la concepci贸n de la naturaleza como una fuente infinita de recursos, la reducci贸n de la riqueza a lo estrictamente monetario y la fe en que la tecnociencia ser谩 capaz de salvarnos en el 煤ltimo momento de cualquier problema, incluso de los que ella misma ha creado, suponen una r茅mora en un momento en el que resulta urgente un cambio de paradigma civilizatorio.
Cambiar no es una opci贸n
En un planeta con los recursos finitos, es absolutamente imposible extender el estilo de vida occidental, con su enorme consumo de energ铆a, minerales, agua y alimentos. El deterioro social y ambiental no son subproductos del modelo de desarrollo, sino que son una parte insoslayable de ese tipo de desarrollo. Nos encontramos, entonces, ante una crisis civilizatoria, que exige un cambio en la forma de estar en el mundo. Los modos de producci贸n de bienes y necesidades de la sociedad industrial, han colaborado en la configuraci贸n de las relaciones entre las personas. Si la din谩mica consumista y la obtenci贸n del beneficio en el menor plazo dirigen la organizaci贸n econ贸mica, esta misma l贸gica se instala en los procesos de socializaci贸n y educaci贸n, determinando finalmente que las metas a alcanzar por cada individuo se orienten hacia la acumulaci贸n, olvid谩ndose de poner en el centro el propio mantenimiento de la vida.
Hoy, el progreso es afrontar la incompatibilidad esencial que existe entre un planeta Tierra con recursos limitados y finitos, y un sistema socioecon贸mico, el capitalismo, que impulsado por la din谩mica de la acumulaci贸n del capital, se basa en la expansi贸n continua y conlleva de forma indisoluble la generaci贸n de enormes desigualdades. Se trata de establecer un “nuevo contrato social” que involucre a hombres y mujeres como parte de la naturaleza y seres interdependientes.
Progresar ser谩, por tanto, transitar de una l贸gica de guerra contra las personas, los pueblos y los territorios a una cultura de paz que celebre la diversidad de todo lo vivo, que permita a todas las personas el acceso a los bienes materiales en condiciones de equidad y que se ajuste a los l铆mites y ritmos de los sistemas naturales. Vivir con menos es una exigencia f铆sica que impondr谩 la limitaci贸n de los recursos materiales. Vivir bien con menos y en condiciones de justicia y equidad, es un camino que hay que se帽alar, sumando mayor铆as que puedan resistir, exigir e impulsar un cambio. Esta nueva visi贸n permitir谩 establecer alternativas, recuperar lo valioso que perdimos y explorar caminos in茅ditos que permitan vivir en armon铆a social y en paz con el planeta. Muchas personas, en todos los continentes, lo est谩n haciendo ya.




