Sostenibilidad


images8.jpg

La mayor parte de la sociedad podr铆a estar de acuerdo con la idea de que en los 煤ltimos dos siglos, y sobre todo en las 煤ltimas d茅cadas, el conocimiento cient铆fico ha avanzado de una forma impresionante. En todas las 谩reas del pensamiento: f铆sica, matem谩ticas, qu铆mica, biolog铆a, econom铆a, sociolog铆a, etc. han sido descubiertas nuevas teor铆as, leyes o postulados cuya aplicaci贸n ha creado una enorme variedad de artefactos, m谩quinas, compuestos qu铆micos, medicamentos, instituciones, nuevos negocios, etc. que han cambiado aspectos sustanciales de la vida.
Curiosamente, a la vez, vemos c贸mo casi todo lo imprescindible va a peor. Las reservas pesqueras en todo el mundo disminuyen r谩pidamente debido a las extracciones masivas; los suelos pierden paulatinamente la capacidad de producir alimentos; el petr贸leo, imprescindible para mantener nuestra organizaci贸n productiva y econ贸mica, se agota; el cemento y el hormig贸n fraccionan y deterioran los ecosistemas; el agua, el aire y el suelo se envenenan debido a la contaminaci贸n qu铆mica; las desigualdades sociales se profundizan porque existe una apropiaci贸n obscena de bienes y riqueza por parte de una minor铆a; la articulaci贸n social que garantizaba los cuidados en la infancia, en la vejez o a las personas enfermas se est谩 destruyendo, entre otras cosas, porque hombres y mujeres dedican la mayor parte de su tiempo a trabajar para el mercado; lo que se llama democracia se ha convertido en un sistema hegem贸nico que dispone de medios de difusi贸n masivos, y una enorme maquinaria tecno-militar capaces de convencer por las buenas o por las malas…

驴C贸mo es posible que de forma paralela a la generaci贸n de tanto conocimiento, a la vez que se han ido descubriendo tantas cosas que antes permanec铆an ocultas, y al mismo tiempo que nac铆an m谩s y m谩s universidades, laboratorios o centros de investigaci贸n, las variables que explican la vida se hayan ido deteriorando progresivamente? 驴Por qu茅 el agua, el aire, los territorios, la fertilidad del suelo, los mares, la biodiversidad o la vida comunitaria se han ido destruyendo al mismo ritmo acelerado con que aparentemente aprend铆amos sobre ellos? 驴Por qu茅 en esta situaci贸n de crisis global la ciudadan铆a contin煤a creyendo firmemente que nuestra sociedad sigue un camino lineal desde un pasado de atraso y superstici贸n hacia un futuro emancipador de mayor bienestar?

Para virar esta trayectoria que conduce al colapso es preciso reflexionar sobre la noci贸n de progreso que tienen las sociedades occidentales, una noci贸n que se basa en la separaci贸n entre cultura y naturaleza, y que ha contribuido a construir una esfera social, tecnol贸gica y econ贸mica que ignora el funcionamiento de los sistemas naturales y crece, como un tumor, a costa de ellos.

Saber de d贸nde venimos para poder cambiar

La g茅nesis del modelo de pensamiento occidental hunde sus ra铆ces en la Modernidad. Este per铆odo, 茅poca de indudables avances, en la que se consigue desvincular el pensamiento del poder religioso, se proclaman los Derechos del Hombre y el concepto de ciudadan铆a (masculina) comienza a abrirse paso, es tambi茅n el momento en el que se consolida el modo de relaci贸n entre los seres humanos y la naturaleza que han dado lugar a la actual crisis ecol贸gica.

En efecto, es en este momento hist贸rico cuando se ponen las bases del actual sistema tecnocient铆fico que se desarroll贸 a unas velocidades incompatibles con los procesos de la Biosfera que sostienen la vida, y al servicio de un modelo socioecon贸mico que s贸lo considera riqueza lo traducible a valor monetario y que necesitaba crecer de forma exponencial.

La ciencia moderna se constituy贸 en el supuesto de que el pensador pod铆a sustraerse del mundo y contemplarlo como algo independiente de s铆 mismo, siendo el conocimiento generado absolutamente objetivo y, supuestamente, neutral y universal. La revoluci贸n cient铆fica condujo a conceptuar la naturaleza como una enorme maquinaria que pod铆a ser diseccionada y estudiada en partes. La naturaleza pasaba as铆 a ser considerada un aut贸mata sujeto a unas leyes matem谩ticas eternas e inmutables que determinan su futuro y explican su pasado.

En la actualidad sabemos que este modelo diseccionador, que ha sido tan 煤til para aplicar en la industria, ha resultado enormemente da帽ino para la vida sobre la Tierra. La l贸gica de las cosas muertas no sirve para entender el mundo vivo. En un ecosistema, vegetales, animales y microorganismos cooperan intensamente y, por ello, no puede ser comprendido estudiando cada parte por separado.

La visi贸n atomizada y dispersa de la realidad tiene importantes repercusiones en nuestro entorno. Muchas decisiones en temas de ordenaci贸n del territorio, de creaci贸n de infraestructuras o de lanzamiento de productos qu铆micos o transg茅nicos al medio, alteran una compleja mara帽a de relaciones con consecuencias imprevisibles. Estas actuaciones basadas en un conocimiento fragmentado, en muchas ocasiones ignoran la densa red de relaciones que conecta todo lo vivo y la emergencia de fen贸menos que no tienen explicaci贸n y ni siquiera son visibles para una mirada reduccionista.

A pesar de que la propia ciencia desautoriz贸 hace muchos a帽os la mec谩nica cl谩sica o la separaci贸n entre cultura y naturaleza como visiones que pudiesen explicar la complejidad del mundo, estas miradas siguen fuertemente arraigadas en los esquemas mentales de nuestra sociedad y contin煤an estando presentes en muchas de las aplicaciones tecnol贸gicas e industriales de vanguardia.

Una concepci贸n del saber como objetivo y universal, la oportunidad de difundirlo que ofrecieron los procesos colonizadores y la tecnolog铆a adecuada para poder hacerlo, han hecho de la ciencia occidental el sistema de conocimiento hegem贸nico, ante el que cualquier otro es considerado tradici贸n o, a lo peor, superstici贸n. De este modo, se olvida que ha habido, y hay, otras muchas formas de aproximarse al conocimiento que han demostrado su utilidad y cuya validez es equiparable a la de la ciencia “oficial” (pensemos en la conservaci贸n de los bosques de muchos pueblos ind铆genas o la eficacia energ茅tica de muchos tipos de arquitectura vern谩cula).

Un progreso lineal e ilimitado

La revoluci贸n cient铆fica e ideol贸gica que instaura el proyecto de la Modernidad se ampl铆a y se asienta en el Siglo de Las Luces, momento en el que se afianza la cultura occidental como visi贸n generalizada del mundo. En este per铆odo, por una parte aparecen los ideales de la Ilustraci贸n basados en la libertad intelectual y el desarrollo del conocimiento emancipado de la Iglesia; por otro, surgen dos fen贸menos asociados: el capitalismo y la Revoluci贸n Industrial. Fundamentalmente en manos de la econom铆a liberal, la ciencia y su aplicaci贸n, desvinculadas de la 茅tica gracias a su halo de objetividad y neutralidad, se ponen al servicio de la industria incipiente y del capitalismo, consiguiendo unos aumentos enormes en las escalas de producci贸n, gracias a la disponibilidad de la energ铆a f贸sil, primero el carb贸n, y posteriormente, y hasta hoy, el petr贸leo. El capitalismo y la Revoluci贸n Industrial, con la poderosa tecnociencia a su servicio, terminaron instrumentalizando los ideales de la Ilustraci贸n e imponiendo unas relaciones entre las personas y tambi茅n entre los seres humanos y la Naturaleza, guiadas por la utilidad y la maximizaci贸n de beneficios a cualquier coste.

El concepto de progreso humano se fue construyendo, por tanto, basado en el alejamiento de la naturaleza, de espaldas a sus l铆mites y din谩micas. El desarrollo tecnol贸gico fue considerado como el motor del progreso, al servicio de una idea simplificadora que asociaba consumo con bienestar, sobre todo en las 煤ltimas d茅cadas, en las que la sociedad de consumo se ha autoproclamado como la soluci贸n para todos los problemas humanos. El lema “si puede hacerse, h谩gase” se impuso, sin que importasen los para qu茅 o para qui茅n de las diferentes aplicaciones. La ocultaci贸n de los deterioros sociales y ambientales que acompa帽aban a la creciente extracci贸n de materiales y generaci贸n de residuos, hicieron que se desease aumentar indefinidamente la producci贸n industrial, creando el mito del crecimiento continuo.

La palabra progreso dotaba de un sentido de satisfacci贸n moral a esta tendencia de la evoluci贸n sociocultural. Se consider贸 que todas las sociedades, de una forma lineal, evolucionaban de unos estadios de mayor “atraso” 鈥揷aza y recolecci贸n o ausencia de propiedad privada鈥 hacia nuevas etapas m谩s racionales 鈥揷ivilizaci贸n industrial o econom铆a de mercado鈥 y que en esta evoluci贸n tan inexorable y universal como las leyes de la mec谩nica, las sociedades europeas se encontraban en el punto m谩s avanzado. Al concebir la historia de los pueblos como un hilo de secuencias que transitaba del salvajismo a la barbarie, para llegar finalmente a la civilizaci贸n, los europeos, empapados de la convicci贸n etnoc茅ntrica de constituir la “civilizaci贸n por excelencia”, expoliaron los recursos de los territorios colonizados para alimentar su sistema econ贸mico basado en el crecimiento. Sometieron mediante la violencia (posibilitada por la aplicaci贸n cient铆fica a la tecnolog铆a militar) y el dominio cultural a los pueblos colonizados, a los que se consideraba “salvajes” y en un estado muy cercano a la naturaleza.

Esta concepci贸n de progreso, vigente en el presente, ha sido nefasta para los intereses de los pueblos empobrecidos y para los sistemas naturales. La idea de que m谩s es siempre mejor, la desvalorizaci贸n de los saberes tradicionales, la concepci贸n de la naturaleza como una fuente infinita de recursos, la reducci贸n de la riqueza a lo estrictamente monetario y la fe en que la tecnociencia ser谩 capaz de salvarnos en el 煤ltimo momento de cualquier problema, incluso de los que ella misma ha creado, suponen una r茅mora en un momento en el que resulta urgente un cambio de paradigma civilizatorio.

Cambiar no es una opci贸n

En un planeta con los recursos finitos, es absolutamente imposible extender el estilo de vida occidental, con su enorme consumo de energ铆a, minerales, agua y alimentos. El deterioro social y ambiental no son subproductos del modelo de desarrollo, sino que son una parte insoslayable de ese tipo de desarrollo. Nos encontramos, entonces, ante una crisis civilizatoria, que exige un cambio en la forma de estar en el mundo. Los modos de producci贸n de bienes y necesidades de la sociedad industrial, han colaborado en la configuraci贸n de las relaciones entre las personas. Si la din谩mica consumista y la obtenci贸n del beneficio en el menor plazo dirigen la organizaci贸n econ贸mica, esta misma l贸gica se instala en los procesos de socializaci贸n y educaci贸n, determinando finalmente que las metas a alcanzar por cada individuo se orienten hacia la acumulaci贸n, olvid谩ndose de poner en el centro el propio mantenimiento de la vida.

Hoy, el progreso es afrontar la incompatibilidad esencial que existe entre un planeta Tierra con recursos limitados y finitos, y un sistema socioecon贸mico, el capitalismo, que impulsado por la din谩mica de la acumulaci贸n del capital, se basa en la expansi贸n continua y conlleva de forma indisoluble la generaci贸n de enormes desigualdades. Se trata de establecer un “nuevo contrato social” que involucre a hombres y mujeres como parte de la naturaleza y seres interdependientes.

Progresar ser谩, por tanto, transitar de una l贸gica de guerra contra las personas, los pueblos y los territorios a una cultura de paz que celebre la diversidad de todo lo vivo, que permita a todas las personas el acceso a los bienes materiales en condiciones de equidad y que se ajuste a los l铆mites y ritmos de los sistemas naturales. Vivir con menos es una exigencia f铆sica que impondr谩 la limitaci贸n de los recursos materiales. Vivir bien con menos y en condiciones de justicia y equidad, es un camino que hay que se帽alar, sumando mayor铆as que puedan resistir, exigir e impulsar un cambio. Esta nueva visi贸n permitir谩 establecer alternativas, recuperar lo valioso que perdimos y explorar caminos in茅ditos que permitan vivir en armon铆a social y en paz con el planeta. Muchas personas, en todos los continentes, lo est谩n haciendo ya.

soj1.jpgsos1.jpgimages3.jpgimages3.jpg

http://es.wikipedia.org/wiki/Plaga_de_topillos_en_Castilla_y_Le%C3%B3n_de_2007

La herej铆a (por Ricardo)

Verano 2007 en el subsuelo de Castilla Le贸n.

EL.- Me haces cosquillas con los bigotes -entre risas relajadas. Me pasar铆a todo el a帽o aqu铆 contigo.

ELLA.- Eso ser铆a genial -mientras contin煤a acariciando con sus bigotes el hocico de 茅l. Pero recuerda que hemos quedado con los de la galer铆a 307 en acudir a la francachela de esta tarde. Me han prometido que habr谩 de todo: cebada temprana, trigo duro, ma铆z, alfalfe, remolacha y patas tiernas.

EL.- S铆, ser谩 guay -se le pierde la mirada por un segundo. Una lifara de 贸rdago, seguro.

ELLA.- 隆M茅ditas! Te lo he notado. No me digas que sigues rallado con esas teor铆as.

M脡DITAS (se excusa).- No, No, No. Para nada, no s茅 por qu茅 dices eso mi querida 脕ctuas.

脕CTUAS.- Somos topillos campesinos, aunque muchos todav铆a nos confundan con ratas, es denigrante. Nuestra naturaleza polig铆nica va ligada a estas fiestikis. No me seas aguafiestas 鈥搇e dice con cari帽o-, rel谩jate y disfruta, lo tienes todo y a煤n te quejas. 驴O estabas pensando en esa fulana que te gui帽a el ojo? -de forma comprometedora-. Ya sabes que no soy celosa, va en nuestra naturaleza y c贸digo 茅tico. S贸lo tendr铆as que v茅rtelas con su chulo, que seguro que acude a la fiesta. Y no me digas que te amedrenta, no te aguanta ni el primer asalto. Venga, Vamos a la fiesta.

M脡DITAS (Con verdadero orgullo de macho).- A esa fulana me la calzo esta noche a lo m谩s tardar, c贸mo que me llamo M茅ditas. -Pero de nuevo se le pierde la mirada.

脕CTUAS.- 隆Te he visto otra vez! Eres un aguafiestas. Hay cosas que no puedes controlar. Esas muertes y enfermedades de las que sueles hablar, no tengo idea de c贸mo se podr铆an haber evitado, pero ya qued贸 claro que ning煤n topillo los asesin贸. Los topillos no hemos roto ninguna de nuestras reglas 茅ticas como la que nos impide matar a cong茅neres. Los topillos somos pac铆ficos vegetarianos de costumbres polig铆nicas, y eso es motivo de orgullo para todos nosotros. El ambiente es calido y seguro, al igual que el suave invierno que nos permiti贸 una alta supervivencia y que nos anim贸 a bajar de las colinas a la llanura, anta帽o jalonada por tejones, zorros, milanos, comadrejas, 谩guilas, cern铆calos, azores, b煤hos, mochuelos, lechuzas, autillos, cuervos, v铆voras y culebras, todos ellos hambrientos, seg煤n contaban los carcas. Y a la saz贸n se han visto que eran teor铆as anticuadas de melindrosos y asustadizos. Las muertes de que tanto hablas, no por ser impredecibles suponen ning煤n problema de convivencia. Los alimentos y los g茅iseres parab贸licos de agua fresca, en lugares alejados de los manantiales, son regalos de la naturaleza: la cornucopia que nos ha tocado disfrutar. Deber铆as alegrarte de estar vivo y de la suerte que tenemos.

M脡DITAS (Herido en su orgullo cient铆fico).- Ya te coment茅 que las muertes tienen explicaci贸n. Son debidas a la clorofacinona, un potent铆simo anticoagulante que te desangra las entra帽as.

脕CTUAS.- Deber铆as tener cuidado o tendr谩s que hacer frente de nuevo a las acusaciones de herej铆a.

M脡DITAS.- Adem谩s los supuestos impredecibles desastres naturales son incendios provocados y los terremotos son movimientos de tierra causados por arados que act煤an a gran profundidad.

脕CTUAS.- Nada de eso es atribuible a los topillos y nada podemos hacer, son imponderables de la naturaleza. Deber铆as alegrarte de tu suerte y ser prudente en tus teor铆as o …

M脡DITAS.- …. o de nuevo me acusar谩n de hereje. Ya s茅 que me quieres proteger, pero…

脕CTUAS.- 隆Qu茅 pero ni que pera! No me vengas otra vez con que los topillos nos estamos extendiendo de forma insostenible, y que estamos tomando forma de plaga, y que el problema es que no tenemos depredadotes naturales. Tu comparaci贸n de los topillos con las ratas fue bochornosa y encendi贸 los 谩nimos de muchos miembros del Comit茅. Adem谩s, el Comit茅 de 脡tica te dej贸 claro que la falta de depredadores era una ventaja obvia. Que tu argumentaci贸n de que los depredadores act煤an de reguladores y que nosotros nos hemos desregulado, unido a tu propuesta de autorregulaci贸n, carec铆a de bases s贸lidas. Te repito que te mostraron datos cient铆ficos sobre la ciclicidad connatural a nuestra especie y que ahora estamos viviendo un per铆odo de esplendor y abundancia como en los periodos 88-89 y 93-94. Lo que es motivo de alegr铆a bajo la consigna del Carpe Diem. Y que a falta de lo que t煤 denominabas depredadores naturales, qued贸 patente que, de ser ciertas tus teor铆as sobre venenos, incendios y arados, eso demostrar铆a justamente que tenemos un superdepredador; con lo que, seg煤n tus propias teor铆as, ya no tendr铆amos el problema de la falta de depredadores ni problemas de regulaci贸n. Todav铆a resuenan en mis o铆dos los ecos de las risas de todos mis compa帽eros/as del Comit茅. Quedaste cazado en tu propia red. Menos mal que pude convencerles de que te permitieran hacer alg煤n estudio sobre ese supuesto superdepredador y evitar el rid铆culo total.

M脡DITAS.- Insisto en que no interpret谩is adecuadamente el Carpe Diem, pero no quiero entrar en eso. Perm铆teme 煤nicamente exponer algunos de mis hallazgos en el estudio del superdepredador b铆pedo.

脕CTUAS.- Vaya, ahora es b铆pedo, interesante. Bueno, no es el mejor momento pero de acuerdo. Eso s铆, dos condiciones: primera, que no te mosquees si te llevo la contraria, y segunda, que en cuanto termines nos vamos a la cita con los de la 307.

M脡DITAS (asiente con la cabeza).- Mis teor铆as sobre la vida como sistema autoregulado no implican que ese sistema no pueda desregularse temporal o parcialmente a escalas locales. En el estudio del superdepredador b铆pedo he observado que se comunican a trav茅s de la internet y que tambi茅n tienen como tema de estudio la din谩mica de poblaciones. Utilic茅 ese medio de comunicaci贸n en busca de explicaci贸n a la paradoja (hilarante para muchos de tus compa帽eros/as) que cuestionaba mis teor铆as, de que 驴c贸mo es posible que teniendo depredadores y tambi茅n un cruel superdepredador hayamos llegado a un estado de superpoblaci贸n?

脕CTUAS.- No me digas que no es absurdo. Propones la falta de depredadores como causa de superpoblaci贸n y te encuentras con que nos salen por los 4 costados. Es obvio que tu teor铆a necesita una profunda revisi贸n.

M脡DITAS.- En efecto, mi teor铆a inicial no explica este hecho, pero sigo pensando en que la teor铆a fat铆dica de la ciclicidad no es ning煤n motivo de orgullo. Me niego a esa predestinaci贸n.

脕CTUAS.- Ya sabes que yo opino lo mismo, pero ante la falta de alternativas viables el Carpe Diem es una salida. En fin, mu茅strame si tienes algo nuevo y no me toques los zancajos que llegamos tarde.

M脡DITAS.- Como te dec铆a, navegando por la internet de nuestro superdepredador b铆pedo, he encontrado un modelo (abstracci贸n de la realidad) que explica la paradoja. Seg煤n este modelo, no s贸lo la falta de depredadores desregula el sistema, sino que la sobreabundancia de los mismos tambi茅n lleva a procesos c铆clicos en sus presas: crecimiento-superpoblacion-aniquilaci贸n-renacimiento-crecimiento-superpoblacion-aniquilacion-renacimiento. Puedes verlo por ti misma.

脕CTUAS.- D茅jame echarle un vistazo, http://www.ento.vt.edu/~sharov/PopEcol/lec10/fullmod.html, aunque ya experimentar茅 ma帽ana con los par谩metros. Venga, contin煤a rapidito.

M脡DITAS.- En definitiva, que no basta con tener depredadores, los depredadores tambi茅n deben mantenerse en un cierto margen de valores o, de lo contrario, los sistemas de Lotka-Volterra mejorados nos avisan de un fat铆dico destino c铆clico o ca贸tico. Te ser茅 m谩s concreto, o m谩s parad贸jico si quieres: el problema de nuestra superploblaci贸n est谩 铆ntimamente ligado a la problem谩tica del sistema social del superdepredador b铆pedo, es decir que el sistema ecol贸gico se puede considerar un subsistema de su sistema social y por tanto un problema semi贸tico. El equilibrio en Gaya/Gea (como el comit茅 suele llamar a nuestra cornucopia actual) es algo que depende materialmente del modelo social de nuestro superdepredador, un modelo con una complejidad igual o superior a la complejidad del sistema autorregulado de Gea. Concluyendo, la regulaci贸n y enriquecimiento o la ca铆da en ciclicidad o en caos de Gea est谩n directamente correlados con la regulaci贸n y enriquecimiento, o la ciclicidad y la entrada en caos del sistema organizativo de las sociedades de nuestro superdepredador.

脕CTUAS.- Sabes que, en el mejor de los casos, este argumento producir谩 amplias carcajadas en el Comit茅, especialmente entre los creyentes en Gea. Me parece que se van a tomar muy mal eso de que pongas a nuestro supuesto superdepredador b铆pedo por encima de los designios de Gea, especialmente cuando est谩 mostr谩ndonos su cornucopia. Como sigas por ese camino no te quedan ni dos teledarios antes de que seas el hazmerre铆r de todos nuestros amigos.

M脡DITAS.- Eso son bagatelas y menudencia comparadas con la pregunta 驴Es nuestro superdepredador consciente de su necesidad de autoregulaci贸n? Aun dir铆a m谩s 驴Es nuestro superdepredador consciente de que en realidad no le corresponde el lugar de superdepredador sino el de regulador? o por el contrario y parafraseando a uno de su especie: para no preocupar a su poblaci贸n, a las alarmas de peligro les ponen sonido de trompetas triunfantes.

脕CTUAS.- Bueno, cambiemos de tema. La que te gui帽a el ojo se llama Amika. At煤sate los bigotes y se galante con ella. A su chulo mantenle la mirada, es un cag贸n. Y 隆venga! en ruta a la galer铆a 307 que seguro que no nos esperan.

Entre exquisitos manjares y subidones de adrenalina propios de las especies polig铆nicas, nuestros topillos, 脕ctuas, M茅ditas y Amika, al grito de Carpe Diem, echan unos polvos que te cagas, expandi茅ndose a s铆 mismos y a la sociedad en su conjunto. Tatar铆tar铆铆铆铆iiii.

tren10.JPG

A mediados del siglo XVIII los mineros ingleses descubrieron que era mucho m谩s f谩cil mover las vagonetas de carb贸n si a estas se les pon铆an cuatro ruedas que se desplazasen sobre ra铆les de hierro. En 1804, el ingeniero Richard Trevithick combin贸 por primera vez ra铆les y m谩quina de vapor, consiguiendo mover una locomotora con varias toneladas de carga y setenta obreros durante 15 kil贸metros a una velocidad que no superaba los ocho. El descubrimiento estaba hecho, faltaba dotarlo de m谩s fuerza y capacidad de transporte tanto para mercanc铆as como para personas. En 1825, George Stephenson construy贸 la primera locomotora moderna y la primera l铆nea de ferrocarril para unir dos ciudades mineras: Stockton y Darlington. Comenzaba una revoluci贸n, una nueva era.
El asombro, incluso el pavor, de las muchedumbres que se agolpaban en las estaciones para contemplar la llegada de aquellos monstruos humeantes e interminables, hizo pensar a muchos que el problema de las comunicaciones terrestres hab铆a quedado solucionado para siempre, restaba perfeccionarlo y extenderlo hasta el 煤ltimo rinc贸n del planeta. La construcci贸n de trenes y de l铆neas f茅rreas trajo consigo la segunda revoluci贸n industrial, con un impacto mucho mayor que la primera en los movimientos migratorios, la acumulaci贸n de capital o la formaci贸n de la conciencia de clase de los obreros.
Sin embargo, aquel sue帽o qued贸 pronto emborronado por la aparici贸n del autom贸vil, un medio que permit铆a desplazamientos individuales tan solo condicionados por la orograf铆a o la existencia de caminos. M谩s tarde el avi贸n terminar铆a por dar la puntilla al medio de transporte m谩s coherente y econ贸mico 鈥搄unto al barco- creado por el hombre. Ha pasado el tiempo y el desarrollo de la industria automovil铆stica ha llegado a niveles impensables, afectando al paisaje natural y urbano de un modo muy negativo, exigiendo elevad铆simas inversiones en infraestructuras por parte de todas las administraciones 鈥搃nversiones que siempre van por detr谩s de lo que exige un parque automovil铆stico como el espa帽ol que supera ya los veinticinco millones de veh铆culos-, haciendo insufrible la vida a los viandantes, constantemente asediados, y a los conductores, amenazados a cada hora por el atasco de turno, contaminando y derrochando una energ铆a de la que no disponemos. La situaci贸n, pues, se ha convertido en dram谩tica en muchas ciudades donde el constante aumento del n煤mero de coches en circulaci贸n podr铆a derivar a medio plazo en un colapso absoluto de las comunicaciones.
Se alega en defensa del autom贸vil, la libertad que ofrece al viajero para desplazarse donde quiera y la enorme cantidad de puestos de trabajo que genera. Sin embargo, a no ser que las derribemos, en nuestras ciudades no caben ya m谩s veh铆culos. Hemos llegado donde 铆bamos y no podemos seguir quemando el dinero p煤blico para algo que no tiene soluci贸n. Progresivamente, debe ir limit谩ndose el uso del transporte particular e ir sustituy茅ndolo por la construcci贸n de ferrocarriles r谩pidos que nos puedan llevar, de igual modo, a cualquier sitio por nosotros deseado o a sus proximidades. Hoy, un ferrocarril que rodase a una media de 250 kil贸metros por hora 鈥搇os hay que superan los cuatrocientos- podr铆a llevar a 1000 pasajeros de Madrid a Par铆s en poco m谩s de 6 horas, tiempo muy inferior al que emplea un coche o un avi贸n, si tenemos en cuenta el que se pierde hasta llegar al aeropuerto y embarcar. Un s贸lo ferrocarril ser铆a capaz de llevar las mercanc铆as de cien camiones entre Murcia y Alicante en media hora, o en tres horas a Barcelona, consumiendo en todos los casos much铆sima menos energ铆a que coches, aviones y camiones.
El tren nos permite trasladarnos velozmente en las grandes distancias, mover enormes cantidades de mercanc铆as y, tambi茅n, desplazarnos dentro de la ciudad sin tener que servirnos para nada del autom贸vil y sin apenas contaminar. Vuelve a ser el medio de transporte de un futuro racional, y no sirve como eximente la cantidad de puestos de trabajo que se perder铆an, porque la construcci贸n de nuevas l铆neas f茅rreas y de trenes ser铆a una fuente inagotable de trabajo.
Ni nuestras ciudades ni nuestro paisaje ni nuestro erario p煤blico ni nuestra paciencia pueden soportar por m谩s tiempo el impacto automovil铆stico, el uso del autom贸vil debe quedar circunscrito a peque帽os desplazamientos, prohibido en los centros de las ciudades y ser sustituido paulatinamente por el ferrocarril. Si desde 1825 se hubiese invertido en ferrocarril todo lo gastado en coches, hoy no habr铆a rinc贸n del mundo a donde aquel no llegase con prontitud.

soller2.jpg
trenes11.jpg

tren10.jpg