Religión.


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La angelical, gozosa, farisea y santurrona secta por todos conocida, capitaneada, y representada por la negra y torva jerarquía eclesial, de obispos, cuervos y carroñeros de variadas plumas y pelajes. Todos ELLOS nunca han querido, ni sentido de corazón, la igualdad ni la libertad para los demás. En su día pese a los postulados que dicen defender, no tuvieron ningún reparo en sumarse a los fascistas del correaje y la brillantina. Compartieron y practicaron gustosos el poder criminal contra sus hermanos en cristo. Pese a los macabros antecedentes, siguen recibiendo a través del actual gobierno –que en buena ley debería estar solícito con su pueblo, que demasiado sufrió y padeció en sus chamuscadas carnes de las malas artes de esos otros victoriosos y salvadores por la gracia de dios- aunque parezca mentira, actualmente les allegamos más dinero que durante el franquismo. Pasaron más de treinta años desde que se estableció en nuestra Constitución, que deberían financiarse ellos solitos, y ahí siguen chupando del bote común de la leche condensada. Ellos que son uña y carne con los descendientes del rancio y criminal franquismo. Ellos que tienen multitud de empresas privadas, y que gracias a una curiosa bula no pagan impuestos, como hacemos los demás, y los que deberían obligarlos a estar dentro de la ley, hacen oídos sordos a las recomendaciones de la Comunidad Europea. Ellos fieles adoradores del totalitarismo divino. Ellos maestros en practicar la doble moral. Ellos que lograron convertir la fraticida guerra, en un conflicto puramente religioso. Ellos que no enrojecen por amparar a sus pederastas. Ellos que se pasan por la entrepierna nuestras leyes laborales, y si se tercia las otras también. Ellos que en sus ratos libres –en vez de matar moscas con el rabo- se dedican a pinchar el preservativo de los demás. Ellos que no quieren gentes libres -siervos no más- Ellos que sirvieron de máscara perfecta al dictador. Ellos a los que les producen arcadas la igualdad entre los prójimos. Ellos para los que el laicismo es un pecado mortal. Ellos que se atreven a dictarnos los comportamientos sexuales cuando teóricamente son unos profanos en la materia. Ellos que no tienen reparo en excomulgar a los casados que sean del mismo género. Ellos que se las arreglaron para hacerle cargar con el mochuelo al espíritu santo de haber engendrado al hijo de dios en la tierra. Ellos que no se privaron de recatolizar al pueblo por medio del terror. Ellos que no están dispuestos a permitir que la medicina llegue a curar enfermedades, hasta ahora incurables. Ellos que tienen instaurado el machismo a sangre y fuego. Ellos que siempre fueron racistas –judíos y moriscos lo atestiguan en la historia- Ellos que en nombre de la cruz, exterminaron miles de pobladores en Sudamérica, para robarles sus tesoros. Ellos que son defensores a ultranza de las desigualdades habidas y por haber. Ellos que no se recataron para quemar miles de mujeres acusándolas de brujería. Ellos oportunos justificadores de los golpes de Estado por el bien de todos y para mayor gloria de su dios del cielo. Ellos que se arrogaron el monopolio de la definición del concepto de familia y de matrimonio. Ellos que trataron en su día de instruir la causa por la canonización del quícaro sanguinario. Ellos que no tuvieron reparo en llevar bajo palio a un gran criminal, aunque fuese paticorto. Ellos fervientes aplaudidores de los fusilamientos y condenas de quienes han luchado por la justicia y la democracia. Ellos que bendecían y bendicen, a quienes prohibían y prohíben, la libertad de conciencia. Ellos que defienden sobre todas las cosas, la obediencia a su ser supremo, a ellos, al miedo y a la sumisión a todos ellos. Ellos que todos los días elevan a los altares a sus mártires, mientras miran para otro lado si se trata de los caídos del otro bando. Ellos que se ufanan de su pasado incívico e incivil. Ellos que se vanaglorian de ser antidemócratas. Ellos que se sienten satisfechos de su primario machismo aún vigente y que continúan difundiéndolo y extendiéndolo en sus centros. Ellos que fueron hitlerianos mucho antes de que naciese Hitler. Ellos que llevaban dentro el virus fascista, siglos antes de que se desarrollase como terrorífica enfermedad. Ellos que fueron y siguen siendo más franquistas que el propio patas curtias. Ellos que personificaron con su griterío de sacristía, la guardia pretoriana del dictador. Ellos en fin… que azuzan a las gentes, como perros de presa, contra una de las leyes de la democracia.
A principio de los años cuarenta del siglo pasado, se pavoneaban ufanos, de ser unos adelantados a su tiempo, no en vano decían: “…los más grandes políticos de aquella época, Hitler y Mussolini, adoptaban los métodos que nosotros, los católicos soberanos, hemos aplicado de siempre”.
Con estos antecedentes ¿cómo van a permitir que a los escolares se les imparta una asignatura que les haga pensar en el respeto y en la igualdad? De ahí su desaforada llamada a la desobediencia civil. Sin duda recuerdan que pese a sus desvelos, con todo y con ello, bajo su régimen, amparados por su paternal paraguas, descubrían que bastantes no iban a misa, o lo hacían a regañadientes, que otros no éramos “buenos católicos” que algunos hasta se atrevían a convivir sin estar casados, a todas luces amancebados, cuando para mayor escarnio, hasta se engendraban y parían hijos sin pasar por sus ritos, y tantos y cuantos nos rebelábamos contra sus normas, en las que nos ordenaban la división social como de origen divino. ¿Como van a consentir ellos, tan vulgares desatinos? Se les irán de las manos tantas almas, tantos cuerpos, tantos dineros, se escaparán como el agua retenida en un cesto de mimbre. Mientras estén en posesión de su sano juicio, y les ilumine el espíritu santo, no pueden permitir una educación en el respeto por la igualdad. Como van a tolerar ELLOS que haya gentes que aprendan a razonar y a valorar su propia autoestima. Como van a consentir que el populacho pueda elegir entre Educación para la Ciudadanía, o, superstición religiosa. Hay que colocar puertas al campo, sino, esto será el relajo padre, el desmembramiento y la ruina de su patria y por ende de este su reino terrenal, a costa del cual, de siempre, vivieron como curas.

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FANATISMO PURO Y DURO:

La ultra derecha purpurada nos ilustra sobre la degeneración ideológica
de la Iglesia Católica española. Impresiona sobremanera el fanatismo mental de uno de los capos del clan fanatizado ( Cañizares y Rouco). Y en lo tocante a la COPE, el problema no es el bandolero Fedeguico, el verdadero cáncer para la convivencia es la ideología de ambos dos.
Cuando dentro de cierto tiempo, y ya con alguna perspectiva histórica, se analice la actual etapa de la política española, estos años de crispacion que han seguido al vuelco electoral de marzo de 2004, este resurgimiento fascista de una lógica guerracivilista que divide a los ciudadanos entre patriotas y traidores, esta explosión de cainismo que convierte al rival, al discrepante, al crítico en enemigo y, “al enemigo, ni agua”- será de justicia señalar, como responsables de la bronca, de la crispación, de la ruptura de los más elementales usos democráticos, de la recrudescencia ultraderechista, no sólo a los actuales dirigentes del Partido Popular, no sólo a una legión de periodistas u opinadores iluminados y fanatizados hasta la paranoia. También será preciso detenerse en el papel instigador y legitimador de la escalada reaccionaria que está jugando una buena parte de la jerarquía católica española, con la silenciosa aquiescencia del resto.
Resulta en verdad fascinante el giro que ha efectuado la cupula del episcopado español en tres décadas, desde los tiempos de los cardenales Enrique y Tarancón o Jubany -aborrecidos por la extrema derecha, - hasta hoy, cuando los cardenales Rouco y Cañizares parecen casar la suerte de la Iglesia católica a la fascista extrema derecha del partido de Rajoy, Acebes y Zaplana, con la demagogia mediática más soez y con el ultramontanismo teológico, y cultural mas retrogrado de Europa.Las causas de esta involución merecerían un estudio a fondo, los efectos están bien claros: desde 1977 , el catolicismo español ha perdido para decirlo en sus propios términos, universalidad a borbotones; se ha transformado en una facción seguramente más dura, más compacta, más disciplinada, pero más pequeña, mucho más hosca y muchísimo menos permeable. Mera secta fanatica imbuida del maximo reaccionarismo intolerante.

Desde esa fortaleza presuntamente asediada donde ella misma ha querido encerrarse, la jerarquía episcopal no cesa de lanzar proyectiles y calderos de aceite hirviendo contra todo aquello que, en el exterior, no es de su gusto, ya sea de naturaleza política o religiosa, temporal o espiritual.
Pero el plato fuerte en esta degustación de exquisiteces episcopales lo cocinó don Antonio Cañizares Llovera, cardenal arzobispo de Toledo y primado de España, sostiene que una España unida sería una España más católica “porque España tiene su origen en la fe, en la unidad católica en el tercer concilio toledano. (…) España será cristiana o no será España”.
¿El proyecto de destrucción de España es en el fondo un proyecto laicista?”, “Así lo entiendo y así lo he escrito”, afirma el purpurado.
A continuación, el cardenal explica que, en su diócesis, se reza todos los días por España, y hasta la han consagrado (a España) “a la Divina Misericordia y al Inmaculado Corazón de María”. “Hicimos esa consagración porque consideramos que hay que poner a España en las manos misericordiosas de Dios y en las manos de la Virgen. Es absolutamente necesario”. Entre otras razones, porque el Gobierno de Rodríguez Zapatero, con la agilización del divorcio, con el matrimonio homosexual, con la nefanda Educación para la Ciudadanía, “ataca a lo fundamental de la familia” y “eso es la destrucción de nuestro futuro”. En este gran y deletéreo proyecto gubernamental “existen elementos masónicos”, precisa Cañizares, el cual confiesa haberse ilustrado sobre tal extremo con la lectura de El Padre Elías, una novela católico integrista comparable, por su rigor y su aliento “conspiranoico”, al Código Da Vinci, aunque en sentido contrario. Y, después de este alarde de erudición fanatico dogmatica, nuestro príncipe de la Iglesia concluye: “A veces, debería ser más claro al hablar”. No, monseñor; no hace falta.
A la luz de tales asertos, consideraciones y referencias bibliográficas, hay una rectificación que se impone: basta de conceptuar como extremista o antievangélica la línea informativa e ideológica de la Cope. La cadena radiofónica de los obispos no hace más que reflejar -incluso pálidamente- el punto de vista de éstos, y Fedeguico es sólo un mayoral megalómano, pero obediente y lealísimo a las ideas de sus patronos.
Que Dios nos salve de estos salvadores.

Algunos socialistas utópicos de finales del S.XIX vaticinaron que desaparecerían reyes y patronos durante el siglo siguiente. Es evidente que los reyes se batieron en retirada, como especie política, aunque de vez en cuando reaparecieron como supuesta solución telúrica al disenso social. Esta solución consiste en recuperar un rey y se le lanza al mercado, tras una dosis de marketing, a ver si cuela. Tal es el caso del que propusieron para Afganistán; en el caso de Bulgaria y Albania también se intentó aquello de que al ser de todos, los reyes, eran auténticos profesionales de la estabilidad. Simón de Bulgaria, incluso llegó a disfrazarse de demócrata para acercarse al poder de lo que fue su reino. A comienzos de este nuevo siglo aún hay reyes en lista de espera, involucrados, como muchos patronos, en todas las operaciones de cirugía plástica requeridas para su puesta al día.
Las religiones están como siempre, o incluso mejor, porque supieron diversificar riesgos planteando ofertas plurales, desde tecnología espiritual, caso del Opus, hasta toda clase de fundamentalismos, pasando por aquellas religiones que se reconvirtieron en multinacionales de servicios terapéuticos, con sugestivas ofertas en consuelos de diseño, de gran consumo en funerales y entierros, por ejemplo.
Hablando de lucha de clases, o conflicto de civilizaciones que se dice hoy, el peor enemigo de Occidente se vertebró en torno de una coartada religiosa, cuyo crecimiento fue en gran medida estimulado por las potencias occidentales al utilizar la religión como filosofía alternativa frente al avance del marxismo. Si los talibanes fueron diseñados como fuerza de choque ideológico frente a la presencia soviética en Afganistán, la insumisión de los ayatolás, en Irán, fue inicialmente apoyada por EEUU y el R. Unido para contrarrestar el activismo de izquierdas que podía llenar el vacío de poder tras la caída del Sha. De cualquier forma, la consolidación de un frente islámico supuso, además de levantar un dique ideológico característico de la guerra fría, consolidar el Corán como el texto de los principios fundamentales, no solo es un libro de conducta religiosa, sino de conducta en general. En él hay un modelo de sociedad y comportamiento, desde el matrimonial hasta la represión de la delincuencia. Y encima aventaja a las constituciones vigentes en Occidente en que no lo había redactado ni un Fraga, ni un Herrero de Miñón, sino nada menos que Alá.
Pero Alá se tornó de enemigo del marxismo en enemigo del capitalismo, si antes había condenado el materialismo dialéctico, ahora condenaba el materialismo grosero de los señores de la globalización. Dentro del islamismo politizado los hay que aguardan pacientemente la descomposición del capitalismo, pero otros prefieren utilizar el terrorismo como factor de desorden. Y todo esto se plantea sobre unas zonas que ocultan en su interior ríos de petróleo. Hasta ahora los más poderosos consiguieron pactar precios controlando a algunos reyes y patronos de los países productores, considerados como traidores por el islamismo radical. Si en los 60 los ideólogos de la rebelión en los países colonizados oponían al imperialismo la racionalidad crítica, hoy blanden el Corán y Alá es su caudillo.