Historia y vida.


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El yo, ese monstruo preferible a todo” al que apostaban como emblema de la contemporaneidad, dos personalidades tan distintas y eminentes como Gide y Malraux, era una apuesta que, fueran cuales fuesen las condiciones que la acompañaban, confirmaba el imperialismo del yo en la escena de su tiempo, y culminaba el proceso de afirmación del individuo en la estructura ideológica de aquel panorama político. Lo que se tradujo en una dominación casi sin límites del individualismo, que señoreó el mundo contemporáneo, con sus contrapartidas negativas, que las tuvo e importantes, pero a cuyo ímpetu creador debemos las grandes conquistas de la modernidad y las principales realizaciones del mundo actual. Avances que, en buena medida, hay que apuntarle políticamente a la causa del primer liberalismo, con la exaltación de la libertad que éste propició y que tan en consonancia estaba con el culto del ego que su doctrina alentaba.

En España el franquismo se metamorfoseó en monarquía parlamentaria

Pero al adentrarnos en el siglo XX se invirtió el paradigma. Intelectualmente nos situó en el firmamento de la irracionalidad con doctrinas y modas que celebraban en permanencia lo común indiferenciable, lo disparatado, lo colectivo, lo inverosímil; y que política-ideológicamente liquidaban al individuo y enterraban la libertad, emparedándola entre el colectivismo despiadado de los comunismos y el totalitarismo opresor del nazi fascismo.

Esta inversión de principios y valores, que tan sustancialmente modificó nuestro universo ideológico, se produjo en una comunidad, la nuestra, desmoralizada y átona, sin pulso ético y -deporte aparte- con casi nulos impulsos colectivos, entregada a las solas actividades de comprar y vender, que son las propias de la condición mercantil en que nos ha confinado hoy nuestra función más mostrenca y eminente: la de mercado. Función que ha transformado nuestra vida colectiva en un paisaje frágil y tedioso, en el que lo público y lo privado parecen jugar al escondite, después de haber perdido un notable porcentaje de los rasgos diferenciales de sus identidades contrastadas y después de haber dejado atrás todas las consideraciones ancladas en la moral y el bien común, y de haber consagrado como únicos objetivos el negocio y el beneficio.

Es decir, después de haber abierto de par en par las puertas a la corrupción y de haberse abrazado al estragamiento de principios y prácticas. Que alcanzó primero a los actores económicos en su totalidad y luego, en una especie de ósmosis imparable se extendió al conjunto de la sociedad civil y en particular a los políticos.

Dejando de lado el caso español, de cuyos corruptores y corrompidos este diario da abundante noticia, voy a centrarme en Francia, el segundo país, según las estadísticas, más corrupto de Europa, cuya peripecia política sigo muy de cerca. Comenzando por el dato más significativo, que a mi juicio es el aumento del número de personas condenadas por corrupción en el ejercicio de una función pública que fue de 69 en 1984, de 133 tres años después y que 10 años más tarde duplicó el número llegando a 286. A este respecto es importante señalar que los miembros de la sociedad civil condenados, empresarios sobre todo, son mucho más numerosos que los políticos y los altos funcionarios cobijados tras la opacidad de los fondos públicos y protegidos por las inmunidades parlamentarias. Conviene subrayar que las condenas recaen tanto a la derecha como a la izquierda y afectan tanto a políticos de base como a líderes y a personalidades muy celebradas. Anotemos los nombres de François Leotard, Alain Juppé, Robert Pandraud, Roland Dumas, Dominique Strauss-Kahn, Michel Mouillot, Michel Noir, Jean Tiberi, Alain Carignon, Bernard Tapie, Robert Hue y un muy largo y notable etcétera. Con la particularidad de que lo más sorprendente de esta naturalización invasora de la corrupción es que hoy sus más acérrimos defensores no son sus beneficiarios directos, sino todos aquellos que deberían combatirla y que la consideran, al contrario, como un componente fundamental y necesario para el buen funcionamiento de las sociedades actuales.

Esta increíble perversión es consecuencia de una estructura causal cuyos dos ejes centrales son: la mitificación política del dinero que todo lo puede, lo que lo constituye en el verdadero poder; y el lujo, el goce, el disfrute, acompañantes obligados de las posiciones culminantes, tanto en la esfera social como en la política. Quien en las alturas no nada en la abundancia de lo más exquisito no sólo se desconsidera frente a los demás, sino que se degrada a sus propios ojos.

Esto es lo que nos explica que en este punto no haya habido diferencia entre Chirac y Mitterrand, ni siquiera entre el mito que fue De Gaulle y el ejecutor de habilidades que representaba Giscard d’Estaing. Era inevitable que la tan amplia generalización y el definitivo asentamiento de las prácticas corruptas generase modos comprobados de su ejercicio. A esto responde la aparición en los países del Sur de Europa de comportamientos cada vez más declaradamente mafiosos, que han alcanzado carta de naturaleza casi pública.

La corrupción en nuestro país, a causa de las condiciones especiales de nuestro acceso a la democracia ha tenido una andadura muy particular, que algunos hemos calificado como transición intransitiva. En mi libro Memoria democrática (Foca, Madrid, 2007, 429 págs.) doy cuenta, conjuntamente con otros 26 compañeros analistas, de la entrada de España en democracia. O más precisamente, relatamos sine ira et studio, la transformación democrática del régimen franquista, que consistió en la metamorfosis del llamado Movimiento Nacional, hábil travestimento del falangismo operado bajo la inspiración directa del General Franco, en monarquía parlamentaria. Delicado desplazamiento cuyo gozne esencial fue Juan Carlos de Borbón, y a su través la confirmación del unánime imperio social del franquismo, que además ha venido acompañado de la falsificación de los grandes referentes del periodo, que no fueron la ruptura ni siquiera la reforma, que no existieron, sino la simple autotransformación del régimen impuesto, en el marco de la dictadura, por quienes tenían el poder y la legitimación para hacerlo.

La indignación de los que en aquellos iniciales años 70, desde el radical hermetismo de nuestra opción por la ruptura, descalificábamos a quienes nos anunciaban como inevitable una transición circular, es decir “más de lo mismo”, fue puro voluntarismo, cuya principal consecuencia consistió en la perversa desmovilización del antifranquismo predemocrático y de sus aledaños. Por eso, en vez de desalentar a personalidades en proceso más o menos avanzado de conversión a la democracia cuyas propuestas (como las de Herrero de Miñón -El principio monárquico, 1972-; Jorge de Esteban -Desarrollo político y constitución española, 1973-; José Mª de Areilza -Diario de un ministro de la monarquía, 1977-; Rodolfo Martín Villa y un largo etcétera) podían servir para reforzar el proceso de alejamiento del franquismo de la parte más abierta de la sociedad española, contribuimos con nuestro radicalismo a problematizarlos, y con ellos a todo el amplio espectro de la derecha social del que eran de alguna manera portavoces.

Ahora bien, el papel desempeñado en todo este proceso por el actual Jefe del Estado español, y por ende, su responsabilidad, fueron determinantes. No se trata de emitir un juicio negativo sobre su actuación como Jefe del Estado y el propósito de esta reflexión no es el de pronunciar una descalificación por el ejercicio de su función, sino el de proceder a una impugnación de su origen que lo ilegitima, que lo descalifica democráticamente a limine, sean cuales fueren sus condiciones personales y lo acertado de su actuación. Esa mancha original ha contribuido poderosamente, a nivel difuso y preconsciente, a la desmoralización política de la ciudadanía española, pues se trata de un ejemplo permanente que nos ha venido de lo más alto y cuya vigencia no ha menguado. De predilecto del dictador a número uno de la democracia. ¿Quién da más como perversión simbólico-política?
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¿Estaba en lo cierto Sartre cuando aconsejó a los intelectuales que descendieran a la cosa pública? Algo le dice a Zúñiga lo incierta que es la condición del intelectual que elude el compromiso político. Y para demostrarlo retrocede al triste final que tuvo Arquímedes. Aquel matemático que frenó las invasiones romanas en Siracusa combinando invención y estrategia pero que acabó pereciendo bajo la espada cuando se cobijó en el puro ensimismamiento.

En su tiempo, el físico Arquímedes perdió la oportunidad de convertirse en modelo del intelectual comprometido con la historia, tal como siglos después aconsejaba Sartre. Ya que nuestro propósito es instructivo contaremos el caso para satisfacción no de los sartrianos sino de quienes piden a los intelectuales que se comprometan sólo con sus musas, sin descender a la sucia política o a las turbias apetencias populares.

“Mi profesión es reflexionar, no conducir batallas”

Cuando la armada romana de Marcello atacaba el puerto de Siracusa, el consejo municipal pidió a Arquímedes, dado su gran prestigio, que ayudase a la defensa de la ciudad. Aceptó él pero no fue tanto un compromiso real como una continuidad en sus experimentos y estudios.

Gracias a Arquímedes se repelieron varios ataques de las naves romanas, ataques que consistían inicialmente en acercarse a las murallas del puerto, lanzando alaridos y flechas. Pero allí funcionaron unos artefactos de guerra con los que Arquímedes demostró su ingenio. Consistían en serones flotantes cargados de leña ardiendo entre la que se había puesto un fuerte imán. Echados al mar, quedaba a merced de las olas pero en cuanto los romanos blandían sus armas por fuera de la borda para asustar a sus adversarios, los incendiáculos eran atraídos por el metal y al aproximarse a las naves les prendían fuego.

Al tener que retirarse los atacantes, esta defensa fue muy celebrada y hoy confirma la opinión de que un físico puede ser un buen estratega si es preciso, aunque personas de exquisita sensibilidad espiritual reprueben la participación de los intelectuales en actos colectivos, en especial, luchas por la subsistencia o actitudes levantiscas contrarias a la privacidad de sus tareas excelsas.

Pero en Siracusa, se convocó a Arquímedes a participar porque era su ciudad natal e incluso la realidad circundante le aportaría sugerencias para sus investigaciones que no obtendría de otra forma.

Un nuevo ataque tuvo lugar y esta vez la feliz ocurrencia fue usar grandes espejos colocados en las murallas; al reflejar éstos los rayos del sol y dirigirlos sobre las naves romanas aumentaron al doble el calor propio de un verano siciliano. Se achicharraban los soldados si subían a cubierta, las armas no se podían tocar de tan calientes y los cascos de hierro servían para abanicarse. Agotadas las reservas de agua, deslumbrados, agobiados y sudorosos, los atacantes retrocedieron.

La amenaza sin embargo no estaba conjurada. Esperaba la ciudad nuevos ataques y en Arquímedes se depositaba toda la confianza. En determinado momento, éste quedó absorto y se le vio hacer anotaciones en su pizarra y poco después emprendió el camino de casa. Su amigo Sturos, hombre sensato, se le acercó para que permaneciese en el puerto a fin de estudiar la situación, que no se fuera pues sin él no podrían defenderse mucho tiempo.

-Voy a casa a poner en orden unas ideas, unas ecuaciones importantes para la ciencia.

-Pero si los romanos conquistan la ciudad, toda la ciencia se perderá sin remedio. Has de ser consecuente: tú eres ahora nuestro artífice, sólo te pido conciencia profesional.

-Mi profesión es reflexionar, no conducir batallas.

-La reflexión no es un fin. Hoy tu fin es salvar la ciudad y hacia ella tienes esa responsabilidad.

-No, los técnicos son los responsables. Yo estoy comprometido conmigo mismo, con mis cálculos que serán útiles en el futuro.

No convencido, Arquímedes se marchó, se le oyó murmurar “las matemáticas son mi patria”, y ya en su casa se entregó a la tranquila atmósfera del estudio. A la mañana siguiente, en todas las calles cercanas se oyeron blasfemias y gritos, ruido de carreras y golpes en las puertas: era la señal inequívoca de que los romanos habían conquistado Siracusa.

Pero él estaba entregado a sus experimentos. Al parecer, del techo había colgado un bramante a cuyo final puso un anillo de oro que venía a oscilar sobre el vaho de un recipiente de agua hirviendo. Tan abstraído estaba que no oyó que hombres armados subían por la escalera y que se le acercaban y como vieran el anillo, gritaron “¡es de oro!”. El sabio se limitó a murmurar:

-La trayectoria del círculo es en función de la temperatura…

Entonces, una espada entró profundamente en su espalda.

Una triste muerte en cuyo móvil no están de acuerdo los historiadores: se atribuye a no haber parlamentado con los soldados, o a la inclinación de éstos por objetos áureos, o bien, al asombro que originaría descubrir a aquel hombre en actividad tan inadecuada mientras la ciudad ardía.

Incierta es la condición del intelectual acuciado por la exigencia de consagrarse al cumplimiento de su vocación y ser sordo a propuestas ciudadanas, a la par que otras voces le piden sea creador de mundos nuevos sin abandonar el puerto de Siracusa.

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Cuando yo salí del pueblo, hace la friolera de cuarenta y ocho años, y me topé con el Aniano, el Cosario, bajo el chopo del Elicio, frente al palomar de la tía Zenona, Cena, ya en el camino del Pozal de la Culebra. Y el Aniano se vino a mí y me dijo: “¿Dónde va el Estudiante?”. Y yo le dije: “¡Qué sé yo! Lejos”. “¿Por tiempo?” dijo él. Y yo le dije: “Ni lo sé”. Y él me dijo con su servicial docilidad: “Voy a la capital. ¿Te se ofrece algo?”. Y yo le dije: “Nada, gracias Aniano”.
Ya en el año cinco, y al marchar a la ciudad para lo del bachillerato, avergonzaba ser de pueblo y que los profesores me preguntasen (sin indagar antes si yo era de pueblo o de ciudad): “Isidoro ¿de qué pueblo eres tú?” Y también me mortificaba que los externos se dieran de codo y cuchichearan entre sí: “¿Te has fijado qué cara de pueblo tiene el Isidoro?” O, simplemente, que prescindieran de mí cuando echaban a pies para disputar una partida de zancos o de pelota china y dijeran despectivamente “Ése no; ése es de pueblo”. Y yo ponía buen cuidado por entonces en evitar decir: “Allá en mi pueblo”… o “El día que regrese a mi pueblo”, pero, a pesar de ello, el Topo, el profesor de Aritmética y Geometría, me dijo una tarde en que yo no acertaba a demostrar que los ángulos de un triángulo equivalen a dos rectos: “Siéntate, llevas el pueblo escrito en la cara”. Y, a partir de entonces, el hecho de ser de pueblo se me hacía una desgracia y yo no podía explicar cómo se cazan gorriones con cepos o colorines con liga, que los espárragos, junto al arroyo, brotarán más recio echándoles porquería de caballo, porque mis compañeros me menospreciaban y se reían de mí. Y toda mi ilusión, por aquel tiempo, estribaba en confundirme con los muchachos de ciudad y carecer de un pueblo que parecía que le marcaba a uno, como a las reses, hasta la muerte. Y cada vez que en vacaciones visitaba el pueblo, me ilusionaba que mis viejos amigos, que seguían matando tordas con el tirachinas y cazando ranas en la charca con un alfiler y un trapo rojo, dijeran con desprecio: “Mira el Isi, va cogiendo andares de señoritingo”. Así que, en cuanto pude, me largué de allí, a Bilbao, donde decían que embarcaban mozos gratis para el Canal de Panamá y que luego le descontaban a uno el pasaje de la soldada. Pero aquello no me gustó, porque ya por entonces padecía yo del espinazo y me doblaba mal y se me antojaba que no estaba hecho para trabajos tan rudos y, así de que llegué, me puse primero de guardagujas y después de portero en la Escuela Normal y más tarde empecé a trabajar las radios Philips que dejaban una punta de pesos sin ensuciarse uno las manos. Pero lo curioso es que allá no me mortificaba tener un pueblo y hasta deseaba que cualquiera me preguntase algo para decirle: “Allá, en mi pueblo, el cerdo lo matan así, o asao.” O bien: “Allá en mi pueblo, los hombres visten traje de pana rayada y las mujeres sayas negras, largas hasta los pies ” O bien: “Allá, en mi pueblo, la tierra y el agua son tan calcáreas que los pollos se asfixian dentro del huevo sin llegar a romper el cascarón” O bien: “Allá, en mi pueblo, si el enjambre se larga, basta arrimarle una escriña agujereada con una rama de carrasco para reintegrarle a la colmena.” Y empecé a darme cuenta, entonces, de que ser de pueblo era un don de Dios y que ser de ciudad era un poco como ser inclusero y que los tesos y el nido de la cigüeña y los chopos y el riachuelo y el soto eran siempre los mismos, mientras las pilas de ladrillo y los bloques de cemento y las montañas de piedra de la ciudad cambiaban cada día y con los años no restaba allí un solo testigo del nacimiento de uno, porque mientras el pueblo permanecía, la ciudad se desintegraba por aquello del progreso y las perspectivas de futuro.

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Una vez más estamos viendo una avalancha liberal alarmando a la población diciéndole que el sistema de pensiones no es sostenible y tiene que sufrir cambios profundos que significan, todos ellos, una disminución de las pensiones. Entre estos cambios se incluye el retraso obligatorio de la edad de jubilación de 65 a 67 años. La mayor justificación para esta medida es que la esperanza de vida de la población española ha crecido cuatro años en el periodo 1980-2005, pasando de 76 a 80 años. Por lo tanto, los pensionistas están gozando de sus pensiones cuatro años más ahora que hace 25 años, lo cual –se nos dice– hará insostenible el sistema de pensiones al aumentar el periodo de beneficio cuatro años más cada 25.

El problema con este argumento es que es erróneo, pues ignora cómo se calcula la esperanza de vida. Supongamos que España tuviera sólo dos habitantes: Pepito, que muere al nacer, y la señora García, que tiene 80 años. La esperanza de vida promedio de España lsería (0+80)/2=40 años. Supongamos que en un país vecino hubiera también dos ciudadanos: Juanito, que tiene 20 años, y la señora Pérez, que tiene 80 años. La esperanza de vida promedio de este segundo país es (20+80)/2=50 años. El hecho de que este país tenga diez años más como promedio en su esperanza de vida que España no quiere decir (como constantemente se dice) que la señora Pérez viva diez años más que la señora García. Lo que ocurre es que Juanito vive 20 años más que Pepito. Y esto es lo que ha ocurrido en España (y en Europa). El enorme descenso de la mortalidad infantil y la mortalidad de los grupos etarios más jóvenes ha sido la mayor causa del aumento de la esperanza de vida promedio. Ni que decir tiene que la población anciana vive ahora más que hace 20 años. Pero no los famosos cuatro años que constantemente se citan. Se está exagerando (deliberadamente, en muchas ocasiones) el aumento de la longevidad (años de vida) de la ciudadanía para justificar la reducción de las pensiones.

Por otra parte, este aumento de años de vida varía considerablemente según la clase social de la persona. España es uno de los países con mayores desigualdades sociales en el mundo desarrollado. En nuestro país hay un gradiente muy marcado de mortalidad según la clase social. Exigirle, por lo tanto, a la mujer de la limpieza de la universidad (cuyo nivel de salud a los 65 años es igual al que tiene el catedrático emérito a los 75 años) que trabaje dos años más para pagar la pensión a este último es una profunda injusticia. Pero esto es, precisamente, lo que están proponiendo los que piden que se aplace obligatoriamente la edad de jubilación. Proponen que las clases menos pudientes (que vivirán menos años) trabajen más para pagar las pensiones de las clases más pudientes, que les sobrevivirán muchos más años.

Otro argumento que se utiliza para argumentar la insostenibilidad de las pensiones es que la juventud se incorpora más tarde al mercado de trabajo (antes a los 18 años, ahora a los 24) y las personas de edad avanzada se jubilan antes, con lo cual hay menos trabajadores con cuyas cotizaciones se pueda sostener a los pensionistas. Tal argumento ignora tres hechos. Uno es que la prejubiliación es algo corregible. En España las prejubilaciones se están utilizando para ayudar a los empresarios que quieren despedir a sus trabajadores de mayor edad. Esta situación debería prohibirse, como ya ocurre en varios países europeos. Si un empresario quiere disminuir su fuerza de trabajo y jubilar a sus trabajadores, debería ser la empresa la que absorbiera estos costes en su totalidad.

Otro hecho que aquel argumento ignora es que el retraso de entrada en el mercado de trabajo por parte de los jóvenes se debe a que la mayoría están educándose, adquiriendo mayor conocimiento, con lo cual, una vez se integren en el mercado de trabajo, tendrán mayor productividad, conseguirán mayores salarios y aportarán, por lo tanto, mayores cotizaciones sociales.

Lo cual me lleva al tercer hecho que aquel argumento ignora: el impacto del crecimiento de la productividad en la riqueza del país y, por lo tanto, en los recursos disponibles para pensionistas y no pensionistas. Constantemente se dice que el número de trabajadores cotizantes por pensionista será menor, derivándose de este hecho que las pensiones no se podrán pagar. Ahora bien, decir que habrá pocos trabajadores para sostener las pensiones es similar al argumento que pudiera haberse dicho hace 30 años cuando el 30% de la población trabajadora sostenía la agricultura del país. El descenso del número de trabajadores en agricultura (hoy es sólo el 4%) no quiere decir que haya disminuido la producción de alimentos, al contrario, ha aumentado la productividad enormemente. Con menos trabajadores se produce más alimento. Pues bien, sustituyan la palabra agricultura y pongan pensiones. El aumento inevitable de la productividad de un número menor de trabajadores puede sostener e incluso expandir las pensiones sin ningún problema. La ignorancia de este hecho lleva constantemente a errores mayores, como ocurre en el informe del Gobierno sobre las pensiones. Este comienza con una nota que intenta ser de alarma. Dice que hay 8 millones de pensionistas en 2010 y habrá 15 en 2040, de lo cual deduce (sin indicar por qué) que tenemos un problema grave. Pero ignora que en 2040 el PIB de España habrá crecido y será, como mínimo, más de siete veces el existente hoy. Se olvida con excesiva frecuencia que España consumía hace 40 años el 4% del PIB en pensiones y ahora más del doble, el 8,6%, y ello no ha supuesto que los no pensionistas tengan menos recursos. Todo lo contrario, tienen más, pues el tamaño de la tarta (el PIB) es 17 veces mayor.

Una última observación. La viabilidad de las pensiones no es un tema demográfico ni tampoco económico. Es única y exclusivamente político. La enorme popularidad (entre todos los grupos etarios) del sistema de pensiones público hace que la sociedad siempre pueda encontrar cómo conseguir los recursos, bien a través de las cotizaciones sociales, bien a través de los impuestos generales, para financiarlas.

Esta vez vamos a sustituir el lenguaje escrito por el oral. Hace dos años murió George Carlin, uno de los grandes comunicadores yanquis. Ya sabemos que cuando Carlin u otros como él hablaban al público, lo hacían a un público minoritario, que estaba vetado en los grandes medios de su país y de otros, pero sus reflexiones a viva voz están ahí, dando en la diana con un juicio certero sobre la sociedad de nuestro tiempo que no es sólo la americana, sino la global. Carlin fue un gran comunicador, un magnífico cómico y un predicador laico. Aquí va una de sus últimas y mejores intervenciones:

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Uno, como cualquier persona que no mira al cielo para ver que pasa en la tierra, piensa que la izquierda tiene un problema grave y que por ello ha de asumir la responsabilidad que le toca en lo que acontece. Y cuando digo izquierda hablo tanto de gobiernos como de personas, pero más de estas últimas que son para mí quienes, si quisieran, si tuvieran sólo un poquito de conciencia ciudadana, sabrían que el mango de la sartén está en sus manos. Ya no hablo de huelgas a la antigua usanza o a la nueva con servicios mínimos brutales, con un aparato policial tremendo, no, hay otros métodos, pero claro, es menester moverse.
Los gobiernos, incluso algunos, muy pocos, como el actual de España que llegó al poder “nominal” con buenas intenciones –la ley de dependencias pasará a la historia como una de nuestras mayores conquistas sociales, pese al boicot de las comunidades gobernadas por el Partido Popular- tienen un problema: El apoliticismo del personal, que en España en particular es hijo directo del franquismo y en Europa en general del individualismo acomodaticio, egoísta, materialista y paleto. En España no se puede hablar de política en ningún sitio, enseguida el facha de turno –los hay de diferente etiología aunque predominan abrumadoramente los hijos de Franco- alza la voz y manda parar, normalmente nadie le hace frente, pero él sigue difundiendo sus ladridos creyéndose el dueño del corral porque en realidad nadie le ha dicho todavía a las claras que el corral no es suyo y que él en este corral es un proscrito. En Europa, en la mayor parte de Europa, ocurre algo parecido, no es que el facha de turno se imponga en el bar o en la cola de la panadería, es que el único debate importante es ver quien dice más burradas sobre los inmigrantes a los que explotan y necesitan. Pero vayamos por partes.
Ningún gobierno del mundo, por muy izquierdista que sea, salvo que se apoye en militares, lo que es una contradicción esencial y una aberración, puede tomar por sí solo medidas contundentes para solucionar la crisis que vayan contra la corriente. Eso sólo tendría alguna posibilidad de éxito remoto mediante un apoyo popular inmenso, cosa de la que carece y carecerá cualquier gobierno europeo en los próximos lustros, pues la tendencia para los años venideros es la del populismo más reaccionario que se cría en los viveros del apoliticismo y del escepticismo fomentado por unos medios cada vez más controlados por los dueños del capital y una ciudadanía que no quiere saber. Si ahora mismo, el gobierno de España decidiese nacionalizar la banca, por irresponsable, los servicios públicos esenciales, controlar el movimiento de capitales o subir, mediante inspecciones fiscales exhaustivas, los impuestos directos a los que más tienen, de inmediato España sería sometida a un boicot que nos llevaría a la más absoluta ruina sin que país alguno de nuestro entorno mostrase la más mínima solidaridad. Ahí está el caso de Grecia, ahí las malditas agencias de calificación que dicen a los tiburones que manejan billones de dólares de los fondos de inversión y de pensiones que es lo que tienen que hacer con quien se desmarque.
La izquierda, hay que reconocerlo así, anda un tanto perdida. Se escriben cientos y cientos de artículos analizando la situación actual, pero sin tocar realidad, y la realidad es la que palpamos, la que pisamos, la que vivimos. Para hacer un análisis de cambio a futuro es preciso saber con los apoyos que cuentas y creo que hay que estar bastante pirado para pensar que la sociedad acomodaticia del individualismo ciego está dispuesta a sumarse a cambios drásticos que pongan en peligro lo poco o lo mucho que cada cual pueda tener.
Por el contrario, la derecha tiene muy pocos objetivos, se concentra en dos o tres cosas, tener el poder real, que es el del dinero, que lo tiene; tener el poder político para continuar la desamortización y el desvalijamiento del Estado, y mantener sus instrumentos de socialización, prensa, iglesia, semana santa, fiestas populares, cofradías, equipos de fútbol, en fin toda una serie de artilugios dirigidos por reaccionarios que han contribuido mucho al apoliticismo de la sociedad. Luego está, la política del miedo: Cuando más medios tiene el hombre para combatir crisis, plagas, hambrunas, enfermedades, entonces es cuando se inventan la teoría del miedo que parte, por poner una fecha, de lo ocurrido en las Torres Gemelas. A la derecha nunca le ha importado nada para conseguir sus tres o cuatro objetivos, ni volar edificios ni armar guerras donde haya sido menester, ni pasar por las armas a miles de personas, ni jugar con un país como Grecia al monopoli. Eso hay que tenerlo siempre claro.
La izquierda tiene la obligación ética de fijarse, al igual que la derecha, tres o cuatro objetivos inmediatos, sólo tres o cuatro, tal vez cinco, no más: Eliminar la libertad de movimiento de los capitales; recuperar un sistema impositivo proporcional y progresivo; conseguir una educación pública, única y laica, imponer un arancel a los productos que provengan de países esclavistas y lograr un sistema salarial que tenga topes por abajo y por arriba. De mil euros a cinco mil euros, por ejemplo. Debatir constantemente sobre un cambio total de sistema, que muchos deseamos con todo nuestro corazón pero que la mayoría no lo quiere ni está por hacer nada en su favor, es meterse en un callejón sin salida.
Pero incluso para conseguir los cambios antes enunciados, es preciso una cosa, y es que todos los sindicatos de clase de Europa, en ese sentido me importa un bledo lo que hagan los yanquis o lo que diga el Sr. Almunia y la UE, actúen ya y de modo urgente. Pues un movimiento que fije sus objetivos en algo parecido a lo aquí apuntado, no puede tener éxito en un sólo país de Europa porque sería vapuleado de inmediato por los mercados financieros. Europa es el primer espacio económico del mundo, simplemente una huelga de consumidores convocada por los sindicatos en todo el continente durante dos días, sólo dos días, haría dar parcialmente la vuelta a la tortilla y metería el miedo en el cuerpo a los que promueven la nueva ofensiva neoliberal que amenaza con sumirnos en la edad media para mucho tiempo.

¿Es eso imposible? En absoluto, el nivel de descontento de los “ciudadanos” europeos es creciente pero está siendo canalizado por los populistas xenófobos, demagogos y nostálgicos. En un par de meses de reuniones preparatorias, ya digo con tres o cuatro objetivos fijos, no más, los sindicatos domésticos europeos más los que no lo son tanto podrían parar la economía mundial durante dos días. Sólo es cuestión de ponerse a ello, de pedirlo, de exigirlo, de imponerlo.
Aquí, se sigue hablando mucho del gobierno, y el gobierno sin un pueblo detrás, sin una coordinación a nivel europeo, aunque quisiera tomar otras medidas, no podría hacerlo, de ninguna manera: Duraría lo que un caramelo en la puerta de un colegio. Está la otra opción, empujar, arrimar el hombro, presionar, exigir, a nivel europeo, desde luego, y ahí los sindicatos juegan un papel decisivo.

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No parece que debamos felicitar al gobierno por haber aprendido a alarmar a los españoles al peor estilo neoliberal publicando una proyección de población para el año 2049 hecha por el INE, justo tres días antes de que hiciera pública su intención de endurecer las condiciones y disminuir la cuantía de las pensiones. El documento ha sido profusamente difundido y comentado por todos los medios de comunicación y persuasión. Curiosamente, nunca antes el INE había hecho una proyección de población para un periodo de tiempo tan largo, seguramente ajustándose a que todos los demógrafos coinciden en que sólo tienen validez científica proyecciones de población para un máximo de diez años. Pero con el argumento del envejecimiento de la población española en el futuro, el gobierno justifica su apuesta política por el recorte de pensiones e incluso puede vanagloriarse de su sentido de la responsabilidad con el futuro de los trabajadores. Veamos si ese ejercicio de responsabilidad es cierto.

Los autores del estudio reconocen que puede ser cuestionado científicamente y que se basan en hipótesis que pueden variar. ¿Cuáles son esas hipótesis?

Primera hipótesis. La baja tasa de natalidad permanecerá prácticamente inalterable en los próximos 40 años e incluso disminuirá en algún periodo de ese tiempo. Absolutamente cuestionable, por ejemplo, Francia o Dinamarca han revertido su baja tasa de natalidad mediante la implementación de políticas de apoyo a la mujer y los hijos.

Un gobierno que de verdad hiciera un ejercicio de responsabilidad se cuestionaría la razón de esa baja tasa de natalidad y descubriría, sin excesivo esfuerzo, que detrás está el desempleo de los jóvenes, su nula estabilidad cuando lo tienen, el difícil acceso a la vivienda, la creciente incorporación de la mujer al trabajo productivo, la falta de escuelas infantiles públicas y menos con horarios laborales, la imposibilidad real para las parejas de compatibilizar horario laboral y familiar, la dificultad de atención al hijo en el primer año de vida, etc.

Segunda hipótesis. La esperanza de vida entre los mayores de 65 años crecerá en ese tiempo en 4,5 años. No hay por donde cogerla. En los últimos 25 años la esperanza de vida en España ha aumentado en esos 4,5 años exactamente, pero lo ha hecho fundamentalmente -como en todos los países donde se ha producido ese fenómeno- por la disminución de la mortalidad infantil, y mucho menos a consecuencia de que los ya adultos vivan más años que antes. Aunque no hay estadísticas satisfactorias para apoyarnos, si conseguimos un aumento de 1-2 años de esperanza de vida para los mayores de 65 en ese período de tiempo ya será mucho y muy bienvenido.

Tercera hipótesis. La inmigración decrecerá. No sabemos a cuento de qué tal hipótesis. La historia nos demuestra que aquí como en Francia o Alemania o en USA o incluso entre regiones y comarcas de un mismo Estado, donde hay trabajo fluyen los trabajadores nacionales o extranjeros. Es una constante desde la aparición del capitalismo, se inició con las migraciones desde la agricultura a la manufactura y nunca se ha incumplido. Desconocerlo solo demuestra que la proyección es un encargo del gobierno para justificar sus políticas.

Así que esa falsa pirámide de edad no nos va a llevar a la catástrofe por mucho que haya sido aireada por los medios de comunicación como demostración de la inviabilidad futura de las pensiones. Lo cierto es que el envejecimiento de la población no es más que una variable de segundo orden con respecto a las pensiones.

Las pensiones dependen fundamentalmente de factores económicos y, sobre todo, de voluntad política.

Veamos primero los factores económicos. Hace 50 años el porcentaje del PIB dedicado a pensiones era del 3% y ya se pronosticaba su inviabilidad para el presente. Hoy el porcentaje es del 8,6% (2008) y aún así se pueden ahorrar miles de millones anuales para reserva cara a las futuras pensiones (8500 millones de euros en 2009). ¿Qué ha sucedido? Que el PIB ha ido aumentando conforme aumentaba la productividad. Según estimaciones del Banco de España se puede esperar un crecimiento del PIB anual en los próximos años del 1,5%. La cifra es baja si tenemos en cuenta que en los últimos diez años su crecimiento ha sido del 2,79 anual (se incluye 2008 y casi todo 2009), pero démosla por buena. Si tomamos como base el PIB que resulte este año y lo signamos como 100, para el año 2049 será de 182%, que nos indica que exactamente que con el mismo esfuerzo que el actual podríamos dedicar a pensiones un 15,28 del PIB, mayor que el 15,1 necesario que estimaban algunos bancos en otra alarma publicada el pasado año para las pensiones de… ¡2060! (1). Para continuar combatiendo el alarmismo: Italia dedica hoy el 14% de su PIB para pensiones y está saliendo más rápidamente y mejor librada de la crisis.

Existen muchas más razones económicas para aclarar como quieren engañarnos, pero vamos a nombrar solo dos: ¿Por qué no se enfrenta de una vez el problema de la economía sumergida cifrada por el Colectivo de Técnicos del Ministerio de Economía y Hacienda en el 23% del PIB (208.000 millones de euros/año)? Podríamos sufragar pensiones, sanidad, educación y dependencia juntas. Pero sobre todo, ¿En qué libro divino está escrito que la única fuente de financiación de las pensiones sean las cuotas de empresarios y trabajadores y nunca la implicación de los Presupuestos Generales del Estado en sufragar las mismas? ¿O es que las pensiones son menos importantes que el Ejército o la Casa Real? Son varios los países de la UE en los que los PGE participan en sufragar las pensiones.

Por lo que todo conduce a considerar que tan solo se trata de voluntad política. Zapatero se rindió en Davos ante los poderosos y sus amenazantes exigencias.

Y es que, al final, todo se reduce al más descarado intento de los grandes poderes económicos de llevarse la parte del león de los incrementos del PIB y dejar migajas para el resto. Se llama lucha de clases, y los poderes económicos la entienden perfectamente. No les importa que los esforzados trabajadores del campo o la construcción deban estar dos años más en el duro tajo para conseguir su no excesiva pensión. No les importa que en lo inmediato se dificulte el acceso de los jóvenes al trabajo al haber un incremento de trabajadores mayores. No les importa que disminuya la cuantía de las pensiones, ya de por si exiguas, al pasar su cálculo desde el salario de los últimos 15 años, como se hace actualmente, a 20 ó 25. No les importa que con ese incremento de años para el cálculo de la pensión aumente de forma estadísticamente considerable la posibilidad de años en blanco -en paro- con otra penalización en la cuantía de la pensión. O sea, solo les importa que haya dinero disponible para sus enormes necesidades de acumulación y concentración de capital.

El gobierno se ha puesto de su lado. El resto de ciudadanos quedamos al otro lado.

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¿Qué ha pasado para llegar a esta crisis?

Lo que ha pasado es que hubo un momento dentro de las rivalidades del siglo XX en el que los poderosos se alarmaron, en parte por los sucesos del 68, y hubo una reacción, con Thatcher y Reagan, que supuso el apoyo de una teoría económica, la de los fundamentalistas del mercado, que logró la desregulación extrema, que causó lo que ha pasado. Los economistas se han concentrado en lo financiero, es decir, son los que manejan el dinero. Y con la globalización se ha producido una transferencia de poderes: los gobiernos, que mejor o peor están controlados por la política, la democracia, etc., han sido sustituidos por unos financieros que actúan sobre una desregulación absoluta. No los controlan ni los gobiernos. Y entonces se producen los excesos.

Estamos en la descomposición del capitalismo hacia una situación de barbarie. Como en su día Roma ¿Usted no cree en el mercado?

El mercado es absolutamente indispensable como mecanismo de distribución: yo tengo que aportar unas cosas para pedir otras. Pero hay quien puede imponer precios, organizar maniobras de publicidad y venta para cerrar la entrada de otros, etc. El mercado está en manos de los poderosos. Dicen que el mercado es la libertad, pero a mí me gustaría saber qué libertad tiene en el mercado quien va sin un céntimo. Cuando se habla de la libertad hay que preguntarse inmediatamente: ¿la libertad de quién?

¿No se puede controlar a esos financieros?

Nos dicen que las técnicas modernas son de una magnitud tal que supera las fronteras estatales. Y es cierto. Pero hay otros problemas globales como el cambio climático o la crisis energética que se abordan. Eso exige una solución global; pero también el terrorismo, la sanidad, la educación, el sida…

Usted tiene fama de antiglobalización.

Yo lo que digo es: globalícese todo. Organícese un gobierno mundial y no habría el problema de la cumbre de Copenhague. Habría una autoridad que se ocuparía de los problemas climáticos. De modo que no me aleguen la necesidad de la globalización exclusivamente económica. Eso es lo que ha pasado en los últimos años.

¿Qué sucederá en adelante?

Tras esta crisis, lo próximo a corto plazo será otra crisis. Ésta no es una enfermedad transitoria. Las sociedades son entes vivos y, como tales, tienen una trayectoria que acaba agotándose. Yo creo que el capitalismo está en sus últimos tiempos en su forma actual. Ha evolucionado: empezó con el capitalismo mercantil, siguió con el capitalismo industrial, luego viene el financiero y ahora la globalización. Y la globalización es insuficiente para garantizarles lo que quieren.

Cuando se habla de la libertad, hay que preguntarse inmediatamente ¿la libertad de quién? ¿Tan profundos son los cambios?

En el siglo XVI, Europa, Occidente, estaba en ebullición, una explosión casi volcánica de fuerzas productivas, de actividades nuevas… Las gentes se subían en unos cascarones de nuez sin saber siquiera adónde; fuesen agricultores, mujeres, misioneros, conquistadores… Ahora mismo, el país más fuerte del mundo, el más poderoso y el de mejor ejército tiene miedo. Ahora son los demás los que vienen aquí. Las corrientes migratorias han cambiado. La parábola de evolución, de grandeza, ha cambiado de rumbo.

La democracia es otra seña de identidad.

La democracia representativa creada en el XVII se ve desvirtuada por completo con las técnicas de poder que tienen los medios y que inculcan a la opinión pública, o la desfiguran, o la deforman, o la incumplen… ¿Quién cree en serio que hay democracia en ningún sitio? ¿Dónde gobierna realmente el pueblo? ¿Cómo puede creerse que en EE UU, después de la mentira de Irak, el pueblo vota otra vez al señor Bush? La gente no está loca, sino mediatizada. Las democracias representativas ya no funcionan: es una oligarquía que dispone de unos medios de influencia que imponen su voluntad.

Según usted, es el fin del capitalismo.

En este momento estamos en la descomposición del capitalismo hacia una situación de barbarie. Como en su día le pasó a Roma. La barbarie no es irracionalidad: lo que hacían Hitler o Stalin era muy racional, pero muy poco humano. Ahora piense en Guantánamo, el abandono de los derechos humanos, la misma idea del mercado desregulado o incluso la destrucción del medio ambiente, en el que el poder técnico del hombre se ha impuesto sobre el poder ético.

Pero ¿tan mal se está haciendo todo?

Yo miro lo sucedido y me pregunto: ¿por qué no se nacionaliza la banca y se acaba con toda esta historia de los bonos de los directores y demás? Eso está excluido de cualquier debate. Y luego se dice que la empresa pública rinde menos: ¿rinde menos para quién? Pues igual es cierto que la cuenta de resultados no es igual, pero el dinero va a manos mucho más interesantes.

El sistema no es el adecuado a las circunstancias del momento. Algo bueno tendrá el sistema.

Fue muy positivo. Es tan bueno como la Edad Media con su religiosidad. Para un momento determinado es válido. Pero luego no es adecuado a las circunstancias del momento. Entonces, le pasa lo que nos ha enseñado Darwin con las especies: cuando una especie progresa pero no está adaptada al medio se va.

Entonces, ¿ésta es una crisis estructural, no coyuntural?

Es coyuntural porque es en este momento, pero es consecuencia de una estructura que ya no está adaptada a la realidad; el esqueleto, el armazón, es lo que falla. El capitalismo tuvo toda esa expansión en medio de un planeta en una situación diferente. Hoy nos encontramos con estos países emergentes –China, la India y Brasil– y no es lo mismo para Occidente. Las circunstancias son completamente distintas.

En esta situación, ¿para qué sirve la economía?

Algunos creemos que tiene que hacer menos pobres a los pobres. Otros creen que tiene que servir para hacer más ricos a los ricos.

En este siglo es cuando…

En este siglo van a pasar cosas tremendas. Se habla todos los días del desarrollo sostenible. Pensemos sólo que en 1900 la población mundial era de alrededor de dos mil millones y que en 2000 es de más de seis mil millones. Los ecologistas ya estudian la huella ecológica y dicen que la tierra no produce todo lo que se le quita. Ya hablan de que para dar al mundo el nivel de España, no digamos ya el de Escandinavia, harían falta tres planetas. Explíquenme cómo cuadra eso; hagan estadísticas, contabilidad nacional, etc. No cuadra.

¿El problema es demográfico?

Vuelve Malthus: la población crece en progresión geométrica, y los medios productivos, en progresión aritmética.

No sé qué vendrá después, pero no creo que por eso se vaya a extinguir la humanidad ¿Y la ciencia no puede resolverlo?

El ser humano ha llegado a un nivel técnico verdaderamente admirable y extraordinario. Pero cuando se progresa es inevitable que el creador se endiose y piense que con la ciencia puede llegar no se sabe hasta dónde. Y siempre se dice “la técnica lo resolverá”. Pero la técnica lo resolverá hasta donde pueda. No creamos que el poder humano es ilimitado.

¿Y las otras ciencias, las sociales?

En el fondo, el cómo nos organizamos es la cuestión fundamental. Tenemos técnicas claras para resolver los conflictos dentro de una sociedad, pero al final el que puede más impone su voluntad. Por eso vamos a esa situación de barbarie. No sé qué vendrá después, pero no creo que por eso se vaya a extinguir la humanidad. Sencillamente, habrá otra cosa.

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La literatura alemana actual, desgraciadamente, da más que hablar por los escándalos en torno a sus escritores que por la excitante variedad de su producción. Lo que del año 2006 ha repercutido más allá de las fronteras nacionales no han sido los elogios de la crítica a las nuevas novelas de Martin Walser, Helmut Krausser o Iliya Trojanov, sino las polémicas alrededor de la concesión del Premio Heine a Peter Handke y las revelaciones sobre la pertenencia a las SS de Günter Grass. Ambas cuestiones poseen una trascendencia indiscutible, puesto que tocan el meollo de un tema de relevancia universal -la integridad del escritor políticamente comprometido-, pero el revuelo mediático que causaron fue, a todas luces, desproporcionado.

Es más: Handke y Grass han sido objeto de una estrepitosa caza de brujas en la que tergiversaciones, improperios y ataques personales se han adoptado como prácticas habituales. Semejantes maneras muestran una preocupante degradación profesional, a la vez que la impunidad con que se aplican nos advierte acerca de la creciente intolerancia de nuestras democracias respecto a las posiciones disidentes. En el caso de Handke, su denuncia de la información unilateral sobre las guerras en Yugoslavia, y su lamento por la destrucción de un estado a causa de intereses estratégicos internacionales, en vez de granjearle respeto, lo han convertido en persona non grata. Desde hace más de diez años, las reivindicaciones del escritor austriaco de un periodismo ponderado y ecuánime, y de un trato justo para todos los acusados ante el tribunal internacional de La Haya, son recibidas como apologías de la política de Slobodan Milósevic y como deliberada ignorancia de los crímenes cometidos por los serbios. En esta cadena de multiplicación de prejuicios, medias verdades e informaciones falsas, han participado escritores de casi toda Europa, contagiados por la vorágine mediática de una especie de «opinionitis» cuyos síntomas más leves consisten en opinar, sin conocimiento previo de la materia, de forma tan vehemente como errónea, a base de informaciones y opiniones recogidas sin análisis. Como gravísimo efecto de esta prolongada deformación informativa ha crecido alrededor del autor y de los hechos una tupida maraña de desconocimiento y desconfianza que resulta más difícil de penetrar a medida que los acontecimientos se alejan en el tiempo. Hablar de censura abierta, en este contexto, significaría subestimar el rechazo moral hacia la persona políticamente incorrecta que impide que se cuestione la versión oficial y se investigue a fondo. Es altamente significativo que en los medios de comunicación españoles, de una uniformidad única en Europa, no se hayan podido leer análisis críticos de la actuación de la OTAN en Yugoslavia o de su representación mediática, ni del «caso Handke». Sólo en los blogs de Internet se han contrastado datos y opiniones, sin repercusión en la opinión pública. Mientras en Francia y en los países de habla alemana se suman cada vez más voces al reconocimiento del enconado compromiso humanitario de Handke (encabezadas aquéllas por las de Elfriede Jelinek, Anne Weber, Robert Mena sse y Emir Kusturika), y el debate empieza a ser más diferenciado, en España continúa prevaleciendo el desinterés, cuando no la condena moral.

Esta exclusión de la disidencia política ha sido impulsada, precisamente, por intelectuales y políticos de izquierdas, un colectivo identificado con la defensa de la libertad de expresión y del valor del pensamiento a contracorriente. Sin embargo, ante el conflicto yugoslavo y el «amigo de Milósevic» se ha producido un inusual cierre de filas. A Handke (que no conocía a Milósevic antes de su visita al tribunal de La Haya en 2005) ya no se le escucha; con indignación o preocupación se renuncia a discutir sus puntos de vista sobre la cuestión yugoslava, especialmente después de su presencia en el entierro del ex presidente de Yugoslavia en marzo de 2006. Varias editoriales españolas han rechazado publicar sus dos informes sobre sus visitas a la corte internacional de La Haya, ‘Rund um das grosse Tribunal’ [Alrededor del Gran Tribunal, 1999] y ‘Die Tablas von Daimiel. Ein Umwegzeugenbericht zum Prozess gegen Slobodan Milosevic’ [Las tablas de Daimiel. Un informe de testigo desviatorio del proceso contra Slobodan Milosevic, 2005] con el argumento de la inoportunidad política del autor.

Hasta qué punto son inoportunas las afirmaciones críticas de Handke -jurista de formación- sobre la labor de la Corte Internacional, de momento no lo podrá juzgar el lector español. Lo que sí puede verificar es la visión del conflicto de Yugoslavia que el escritor ofreció en las narraciones de viajes publicadas en los años noventa, ‘Un viaje de invierno a los ríos Danubio, Save, Morava y Drina’ y ‘Apéndice de verano a un viaje de invierno’, aunque de los cuatro textos, ni el primero, ‘Abschied de Träumers vom Neunten Land’ [Despedida del soñador del Noveno País, 1991], ni el último, ‘Unter Tränen fragend’ [Preguntando entre lágrimas, 1999] estén traducidos. Parece que ya nadie se acuerda de que Handke dejó claramente expuesta en estas sucesivas matizaciones su búsqueda de la verdad sobre la situación en Yugoslavia y su apelación a la justicia. Sólo sacándolos de su contexto por medio de una interpretación maliciosa esos escritos podrían atribuirse a un «abogado proserbio» o calificados de «escritos difamatorios proserbios».

Los cuatro textos son testimonios -explícitamente subjetivos- de visitas emprendidas para recoger impresiones in situ con las que poder contrarrestar la información transmitida por los medios de comunicación. Un propósito, pues, de indudable utilidad en el que Handke ha insistido hasta el final con un argumento que habla por sí solo: «Nadie sabe lo que ocurre en Kosovo, puesto que nadie puede entrar allí». Poner en tela de juicio los procedimientos informativos de las partes enfrentadas en un conflicto bélico, es la base de cualquier investigación seria. Resulta difícil de comprender que en las guerras yugoslavas se haya recelado tan poco de la versión dada por los gabinetes de prensa croatas y musulmanes o de la OTAN, mientras se dudaba automáticamente de los datos proporcionados por los serbios. Ésta es una de las conclusiones a las que también llega la periodista norteamericana Diana Johnstone en su estudio ‘Fools’ Crusade. Yugoslavia, NATO and Western Delusions’ [La cruzada de los necios. Yugoslavia, la OTAN y los engaños de Occidente] [ 1 ], donde somete a un riguroso análisis las fuentes y los métodos de información de ambos lados. La autora estima urgentemente necesario «llamar la atención sobre aspectos de las crisis y los conflictos yugoslavos que fueron distorsionados o pasados por alto en los comentarios habituales». Johnstone, conocedora de las intrincadas circunstancias yugoslavas desde los años 50, relaciona en su libro la maniqueísta presentación mediática del conflicto yugoslavo con el intento de EE.UU. de extender su hegemonía en Europa, rehabilitando para ello la guerra como instrumento político aceptable. Contra este intervencionismo agresivo, Johnstone se ha propuesto indicar otra perspectiva: «Puesto que el prejuicio general ha sido manifiestamente anti-serbio, es inevitable hacer un esfuerzo para recuperar un equilibrio justo (…). Lo único que podría haber provocado una simpatía especial hacia los serbios es el hecho de que fueron sometidos en los últimos años a una campaña extraordinaria de calumnias racistas por parte de los comentaristas y políticos en los países de la OTAN».

Motivos muy similares inducen a Handke en otoño de 1995 a trasladarse a Serbia. Le guía un sentido de justicia compensatoria: «La verdad era que casi todas las imágenes y reportajes de los últimos años venían de un lado de los frentes y de las fronteras». Y el escritor desconfía del valor testimonial de las imágenes de la guerra: «¿Qué sabe aquel a quien, en lugar de la cosa, sólo se le deja ver la imagen de ésta, o, como ocurre en las noticias televisadas, un extracto de la imagen, o, como ocurre en el mundo de las redes de telecomunicación, un extracto de un extracto?». No está de más tener presente que Handke, aparte de una visita relámpago en los años setenta, nunca antes había estado en Serbia. Su vínculo era con Eslovenia, región de origen del abuelo materno, que había conocido gracias a múltiples excursiones a pie. Esta afinidad subyace en su implicación empática en la guerra de secesión de junio de 1991, descrita en Despedida del soñador del Noveno País, donde cuestiona las bondades del violento desmembramiento, por meros intereses económicos, de una federación de estados dotados de un amplio grado de autonomía.

La acusación de Handke a la prensa internacional de haber avivado, con la mentira de la «cárcel de pueblos de Yugoslavia», los resentimientos de las prósperas regiones septentrionales, Eslovenia y Croacia, contra las regiones económicamente deprimidas del sur, fue rechazada ya entonces como la aberración de un excéntrico sentimental. Frente al posterior alegato literario del autor contra los planes de intervención militar en un estado soberano, se orquestó una verdadera campaña de descalificación. Pero ‘Un viaje de invierno…’ no demuestra el supuesto partidismo de Handke a favor de los serbios; más bien da cuenta de un descubrimiento: el asombro de quien se impregna por primera vez de las sensaciones de un lugar. En este punto, sin embargo, el relato, igual que los otros «informes », revela sus límites: el diario de viaje entra en abierta colisión con la crónica. Al introducir un yo lírico, Handke desvía la atención de los hechos a sí mismo. Y, si bien su gran permeabilidad a las bellezas del país y a las costumbres autóctonas dan cuenta de una admirable llaneza y sensibilidad, el generoso espacio que les dedica revela al mismo tiempo cierta enajenación poética. Harto como está el narrador de la frialdad y monotonía del mercantilizado mundo occidental, llega a desear «que el aislamiento del país -el aislamiento, no la guerra- perdurase; que perdurase la inaccesibilidad al mundo de la mercancía y del monopolio».

Con todo, se cumple el propósito de Handke de estar en el lugar de los acontecimientos y buscar testimonios espontáneos. El viajero se deja llevar por el itinerario de visitas a los familiares de sus dos acompañantes serbios, que le conducen de Belgrado a la Serbia oriental y después a la frontera con Bosnia; no, sin embargo, a las zonas de combate. Tampoco son éstas la meta del viaje, ya que se busca la realidad más allá de las imágenes efectistas de la guerra. Antes bien, el libro recoge lo que no se sabe, lo que no se comenta y lo que no se percibe de la guerra en Serbia. Handke se fija en lo que él llama «terceras cosas» o -según una expresión de Edmund Husserl- «el mundo de la vida», con la intención de dejar entrever el desmoronamiento de este mundo; habla emocionado con los parientes de sus acompañantes, con camareras y escritores, para dar una idea de la presión psicológica que soportan los serbios, por verse aislados del resto del mundo y saberse proscritos como pueblo asesino. Esta implicación personal, sin embargo, impide una apreciación objetiva y causa finalmente un efecto contrario: la realidad impuesta por la guerra en Bosnia y Croacia queda relegada a un segundo término.

En este sentido, probablemente el autor haya errado su objetivo. ‘Un viaje de invierno’ y sus sucesores demuestran que no por estar más próximo al corazón un testimonio es necesariamente más fidedigno o revelador. No obstante, las cuestiones que plantea Handke siguen siendo válidas: la llamada a la reflexión; la petición de justicia para Serbia, con la atención a los antecedentes históricos del conflicto; la denuncia del «veneno verbal» de los corresponsales de los grandes periódicos extranjeros y de la ceguera partidista de la generación del 68, que asocia automáticamente buenos y malos con musulmanes y serbios. La mayoría de los comentarios sobre los cuatro relatos de viaje no valora estas reivindicaciones elementales y se limita a cebarse con el subjetivismo poético de su autor.

Esto ocurre también con ‘Apéndice de verano para un viaje de invierno’, un texto que sirve a los detractores de Handke la crítica negativa en bandeja de plata, al reconocer el autor las consecuencias perjudiciales de sus buenas intenciones: con la publicación de ‘Viaje de invierno…’, los interlocutores de su visita anterior, cuyas identidades reveló, quedaron peligrosamente expuestos por las opiniones expresadas. No obstante, el apéndice al primer viaje serbio aporta una nueva ristra de observaciones significativas para aclarar las causas y la índole del conflicto, aparte de que ofrece una visión diferenciada de los nefastos corolarios de la guerra. Handke dirige la mirada del lector a las ruinas quemadas de un pueblo saqueado; a las laderas peladas de árboles, talados por una población sin recursos para calentar sus hogares; a los plásticos omnipresentes en las casas de la antaño elegante Srebrenica, que hacen las veces de ventanas y puertas. Y le conduce al cementerio, el único lugar de Visegrad donde existe algo parecido a la vida social, ya que es allí donde la gente se reúne los domingos para llorar a sus muertos.

Ciertamente, el relato de lo que Handke llega a ver en Bosnia Herzegovina es elíptico, y lo es todavía más en ‘Preguntando entre lágrimas’, donde se acerca a la Serbia bombardeada por la OTAN en primavera de 1999. Pero, justamente porque la guerra permanece invisible en casi todo el texto, es enorme el impacto de la descripción de la espantosa destrucción que ha dejado tras de sí y de la miseria de los supervivientes. Ante la evidencia de su padecimiento, Handke no separa a los supervivientes por bandos, ni diferencia entre víctimas y verdugos. Deja hablar a los refugiados de su desesperada situación, sin juzgar ni atribuir culpabilidades. Y, precisamente, esta actitud humanitaria de respeto indiferenciado ante el dolor ajeno, de no querer juzgar, convierte al narrador en inclasificable y por tanto en sospechoso de simpatizar con un bando. Handke es consciente de los peligros de no adherirse al pensamiento en blanco y negro; sabe que tiene que prevenirse contra posibles acusaciones de partidismo proserbio, y esto ha saturado el texto de un sarcasmo dolorido, presente en las autocensuras retóricas tras cada acto de compasión ante un destino desgraciado: «(¡Atención: hablar del servicio religioso en Srebrenica, de los serbios de Sarajevo que se encuentran huidos, sin trabajo y perdidos desde hace años, significa negar la “masacre” y el “genocidio”!)».

La necesidad de defenderse de antemano es omnipresente en ‘Preguntando entre lágrimas’. El fracturado flujo de pensamientos y asociaciones sobre el bombardeo de Serbia por las fuerzas de OTAN, en la primavera de 1999, se interrumpe a menudo con las respuestas anticipadas a los críticos: « (¡Atención: mística antirracional!) », comenta de sí mismo cuando describe, sobrecogido por tanta belleza en medio de la destrucción, un paisaje que le parece «tendido en silencio» «como en una oración». Mirando el conjunto de los textos escritos en torno al tema yugoslavo, se observa una paulatina desestructuración del discurso y un pathos creciente que refleja la progresiva irritación de un autor cada vez más atacado y aislado públicamente. Algo parecido ocurre con sus pronunciamientos sobre los serbios y Slobodan Milosevic: acorralado por los reporteros y probablemente llevado por la agitación del momento el escritor se ha visto empujado a hacer afirmaciones de las que después se ha arrepentido.

Obviamente, Handke no ha solucionado el problema de la representación inequívoca de la realidad. Él lo aborda como escritor, reservándose el derecho de introducir el factor estético, puesto que considera que con su mirada poética sobre el país y sus gentes añade un elemento de reconciliación. Pero, como en cualquier creador de calado, la estética implica una ética, a la que Handke apela explícitamente, exigiendo de los medios de comunicación y de los políticos un lenguaje más exacto. Reclamar seriedad profesional, abogar por una postura reflexiva, frente a los poco escrupulosos procedimientos de la omnipotente máquina mediática, todo esto tendría que ser acogido y apoyado por el sentido común. Y aunque no todo el mundo esté convencido de la pertinencia de su aparición en el entierro de Milósevic, nadie le puede reprochar a Handke el haber defendido un principio básico del derecho: insistir en la inocencia del acusado mientras no sea declarado culpable.

Ésta fue la motivación de su visita, en 2002, al Tribunal Internacional para la antigua Yugoslavia en La Haya, recogida en ‘Alrededor del Gran Tribunal’. Para Handke, estar atento a la actuación de la justicia y dar testimonio de ella, es una responsabilidad del escritor. «¿Y no es de él, de Franz Kafka, aquella frase de la novela ‘El proceso’: “Todos los acusados son hermosos?” -¿Testigo no sospechoso? ¿Dónde está escrito que Kafka, el escritor, sea un testigo no sospechoso? ¿Existe un testigo más sospechoso que aquél, un escritor? ¿Se sigue hoy tomando en cuenta al escritor, en el sentido que sea?».

Desde el comienzo de las guerras en Yugoslavia, Peter Handke ha criticado el papel de los países de la OTAN -y especialmente de EE.UU, Alemania, Inglaterra y Francia- en el despedazamiento de un país unido tras la resistencia contra el fascismo, con el consentimiento de la izquierda europea. Ha cuestionado la legitimidad, y sobre todo la imparcialidad, del tribunal internacional de La Haya. Los intentos de castigarle por su denuncia, acallándole con difamaciones de todo tipo, culminaron en la retirada del Premio Heinrich Heine. La pregunta sobre el valor social del escritor actual, resulta, ante estas reacciones, más que oportuna. ¿Sólo se le consiente aportar sus gracias artísticas, pero no que rompa el consenso político? Así la literatura se reduce a mero entretenimiento. El encarnizado rechazo de la disidencia de Handke ha mostrado que ya no se valora la función del escritor de alertar contra las falacias y los abusos. Aunque esto sea todavía algo tan intrínseco como ineludible para el arte literario.

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La célebre y repetida máxima de Lincoln ha pasado a la historia sin llegar a estar en ella, como tantas otras frase hermosas pronunciadas por hombres que, de un modo u otro, creían en la libertad. La democracia hoy no es el gobierno del pueblo para el pueblo y por el pueblo, sino todo lo contrario, es el dominio de una casta oligárquica, en la que se entremezclan banqueros, grandes empresarios, especuladores financieros, intermediarios y políticos sin escrúpulos, sobre una ciudadanía apática, indolente y egoísta que no es consciente de su poder, de los riesgos que corre por su abulia, ni siquiera de que le han sido robadas muchas de las libertades arrancadas a los poderosos contra su voluntad, libertades que tenía la obligación de transmitir aumentadas a las siguientes generaciones.
Partiendo de la revolución francesa, son muchos los acontecimientos que a lo largo del proceso histórico hicieron pensar que nos acercábamos a algo parecido a la democracia. Las primeras revoluciones liberales, las revoluciones democráticas del siglo XIX, la Tercera República francesa con su programa educativo y sus leyes laicistas, la Revolución rusa, sin la que no es posible comprender las conquistas políticas, económicas y sociales de los trabajadores de “Occidente” ni su posterior degradación tras la caída del famoso muro, son destellos que iluminaron e ilusionaron a millones de ciudadanos que por primera vez en siglos vieron la posibilidad de un mundo más justo, más libre, más educado y más igualitario. Esas luminarias de épocas pasadas, esos sueños que parecían tocarse con las manos, se fueron desvaneciendo conforme el componente utópico que debe acompañar a cada sociedad según su tiempo, mutó en individualismo debido al incremento del bienestar material de las clases medias, conforme la participación activa de los ciudadanos declinó pensando que bastante tenían con sus sueños personales, privatizando, de ese modo, la cosa pública que pasó a ser gestionada casi en exclusividad por personas con vagas referencias ideológicas y muchos intereses personales y corporativos.
El pueblo, concepto difuso en la actualidad, tenía, y tiene la obligación de participar en la vida pública, pero no sólo a participar sino a cambiar el marco legal en el que ésta se desarrolla. Durante décadas y décadas de las dos pasadas centurias, nuestros padres, abuelos y bisabuelos, se jugaron la vida para mejorar la sociedad en que vivían, para acabar con la explotación, para poner los cimientos de un mundo mejor. Ellos hicieron lo que tenían que hacer, pero apenas hoy se sabe qué pasó con los catedráticos de la Institución Libre de Enseñanza expulsados de la Universidad española por defender la libertad y el progreso de todos, ni que fue el “Affaire Dreyfus o el “Yo acuso” de Zola, verdadero cañonazo en el corazón del pueblo europeo que, además, supuso la implicación directa de miles de intelectuales, burgueses y obreros de todo el mundo en los asuntos públicos que a todos concernían. Se desconoce quienes fueron Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, por qué lucharon y por qué los asesinaron; quien fue Jules Guesde, por qué mataron a Jean Jaures cuando lideraba a la izquierda francesa y predicaba contra la primera guerra mundial y el colonialismo; por no saber, pese a lo que nos atañe y a los muchos libros escritos, no sabemos siquiera que lo único que pretendía la II República española era acabar con los privilegios de siglos, dar educación al pueblo, disminuir a su mínima expresión los poderes medievales de la iglesia, el ejército y la oligarquía tradicional y crear un Estado social de Derecho al más puro estilo burgués. Nada más, y nada menos.
España es caso aparte porque fue sometida a una de las peores y más sangrientas dictaduras que ha sufrido país alguno de Europa y aunque muchos no lo quieran ver, aquellos malditos cuarenta años siguen marcando buena parte de nuestro devenir político, económico y cultural: Muchos de los actuales políticos son hijos de prebostes del franquismo, por tanto incapaces de condenar al régimen en que se alimentaron, de comprender que es la vocación de servicio público y mucho menos saber que es tener una ética personal y pública irreprochable, anteponiendo siempre y en cada momento el medro y el interés personal al de la colectividad; el modelo económico español sigue teniendo la impronta de aquellos años y muchos de los actuales dueños del dinero forjaron entonces sus vergonzosas fortunas acrecentadas al calor de la democracia neoconservadora; no existe, hay raras excepciones, prensa de izquierdas y las televisiones privadas, verdaderas educadoras de nuestros hijos, pertenecen a corporaciones económicas de ultraderecha españolas o extranjeras; la retrógrada, terrenal y paleta iglesia católica, que muchos dicen muerta porque ha perdido clientela directa, sigue inmiscuyéndose en la cosa pública con el mayor descaro, demostrando a cada paso que su reino es de este mundo y sus intereses tienen mucho que ver con los de aquellos que manejan los dineros, no cortándose un pelo en recibir miles de millones de euros de las distintas comunidades autónomas para pervertir a los niños cuyos padres han abdicado de la civilidad y la civilización. La tarea que hay por delante es ingente y difícil, nuestra herencia es pesada y brutal, pero, y en Europa, ¿qué pasa en la Vieja Europa?
Lo primero que tendríamos que valorar es hasta que punto los ciudadanos europeos, incluidos los del sur de los Pirineos, valoran la democracia o saben de lo que están hablando cuando apelan a ella. Después de oír a tiburones financieros, políticos reaccionarios, curas, empresarios y militares de alta graduación o sin ella hablar de democracia con la boca llena, hay algo que falla, pues, por esencia, a ninguno de ellos conviene ese sistema político que consiste en que todos se sometan sin rechistar al poder del pueblo, a la soberanía popular para lograr una sociedad progresivamente más justa, incluido el poder real que no es otro que el detentado por quienes tienen y manejan el dinero. En las últimas décadas hemos asistido a un proceso de despolitización de la sociedad que ha permitido que el término democracia haya ido perdiendo contenidos hasta llegar a ser lo contrario que indica etimológicamente. Al pueblo se le permite votar periódicamente, manifestarse ordenadamente y con previo aviso, reclamar sin derecho a contestación, oír a los tertulianos de aquí y de allí y, sobre todo, pagar, pagar por comprar lo que no necesita, por servicios que no le dan, pagar la guerra, pagar las estafas planetarias, pagar los sueldos millonarios de la oligarquía que le roba, pagar las crisis que provocan los descabezados malnacidos que manejan a su antojo la única libertad intocable y verdadera: La del movimiento del dinero. Al pueblo –hay que reconocer que lo han hecho bien- le han matado la utopía y un pueblo sin utopía deja de serlo para pasar a convertirse en aliado de sus enemigos. Sólo de ese modo, podemos comprender que Italia, el país que parió a Leonardo, Palladio, Pico Della Mirandola, Galileo, Gramsci, Sciacia, Visconti o Dario Fo tenga como primer dirigente a un cateto millonario que en un mundo civilizado no habría pasado de cabo segundo de Carabineros; que la Francia de la revolución, de Voltaire, Pascal, Rousseau o Renán este presidida por un arribista palurdo que habría sido un estupendo jefe de la sección de calcetines y gayumbos en las galerías Lafayette; que el Reino Unido, dónde vivieron Marx y Engels, Lawrence Sterne, Robert Stevenson o Pinter, sea la cueva de Alí Babá en la que se esconden los paraísos fiscales; que Holanda y Dinamarca, paradigmas otrora de la libertad, lo sean ahora del racismo; que la mayoría de los países del Este estén ahora gobernados por políticos esperpénticos, en fin, que la clase política europea se haya convertido en una casta hermética, cerrada, ajena a los intereses del pueblo; que el pueblo europeo, se haya transformado en una masa apolítica que no sabe ni dónde está su propio norte.
Pero de todo esto, habló hace ya mucho tiempo uno de lo más grandes genios de la literatura mundial del siglo XX, el hoy casi proscrito Bertolt Brecht: “El peor analfabeto –escribió Brecht- es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”. No hay democracia cuando quienes tienen el deber de involucrarse activamente en ella declinan su responsabilidad y presumen de su analfabetismo, dejando el camino libre a logreros, trepas y desaprensivos, permitiendo, de ese modo, que la democracia se convierta en el gobierno de las grandes corporaciones, por las grandes corporaciones y para las grandes corporaciones.

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Ángeles: Petras, queríamos oír tu opinión sobre la situación económica. Otra vez vimos un temor bárbaro en la reunión que hubo de Ministros de finanzas y presidentes de Bancos centrales en el círculo Ártico en Iqaluit, Canadá; un temor como si alguna vez la crisis hubiera terminado y ahora empezase de nuevo.

Petras: Sí, siempre termina pero después están las cifras de desocupados, los ingresos y los que dejan de buscar trabajo; son cosas muy graves. Hay un enorme aumento de personas que ya no están en el registro de desempleados porque ya agotaron las compensaciones y como no encuentran trabajo se quedan fuera del registro oficial. Y otros que trabajan en negro, que reciben salarios por debajo del salario mínimo, tampoco están registrados. Por eso las cifras que muestran los gobernantes están falsificadas por lo menos en un 40%.

Fíjate sólo en un punto: el principal asesor del gobierno de Estados Unidos, Sr. Summers, declaró en Davos que una de cada cinco personas entre 22 y 55 está sin trabajo, y eso el doble de la cifra que registra el gobierno en Estados Unidos. Dos veces más. Entonces, eso demuestra que la crisis sigue siendo poderosa.

El segundo punto que debemos entender, es que lo que ellos llaman recuperación, simplemente es una intensificación de la explotación de la mano de obra. Por ejemplo, lo que producen ahora 10 obreros antes lo producían 15 porque reducen la planta de trabajadores e intensifican el trabajo. La recuperacion no es producto de nuevas inversiones, sino simplemente de la intensificación de la explotación de la mano de obra que sigue funcionando.

Los economistas burgueses aplauden lo que llaman “aumento de productividad”, un 7% el ultimo trimestre, que es un récord aquí. Pero eso sólo significa que hay menos obreros produciendo más. Eso se ve en muchos lugares más. El servicio se ha deteriorado tremendamente en California, por ejemplo, donde las clínicas funcionan menos horas, las enfermeras trabajan cuatro días en vez de cinco, etc. Esas son señales de que no hemos recuperado la capacidad productiva, no hemos recuperado el empleo, no hemos recuperado los salarios ni del sector público ni del privado. Y más, las crisis en las municipalidades son tremendas, porque cada vez que el gobierno tiene problemas se recorta el dinero que va a los estados y las municipalidades. Tenemos un enorme problema en las municipalidades, donde hay menos aulas y más estudiantes. Ahora hay aulas con 45 y hasta 50 estudiantes que reciben una educación muy mediocre.

Este problema lo podríamos generalizar, porque ahora están cerrando bibliotecas, que es una de las pocas diversiones o fuentes para buscar empleo, ya que la gente va a las bibliotecas públicas con el fin de utilizar las computadoras y la Internet para buscar trabajo. Y los chicos de casas donde son mucha gente van a las bibliotecas para estudiar y ya hay menos horas, menos personal, menos facilidades. Utilizo eso para ilustrar cómo en la vida cotidiana la crisis golpea y sigue golpeando, no hay ningún final del túnel. Obama dice que va a priorizar el problema de empleo porque ahora el déficit empieza a impactar. Y no hay ninguna señal de éxito. La Bolsa ha caído este año un 10% porque los grandes financieros saben que toda esta propaganda de recuperación es falsa. Simplemente están utilizando inventarios acumulados y facilidades infrautilizadas. No hay ninguna gran inversión y mucho menos crédito para los pequeños y medianos capitalistas,que son la principal fuente de trabajo en este país. No pueden conseguir préstamos para comprar insumos o financiar sus empresas. Los bancos que recibieron las subvenciones, el dinero, no están prestando dinero a este sector, solamente están manipulando los fondos para especular en la Bolsa.

Ángeles: También en Europa la crisis está causando estragos. En España, concretamente, leemos que ya hay un desempleo cercano al 19% y que se ha desplomado el consumo de las familias.

Petras: Sí. España está quebrada, no hay otra forma de describirla. La industria está paralizada, la construcción no existe, el sistema financiero que todos pensaban que era muy firme también está temblando. El gobierno está recortando muchos programas, compensaciones sociales, seguro social y haciendo todo lo posible para expulsar a los inmigrantes de América Latina que no encuentran trabajo. Muchos latinoamericanos que antes pensaban que España era la salida se encuentran ahora con la crisis que afecta a España. Hay muchos inmigrantes bolivianos, peruanos, argentinos o uruguayos con familias en América Latina; estas personas, particularmente los viejos, dependen mucho de las remesas que reciben de sus hijos en España, y ahora éstos no pueden enviar ningún dinero porque están luchando para pagar el alquiler o la hipoteca.

El efecto de la crisis, en España en particular, está afectando a familias en América Latina, especialmente a las personas mayores. Y más allá de eso, los hijos de los inmigrantes de América Latina, a pesar que algunos llegaron a la Universidad, no encuentran trabajo. Incluso se dice que la segunda generación de inmigrantes quiere volver a América Latina porque la crisis en España, para decir la verdad, es peor que lo que está pasando en América Latina unque no sea gran cosa lo que puede haber allá. La quiebra de la economía especulativa en España es tremenda y no ofrece ninguna oportunidad ni la esperanza de mejorar en los próximos cinco años. Tal vez vamos a ver una segunda emigración, en parte de gente que puede volver a América Latina y otros van a emigrar a otros países y no sé si algunos están aprendiendo chino. En España conozco algunos jóvenes interesados en la economía que están estudiando chino para ver si enganchan un puesto en Pekín.

Ángeles: ¡Qué brutal!

Petras, hoy tenemos que ir dejando por acá por razones de tiempo. Nos quedamos concentrados en esta parte económica, nos quedamos con ganas de escucharte hablar de Afganistán que sufre una ofensiva tremenda, recién vi un titular en el que la OTAN llama a Rusia para que se implique en Afganistán.

Petras: Sí. Las ofensivas son siempre ataques a lugares que supuestamente son centros de la resistencia pero cuando llegan allá encuentran un puñado de luchadores suicidas, ocupan el terreno y después todo vuelve a estar igual. Las personas que llevan tiempo en la resistencia se disfraza de campesinos, comerciantes o lo que sea. El hecho fundamental es que la gente no quiere la ocupación. Ya sea estadounidense, rusa o británica. Toda la historia es que ocupan terreno pero pierden la guerra política. Pueden ganar terreno militarmente pero políticamente no han avanzado nada. Todos los días tiran bombas y matan civiles; y los civiles, en represalia, se meten en la guerrilla. Por esa razón esta ofensiva militar es una defensiva política, porque cuando no pueden conquistar políticamente, tratan de imponer su control a partir de estas ofensivas. Pero una vez que están allá, ¿qué van a hacer?, la gente no quiere nada que ver con ellos y muestra una cara amble por el día y son guerrilleros por la noche. Es una constante, no podemos disfrazar los hechos.

Incluso, los comandantes estadounidenses hablan de una campaña civil para capturar las lealtades y funciona con los líderes tribales. Pero dichos líderes tribales sólo dependen del control que tienen sobre un grupo reducido. Cuando la resistencia tiene oportunidad toma represalias contra cualquier colaborador. Entonces es muy frágil todo ese pensamiento de que con una ofensiva militar se puede garantizar un lugar seguro y a partir de la seguridad crear aliados políticos y colaboradores e inversiones para el desarrollo. Pero esta estrategia no funciona, primero por el grado de corrupción tanto en los estadounidenses como en los contratistas y en los líderes colaboradores… Es enorme el monto de dinero que realmente entra para mejorar las condiciones un mínimo.

Segundo, la gente interpreta las mejoras como producto de su lucha y no como simple caridad de los líderes. Sienten que tomamos lo que podemos de ellos y seguimos nuestro propio camino. Y esa es la contradicción: simplemente entregando dinero y construyendo un puente o un camino no alcanza, porque la gente acepta eso y después vuelve a utilizar los nuevos caminos para poner bombas bajo la tierra y volar a los ejércitos de ocupación.

Ángeles: Petras, el lunes que viene nos comunicamos de nuevo

Petras: Bueno, un abrazo y disfrutá el buen tiempo allá.

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Sólo la Antropofagia nos une. Socialmente. Económicamente. Filosóficamente.

Única ley del mundo. Expresión enmascarada de todos los individualismos, de todos los colectivismos. De todas las religiones. De todos los tratados de paz.

Tupi, or not tupi, that is the question.

Contra todas las catequesis. Y contra la madre de los Gracos.

Sólo me interesa lo que no es mío. Ley del hombre. Ley del antropófago.

Estamos cansados de todos los maridos católicos sospechosos en situación dramática. Freud puso fin al enigma mujer y a otros temores de la sicología impresa.

Lo que obstaculizaba la verdad era la ropa, el impermeable entre el mundo interior y el mundo exterior. La reacción en contra del hombre vestido. El cine americano informará.

Hijos del sol, madre de los vivientes. Encontrados y amados ferozmente, con toda la hipocresía de la nostalgia, por los inmigrados, por los traficados y por los turistas. En el país de la gran serpiente.

Fue porque nunca tuvimos gramáticas, ni colecciones de viejos vegetales. Y nunca supimos lo que era urbano, suburbano, fronterizo y continental. Perezosos en el mapamundi del Brasil.

Una conciencia participante, una rítmica religiosa.

Contra todos los importadores de conciencia enlatada. La existencia palpable de la vida. Y la mentalidad prelógica para que la estudie el señor Lévy-Bruhl.

Queremos la Revolución Caraiba. Más grande que la Revolución Francesa. La unificación de todas las revueltas eficaces en la dirección del hombre. Sin nosotros Europa no tendría siquiera su pobre declaración de los derechos del hombre.

La edad de oro anunciada por la América. La edad de oro. Y todas las girls.

Filiación. El contacto con el Brasil Caraiba. Ori Villegaignon print terre. Montaigne. El hombre natural. Rousseau. De la Revolución Francesa al Romanticismo, a la Revolución Bolchevique, a la Revolución Surrealista y al bárbaro tecnificado de Keyserling. Caminamos…

Nunca fuimos catequizados. Vivimos a través de un derecho sonámbulo. Hicimos nacer a Cristo en Bahía. O en Belén del Pará.

Pero nunca admitimos el nacimiento de la lógica entre nosotros.

Contra el Padre Vieira. Autor de nuestro primer préstamo, para ganar su comisión.

El rey analfabeto le había dicho: ponga eso en el papel pero sin mucha labia. El préstamo se hizo. Se gravó el azúcar brasilero. Vieira dejó el dinero en Portugal y nos trajo la labia.

El espíritu se rehúsa a concebir el espíritu sin el cuerpo. El antropomorfismo. Necesidad de la vacuna antropófaga. Para el equilibrio contra las religiones del meridiano. Y las inquisiciones exteriores.

Sólo podemos atender al mundo orecular.

Teníamos la justicia codificación de la venganza. La ciencia codificación de la Magia. Antropofagia. La transformación permanente del Tabú en tótem.

Contra el mundo reversible y las ideas objetivadas. Cadaverizadas. El stop del pensamiento que es dinámico. El individuo víctima del sistema. Fuente de las injusticias clásicas. De las injusticias románticas. Y el olvido de las conquistas interiores.

Rutas. Rutas. Rutas. Rutas. Rutas. Rutas. Rutas.

El instinto Caraiba.

Muerte y vida de las hipótesis. De la ecuación yo parte del Cosmos al axioma Cosmos parte del yo. Subsistencia. Conocimiento. Antropofagia.

Contra de las élites vegetales. En comunicación con el suelo.

Nunca fuimos catequizados. Lo que hicimos fue Carnaval. El indio vestido como senador del Imperio. Fingiendo ser Pitt. O apareciendo en las óperas de Alencar lleno de buenos sentimientos portugueses.

Ya teníamos el comunismo. Ya teníamos la lengua surrealista. La edad de oro.

Catiti Catiti Imara Natiá Notiá Imara Ipejú

La magia y la vida. Teníamos la relación y la distribución de los bienes físicos, de los bienes morales, de los bienes merecidos. Y sabíamos transponer el misterio y la muerte con la ayuda de algunas formas gramaticales.

Pregunté a un hombre lo que era el Derecho. Él me respondió que era la garantía del ejercicio de la posibilidad. Ese hombre se llamaba Galli Mathias. Lo devoré.

Sólo no hay determinismo donde hay misterio. ¿Pero qué nos importa eso?

Contra las historias del hombre que empiezan en el Cabo Finisterra. El mundo no datado. No rubricado. Sin Napoleón. Sin César.

La fijación del progreso por medio de catálogos y televisores. Sólo la maquinaria. Y los transfusores de sangre.

Inicio de página

Contra la sublimaciones antagónicas. Traídas en las carabelas.

Contra la verdad de los pueblos misioneros, definida por la sagacidad de un antropófago, el Visconde de Cairú: - Es mentira muchas veces repetida.

Pero no fueron cruzados los que vinieron. Fueron fugitivos de una civilización que estamos devorando, porque somos fuertes y vengativos como el Jabutí.

Si Dios es la conciencia del Universo Increado, Guarací es la madre de los vivientes. Jací es la madre de los vegetales.

No tuvimos especulación. Pero teníamos la adivinación. Teníamos Política que es la ciencia de la distribución. Y un sistema social planetario.

Las migraciones. La fuga de los estados tediosos. Contra las esclerosis urbanas. Contra los Conservatorios y el tedio especulativo.

De William James a Voronoff. La transfiguración del Tabú en tótem. Antropofagia.

El pater familias y la creación de la Moral de la Cigüeña: Ignorancia real de las cosas + habla de imaginación + sentimiento de autoridad ante la prole curiosa.

Es necesario partir de un profundo ateísmo para llegar a la idea de Dios. Pero la caraiba no lo necesitaba. Por que tenía a Guarací.

El objetivo creado reacciona con los Ángeles de la Caída. Después Moisés divaga. ¿Pero qué nos importa eso?

Antes de que los portugueses descubrieran al Brasil, Brasil había descubierto la felicidad.

Contra el indio de antorcha. El indio hijo de María, ahijado de Catalina de Médicis y yerno de D. Antonio de Mariz.

La alegría es la prueba del nueve.

En el matriarcado de Pindorama.

Contra la Memoria fuente de la costumbre. La experiencia personal renovada.

Somos concretistas. Las ideas se apoderan, reaccionan, queman gentes en las plazas públicas. Suprimamos las ideas y las otras parálisis. Por las rutas. Creer en las señales, creer en los instrumentos y en las estrellas.

Contra Goethe, la madre de los Gracos, y la Corte de D. Juan VI.

La alegría es la prueba del nueve.

La lucha entre lo que se llamaría Increado y la Criatura – ilustrada por la contradicción permanente entre el hombre y su Tabú. El amor cotidiano y el modus vivendi capitalista. Antropofagia. Absorción del enemigo sacro. Para transformarlo en tótem. La humana aventura. La terrenal finalidad. Pero, sólo la puras élites consiguieron realizar la antropofagia carnal, que trae en sí el más alto sentido de la vida y evita todos los males identificados por Freud, males catequistas. Lo que sucede no es una sublimación del instinto sexual. Es la escala termométrica del instinto antropófago. De carnal, él se vuelve electivo y crea la amistad. Afectivo, el amor. Especulativo, la ciencia. Se desvía y se transfiere. Llegamos al envilecimiento. La baja antropofagia aglomerada en los pecados del catecismo – la envidia, la usura, la calumnia, el asesinato. Plaga de los llamados pueblos cultos y cristianizados, es en contra de ella que estamos actuando. Antropófagos.

Contra Anchieta cantando las once mil vírgenes del cielo, en la tierra de Iracema, - el patriarca João Ramalho fundador de São Paulo.

Nuestra independencia aún no ha sido proclamada. Frase típica de D. Juan VI: - Hijo mío ¡pon esa corona en tu cabeza, antes que algún aventurero lo haga! Expulsamos la dinastía. Es necesario expulsar el espíritu de Bragança, las ordenaciones y el rapé de María de la Fuente.

Contra la realidad social, vestida y opresora, catastrada por Freud – la realidad sin complejos, sin locura, sin prostituciones y sin las prisiones del matriarcado de Pindorama.

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carta a Douglas Blazek, 22 de marzo de 1966.

los envenenadores de perros son legión, actúan furtivamente, y rara vez los atrapan. como si no tuviéramos suficiente muerte, ellos juegan sucio con lo poco que hay. ¿y me querían mandar a la GUERRA para salvar a tipos
como esos? los envenenadores de perros por lo general son antiguos vecinos del barrio, respetables, religiosos, propietarios, y a menudo sin hijos o con hijos que han crecido y no quieren verlos más. los envenenadores de perros suelen andar entre los 55 y los 70. la mayoría de ellos amaba a los animales de chicos, pero la sociedad Americana y lo que ella extrae del cuerpo, la mente y el alma puede producir monstruos muy especiales. casi todos están preocupados por la propiedad y los “derechos de la propiedad” como ellos los llaman. y como no tienen otra cosa que abrazar, su mundo se reduce a eso. no hace mucho hubo un doctor por acá¡ que aporreó un cachorro hasta matarlo con el mango de su pistola. ni siquiera era un perro adulto. y lo hizo abiertamente, en su jardín, con los
chicos y la gente mirando. (yo no estaba ahí). su excusa fue que el cachorro no tenía derechos en su propiedad. siendo médico y alimentado con la adoración de la gente hacia los médicos y con $$$, resultaba más atrevido y
estúpido que sus hermanos mataperros. el caso fue a los tribunales, pero no sé cómo terminó. no lo publicaron o me perdí esa edición. probablemente fue absuelto o lo multaron con $15. la propiedad, la propiedad. yo tuve un lindo perro una vez (mitad lobo, mitad collie, pero amable, amable). un día lo estaba paseando y él se paró a mear sobre una planta que estaba enfrente de una inmobiliaria en Beverly Boulevard. yo lo había entrenado para que lo hiciera en los baldíos, pero él meó en la planta. y salió el tipo de la inmobiliaria gritandome: “¡HEY, SACA ESE PERRO DE AHI! ¡HEY, HEY, HEY! ¡EL PIS ES VENENO, MEO MI PLANTA!” podías oírlo gritar desde Bensenville, Illinois. yo lo miré, miré su cara ¡acida y sus ojos y su cuerpo colgando ahí. “no controlo el pis de mi perro”, le dije con tranquilidad. “¡Bueno, que mee en otro lado, sacalo!” no me moví. el perro o yo, cualquiera de los dos podría haberlo matado. “tu arbolito de mierda no se va a morir”, le dije. “y si se muere, te lo pago”. “¡Saca ese perro de
acá!!” nos quedamos parados hasta que se fue otra vez adentro a contar sus pedacitos de ganancia. a veces pienso que esos tipos casi saben que están muertos, que son feos, que están gastados, y no quieren ver a nada ni a nadie feliz y despreocupado; ni siquiera pueden ver a nadie infeliz, del modo en que nosotros somos infelices. hay que hacerlo a su manera. un auto atropelló a mi perro después de mi ultima separación. le había dejado el perro a ella. los animalitos domésticos casi nunca mueren de viejos.

¡cómo odio este puto mundo y sus modos y sus valores! Blaz, te vas a recuperar del perro (los perros) muerto, pero no de aquello que lo mata: la bandera Americana. el dinero. la propiedad. los habitantes muertos de ciudades de horror, locura y miedo. cristo, cristo.

charles bukowski
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Lo importante en este Centenario Hernandiano, más que celebrar es recordar y recuperar a un hombre y poeta-auténtico, que representa a todos aquellos hombres y mujeres vencidos que padecieron cárceles en la posguerra.

Para ello nadie mejor que tomar como icono al poeta Miguel Hernández que sufrió cárceles desde 1939 a 1942 y murió en una de ellas, en Alicante. Un hombre del pueblo de origen humilde, con dotes de superación, miliciano, padre de familia, que siempre se mantuvo íntegro en sus ideas políticas republicanas hasta las últimas consecuencia de su trágico destino.

Durante su periodo carcelario es quizás donde se nos nuestra el Miguel más auténtico e intimista casi místico de heridas abiertas, pues sufre y presiente en sus carnes la llegada del fin irreversible de su vida. Lo apunta en versos como “Cadáveres vivos somos/ en el horizonte lejos” (v.10, composición 26) de Cancionero y romancero de ausencias y Poemas últimos (1938-1941). Estas composiciones son una especie de diario íntimo, convertidas en canciones y romances, que en algunos nos recuerdan al García Lorca de Romancero gitano, que como escribe José Carlos Rovira “…obligado por las circunstancias que vive, se introduce en una lenta y apretada reflexión sobre su propio mundo…” (pág. 20, Lumen, 1978).

Vamos a hacer un breve análisis de la poesía interior o carcelaria hernandiana, una periodo que representa lo más terrible para un hombre perseguido: la perdida de su libertad y la separación o ausencia de los suyos. Composiciones que en realidad son una demostración de resistencia ante la humillación y el desarraigo, puesto que sus padres jamás fueron a verle, demasiado castigo para un hijo díscolo, con cuyo padre discrepaba políticamente, pues don Miguel era uno de los 185 socios de El Círculo El Radical de Orihuela, partidario de Lerroux (republicano de derechas). Las cárceles “…la fábrica del llanto” (v.9. El hombre acecha) representan para el poeta un periodo de dudas y vacilaciones que Enrique Cerdán Tato describe muy acertadamente “Derrotados que aguardan, con la incertidumbre y la amargura a flor de piel, en las comisarías, en los juzgados o en las celdas, toda la voracidad y el desprecio del vence­dor” (“Geografía carcelaria de Miguel”, 1992).

En el periodo carcelario había dejado el surrealismo de Vicente Aleixandre y la poesía impura de Pablo Neruda, para dejar paso a un estilo personal, llano y directo al corazón del hombre, donde reflexiona sobre su mundo atado a las rejas, donde nos cuenta sus esperanzas y desesperanzas, donde los destinatarios son sus hijos (el primero Miguel-Ramón muerto en octubre de 38 con 10 meses, y el segundo Manuel-Miguel), su mujer, sus convicciones y sus miedos interiores. Comenzó a escribirlos a modo de elegías a partir de la muerte de su primer hijo, y el manuscrito continuará escribiéndose por las cárceles hasta finales del 41, puesto que en los últimos meses ya no escribía, he incluso sus últimas cartas son dictadas a compañeros de cárcel. El primero de la colección es “De la contemplación/ nace la rosa; / de la contemplación nace el naranjo/ y el laurel…” (seguimos la numeración de la edición de José Carlos Rovira, Lumen, 1978).

Composiciones que tienen continuidad en su poesía primera, en su poesía de guerra de Viento del pueblo y El hombre acecha, algunos piensan que son composiciones prosaicas. Miguel conocía y recitaba de memoria canciones populares, dígase de Tradiciones populares, recogidas por Antonio Machado Álvarez, editado en Sevilla de 1884; o del Cancionero popular murciana, de Alberto Sevilla, 1921.

Que el estilo de la composiciones sean canciones y romances, no supone, si se le hace una lectura profunda de segundo nivel, que sea factible en cuanto a la significación de algunos símbolos, pues veremos que tiene connotaciones con su poesía anterior. La higuera de Perito en Lunas o de la Elegía a Ramón Sijé, vuelve, como he comentado, a ser recordada “Como la higuera joven/ de los barrancos eras.” (vs. 1-2, composición 17). Por alusión al sufrimiento Miguel es también conocido como el poeta de la tres heridas: “el del amor, el de la muerte, el de la vida” (composición 30). Sería lo que llama Jesucristo Riquelme “Poesía que brota de la herida” (Asociación Cultural de Orihuela 2010, 31 de diciembre 2010).

El peregrinar por las cárceles le hizo ver la luz sobre la intemporalidad de la vida y la verdadera imagen de su huella. Es un hombre sufrido, ha perdido a su primer hijo con diez meses de edad, un hijo al que no puede dar sepultura. Muy cerca queda la alegría del embarazo de Josefina “nacerá con le puño cerrado” (v. “Canción del esposo soldado” en Viento del pueblo), nos lo anuncia bajo evidente signo político, ha nacido del surco de sus entrañas “el eco de sangre a que respondo” (v.2, mismo poema), es como si este hijo “espejo de mi carne” (v.13, mismo poema) fuera su continuación, su clon, por eso escribe “se hundió en la noche el niño que quise ser dos veces” (v.2). A la muerte del niño escribirá la composición “El niño de la noche”, de Poemas últimos, donde vemos que en este proyecto frustrado de hombre había puesto todo su empeño de futuro, por eso escribe “He muerto sonriendo serenamente triste” (v.8). Algunos poemas son tan tristes que no puedo dejar de pensar en los de Antonio Machado dedicados a su difunta esposa Leonor Izquierdo en Campos de Castilla.

Cuando es condenando a pena de muerte ocultó esta terrible sentencia capital a su mujer, no quiere preocuparla, pues sabe que su moral es muy baja y no para de quejarse por las fatalidades por la que está pasando. Tenía verdadera obsesión por su segundo hijo al que llamaba “Manolillo”, y en cada carta a Josefina le aconseja cómo cuidarlo, que no le consintiera caprichos y otras recomendaciones. Si embargo, Manolillo no siguió el ejemplo de su padre, no estudió y, años después, su propia madre decía de él, en cartas a Luis Rodríguez Isern «es un chico insoportable». Josefina Escolano (María Gracia Ifach) y su esposo el escrito Francisco Ribes, se lo llevaron una temporada a estudiar a Valencia, vivían en Reina Victoria 55, pero en un trastada del chico lo tuvieron que devolver a su casa de Elche,.

El primer encarcelamiento será en la madrileña prisión de Torrijos a donde llegó el 13 de mayo de 1939, desde Rosal de la Frontera (Huelva) y transeúnte por Sevilla. En la prisión conoció a Luis Rodríguez Isern, Fernando Fernández Revuelta, Fidel Manzanares Muñoz, Manuel Llorente, Capitán Jiménez, José Luis Villa, Germán González, que le ayudan en cuestiones alimenticias y espirituales. Aquí compuso “Ascensión de la escoba”. Nos recuerda Manuel-Roberto Leonís en su conferencia «En torno al universal poeta Miguel Hernández», (Campello 2003), que el soneto «Ascensión de la escoba», lo escribe en la cárcel de Torrijos, sancionado por no cantar con atención suficiente «El Cara al Sol», lo cantaban tres veces al día, es castigado a barrer durante una semana toda la galería, por ello es “héroe entre aquellos que afronta la basura” (v.2). Al recibir una carta de su esposa en la que le comunica que solamente comen pan y cebolla, compone una nana sin título, título que después le daría Rodríguez Isern como “Nanas de la cebolla” (composición 79). Es uno de los poemas más patético y a la vez conocido del poeta, cuando escribe “en la cuna del hambre/ mi niño estaba./ Con sangre de cebolla se amamantaba…” (vs. 8-9-10 y 11). En estos versos logra torpedear los corazones más acorazados, porque Miguel es de los que llega a emocionar al lector que se identifica con el sujeto lírico. Es como si estuviéramos viendo a los niños del terremoto de Haití.

Fue puesto en libertad a mediados de septiembre de 1939 posiblemente por error administrativo u otras causas que quedan por descubrir. Por las manifestaciones de Luis Rodríguez Isern a Eutimio Martín «La relación Miguel Hernández-Luis Rodríguez Isern», (El Maquinista de la Generación del 27, nº 11, junio 2006), sabemos que Miguel quería que Josefina se fuera a Madrid a vivir con la familia de Rodríguez Isern; sin embargo, Josefina no quiso o no pudo ir, estas largas separaciones o ausencias son el origen del título del Cancionero. Durante los días de libertad se aloja Madrid en casa del escultor Víctor González Gil, que fue propietario de la revista Rumbo. Acude a la Embajada de Chile, como no encuentra asilo, viaja a Cox, será cuando entrega a Josefina las primeras setenta y nueve (79) composiciones del Cancionero y romancero de ausencias. El conjunto publicado contiene tiene 137 poemas, escrito en las difíciles condiciones del final de la guerra y de las cárceles. Además en Obras Completas Tomo I, aparecen los dieciséis poemas tachados en el Cancionero. El último de los poemas cortos dice:

Me tendí en la arena

para que el mar me enterrara,

me dejara, me cogiera,

¡ay de la ausencia!

Detenido por segunda vez el 29 de septiembre del 39 (día de onomástica) en Orihuela, encerrado dos meses en los sótanos del seminario de San Miguel de su pueblo, junto a Luis Fabregat, luego ingresa en la prisión de Conde de Toreno, sita en madrileña plaza del conde de Toreno nº 2 (actual calle de Peñalver,53), donde permanecerá casi nueve meses y conocerá a Antonio Buero Vallejo, quien dibujó su famoso retrato idealizado y por él sabemos que “Sepultura de la imaginación” Poemas últimos, fue escrito en la prisión de Toreno a comienzos del 40. Además Vallejo dijo de Miguel que era un “poeta necesario”. Conmutada la pena de muerte por la inmediata inferior de 30 años el 24 de junio 1940, es trasladado a la prisión de Palencia donde permaneció desde el 22 de septiembre al 26 de noviembre 39. Luego pasó al Reformatorio de Adultos de Ocaña (Toledo) el 28 de noviembre pasando antes como transeúnte por la de Yeserías (Madrid). En Ocaña escribe dos cuentos para Manolillo “El potro obscuro” y “El conejito”.

Su mujer no había ido a verle durante los 22 meses de prisión, “no había podido sacar fuerzas de flaqueza para desplazarse siquiera una vez para ir a visitar a su marido” (manifestaciones de Rodríguez Isern). Lo cierto es que Josefina tenía poco dinero, un hijo y hermanos que cuidar, y además Josefina, al no estar casados por la iglesia, no figuraba como familiar con derecho a visitas. El régimen carcelario solamente permitía una carta por semana. Por eso es que Miguel cuando escribe a Pilar, madre de Luis R. Isern, le llama madrina. Usaba nombres de otros presos o seudónimos como Miguelongo, F. Manzanares, Fidel, Miguel-Fernando… En todas la cartas se queja a Josefina de que le escribe poco, quiere que le cuente cosas de “Manolillo”.

Durante este periodo de privaciones, abogados y desventuras, Miguel se muestra como no puede ser menos pesimista, y se aprecian ciertos delirios líricos, tiene motivos: la prisión, la condena a muerte, la enfermedad, las ansias de libertad y en especial la ausencia de los suyos. Cancionero y romancero de ausencias y Poemas últimos (1938-41), es, sin duda una obra de madurez, escrito desde el interior de su alma lírica y de las cárceles del yo, y de las experiencias tras los barrotes, composiciones que no fueron publicadas hasta después de su muerte. “Hijo de la luz y de la sombra” es el primero que se publicará por Vicente Ramos y Manuel Molina en Seis poemas inéditos y nueve más (Col. Ifach. Alicante 1951). Juan Cano Ballestas (Cátedra nº 2,1991), reconoce que sea «Hijo de la luz y de la sombra» como «lo más conmovedor y logrado de la poesía amorosa de M.H.»

Javier Herrero considera a la «noche» o «sombra» como la expresión de una «voluntad cósmica» (nota 69 Cátedra 2,1991). Aunque a mi parecer, la «sombra» es su mujer por las ausencias “Eres la noche, esposa: la noche en el instante” (v.1) se refiere al lugar donde van los seres que se han ido, «nido cerrado» (v.1, serventesio 10) pero dejan sus presencias como ya pintó, años después, la pintora alcoyana Polín Laporta con sus descabezadas. Y la «luz» como la esperanza de una nueva vida posible «la gran hora del parto» (v.1, serventesio 7). Además podría hacer alusión al símil de estar en la sombra por cárcel, como lo alude en la composición “Sigo en la sombra, lleno de luz: ¿existe el día?”, Poemas últimos.

El Cancionero es una obra de madurez poética, compleja, puesto que el manuscrito original se halla lleno de tachaduras, contiene dibujos no estaba terminado con idea de publicación. “…escritos tras las mismas rejas y compuestos sobre un esquema creativo similar: rehacer poemillas orales de tradición popular, recogidas ocasionalmente en cancioneros regionales, como vimos anteriormente” (Jesucristo Riquelme, “Dos cuentos de Miguel a su hijo”, 2009).

No quisiera finalizar este breve trabajo sin hacer alusión a las primeras ediciones valientes, base fundamental del Cancionero y romancero de ausencias, como la edición Obra escogida, prólogo de Arturo del Hoyo, intermediario Vicente Aleixandre, Aguilar de 1952; Cancionero y romancero de ausencias, prólogo del paraguayo Elvio Romero (Editorial Lautaro, 1958), la propia Josefina escribió “teniendo que lamentar la inexactitud”; una edición de Obras completas, de Elvio en la Editorial Losada, 1960; Obra poética completa, de Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia, en Zero 1976; la de José Carlos Rovira en el Instituto de Estudios Alicantino 1976, y la de Lumen, colección “El Bardo”, Barcelona 1978.

En las ediciones de Elvio Romero aparece un pareado final el 108 apócrifo que según este autor lo escribió Miguel antes de morir en la pared de la cárcel de Alicante “Adiós, hermanos, camaradas, amigos, /despedirme del sol y de los trigos”, que como observó María de Gracia Ifach en 1975 era imposible que Miguel escribiera en la pared de la cárcel este pareado ya que el poeta no escribía meses antes de su muerte y estaba en la enfermería. Se ha demostrado que este pareado es creación poeta del sevillano Antonio Aparicio.

Desde el 29 de junio del 41 Miguel se encuentra ya en la cárcel de Alicante. Josefina se traslada a Alicante a calle Pardo Gimeno, 15 a casa de su cuñada Elvira. Solo pueden ir los viernes. El 26 de septiembre Josefina le llevó a su hijo Miguel Manuel, lo tiene en brazos, debió ser un encuentro de gran emoción y lágrimas. De estas celdas salieron algunas composiciones por un sistema curioso, escrito en papel higiénico y ocultos en la tapadera de una lechera de aluminio, donde Josefina le lleva alimentos y Ceregumil.

Estos análisis nos demuestran que un poeta debe auténtico, ser él mismo, que no puede ser un fingidor, pues de lo contrario su verdad no tiene consistencia y se desvanecerá en el tiempo.

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No, no se entiende. Fuera de España no se entiende qué pasa en España con el juez Baltasar Garzón. ¿A proceso por su intento de juzgar crímenes de lesa humanidad? ¿Lo castigan por su desvelamiento de la oscura trama de corrupción tejida por personalidades de un partido político? ¿Se judicializa la política española? ¿Se politiza la justicia española?

Conocí al juez Garzón en 1997 cuando, con mi esposa Mara La Madrid, le elevamos una denuncia por el asesinato de mi hijo Marcelo Ariel y la desaparición de mi nuera María Claudia, padres de una niña o un niño nacido en cautiverio del cual supe la existencia por la Secretaría de Estado del Vaticano. Era el único juez ante quien podíamos hacerlo: no había otro en el mundo dispuesto a escuchar el relato de los crímenes cometidos por la dictadura militar argentina. No había otro juez en el mundo que atendiera a las heridas de las víctimas de Pinochet y no hubo otro que decidiera procesarlo. Lo volvimos a ver en 2000, esta vez para querellar a los represores de la dictadura uruguaya que asesinaron a mi nuera, le robaron la hija -era una niña, mi nieta, a la que encontré 23 años después de nacida- y desaparecieron los restos de su madre. Nos recibió con la misma deferencia y con un rostro que el sufrimiento ajeno le había escrito. Salimos de su despacho con alguna esperanza de justicia, la que esperaban y aún esperan centenares de miles de castigados por la espada en nuestro continente.

No voy a fingir una inocencia que no tengo. En la Argentina habemos jueces que violan el derecho de gentes, el derecho humanitario internacional, los derechos de los agredidos, la moral y la ética más corrientes, movidos tal vez por viejas complicidades. El juez Garzón no pertenece a esa tribu y que lo juzguen por hacer justicia, no se entiende. No lo entendemos en América Latina. Tampoco en otras partes del mundo.

Paul Bremer, el primer virrey norteamericano, impuso a un estragado Irak políticas económicas que el Economist calificó como un régimen “de capitalismo de ensueño”. Difícilmente se halla una locución mejor para describir las medidas del plan de “estabilidad” sometidas por Grecia a la apobación de la Comisión Europea, y aprobadas ayer. El plan contempla una reducción del déficit presupuestario griego, que pasaría del actual 12,7% del PIB al 2,8% en 2012, prometiendo, además, inmediatamente, un recorte del 10% en el presupuesto ministerial, una congelación de las contrataciones de funcionarios públicos, la abolición de distintos impuestos directos y un incremento de la fiscalidad indirecta. Y por si eso no bastara, el primer ministro socialista George Papandreu anunció ayer, en un dramático discurso televisado a la nación, ulteriores medidas de austeridad sin precedentes, entre ellas, el aumento inmediato de los impuestos a los carburantes, el aumento de la edad de jubilación y recortes en la remuneración de los empleados públicos que significarán una disminución del 10% del salario para la mayoría de funcionarios del Estado, y del 40% en el caso de los académicos. Como en Gran Bretaña, las universidades reciben el primer golpe; la tan cacareada “economía del conocimiento” no es óbice para considerarlas un lujo de todo punto secundario.

Y todo eso va a ponerse por obra en el país más pobre de la vieja Europa, que cuenta con un desempleo juvenil del 25%, con un crecimiento estancado y con sus tradicionales sectores de la industria naviera, el turismo y la construcción sometidos a una indecible presión. Esas medidas cerrarán el círculo vicioso de creciente desempleo, menguantes ingresos fiscales y políticas económicas sometidas al capricho de la especulación en los mercados financieros. Empujarán a un país que se halla ya en profunda recesión al abismo de una depresión duradera y sin salida.

“Grecia se halla en el ojo del huracán de una tormenta especulativa”, lamentó Papandreu en su comparecencia televisiva. Se estaba refiriendo a la degradación de la calificación del crédito griego por parte de tres empresas privadas de valoración de riesgos –ninguna de las cuales está sometida a control o supervisión algunos— y a la consiguiente especulación en los mercados en torno a la deuda pública griega destinada a financiar el déficit, especulación que elevó los tipos del empréstito soberano griego un 4% por encima de la línea de base. Se trata de una repetición intensificada del ataque que lanzó Soros contra la moneda británica en 1992 (que llevó al Reino Unido a su humillante salida del Mecanismo Europeo de Cambio) y del ataque de los especuladores a la banca británica en 2008. Y es índice capital de una desdichada situación galanamente aceptada por la Unión Europea y los gobiernos: un puñado de megacapitalistas fondos de cobertura hedge, que ya se han cargado con esa práctica a grandes bancos, apuesta ahora a la bancarrota de un país en la esperanza de que la propia apuesta ayude a cumplir la profecía y les permita ganar posiciones de ventaja en la venta cortoplacista.

No cabe la menor duda de que tanto Papandreu como Karamanlis, las dinastías políticas dominantes en la Grecia de posguerra, se han servido del empleo en el sector público y del mecenazgo para beneficio político propio, contribuyendo a aumentar monstruosamente el volumen de la deuda. No cabe la menor duda de que una substanciosa evasión fiscal, la corrupción y el clientelismo han contribuido significativamente a las actuales cuitas. Pero el remedio es mucho peor que la enfermedad, y será costeado, como siempre, por las usuales víctimas: trabajadores asalariados, grupos de bajos ingresos, campesinos con cultivos de subsistencia y desempleados.

En un horizonte más amplio, Grecia se está convirtiendo en un experimento para la nueva fase de la corrección de curso que el neoliberalismo se propone realizar en la estela de la crisis económica y financiera. Las medidas fiscales e impositivas de “estabilidad” vienen a continuar un conjunto de dogmas económicos milagreros que, aun si quebrados en 2008, siguen dominando el mundo mental de los dirigentes políticos europeos. La magia negra de la privatización, la desregulación y la financiarización ha sido teóricamente rechazada por muchos fieles de la primera hora, pero todavía impera en los ambientes de unas cuantas escuelas de negocios de elite y en la Comisión Europea. Obama lanzó el año pasado un estímulo fiscal de 787 mil millones de dólares, que incluían recortes fiscales, expansión de la cobertura del desempleo e incremento del gasto en educación, sanidad, infraestructuras y sector energético; la europea Grecia se ve condenada a la inanición fiscal. La deuda pública de Japón representa el 225% de su PIB, y se financia mediante empréstito interno, dejando sólo el 6% en manos extranjeras; Grecia se ve condenada a tomar préstamo en mercados extranjeros, sirviendo unos intereses que sólo pueden calificarse como usureros. El comisario económico Joaquín Almunia fue cínicamente claro respecto del propósito del plan de “estabilidad” al decir que Grecia necesita “más reformas en las pensiones, en la sanidad y en el mercado de trabajo”. Es un desvergonzado intento de aprovechar un problema relativamente pequeño de deuda, a fin de alterar radicalmente los equilibrios de clase y la relación Estado/sociedad en un país conocido por su militancia sindical y la fortaleza de su izquierda radical.

La legitimidad de la Unión Europa se funda en principios de justicia social y de solidaridad. Joseph Stiglitz ha recordado a los europeos esas tradiciones en unas unas páginas recientes, llamando a una emisión de bonos en euros para salvar a Grecia y a otras economías endeudadas. Un paliativo inmediato así haría las veces de un trágico deus ex machina; lo que pasa es que el fantasma neoliberal ha expulsado a dios de la máquina.

Todavía hay un aspecto más preocupante en estos acontecimientos catastróficos. Papandreu resultó elegido hace cuatro meses sobre la base de un programa de redistribución y justicia social. Ahora acaba de aceptar un programa que es exactamente lo contrario. Y eso constituye un ataque radical a la política, y la mejor expresión del odio neoliberal a la democracia. El comisario Almunia aconsejó a los políticos y a la opinión pública de Grecia aceptar las medidas propuestas añadiendo una apenas disimulada amenaza reveladora de la asombrosa idolatrización de los mercados y la fingida naturaleza de la impotencia regulatoria. Pues lo cierto es que los mercados podrían especular con éxito contra los bonos griegos, llevando a cotas insostenibles el costo de los empréstitos, sólo porque la UE ha fijado un irrealista límite del 3% para el déficit presupuestario. El resultado es que la UE empuja a Grecia desde un extremo y el mercado, desde el otro. Es una tormenta perfecta, pero movida por mano humana. Los políticos y los eurócratas han aceptado el papel de jugadores de poca monta en una economía de casino que se declara por encima de los procesos políticos.

La violenta pauperización de las masas, la rampante privatización de los servicios públicos a través de la reducción radical del sector estatal, así como la creciente dependencia de los mercados exteriores en el servicio de la deuda, equivale a una pérdida de soberanía tal, que admite comparación con la de un Estado sometido a ocupación extranjera, y trae consigo una amplia reestructuración de los activos nacionales a favor del capital y una grave crisis de legitimación europea.

Los griegos son un pueblo orgulloso. Han sido masivamente sometidos al bombardeo de los medios de comunicación, del gobierno y de académicos adocenadamente sumisos, a fin de hacerles creer culpables de los fallos de un sistema al que nadie ha votado. En Gran Bretaña estamos ya muy acostumbrados a la retórica del TINA [”No-Hay-Alternativa”, por sus siglas en inglés; T.]; pero también sabemos que siempre hay una alternativa. La situación por la que atraviesan los griegos les coloca en primera línea de un ataque en toda regla a los principios europeos de democracia, justicia social y solidaridad, principios que, aunque nunca dejaron de ser un poco retóricos, hoy se hallan quebrados por doquiera. Idealmente, lo que el gobierno griego debería hacer es olvidarse de la falsa ortodoxia que convierte a Grecia en una nación tan poco soberana como Irak y llamar a un frente nacional de resistencia frente al bárbaro ataque. Una iniciativa así movilizaría el orgullo y el sentimiento de injusticia de la nación. Apartaría al nacionalismo griego de su patológica evolución reciente hacia el extremismo derechista y xenofóbico y lo acercaría más a la tradición helénica, que es la de la defensa de la democracia. Islandia convocó un referéndum para decidir sobre la devolución de su deuda; lo mismo debería hacer Grecia.

Pero no es probable, porque el partido gobernante está demasiado comprometido con el viejo clientelismo y el neoliberalismo. La falta de una reacción encabezada por el gobierno aumenta los desafíos para la izquierda griega, una de las más fuertes de Europa. La izquierda tiene la responsabilidad histórica de movilizar a la opinión pública griega contra este tsunami de idiocia e injusticia antidemocráticas. Los griegos han demostrado que saben cómo resistir, desde Antígona hasta la Atenas de diciembre de 2008. Los campesinos ya han bloqueado varias rutas en dirección norte y Bulgaria, obligando a Barroso a amenazar con acciones legales. Se han convocado para el próximo mes huelgas de funcionarios públicos y una huelga general.

La izquierda debe ser capaz, además, de movilizar a la opinión pública europea. Si el ataque a las comunidades mineras y a la NUM [Unión Nacional de Mineros, por sus siglas en inglés; T.] resultó en Gran Bretaña emblemático del primer neoliberalismo, el ataque a Grecia representa el comienzo de su segunda fase. Si Grecia cae, no ofrece duda que los mercados pasarán a atacar a España, Portugal, Italia y Gran Bretaña, y la Comisión Europea vestida con la toga de un coro trágico y lavándose las manos como Poncio Pilatos. Lo que está en juego es el futuro de la democracia y de la Europa social; los griegos deben luchar por todos nosotros.

Costas Douzinas es profesor de ciencias sociales en la Universidad de Birmingham en el Reino Unido.

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Prohibieron ir a la escuela e ir a la universidad
Prohibieron las garantías y el fin constitucional
PROHIBIERON TODAS LAS CIENCIAS, excepto la militar
PROHIBIENDO EL DERECHO A QUEJA, prohibieron el preguntar
Hoy te sugiero, mi hermano, pa’ que no vuelva a pasar:

Prohibido olvidar, prohibido olvidar

Prohibido esperar respuestas, prohibida la voluntad
Prohibidas las discusiones, PROHIBIDA LA REALIDAD
Prohibida la libre prensa y PROHIBIDO EL OPINAR
Prohibieron la inteligencia con un decreto especial
Si tú no usas la cabeza, OTRO POR TÍ LA VA A USAR:

Prohibido olvidar, prohibido olvidar

Prohibido el derecho a huelga y el aumento salarial
Prohibieron ir a la calle y AL ESTADO CRITICAR
Prohibieron REÍRSE DEL CHISTE, de SU TRISTE GOBERNAR
Prohibieron el desarrollo del futuro nacional
Yo creo que la única forma de darle a esto un final es:

Prohibido olvidar, prohibido olvidar

Prohibieron los COMENTARIOS SIN “VISTO BUENO” OFICIAL
Prohibieron el REBELARSE CONTRA LA “MEDIOCRIDAD”
Prohibieron las elecciones y la esperanza popular
Y prohibieron la conciencia al prohibirnos el pensar
Si tú crees en tu bandera y crees en la libertad:

Prohibido olvidar, prohibido olvidar

Pobre del país donde lo malo controla,
donde el civil se enamora de la corrupción

Pobre del país alienado por la droga,
porque UNA MENTE QUE AFLOJA, PIERDE LA RAZÓN

Pobre del país que, con la violencia crea
que puede matar la idea de su liberación

Pobre del país que ve LA JUSTICIA HECHA AÑICOS
por la voluntad del rico o por orden militar

Cada nación depende del corazón de su gente
Y a un país que no se vende, nadie lo podrá comprar

No te olvides, no te olvides,….

Los financieros, los bancos y las agencias de rating que trabajan para ellos provocaron una crisis gigantesca. Para poder ganar más dinero influyeron de mil modos sobre los gobiernos y consiguieron que éstos y los bancos centrales cambiaran las normas legales e hicieran la vista gorda ante la acumulación ingente de riesgo que soportaban para ampliar sin cesar sus beneficios. Impusieron un modo de producir y de repartir desequilibrado e irracional, alimentando una burbuja detrás de otra. Y terminaron por quebrar y descapitalizarse. Obligaron entonces a que los gobiernos intervinieran y pusieran a su disposición billones de euros. Gobiernos, como el español, que hasta entonces incluso habían tenido superávit presupuestarios tuvieron que endeudarse. Los financieros y los bancos, con el apoyo de las agencias de rating que trabajaban para ellos, suscribieron esa deuda en gran parte con el dinero que los propios gobiernos y bancos centrales les daban para salvarlos de la quiebra y para lograr que así refluyera el crédito, cuya carencia había provocado la paralización de la actividad económica, el cierre de miles de negocios y el desempleo. Pero a los financieros, a los bancos y a las agencias de rating que trabajan para ellos solo les importa recuperar sus inversiones al coste social que sea y con la mayor seguridad y rapidez posible, así que no utilizaron esos recursos para ello sino para ganar enseguida más dinero. Se dispusieron entonces a presionar a los gobiernos y a los bancos centrales para que estos actúen con el único fin de que sus inversiones en la deuda estén seguras y puedan recuperarlas lo más pronto posible sin tener que cargar con el coste de la crisis que ellos mismos habían provocado. Y como llevan haciendo todo esto desde hace mucho tiempo tienen ya el poder suficiente como para conseguir que esa sea, efectivamente, la secuencia de los hechos una vez y otra. Si el gobierno va por otro lado las presiones se desatan. Si hace lo que les conviene, la patronal o algún gran banquero le concederá algún momento de respiro.

Esta es la historia y parece que el presidente Rodríguez Zapatero lo ha podido comprobar directa y personalmente en su inoportuna visita a la Cumbre de Davos.

Hablemos claro: los financieros, los bancos y las agencias de rating que trabajan para ellos están extorsionando al gobierno de España. Lo están llevando al terreno que ellos quieren y al que les conviene: el de la improvisación, el de la renuncia a sus propuestas anteriores y a sus compromisos electorales, al que lo separa de sus socios naturales y de su base electoral, el que lo llena de contradicciones y lo deja , no hay más que verlo, como un boxeador inexperto bamboleándose de un lado a otro de la lona.

Lo que buscan es derrotarlo fuera de las urnas haciéndole que quede a la deriva y que salten por los aires sus alianzas con los sindicatos y con el electorado para poder imponerle así políticas que saben que nunca podrían aplicarse si se tuvieran que decidir mediante una confrontación electoral democrática.

Los ciudadanos deben saber que los financieros, los bancos y la gran patronal, con la ayuda de los economistas liberales y de los organismos financieros que trabajan para ellos, no le están imponiendo al gobierno de España la salida a la crisis, como todos ellos dicen, sino la respuesta a la crisis que mantiene sus privilegios, que garantiza que puedan seguir teniendo cantidades ya inmorales de beneficio y que deja que las cosas sigan como siempre han estado. Pero esa es justamente la salida de la crisis que volvería a provocarla de nuevo.

Es sencillamente falso que para crear empleo, como dicen la patronal y los economistas liberales, haya que actuar solamente en los mercados de trabajo. Sin perjuicio de que haya que procurar que haya un marco adecuado de relaciones laborales (que no puede ser simplemente el que da todo el poder a los empleadores) lo que hay que procurar para ello es recuperar la demanda y los mercados de bienes y servicios. ¿De qué les va a servir a los empresarios que los salarios sean más bajos si luego no disponen de mercados con demanda efectiva suficiente donde puedan vender las mercancías que producen? ¿O es que quieren que España se limite a competir a la baja convertida en una economía barata al servicio del capital extranjero?

Por eso, reducir los derechos sociales, precarizar aún más el empleo, disminuir los salarios, renunciar al gasto público y social que se precisa para apoyar un modelo productivo que consolide a la economía española y a una fiscalidad más justa y que generase otro tipo de incentivos a los sujetos económicos, solo dará lugar a que los más ricos lo sean cada vez más y a que la economía española se consolide como una economía de segunda, desvertebrada, dependiente y simplemente especializada en proporcionar bienes y servicios de baja calidad. Pero así nunca se podrá conseguir que la economía española despegue y se modernice definitivamente, que disponga de un mercado interior más potente (algo que en realidad no le importa a los Adolfo Domínguez y compañía que tienen a su disposición mano de obra siempre más barata y mercados selectos en cualquier otra parte del mundo), que se reindustrialice, que genere empleo de calidad y renta suficientes para todos y que no tenga que dedicarse a actividades que destrozan nuestro medio natural e hipotecan el bienestar de las generaciones futuras. Esa no es una verdadera salida de la crisis.

La situación a la que ha llegado el gobierno es difícil, sobre todo, cuando se encuentra además con las restricciones que impone nuestra presencia en la Unión Europea. Ha renunciado a tener un proyecto económico propio al convertir al partido que lo sostiene en una claque en lugar de servirse de su organización como fuente de pensamiento y de propuestas alternativas. Y ha puesto el diseño y la ejecución de la política económica en manos de personas que explícitamente defienden y proponen las medidas que reclaman la patronal empresarial y bancaria. Así, y cediendo a la extorsión de los mercados, será muy difícil que cuente con el apoyo de los sindicatos y perderá lentamente el de todos los ciudadanos hasta el punto en que la situación puede llegar a ser insostenible.

El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero necesita el apoyo de los ciudadanos que no queremos una España de resabios franquistas, incapaz de convivir plenamente con las libertades civiles y controlada por los mismos grupos oligárquicos de siempre. Pero no es lógico que reclame ese apoyo gratuitamente y mientras pone en marcha políticas que en realidad solo benefician a estos grupos.

En una situación tan delicada como la actual, sería necesario que los ciudadanos supieran quién ha provocado de verdad la crisis y por qué, quién ha puesto las bases para convertir a la economía española en un espacio productivo tan débil y vulnerable y por qué, y qué se logra de verdad con unas medidas políticas o con otras. Con la fuerza de su propio partido, de otros que sin duda podrían y deberían apoyarle en ese camino, de los sindicatos y del más directo de los propios ciudadanos, el Gobierno podría estar entonces en condiciones de proponer un equilibrio diferente a la sociedad española, un pacto de rentas frente a una situación excepcional, y tratar así de hacer frente de otra forma a las dificultades derivadas de la actual conformación y equilibrio de poderes en la Unión Europea, algo que nos está resultando muy desfavorable por su propia naturaleza y por nuestra falta de proyecto propio.

Hace unos meses escribía Nicolás Sartorius que lo que se necesita es “modificar la dirección de la historia de España en términos económicos” y que ello “exige un nuevo contrato y unas nuevas reglas. Un contrato donde se especifique lo que cada parte debe aportar -y no realidades frente a promesas- y nuevas reglas que impidan, en lo posible, que se repita dentro de un tiempo el mismo desastre, acrecentado” (EL PAIS 28-10-2009).

En un esfuerzo de ese tipo, que naturalmente ni sería fácil ni tampoco apoyado gratuitamente por nadie, el gobierno de Rodríguez Zapatero podría encontrar un nuevo y decisivo impulso. Si no lo hace, es fácil adivinar lo que va a ocurrir.

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Ningún imperio ha sido eterno, ni siquiera aquellos míticos de la antigüedad que creyeron haber nacido para no morir nunca y de los que hoy sólo queda el vestigio del esplendor perdido. Sin embargo, hay algo en común a todos ellos, algo que apenas ha variado desde que el mundo es mundo y los imperios, imperios: Antes, mucho antes de que los fisiócratas franceses formulasen su célebre “laissez faire, laissez passer”, de que Adam Smith y sus seguidores hablasen del libre mercado y la mano invisible que lo mueve, los desalmados que conducían países con pretensiones imperiales habían puesto en práctica los verdaderos principios que desde siglos, como si de una ley física se tratara, han regido la dinámica de los campeones del capitalismo: “Yo a usted no le compro nada, me lo llevo; usted me lo tiene que comprar todo a mí, de buena gana o por la fuerza de mis cañones”. Todas las leyes, normas, pensamientos y doctrinas que a lo largo de la historia han servido de fundamento al liberalismo económico, se fundan en esa sencilla y despótica frase que nada tiene que ver con la libertad y sí, por el contrario, con el derecho de los más poderosos a vivir de y sobre los que no lo son tanto.
Se habla últimamente mucho de Haití debido al devastador terremoto que ha llenado sus ciudades y campos de sangre y escombros. Nos sentimos solidarios, estremecidos ante las imágenes que muestran los informativos, como si ese país, uno de los más pobres del planeta, no hubiese vivido terremotos peor que este desde que, como dice el maestro Galeano, decidió optar por la libertad allá por 1804. Fue Francia, la antigua metrópoli, la patria de la revolución burguesa, el asilo de perseguidos, quien impuso al pequeño país caribeño tras su independencia el pago de una compensación por daños de ciento cincuenta millones de francos, pago que los haitianos no pudieron cancelar hasta la tercera década del siglo XX, cuando ya los norteamericanos habían ocupado el país, lo habían convertido al monocultivo azucarero abocándolo a la ruina y habían expoliado hasta el último rincón de la última casa de los negros libres. Haití es un ejemplo clarísimo de hasta que punto puede llegar el capitalismo en su codicia, en su avaricia, en su desprecio hacia la vida: Desde hace mucho tiempo, los haitianos, de cuya pobre dieta es parte fundamental el arroz que antes cultivaban y ahora no, han de comprar ese alimento al amigo americano, siempre dispuesto a enviar al séptimo de caballería dónde sea menester. Es la ley del más fuerte, la ley del sistema en el que vivimos desde que el mundo es mundo, poco más o menos. Y no es que los haitianos sean más tontos, más peleones, más idiotas que los que habitan en la parte norte del continente, no, es que cometieron el tremendo error de ser el primer país de América Latina, encima un país habitado por esclavos negros, que decidió ser libre. Desde entonces, con especial empeño, Francia primero, Estados Unidos después, como en tanto lugares del mundo, no han parado de castigar a sus habitantes con terremotos de mucha mayor intensidad que el actual.
Pero todo, tiene su cara y su cruz. Como decíamos al principio, no hay imperio eterno, todos tienen su principio, su apogeo y su periodo de decadencia mientras nace otro sustituto que aplica con más ventaja las normas de la casa. Si durante más de setenta años nos ha tocado sufrir el imperialismo yanqui –me gustaría que alguna vez alguien fuese capaz de evaluar las víctimas de esa hegemonía porque estoy seguro superarán a las de la Segunda Guerra Mundial-, ahora, cuando el capitalismo y los capitalistas campean ufanos y a la velocidad de la luz por todo el orbe, ya sabemos quien tomará el relevo si es que no lo ha tomado ya. Se dice que el capitalismo es un sistema perfecto porque es el que más ha durado y no se atisba competidor. Puede ser, pero también lo es que no tiene patria y que, teniendo a la codicia y la ambición humana como únicos motores, hace caer a los triunfadores del momento en la ceguera de la soberbia. Me explico, no se trata de que el capitalismo se esté derrumbado debido a la actual crisis, lo que sí está haciendo es cambiar su lugar de ubicación. Con los ojos cerrados en su afán por disminuir costes (derechos) y maximizar beneficios, los países desarrollados, y dentro de ellos sus poderosos oligarcas, han ido desplazando sus centros de producción hacia una nación pobre y atrasada como China. Primero fabricaban baratijas, luego cachivaches, más tarde algún juguete, después televisiones, ordenadores, componentes electrónicos de todo tipo, hasta llegar al día de hoy en que lo fabrican absolutamente todo, hasta tal extremo de que en plena crisis China se permite crecer un 8,7 por ciento tal como habían previsto las autoridades económicas del país.
¿Es que esa civilización milenaria durante siglos despreciada por Occidente, de repente ha regresado al antiguo esplendor imperial? ¿Tal vez, por arte de magia, los chinos, que han sufrido siglos de miseria y explotación castrante, se han tornado diestros en todas las áreas del saber y la producción? No niego, porque no lo sé con certeza, que los chinos comiencen a vivir mejor que en tiempos pasados o que estén más preparados que hace décadas, pero lo que si puedo afirmar es que China es hoy por hoy el foco al que acuden los capitalistas de todo el mundo para sacar más rendimiento a sus inversiones, que el modo de producción chino se aproxima mucho al esclavista, que no hay otro país en el mundo que pueda ofrecer tanta mano de obra barata, que aunque nominalmente sea un país comunista, sus trabajadores apenas tienen derecho a otra cosa que al trabajo, que los dueños del dinero -sin saber o a sabiendas de las consecuencias funestas de su avaricia: Corren el riesgo de quedarse sin consumidores, de provocar una retracción del consumo como nunca se ha conocido-, han decidido que la única manera de competir con China es imitándola en todo, por supuesto también en salarios y derechos sociales, que estamos asistiendo a un relevo y que sólo subsistirán al terremoto asiático aquellos países que sean sede de muchas grandes transnacionales.
Europa y Estados Unidos se enriquecieron sometiendo a la pobreza a países como Haití, a continentes como África, hoy, en la era de la globalización, cuando la única libertad global garantizada es la del movimiento de capitales, pueden haber dado los primeros pasos hacia su declive histórico: La actual crisis económica, que partió de una sensacional estafa planetaria, puede no ser una enfermedad pasajera, sino el síntoma que avisa de otra mucho más grave: La decadencia. El dinero, como la Inglaterra de Lord Palmerston, no tiene amigos ni enemigos, sólo intereses. China, tampoco.

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Querido Matías Vegoso:

Reconozco que éstos no son buenos tiempos para la izquierda. Yo me había hecho cierta ilusión con el giro de parte de Latinoamérica, el triunfo de Obama y algunos otros guiños de la historia. Pero es claro que la derecha no va a permitir el menor avance en la justicia, la equidad y la dignidad. Ni siquiera ha permitido echar por la borda a los grotescos militarcitos hondureños, y poco ha tardado en maniatar a Obama. Es cierto que llevamos las de perder mientras siga llamándose democracia a un régimen que permite a los más ricos gastar todo lo que quieran en campañas políticas cuando sabemos que esas campañas dejaron hace rato de ser confrontaciones de ideas para convertirse en confrontaciones de millones.

Cuando uno piensa en los últimos coscorrones a Obama, en los últimos desmanes de la derecha española contra los inmigrantes y con los corruptos, en el comportamiento escandalosamente cínico de los bancos y financieras, en el increíble descaro con que exigen la impunidad de los crímenes los Berlusconi, los militares brasileños, los jueces españoles o la “justicia” mexicana, no puede uno dejar de preguntarse cómo funciona una cabeza reaccionaria. Algo he leído sobre eso, por ejemplo en Lakoff, por ejemplo en Hirschmann, que te recomiendo, pero creo que no nos vendrían mal más estudios de sociólogos serios y sobre todo más reflexión sobre la cuestión. Es difícil no caer en la imagen del negociante-tiburón, abismalmente egoísta y desalmado, dispuesto a todos los crímenes con tal de enriquecerse. Tal vez existan personas reales así (¿Berlusconi?), y en todo caso el arquetipo no deja de tener sentido, pero creo que hay que intentar más bien imaginar el funcionamiento de un prototipo más general y comprensible. Pienso entre otras cosas que esa mentalidad es una mentalidad de clase. Antes de acusarme de criptomarxista (o nostálgico de Stalin, quién sabe), deja que me explique un poco.

Casualmente he releído un poco estos días a Victor Serge y he visto varios reportajes y documentales sobre guerrilleros, anarquistas, revolucionarios. Es evidente que la lucha de clases tal como se manifestó hasta la época de la guerra fría ya no es de estos tiempos. Pero ¿significa eso, como tantas veces te he oído decir, que han desaparecido las clases? ¿Te parece a ti que una señora madrileña del barrio de Salamanca y su criada ecuatoriana son de la misma clase? ¿Que un bolero (limpiabotas en español de España) de la Alameda en México y Carlos Slim son de la misma clase? ¿Que Cristiano Ronaldo es de la misma clase que un premio Nobel de biología? Lo que ha desaparecido es la lucha, pero no las clases. El proletariado (perdón, pero así se llama) ha dejado de luchar, la burguesía no. Cuando echa uno la mirada a las luchas obreras de la primera mitad o más del siglo XX, se ve claramente que se trata de un conflicto de clases. La violencia revolucionaria de entonces, incluso si te parece equivocada, tienes que reconocer que se realizaba en nombre de la clase proletaria y de una exigencia moral. ¿Leíste el otro día en El País Semanal la historia del anarquista Sabaté, que roba en una urgencia 4 000 pesetas a un comerciante pero poco después desvalija un banco y va a devolverle al comerciante sus 4 000 pesetas? ¿Quién haría hoy algo así, proletario o burgués, fundamentalista o terrorista, neonazi o separatista? Hoy las luchas sociales o incluso la violencia social, si no las ejercen individuos o grupúsculos, las ejercen otra clase de colectividades: religiones, civilizaciones, “identidades”… ¿Te acuerdas de cuando hablábamos de “conciencia de clase”? A los elegantes de hoy les parece ridículo hablar de esa “conciencia”, pero no de la “conciencia” (que a veces se llama “orgullo”) cristiana, u occidental, o vasca, o gay.

Tal parece que la “conciencia” de clase del proletariado se ha esfumado, sustituida por la “conciencia” de otras colectividades. ¿Y la de la burguesía (o como se llame ahora)? Pienso que la “conciencia” de la burguesía tradicional era la de una clase histórica. Esa clase se sentía justificada por haber derribado a la aristocracia y haber tomado la iniciativa en su lugar. El burgués de la sociedad industrial y colonialista se creía justificado por una superioridad no de “sangre” (o sea hereditaria) o de naturaleza (raza, digamos), sino justamente de clase. El negociante de entonces tenía derecho al lucro, al rédito, a la explotación de la mano de obra, a la sumisión de las colonias por el hecho puro y fundamental de pertenecer a esa clase, de ser en la única realidad válida, la realidad histórica, gente bien y gente civilizada. Y era una verdadera oligarquía, o sea que el verdadero poder, que sólo en parte coincide con el poder formal, le pertenecía. Bueno, pues yo creo que también esa burguesía perdió su “conciencia de clase”, sólo que no se quedó sin ninguna como el proletariado, sino que tenía otra de repuesto. La oligarquía de hoy puede salirnos a veces con que lleva la democracia y la modernidad al mundo, pero todos sabemos que bromea y ni ella misma se atrevería ahora a decir que es civilizadora o ejemplar. Los valores que enarbola son la libertad y la seguridad, pero hay que ser de veras oligofrénico además de oligárquico para no ver que cuando dicen libertad quieren decir impunidad (otra vez Berlusconi) y que la seguridad que proponen es la del gangster que siembra primero la violencia para después vendernos la seguridad. En realidad no hay más que una justificación en serio (una ideología) en la nueva oligarquía: el derecho del más astuto, versión social de la supervivencia evolutiva del más apto y que se funda, por supuesto, en la evidencia científica de ese principio, llamada en su versión metafísica “la lucha por la existencia”. Curiosamente, nuestra oligarquía es mucho menos histórica y mucho más naturalista que la de nuestros abuelos: la “lucha por la existencia” es un concepto mucho menos sutil y elaborado que la “lucha de clases”.

Puede pensarse también que esta situación es en parte resultado de las acciones de la propia oligarquía. La descolonización fue seguramente algo inevitable para ella misma: es difícil creer que si hubiera podido seguir beneficiándose sin mayores riesgos de esa situación hubiera permitido que cambiara. El crecimiento de las clases medias y el ascenso de la pequeña burguesía supongo que le resultaron también inevitables por la necesidad de ampliar el mercado. Es claro que esos dos hechos quitaron hierro a la lucha revolucionaria. Además la descolonización, realizada como siempre con total impunidad, dejó en la quiebra a esas nuevas naciones y contribuyó en gran medida a la nueva lucha (o guerra), la de “civilizaciones” (o religiones). Finalmente –lejos de mí negar tal cosa–, la transformación de la revolución en totalitarismo en los países del “socialismo real” y su derrota en la guerra fría ahogaron indudablemente muchas ilusiones. La “conciencia de clase” del proletariado iba asociada con su lucha; si la lucha ha cesado la “conciencia” se ha esfumado. Pero no la de la oligarquía, que tiene nuevas luchas y hasta guerras que ganar. Como te digo, sólo la oligofrenia puede obnubilar a un jerarca para dejarle creer que su proyecto es democrático y justo, pero en cambio la mayor lucidez del mundo le permite ver con toda claridad que los derechos del ciudadano siguen siendo como siempre el enemigo en su lucha de clases (y si no, pregúntale a Obama). Habrá que suponer que, además de oligárquicos y oligofrénicos, nuestros jerarcas son también esquizofrénicos.

Pero bueno, para decirlo en conclusión con más seriedad, creo que el reaccionario medio no es necesariamente ese millonetas sanguinario y voraz de las caricaturas, pero sí pienso que es alguien que se niega obstinadamente a ver la realidad, adoctrinado por una ideología que él mismo inconscientemente solicita y conscientemente propaga, sin duda por la desgarradora imposibilidad de confesar y confesarse que ni en Dios, ni en la naturaleza, ni en la historia puede fundar su derecho a aumentar su tajada a costa –no hay otra manera– de la tajada del prójimo. Pues tú sabes tan bien como yo que lo que está rigurosamente prohibido a la conciencia, de clase o no de clase, es exclamar “¡Porque me da la gana!”.

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El primer día de este año, la libertad cumplió dos siglos de vida en el mundo. Nadie se enteró, o casi nadie. Pocos días después, el país del cumpleaños, Haití, pasó a ocupar algún espacio en los medios de comunicación; pero no por el aniversario de la libertad universal, sino porque se desató allí un baño de sangre que acabó volteando al presidente Aristide.
Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor.. Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud.
Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití. Desde hace dos siglos, sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo; y decía que había que “confinar la peste en esa isla”. Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones. Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia. Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo.

Haití ha vuelto a ser un país invisible, hasta la próxima carnicería. Mientras estuvo en las pantallas y en las páginas, a principios de este año, los medios trasmitieron confusión y violencia y confirmaron que los haitianos han nacido para hacer bien el mal y para hacer mal el bien.
Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del Africa. El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos.
De la maldición blanca, no se habló.

La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado:
–¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias?
–El anterior.
–Pues, que se restablezca.
Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves llenas de soldados.
Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron “la deuda francesa”. Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte. A poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo país nació estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna que actualmente equivaldría a 21,700 millones de dólares o a 44 presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final. Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos.

A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad.
Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar.
En realidad, las colonias españolas que habían pasado a ser países independientes seguían teniendo esclavos, aunque algunas tuvieran, además, leyes que lo prohibían. Bolívar dictó la suya en 1821, pero la realidad no se dio por enterada. Treinta años después, en 1851, Colombia abolió la esclavitud; y Venezuela en 1854.

En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York. El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho. No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero, Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública.
La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia. Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo.

Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las desventuras y los años.
Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de los marines, a la presidencia.. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza. Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe.
Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las tropas invasoras. País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios.
Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional.

En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso.
Al otro lado, está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria, pestes.
En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares..
Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente.

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En el año 1960, el juicio de Dayton fue llevado al cine en blanco y negro por Stanley Kramer en una película titulada La herencia del viento, Inherit the Wind (aunque quizás hubiera sido más apropiada la traducción del título que se usó en Sudamérica ‘Heredarás el viento’), protagonizada por Spencer Tracy, en el papel de Henry Drummond (nombre supuesto de Darrow en el film); Fredric March en el papel de Matthew Harrison Brady (nombres supuesto para Bryan); Gene Kelly en el papel del periodista progresista E. K. Hornbeck (nombre que se le dio en la película por H. L. Mencken); Dick York como Bertram T. Cates (nombre supuesto que encubría a Scopes) y Claude Atkins como el reverendo fundamentalista que lleva a los tribunales al profesor Cates.

El guión, fue escrito por Nedrick Young (que originalmente lo firmó como Nathan E. Douglas debido a sus problemas para hacerlo con su nombre original por estar incluido en las listas negras elaboradas en Hollywood por la influencia del senador McCarthy) y Harold Jacob Smith, sobre la base de la obra de teatro de Jerome Lawrence y Robert E. Lee.

La película de Kramer va más allá de los hechos históricos. Probablemente el juicio a Scopes fuera muy diferente a como podemos verlo en la pantalla. Resulta sintomático que todos los nombres hayan sido cambiados. Así pues el hecho del pasado resulta una mera excusa; es el sobre que contiene lo verdaderamente importante, el mensaje. El del peligro de los fanatismos, y el de la fina barrera que existe entre la libertad individual, las ideas y la ley de los pueblos.

La película fue y es, sin duda, un film impactante. Sobre el respeto a los sucesos de Dayton, desde la perspectiva más histórica, en el film y en la obra de teatro fueron cambiados los nombres de personas y lugares, y en muchas escena (quizás demasiadas) hubo algunas exageradas concesiones a la agilidad narrativa y al dramatismo, como hacer de Scopes el novio de la hija del pastor fundamentalista que lo ataca, detener a Scopes durante su clase, quemarlo en efigie, etc. De hecho, Scopes parece ser que nunca estuvo en la cárcel ni tenía novia, ni le fueron a detener mientras daba clase. Darrow tampoco llegó sólo al pueblo ni Bryan era el estrambótico fundamentalista que se puede ver en la película.

Desde el mismo comienzo de la película Kramer introduce cánticos religiosos para crear una atmósfera áspera, identificando religión y fanatismo, y describiendo a todo un pueblo en contra de un individuo. De un modo singular, el defensor de la fe Harrison Brady resulta ser un hombre bastante cabal, alejado del oscurantismo del reverendo Brown, quien repudia a su hija por estar prometida al hombre que enseña el pasado del hombre sin mencionar a Dios. Con todo, acosado en el juicio por el temperamental y astuto Drummond, Brady se revelará como un ídolo mesiánico con pies de barro.

El hecho real. «El Juicio del mono» o «El Estado contra Scopes»

En el viejo Mississippi, en 1925, la localidad de Dayton se vio turbada por un juicio (el juicio del «Mono») que marcó época: el del Estado contra John Scopes, al que se encontró culpable a John Scopes de enseñar la teoría de la evolución de Charles Darwin en una clase de ciencia en una escuela secundaria, en contra de lo que establecía una ley del estado de Tennessee que prohibía la enseñanza de toda otra explicación que no fuera el creacionismo. Se creó una batalla, amparada por los medios de comunicación y las manifestaciones populares, entre ciencia y religión, y por cada uno de los bandos lidiaron dos de las más lúcidas mentes de aquel entonces: Clarence Darrow y William Jennings Brian. Existen versiones muy contradictorias sobre los hechos. Unos dicen que fue un juicio amañado desde la prensa y la política para poner en cuestión el Butler Act, otros que los ciudadanos de Dayton se pusieron de acuerdo para levantar un escándalo y dar popularidad al municipio. El Butler Act establecía que era ilegal en todo establecimiento educativo del estado de Tennessee, «la enseñanza de cualquier teoría que niegue la historia de la Divina Creación del hombre tal como se encuentra explicada en la Biblia, y reemplazarla por la enseñanza de que el hombre desciende de un orden de animales inferiores».

Someramente, éstos son los hechos históricos.

John Scopes, un profesor de escuela secundaria, fue acusado el 5 de mayo de 1925 de enseñar la evolución utilizando un capítulo de un libro de textos que estaba basado en ideas inspiradas en el libro de Charles Darwin El Origen de las Especies. John Scopes no podía entender su situación. Estaba preso por enseñar ciencia, que era su trabajo. Tampoco entendía que, con su arresto, los líderes locales buscaran atraer la atención sobre Dayton y tentar a algún empresario a invertir en un pueblo que cada vez tenía menos habitantes. La Asociación de Libertades Civiles Norteamericanas (ACLU) ofreció pagar los honorarios del defensor y eligió a H.G. Wells, el escritor de ciencia ficción autor de La máquina del tiempo y otros relatos fascinantes. Pero a Wells no le interesó. En realidad, el defensor surgió después de que se conociera quién iba a ser el fiscal. Las autoridades del pueblo consiguieron que William Jennings Bryan, un fundamentalista religioso, tres veces candidato a la presidencia de los Estados Unidos, asumiera la acusación a pesar de que no ejercía el derecho desde hacía 30 años.

Cuando se supo de que actuaría Bryan, hubo un abogado que se propuso para la defensa. Era Clarence Darrow, de 70 años, el abogado más famoso del país. George Rappleyea, propietario de varias minas en la región, convenció a un grupo de empresarios de Dayton, que entonces era un pueblo con 1756 habitantes, que la atención pública que generaría tal juicio aportaría publicidad para Dayton.

Una joven de unos 20 años estaba parada en la puerta de la Corte con un bebé en su brazo derecho y un cartel en el izquierdo que decía: «Scopes, arderás en el infierno». Había más carteles, algunos con la figura de un mono y la cara de Darrow. Uno de ellos permaneció siempre en la puerta del tribunal: «Lea su Biblia todos los días». Una señora vestida con una camisa de volantes blancos, abotonada hasta el cuello, y una falda larga y negra, cantaba una canción religiosa al frente de otras 50 mujeres. Hacía un calor insufrible y casi todos se defendían del sol con diarios, cartón o abanicos. Había puestos de limonada y de comidas. Llegaron periodistas hasta de Hong Kong. Fue la prensa la que bautizó el caso con el nombre que lo identificaría para siempre: «El juicio del mono». Desde muchos meses antes de su inicio, gentes de todos los EE.UU. habían estado siguiendo lo que se estaba aprobando en Tennessee con atención, dándose cuenta de lo que estaba en juego y, poco a poco, los dos bandos enfrentados, los que defendían y atacaban la evolución, fueron juntando fuerzas para tratar de ganarlo. Incluso se llegaron a enviar reporteros desde la Institución Smithsoniana un mes antes para fotografiar a los protagonistas de los acontecimientos, a medida que éstos se iban sucediendo, e ir captando el ambiente que se iba viviendo en la ciudad.

Scopes fue enjuiciado el 24 de abril. Durante la mañana, unas 1.000 personas fueron entrando a la sala del tribunal para asistir al juicio. Alrededor de 300 se quedaron de pie. El juez John Raulston golpeó con su martillo para acallar los murmullos. El calor era tan insoportable adentro que se permitió a los hombres estar en camisa. Los procedimientos empezaron con una oración, bajo la firme protesta de Darrow. La presentación de Bryan, de inflamada aunque aburrida oratoria, era rubricada a cada pausa por un sonoro «amén» del público. Darrow volvió a protestar y el juez debió pedir mesura.

El caso para la fiscalía era muy claro. Con el testimonio de los alumnos probó que Scopes enseñaba la teoría de Charles Darwin, y que esto constituía una violación a la ley de Tennessee. En este tramo, Darrow sólo le preguntó a un alumno si le parecía que su profesor enseñaba cosas perversas o malas. El chico dijo que no. Los científicos que la defensa propuso como testigos dirían que la ley era injusta pues no se podía tomar a la Biblia, que es un texto religioso, como si fuese un libro de ciencias. Pero Darrow tuvo serios problemas cuando el juez rechazó esos testimonios por impertinentes.

Darrow decidió entonces dar batalla en el terreno de sus oponentes y llamó como testigo al mayor experto en la Biblia que se encontraba presente, es decir al propio fiscal. Bryan, confiado, aceptó. (ver diálogo). Darrow pidió un veredicto inmediato. El final fue transmitido por radio a todo el país. En 8 minutos, el jurado declaró a Scopes culpable, lo multó con 100 dólares y una fianza de 500 dólares, que pagó Paul Patterson, propietario del Baltimore Sun. Por primera vez las noticias sobre un juicio se retransmitían diariamente por radio a todos los EEUU gracias a la WGN, la primera emisora de radio inaugurada en Chicago.

Darrow apeló, pues buscaba que un tribunal superior dijera que la ley antievolución era inconstitucional. Cinco días después, el fiscal Bryan se recostó a dormir una siesta de domingo y murió. La diabetes lo había vencido. El 14 de enero de 1927, la Corte del estado redujo la multa a un dólar y evitó pensar el asunto en profundidad. Dijo: «No es conveniente prolongar este caso tan extraño». La ley no se aplicó más.

«Solo porque la gente ve tantas cosas en la tierra y en el cielo de los cuales no conocen la causa creen que las deidades están trabajando allí. Si solo pudieran ver que nada puede ser creado de nada, entonces avanzarían un paso más hacia la respuesta que buscan: Esos elementos eternos se han vuelto todo lo que es, sin interferencia de los dioses»

Lucrecio, «De rerum natura». Escrito alrededor del año 60 AC

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Hace cuatro años escribí este artículo. Ahora mi alma tiembla de nuevo pensando otra vez en tanto sufrimiento. Haití: el infierno es este mundo Cuando escribía estas líneas se calculaba que más de mil setecientas personas habían muerto en Haití a causa de las lluvias. Las organizaciones internacionales de ayuda que trabajan allí estiman que las muertes se multiplicarán cuando se extiendan las infecciones. Es lógico que esto último ocurra en un país que apenas si tiene sistema sanitario. En 2002, el gasto en salud per capita fue de 56 dólares, cuando en España fue aproximadamente de 1600. Sin que ocurran las desgracias de estos últimos días, la esperanza de vida sana en Haití es de las más bajas del mundo: unos 43 años, mientras que en España es de más de 72 años. La mortalidad infantil fue de 139 por cada 1000, cuando en España es de poco más de 4. En nuestro país tenemos unos 4 médicos por cada 10.000 habitantes, en Haití hay 0,2. ¿Alguien puede extrañarse entonces de que las lluvias, por suaves que fueran, se conviertan en una auténtica masacre? Para colmo, el Fondo Monetario Internacional impuso recortes en los gastos sociales y la deuda externa (a veces para pagar créditos que ni siquiera llegaron a Haití) es económicamente extenuante. Sólo para hacer frente a los intereses se dedica el doble que lo que se gasta en sanidad. Como siempre que ocurren estas cosas, la tendencia general es a pensar que se trata de una desgracia natural más que cae sobre territorios o naciones que por su intrínseca miseria y pobreza están siempre condenados al sufrimiento y a la necesidad. Esto es cierto en el caso de Haití pero sólo desde un cierto punto de vista. Es verdad que hoy día Haití es el país más pobre del hemisferio norte. De sus ocho y pico millones de habitantes se calcula que unos 3,8 no disponen de ingresos suficientes para sobrevivir y que 2,4 están en situación de insuficiencia alimentaria crónica. El 50% está desempleado y un 52% en situación de pobreza. Los que trabajan no están en mejores condiciones. En la capital, Puerto Príncipe, el 92% de los empleos son informales; en el conjunto del país un 60%. Las imágenes que vemos del país son las de un territorio miserable, sin riqueza alguna, lleno de suciedad y hambre. Por eso a mucha gente le resulta sorprendente saber que Haití no fue siempre un país pobre ni muchísimo menos. Todo lo contrario. Cuando era colonia francesa proporcionaba a Francia más ingresos que todas sus demás colonias juntas. Allí florecían las artes y era la colonia más rica del mundo. Su ciudad emblemática, Cap Français (ahora Cap Haitien), era conocida como el París del Nuevo Mundo. La dominación española había sido tan desastrosa y cruenta que despobló el país casi por completo y los franceses lo repoblaron con esclavos negros. En 1789 las ideas de la libertad, la igualdad y la fraternidad estallaron en la metrópoli y los esclavos tuvieron la ocurrencia de creerse que eso iba también con ellos, los negros. Después de levantamientos y revueltas en 1804 se abolió la esclavitud. Antes incluso que en Inglaterra, que lo hizo tres años más tarde aunque, por cierto, con tan escasa convicción que hubo de reiterar la abolición en 1832. Este año se ha cumplido, por tanto, el segundo centenario de su independencia, de la proclamación del primer jefe de estado negro de la historia moderna. Se ha celebrado con sangre. A partir de entonces comenzaron los grandes dramas de Haití. La igualitaria y revolucionaria Francia no le reconoció la independencia y le exigió altísimas compensaciones. Estados Unidos la combatió desde el principio y decretó sucesivos bloqueos y embargos. El por otro lado tan reputado Thomas Jefferson dijo que había que confinar la peste en aquella isla . En 1915 fue invadida por Estados Unidos que en 1918 obligó a cambiar su Constitución porque prohibía vender tierras a los extranjeros. Cuando lograron cobrar las deudas de sus bancos los norteamericanos dejaron Haití en manos de dictaduras sangrientas y miserables, como la de los Douvalier padre e hijo, durante la que murieron asesinadas centenares de miles de personas. En Haití ha habido 42 presidentes y de ellos 29 han sido asesinados y sólo 2 han sido elegidos legítimamente. Como dice Eduardo Galeano, a Haití, los marines siempre regresan, como la gripe . Con los marines llegaron además las políticas neoliberales. Ya con Douvalier se obligó a que desaparecieran las defensas comerciales y eso permitió que Estados Unidos colocara allí sus excedentes agrícolas. Era lo que buscaban. Cuando era colonia, Haití producía mucho para proporcionarle ingresos a la metrópoli, ahora importa el 70% de los alimentos que consume. Ha pasado de ser productor y gran exportador a convertirse en el cuarto importador mundial de arroz, sobre todo procedente de Estados Unidos. Eso es lo que provocó que la población que trabajaba en el campo, un 70% del total, se arruinara casi por completo. Las empresas norteamericanas utilizan su mano de obra baratísima en industrias de embalaje y de poco valor añadido, en las llamadas maquilas, que son verdaderos antros de explotación y muerte. Según un informe del National Labor Comitte de Estados Unidos, más de la mitad de las plantas maquiladoras están contratadas por firmas como Sears, Wal-Mart o Disney que pagan menos de la mitad de lo estipulado, exigen jornadas semanales de hasta 70 horas y contratan habitualmente a niños. No respetan el medio ambiente y los ecosistemas están destrozados. Aunque el nombre de Haití significa tierra de montañas hoy día sólo le queda un 3% de su antigua superficie forestal. Mientras tanto, y según el ex embajador en La Dominicana, desde Haití sale un 40% de la cocaína que se consume en Estados Unidos, en operaciones procedentes casi siempre de Colombia y de las que los servicios secretos deben tener buen conocimiento. El Washington Post llegó a publicar el nombre de los militares y matones implicados en el tráfico. Quien quiera entender lo que ocurre en Haití debe analizar, pues, la naturaleza y vinculaciones de los circuitos internacionales del crimen y la droga. Y los poderes que hay detrás de todo ello. Es materialmente imposible resumir en unas líneas la historia de infamias, saqueos, crímenes y desgracias que jalonan la historia de este hermoso país, de la perla que encandiló a Colón y que ahora sufre de nuevo. Aquellos esclavos creyeron que el sueño de la libertad estaba escrito también para los negros y sus amos blancos no se lo perdonaron nunca. Crearon un infierno donde se matan entre ellos y en donde, además, los destroza una lluvia que en lugar de apagarlas aviva las llamas.

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Todo esto está muy bien, pero no todos son iguales. Me gustaría que alguien hiciera un estudio bien sistematizado sobre el importe del chollo y la ideología política, seguro que el chi cuadrado mostraba que el porcentaje de ladrones era significativamente mayor en el PP, seguido de los nacionalistas de derachas, del PSOE y, al final, los pocos de izquierad verdadera que hay . Me gustaría saber cuánto ha ganado en el parlamento, por ejemplo, José Antonio Labordeta. Personalmente, pienso que, sin exageraciones, un político activo debe estar bien pagado y tener incompatibilidad absoluta con actividades privadas, así como prohibición total y efectiva de cobrar por dos o más cargos. La jubilación debería ser a los 65 años, calculando, como para los españoles de a pie, la media de los últimos quince años y, naturalmente, sin sobrepasar la pensión máxima, de la que yo disfruto y sobre la que sólo pienso que España dejaría de ser una mierda si fuese capaz de que todo el mundo tuiviese mi pensión. Los que dejasen e cargo político con menos de 65 años, volverían a su puesto de tratajo previo por ejemplo Ansar aser inspector de hacienda) con el sueldo correspondiente. Se prohibiráin absolutamente los chollos, en alguna manera relacionados con le cargo político ostentado. Probablemente, las cosas irían mejor y habría menos “vocaciones” políticas y sería mucho más difícil mantener la “disciplina de partido”, que es otra de las grandes normas antidemocráticas en nuestro país. Si alguien que, por ejemplo, no fuese un facha en el PP (lo cual es difícil, claro) hubiese votado a favor de la ley de aborto, ya sabe que, a partir de la siguiente legislatura le sacan de las listas y se acabó el chollo.
Todo esto es consecuencia de la “ejemplar” transición, que consistió en cambiar un poquito para que nada cambie. Los “neosocialistas” (al estilo Felipe González , hijo de lechero facha sevillano y ex-miembro de la OJE falangista), que nada tenían que ver con mi padre ni con Pablo Iglesias y a quienes los Billy Brand y compañía tanto promovieron, se dieron cuenta de que iban a empezar a chupar del bote y claro…
Por todo eso, sólo admitiría como democrático:
1.- Golpe de estado de izquierdas para cargarse toda esta farfolla.
2.- Contratación de un ejército extranjero, del tipo de los Gurkas de Nepal que tan bien arreglaron el tema de las islas Falkland (vulgo Malvinas), cepillándose a los gilìpollas argentinos que, haciendo el caldo gordo a los generales criminales, defendieron la argentinidad de esas inhabitable width=’100%’s islas.
3.- Guerra civil cortita, pero sangrienta.
4.- Ganar la guerra, reinstaurar la II República y, aplicando las leyes legítimas de la misma, hacer juicios sumarísimos, para condenar, incluso a muerte, a los múltiples fascistas del Estado Español.
5.- Aplicación de nuevo de la Constitución de 1931, mucho más avanzada que el bodrio de 1978, que permite que los curas sigan dominando la enseñanza, entre otras cosas.
Al final seríamos alrededor de diez millones menos y, parafraseando a Alfonso Guerra, al país, de una vez para todas, no lo iba a conocer ni la madre que lo parió.
Este es mi sueño, tan legítimo como el de Martin Luther King.

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INTRO

Una vez más visitamos el cine que juega serio, el fundamental, siempre además ameno, y esta vez de procedencia europea: ya habrá tiempo para el norte-americano, asiático o el ibero-americano.

En esta ocasión volvemos a unos de los grandes artistas del delirante último siglo, felizmente ya transcurrido: el danés CT-Dreyer. Reconozco que como gris y perseverante cinéfilo de kasposo videoclub urbano, ha sido de auténtico pecado no haber visitado antes las obras más emblemáticas de este maravilloso, ascético y simpar artista total. Puedo hasta confesar que no sólo el visionado de su cine ha cambiado mi humilde forma de entender el arte, sino también la de la vida: hasta ahí llegan los tentáculos artísticos y metafísicos del sublime Dreyer. Aunque más bien lo que han provocado en mí, ha sido reafirmarme en los principios e intuiciones por los que me suelo regir.

Tras soltar semejante sincera bravata, ya se puede intuir la punzante intensidad con la que los filmes de Dreyer provocan al visionarlos. Es la tónica en todo el mundo, según advierto en más de una reflexión cinéfila.

PRESENTACIÓN DEL FILM

En esta ocasión amenazo con “Dies Irae”, el Día de la Ira (de Dios): el Juicio Final.

Tras haber flipado como nunca con “Ordet”, y haber bufado como frenético vándalo por sentir auténtica vergüenza ajena con “El amo de la casa” a causa de su facilona, moña e impresentable demagogia, no pude resistirme al film antes mentado de tan estruendoso y coaccionador título.

ARGUMENTO

Edad-Media, un veterano pastor protestante aguarda la visita de su hijo, en compañía de su anciana madre y su sumisa joven cónyuge, desposada en segundas nupcias. Pero esta edulcorada y angélica postalita jamás puede auspiciar nada bueno, más si cabe en un film de Dreyer. La sorpresiva irrupción en la escena de una fugitiva bruja, compinche de akelarres de la finada madre de la joven esposa, desata todo el odio que soterradamente bullía en el interior de aquel, en teoría, modélico hogar.

PRIMERA TEMÁTICA: LA RELACIÓN FAMILIAR

Otra vez surge como protagónica penitencia la vida familiar en el arte de Dreyer: es su obsesión. Más si cabe atendiendo a su no grata primera biografía. Es tal su obcecación con el tema familiar, que en todos los filmes de su autoría que he podido visionar, se halla siempre latente semejante delicado asunto. Tiranteces, incomprensiones, y sobre todo, traiciones se dan lugar en las siempre tensas relaciones familiares: lógicamente nuestras vergüenzas al aire siempre provocarán rechazo por muy estrechos lazos que unan o hayan unido.

SEGUNDA TEMÁTICA: LA RELIGIÓN

Y ligada a éstas, la religión como mascarón de proa de una sociedad, en este caso cristiana-protestante, que Dreyer, sin dejar lugar a cualquier duda, nos la presenta como una autentica fábrica de crear monstruos, tal como no ceja de repetir en todas las escenas donde aparecen los infantiles coros religiosos que, como inmaculados testigos, observan silentemente cómo se va desarrollando el mundo a su alrededor con tanta barbacoa humana oficiada y a la que tan tétricamente cantan, sellada además con todas las bendiciones de un rutilante jurado cristiano. Así, con estos germinales mimbres estas criaturas conformarán su intransferible mundo futuro de inmundas miserias de una resignada e imposible redención.

TERCERA TEMÁTICA: LA BRUJERÍA

Otro tema-estrella de los muchísimos controvertidos que Dreyer toca, además mojándose, es el de la brujería, presentándonos dicha temática con una de las escenas más bellas de la Hª del cine: el momento de la huída de la artera bruja. Ralentizando el ritmo y suspendiendo todo en un bucólico y compasado letargo, vacía la secuencia de personajes mientras los gritos de alerta de la acechante patrulla inquisitorial se van aproximando, impregnándolo todo de una embelesadora y sosegada voluptuosidad.

Se trata de una escena de una belleza extrema, propia de un poeta, pues hay que recordar siempre que todo filósofo es poeta.

La sibilina bruja se nos revela como pieza esencial en todo el trascurso del film pues su alargada sombra se proyecta como fatal brújula en el discurrir de los destinos de los personajes. Sobrenaturalmente interpretada, descifrando de forma sutil toda su hipocresía y astucia, se escuda en su innegable debilidad física de anciana, para evitar a toda costa cualquier acto de punitivo ajusticiamiento. Todo es teatro oficiado por su parte:

“El mal tiene poder”

Al tratar estos temas resulta imposible no venirse a la mente la irresistible Celestina, a las inolvidables trota-conventos del Medievo español, sin olvidar jamás la estupefacta metamorfosis, otra horripilante Verschwandlung tanto física como mental, que cualquier jovencita inexorablemente sufrirá, encarnando metafóricamente esta turbadora mutación en la imperecedera y extraordinaria figura de La Celestina: de grácil y sensible flor, a bruja despiadada y calculadora. Ambas con un flanco débil que siempre las derrotará: la gracia.

Dreyer, como ya he comentado antes, no duda en mojarse en varios momentos del metraje en un tema tan controvertido como puede ser la brujería, como en los espeluznantes comentarios de la parte final:

“Siento cómo la muerte por las noches tira de mis sabanas centenares de veces”

Dreyer no sólo no evita toparse con el delicado tema de la brujería, es que no duda en ningún momento de que no exista.

CUARTA TEMÁTICA: LA MADRE

Otro tema radical del film, La-madre, siempre encima de sus vástagos, protectora e influyente, aún tratándose de un reverenciado pastor veterano, momento en el que no se nos puede ocultar cierta comicidad sugerida.

La relación madre- hijo: mucho más fascinante que la que puede mantener con la hija. Tal como se subraya en filmes tan dispares en autoría, género y tiempo como White Heat, Notorious o Roma. El vástago resulta ser la fallida prolongación fálica de la progenitora: la revancha ante una sociedad que la postró. Útero, cordón umbilical, seno, crianza: imposible ya separarles. Por esta razón el hombre siempre buscará en su mujer a su madre: sólo podrá hallarse plenamente a gusto con una semejante a la que le concibió y crió.

Así sólo ella, otra perspicaz bruja pero no emboscada por el mal, será la única que sacará la cara por su hijo en el juicio de la Inquisición. Ni el aturrullado vástago (encarnado por aquel maravilloso loco de “Ordet”), subyugado por la sugestiva carne, ni la atormentada esposa pueden dar la talla: únicamente la que nos engendra nos puede verdaderamente querer. Este es el contundente veredicto de Dreyer.

QUINTA TEMÁTICA: EL FINADO

Y como suele ser habitual en el inolvidable autor danés aparece otra adusta escena final con un muerto expuesto, de siempre tan imponente como espeluznante impacto: sacarse bravamente las vergüenzas delante de los difuntos, presentes en su tumba, tal como pudimos sobrecogernos en “Lejos del mundanal ruido”, “Molly Mc-Guire” o en la misma “Ordet”.

Dreyer resulta ser tan sádico como fundamental, por eso nos es tan imprescindible aunque sea duro, implacable e inmisericorde. Nos hace hasta un favor.

SEXTA TEMÁTICA: LA LUJURIA

Pero el soterrado tema fundamental de todo el film resulta ser la lujuria. Tal como se sinceró el pastor a su cónyuge:

“Jamás pensé en ello (el amor)”

Todo se paga. La madre ya lo anticiparía en el comienzo del film:

“Esa relación tuya sólo puede provocar bochorno”

Cada tiempo tiene su edad, aunque fastidie, deprima y sobre todo, estrese. La venganza de la víctima se materializó en cuanto supo del poder del mal, especialmente de la heredada facultad que su ajusticiada madre le legó. Mártir de una situación inoportuna e injusta, poco o nada habría que reprocharle a la supuesta villana del film. Dreyer con su persistente ataque a la sociedad la está por todo momento justificando: todas son víctimas del mismo monstruo.

CONTEXTO HISTÓRICO

El filme está enclavado en un sombrío contexto histórico, algo que rezuma de forma bastante patente en todo él: la dramática ocupación de Dinamarca por parte de las envalentonadas huestes del Führer. Fueron seguramente unos momentos muy duros para un país y por supuesto para un artista total como Dreyer, de seguro, comprometido y para nada ajeno a la trágica situación de su país, propiciada por el asentamiento de las acorazadas huestes nacional-socialistas.

COLOFÓN

Para apuntalar el artículo cinéfilo, solo diré que acudo, con ya todas mis kastañas encima, al cine de Dreyer como jamás nunca lo había hecho: tal como si fuera un sumiso cordero directo a misa. Tal como suena. Todo en su cine es de una exquisita orfebrería, tanto en decorados, vestuarios, fotografía, interpretaciones y sobre todo, la madre del cordero: temáticas.

Porque si de algo puede uno sentirse satisfecho tras visionar algún filme-capital de los que Dreyer legó a la Hª del Cine, es el del tratamiento de los temas escogidos. Nos encontramos ante un cineasta metafísico, un filósofo, muy valiente, sin temer en absoluto los chirriantes graznidos de los papagayos pusilánimes y estupidizados, a la hora de fajarse con temáticas tan controvertidas como los antes mencionados y además expuestas de forma amena, respetuosa adulta, próxima y muy asequible para el público-medio: completamente injusta la fama de difícil o cargosa del monumental director danés.

Podemos intuir por los films de Dreyer que el simple discurrir vital es sencillamente el seductor y vertiginoso misterio de la vida, en toda su filmografía además late siempre un ramalazo de inquietud existencial, de rara turbación, de extrema alarma. Y siempre la muerte como resolutiva llave, hasta purificadora, para aquel desasosegador misterio último.

Con filmes como este, la actitud íntegra de todo artista no es si no, proseguir el camino desvelado por el fascinante director escandinavo: su principal legado de Dreyer. Todo lo demás es puro humo que se disipa en el abúlico vaho de una gélida noche.

El danés santifica este joven arte de tan solo un siglo de duración, llamado Cine (con mayúsculas). Todos mis respetos y rendida admiración por una serie de films perfectos y SUBLIMES.

DIES IRAE (1943), UNO DE LOS MEJORES FILMS DE TODOS LOS TIEMPOS

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Querido Matías Vegoso:

Confieso que me siento un poco abrumado por tus argumentaciones económicas. Supongo que tú también recuerdas cómo en nuestra desprevenida juventud los más dogmáticos de nuestros amigos de izquierda insistían en que la economía lo explicaba todo y era imprescindible estudiar esa disciplina. Me temo que en nuestros buenos tiempos los intelectuales estudiaban la economía mientras los banqueros la hacían. Tengo la impresión de que hoy todo el mundo habla de economía, pero no es la economía de aquellos intelectuales “comprometidos” de entonces, sino la economía de los banqueros. Nuestra manera de presentar y discutir esas cuestiones, sin que nos demos cuenta clara de ello (o sea nuestra ideología), se parece mucho más a la del FMI que a la de Raúl Castro, incluso cuando nos declaramos de izquierda. ¿No es ésa la verdadera victoria del capitalismo?

Veo aquí y allá respetables propuestas de cambiar ese enfoque, pero no veo que prosperen mucho. Vincenç Navarro nos recordó hace poco que el lema del neoliberalismo era y es crecer primero para distribuir después, mientras que ahora está claro que hay que distribuir primero porque si no, ya no se distribuye nunca jamás. Incluso algunos empiezan a preguntarse qué clase de crecimiento queremos. Pero aun ahí yo sigo viendo un lenguaje demasiado técnico que nos distrae de otras visiones más crudas de la realidad. En aquellos tiempos, nuestros intelectuales teorizaban tal vez demasiado, pero producían también una literatura denunciatoria y combativa, seguramente a su vez demasiado miserabilista y dogmática, cuya función sin embargo puede echarse un poco de menos esto días. Porque hay que acercarse mucho a lo cotidiano y sus minucias, colándose por las rendijas de la información masiva y del discurso de los expertos y profesionales, que son una y otro producto de las clases más acomodadas, para llegar a ver que el capitalismo sigue siendo la explotación inhumana que ha sido siempre.

Son muchas las otras cosas, incluyendo la misma información económica más o menos profesional, crítica o no crítica, que llenan las pantallas y las planas periodísticas, para que podamos poner un poco de atención en el desamparo de los trabajadores en nuestras “democracias”. Los “contratos basura” son la práctica habitual de los empresarios, y en los países donde los grandes sindicatos no son, como en México, ellos mismos corruptos, las grandes empresas tienen sus propios sindicatos que ellas manipulan y nadie controla. En España los inspectores acosan a las pequeñas empresas y tienen buen cuidado de no molestar a las grandes, y la ley que se supone que debe proteger ante todo al trabajador tiene mil agujeros y cabos sueltos para acabar protegiendo casi exclusivamente al patrón. El nivel adquisitivo de los trabajadores ha disminuido en los últimos veinte años lo mismo en México y España que en Estados Unidos, mientras que el de los empresarios ha aumentado vertiginosamente. ¿Y cuántos empresarios, aparte de Madoff, hemos visto en la cárcel por los desastres producidos? Es claro que esos delitos no se borran por estar legalizados, sino que es la legalidad la que se corrompe por absolverlos, y que es por lo tanto la ley lo que habría que cambiar. Y para eso, previamente, nuestra manera de ver la realidad social y el orden en que coloquemos sus jerarquías. Volver a poner un poco más en primer plano, sin temor de que nos llamen anticuados, la tan ridiculizada explotación del hombre por el hombre.

¿No te parece que en esa ridiculización se muestra esa victoria del capitalismo que mencioné más arriba? El desamparo, la humillación y la impotencia de los trabajadores aparece como un tema marginal en nuestro panorama repleto de una información que es casi enteramente o inocua o nociva. El enemigo del proletariado es el soborno, el fraude y el chantaje de los grandes capitales, pero también la inflación patológica de la prensa del corazón, de la publicidad consumista y de la idolatría de los deportes. El trabajo mismo es apenas visible como información residual. Los índices de desempleo y los programas más enunciados que aplicados para combatirlo no bastan para hacernos visualizar los pequeños dramas sórdidos de esos desempleados y de sus complementarios empleados cada vez más sometidos, inermes, a los caprichos de unos patrones cada vez más “competitivos”, o sea más ávidos de beneficio, más chantajistas ante el Estado y más impunes ante la ley. Y que para colmo lavan cada vez más el cerebro de sus asalariados para convertirlos en cómplices de sus propios explotadores. ¿Has oído hablar de las campañas de “interiorización” de los “valores” (sic) de grandes compañías como Walmart o Starbucks? Pues eso.

Ay, querido Matías, ¿qué vamos a hacer tan desarmados? Yo por lo pronto apoyar todo lo que sirva para que vuelva a verse un poco lo que hay debajo de tanta arena y pedrusco.

Tu incorregible amigo

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Pili es la propietaria de un bar en Madrid. Como es natural, quiere
aumentar las ventas, y decide permitir que sus clientes, la mayoría
de los cuales son alcohólicos en paro, beban hoy y paguen otro día.

Va anotando en un cuaderno todo lo que consumen cada uno de sus
clientes.

Esta es una manera como otra cualquiera de concederles préstamos.

Muy pronto, gracias al boca a boca, el bar de Pili se empieza a
llenar de más clientes.

Como sus clientes no tienen que pagar al instante, Pili decide
aumentar los beneficios subiendo el precio de la cerveza y del vino,
que son las bebidas que sus clientes consumen en mayor cantidad. El
margen de beneficios aumenta vertiginosamente.

Un empleado del banco más cercano, muy emprendedor, y que trabaja de
director en la sección de servicio al cliente, se da cuenta de que
las deudas de los clientes del bar son activos de alto valor, y
decide aumentar la cantidad del préstamo a Pili.

El empleado del banco no ve ninguna razón para preocuparse, ya que
el préstamo
bancario tiene como base para su devolución las deudas de los
clientes del bar.

En las oficinas del banco los directivos convierten estos activos
bancarios en bebida-bonos, alco-bonos y vomita-bonos bancarios.

Estos bonos pasan a comercializarse y a cambiar de manos en el mercado
financiero internacional. Nadie comprende en realidad qué significan
los nombres tan raros de esos bonos; tampoco entienden qué garantía
tienen estos bonos, ni siquiera si tienen alguna garantía o no. Pero
como los precios siguen subiendo constantemente, el valor de los
bonos sube también constantemente.

Sin embargo, aunque los precios siguen subiendo, un día un asesor de
riesgos financieros que trabaja en el mismo banco (asesor al que por
cierto despiden pronto a causa de su pesimismo) decide que ha
llegado el momento de demandar el pago de las deudas de los clientes
del bar de Pili.

Pero, claro está, no pueden pagar las deudas. Pili no puede
devolver sus préstamos bancarios y entra en bancarrota. Los bebida-
bonos y los alco-bonos sufren una caída de un 95% de su valor. Los
vomito-bonos van ligeramente mejor, ya que sólo caen un 80%.

Las compañías que proveen al bar de Pili, que le dieron largos
plazos para los pagos y que también adquirieron bonos cuando su
precio empezó a subir, se encuentran en una situación inédita. El
proveedor de vinos entra en bancarrota, y el proveedor de cerveza
tiene que vender el negocio a otra compañía de la competencia.

El gobierno interviene para salvar al banco, tras conversaciones
entre el presidente del gobierno y los líderes de los otros partidos
políticos.

Para poder financiar el rescate del banco, el gobierno introduce un
nuevo impuesto muy elevado que pagarán “los abstemios”.

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Es sabido de todos que la mayoría de los títulos nobiliarios europeos provienen del uso de la fuerza por parte de los más desaprensivos contra aquellos que no concebían el asesinato dentro de sus parámetros de conducta ni de sus métodos de ascenso social. Partiendo del ejemplo más cercano, pero que en buena medida es aplicable a todos los países del “viejo continente”, la mayoría de los aristócratas peninsulares lograron tal condición matando campesinos que no podían pagar los impuestos por ellos determinados, matando moros por razones económicas, políticas y religiosas, judíos, indios, negros, holandeses, protestantes o cualquier cosa que se moviera y no llevase el sello de los monarcas más católicos que en el mundo han sido. Eso, antes y después de la unión de reinos que tuvo lugar tras el matrimonio de Isabel y Fernando el espíritu impera.
La mal llamada reconquista, que no fue otra cosa que una sucesión secular de guerras y paces entre los hombres más poderosos de la Península para ampliar su poder sin hacer asco a ningún tipo de alianzas de conveniencia, sirvió para seleccionar a los señores de la guerra, quienes agradecidos a sus vasallos más fieles, encontraron en la concesión de títulos nobiliarios una fórmula para fidelizar apoyos. En el siglo XIV, cuando las monarquías portuguesa, castellana y aragonesa comenzaron a tomar cuerpo al calor de la consolidación de sus conquistas, tal concesión se fue haciendo más selectiva recayendo en muchas ocasiones en miembros de la propia familia real, hijos, hermanos, sobrinos y amigos supuestamente libres de toda sospecha. Así fueron surgiendo los condados de Ribagorza, Ampurias, Prades, Urgel, Girona, Cervera, Denia, Trastámara, Alburquerque, Vizcaya, Benavente, Niebla, Carrión o Medinaceli. Era el primer paso hacia la monarquía absoluta en la que todo el poder residiría en un solo hombre apoyado en sus fieles servidores y en la protección de Dios Todopoderoso. Reyes, nobles y monjes armados establecieron un sistema impositivo tan injusto como cruel, pues todas las cargas recaían sobre quienes trabajaban, de tal modo que, gracias a la fuerza bruta, unos y otros fueron enriqueciéndose a través de los años gracias al dinero que los campesinos les entregaban por miedo, o al que les era incautado a sangre y fuego cuando se resistían o alegaban ruina.
Los guerreros de toda laya nunca se hartaban de matar y acumular riquezas en nombre de Dios, sin embargo, en las ciudades fue surgiendo una nueva clase social que intentaba escapar a la tiranía de los nobles y a los corsés que imponían a su actividad económica. Fue en las ciudades del norte de Italia y de los Países Bajos dónde apareció de forma incipiente una nueva clase social que fundaba su riqueza en la artesanía, el préstamo y el comercio. Se trataba de una clase mucho más dinámica y activa que pugnaba con la anterior por ocupar el vértice de la pirámide. Mientras que en España, los duques de Alba, la familia más noble del mundo a tenor de los títulos que detenta, apenas fue capaz de acumular otra cosa que miles de hectáreas de tierra, dinero y unas cuantas docenas de lienzos, en Italia, los Medici, los Pitti, los Visconti, los Strozzi, dedicados a la usura, al comercio de ventaja y a la explotación, construyeron fastuosos palacios que asombraron al mundo, reunieron colecciones de pintura que ridiculizan la de cualquier noble español y, a su modo, impulsaron el renacer de las artes y de otras formas de pensar y de vivir. No sería hasta la revolución francesa cuando esa burguesía urbana, enarbolando las banderas de la libertad y la igualdad, logró movilizar al pueblo, en su mayoría dedicado a labores agrícolas, para desplazar a los hombres del antiguo régimen y poner los cimientos del nuevo, en el que ellos, los burgueses, que no tardarían de unir sus fortunas a los blasones, diseñarían un nuevo modelo de Estado a su imagen y semejanza en el que la explotación, el privilegio y la ventaja estaban garantizados por el monopolio de la fuerza bruta.
El Estado burgués, con sus idas y venidas, no acabaría de consolidarse hasta bien avanzado el siglo XIX y no de forma uniforme en toda Europa. Se puede afirmar que el burgués supuso un avance respecto al régimen feudal pero en ningún caso que sirviese para superar las desigualdades ni los abusos de los más poderosos sobre quienes no lo eran. Empero, de sus entrañas salió la pequeña burguesía, una “subclase” social formada por profesionales, pequeños artesanos y comerciantes que además de ambición dineraria, tenía otras preocupaciones como la educación de los hijos, la lectura, el amor a la naturaleza o cierta preocupación por la justicia social. De ella surgieron los ideólogos de la emancipación de la clase trabajadora. Hijos de pequeño-burgueses fueron la mayoría de los socialistas utópicos, de los pensadores marxistas y anarquistas. Las luchas de los obreros por conseguir la mejora de sus condiciones laborales, por escapar a la explotación, acceder a la cultura y conseguir un mundo más justo para todos, cubren la historia del mundo occidental desde 1848 hasta 1973, y si no lograron todo lo que se propuiseron pese a la mucha sangre derramada en la batalla, no se puede negar que el mundo descrito por Charles Dickens no se parece en nada al que se organizó en Europa después de la Segunda Guerra Mundial: Un obrero concienzudo de finales del XIX jamás pudo pensar en tener un salario medianamente digno, escuela y sanidad gratuitas, una pensión en caso de accidente o jubilación, vacaciones pagadas o una jornada laboral de cuarenta horas.
Tras las catástrofes de las dos guerras mundiales, en la última de las cuales se incluye la guerra civil española, todo parecía encarrilado. Vencida o apartada la nobleza baturra, la burguesía codiciosa e insaciable vio asomar las orejas del lobo soviético y pareció comprender que la única manera de evitar la expansión del comunismo acceder a las peticiones de los trabajadores de sus países con la intención de crear una amplia clase media que se apartase de las veleidades revolucionarias anticapitalistas: Un sistema que accede paulatinamente a todas nuestras demandas y que nos permite vivir mejor no es tan malo como lo que había antes y además es susceptible de ser mejorado. Con el tiempo, esas clases medias fueron acomodándose, es decir dejaron de saber en qué lado de la barricada estaban, incluso pensaron que ya no había barricadas, perdieron el espíritu crítico y de su interior dejó de salir cualquier idea progresiva diferente a la de su interés personal o familiar. Fue ese el caldo de cultivo, en el contexto de la crisis del petróleo de 1973, que marca el nacimiento de una nueva era que llega a su cenit con la caída del imperio soviético, hecho que propició la vuelta al poder absoluto de alta burguesía, una clase en la que se amalgamaba la vieja nobleza baturra con los descendientes de los primeros burgueses y los defensores a ultranza del neoliberalismo, una clase que muchos creyeron desaparecida dadas las conquistas obtenidas por los trabajadores pero que estaba al acecho, durmiente, esperando la ocasión para recuperar el tiempo perdido, cancelando todos aquellos logros sociales que le fueron arrancados a la fuerza por “desarrapados” que nunca tuvieron la delicadeza de respetar las normas sacro-santas en inmarcesibles que rigen el libre mercado.
Hoy, quien parece dormida es la difuminada clase trabajadora. Dividida en cien mil castas, en tantas como individuos hay, temerosa de perder lo que ya ha perdido, incapaz de cualquier gesto solidario masivo, de dar una respuesta contundente a quienes han apretado el acelerador de la explotación y no están dispuestos a soltar la presa de sus fauces, los trabajadores de todas las clases yacen narcotizados por una droga de efectos destructores: El individualismo soberbio, inculto y cretino. No se pueden esperar muchas cosas, mas no estén tan seguros quienes ahora cantan de nuevo victoria al contemplar que en el campo de batalla no hay enemigo alguno: Quizá, en su codicia enfermiza y destructora, no se hayan parado a pensar cuantas patadas en el hocico aguanta un perro, quizá esos cabrones que disponen las leyes del abuso y la injusticia no sospechen que del abuso y la injusticia nacen las revoluciones que dan la vuelta a la sartén. Es cuestión de tiempo, puede que de poco tiempo: No hay dinero ni armas suficientes para detener a un pueblo oprimido que despierta del letargo y, al contemplarse y contemplar a los que le rodean, decide asaltar los palacios de invierno, y de verano.

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Ha vuelto a ponerse sobre el tapete de la actualidad, con la figura de Kerensky, el triunfo o fracaso de la tónica socialista. Se ha repetido estos días en todos los tonos que, considerada como fatal e inevitable la bancarrota del capitalismo, la implantación del régimen socialista constituye etapa inmutable del ciclo que habrá de recorrer la Humanidad. Se ha dicho, para dar mayores visos de verosimilitud, que el socialismo está ya virtualmente implantado, y que es un hecho, y nos será posible luchar contra palabras o teorías, pero no contra los hechos. Y creemos interesante salir al paso de esta afirmación por lo que ella envuelve de equívoca para la masa trabajadora española, ya que frente a ella nosotros hemos mantenido y mantenemos la nuestra de fracaso del marxismo y muerte total de los principios socialistas, que no quiere decir de los partidos, aunque éstos se resientan precisamente por falta de contenido ideológico inspirador.

Creemos nosotros, y en ello estarán de acuerdo buena parte de los que nos lean, que se acabó ya el régimen individualista en el sentido feudal de encumbramiento de unos por encima de los hombros de la colectividad complaciente. Que viene el triunfo del principio colectivista, no en el sentido estatal del término, sino en cuanto tiene de fuerza motora, como que sólo permitirá la elevación y encumbramiento a las aristarquías, nuevas aristocracias eugénicas y eugenésicas (inteligentes y sanas) que sobrepasen el nivel medio, ya que nosotros no podemos entender por democracia el cortar cuantas cabezas surjan por encima del nivel.

Adulteración del socialismo.

Pero, ¿podemos afirmar que esto signifique el triunfo de los principios socialistas? No. La adulteración visible del programa económico marxista que es norma hoy de estos partidos políticos nos permite negarlo rotundamente y afirmar, por el contrario, que en este proceso de ósmosis y endósmosis con la burguesía va despojándose el socialismo de lo que constituía eje y médula central de su actuación revolucionaria y convirtiéndose en un partido burgués más, y por ello mismo, en un partido inútil, instrumento ineficaz. Porque existe en cada nación una ideología determinada que aconseja el clima, las condiciones del terreno, de la producción, de las costumbres, y en torno a la cual se inspiran y giran todos los partidos. Tal sucede en España con el federalismo, insustituible en nosotros por todas las razones antedichas, y que ha formado con justicia y sigue formando la base programática de los demás partidos, de suerte tal que en España todos los republicanos son federales en el amplio contenido del término, y es el federalismo, en cuanto tiene de exaltación de la individualidad, la base de ese tronco anarquista de ideología tan fuertemente enraizada en la contextura ideológica del ciudadano español. Por ello, el partido socialista, como partido burgués, es completamente inútil, instrumento ineficaz, ya que es uno más en las divisiones que las ambiciones personales, que no las diferencias de ideología, forjan a diario en las huestes políticas. ¿Y podrá alguien negar que este proceso de adulteración de la solera socialista no se ha operado y se sigue operando en cuantos países cobijan en su seno partidos políticos de este colorido social? ¿Es que el hecho de colaborar –precisamente por ser una fuerza en formación, no hecha aún totalmente para tomar en sus manos y por sí la totalidad del poder político –como los demás partidos burgueses no contribuye a su adulteración? La fuerza burguesa republicana suele necesitar siempre del concurso de la fuerza obrera socialista en tanto ésta es –como hasta ahora lo ha sido y sigue siendo, donde aún no se ha ensayado por lo tardío de su desarrollo- árbol joven, aún no granado totalmente, y que no ofrece aún la sabrosa madurez de los frutos. Es entonces el injerto de sangre joven, el garantizar la prolongación por unos años de existencia de la vida harto efímera de las fuerzas republicanas cuando éstas se obstinan en mantener alejadas sus realizaciones de un fuerte contenido social indispensable.

Panorama internacional.

Y así sucede que mientras en un lado, y siguiendo las fuerzas raciales siempre supremas el conjuro de las circunstancias políticas, a veces tanto o más decisivas, fracasan inicialmente en Rusia y dan el poder a la fracción marxista revolucionaria, incapaz a su vez de implantar el tipo comunista estatal, creando tan solo un capitalismo de estado, y de destruir las clases sociales forjando un estado de opresión ejercido por la clase antaño oprimida; en Alemania conviértese en la socialdemocracia, que se niega a toda alianza con los demás frentes del proletariado, que vota a Hindemburg y constituye, en suma, la línea de defensa, última trinchera aparentemente avanzada y rebelde dentro del conservadurismo capitalista de la república alemana; en Bélgica son partidos gubernamentales, con cuyos hombres se cuenta en un momento de peligro para los intereses capitalistas, no para aprovecharse de estas circunstancias para destruirlo e implantar un nuevo tipo de economía, sino para apuntalarlo y favorecerlo; en Inglaterra, donde laboristas y tradeunions defienden el principio del nacionalismo británico y de los altos intereses financieros y capitalistas, cuando hasta sus mismo defensores, los economistas burgueses, como sir Austen Chamberlain, abandonan, que es tanto como declararse vencidos, su defensa; en Francia, donde, aun pese al alejamiento del gobierno, en que les ha mantenido, de un lado, su inicial fracaso a raíz de la guerra, y de otro, la repulsa continuada de los partidos republicanos, son, no las fuerzas de choque revolucionarias, sino los frenos a los ímpetus rebeldes, que han convertido buena parte de los núcleos obreros franceses en humildes servidores de la burguesía, acabando en ellos con la doctrina que dicen mantener como insustituible en la lucha de clases; y entre nosotros, donde necesidades de gobierno, cumplidas precisamente en el momento de su inicial floración, cuando mejor savia pudieron dar a los sectores republicanos, han contribuido a su desprestigio y su anulación ante la opinión pública, autorizando bárbaras represiones, estados de injusticia social y de prevención militarista. Partido que viene a la vida pública antes de nacer a ella, parto prematuro el suyo, que hace que la humanidad, relegándolo al olvido de un partido burgués más, pase por encima de él y mire más allá, hacia las posibilidades federales revolucionarias de la marcha o avanzada sindicalista. No está virtualmente impuesto el socialismo. No ha nacido aún a la vida por sí. Arrastra su existencia de árbol utilizado para injertos sociales al tronco carcomido de la burguesía, sin darse cuenta de que en ello se ha inutilizado y ha firmado su sentencia de muerte. Por eso, hablar de Kerensky en España provoca una sonrisa de compasión, y por eso los periódicos españoles, como los de casi todo el mundo, periódicos burgueses y de empresas, pueden incluir en sus titulares elecciones como las de ayer u otras cualesquiera, y pese a tratarse de repúblicas conservadoras, y aun de monarquías, el número de puestos conquistados por los partidos “gubernamentales”, entre los que figuran en primer lugar, y como aparente desquite a su inferioridad moral, los partidos socialistas.

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Stanley Kubrick apenas dirigió una docena de películas en casi cincuenta años de carrera cinematográfica, convirtiéndose así en uno de los autores menos prolíficos (exceptuando a nuestro Víctor Erice) y, sin embargo, más aclamados de la historia del cine. Una de sus primeras películas fue “Senderos de gloria” (‘Paths of glory’, 1957) que con el paso del tiempo ha devenido en una de sus más perdurables propuestas. Debido a su temática – crítica al estamento militar francés durante la I Guerra Mundial – la película tuvo un disperso y arrítmico estreno mundial (en Francia no se estrenaría hasta 1975, en España hasta 1986) que de forma indirecta contribuyó a su aura mítica y alto prestigio crítico.

Cuando hace años (con horror compruebo: veinte) se estrenó la película en España y la fui a ver al cine (era años de movimientos tipo ‘OTAN de entrada no’ y otros eslóganes incumplidos) no me pareció para tanto, creía estar ante uno más de los muchos falsos mega-prestigios del exilio y la distancia. Ahora cuando la he revisado en DVD he cambiado por completo de opinión: es una de las grandes películas de todos los tiempos, imprescindible, imperecedera, un estudio pavoroso de la crueldad humana, de la falta de empatía, del abuso de autoridad y la sinrazón bárbara de las castas y gremios dirigentes. Encarnado en este caso por el estamento militar.

Primera Guerra Mundial. Francia, 1916. El alto Estado Mayor establece la importancia estratégica y propagandística de la toma de una colina (llamada ‘Colina de las Hormigas’ – y no de forma irónica porque es un episodio real). Ante el señuelo de un ascenso inminente, el general responsable de lanzar el ataque vence su inicial resistencia a lo que intuye una empresa estéril. A su vez pasa la orden al coronel al mando de las tropas que deberán realizar el ataque suicida, quien se acabará doblegando pese a su frontal rechazo a la maniobra. El no por anunciado menos estrepitoso fracaso tendrá como colofón una farsa de consejo de guerra donde se juzgará a tres soldados como escarmiento individual de la supuesta cobardía de todo el regimiento, con la pena de muerte como correctivo ejemplarizante para mejorar así la moral de la tropa.

Los que han aclamado esta película como un paradigma del cine pacifista o antimilitarista le han hecho un flaco servicio, porque la película no sólo es eso, sino que es mucho más. Sobre todo es un estudio sobre las relaciones de poder: quién lo detenta, cómo hace uso o abuso de él, cuáles son los objetivos personales que persiguen, cuales son las justificaciones sociales, políticas o patrióticas tras las que se escudan, etc. Una radiografía de la marrullería del mando en su sentido más amplio y descarnado, ejemplarizado aquí en ‘la jerarquía militar’ y su total desconexión con las personas que forman su equipo: la tropa, es decir, las personas a su mando. Ahora no son los militares los que disponen sobre la vida de los demás, sino los políticos, pero no todo el mundo hace esa analogía y se queda en la superficie: ese antimilitarismo fallero y buenista que critica blanda y cobardemente al árbol caído pero no a los que actualmente detentan el poder.

Stanley Kubrick traslada aquí de forma magistral esa compleja realidad de forma clara, directa y concisa, con una capacidad de ir al grano que fue perdiendo con el paso de los años y las megalomanías presupuestarias. “Senderos de gloria” sirve de catálogo de las mejores virtudes de su director (la perfección del acabado formal y técnico, la creación del contexto exacto e ineludible en que se mueve y vive cada uno de sus personajes, la seducción y coquetería visual de sus imágenes), pero también deja entrever algunos de los defectos que acabarían por devaluar algunas de sus posteriores incursiones (la ampulosidad y grandilocuencia de las imágenes, la falta de sutileza de los diálogos, el excesivo formalismo cerebral en detrimento de las emociones, el concepto antes que la historia, etc.). Pero el conjunto es excelente, extraordinario. Pocas veces se ha visto mejor retratada la cafre guerra de trincheras como en este filme. Ni mejor representado el brutal contraste entre la exquisita vida de los dirigentes y la enfangada realidad de los dirigidos.

Mención singularizada merece todo el gran reparto y muy especialmente un admirable Kirk Douglas (alma financiera del proyecto al producirlo), el untuoso, corrupto y sibilino Adolphe Menjou, George Macready en una repugnante e inhumana composición como la encarnación del mal, la arbitrariedad y el despotismo, hasta llegar a un Ralph Meeker mártir. La fotografía de Georg Krause, tema siempre mimado por Kubrick, se incrusta en la retina y deja la indeleble huella de habernos hecho visualizar el infierno terrenal.

Se podría hablar largamente de esta película que merece con toda justicia el por lo general inflacionario calificativo de Obra Maestra. De imprescindible visión, muy recomendable, muy necesaria, sencillamente genial. Obligatoria en toda videoteca y circunstancia.images8.jpgimages8.jpgimages8.jpgimages8.jpg

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