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La cibercomunidad naciente encuentra refugio en la realidad virtual, mientras las ciudades tienden a convertirse en inmensos desiertos llenos de gente, donde cada cual vela por su santo y est谩 cada cual metido en su burbuja. Hace cuarenta a帽os, seg煤n las encuestas, seis de cada diez norteamericanos confiaban en la mayor铆a de la gente. Ahora, la confianza se ha desinflado: s贸lo cuatro de cada diez conf铆an en los dem谩s. Este modelo de desarrollo desarrolla el desv铆nculo. Cuanto m谩s se demoniza la relaci贸n con las personas, que pueden contagiarte el sida, o quitarte el trabajo, o desvalijarte la casa, m谩s se sacraliza la relaci贸n con las m谩quinas. La industria de la comunicaci贸n vende los abracadabras que dan acceso a la Nueva Era de la historia de la humanidad. Pero este mundo comunicad铆simo se est谩 pareciendo demasiado a un reino de solos y de mudos.

Los medios dominantes de comunicaci贸n est谩n en pocas manos, pocas manos que son cada vez menos manos, y por regla general act煤an al servicio de un sistema que reduce las relaciones humanas al uso mutuo y al mutuo miedo. En estos 煤ltimos tiempos, la galaxia internet ha abierto imprevistas, y valiosas, oportunidades de expresi贸n alternativa. Por internet est谩n irradiando sus mensajes numerosas voces que no son ecos del poder. Pero el acceso a esta nueva autopista de la informaci贸n es todav铆a un privilegio de los pa铆ses desarrollados, donde reside el 95 % de sus usuarios[1].

El control del ciberespacio depende de las l铆neas telef贸nicas, y no resulta para nada casual que la ola privatizadora de los a帽os recientes haya arrancado los tel茅fonos de manos p煤blicas, en el mundo entero, para entregarlo a los grandes conglomerados de la comunicaci贸n. Las inversiones norteamericanas en tel茅fonos extranjeros se multiplican mucho m谩s que las dem谩s inversiones, mientras corre al galope la concentraci贸n de capitales: hasta mediados del 98, ocho megaempresas dominaban el negocio telef贸nico en Estados Unidos, y en una sola semana se han reducido a cinco.

La televisi贸n abierta y por cable, la industria del cine, la prensa de tiraje masivo, las grandes editoriales de libros y de discos, y las radios de mayor alcance, tambi茅n avanzan hacia el monopolio. Los mass media de difusi贸n universal han puesto por las nubes el precio de la libertad de expresi贸n: cada vez son m谩s los opinados, los que tienen el derecho de escuchar, y cada vez son menos los opinadores, los que tienen el derecho de hacerse escuchar. En los a帽os siguientes a la segunda guerra mundial, todav铆a se encontraba amplia resonancia a los medios independientes de informaci贸n y de opini贸n, y las aventuras creadoras que revelaban y alimentaban la diversidad cultural. Hacia 1980, la devoraci贸n de muchas empresas medianas y peque帽as hab铆a dejado la mayor parte del mercado planetario en poder de cincuenta corporaciones. Desde entonces, la independencia y la diversidad se han ido haciendo m谩s raras que perro verde.

En los 煤ltimos cinco a帽os, han duplicado su mercado internacional las principales empresas norteamericanas de comunicaci贸n: General Electric, Disney/ABC, Time Warner/CNN, Viacom, Tele-Communications Inc. (TCI) y la reci茅n llegada Microsoft. Estos gigantes ejercen un poder oligop贸lico[2] que en escala planetaria comparten con el imperio Murdoch, la empresa japonesa Sony, la alemana Bertelsmann y alguna que otra m谩s. Entre todas han tejido una mara帽a universal. Ante este panorama poco pueden hacer las leyes jur铆dicas contra las leyes econ贸micas y la econom铆a capitalista genera concentraci贸n de poder tan inevitablemente como el invierno genera fr铆o. No parece probable que las leyes anti-trust, que otrora amenazaban a los reyes del petr贸leo o del acero, puedan poner en peligro, alguna vez, a la urdimbre planetaria que est谩 haciendo posible el m谩s peligroso de los despotismos: el que act煤a sobre el coraz贸n y la conciencia de la humanidad entera.La diversidad tecnol贸gica dice ser diversidad democr谩tica. La tecnolog铆a pone la imagen, la palabra y la m煤sica al alcance de todos, como nunca hab铆a ocurrido antes en la historia humana; pero esta maravilla puede convertirse en un enga帽a pichanga si el monopolio privado termina por imponer la dictadura de la imagen 煤nica, la palabra 煤nica y la m煤sica 煤nica.

El negocio de informar a discreci贸n
La guerra fr铆a ha quedado atr谩s. Con ella, el llamado mundo libre ha perdido las justificaciones m谩gicas que hasta hace poco proporcionaba la santa cruzada de occidente contra el totalitarismo imperante en los pa铆ses del este. Ahora, est谩 resultando cada d铆a m谩s evidente que la comunicaci贸n manipulada por un pu帽ado de gigantes puede llegar a ser tan totalitaria como la comunicaci贸n monopolizada por el estado. Estamos todos obligados a identificar la libertad de expresi贸n con la libertad de empresa. La cultura se est谩 reduciendo al entretenimiento, y el entretenimiento se convierte en brillante negocio universal; la vida se est谩 reduciendo al espect谩culo, y el espect谩culo se convierte en fuente de poder econ贸mico y pol铆tico; la informaci贸n se est谩 reduciendo a la publicidad, y la publicidad manda.

Dos de cada tres seres humanos viven en el llamado Tercer Mundo, pero dos de cada tres corresponsales de las agencias de noticias m谩s importantes realizan su trabajo en Europa y en Estados Unidos. 驴En qu茅 consisten el libre flujo de la informaci贸n y el respeto a la pluralidad, que los tratados internacionales afirman y los discursos de los gobernantes invocan? La mayor铆a de las noticias que el mundo recibe provienen de la minor铆a de la humanidad, y a ella se dirigen. Eso resulta muy comprensible desde el punto de vista de la agencias, empresas comerciales dedicadas a la venta de informaci贸n, que recaudan en Europa y Estados Unidos la parte de le贸n de sus ingresos. Un mon贸logo de la parte norte del mundo: salvo en caso de guerra o cat谩strofe, y con frecuencia los periodistas, que transmiten lo que ocurre, no hablan la lengua del lugar ni tienen la menor idea de la historia ni de la cultura local. La informaci贸n que difunden suele ser dudosa y, en algunos casos, lisa y llanamente mentirosa. El sur queda condenado a mirarse a s铆 mismo con los ojos que lo desprecian.

A principios de los ochenta, la UNESCO patrocin贸 un proyecto, nacido de la certeza de que la informaci贸n no es una simple mercanc铆a, sino un derecho social, y que la comunicaci贸n tiene la responsabilidad de la funci贸n educativa que ejerce. En ese, marco se plante贸 la posibilidad de crear una nueva agencia internacional de noticias, para informar con independencia, y sin ning煤n tipo de presi贸n, desde los pa铆ses que padecen la indiferencia de las f谩bricas de informaci贸n y de opini贸n. Aunque el proyecto fue formulado en t茅rminos ambiguos y muy cuidados, el gobierno norteamericano se quej贸 ante este atentado contra la libertad de expresi贸n. 驴Por qu茅 ten铆a que meterse la UNESCO en los asuntos del libre mercado? Estados Unidos se fue de la UNESCO dando un portazo, y tambi茅n se march贸 Gran Breta帽a, que suele actuar como si fuera colonia de la que fue su colonia. Entonces, se archiv贸 la posibilidad de una informaci贸n internacional desvinculada del poder pol铆tico y del inter茅s mercantil. Por t铆mido que sea, cualquier proyecto de independencia puede amenazar, en alguna medida, la divisi贸n internacional del trabajo, que atribuye a unos pocos la funci贸n activa de producir noticias y opiniones, y atribuye a todos los dem谩s la funci贸n pasiva de consumirlas鈥.

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