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“Pero aquellos elementos con los que ha de constituirse una ciudad se diferencian de modo específico. Por eso precisamente la igualdad en la reciprocidad es la salvaguarda de las ciudades, como ha quedado ya dicho en nuestra Ética.
Aun entre los libres y de igual clase es necesario que sea de este modo, pues no es posible que todos manden, a no ser por turnos de un año o por cualquier otra distribución y tiempo.
Sucede entonces que de este modo todos ejercen el mando, como si alternaran los Zapateros y los carpinteros, y no fueran siempre los mismos Zapateros y carpinteros. Puesto que así es mejor, también en los asuntos de la comunidad política es evidente que sería mejor que mandaran siempre los mismos, a ser posible. Pero en los casos en que no es posible, por ser todos iguales por Naturaleza, es al mismo tiempo justo que, tanto si el mandar es un bien o un mal, todos participen en él.
Esto es lo que se pretende al cederse los iguales por turnos los cargos y al considerarse como iguales al margen de los mismos. Los unos mandan y los otros se someten a su mandato por turno, como si se transformaran en otros. Y del mismo modo entre los que mandan, unos desempeñan unos cargos y otros , otros.”

“Política”, Aristóteles, Editorial Tecnos, páginas 154-155

Comentario del escriba:
He escogido “Política” de Aristóteles porque se centra en los problemas de gobernanza de las polis, las grandes olvidadas de las democracias neocon de hoy: el mítico dibujante Frank Miller las denomina sin-citis, las ciudades del pecado. El mundo anglo-sajón creó el concepto, también crearon la palabra.
Aquí toca el tema, una de mis obsesiones, si no la mayor, de la alternancia de gobierno, entre partidos políticos, si lo trasladamos al día de hoy.
Lo ideal sería como dice Aristóteles que sólo gobernara honestamente un grupo, pero que cuando no es posible, como sucede en este país, se antoja como imprescindible los turnos. Es decir: los límites de mandato. En la democracia yanqui, de la que se elogia su dinamismo y longevidad, son fundamentales los límites de mandatos que no excedan de 8 años. ¿Por qué en España no puede funcionar?. Cuando un gobierno es desastroso y el cambio se antoja como urgente y necesario, dicha medida permite perfectamente esa alternancia.
Un exceso de permanencia de un alto cargo en el gobierno sólo provoca un insano ambiente en el ejercicio de poder, por muchos motivos ya detectados: establecimiento de redes clientelares, agarrotamiento a la hora de ejecutar el poder, agotamiento del equipo de gobierno, rigidez de mentalidad, etc.
El presidente del gobierno siendo un cargo alto y clave en la Administración, no deja de ser el de un servidor público. Y me gusta recalcar esto último porque a veces a ciertos presidentes se les podría olvidar su radical función: servir al país.
Un límite de mandato:

1. Asegurará un dinamismo en la vida pública y en la 1 ª empresa del país: la cosa-pública.

2. ermitirá al otro gran grupo de poder, vislumbrar la posibilidad de acceder al gobierno pasados 8 años, precisamente cuando un presidente empieza a constituirse como un activo electoral demasiado difícil de derrocar. Además, dicha oposición tendrá la posibilidad de acceder al Gobierno cada 4 años. Así estamos ELIMINANDO LA CRISPACIÓN, tan peligrosa y molesta en este país.

3. Al considerar al presidente como un mero servidor público, uno de los contrapesos de los otros 3 poderes, la Justicia, podrá controlar más fácilmente los posibles desmanes del equipo de gobierno. Deshumanizando el poder, desgajándole su factor humano aquí tan nocivo, la democracia podrá funcionar de una forma más aséptica: mejorará SIN DUDA su funcionamiento.

4. Es preciso una mayor facilidad de la cesión del poder por parte de unas generaciones a otras (nuevas). Facilitará así que las mentalidades más progresistas y atrevidas de todos los partidos estén ejecutando el poder, sobre todo en un futuro donde el maná se encontrará en el conocimiento, en la calidad, no en la acortonada chapuza.

5. Los partidos internamente deberán funcionar mejor y se producirán menos “mafias” longevas en sus cúpulas, pues en un par de lustros deberán desalojarlas.

6. Los Presidentes entrantes sabrán ya de antemano que deberán de esforzarse al máximo desde los primeros meses pues sólo dispondrán de una horquilla, a lo máximo, de 8 años.

7. Al funcionar la democracia de forma más dinámica y justa, ya que se evitarían los “cortijos”, “baronías” y demás tiranías tercermundistas, esto servirá para ahuyentar a un gran número de gorrones y sinvergüenzas que tan a menudo se cuelan en todos los partidos y que, cuando tocan poder, tardan 3 ó 4 lustros en soltarlo.

La democracia, la cosa-pública, NO ES CORTIJO DE NADIE, esto hay que aprenderlo de UNA VEZ POR TODAS. Se acabó lo de tomar el poder y no soltarlo, incluso por lo bajini, hasta el deceso octogenario de cualquier líder, con el LASTRE DE MENTALIDAD que siempre conlleva.
Me permito hasta la licencia de decir que sin Límites de Mandatos, a una democracia no se le podrá augurar larga vida. Una democracia personalista no merece la pena: hay que enseñarlas a que vivan y se desarrollen por sí solas. Prima-donnas nunca mais: por el bien de todos.
Salud y República

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