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Pio XII fue una pieza clave en la pol铆tica desde 1933. Antes incluso ya que apoy贸 la subida de los nazis al poder mientras fue embajador del Vaticano en Alemania. Eugenio Pacelli fue nuncio del Vaticano desde la primavera de 1917. Obsesionado con el comunismo, ayud贸 a que Hitler llegase al poder en 1933. Los cat贸licos ten铆an un partido muy fuerte, el Zentrum, que contribuy贸 a abrir camino a los nazis. Pacelli fue nuncio a petici贸n de Erzberger, l铆der de ese partido. Seg煤n propia confesi贸n, era abiertamente antisemita. Hab铆a llegado al Vaticano con 24 a帽os para especializarse en cuestiones internacionales y era conocido como El Tedesco (El Alem谩n). Tras la I Guerra Mundial, con 41 a帽os y ya arzobispo, Pacelli llega a Munich como nuncio. En una Baviera de tradici贸n antisemita tan fuerte como la de Austria, de la que hab铆a formado parte hasta principios del siglo XIX, Pacelli se rode贸 de una camarilla de extrema derecha que lo sigui贸 durante toda su vida. El nuncio, como todo el clero b谩varo a sus 贸rdenes, estuvo ligado desde el principio a grupos de extrema derecha. Se reun铆a frecuentemente con Ludendorff, 铆ntimo de Hitler, para preparar su asalto al poder. Logrado su primer gran triunfo en las elecciones de 1930, Hitler necesitaba un acuerdo con el Vaticano. Reci茅n llegado al poder, en enero de 1933, dio prioridad a su negociaci贸n con Pacelli y pocos meses despu茅s se firm贸 el concordato. Este concordato daba al F眉hrer prestigio internacional en el preciso momento en que se convert铆a en la cabeza del Estado alem谩n. A cambio, Pacelli colabor贸 en la retirada de los cat贸licos de la actividad pol铆tica y social para dejar la manos libres a los nazis. El 14 de julio de 1933, Hitler dijo a su gobierno que el concordato hab铆a creado una atm贸sfera de confianza 鈥渆specialmente significativa en la lucha urgente contra el juda铆smo internacional鈥. Aseguraba que la Iglesia Cat贸lica le hab铆a dado su bendici贸n p煤blica, dentro del pa铆s y fuera de 茅l. Goebbels y su equipo lanzaron el mensaje a bombo y platillo: el Vaticano aprobaba la pol铆tica nazional-socialista. El Concordato entre Hitler y el Vaticano cre贸 el clima ideal para el exterminio de los antifascistas. Pacelli y el Vaticano nada dijeron de la quema del Reichstag, que imputaron falsamente a Dimitrov y a la III Internacional, y silenciaron las persecuciones. A medida que 茅stas crec铆an, Pacelli afirmaba que eran un asunto interno del III Reich.

Recorri贸 Alemania, destru铆da por la guerra. Presenci贸 la revoluci贸n proletaria en Munich en 1918. En una carta a Gasparri, Pacelli describi贸 as铆 los acontecimientos: Un ej茅rcito de trabajadores corr铆a de un lado a otro, dando 贸rdenes, y en el medio, una pandilla de mujeres j贸venes, de dudosa apariencia, jud铆as como todos los dem谩s, daba vueltas por las salas con sonrisas provocativas, degradantes y sugestivas. La jefa de esa pandilla de mujeres era la amante de Levien [dirigente obrero de Munich], una joven mujer rusa, jud铆a y divorciada […] Este Levien es un hombre joven, de unos 30 贸 35 a帽os, tambi茅n ruso y jud铆o. P谩lido, sucio, con ojos vac铆os, voz ronca, vulgar, repulsivo, con una cara a la vez inteligente y taimada.

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