icapi.jpgesco.jpgimages6.jpgimages6.jpg-PRIVATIZA QUE ALGO QUEDA-
Una de las f贸rmulas rectoras de la pol铆tica econ贸mica de Margaret Thatcher consisti贸 en la privatizaci贸n de todos los servicios y empresas p煤blicas, consintiendo despu茅s que sus nuevos due帽os se dedicasen exclusivamente a maximizar beneficios en detrimento de las obligaciones que ten铆an contra铆das con la poblaci贸n. De ese modo, empresas p煤blicas mod茅licas como los ferrocarriles de cercan铆as londinenses, se convirtieron en manos de particulares en peligrosas, obsoletas e ineficaces. La l贸gica empresarial depredadora, cuando no existen mecanismo reguladores o de control, inevitablemente busca acrecer el beneficio sin detenerse en menudencias como la calidad y bondad del servicio que prestan. Eso es secundario, muy secundario.
Probablemente hoy a nadie se le ocurra pensar que el Estado deba ser el propietario de una f谩brica de juguetes o de otra de quincalla, pero es posible que despu茅s de lo sucedido en Barcelona con Endesa, con los nulos beneficios que han deparado a los ciudadanos la privatizaciones de Telef贸nica o Repsol 鈥揵ueno, a algunos s铆, que le pregunten al compa帽ero de pupitre de Aznar-, y el desastre ecol贸gico y 茅tico que ha supuesto la 鈥減articipaci贸n鈥 de los especuladores en la planificaci贸n de nuestras ciudades, muchos vuelvan a aquilatar positivamente la necesidad de que el Estado controle de un modo u otro aquellas empresas que prestan servicios p煤blicos esenciales ateni茅ndose a criterios de eficacia, competencia y credibilidad. No es este un caso estrictamente espa帽ol, la ola de privatizaciones de los noventa al mismo tiempo que sirvi贸 para aumentar extraordinariamente los ingresos de los compradores de empresas similares en todo el mundo, caus贸 estragos casi irreparables en los servicios p煤blicos al sustituirse la verdadera raz贸n de existir de esas corporaciones 鈥揹ar servicios suficientes y de calidad a los ciudadanos- por el inter茅s econ贸mico personal de los accionistas mayoritarios.
El caso de Endesa es paradigm谩tico. Surgida de una iniciativa estatal para crear un fuerte grupo el茅ctrico p煤blico que pudieses competir con quienes hasta entonces monopolizaban el suministro de electricidad, desde el primer momento fue gestionada con criterios empresariales que no olvidaron sus obligaciones con los consumidores. En pocos a帽os, Endesa se convirti贸, desde el sector p煤blico, en el primer grupo energ茅tico del pa铆s, proporcionando al Estado unos ingresos anuales de varios cientos de miles de millones de pesetas. Con el viento a favor y en una coyuntura pol铆tica favorable, Endesa se convirti贸 en presa f谩cil para los buscadores de ganancias r谩pidas y cuantiosas. Europa impulsaba las privatizaciones y en Espa帽a Aznar y Rato estaban dispuestos a ser los campeones en la materia. La el茅ctrica se privatiz贸 en su totalidad, pero el Gobierno se guard贸 eso que llamaban la 鈥渁cci贸n de oro鈥, una acci贸n que permiti贸 al trabajador de las Islas Caim谩n colocar a otro 鈥渃ompa帽ero de pupitre鈥 en la presidencia de la misma: Privatizamos, pero colocamos a uno de los nuestros en lo m谩s alto por lo que pueda pasar. Desde entonces, Manuel Pizarro ha interpretado a la perfecci贸n el papel que se le asign贸 en la direcci贸n de la empresa: Oponerse a la compra de la misma por Gas Natural, que era una corporaci贸n poco espa帽ola, y entrar en negociaciones con una empresa mucho m谩s 鈥減atri贸tica鈥, la alemana EON, dentro de una estrategia que persegu铆a impedir que se formase un gran grupo energ茅tico espa帽ol y da帽ar al Gobierno. Con todo no fue eso lo peor, Endesa, de la mano de Manuel Pizarro, continu贸 aumentando sus beneficios a帽o tras a帽o, no por su buena gesti贸n, sino porque el amigo de Aznar hab铆a encontrado la piedra filosofal neocon. 驴Cu谩l es la manera de ganar m谩s dinero en menos tiempo y quedar bien ante los grandes accionistas? Naturalmente, no invertir, no gastar un c茅ntimo en investigaci贸n ni en renovaci贸n de infraestructuras ni en modernizaci贸n. S贸lo as铆 se explica que Pizarro haya estado tanto tiempo al frente de la el茅ctrica mientras Barcelona sufr铆a apagones tercermundistas.
No es este tiempo de dogmas, tampoco del dogma neocon que est谩 haciendo aguas en todos los pa铆ses del mundo despu茅s de haber llenado las arcas de quienes ya las ten铆an llenas a costa de los consumidores. Ahora ser铆a bueno que se impusiera la raz贸n al inter茅s y que recapacit谩semos sobre lo ocurrido con las privatizaciones, sobre el deterioro que los servicios p煤blicos b谩sicos han sufrido con ellas, sobre la necesidad de que el Estado tenga un papel m谩s activo en sectores monopolizados por dos o tres empresas y que son fundamentales para la vida cotidiana de cualquier ciudadano. No se pueden exprimir m谩s ni los bolsillos ni la paciencia de los consumidores. Ya est谩 bien.

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