Estamos tan acostumbrados a oír echar sapos y culebras contra los extremistas de zurda, especialmente los que nos consideramos rojos, que no le damos la más mínima importancia. Aunque en algo me concierne, hoy no quiero romper una lanza a favor de estas gentes cercanas y queridas, sino cantarles las cuarenta –o por lo menos decirles lo que pienso- a esos otros que presumen de centrados y apolíticos –clara herencia del innombrable-:
¡Sois unos veletas! no tenéis ni chicha ni limonada, tan pronto os inclináis a la diestra como a la desteñida siniestra. Mostráis una marcada tendencia de arrimaros al sol que más calienta, y creéis en vuestro fuero interno que vuestra condición es una virtud -cuando menos teologal- y no dudáis en despreciar a los que nos movemos en las coordenadas extremas, sobre todo zurdas. ¿Sabéis que os digo? ¡Que os den!.
Tenemos también otro tipo de equilibrados de pro, las clases medias, que en política son lo más estúpido que te puedes echar a la cara. Son banales y tontas, un autentico fiasco. Ni pertenecen al club de los ricos, ni son pobres. Nadan entre dos aguas permanentemente. Son la indefinición en persona. Creen en su desvarío que el huracán de la lucha de clases no les alcanza. Pecan de falta de medios para sentirse aristócratas, y tienen demasiados euros para sentirse plebe. No tienen verdadera ubicación, un poco de aquí, un poco de allá, pero sin llegar a ser agua clara. Son patéticos y trágicos, una mermelada sin sabor, una pizca de cada cosa, a la que le falta sazón y sal. No pueden dejar de currar más allá de unos meses, ya que las hipotecas y hasta el hambre acabaría con ellos. ¡Pero alto ahí..! Jamás de los jamases permitirán que se les considere “trabajadores” y menos que se les arrime al saco inmundo de la chusma. Es que además se lo creen, la pertenencia a la clase media, no es tanto cuestión de ingresos monetarios sino de auto convencerse que lo son. Al final va resultar que carecen de conciencia de clase, algo que para mí es muy triste y grave.
Está claro que un trabajador en precario –especie que más abunda en estos tiempos- tiene bien poco que perder ante una transformación social importante –si dejamos aparte sus oxidadas cadenas- ¿Y el de clase media? Parecido, poquita cosa; al contrario, muy bien pudiera ser que se saliese beneficiado con un cambio social general.
Que proteste el financiero o terrateniente, sería de esperar –ya que pudiera ¡nada menos! quedarse sin las propiedades, que tantos sudores les costó robar- pero que lo haga esa medianía, al que el rico como graciosa concesión pasa el brazo por encima del hombro para tenerlo de su parte, media un abismo. Ese terror a sentirse pobres, ese miedo inducido a perder el piso –que es del banco- el coche –de ídem también- una vana esperanza de un futuro mejor, un ingreso mediano, y no te digo nada de mentar el “comunismo” les provoca horrores y retortijones de barriga.
Sueñan en su locura lo que no son, aspiran a un mundo de riquezas irreales, se espantan de perder lo que no tienen ni tendrán nunca. No saben que su ilusión les está vedada. Están eternamente condenados a escapar de la pobreza, y por lo menos si tuviesen conciencia de que están pegados a su suelo, y que jamás les será permitido despegar, por muchas cabriolas y sacrificios que hagan.
Vanos pobretones enmascarados de ricos, el eterno ser y no ser. El no sentirse asalariados, el vestirse con tela de saco y corbata al mismo tiempo. Bien es verdad que en cuanto a educación están unos peldaños por encima de los más humildes, pronto se descubre que su conciencia política está anémica, es raquítica, y es infinitamente inferior al más mísero desocupado, obrero o campesino.
Los mangantes –perdón magnates- viven la vida y gozan de sus caudales. Del extracto de las medianías –clases medias- suelen salir los cuadros intelectuales y políticos, que como buenos mandados harán lo que les ordene su señor. Que pena de sector, tan cercano a la política y tan alejado al mismo tiempo. Con un nulo pensamiento político. Entierran su ideología en la tarjeta de crédito. Piensan que los problemas sociales son culpa de los profesionales de la política –además todos corruptos- y que la política es sucia, que supura como los sabañones –mejor no meterse- Campo abonado para que los conviertan –los grandes poderes- en perfectos estúpidos políticos, y manipulen sus conciencias. Por ello –aparte de ser más- son más peligrosos para conseguir una sociedad más igualitaria que los mismos terratenientes o magnates, estos sabemos bien donde están ubicados, la clase media apolítica aparece desaparece como el Guadiana. No sabes bien por donde te van a salir estos perfectos mendrugos.

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