Angosto Hojas Libres

Es este un blog cooperativo de izquierdas donde todos podemos escribir los artículos que se cuelgan y todos comentar. No existe ningún tipo de censura ni limitaciones a la libertad de expresión por muy encontradas que sean las opiniones. Defendemos la profundización en la democracia, los derechos humanos, la igualdad, la libertad, la fraternidad y la justicia social.

“Confundimos grandeza con lo grandote”, entrevista a Eduardo Galeano. La Vanguardia, 25 de mayo de 2012.

Guardado en: Historia y vida. — Junio 13, 2012 @ 1:21 pm

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Átomos e historias
Lo entrevisté a los 60, a los 67 y a los 71 años y lo volveré a entrevistar mientras se deje, porque es una de las mentes más lúcidas y menos pedantes que conozco. Siempre original, su revisión de la historia, que cuenta a través de lo pequeño, ofrece la perspectiva de una sensibilidad que observa lo humano y sus hechos por primera vez. Así rescató la memoria de América Latina en su trilogía Memorias del fuego y siguió con su afilada mirada contándonos en varios libros hechos de pequeños textos sus reflexiones sobre el mundo y los mundos que contiene. Los hijos de los días (Siglo XXI) tiene una historia por día, de enero a diciembre, porque estamos hechos, dice, de átomos y de historias.
Vivimos para trabajar, ¿qué error hemos cometido?
La economía está al servicio de la industria militar que es el nombre artístico de la industria criminal.

¿El prójimo es el enemigo?
Sí, somos una civilización de soledades que se encuentran y desencuentran continuamente sin reconocerse. Ese es nuestro drama, un mundo organizado para el desvínculo, donde el otro es siempre una amenaza y nunca una promesa.

El miedo nos domina.
Es el pretexto para que esta industria pueda prosperar, porque necesita guerras y enemigos, y si no existen hay que inventarlos. Fíjese en el caso de Nelson Mandela.

El mundo celebra el día que nació.
Pues ha figurado en la lista de enemigos peligrosos para la seguridad de EE.UU. hasta el 2008. Durante 60 años el africano más prestigioso fue un terrorista para el país dominante. ¿Cómo vamos a creer en todo lo que nos cuentan sobre las amenazas terroristas?

¿Somos un gran rebaño de borregos?
Por todos lados aparecen símbolos asombrosos de resistencia y de vida. Lo mejor que tiene la vida es la capacidad de sorpresa.

Sin embargo, vamos tras la seguridad.
Vivimos en un mundo inseguro, no sólo porque podemos ser robados, asaltados… Los coches matan más que las drogas, y el aire que respiramos y los pesticidas nos exterminan. Sólo si nos articulamos para defendernos de un sistema que es enemigo de la naturaleza y de la gente podremos hallar espacios de seguridad.

¿Qué nos hace libres?
Los desafíos que uno enfrenta cada día son los que te abren una rendija para elegir entre la dignidad y la obediencia. Libre es el que es capaz todavía de elegir la defensa de su dignidad en un mundo donde, quieras o no, en algún momento tendrás que tomar partido entre los indignos y los indignados.

Desde niños nos adoctrinan hasta el punto de que nos parece normal lo anormal.
Que el presidente Obama recibiera el premio Nobel de la Paz con un discurso de homenaje a la guerra “justa y necesaria contra el mal” ilustra lo que usted dice.

¿Qué semilla se puede plantar para que la gente sospeche?
Hay que ver al revés las historias que los diarios nos cuentan para poder entenderlas al derecho: Iraq invade EE.UU. porque sus arsenales de armas de destrucción masiva son un peligro para la humanidad. Lo que es verdad, pero este fue el pretexto de los americanos para invadir Iraq y matar a una cantidad ingente de civiles.

¿Cómo averiguar si uno está vivo o es un muerto viviente?
Habrá que preguntarse hasta qué punto soy capaz de amar y de elegir entre la dignidad y la indignidad, de decir no, de desobedecer. Capaz de caminar con tus propias piernas, pensar con tu propia cabeza y sentir con el propio corazón en lugar de resignarte a pensar lo que te dicen.


La mayoría trabaja a contracorazón y termina viviendo una vida que no es la suya por las necesidades materiales, y eso es lo que hace que algunos no se den cuenta de que murieron hace muchos años, la última vez que fueron capaces de decir no.

¿Es una utopía un mundo en el que la gente haga lo que le gusta?
Como dice el patriarca del cine argentino, Fernando Birri, la utopía sirve para caminar. A mí me gusta mucho ver el universo por el ojo de la cerradura.

¿Desde lo pequeño?
Sí, para no confundir la grandeza con lo grandote, una de las confusiones del mundo actual. La grandeza no está en los hechos espectaculares, está en la vida cotidiana.

Hay que endulzarla.
En el manicomio general, los franceses dictaron una ley que era un acto de cordura: ya que tenemos máquinas capaces, tengamos 35 horas de trabajo semanal, pero duró 10 años. ¿Por qué el progreso tecnológico tiene que producir angustia y desempleo?

El 99% de las especies del planeta no viven para trabajar, y no les va tan mal.
Nosotros nos hemos especializado en ser instrumentos de nuestros instrumentos, y somos los únicos capaces de destinar nuestros mejores recursos al exterminio loco. Cada minuto el mundo destina tres millones de dólares a gastos militares y mueren 15 niños de enfermedades curables. ¿Qué clase de especie es esta que dice ser la racional?

¿Qué faceta humana nos destruye?
El conformismo, la aceptación de la realidad como un destino y no como un desafío que nos invita al cambio, a resistir, a rebelarnos, a imaginar en lugar de vivir el futuro como una penitencia inevitable.

Y eso hay que hacerlo en compañía.
Sí, en solidaridad, que es un sentimiento horizontal. La caridad es vertical y no me gusta. Hay un viejo proverbio africano que dice que el que da está siempre por encima de la mano que recibe. De hecho, nuestros antepasados sobrevivieron porque supieron repartir la comida y defenderse juntos.

Pese a ello, somos tan destructivos…
Me imagino un juicio universal a la condición humana de las plantas y los animales, apuntándonos con sus patitas y con sus ramitas y preguntándonos: ¿qué han hecho del mundo?, ¿por qué nos mataron? Qué terrible confusión creernos dueños de la naturaleza.

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“El PP y el sesgo castizo de la crisis española”, por Pedro.

Guardado en: Historia y vida. — Mayo 24, 2012 @ 10:20 am

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En 1996, un partido dirigido por “grandes emprendedores” de reconocida raigambre franquista llegaba al poder en España. Nadie podía pensar en aquella fecha que aquel oscuro funcionario de Hacienda encargado de presidir el Gobierno alcanzaría, tras dejar el poder con las manos manchadas de rojo, los laureles que los dioses del mercado sólo reservan a los más despiertos y avispados. Conferenciante en Georgetown, empleado de uno de los más grandes magnates de la prensa mundial, puesto que compatibilizó durante un tiempo con el de Consejero de Estado, trabajador en el paraíso fiscal de las islas Caimán, Doctor Honoris Causa por varias universidades muy católicas y, por último, catedrático en una privada de Monterrey.

Experto en finanzas, políglota, conocedor de la lista de los reyes godos, impulsor del padel, corredor de fondo sobre tierra y nieve, aficionado a la guerra preventiva, de pluma ágil, verbo divertido y mimético, este hombre, al igual que Reagan, Gerald Ford o Bush, ha demostrado como con trabajo y tesón cualquiera puede llegar a las más altas cimas de la idiotez. Y es que con democracia o sin ella, Dios ayuda a los buenos cuando son más que los malos. Y es que Aznar López no andaba sólo en sus transparentes propósitos. Un grupo de guerreros avezados estaban dispuestos a demostrar a todo el mundo lo que de verdad vale un patriota español cuando dice aquí estoy yo. Rodrigo Rato, hombre de negocios poco venturosos recompensado con la Presidencia del FMI, institución encargada de hacer más pobres a los países que ya lo son, y exjefe de eso que llaman Bankia; Juan Villalonga, amigo de la infancia del hombre de Murdoch que jamás había podido demostrar su pericia mercantil hasta que fue elevado a la presidencia de Telefónica y se inventó aquello de las “stock opcions” lo que le ha permitido vivir hasta la fecha, holgadamente, sin apreturas circunstanciales, en esa reserva de españolidad que es Miami; Miguel Ángel Rodríguez, que comparte nombre con el líder del grupo Mojinos Escocíos pero nada más: Periodista, tampoco tuvo ocasión de acreditar su habilidad en el mercado hasta su paso por el Gobierno de la nación, después parece que todo le va viento en popa asesorando a diversos gobiernos autonómicos del Partido Popular; Esperanza Aguirre, casada con Fernando Ramírez de Haro y Valdés, Conde de Murillo y Grande de España, terrateniente y ganadero agraciado durante el Gobierno de Aznar López con la estación de tren del AVE de Guadalajara, que no está en esa ciudad sino en Yebes, donde el noble posee grandes propiedades; Eduardo Zaplana, autor de Terra Mítica que confesó su pobreza y su vocación política dineraria en una grabaciones exóticas: después de ocupar diversos ministerios y altos cargos en su partido, la fortuna le ha sonreído: Hoy es propietario de muchas cosas y ocupa cargo en una multinacional que antes fue empresa estatal; Ruiz Gallardón, persona de talante jesuítico que ha enterrado cerca de un billón de pesetas en el subsuelo de Madrid, pretende entregar a la iglesia católica una parte de la ribera del Manzanares, mantiene una amistad entrañable con Florentino Pérez, conoce de sobra a una implicada en la “operación Malaya” de cuyo nombre no quiero acordarme y andaba metido en supuestas reyertas con la presidenta de Madrid; Carlos Fabra, hijo, nieto, bisnieto, tataranieto y lo que sea de presidentes de la Diputación de Castellón, a quien ningún juez del Estado es capaz de juzgar pese a los presuntos y numerosos delitos de que se le acusa porque seguramente han salido de las mentes calenturientas y enfermizas de algunos periodistas malvados y envidiosos, y, por supuesto, Francisco Camps, presidente de la Generalitat valenciana, hombre honrado donde los haya, católico, apostólico y romano. A estos nombres destacados del pelotón habría que añadir un sin fin de subalternos que actúan por todo el “suelo y el subsuelo” patrio sin más afán que el engrandecimiento de España: Son los verdaderos patriotas, los que están dispuestos a darlo todo por la patria con la única condición de que la patria lo dé todo antes por ellos, son los que están dejando claro que una parte considerable de nuestros políticos, en este caso los del Partido Popular, están en política para servir a los ciudadanos, al pueblo soberano, siempre que éste haga lo que debe hacer, callar, no decir nada, permanecer en silencio mientras contempla como los chorizos de guante blanco no usan antifaz ni pasamontañas, sino que hacen su trabajo con el mayor desparpajo, con la mayor despreocupación, a la vista, sin complejos, como lo hace un español que se precie de tal. Con dos cojones.

Pues bien, cuando estos señores llegaron al poder se encontraron con el inicio de un ciclo económico alcista que en los años siguientes produjo incrementos de PIB de hasta un 5 por ciento. Lejos de aprovechar esa bonanza económica para aumentar el Estado del bienestar o invertir en I+D+i, los dirigentes populares terminaron de enajenar las empresas estatales más rentables poniendo en su dirección a hombres de su absoluta confianza como Martín Villa, Miguel Blesa, Manuel Pizarro o el mencionado Villalonga; iniciaron un proceso imparable de privatización de servicios públicos tan esenciales como la Educación o la Sanidad; rebajaron los impuestos directos a aquellos que más ganaban; incrementaron los impuestos indirectos y las tasas; redujeron las plantillas de funcionarios de todo tipo, incluidos médicos, enfermeros, inspectores de Hacienda, maestros, profesores, controladores laborales, oficiales de juzgados, policías y, sobre todo, en vez de cimentar su modelo en la economía productiva, hicieron todo lo posible para que la especulación se convirtiese en el motor de nuestro crecimiento. Leyes como la del suelo que permitían echar cemento sobre cualquier punto del país auspiciaron que en pocos años España fuese el país con más nuevos multimillonarios del mundo después de China, el país con más billetes de 500 euros de la Unión Europea, el país que más viviendas construía de todos los de su entorno sin que ello supusiese una bajada de su valor sino todo lo contrario. Aquí todo el mundo se podía hacer rico en un abrir y cerrar de ojos, sólo había que tirarse al río con la información y las “amistades” adecuadas. Luego, las hipotecas a cincuenta años y los intereses bajos terminaron de cerrar el círculo haciendo caer a millones de españoles en el “gran corralito”, al comprar, principalmente viviendas, muy por encima de sus posibilidades, de modo que hoy, gracias a aquella fantástica política económica que propició la acumulación en pocas manos de enormes fortunas, nos encontramos de golpe inmersos en una crisis que afecta, como todas, de forma grave y exclusiva a las clases trabajadoras y a quienes han dejado de pertenecer a ellas contra su voluntad, sin que nadie sepa dónde están esas ingentes cantidades de dinero amasadas durante décadas por los que todo lo dieron por España.

Hoy los mismos que todo eso hicieron, están de nuevo en el poder para terminar la faena que dejaron inconclusa Así es el patriotismo de quienes creen que el Estado es un cortijo.

“Información de interés: Lo que está pasando”, Por Juan.

Guardado en: Historia y vida. — Marzo 8, 2012 @ 1:43 pm

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Información de interés.

La situación político-económica en Europa es ya insostenible.
Asistimos impasibles al traspaso de poderes en Italia y Grecia. Los
medios de comunicación pasan de puntillas sobre el fondo del asunto, e
independientemente de la antipatía que sus dirigente despertaban en
amplios sectores de la población, en la práctica este cambio supone
reemplazar a los “democráticamente” elegidos por otros, los llamados
“technócratas”, que ni fueron elegidos por el pueblo, ni les resultan
siquiera familiar.

Si el sistema democrático actual se hallaba ya de por sí en un estado
deplorable, y a pesar de que se haga alarde de que todas las garantías
parlamentarias han sido respetadas, esto constituye técnicamente un
golpe de estado encubierto en el que los beneficiarios son los
mercados y sus estrategias especulativas salvajes. Lo desgrano, para
que quede claro:

¿Sabéis quienes son Lucas Papademos (actual dirigente Griego tras la
dimisión de Papandreu) y Mariano Monti (ahora al frente del gobierno
italiano)?
¿Sabéis quien es Mario Draghi (actual presidente del Banco Central Europeo)?
¿Sabéis lo que es Goldman Sachs?

Os lo explico:

Goldman Sachs: es uno de los mayores bancos de inversión mundial y
co-responsable directo, junto otras entidades como la agencia de
calificación Moody’s, de la crisis actual, y uno de sus mayores
benficiarios. Sólo a modo de pincelada, en 2007 ganaron 4 mil millones
de dólares en operaciones que desembocaron en el desastre actual.
¿Como lo hicieron? Animaron a los inversores a invertir en productos
sub-prime que sabían que era productos basura, y al mismo tiempo se
dedicaron a “apostar” en bolsa por el fracaso de los mismos. Eso es
solo la punta del iceberg, y está muy documentado, podéis
investigarlo. Mientras leéis este e-mail se están forrando a base de
especulación sobre las deudas soberanas.

Papademos: Actual primer ministro griego, tras la dimisión
Papandreu. No elegido por el pueblo.
- ex-gobernador del Banco de la Reserva Federal de Boston entre 1993 y 1994.
- vicepresidente del Banco Central Europeo de 2002 a 2010.
- Miembro de la Comisión Trilateral desde 1998, fundada por
Rockefeller, lobby neo-liberal (se dedican a comprar políticos a
cambio de sobornarles)
- ex-Gobernador del Banco de Central Grecia entre 1994 y 2002. Falseó
las cuentas de déficit público del país con la ayuda activa de Goldman
Sachs , lo que condujo en gran parte e la actual crisis que sufre el
país.

Mariano Monti: Actual primer ministro de Italia tras la dimisión de
Berlusconi. No elegido por el pueblo.
- ex director europeo de la Comisión Trilateral antes mencionada.
- ex-miembro del equipo directivo del grupo Bilderberg.
- asesor de Goldman Sachs durante el periodo en que ésta ayudó a
ocultar el déficit del gobierno griego.

Mario Draghi: Actual presidente del Banco Central Europeo en
sustitución de Jean-Claude Trichet.
- Ex-director ejecutivo de del Banco Munidal entre 1985 y 1990.
- Vicepresidente por Europa de Goldman Sachs entre 2002 y 2006,
periodo en que se realizó el falseo antes mencionado.

Bien, qué casualidad, todos de la mano de Goldman Sachs. Los que
crearon la crisis se presentan ahora como la única opción viable para
salir de la misma, en lo que la prensa estadounidense está empezando a
llamar “El gobierno de Goldman Sachs en Europa”.

Se tiende a querer hacernos pensar que la crisis ha sido una especie
de resbalón, pero la realidad apunta a que detrás de ella hay una
voluntad perfectamente orquestada de hacerse con el poder directo en
nuestro continente, en una maniobra sin precedentes en la Europa del
siglo XXI. La estrategia de los grandes bancos de inversión y agencias
de calificación es una variante de otras llevadas a cabo anteriormente
en otros continentes, se viene desarrollando desde el inicio de la
crisis y está desde mi punto de vista está siendo la siguiente:

1. Hundimos a los países mediante la especulación en bolsa/mercado.
Los volvemos locos de miedo a lo que dirán los mercados, que nosotros
controlamos, cada día.
2. Los obligamos a recurrir a préstamos para mantenerlos en Status
Quo, o “salvarlos”. Estos préstamos están estrictamente calculados
para que los países no los puedan pagar, como es el caso de Grecia que
no podría haber cubierto su deuda ni aunque su gobierno vendiera el
país entero, y no es ninguna metáfora, es matemática.
3. Exigimos recortes sociales y privatizaciones en detrimento de los
ciudadanos, bajo la amenaza de que si los gobiernos no los llevan a
cabo, los inversores se retirarán por miedo a no poder recuperar el
dinero invertido en la deuda de esos países y demás inversiones.
4. Se crea un altísimo nivel de descontento social , propicio para que
el pueblo, ya sonado, acepte cualquier cosa con tal de salir de la
situación.
5. Colocamos a nuestros hombres donde mejor convenga.

Si os parece ciencia ficción, informaos: este tipo de estrategias
están perfectamente documentadas y se han venido utilizando con
distintas variantes a lo largo el siglo XX y XXI en otros países,
notablemente en latinoamérica por parte de los EEUU cuando se
dedicaban, y se siguen dedicando en la medida que pueden, a asfixiar
económicamente mediante la deuda exterior por ejemplo a países de
América Central, para crear descontento social y aprovecharlo para
colocar a dirigentes afines a sus intereses.

Ahora esto está pasando en Europa, y ya no es que lo haga EEUU, sino
que lo hace la industria financiera internacional .

Y lo que está ocurriendo bajo la mirada impotente y/o cómplice de
nuestros gobiernos es el mayor robo jamás realizado en la historia de
la humanidad y a escala planetaria, son golpes de estado, y
violaciones flagrantes de la soberanía de los estados y sus pueblos.

Es muy fácil informaros en internet. Decídselo a vuestros amigos,
pasad el e-mail a cualquiera que pueda estar interesado, yo que sé. Se

“Lo llaman democracia, y no lo es”, por Pedro.

Guardado en: Historia y vida. — Febrero 13, 2012 @ 8:28 pm

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No recurriré en esta ocasión para dar una definición acertada de Democracia a paradigmas ideológicos más próximos a mí pensamiento, me limitaré a reproducir en su integridad –es corto- el discurso que Lincoln pronunció el 19 de noviembre de 1863 en Gettisburg, en plena guerra civil norteamericana, un discurso que contiene en su parte final la célebre frase que muchos aprendimos de críos y todavía no hemos olvidado: “Hace ocho décadas y siete años, nuestros padres hicieron nacer en este continente una nueva nación concebida en la libertad y consagrada al principio de que todas las personas son creadas iguales. Ahora estamos empeñados en una gran guerra civil que pone a prueba si esta nación, o cualquier nación así concebida y así consagrada, puede perdurar en el tiempo. Estamos reunidos en un gran campo de batalla de esa guerra. Hemos venido a consagrar una porción de ese campo como último lugar de descanso para aquellos que dieron aquí sus vidas para que esta nación pudiera vivir. Es absolutamente correcto y apropiado que hagamos tal cosa. Pero, en un sentido más amplio, nosotros no podemos dedicar, no podemos consagrar, no podemos santificar este terreno. Los valientes hombres, vivos y muertos, que lucharon aquí lo han consagrado ya muy por encima de nuestro pobre poder de añadir o restarle algo. El mundo apenas advertirá y no recordará por mucho tiempo lo que aquí decimos, pero nunca podrá olvidar lo que ellos hicieron aquí. Somos, más bien, nosotros, los vivos, los que debemos consagrarnos aquí a la tarea inconclusa que, aquellos que aquí lucharon, hicieron avanzar tanto y tan noblemente. Somos más bien los vivos los que debemos consagrarnos aquí a la gran tarea que aún resta ante nosotros: que, de estos muertos a los que honramos, tomemos una devoción incrementada a la causa por la que ellos dieron hasta la última medida completa de celo. Que resolvamos aquí, firmemente, que estos muertos no habrán dado su vida en vano. Que esta nación, Dios mediante, tendrá un nuevo nacimiento de libertad. Y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparecerá de la Tierra”.

Gettysburg, 1863, Lincoln, gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Quitada la carga teológica que siempre caracterizó a una nación que hizo de la Biblia un tratado estrategia bélica y comercial, la frase del Presidente norteamericano sigue teniendo todo el poder de las palabras bellas, sabias y liberadoras y, sin ambigüedades, puede ser aceptada por cualquier ciudadano decente y responsable para saber qué es y qué no es Democracia. Pero, ¿qué ha sido de ellas? ¿Acaso en Estados Unidos existe el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo? ¿Qué ocurre con los cien millones de yanquis que no tienen derecho alguno a la sanidad ni a la educación ni a la vivienda ni a los más imprescindibles derechos sociales porque no se los pueden pagar? ¿Qué ocurre con las industrias y los lobys que ponen y quitan presidentes de acuerdo con el favor que vayan a prestar a sus intereses? ¿Qué clase de gobierno del pueblo promueve la pena de muerte, la tortura, el racismo, la incultura, la guerra, la necesidad, la explotación, el hambre y la desigualdad en todas las formas habidas y por haber? ¿Qué pueblo educado y culto puede justificar ante su Dios o ante los hombres la existencia de ese campo infernal que ahora cumple diez años en la colonia de Guantánamo? No, en Estados Unidos, hace tiempo que el pueblo no gobierna ni nadie gobierna para el pueblo ni por el pueblo. Y sabiendo eso, que lo sabemos desde que aquí comenzamos a respirar tras las primeras elecciones, cuando todavía era lícito gritar “yankees go home”, algunos, de entre nosotros, salidos del averno del franquismo sin renunciar a él, guardando su legado como si fuese el “brazo incorrupto de Teresa de Ávila”, conscientes de que el apoliticismo es la negación del aserto de Lincoln, quisieron y quieren imponernos ese modelo político caduco, un modelo fracasado que ha convertido al hombre en un objeto incapaz de decir esta boca es mía, manipulable, falso, hipócrita, acomodaticio y cruel, cruel hasta ser capaz de cometer en su propio país y en cualquier país del mundo las mayores barbaridades que imaginarse puedan, en nombre del dios del Sinaí, en nombre de la libertad falsaria, en nombre del capital y de quienes lo acaparan aun a costa del presente y del futuro de la Humanidad.

En España hubo una ilusión democrática. Vano es negarlo. Pero desde la llegada de Aznar a la presidencia del Partido Popular –que mientras no se demuestre lo contrario fehacientemente, es un partido franquista-, esa ilusión fue sustituida por la moral perversa del nuevo rico sin que ni los partidos ni los diversos colectivos de izquierda mostrasen una oposición contundente y brava a ese cambio de valores que suponía suprimir los valores. Desde entonces, tal vez antes porque nunca rompimos las cuerdas que nos ataban bien atados al régimen fascista español, el apolítico es quién decide gobiernos y modos de vida, obligándonos a los demás a vivir contra la ética y contra la estética, envueltos en un mar de simpleza, mediocridad y miseria moral que amenaza nuestra supervivencia.

Pero no nos perdamos por las ramas, son muchas y es fácil pasarse de árbol sin saber siquiera cómo era ese del que hablábamos. La democracia española no ha condenado todavía el franquismo, por tanto, subsisten entre nosotros las prácticas, esencias, modos y maneras de aquel nefasto régimen que nos separó del mundo civilizado hace más de setenta años. Debido a esa trágica herencia, el español fue siempre refractario a la militancia política y sindical, registrándose una afiliación real tan pobre como mínima es la presencia de la sociedad civil en cuantas cosas le atañen. Esa dejación, en la que participamos muchos, permitió que la política se dejase en manos de ineptos, de logreros y ganapanes, pero sobre todo de incapaces y sinvergüenzas que jamás supieron de la citada y célebre frase del presidente yanqui. Contamos con una ley electoral en la que priman los territorios sobre las personas, de modo que el voto del pueblo es violado sistemáticamente en cada proceso electoral; la casta política –dios, en quien no creo, me libre de condenar a los políticos en general: sin los que lo son de verdad estaríamos a machetazo limpio-, no se rige por las mismas leyes que el resto de los mortales, sus sueldos son mucho más elevados, hacen leyes especiales para que sus pensiones rompan los topes máximos que afectan al común y, además, se permiten el lujo de querer salvarnos contra nosotros mismos, elaborando normas que favorecen, como ocurre en Estados Unidos, a las minorías más poderosas y oprimen a quienes no forman parte de ellas, es decir a casi todos. La inmunidad parlamentaria, que fue un logro de la clase obrera en los albores del siglo XX, se ha convertido en una patente de corso que dilata hasta la prescripción los procesos judiciales en que se ven inmersos algunos de los llamados representantes del pueblo, generando una sensación de inseguridad jurídica, de privilegio, de impunidad y de nausea colectiva que contradice de lleno los principios democráticos más incuestionables. Por si fuera poco todo lo dicho, el poder político, los poderes públicos, carentes del sustento que da una sólida formación ideológica y ética, ayuno de la presión de un pueblo educado y culto capaz de hacerse respetar utilizando los instrumentos que sean menester para ello, se han sometido sin rubor alguno al poder de los mercados, eufemismo bajo el que se esconden los dueños del dinero, de vidas, almas y haciendas, olvidando que no hay poder en la Tierra superior al que emana del pueblo y que todos, absolutamente todos los individuos, corporaciones, entes regionales, nacionales, internacionales y celestiales están sometidos al imperio de la ley y al mandato del pueblo soberano.

La política es la evitación de la guerra y el arte más sagrado de cuantos el hombre ha creado para manejarse y defenderse de las fuerzas del pasado. Es menester regresar a la frase de Lincoln, a la de tantos y tantos que pidieron a gritos regeneración y expulsar de ella a quienes han suplantado a la voluntad popular para cuidar de intereses particulares, como sea. De no hacerlo viviremos durante mucho tiempo en algo parecido a la oligocracia, que no es el gobierno de unos pocos, sino el de unos oligofrénicos indecentes que nos convertirán, gracias a nuestro silencio, en súbditos y esclavos. Ningún gobierno que gobierne contra el pueblo, contra el interés público, es legítimo.

“Yo Acuso”, por Emilio Zola.

Guardado en: Historia y vida. — Enero 5, 2012 @ 11:46 am

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Yo acuso*
[Carta al Presidente de la República Francesa. Texto completo]

Émile Zola
París, 13 de enero de 1898
Carta a M. Félix Faure
Presidente de la República Francesa

Señor: Me permitís que, agradecido por la bondadosa acogida que me dispensasteis, me preocupe de vuestra gloria y os diga que vuestra estrella, tan feliz hasta hoy, esta amenazada por la más vergonzosa e imborrable mancha?

Habéis salido sano y salvo de bajas calumnias, habéis conquistado los corazones. Aparecisteis radiante en la apoteosis de la fiesta patriótica que, para celebrar la alianza rusa, hizo Francia, y os preparáis a presidir el solemne triunfo de nuestra Exposición Universal, que coronará este gran siglo de trabajo, de verdad y de libertad. ¡Pero qué mancha de cieno sobre vuestro nombre -iba a decir sobre vuestro reino- puede imprimir este abominable proceso Dreyfus! Por lo pronto, un consejo de guerra se atreve a absolver a Esterhazy, bofetada suprema a toda verdad, a toda justicia. Y no hay remedio; Francia conserva esa mancha y la historia consignará que semejante crimen social se cometió al amparo de vuestra presidencia.

Puesto que se ha obrado tan sin razón, hablaré. Prometo decir toda la verdad y la diré si antes no lo hace el tribunal con toda claridad.

Es mi deber: no quiero ser cómplice. Todas las noches me desvelaría el espectro del inocente que expía a lo lejos cruelmente torturado, un crimen que no ha cometido.

Por eso me dirijo a vos gritando la verdad con toda la fuerza de mi rebelión de hombre honrado. Estoy convencido de que ignoráis lo que ocurre. ¿Y a quién denunciar las infamias de esa turba malhechora de verdaderos culpables sino al primer magistrado del país?

Ante todo, la verdad acerca del proceso y de la condenación de Dreyfus.

Un hombre nefasto ha conducido la trama; el coronel Paty de Clam, entonces comandante. Él representa por sí solo el asunto Dreyfus; no se le conocerá bien hasta que una investigación leal determine claramente sus actos y sus responsabilidades. Aparece como un espíritu borroso, complicado, lleno de intrigas novelescas, complaciéndose con recursos de folletín, papeles robados, cartas anónimas, citas misteriosas en lugares desiertos, mujeres enmascaradas. Él imaginó lo de dictarle a Dreyfus la nota sospechosa, él concibió la idea de observarlo en una habitación revestida de espejos, es a él a quien nos presenta el comandante Forzineti, armado de una linterna sorda, pretendiendo hacerse conducir junto al acusado, que dormía, para proyectar sobre su rostro un brusco chorro de luz para sorprender su crimen en su angustioso despertar. Y no hay para que diga yo todo: busquen y encontrarán cuanto haga falta. Yo declaro sencillamente que el comandante Paty de Clam, encargado de instruir el proceso Dreyfus y considerado en su misión judicial, es en el orden de fechas y responsabilidades el primer culpable del espantoso error judicial que se ha cometido.

La nota sospechosa estaba ya, desde hace algún tiempo, entre las manos del coronel Sandherr, jefe del Negociado de Informaciones, que murió poco después, de una parálisis general. Hubo fugas, desaparecieron papeles (como siguen desapareciendo aún), y el autor de la nota sospechosa era buscado cuando se afirmó a priori que no podía ser más que un oficial del Estado mayor, y precisamente del cuerpo de artillería; doble error manifiesto que prueba el espíritu superficial con que se estudió la nota sospechosa, puesto que un detenido examen demuestra que no podía tratarse más que de un oficial de infantería.

Se procedió a un minucioso registro; examinándose las escrituras; aquello era como un asunto de familia y se buscaba al traidor en las mismas oficinas para sorprenderlo y expulsarlo. Desde que una sospecha ligera recayó sobre Dreyfus, aparece el comandante Paty de Clam, que se esfuerza en confundirlo y en hacerle declarar a su antojo.

Aparecen también el ministro de la Guerra, el general Mercier, cuya inteligencia debe ser muy mediana, el jefe de Estado Mayor, general Boisdeffre, que habrá cedido a su pasión clerical, y el general Gonse, cuya conciencia elástica pudo acomodarse a muchas cosas.

Pero en el fondo de todo esto no hay más que el comandante Paty de Clam, que a todos los maneja y hasta los hipnotiza, porque se ocupa también de ciencias ocultas, y conversa con los espíritus.

Parecen inverosímiles las pruebas a que se ha sometido al desdichado Dreyfus, los lazos en que se ha querido hacerle caer, las investigaciones desatinadas, las combinaciones monstruosas… ¡qué denuncia tan cruel!

¡Ah! Por lo que respecta a esa primera parte, es una pesadilla insufrible, para quien esta al corriente de sus detalles verdaderos.

El comandante Paty de Clam prende a Dreyfus y lo incomunica. Corre después en busca de la señora de Dreyfus y le infunde terror, previniéndola de que, si habla, su esposo está perdido. Entre tanto, el desdichado se arranca la carne y proclama con alaridos su inocencia, mientras la instrucción del proceso se hace como una crónica del siglo XV, en el misterio, con una terrible complicación de expedientes, todo basado en una sospecha infantil, en la nota sospechosa, imbécil, que no era solamente una traición vulgar, era también un estúpido engaño, porque los famosos secretos vendidos eran tan inútiles que apenas tenían valor. Si yo insisto, es porque veo en este germen, de donde saldrá más adelante el verdadero crimen, la espantosa denegación de justicia, que afecta profundamente a nuestra Francia. Quisiera hacer palpable cómo pudo ser posible el error judicial, cómo nació de las maquinaciones del comandante Paty de Clam y como los generales Mercier, Boisdeffre y Gonse, sorprendidos al principio, han ido comprometiendo poco a poco su responsabilidad en este error, que más tarde impusieron como una verdad santa, una verdad indiscutible, desde luego, solo hubo de su parte incuria y torpeza; cuando más, cedieran a las pasiones religiosas del medio y a prejuicios de sus investiduras. ¡Y vayan siguiendo las torpezas!

Cuando aparece Dreyfus ante el Consejo de Guerra, exigen el secreto más absoluto. Si un traidor hubiese abierto las fronteras al enemigo para conducir al emperador de Alemania hasta Nuestra Señora de París, no se hubieran tomado mayores precauciones de silencio y misterio.

Se murmuran hechos terribles, traiciones monstruosas y, naturalmente, la Nación se inclina llena de estupor, no halla castigo bastante severo, aplaudir la degradación pública, gozar viendo al culpable sobre su roca de infamia devorado por los remordimientos…

¿Luego es verdad que existen cosas indecibles, dañinas, capaces de revolver toda Europa y que ha sido preciso para evitar grandes desdichas enterrar en el mayor secreto? ¡No! Detrás de tanto misterio solo se hallan las imaginaciones románticas y dementes del comandante Paty de Clam. Todo esto no tiene otro objeto que ocultar la más inverosímil novela folletinesca. Para asegurarse, basta estudiar atentamente el acta de acusación leída ante el Consejo de guerra.

¡Ah! ¡Cuánta vaciedad! Parece mentira que con semejante acta pudiese ser condenado un hombre. Dudo que las gentes honradas pudiesen leerlas sin que su alma se llene de indignación y sin que se asome a sus labios un grito de rebeldía, imaginando la expiación desmesurada que sufre la víctima en la Isla del Diablo.

Dreyfus conoce varias lenguas: crimen. En su casa no hallan papeles comprometedores; crimen. Algunas veces visita su país natal; crimen. Es laborioso, tiene ansia de saber; crimen. Si no se turba; crimen. Todo crimen, siempre crimen… Y las ingenuidades de redacción, ¡las formales aserciones en el vacío! Nos habían hablado de catorce acusaciones y no aparece más que una: la nota sospechosa. Es más: averiguamos que los peritos no están de acuerdo y que uno de ellos, M. Gobert, fue atropellado militarmente porque se permitía opinar contra lo que se deseaba. Háblase también de veintitrés oficiales, cuyos testimonios pasarían contra Dreyfus. Desconocemos aún sus interrogatorios, pero lo cierto es que no todos lo acusaron, habiendo que añadir, además, que los veintitrés oficiales pertenecían a las oficinas del Ministerio de la Guerra. Se las arreglan entre ellos como si fuese un proceso de familia, fijaos bien en ello: el Estado Mayor lo hizo, lo juzgó y acaba de juzgarlo por segunda vez.

Así, pues, solo quedaba la nota sospechosa acerca de la cual los peritos no estuvieron de acuerdo. Se dice que, en el Consejo, los jueces iban ya, naturalmente a absolver al reo, y desde entonces, con obstinación desesperada, para justificar la condena, se afirma la existencia de un documento secreto, abrumador; el documento que no se puede publicar, que lo justifica todo y ante el cual todos debemos inclinarnos: ¡el Dios invisible e incognoscible! Ese documento no existe, lo niego con todas mis fuerzas. Un documento ridículo, sí, tal vez el documento en que se habla de mujercillas y de un señor D… que se hace muy exigente, algún marido, sin duda, ¡que juzgaba poco retribuidas las complacencias de su mujer! Pero un documento que interese a la defensa nacional, que no puede hacerse público sin que se declare la guerra inmediatamente, ¡no! ¡No! Es una mentira, tanto mas odiosa y cínica, cuanto que se lanza impunemente sin que nadie pueda combatirla. Los que la fabricaron, conmueven el espíritu francés y se ocultan detrás de una legítima emoción; hacen enmudecer las bocas, angustiando los corazones y pervirtiendo las almas. ¡No conozco en la historia un crimen cívico de tal magnitud!

He aquí, señor Presidente, los hechos que demuestran cómo pudo cometerse un error judicial. Y las pruebas morales, como la posición social de Dreyfus, su fortuna, su continuo clamor de inocencia, la falta de motivos justificados, acaban de ofrecerlo como una víctima de las extraordinarias maquinaciones del medio clerical en que se movía, y del odio a los puercos judíos que deshonran nuestra época.

Y llegamos al asunto Esterhazy. Han pasado tres años y muchas conciencias permanecen turbadas profundamente, se inquietan, buscan, y acaban por convencerse de la inocencia de Dreyfus.

No historiaré las primeras dudas y la final convicción de M. Scheurer-Kestner. Pero mientras él rebuscaba por su parte, acontecían hechos de importancia en el Estado Mayor. Murió el coronel Sandherr y sucedióle como jefe del Negociado de informaciones, el teniente coronel Picquart, quien por esta causa, en ejercicio de sus funciones, tuvo un día ocasión de ver una carta telegrama dirigida al comandante Esterhazy por un agente de una potencia extranjera. Era su deber abrir una información y no lo hizo sin consultar con sus jefes, el general Gonse y el general Boisdeffre y luego con el general Billot, que había sucedido al de la Guerra. El famoso expediente Picquart, de que tanto se ha hablado, no fue más que el expediente Billot, es decir, el expediente instruido por un subordinado cumpliendo las órdenes del ministro, expediente que debe existir aún en el ministerio de la Guerra. Las investigaciones duraron de mayo a septiembre de 1896, y es preciso decir bien alto que el general Gonse estaba convencido de la culpabilidad de Esterhazy y que los generales Boisdeffre y Billot no ponían en duda que la célebre nota sospechosa fuera de Esterhazy. El informe del teniente coronel Picquart había conducido a esta prueba cierta. Pero el sobresalto de todos era grande, porque la condena de Esterhazy obligaba inevitablemente a la revisión del proceso Dreyfus; y el Estado Mayor a ningún precio quería desautorizarse.

Debió haber un momento psicológico de angustia suprema entre todos los que intervinieron en el asunto; pero es preciso notar que, habiendo llegado al ministerio el general Billot, después de la sentencia dictada contra Dreyfus, no estaba comprometido en el error y podía esclarecer la verdad sin desmentirse. Pero no se atrevió, temiendo acaso el juicio de la opinión pública y la responsabilidad en que habían incurrido los generales Boisdeffre y Gonse y todo el Estado Mayor. Fue un combate librado entre su conciencia de hombre y todo lo que suponía el buen nombre militar. Pero luego acabó por comprometerse, y desde entonces, echando sobre sí los crímenes de los otros, se hace tan culpable como ellos; es más culpable aún, porque fue árbitro de la justicia y no fue justo. ¡Comprended esto! Hace un año que los generales Billot, Boisdeffre y Gonse, conociendo la inocencia de Dreyfus, guardan para sí esta espantosa verdad. ¡Y duermen tranquilos, y tienen mujer e hijos que los aman!

El coronel Picquart había cumplido sus deberes de hombre honrado. Insistió cerca de sus jefes, en nombre de la justicia, suplicándoles, diciéndoles que sus tardanzas eran evidentes ante la terrible tormenta que se les venía encima, para estallar, en cuanto la verdad se descubriera. Moinsieur Scheurer-Kestner rogó también al general Billot que por el patriotismo activara el asunto antes de que se convirtiera en desastre nacional. ¡No! El crimen estaba cometido y el Estado Mayor no podía ser culpable de ello. Por eso, el teniente coronel Picquart fue nombrado para una comisión que lo apartaba del ministerio, y poco a poco fueron alejándose hasta el ejército expedicionario de África, donde quisieron honrar un día su bravura, encargándole una misión que le hubiera la vida en los mismos parajes donde el marqués de Mopres encontró la muerte. Pero no había caído aún en desgracia; el general Gonse mantenía con él una correspondencia muy amistosa. Su desdicha era conocer un secreto de los que no debieran conocerse jamás.

En París la verdad se abría camino, y sabemos ya de que modo la tormenta estalló. M. Mathieu Dreyfus denunció al comandante Esterhazy como verdadero autor de la nota sospechosa; mientras M.Scheurer-Kestner depositaba entre las manos del guardasellos una solicitud pidiendo la revisión del proceso. Desde ese punto el comandante Esterhazy entra en juego. Testimonios autorizados lo muestran como loco, dispuesto al suicidio, a la fuga. Luego, todo cambia, y sorprende con la violencia de su audaz actitud. Había recibido refuerzos: un anónimo advirtiéndole los manejos de sus enemigos; una dama misteriosa que se molesta en salir de noche para devolver un documento que había sido robado de las oficinas militares y que le interesaba conservar para su salvación. Comienzan de nuevo las novelerías folletinescas, en la que reconozco los medios ya usados por la fértil imaginación del teniente coronel Paty de Clam. Su obra, la condenación de Dreyfus, peligraba, y sin duda quiso defenderla. La revisión del proceso era el desquiciamiento de su novela folletinesca, tan extravagante como trágica, cuyo espantoso desenlace se realiza en la Isla del Diablo. Y esto no podía consentirlo. Así comienza el duelo entre el teniente coronel Picquart, a cara descubierta, y el teniente coronel Paty de Clam, enmascarado. Pronto se hallarán los dos ante la justicia civil. En el fondo no hay más que una cosa: el Estado Mayor defendiéndose y evitando confesar su crimen, cuya abominación aumenta de hora en hora.

Se ha preguntado con estupor cuáles eran los protectores del comandante Esterhazy. Desde luego, en la sombra, el teniente coronel Paty de Clam, que ha imaginado y conducido todas las maquinaciones, descubriendo su presencia en los procedimientos descabellados. Después los generales Boisdeffre, Gonse y Boillot, obligados a defender al comandante, puesto que no pueden consentir que se pruebe la inocencia de Dreyfus, cuando este acto habría de lanzar contra las oficinas de la Guerra el desprecio del público. Y el resultado de esta situación prodigiosa es que un hombre intachable, Picquart, el único entre todos que ha cumplido con su deber, será la víctima escarnecida y castigada. ¡Oh justicia! ¡Que triste desconsuelo embarga el corazón! Picquart es la víctima, se lo acusa de falsario y se dice que fabricó la carta telegrama para perder a Esterhazy. Pero, ¡Dios mío!, ¿por qué motivo? ¿Con qué objeto? Que indiquen una causa, una sola. ¿Estar pagado por los judíos? Precisamente Picquart es un apasionado antisemita. Verdaderamente asistimos a un espectáculo infame; para proclamar la inocencia de los hombres cubiertos de vicios, deudas y crímenes, acusan un hombre de vida ejemplar. Cuando un pueblo desciende a esas infamias, esta próximo a corromperse y aniquilarse.

A esto se reduce, señor Presidente de la república, el asunto Esterhazy, un culpable a quien se trata de salvar haciéndole parecer inocente, hace dos meses que no perdemos de vista esa interesante labor. Y abrevio porque solo quise hacer el resumen, a grandes rasgos, de la historia cuyas ardientes páginas un día serán escritas con toda extensión. Hemos visto al general Pellieux, primero, y al comandante Ravary, mas tarde, hacer una información infame, de la cual han de salir transfigurados los bribones y perdidas las gentes honradas. Después se ha convocado al Consejo de Guerra. ¿Cómo se pudo suponer que un Consejo de Guerra deshiciese lo que había hecho un Consejo de Guerra?

Aparte la fácil elección de los jueces, la elevada idea de disciplina que llevan esos militares en el espíritu, bastaría para debilitar su rectitud. Quien dice disciplina dice obediencia. Cuando el ministro de la guerra, jefe supremo, ha declarado públicamente y entre las aclamaciones de la representación nacional, la inviolabilidad absoluta de la cosa juzgada, ¿queréis que un Consejo de Guerra

se determine a desmentirlo formalmente? Jerárquicamente no es posible tal cosa. El general Billot, con sus declaraciones, ha sugestionado a los jueces que han juzgado como entrarían en fuego a una orden sencilla de su jefe: sin titubear. La opinión preconcebida que llevaron al tribunal fue sin duda esta: “Dreyfus ha sido condenado por crimen de traición ante un Consejo de Guerra; luego es culpable y nosotros, formando un Consejo de Guerra, no podemos declararlo inocente. Y como suponer culpable a Esterhazy, sería proclamar la inocencia de Dreyfus, Esterhazy debe ser inocente”.

Y dieron el inocuo fallo que pesará siempre sobre nuestros Consejos de Guerra, que hará en adelante sospechosas todas sus deliberaciones. El primer Consejo de guerra pudo equivocarse; pero el segundo ha mentido. El jefe supremo había declarado la cosa juzgada inatacable, santa, superior a los hombres, y ninguno se atrevió a decir lo contrario. Se nos habla del honor del ejército; se nos induce a respetarlo y amarlo. Cierto que sí; el ejército que se alzará en cuanto se nos dirija la menor amenaza, que defenderá el territorio francés, lo forma todo el pueblo, y solo tenemos para el ternura y veneración. Pero ahora no se trata del ejército, cuya dignidad justamente mantenemos en el ansia de justicia que nos devora; se trata del sable, del señor que nos darán acaso mañana. Y besar devotamente la empuñadura del sable del ídolo. ¡No, eso no!

Por lo demás queda demostrado que el proceso Dreyfus no era mas que un asunto particular de las oficinas de guerra; un individuo del Estado Mayor, denunciado por sus camaradas del mismo cuerpo, y condenado, bajo la presión de sus jefes.

Por lo tanto, lo repito, no puede aparecer inocente sin que todo el Estado mayor aparezca culpable. Por esto las oficinas militares, usando todos los medios que les ha sugerido su imaginación y que les permiten sus influencias, defienden a Esterhazy para hundir de nuevo a Dreyfus. ¡Ah!, que gran barrido debe hacer el Gobierno republicano en esa cueva jesuítica (frase del mismo general Billot). ¿Cuándo vendrá el ministerio verdaderamente fuerte y patriota, que se atreva de una vez a refundirlo, y renovarlo todo? Conozco a muchas gentes que, suponiendo posible una guerra, tiemblan de angustia, ¡porque saben en qué manos esta la defensa nacional! ¡En qué albergue de intrigas, chismes y dilapidaciones se ha convertido el sagrado asilo donde se decide la suerte de la patria! Espanta la terrible claridad que arroja sobre aquel antro el asunto Dreyfus; el sacrificio humano de un infeliz, de un puerco judío. ¡Ah! se han agitado allí la demencia y la estupidez, maquinaciones locas, prácticas de baja policía, costumbres inquisitoriales; el placer de algunos tiranos que pisotean la nación, ahogando en su garganta el grito de verdad y de justicia bajo el pretexto, falso y sacrílego, de razón de estado.

Y es un crimen más apoyarse con la persona inmunda, dejarse defender por todos los bribones de París, de manera que los bribones triunfen insolentemente, derrotando el derecho y la probidad. Es un crimen haber acusado como perturbadores de Francia a cuantos quieren verla generosa y noble a la cabeza de las naciones libres y justas, mientras los canallas urden impunemente el error que tratan de imponer al mundo entero. Es un crimen extraviar la opinión con tareas mortíferas que la pervierten y la conducen al delirio. Es un crimen envenenar a los pequeños y a los humildes, exasperando las pasiones de reacción y de intolerancia, y cubriéndose con el antisemitismo, de cuyo mal morirá sin duda la Francia libre, si no sabe curarse a tiempo. Es un crimen explotar el patriotismo para trabajos de odio; y es un crimen, en fin, hacer del sable un dios moderno, mientras toda la ciencia humana emplea sus trabajos en una obra de verdad y de justicia.

¡Esa verdad, esa justicia que nosotros buscamos apasionadamente, las vemos ahora humilladas y desconocidas! Imagino el desencanto que padecerá sin duda el alma de M. Scheurer-Kestner, y lo creo atormentado por los remordimientos de no haber procedido revolucionariamente el día de la interpelación en el Senado, desembarazándose de su carga, para derribarlo todo de una vez. Creyó que la verdad brilla por si sola, que se lo tendría por honrado y leal, y esta confianza lo ha castigado cruelmente. Lo mismo le ocurre al teniente coronel Picquart que, por un sentimiento de dignidad elevada, no ha querido publicar las cartas del general Gonse; escrúpulos que lo honran de tal modo que, mientras permanecía respetuoso y disciplinado, sus jefes lo hicieron cubrir de lodo instruyéndole un proceso de la manera mas desusada y ultrajante. Hay, pues, dos víctimas; dos hombres honrados y leales, dos corazones nobles y sencillos, que confiaban en Dios, mientras el diablo hacia de las suyas. Y hasta hemos visto contra el teniente coronel Picquart este acto innoble: un tribunal francés consentir que se acusara públicamente a un testigo y cerrar los ojos cuando el testigo se presentaba para explicar y defenderse. Afirmo que esto es un crimen más, un crimen que subleva la conciencia universal. Decididamente, los tribunales militares tienen una idea muy extraña de la justicia.

Tal es la verdad, señor Presidente, verdad tan espantosa, que no dudo quede como una mancha en vuestro gobierno. Supongo que no tengáis ningún poder en este asunto, que seáis un prisionero de la Constitución y de la gente que os rodea; pero tenéis un deber de hombre en el cual meditaréis cumpliéndolo, sin duda honradamente. No creáis que desespero del triunfo; lo repito con una certeza que no permite la menor vacilación; la verdad avanza y nadie podrá contenerla.

Hasta hoy no principia el proceso, pues hasta hoy no han quedado deslindadas las posiciones de cada uno; a un lado los culpables, que no quieren la luz; al otro los justicieros que daremos la vida porque la luz se haga. Cuanto más duramente se oprime la verdad, más fuerza toma, y la explosión será terrible. Veremos como se prepara el más ruidoso de los desastres.

Señor Presidente, concluyamos, que ya es tiempo.

Yo acuso al teniente coronel Paty de Clam como laborante -quiero suponer inconsciente- del error judicial, y por haber defendido su obra nefasta tres años después con maquinaciones descabelladas y culpables.

Acuso al general Mercier por haberse hecho cómplice, al menos por debilidad, de una de las mayores iniquidades del siglo.

Acuso al general Billot de haber tenido en sus manos las pruebas de la inocencia de Dreyfus, y no haberlas utilizado, haciéndose por lo tanto culpable del crimen de lesa humanidad y de lesa justicia con un fin político y para salvar al Estado Mayor comprometido.

Acuso al general Boisdeffre y al general Gonse por haberse hecho cómplices del mismo crimen, el uno por fanatismo clerical, el otro por espíritu de cuerpo, que hace de las oficinas de Guerra un arca santa, inatacable.

Acuso al general Pellieux y al comandante Ravary por haber hecho una información infame, una información parcialmente monstruosa, en la cual el segundo ha labrado el imperecedero monumento de su torpe audacia.

Acuso a los tres peritos calígrafos, los señores Belhomme, Varinard y Couard por sus informes engañadores y fraudulentos, a menos que un examen facultativo los declare víctimas de ceguera de los ojos y del juicio.

Acuso a las oficinas de Guerra por haber hecho en la prensa, particularmente en L’Éclair y en L’Echo de París. una campaña abominable para cubrir su falta, extraviando a la opinión pública.

Y por último: acuso al primer Consejo de Guerra, por haber condenado a un acusado fundándose en un documento secreto, y al segundo Consejo de Guerra, por haber cubierto esta ilegalidad, cometiendo el crimen jurídico de absolver conscientemente a un culpable.

No ignoro que, al formular estas acusaciones, arrojo sobre mí los artículos 30 y 31 de la Ley de Prensa del 29 de julio de 1881, que se refieren a los delitos de difamación. Y voluntariamente me pongo a disposición de los Tribunales.

En cuanto a las personas a quienes acuso, debo decir que ni las conozco ni las he visto nunca, ni siento particularmente por ellas rencor ni odio. Las considero como entidades, como espíritus de maleficencia social. Y el acto que realizo aquí, no es más que un medio revolucionario de activar la explosión de la verdad y de la justicia.

Sólo un sentimiento me mueve, sólo deseo que la luz se haga, y lo imploro en nombre de la humanidad, que ha sufrido tanto y que tiene derecho a ser feliz. Mi ardiente protesta no es más que un grito de mi alma. Que se atrevan a llevarme a los Tribunales y que me juzguen públicamente.

Así lo espero.

Émile Zola
París, 13 de enero de 1898

“El neofeudalismo que viene”, por Pedro.

Guardado en: Historia y vida. — Diciembre 11, 2011 @ 10:54 am

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Durante las décadas anteriores a la Revolución francesa, las monarquías europeas intentaron salvar sus privilegios mediante las reformas que pusieron en marcha los Ilustrados. No fue suficiente. El Antiguo Régimen, que fiaba todo el poder a un monarca absoluto y a sus cortesanos, estaba podrido y su peso era tal que lastraba el desarrollo y el progreso de ciudadanos y países. En 1789 comenzó el derribo del pasado y la construcción del futuro, pero las revoluciones son un destello, no triunfan en unos meses, pero marcan el camino de la Historia. De aquel mes de julio francés salieron las palabras Libertad, Igualdad y Fraternidad, palabras que por sí solas resumen todavía la ambición más alta del Ser Humano, aunque, ni mucho menos, estén a día de hoy en el código genético de la mayoría de nuestros congéneres.

Contra la Revolución Francesa –igual ocurriría después contra la rusa- los antiguos levantaron cortafuegos, traiciones, guerras e invasiones. La revolución se diluyó en manos de Napoleón, cuando quiso ser Dios, pero quedó el germen. Ya nada iba a ser igual. Tras un siglo XIX convulso se llevó al sufragio censitario, es decir al voto de los que tenían censos, o sea rentas, los demás sólo tenían deberes, después de muchas batallas al sufragio masculino, mucho después, avanzado el siglo XX, al universal: La mujer era, por fin, persona pese a lo mucho que se empeñaron en lo contrario eclesiásticos y filibusteros afines. Empero, la democracia nunca fue un fin, sino un camino, un edificio en constante y perpetua construcción. Pasa con todas las revoluciones –y la democracia lo es-, porque en otro caso dejan de serlo para convertirse en instrumentos de dominio al servicio de unas u otras minorías privilegiadas. Y el sufragio universal conseguido en las calles de toda Europa –la Democracia estadounidense se formó sobre el negocio y la religión-, no consistió nunca en el derecho a votar, a participar en unos comicios, sino que llevó aparejada la conquista de otros muchos derechos políticos, económicos, sociales y culturales. No fue desde luego menor, el derecho a la educación, pues desde los albores del nuevo régimen siempre se consideró la elevación cultural de las masas, que tanto asustaban a Ortega, como necesidad indispensable para que el pueblo y los individuos que lo componen supiesen discernir, evaluar y criticar para ser dueños de sus destinos.

Todo esto, que contamos de manera fugaz, no ocurrió de la noche a la mañana, fue un larguísimo proceso que comenzó el 14 de julio de 1789 en París, continuó con la revolución rusa y todavía no ha culminado ni lo hará nunca, porque su motor es la constante renovación para mejor vivir todos. Nosotros, el pueblo, somos los protagonistas de la historia, pero hay veces en que, dormidos y narcotizados, dejamos que los fantasmas del pasado vuelvan y nos retrocedan a periodos ya superados. Son briznas en el tiempo que pasan y luego quedan en los libros como periodos oscuros. El problema es que, no nos queda otra, medimos el tiempo histórico en relación a nuestras vidas y es muy desagradable que uno de esos retrocesos nauseabundos, ocupen una parte importante de nuestra finitud, amargándonos con mil miedos y amenazas. Estamos en eso, pero también está en nuestras manos salir de eso. Durante el feudalismo, sistema que se basaba en la rendición de vasallaje –obediencia absoluta, sumisión- de unas personas a otras, el miedo esparcido por las huestes salvajes de las órdenes de caballería sacrosantas y desde los púlpitos de esos edificios inmensos construidos con sangre del pueblo en todos los pueblos, mantuvo todo en su sitio: El temor a Dios era tan grande como el temor al señor o al caballero empeñado en apropiarse de lo ajeno, materia o inmaterial, por la fuerza bruta. Con ellos siempre viajaba la cruz. No fue otra cosa el feudalismo que el resultado de la descomposición del Imperio romano, de las instituciones, de la cultura y las ciudades romanas. Nació en los campos en los que la gente se escondió no por miedo a los bárbaros, sino para poder comer. En su huida, aquellos hombres olvidaron a Espartaco, olvidaron que la fuerza del hombre, que el motor de su progreso fue siempre la unión frente al tirano poderoso, nunca ponerse bajo el abrigo envenenado y mortífero de su capa. Ocurrió hace mucho, pero puede que no esté tan lejos.

El siglo XX ha sido uno de los más sanguinarios de la Historia Universal. La lucha por el control de las colonias provocó cientos de enfrentamientos y guerras que acabaron tras la Segunda Guerra Mundial con el establecimiento, en la parte más avanzada del mundo, de un sistema de clara inspiración socialista: La guerra siempre fue uno de los mejores festines para el capital menos cuando terminaba destruyéndolo todo y, por tanto, arruinando el negocio. Lo más lógico, incluso para los capitalistas, habría sido la extensión de ese modelo a otras regiones del mundo, pues habría aumentado el número de consumidores y, por ende, la acumulación de riquezas. No fue así, la lógica y la codicia no se llevan bien. Como el Estado socialdemócrata surgido a finales de los cuarenta -esencialmente por el miedo a la URSS- era intervencionista y regulador, duró lo que duró el movimiento obrero activo y el régimen soviético. Amansado aquél y desaparecido éste, los capitalistas decidieron no sólo regresar al antiguo régimen, sino más lejos, al feudalismo. Puesto que era el Estado quién garantizaba los derechos conquistados y quien cobraba los impuestos para su sostenimiento, había que acabar con él para dejar de pagar impuestos, para recuperar el poder perdido, para apropiarse del Erario, de la caja de caudales con la que se paga Sanidad, Educación, asistencia social, pensiones e infraestructuras de uso común. Durante años se dijo y se repitió hasta la saciedad que el Estado era el causante de todos los males, que era ineficaz e insostenible, que los particulares con posibles y la banca –no hay más que mirar el desfalco que perpetran y pagamos entre todos contra nuestra voluntad- eran los gestores ideales. Y mucha gente creyó la mentira, invirtió en pisos y bolsa –era el capitalismo popular- sus pequeños ahorros y se arruinó. Aún así, en su mentalidad disminuida, continuaron creyendo en la mentira más grande jamás urdida, admirando al enriquecido sin preocuparle un bledo el origen espurio de su riqueza -¡¡yo quiero ser como ellos!!- y mucho menos que estaban, cada uno por su pelleja, cavando su propia tumba y la de sus descendientes.

Hoy el capitalismo, completamente borracho de éxito pero ciego ante su povernir: no hay capitalismo sin consumidores, sigue asaltando la Bastilla de los logros sociales condensados en los restos del Estado socialdemócrata, al que noqueó con alfombras rojas, elixires embriagadores y lujos exóticos para la nomenclatura, y medios de comunicación deseducadores y mariscadas de baratillo para el vulgo. El Estado construido con el esfuerzo de todos para protegernos de los señores feudales, está siendo destruido mediante artíficos contables. Si entre todos consentimos su voladura, tendremos que volver a buscar señor que nos proteja a cambio de entregarle nuestra alma y nuestra hacienda. Entraremos voluntariamente en el NEOFEUDALISMO.

“Mensaje a Europa: Desnudos pero enrollados en la bandera”, por Pedro Reyes.

Guardado en: Historia y vida. — Noviembre 23, 2011 @ 2:33 pm

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No es ni nuevo, ni por supuesto exclusivo de España, comprobar como en momentos de dificultad cuando a la intemperie el frío arrecia, los pueblos muestren una fuerte inclinación a cubrirse con la bandera, una prenda que luce pero que no abriga.

En efecto, los resultados electorales del 20-N, envían desde España, un clarísimo mensaje a los mercados; a más crisis económica, más “nacionalismo político”; la elocuencia del sentido del voto se ha evidenciado con mayor contundencia de la esperada, a pesar de que este componente del voto haya pasado del todo “inadvertido” en los análisis de urgencia realizados.

El ejemplo mas paradigmático de las elecciones celebradas ayer es el de Cataluña, donde el nacionalismo catalán mayoritario CiU, que en los últimos meses ha llevado a cabo recortes sociales sin precedentes en esa comunidad, ha pasado de 10 a 16 escaños y ha aumentado 235.000 votos, es decir, de 779.425 votos en 2008 a 1.014.263 en 2011. Excelente mensaje para las pretensiones de Rajoy.

Si trasladamos el análisis al conjunto del Estado, el panorama no difiere, el nacionalismo español ha aumentado la friolera de 1.500.000 votos si sumamos el aumento del PP, 552.683; el de UPyD, fuerza que obtiene el incremento mas espectacular, 834.163 votos y los 99.173 que aporta FAC.

Se suman a la fiesta nacionalista en el País Vasco, Amaiur, antigua Batasuna, alcanza 333.628 votos lo que supone un incremento de 152.288 en relación con los resultados de 1996 último año en que la coalición concurrió a unas elecciones generales y el PNV que pone su granito de arena y aumenta 17.389 votos respecto de 2008.

El recuento total arroja un avance del nacionalismo de distinto signo en España de 2.050.000 votos más que en las pasadas elecciones generales.

De nuevo parece no importarnos retroceder en todos los ordenes de nuestra vida política social y económica, si lo hacemos como verdaderos españoles, o como verdaderos vascos, o verdaderos catalanes. La inmensa mayoría ha dado vía libre a la “mano dura”, en esta ocasión contra sí misma.

El resultado electoral de las elecciones en España confirman nuestra particular visión para salir de la crisis, más nación para menos Europa. Otra vez estaremos donde España se merece, reforzaremos la frontera del Ebro para detener el tsunami español y tendremos que ponernos tchapela para poder entender que hay pueblos a los que les cuesta un poco más el proceso civilizatorio, recetas todas de hace escasamente 12 horas en tiempo real. Que cansino ¿verdad?

No es difícil intuir que con semejante liderazgo vamos a imponer un enorme respeto en el “concierto internacional”, con este ideario todo el mundo entenderá que: vamos a disminuir nuestra dependencia energética, a dar valor añadido a nuestros productos para la competencia global, a reducir nuestro 30% de fracaso escolar, a llegar al 1% del PIB en investigación y desarrollo para muestra especialización productiva, a dotar de estabilidad a nuestro mercado de trabajo, sin necesidad de acudir al despido libre, para no repetir cíclicamente el escándalo del 20% de paro, mas del doble de la media europea, de nuestra población activa, a introducir cambios reales en nuestro sistema impositivo para mejorar nuestro equilibrio presupuestario y reducir el déficit.

Para que vamos a hacer este esfuerzo, para que vamos siquiera a intentar liderar la rebelión de la “periferia”, que ofrezca otra salida a la crisis, si podemos volver a salir del rincón de la Historia, ¿Qué importancia tiene ante ese objetivo seguir entregando parte de la pensión, del salario y de la salud? A juzgar por los resultados ninguna.

En la otra esquina del cuadrilátero, nada que objetar, cuando se besa la lona, solo cabe esperar el aire de la toalla de los asistentes para recuperar el sentido de la orientación, quitarse el protector bucal y los guantes, tumbarse en la camilla del vestuario el tiempo justo para restañar las heridas y volver a entrenar con ahínco hasta el próximo combate.

El KO del PSOE, tiene una sencilla explicación, su respuesta política a la crisis no ha estado a la altura de las circunstancias y mucho menos a la altura de sus electores. Cuando el adversario da golpes bajos, hay que salirse de la distancia y bailar constantemente para no perder el centro del ring.

El desenlace del combate de ayer, si miramos al futuro, no debería de ser motivo de alegría, más bien al contrario, nada indica que el fracaso del PSOE haya servido para afianzar una alternativa capaz de ilusionar a los votantes progresistas y de aglutinarlos en torno a un proyecto de gobierno creíble.

No son en modo alguno irrelevantes los resultados obtenidos por IU, pero como casi siempre pueden resultar engañosos, basta ver lo que ha ocurrido en Madrid, donde el PSOE ha perdido 700.000 votos, el 50% de su electorado, e IU ha recogido 100.000, pueden parecer muchos, pero también pueden parecer muy pocos.

Las noches electorales suelen ser un calco de si mismas, pero el tono de los discursos políticos de cuantos lideres comparecen dan muchas pistas sobre la naturaleza de las formaciones políticas a las que representan, va siendo hora de que la izquierda que se reclama más auténtica proponga un proyecto para gobernar que trascienda la protesta, mientras eso no ocurra la fragmentación seguirá pasando factura por mucho tiempo.

“Un referéndum necesario”, por Vicenç Navarro (Público, agosto 2011).

Guardado en: Historia y vida. — Noviembre 7, 2011 @ 2:52 pm

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Resultado de una Transición inmodélica de la dictadura a la democracia (realizada bajo el enorme dominio de las fuerzas conservadoras herederas del régimen dictatorial anterior), el sistema democrático español es escasamente representativo, no sólo por estar basado en un proceso electoral muy poco proporcional (que se aleja mucho del principio de que cada ciudadano debiera tener la misma capacidad de decisión en la gobernanza del país), sino también por el escasísimo espacio que se ofrece a la ciudadanía para participar en las decisiones públicas que afectan el bien común. La democracia queda limitada en España a votar cada 4 años sin que se le ofrezca a la ciudadanía la oportunidad de participar en referéndums vinculantes y otras formas de democracia directa que permitieran una mayor capacidad de incidencia de los ciudadanos en el quehacer común. Es cierto que hay posibilidades de hacer referéndums a nivel del Estado central, pero no es ni fácil ni frecuente, como demuestra la escasez de referéndums que ha habido en España durante el periodo democrático. La única expresión de desaprobación que los representados tienen a su alcance es dejar de votar, o votar por opciones distintas cada cuatro años. Ello es un indicador de lo enormemente limitada que es la democracia española.
Hemos estado viendo recientemente cómo partidos gobernantes (tanto a nivel central como autonómico) están aprobando medidas altamente impopulares, que no estaban incluidas en sus propuestas electorales, y que se están llevando a cabo supuestamente por mandato de los mercados financieros, a quienes nadie ha elegido. El 82% de la ciudadanía estaba en contra, por ejemplo, del retraso de la edad de jubilación; el 86% en contra de la congelación de las pensiones; el 68% en contra de los recortes del gasto sanitario, y así un largo etcétera, lo cual no fue un obstáculo para que la mayoría de las Cortes españolas aprobaran tales medidas. Una consecuencia de ello es la enorme distancia que se está creando entre representados y representantes, con la pérdida de legitimidad de los últimos. No es de extrañar que la clase política dominante esté considerada por la población como el 3er gran problema que tiene el país.
Y estamos a punto de ver otro caso en el que una decisión de enorme trascendencia (la reforma de la Constitución, para garantizar un límite al gasto público) se está proponiendo por la dirección de los dos partidos mayoritarios, medida que no estaba en el programa electoral de ninguno de ellos (y que afectará negativamente a la calidad de vida de la mayoría de la población). Y ello sin que se haya consultado al pueblo español, argumentándose, además, que el Estado –como ha dicho en varias ocasiones Rajoy (el dirigente político español que ha promocionado tal medida de limitación de gasto público con mayor frecuencia)– no puede vivir por encima de sus posibilidades. En realidad, España se gasta mucho menos en su sector público (del cual, el capítulo más grande es el del Estado del bienestar) de lo que debiera por su nivel de desarrollo económico. El PIB per capita de España es ya el 94% del promedio de la UE-15, mientas que el gasto público social por habitante (que incluye gasto en pensiones, en sanidad, en educación, en servicios domiciliarios a personas con dependencia, en escuelas de infancia, en servicios sociales, en ayudas a las familias, en vivienda social, entre otros) es sólo el 74% del promedio de la UE-15. Si fuera el 94% (como debiera ser), nos gastaríamos 66.000 millones de euros más en nuestro Estado del bienestar de lo que nos gastamos ahora.
El problema del sector público (del cual el mayor componente es el Estado del bienestar) no es que sea excesivo, sino que está poco desarrollado. España está a la cola de la Europa social (su gasto público social por habitante es el más bajo de la UE-15). Como resultado de ello, sólo 1 de cada 10 españoles adultos trabaja en los servicios públicos (primordialmente en los servicios públicos del Estado del bienestar). En Suecia, sin embargo, es 1 de cada 4. Si en España fueran 4, se crearían casi 5 millones de puestos de trabajo, eliminándose el desempleo.
Y no nos engañemos. Lo que desean las fuerzas conservadoras, lideradas por Merkel y Sarkozy en la UE, y por Rajoy en España (y ahora por Zapatero), es salir de la crisis a base de reducir todavía más los ya escasamente financiados estados del bienestar de los países periféricos de la eurozona, incluyendo España. De ahí su propuesta de escribir en piedra (poniéndolo en la Constitución) la limitación del gasto público exigiendo una eliminación del déficit público. Su aplicación a España significaría un obstáculo para la corrección de su enorme déficit social. Exigir limitaciones de tal gasto (en un contexto de escaso crecimiento y de reducción de impuestos) no es sólo un suicidio económico (pues se pierde la oportunidad de estimular la economía), sino también una condena a mantener subfinanciado el Estado del bienestar español.
Los ingresos al Estado español son de los más bajos de la eurozona, representando sólo un 34% del PIB (el promedio de la UE-15 es un 44%, y en Suecia un 54%) y ello resultado de una política fiscal sumamente regresiva que favorece enormemente a las rentas superiores a costa de las rentas del trabajo (en las que se incluye a la mayoría de la ciudadanía). De ahí el bajo gasto público, incluyendo el social. Querer frenar este gasto significa, en la práctica, congelar (por mucho que lo nieguen los que proponen tal medida) cualquier corrección de este enorme déficit.
De ahí que se necesite una movilización popular para que tal medida pueda ser confirmada o rechazada por la población española, de la cual deriva todo el poder del Estado. Es importante que a los representantes se les recuerde este principio básico de cualquier democracia.

“Víctimas de Franco”. Eduardo Haro Tecglen. (El País, 3-12-2003).

Guardado en: Historia y vida. — Octubre 23, 2011 @ 1:23 pm

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Usted, yo: aquél, aquélla. Incluso los que protestan contra el homenaje a las víctimas de Franco, los zombis del PP, son sus víctimas. No hablo del sufrimiento directo, del muerto y sus supervivientes de vida amargada y dura; ni del exilio, ni de los todavía rotos por palizas y cárceles. Estoy hablando de los de aquí y ahora, privados de un país que estaba siendo algo grande, un país donde había verdadera cultura y una civilización política, constitucional: que iba al mismo paso. Estoy hablando de cuarenta años de coacción sobre aquello para meterle supersticiones, mala poesía de luceros y hogueras, glorias a los viejísimos reyes de puñaladas en la espalda, santos que hicieron famosa la histeria como mística, sueños de guerras y de imperios. No hablo de cultura como especulación mental, que es necesaria cuando busca verdades: hablo de cultura sindical y de partidos, de libertad de pensamiento, de llamaradas para la religión vetusta, vengativa, viciosa; hablo de una recuperación primaria de la mujer -el voto para ella, las primeras grandes feministas, las revolucionarias-, de una enseñanza que se pretendía limpia. De una Universidad con sabios de los que sabían transmitir y esclarecer; y de una manera de buscar un nuevo equilibrio de la riqueza. De la nueva versión de los campos inmensos abandonados por los propietarios, que los habían reconquistado, y de la agricultura que unía los latifundios, y de la nueva industria.

Se celebraba en el Congreso el 1 de diciembre un homenaje a las víctimas de Franco con unidad de todos los partidos excepto del PP, al que le daba igual porque era un “revival de naftalina”, según su portavoz Luis de Grandes (que pronuncia “rivaival”). Ingeniosa frase de ignorancia supina. Y digo yo que no son sólo los que murieron y los que difícilmente salieron adelante, sino todos nosotros, sometidos a este empobrecimiento colectivo de un país cuya fuerza política continúa la obra de Franco. Demoledora. Y se coloca de cola de león: si aquél lo fue del hitlerismo, éste lo es de Bush y sus mesnadas colonizadoras. Vuelven las supersticiones, los más viejos escudos militares, las banderotas y las palabras heroicas para recibir los cadáveres de los caídos por Dios y por España.

(Ignorancia supina: 1. f. La que procede de negligencia en aprender o inquirir lo que puede y debe saberse. ~ no quita pecado. expr. 2. U. para explicar que la ignorancia de las cosas que se deben saber no exime de culpa. Academia).

El País.03.12.03

“El 15-M es emocional, le falta pensamiento”. Zygmunt Bauman.

Guardado en: Historia y vida. — Octubre 18, 2011 @ 9:41 am

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Zigmunt Bauman, el filósofo y sociólogo polaco famoso por su concepto de la modernidad líquida, tan fértil que ha sido aplicado al amor (líquido), al arte (líquido), al miedo (líquido), al tiempo (líquido) y así hasta cualquier cosa, publica el ensayo 44 cartas desde el mundo líquido (Paidós). Además, el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010 ha estado en Madrid para pronunciar una conferencia en el Matadero bajo el título ¿Tiene futuro la solidaridad? El sábado por la tarde, a la misma hora de la manifestación internacional de los indignados, mantuvimos una charla en un hotel a menos de 100 metros de la plaza de Atocha donde, entre la multitud, ya no cabía un alfiler.
Le pregunto a este profesor emérito en la Universidad de Leeds (Inglaterra) si le parece que estas grandes manifestaciones masivas, pacíficas y tan heterogéneas lograrán combatir los abusos de los mercados, promover una democracia real, reducir las injusticias y, en suma, mejorar la equidad en el capitalismo global, pero, como profesor que es, no responde a la cuestión de un solo golpe.
En su parecer, el origen de todos los graves problemas de la crisis actual tiene su principal causa en “la disociación entre las escalas de la economía y de la política”. Las fuerzas económicas son globales y los poderes políticos, nacionales. “Esta descompensación que arrasa las leyes y referencias locales convierte la creciente globalización en una fuerza nefasta. De ahí, efectivamente, que los políticos aparezcan como marionetas o como incompetentes, cuando no corruptos”.
“El movimiento del 15-M trataría de suplir la falta de globalización de la política mediante la oposición popular”. ¿Una oposición eficaz? En opinión de este sabio de 86 años, el efecto que puede esperarse de este movimiento es “allanar el terreno para la construcción, más tarde, de otra clase de organización”. Ni un paso más.
Bauman califica a este movimiento, como es bien evidente, de “emocional” y, en su parecer, “si la emoción es apta para destruir resulta especialmente inepta para construir nada. Las gentes de cualquier clase y condición se reúnen en las plazas y gritan los mismos eslóganes. Todos están de acuerdo en lo que rechazan, pero se recibirían 100 respuestas diferentes si se les interrogara por lo que desean”.
La emoción es (¿cómo no?) “líquida”. Hierve mucho pero también se enfría unos momentos después. “La emoción es inestable e inapropiada para configurar nada coherente y duradero”. De hecho, la modernidad líquida dentro de la cual se inscriben los indignados posee como característica la temporalidad, “las manifestaciones son episódicas y propensas a la hibernación”.
¿Se necesitaría un líder acalorado? ¿Varios líderes temperamentales? “El movimiento no lo aceptaría puesto que tanto su potencia como su gozo es la horizontalidad, sentirse juntos e iguales, lo que, en importante medida, les niega el superindividualismo actual”. La superindividualidad (de la modernidad líquida) “crea miedos, desvalimientos, una capacidad empobrecida para hacer frente a las adversidades”.
El estrés es la enfermedad que acompaña a esta sevicia. “Las gentes se sienten solas y amenazadas por la pérdida del empleo, la disminución del sueldo, la dificultad de adaptación al riesgo. El estrés es corriente entre los parados pero también en los empleados, acosados por los cierres y despidos, las prejubilaciones o los salarios cada vez más bajos. En Estados Unidos el estrés produce tantos daños económicos como la suma conjunta de todas las demás enfermedades”. Las bajas laborales por estrés llegan a costar, dice Bauman, 300.000 millones de dólares (216.600 millones de euros) al año y la cifra no deja de crecer.
¿Llegará todo esto a provocar un giro en el sistema, un colapso o algún cambio sustantivo? Su respuesta es que, en estos momentos, prefiere hablar de “transición” y no de “cambio”. Necesitaría hechos más netos para pronunciarse sobre el alcance de los actuales trastornos. “Antes, hacía falta mucho tiempo para preparar unas protestas masivas como las del 15-M, pero hoy las redes sociales permiten enormes concentraciones en muy poco tiempo”. Pero volvemos a lo mismo: de igual manera que se concentran y actúan con velocidad, muy poco después se detienen.
El movimiento crece y crece pero “lo hace a través de la emoción, le falta pensamiento. Con emociones solo, sin pensamiento, no se llega a ninguna parte”. El alboroto de la emoción colectiva reproduce el espectáculo de un carnaval que acaba en sí mismo, sin consecuencia. “Durante el carnaval todo está permitido pero terminado el carnaval vuelve la normativa de antes”.
Puede decirse, declara el profesor, que “nos hallamos en una fase especialmente interesante, como en un laboratorio de acción social nuevo”. Tarde o pronto la crisis terminará y, sin duda, las cosas serán diferentes pero ¿de qué modo?
“No me pida que sea profeta”, implora Bauman. “En algunos lugares, no en todos, el movimiento ha logrado conquistas importantes pero no es extensible a todos los países”. Lo líquido sigue siendo válido para la previsión del porvenir. La modernidad líquida se expresa, obviamente, en su falta de solidez y de fijeza. Nada se halla lo suficientemente determinado. Ni las ideas, ni los amores, ni los empleos, ni el 15-M. Por eso teme que tal arrebato acabe también, finalmente, “en nada”. No es seguro, pero siendo líquido, ¿cómo no pensar en la evaporación?

“Privatizar a los políticos”. Rosa María Artal.

Guardado en: Historia y vida. — Octubre 6, 2011 @ 8:13 pm

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Artur Mas sigue en su cruzada privatizadora. Lo último poner a la venta 37 edificios entre ellos el de la Bolsa de Barcelona. Hace unos meses ya declaró que solo la policía y las cárceles deben mantenerse como monopolio público. Y que el roll de la administración debe limitarse a “evitar las ineficacias del mercado”. Por ejemplo esa nueva inyección de dinero público que “vamos” a entregar a los bancos europeos para mantener un sistema en el que los gobiernos merman nuestras condiciones de vida. CiU en perfecta armonía con el PP –de la misma ideología- y una vez que “la gran fiesta de la democracia” avale su poder, podrán llevar a cabo su plan de privatización total. Paradójica, porque añade el intervencionismo estatal para, como digo, esquilmar nuestros bolsillos cada vez que precisen “estabilizar” a los bancos que no sé dónde meten el cuantioso dinero que ganan estos manirrotos. El PSOE se está viendo “obligado” a practicar esa misma política neoliberal extrema.

Las cosas no se hacen a medias, no señor. Por eso debemos proponer que empiecen ya privatizando la campaña electoral y el recuento de votos. Números, eficacia, rentabilidad. Es obligado después privatizar también el Congreso y el Senado. Que los parlamentarios fichen entradas y salidas, se cuelguen un letrero cuando vayan al WC y cobren según productividad. El gobierno, todos los gobiernos autonómicos y locales, también hay que privatizarlos, convertirlos en empresas que obtengan grandes beneficios para sus accionistas a base de eliminar gastos superfluos como sanidad o educación, sobre todo educación que es un arma muy peligrosa en manos de los ciudadanos. Aunque comprendo que suprimir la sanidad es mucho más expeditivo, sin duda goza de una excelencia de rentabilidad máxima.

Pero creo que todas esas empresas debe constituirlas la sociedad ¿O no es así ya en democracia? ¿De verdad queremos pagar impuestos para sufragar tan solo la policía y las cárceles? Yo no, desde luego. Artur Mas (y todos los Arturmas de esta tierra) ha olvidado que también le es necesario mantener la Hacienda Pública, porque su entramado no se puede sostener sin nuestros impuestos. Y unos medios informativos que hagan posible el milagro de que, en estas condiciones, haya votantes que les entreguen las llaves de nuestras vidas. ¿Podemos seguir pagando los sueldos de estos políticos que obran en contra de nuestros intereses? Nos están liquidando todos los servicios que hemos costeado con nuestro dinero, los edificios, todo lo que tanto nos costó pagar, porque igual podíamos haber empleado ese dinero en comprar una casa propia en las Bahamas y otra en Nueva York como poco. En mi caso estoy trabajando desde los 13 años. Mucha gente tiene en este país esa vida laboral. A toda una generación se la están robando ahora mismo. Ni siquiera contarán al final con una pensión para la que ya se precisan 37,5 años cotizados.

Como escribía en Reacciona, no debemos confundirnos sin embargo, “La Política es imprescindible en un sistema democrático. Con tropiezos, avances y errores, la humanidad persigue disfrutarla desde los griegos, cinco siglos antes de la Era cristiana. Para dignificar el papel del ciudadano, de un ser libre sujeto a derechos y deberes. Para regular una actividad humana cuyo fin es gobernar y dirigir la acción del Estado en beneficio de la sociedad”. Y la están destruyendo. Traigo otra vez las palabras de Emilio Lledó:

“¿Qué palabras huecas, convertidas en grumos pegajosos aplastan los cerebros de los que van a administrar lo público, o sea lo de todos, si la corrupción mental ha comenzado por deteriorar esas neuronas que fluyen siempre hacia la ganancia privada? No se entiende bien cómo a esos destructores de la idea de lo público les votan aquellos que perderían lo poco que tienen en manos de tales personajes. A no ser que la mente de esos súbditos haya sido manipulada y, en la miserable sordidez de la propia ignorancia, esperen alguna migaja, algún botón del traje que viste el supuesto partido político que les arrastra.

Podemos intuir que la degeneración intelectual de buena parte de la clase política, y de los llamados emprendedores -los que, por ejemplo, emprendieron la destrucción de nuestras costas-, procede de esos conglomerados ideológicos en los que se mezclan, con la indecencia, alguno de los males a que se ha aludido. ¿Quién privatiza a los políticos? ¿Quién nos devolverá, en el futuro, la vida pública, los bienes públicos, que nos están robando?”

Ignacio Escolar decía el otro día, con gran criterio, en una entrevista para la radio del 15M (Agora Radio) que compartimos: “Cuidado, detrás del desprestigio de la política no viene su regeneración, sino el berlusconismo”. Lo tenemos ya instalado en España. Es una grave irresponsabilidad avalarlo con los votos. Están tensando la cuerda a extremos insostenibles. ¿O no? Es lo que queremos, eso es lo que decidimos en “la gran fiesta de la democracia”.

“Así habla un terrorista: Alessio Rastani, broquer”, Por BBC.

Guardado en: Historia y vida. — Septiembre 27, 2011 @ 1:45 pm

goldman-sachs-banknote.jpgPocas veces un agente de bolsa ofrece una entrevista como la que Alessio Rastani ha concedido a la cadena BBC. En su declaración, una oda al catastrofismo en toda regla, augura un final poco esperanzador para la Eurozona y dice que “en menos de 12 meses los ahorros de millones de personas se van a desvanecer.”

“El fondo de rescate no va a funcionar. Estoy bastante seguro de que el euro se va a estrellar porque los mercados se rigen ahora por el miedo”, dice Rastani, que asegura que “la crisis es un sueño hecho realidad para aquellos que quieren hacer dinero”.

Y es que el trader confiesa estar esperando un agravamiento de la situación porque piensa que eso le hará más rico. Y por ello, satisfecho con su propia predicción, dice que el fondo de rescate europeo está condenado al fracaso.

“No importa la cantidad de dinero que tenga el fondo, no va a funcionar, porque hablamos de un problema que no puede resolverse”, asegura

Los Gobiernos no sirven para nada
Los parlamentos de los países de la Eurozona están actualmente ratificando la reforma y debatiendo la ampliación de sus poderes, de manera que pueda actuar de forma preventiva, contribuir con préstamos a los gobiernos para recapitalizar bancos e intervenir en el mercado secundario de deuda, tal y como se acordó en la cumbre del pasado 21 de julio. Es más, la Comisión Europea también ha admitido hoy que está estudiando ampliar sus fondos.

Pero Rastani tilda de “ilusión” pensar que los distintos gobiernos podrán evitar una nueva recesión. A su jucio, “los líderes políticos no gobiernan el mundo. Goldman Sachs gobierna el mundo y no se preocupa por este paquete de rescate”.

Así, en un acto de sinceridad, el agente de bolsa reconoce que “realmente no importa si van a arreglar la economía, porque nuestro trabajo es hacer dinero con toda esta situación”. “He estado soñando con esto durante tres años. Tengo una confesión: me voy a la cama cada noche y sueño con otra recesión, sueño con un momento como este”, apunta.

“Cuando el mercado falla, si usted sabe qué hacer, si adopta el plan correcto, puede hacer mucho dinero con ello”. Y añade: “La depresión de 1930 no fue una caída del mercado, hubo algunas personas preparadas para hacer dinero a partir de ese accidente. Cualquiera puede hacer eso. Es una oportunidad”.

Traducción completa de la entrevista:

Bróker: … va a haber un crash económico, y va a ser muy duro, porque los mercados están dominados ahora mismo por el miedo. Los inversores, el “gran dinero”, el “dinero inteligente”, las instituciones, no se creen este plan de rescate. Saben que el mercado está muerto, saben que el mercado de valores está finiquitado, no les preocupa en absoluto el euro, están moviendo su dinero a otras posiciones más seguras como bonos del tesoro (americano), los bonos a 30 años y el dólar americano, esto no va a funcionar.

Periodista: Seguimos escuchando que todo lo que han propuesto los políticos hasta el momento ha sido bastante impreciso, es eso cierto? ¿Podría decirnos exactamente qué haría felices a los inversores? ¿Qué les haría sentirse más seguros?

Bróker: Esa es una pregunta difícil. Personalmente, creo que da lo mismo. Yo soy un operador financiero, a mí no me preocupa la crisis. Si veo una oportunidad para hacer dinero, voy a por ella. Así que, para la mayoría de los brókeres, no se trata de eso. Nosotros no nos preocupamos de cómo arreglar la economía, o de cómo vamos a arreglar esta situación. Nuestro trabajo es hacer dinero de esto y yo personalmente he estado soñando con este momento los últimos tres años. Tengo que confesarlo, yo me voy a la cama cada noche soñando con otra recesión, con otro momento como éste. Porque hay mucha gente que no lo recuerda, pero la depresión de los años 30 no fue solamente el crash de los mercados. Había gente preparada para hacer dinero con ese derrumbe. Y yo creo que eso lo puede hacer cualquiera, no solamente una élite. Cualquier persona puede hacer dinero en esto, es una oportunidad. Cuando el mercado se derrumba, cuando el euro y las grandes bolsas se derrumban, si sabes lo que hacer, si tienes el plan correcto puesto en marcha, puedes hacer un montón de dinero: por ejemplo, con una estrategia de hedge funds o invirtiendo en deuda soberana, ese tipo de cosas.

Periodista: Si puede ver a la gente que tengo aquí conmigo, verá que se han quedado con la boca abierta escuchando lo que dice. Le agradecemos su franqueza pero esto no nos ayuda a nosotros, tampoco ayuda al resto de la Eurozona.

Bróker: Escuche, a todos los que nos están escuchando. Esta crisis económica es como un cáncer. Si esperan y esperan sin hacer nada este cáncer va a seguir creciendo y será demasiado tarde. Lo que deberían hacer es prepararse. Éste no es el momento de confiar en que los gobiernos van a arreglar las cosas. Ellos no gobiernan el mundo. Goldman Sachs gobierna el mundo. Y a Goldman Sachs no le importa este paquete de medidas de rescate, y tampoco le importa a los grandes fondos de inversión. Mire, yo quiero ayudar a la gente, la gente puede ganar dinero con esto, no sólo los brókeres, lo que tienen que aprender es cómo hacer dinero en un mercado en descenso, lo primero que deberían hacer es proteger sus inversiones, proteger lo que tienen, porque mi predicción es que en menos de 12 meses, los ahorros de millones de personas van a desaparecer, y eso será sólo el principio. Así que mi consejo es “prepárense y actúen ahora”. El mayor riesgo que tienen ahora mismo es no actuar.

“Hambrunas en la era de las nuevas tecnologías”, por Pedro.

Guardado en: Historia y vida. — Septiembre 18, 2011 @ 1:17 pm

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La palabra hambruna sirvió durante siglos para designar periodos de tiempo en los que la concatenación de diversos elementos, malas cosechas, desastres naturales, guerras y epidemias, se cebaban en la población haciéndola disminuir drásticamente. Si un año con una pobre cosecha de cereales coincidía con un conflicto bélico, a las bajas causadas por el ardor guerrero obligado había que añadir las producidas por la escasez de alimentos, mano de obra y la violenta presión fiscal de nobles y eclesiásticos, de modo que al final, como a perro flaco todo son pulgas, las epidemias terminaban enquistándose en los más pobres, que eran casi todos. Una de las más famosas hambrunas de la historia acaeció a mitad del siglo XIV, cuando después de varios años climatológicamente adversos y belicosos, Europa perdió, gracias a la Peste Negra, más de un tercio de sus pobladores.

España ha sido un país tradicionalmente hambriento. Ni siquiera en los grandiosos tiempos del Imperio, cuando el oro y la plata entraban a borbotones por el Guadalquivir, los reinos de España se vieron libres de esa plaga endémica que dio lugar a uno de los géneros literarios más portentosos: La novela picaresca, fiel reflejo sociológico de cómo vivían los españoles cuando en las tierras de sus reyes no se ponía el sol. El hambre siguió acompañándonos hasta los últimos años del franquismo, pero en pleno siglo XX estuvo en el origen de la famosa “gripe española”, epidemia que acabo con la vida de millones de europeos, y fue protagonista de nuestras vidas durante las décadas posteriores al final de la guerra civil, dando lugar al enriquecimiento de los “estraperlistas” y a la mayor emigración –más de cuatro millones de personas- acaecida en nuestra historia.

Hoy en España no hay hambre, puede quedar algún pequeño reducto donde existan determinadas necesidades dietéticas, pero la inmensa mayoría de la población come y lo hace en exceso. Hemos pasado en muy poco tiempo de morir de hambre a morir por sobrealimentación. Lo mismo parecía suceder últimamente en distintos lugares del planeta –África aparte, es un continente agónico- como el sureste asiático o Latinoamérica al calor de un ciclo económico expansivo de larga duración, pero con los pies de barro: En muchos de esos países, la renta per capita subió durante los últimos lustros, pero también las desigualdades sociales al no acometerse las reformas necesarias para una mejor redistribución de la riqueza, de modo que lo que en Europa pudiera ser un resfriado más o menos prolongado, allí puede convertirse en una pulmonía de difícil y duro tratamiento.

De todos los países del mundo, siempre hubo uno al que desee viajar por encima de todos los demás: México. Una mezcla de cariño ancestral, de atracción fatal y de ensoñaciones al calor de las canciones de José Alfredo Jiménez y las novelas de Juan Rulfo y Malcolm Lowry convirtieron ese deseo en una obsesión. Hace unos meses pude hacerlo realidad y encontré una nación mucho más bella de lo que había imaginado, salvajemente bella, humanamente bella, vitalmente bella. México D. F. es la ciudad más grande del mundo, casi treinta millones de personas se acumulan en barriadas que se pierden en el horizonte, como el mar. Si espectacular es su centro histórico –pese a los disparates cometidos por nuestros antepasados, podemos sentirnos orgullosos del modelo de ciudad que crearon en aquellas tierras-, no lo son menos, por motivos bien diferentes, los barrios que lo rodean por los cuatro puntos cardinales.

Cada día miles y miles de personas bajan de las chabolas de la inmensa periferia de hojalata para montar los tenderetes donde fabrican y venden tortillas de maíz, el principal componente de la dieta de de los mexicanos. Sin embargo, hace un par de años, por primera vez en la historia, hubo una huelga de tortilleras y las calles de México se quedaron sin su maná particular: Las grandes compañías agrícolas norteamericanas y mexicanas habían decidido vender el cereal a las plantas donde se fabrican biocombustibles provocando que su precio se duplicara y que el espectro del hambre recorriera el país de punta a punta. Desde entonces, el precio de los cereales no ha dejado de subir en todo el mundo, pero no sólo por culpa de los llamados biocombustibles sino porque con el encarecimiento ha aparecido un fenómeno que parecía ya olvidado: El acaparamiento especulativo de alimentos, contra el que aparentemente luchan los gobiernos sin demasiado éxito dado el poder de las multinacionales del sector y la corrupción.

Según Ben Wikler, Director de Awaaz, casi mil millones de personas pasan hambre en el mundo y un porcentaje superior está al borde de la desnutrición. Para llenar el depósito de un automóvil con biocombustibles cereales se necesita lo que un niño come durante un año, las reservas mundiales de cereales están al nivel más bajo de los últimos treinta años con una población mucho mayor y las selvas del planeta están siendo desforestadas para producir combustibles. El Secretario General de la ONU y diversas organizaciones no gubernamentales han advertido de que este año pueden morir cien millones más de personas que el año anterior, de que podemos estar, a causa de la codicia de los que más tienen, en vísperas de una catástrofe humanitaria sin precedentes. ¿De verdad que un sistema económico que prefiere dar de comer a un automóvil antes que a una persona es el único posible? Aunque sea clamar en el desierto, creo que ha llegado el momento de dejar de ser cómplices de tanta atrocidad: Es inconcebible que en el mundo de las nuevas tecnologías se vuelva a hablar de hambrunas; es indignante que gracias a la crisis que montaron unos canallas se estén dando cantidades inmensas de dinero a bancos y especuladores mientras una parte del mundo ni siquiera puede beber agua; es terrible que ya sepamos el número de niños y mayores que van a morir en el cuerno de África mientras en Europa y Estados Unidos se siguen destruyendo millones de toneladas de alimentos por falta de precio; es una salvajada que compañías como Monsanto, la creadora del “agente naranja” causante de la muerte de un millón de vietnamitas, estén intentando gracias a los transgénicos monopolizar el mercado de las semillas, los herbicidas y los abonos, abocando a los países más pobres al hambre perpetua.

Es obvio que este mundo parece diseñado por lo peor de cada casa. Ni en las novelas más catastrofistas se describe algo remotamente parecido a lo que está sucediendo ahora mismo en Somalia, Etiopía, Sudán y otros países del mundo. Esto no funciona y es menester cambiarlo para que la economía esté al servicio del hombre y no al revés. Los responsables de esta situación tienen nombre y apellido, no pueden seguir en libertad.

“Viejo mundo”, por Pedro.

Guardado en: Historia y vida. — Septiembre 5, 2011 @ 2:07 pm

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Hace más de siete siglos Omar Kayan escribía un maravilloso poema con ese título, poema que muchos conocimos a través de la voz desgarrada y única de Camarón de la Isla. El astrónomo, matemático y poeta persa no se refería a una parte u otra del planeta sino todo él en general, a todos nosotros. Después de la salida del negro túnel que en muchos aspectos supuso la Edad Media para el llamado “viejo continente”, la Europa cristiana –gracias, en buena medida, al legado Andalusí- se dio cuenta de lo que otras civilizaciones mucho más antiguas conocían y ella había ignorado soberbiamente: Detrás de las Azores no había ningún precipicio con dragones y fuegos incandescentes, sino un continente al que pusieron América y conocieron por el Nuevo Mundo. A pesar del avance, el eurocentrismo, continuó en el error pues para aztecas, quechuas, mayas e incas aquella tierra de nueva tenía poco.

Al llamado viejo mundo, a la vieja Europa, le salió un hijo impulsivo y emprendedor, un hijo que con el tiempo se hizo mayor sin haber crecido, un hijo que llegó a mandar sobre sus padres orgulloso de “las oportunidades que daba a todos aquellos que querían tomarlas”. Sin embargo, el error continuó, continúa. El Viejo Mundo y el Nuevo son denominaciones equivocadas, engañosas, mal intencionadas: El Viejo Mundo es Asia, es África, China, India, Irán, Irak,Túnez, Libia, Palestina, Egipto, esa es la geografía de las primeras civilizaciones: Mientras el europeo de hace seis mil años andaba a pedradas, egipicios, mesopotámicos, chinos e hindúes escribían tratados de astronomía, construían ciudades fastuosas, tenían alcantarillado y agua en sus casas. Ese mundo antiguo es, también, el mundo del petróleo, porque allí apareció la vida, mucha vida y allí desapareció convirtiéndose en el precioso combustible fósil del que llevamos viviendo más de sesenta años. En los desiertos de África y Asia, otrora pletóricos de flora y fauna, se esconden las últimas bolsas del preciado aceite de piedra, que además de servir para mover nuestras máquinas, ha contribuido al enriquecimiento de unos cuantas multinacionales, de unos pocos jeques, para mantener un modelo de crecimiento económico consumista, destructor y depredador.

Recuerdo las lecciones magistrales de un magnífico profesor de Geografía en el Instituto, un profesor de esos que no se olvidan. Allá por el año setenta y tantos nos decía que las predicciones más optimistas de los especialistas ponían el año 2040 como tope a la era del petróleo. No debía andar muy errado. Hoy sabemos que el petróleo de Texas está llegando a su fin, conocemos las dificultades de extracción de las bolsas que subyacen bajo los hielos de Alaska, la sobreexplotacion de los pozos rusos y las dificultades que los países árabes tienen para aumentar su producción. El Tío Sam, acompañado por sus lacayos, emprendió la tarea de reorganizar el verdadero Viejo Mundo con el único fin de dominar las penúltimas reservas petrolíferas que quedan en el planeta. Como comprobamos cada día la operación no ha podido ser más catastrófica desde el punto de vista que se mire: Miles de muertos inocentes, refortalecimiento del integrismo islámico, sabotajes, destrucción y, como colofón, subida del petróleo por encima de los cien dólares. Indudablemente todo un éxito de estrategia. Ahora, ajenos a cualquier mínima autocrítica, a cualquier tipo de rectificación culpan a China del asunto porque a ellos también les ha dado por consumir combustible fósil. No se puede ser más cíinico. Pese a lo que los medios oficiales digan desde hace meses, años, décadas, no ha habido primavera árabe, en ningún país, ni en Túnez, ni en Egipto, ni en Libia, mucho menos en Marruecos, el jardinero siempre fiel. Ni Europa, ni Estados Unidos ni la OTAN han intervenido jamás en país alguno en defensa de la libertad sino todo todo lo contrario, para establecer gobiernos sumisos que les permitan seguir llevándose las riquezas indígenas. Todas estas matanzas han seguido las normas tradicionales del colonialismo, cambiarlo todo para que nada cambie y poder seguir jugando al negocio sobre montones de cadáveres. Increíblemente, cuando el integrismo islámico -igual que el católico- está más en auge, las potencias occidentales decidieron atacar a los países que desde Naser se rebelaron contra la explotación Occidental y contra su religión. Mohamed V, sin embargo, puede seguir acaparando más del cincuenta por ciento de la riqueza de su país, para eso es un estupendo amigo y un representante de Dios.

Empero, las cosas pueden ser de otra manera. Es indudable que la guerra de Irak tuvo una enorme repercusión sobre los precios del crudo, también sobre la rabia de los habitantes del verdadero Viejo Mundo, pisoteados y esquilmados durante décadas de colonialismo explotador e irrespetuoso. Aunque tampoco debemos olvidar que desde hace años son muchos los científicos y escritores que vienen advirtiendo de que no se puede seguir con un modelo económico basado en el crecimiento por el crecimiento, o sea en la depredación; también han sido muchos quienes han venido alertando sobre la necesidad de buscar energías alternativas, de invertir en ellas. Son muchas las investigaciones que en ese camino han quedado relegadas ante el impresionante negocio del petróleo de los pobres. Ahora parece “que hay señales que avisan –como decía una vieja canción de Pablo Guerrero- de que la siesta se acaba”, señales que obligan a quienes nos dirigen a replantearse el modelo económico actual y las fuentes energéticas que lo mueven, pues de no ser así, pronto volveremos a tener que echar mano a las velas, de cera y de trapo. Todo ello después de haber acabado con la vida y el futuro de millones de inocentes de todo el mundo.

“Ratzinger, el subdesarrollador”, por Hispalis

Guardado en: Historia y vida. — Agosto 18, 2011 @ 5:29 pm

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Quien haya tenido la enorme fortuna de haber accedido a la monumental antología de artículos, recogidos en el colosal libro “Articulario”, que el añorado escritor uruguayo Mario Benedetti, en su encomiable cruzada de inmenso intelectual, publicó a horcajadas durante los primeros años 90 en el propalado diario liberal “El país”, quedará de inmediato sobrecogido al corroborar cómo 20 años después, prácticamente todo lo por él allí controvertido, relucía aún vigente, pulido y actual, revelándose especialmente como peculiar nota destacada su manifiesta desavenencia con las discutidas tesis monótonas, sostenidas por el por entonces pujante cardenal bávaro José Ratzinger, hoy en día ya derivado en papa, Benito XVI.

No sólo quedaba ahí la profunda disensión con la encallada rama religiosa más musculada y antediluviana de Occidente, sino incluso en alguna apoteósica entrevista racaneadas siempre por televisión, manifestaba impulsivamente su más enconado repudio a las entrometidas acciones de cualquier impetuoso país en los bienhechores procesos de regeneración de unas purgadas naciones iberoamericanas que padecieron aquellos terribles años 80 como nadie, y a los que el íntegro escriba montevideano no le temblaba el pulso de calificarles con el certero adjetivo tremebundo de “sub-desarrollador”.

Hoy, Jueves, 18 de agosto del año 2011, según el imperante calendario romano, en plena tonificante modorra de una cachazuda canícula estival, contemplando cómo Occidente aún trata de espulgarse una morrocotuda crisis económica que es sino la perturbadora resaca de un formidable timo a lo kafre, no deja de alarmar el aparatoso visiteo circense, ya tan cotidiano e insistente, del tenaz pontífice Raztinger por la cordial nación ibérica, donde la última vez hace apenas algo más de 1 año, no dudó en mandar anacrónicamente a la mayor parte de las estresadas féminas españolas al sacrosanto infernillo del herrumbroso fogón, con la silente connivencia tan esclarecedora de las siempre pejigueras e inoportunas feministas del lugar.

Pero además de lo sospechosamente ahincada de esta celestial arribada tan indispensable e iluminadora, lo que bien parece tanto irritar al cuerdo movimiento laicista es la deliberada improcedencia de su fantástico descendimiento coincidiendo con el duradero cénit orgiástico del probo Movimiento 15-M, tal como si todas las destartaladas órbitas de los planetas del periférico sistema solar se hubieran alineado conjuntamente para no dejar otra que la de hacer solapar en pleno centro de la acogotada capital madrileña el confabulado apiñamiento de una timorata cuadrilla tercermundista de recatada prédica momificada con la más meritoria y purificadora gema generacional que ya sin duda no le quedará otra que la de cimentar al fin un regenerador futuro ilusionante para una inapropiadamente noqueada España actual.

Parece, pues, con resultar únicamente algo perspicaz, europeo y urbano, que la única intención del benéfico estamento eclesiástico no haya sido otra que la de sabotear desde el mismo icónico paisaje de Sol aquel sumo pronunciamiento irreprochable de la juventud más sana, lúcida e instruida en la Hª de España, tratando así sin más de reventarlo, sin reparar en que, realizando justas equiparaciones con lo acontecido en los venideros alzamientos apocalípticos de Londres, resulta imposible no definirlo ya como señero y ejemplar.

Secundado por una estomagante tribu sabihonda de lelos pollos barbilampiños, que no dudan, aleccionados, en gorgoritear un descabellado sermón irracional que de tan cínico como mentecato no dejaría otra que la de pasmar hasta en los mismos años 60 franquistas, su fingida exaltación devota sin duda les delata pues ya hay que andar majareta para fliparla ascéticamente con la aritmética frialdad del actual gestor vaticano que, aun estando reconocido como calculador estadista, le resulta imposible disfrazar el provechoso meollo de todo el sacro chiringo: no permitir que desde la promotora res-pública se desvíen demasiados recursos para instaurar una extendida cobertura social que eleve de sopetón a España, sin duda el aguerrido espigón secular de la Cristiandad, a la impía condición de un país ya moderno, equitativo y racional, impropia función denominada falsamente caritativa que corresponde a la esencial cosa-pública desempeñarla y que ellos hasta este momento han ido okupándola tan garbanceramente.

La afrentosa visita del papa a España, justo en unos muy delicados momentos en los que, tras la soporífera nadería renegada actual, se juega sin duda el devenir del país y donde, dada la proximidad de unos acuciantes comicios, con su sola presencia anda ya de facto tomando soterrado partido, se descubre como una escrupulosa metáfora de lo que ha venido significando la deprimente e implacable Globalización: rasurar en derechos adquiridos y bienestar por lo bajo a través de la atestada introducción de desamparados del tercer-mundo para entumecer un pedestre “welfare” ya conquistado y así imperturbablemente desbaratarlo.

La inapropiada llamada del papa Ratzinguer a semejante juventud sólo cabe equipararla con un irreligioso certamen de exhibir muskulito a base de atiborrar una atónita capital con majaderas hordas de obsoletos y castos zangolotinos, y al que sólo puede propinársele el apocalíptico calificativo de sub-desarrollador.

Con este ladino y sutil boicot clerical, los “jóvenes indignados” que, dada su obstinación, mocedad y clarividencia sólo pudieron generar entre la atónita población adhesión y simpatía, son ya majestuosos herederos de la trascendente juventud visionaria que desde hace 2 siglos han ido tratando de implementar un urgente proceso de modernización y equidad en su país, contemplando afligidamente cómo desde el exterior han tratado siempre de torpedearlo, soportando además el gaznápiro sambenito de mataos y proscritos.

Sólo les resta ya, como a aquellos renovadores progresistas análogos del pasado, resistir y apostar por su país con la cabeza e ilusión siempre bien alta. Frente a esta insólita injerencia externa no queda otra.

“Opiniao”, por Zé Ketti (1970).

Guardado en: Historia y vida. — Agosto 9, 2011 @ 10:24 am

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OPINIAO por ZÉ KETTI (1970)

Podem me prender, podem me bater
Podem até deixar-me sem comer
Que eu não mudo de opinião
Daqui do morro, eu não saio

Se não tem água, eu furo um poço
Se não tem carne, eu compro um osso
E ponho na sopa, e deixa andar

Fale de mim quem quiser falar
Aqui eu não pago aluguel
Se eu morrer amanhã, seu doutor
Estou pertinho do céu

http://www.youtube.com/watch?v=WEHN2-EhxAs

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Guardado en: Historia y vida. — Agosto 9, 2011 @ 10:19 am

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“La prima de riesgo o el capitalismo al desnudo”, por Pedro.

Guardado en: Historia y vida. — Agosto 1, 2011 @ 11:23 am

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Levantarse cada mañana atemorizado por cómo se va a despertar la prima de riesgo de la deuda española, se ha convertido en una verdadera pesadilla. No digo que no me importe ese concepto con el que machaconamente nos agreden todos los días, pero sí que quienes lo inventaron y lo difunden, como quienes se autoatribuyen el don de calificar las economías de los Estados para favorecer la especulación, son unos verdaderos palizas, además de mala gente, y a la mala gente, como a la mala yerba, hay que arrancarla de raíz, apartándola del resto de los mortales que cumplen cada día con sus obligaciones, honradamente. Como bien nos enseña cada día Vicenç Navarro, el Estado español no tiene ningún problema con su deuda, que es menor que la media de la Unión Europea, pero alguien, desde fuera y desde dentro, se ha empeñado en que paguemos por ella mucho más del precio al que el Banco Central Europeo vende el dinero, un Banco Central en el que mandan Francia y Alemania para su particular provecho. Se trata sin duda, de una apuesta disparatada de los altos poderes de la Unión Europea, una unión que no es tal sino una jaula de grillos dónde esas dos grandes potencias, más el Reino Unido, que nada pinta en el euro ni se implica en cosa que no le favorezca, han decidido, con sus bancos intervenidos todavía, que sean los países periféricos a los que tan alegre como frívolamente prestaron dinero cuando esto era la gran Babilonia, quienes paguen el agujero de sus entidades financieras y así crear una Europa de dos velocidades, la de los arruinados por la banca arruinada e intervenida, la de los que saldrán de la crisis momentáneamente gracias a la ruina de los demás, que en el futuro, de seguir así las cosas, no podrán comprar productos alemanes, franceses y puede que ni chinos. Así de listos son.
El Estado español en su conjunto puede hacer frente al pago de la deuda pública siempre que se le pida por ella un interés racional, lo que de ninguna manera puede hacer es cargar con la deuda privada ni asumir los intereses que los especuladores y financieros nacionales e internacionales pongan según la decisión de quienes causaron esta terrible crisis. Es más, tiene que negarse a pagar esos intereses y denunciarlo en todos los foros mundiales, pase lo que pase, de ningún modo se puede seguir tapando agujeros financieros, agujeros de empresas esquizofrénicas ni de entidades que no quisieron guardar para los malos tiempos, cegadas como estaban con el brillo de dinero fácil que entraba y salía torrencialmente.
No hay que darle demasiadas vueltas, la crisis española tiene dos responsables, el gobierno Aznar, que promovió la gran burbuja inmobiliaria con su política económica y sus leyes ad hoc, y la banca, que vio en esa política y esas leyes la gran oportunidad de multiplicar sus beneficios por cien mil en un ataque de codicia estúpida que nos ha arrastrado a todos. Desde que la burbuja española estalló del brazo de la norteamericana -¿dónde estaban entonces esos tipos de las agencias de calificación que hoy con sus interesadas sentencias arruinan países y enriquecen a quienes ya no saben qué hacer con los montones de millones de dólares que amasan cada día?-, el gobierno ha dedicado enormes sumas de dinero en reflotar bancos y cajas gobernadas por irresponsables. Esa financiación, más la del incremento del subsidio de paro, más la bajada de ingresos fiscales debido a la disminución drástica del consumo interno y a la eliminación absurda de impuestos por parte de las comunidades autónomas, han creado un círculo vicioso que es necesario romper de inmediato. El Estado actuó bien cuando se decidió a garantizar hasta una cifra determinada los ahorros de los españoles, pero lo hizo mal al no crear una banca pública con todas las entidades expoliadas y parte de las saneadas, pues todas, absolutamente todas son responsables de este desaguisado y deben pagar por ello, tanto institucionalmente, como personal y penalmente sus gestores. No se hizo, pero todavía se puede hacer y si no se quiere, lo que es acuciante es obligar a la banca “saneada” a que deje de especular con la deuda del Estado y a que ponga toda la carne en el asador para que el crédito fluya y el consumo interno, principal dinamizador de nuestra economía, vuelva a crecer racionalmente para que se incrementen tanto las ventas de los pequeños comercios y fabricantes como los propios ingresos del Estado. Lo demás es tirar el dinero y el futuro.
Para que eso ocurra, es preciso que el Estado obligue a la Banca a abandonar el negocio inmobiliario, a poner a la venta, a precio de saldo si es menester, su gigantesco estock de viviendas, que es ahora mismo el que se traga el dinero que tendría que estar circulando entre los particulares. Independientemente de que uno esté contra el actual sistema económico, todo el mundo sabe que en el capitalismo es fundamental que el dinero fluya, corra de mano en mano a gran velocidad, no importa tanto el dinero que se tenga como que este no se apalanque. Hoy el dinero de este país está estancado y en vez de obligar a quienes lo mantienen en esa situación para salvar sus entidades privadas, que fueron las que causaron la crisis, se prefiere disminuir la inversión pública y emprender recortes de nuestro sistema de protección social que en modo alguno habríamos imaginado y que de ninguna manera podemos consentir. Si al estancamiento del dinero en manos de la banca y de los especuladores que atacan al Estado, es decir a todos nosotros, añadimos la política de recortes salvajes que se están comenzando a aplicar en determinados territorios, veremos que vamos a un callejón sin salida pues la gente normal terminará comprando sólo aquello que le sea estrictamente necesario para vivir, si es que le da para eso. Es preciso, urgente, apremiante que el Estado intervenga para obligar a que el dinero vaya a dónde tiene que ir, a facilitar la vida a las personas, a movilizar la economía, a hacer crecer a los sectores productivos, en definitiva a crear empleo. Si para ello es preciso nacionalizar la banca, se nacionaliza, si para eso es necesario que desaparezca la banca, que desaparezca, lo que no se puede es seguir sacrificando vidas en el sagrado altar de los mercados con intención de calmarlos, porque los mercados, que no son tales sino las clases más pudientes como bien dijo Vicenç Navarro, son insaciables y cada día pedirán más sacrificios.
Nadie piense que esas ineludibles decisiones –ahora que ya sabemos cuándo serán las elecciones generales- las va a tomar un gobierno presidido por un hombre como Mariano Rajoy, un hombre del que apenas sabemos su nombre, su apellido, su pésima gestión como ministro de Aznar y sus claras intenciones privatizadoras: “Tendremos el sistema de protección social que podamos pagar”, dijo no hace mucho, cuando lo que de verdad quería decir, era que cada cual tendría la seguridad social que pudiera pagarse de su bolsillo porque la que hay ahora, pública e igual para todos, tiene los días contados. La amenaza es muy seria como para tomársela a la ligera, la victoria del Partido Popular en las próximas elecciones supondrá la liquidación de buena parte de lo mejor del Estado que hemos construido entre todos, la privatización salvaje de los servicios públicos esenciales y de los que no lo son, convirtiendo los inalienables derechos a la salud, a la jubilación, al descanso, a la educación, a la asistencia de impedidos en un gigantesco negocio que se entregará como botín a aquellos mismos que trajeron esta maldita crisis y siguen en libertad sin que fiscal ni juez alguno haga con ellos lo que hay que hacer.

http://www.youtube.com/watch?v=2gx5PPcbop4

Pedro L. Angosto.

“Noruega, la semilla estaba sembrada”, por Pedro.

Guardado en: Historia y vida. — Julio 26, 2011 @ 9:56 am

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Es difícil salir de la perplejidad, de la rabia, de la impotencia, del dolor que emana de las fotografías que muestran los cuerpos de decenas de niños reventados cuando ejercían su derecho a la felicidad; de la tristeza terrible de sus seres queridos huérfanos de vida, de aliento para seguir adelante en el que fue uno de los lugares más civilizados del planeta. Un hombre, un solo hombre según dice la policía de ese pacífico país estuvo disparando durante hora y media, matando a placer, sin prisa, sin apreturas, creyendo que estaba cumpliendo con el sagrado deber de limpiar su patria de criaturas que en el futuro pudieran procrear con árabes o negros, de niños que quizá mañana pudieran pensar que sería menester cambiar el mundo para hacerlo más justo, de personas que estaban siendo educadas en algo parecido a la igualdad y el progreso social. Para ese pistolero, mostrado por los medios convencionales como un sicópata solitario, aquellos niños borrados con balas racimo, no eran seres humanos, eran la viva imagen de un futuro viciado y podrido, de un mundo que agoniza no por lo que agoniza de verdad, sino por lo contrario.

Durante muchos años, dentro de lo poco que se hablaba en la España miserable del franquismo, nos hablaron los maestros de los países nórdicos, de vez en cuando. Decían que eran los países más desarrollados del mundo, pero que la gente vivía muy mal porque el Estado lo controlaba todo, de ahí la querencia de sus habitantes hacia el alcohol y el suicidio. Siempre que se habla de Suecia, Dinamarca, Finlandia o Noruega, se nos decía lo mismo, consecuencias funestas del materialismo ateo. Con el paso de los años, un número cada vez más elevado de personas creyeron aquellas mentiras, incluso el genial Ingmar Bergman, en los años ochenta, abandonó Suecia alegando la enorme carga impositiva que soportaba en su país. A los pocos años, tras ver otros mundos, regresó para siempre. Sí, los países nórdicos tienen todavía unos impuestos directos altos que les permiten gozar de los mejores sistemas de protección social del mundo. Son pocos, pero lograron lo que no se logró en ninguna otra parte del planeta.

Coincidiendo con la llegada de Tacher y Reagan al poder, el fascismo –ya está bien de llamar ultraderecha y otras cosas a lo que es fascismo puro y duro-, las naciones anglosajonas comenzaron a poner en práctica una doble ofensiva. Por un lado, trataron, y lo consiguieron, de ahogar a la URSS hasta hacerla desaparecer al someterla a una carrera armamentística que no pudo seguir por el anquilosamiento y la burocratización del régimen; por otro, una vez conseguida la extinción del coco soviético, se trataba de poner en tela de juicio en todo el mundo el papel del Estado en la economía y en la vida de los ciudadanos, había que acabar poco a poco con el Estado socialdemócrata, un Estado que quitaba al negocio billones de pesetas. Bergman, influido por Kierkegaard y Sartre, hablaba en sus escritos y en sus películas de la existencia de algo terrible dentro del alma humana, de una violencia que no respondía a códigos ni a reglas de ningún tipo, sino a algo atávico e irracional que late en nuestro subsconsciente y a menudo sale a la luz causando estragos. Para él, la única forma de combatir ese mal, era el amor, el amor en todas sus vertientes, desterrando para siempre cualquier cortapisa religiosa. Tacher y Reagan llevaban ese “algo terrible” dentro y pusieron las bases de un mundo a peor en el que el valor de las personas, sus premios y castigos, se mediría únicamente por sus éxitos económicos, arrojando a los infiernos a los carentes de ambición, a los defectuosos o a quienes se conforman, simplemente, con tener para vivir. Nos globalizaron, imponiendo todo lo malo a los más y dejando las frutas del paraíso para los menos. El virus que vino de América del Norte, atravesó Europa, el Estado era culpable de todo, el Estado era nuestro enemigo, nuestros amigos, los bancos y las grandes multinacionales que jugaban con la salud y la guerra y ambicionaban sustituir al Estado en todas sus funciones.

En España, no tenía que llegar nada, pues ya estaban aquí, nunca se fueron desde 1939, pero en Europa del huevo de la serpiente comenzaron a salir reptiles que a su vez pusieron nuevos huevos. Muchos intelectuales comunistas o declaradamente izquierdistas, fueron convirtiéndose al nuevo catecismo, renegaron de su pasado y de sus convicciones y se subieron a los púlpitos del nuevo liberalismo para predicar la buena nueva de las maldades del Estado intervencionista y las virtudes del Mercado, o sea del sometimiento de todos a la oligarquía del dinero. El caldo estaba preparado. Fue primero Le Pen, después el austriaco Jörg Haider, luego el holandés Pim Fortuyn, más tarde el hombre que quiere comprar la Cadena SER para hacerse con el monopolio de la información en España, Silvio Berlusconi, al poco los partidos fascistas de Bélgica, Polonia, Chequia y los países nórdicos, dónde cada año tienen más partidarios. Por increíble que parezca, todos esos partidos –con alguna excepción- han surgido en los países más ricos y desarrollados de Europa. Al principio muchos se tomaron ese nuevo escenario de ofensiva política y económica como una broma, como algo anecdótico. Decían, va, si sólo son xenófobos y racistas, quieren mantener la identidad de su país, y como cualquier persona decente, no desean que sus costumbres y sus tradiciones, se vean contaminadas por las de los salvajes que vienen del sur. Se comprendía, se comprende, hay que preservar la raza, el idioma, la cultura, la maldita religión. Un esquinjer le rompe la cabeza a dos chavales a la salida de un partido de fútbol, cosas de críos; queman a unos viejos en un cajero, cosas de la vida; piden la expulsión de los rumanos de tal país o región, natural; llaman ecuatoponis a nuestros hermanos de América, los esclavizan, que se hubiesen quedado en sus casas, lo mismo si mueren tres mil cruzando el Estrecho, que se jodan.

Mientras los partidos tradicionales de izquierda languidecen por sus contradicciones o giran a la derecha a la búsqueda de un electorado cada más envenenado por los medios de comunicación de masas que han creado a un tipo de individuo medroso, manipulable, insolidario, cazurro e irracional, que han llenado el viejo continente –como bien demuestra el caso Murdoch o el dominio de Berlusconi- de innumerables huevos de serpiente, la ultraderecha, con la ayuda del Dios de las religiones terrenales y de los poderes económicos, avanza como un virus letal que amenaza con regresar a Europa a periodos que creíamos superados para siempre. La mano blanda con el fascismo, las críticas brutales contra el Estado del bienestar, la educación utilitarista, el control de los medios por parte de gentuza, el menoscabo de derechos intocables y la falta de respuesta contundente de una sociedad abúlica, nos están llevando a un precipicio. Pondremos sólo unos ejemplos, en Finlandia, los fascistas tienen ya el 19% de los diputados, en Noruega el 20, en Austria el 18, en Holanda el 15, en Suiza el 29, en Serbia el 30, en Suecia el 6, en Dinamarca el 14 y en Francia alrededor del 12. Si a esto añadimos un porcentaje alto de los partidos conservadores tradicionales que coinciden en muchos de sus postulados con los partidos fascistas, el panorama que se nos presenta no puede ser más descorazonador.

Está visto que la experiencia histórica no sirve de mucho y que una vez desaparecidas las generaciones que sufrieron directamente las tragedias, las nuevas no hacen caso alguno de los errores del pasado. El rifle que mató este fin de semana a cerca de un centenar de niños noruegos, no lo cargó sólo Anders Behring Breivik, llevamos cargándolo desde los medios, desde los hogares, desde las escuelas, desde las fábricas, desde los Parlamentos desde que Tacher y Reagan llegaron al poder. Y, como hasta ahora, no es el miedo la respuesta, sino lo contrario, barrer de un plumazo para siempre a toda esa panda de canallas, de verdaderos “PIGS”, que se dedican a esparcir el odio desde las tribunas que les entregan los dueños de un mundo dirigido por hijosdeputa.
http://www.youtube.com/watch?v=NH1sWoKxD5Y

“Las causas políticas de la crisis”, por Vicenç Navarro (Público).

Guardado en: Historia y vida. — Julio 19, 2011 @ 9:05 am

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Detrás de la crisis de la deuda pública de los países periféricos de la eurozona (Grecia, Portugal, España e Irlanda) está un hecho político: todos estos países fueron gobernados por dictaduras y/o gobiernos autoritarios de ultra-derecha en la mayoría del periodo que va desde los años 40 hasta los 80 del siglo pasado. Ello determinó que, a pesar de los avances ocurridos desde entonces, tales países tengan hoy estados pobres, con escasos recursos (como lo atestigua que los ingresos al Estado como porcentaje de su PIB estén muy por debajo del promedio de la Europa de los 15). En 2009, tal porcentaje fue del 34% para España, del 34% para Irlanda, del 37% para Grecia y del 34% para Portugal, porcentajes más bajos que el promedio de la UE-15 –el 44%– y mucho más bajos que Suecia (el país donde las izquierdas gobernaron por más tiempo durante el periodo citado), con un 54%.
Pero, además de pobres, estos estados eran altamente represivos, con una escasa sensibilidad social y muy poco redistributivos. Son los países que tienen el mayor nº de policías por 10.000 habitantes de la UE-15 y el menor porcentaje de población adulta trabajando en su Estado del bienestar. En España, sólo 1 adulto de cada 10 trabaja en Sanidad, Educación, servicios de ayuda domiciliaria a las personas con dependencia, escuelas de infancia, servicios sociales y otros servicios públicos del escasamente financiado Estado del bienestar. En Suecia, 1 adulto de cada 4 trabaja en tales servicios. El gasto social público por habitante en España es el más bajo de la UE-15.
Es cierto que el enorme déficit de gasto público, incluido el social, que el Estado español heredó de la dictadura, se corrigió en parte durante los años 80 y principios de los 90 hasta que llegó 1993, fecha en la que se tomaron las medidas encaminadas a integrar España en la eurozona. Entre ellas, la más importante fue la de reducir el déficit público del Estado (entonces un 6% del PIB), lo cual se consiguió mediante la reducción del gasto público (incluyendo el social), tal como está ocurriendo ahora.
En España, las reducciones del défict del Estado siempre se han conseguido a base de disminuir el gasto público social en lugar de las subidas de impuestos. Y ello es consecuencia del enorme poder de lo que se llamaba antes burguesía, pequeña-burguesía y rentas superiores de la clase media alta (que domina la vida política y mediática del país). Su ideología, que se promueve en los medios de mayor difusión del país, es el Neo-liberalismo, que predica la bajada de impuestos y el aumento de la regresividad fiscal, así como la reducción del gasto público (incluido el social), como las medidas más eficaces para estimular el crecimiento económico. Estas políticas son responsables de la enorme polarización de las rentas con el consiguiente empobrecimiento y endeudamiento de las clases populares (las rentas del trabajo como porcentaje de las rentas nacionales han ido descendiendo) y una obscena concentración de las rentas y riqueza que se invirtió en los sectores que producían mayores beneficios, que eran las actividades altamente especulativas del sector inmobiliario, liderado por la Banca.
Esta situación fue incluso más acentuada con las bajadas de impuestos en los últimos 15 años que beneficiaron primordialmente a las rentas superiores, que depositaron sus nuevos ingresos en la Banca, la cual prestó al Estado el dinero que necesitaba para cubrir el déficit resultado de la bajada de impuestos. Un círculo virtuoso para los superricos y los ricos. Existe una alianza de las clases adineradas con la Banca, la cual se beneficia del endeudamiento del Estado. Esta alianza está detrás de la crisis de la deuda pública. Los ricos en España, Grecia, Portugal e Irlanda no pagan los impuestos que pagan sus homólogos en la mayoría del Centro y Norte de la Eurozona, forzando al Estado a endeudarse para el beneficio de la Banca, tanto nacional como extranjera. El predecible estallido de la burbuja inmobiliaria creó una crisis de enormes proporciones. La excesiva dependencia de los ingresos del Estado español de las rentas del trabajo y del consumo, en lugar de las rentas del capital, explica que el déficit público del Estado se disparara, pasando de superávit a un 11% del PIB de déficit en tres años. Y, una vez más, la crisis y el déficit público se atribuyó (erróneamente) al excesivo gasto público (incluyendo el social), con los consecuentes recortes. Con ello se ha ido empeorando la situación económica, pues el estancamiento económico se debe a la escasa demanda, resultado del endeudamiento y la baja capacidad adquisitiva y no al excesivo gasto público. Con estas políticas de recortes, España está yendo hacia Grecia.
Lo que se requiere es una reforma fiscal que aumente los ingresos al Estado para crear empleo, puesto que el mayor problema que tiene España no es el déficit público, sino el elevado desempleo y el escaso crecimiento económico, consecuencia de la escasa demanda. Y el país tiene los recursos para ello. Lo que pasa es que el Estado no los recoge. Así, el PIB per cápita de España es ya el 94% del promedio de la UE-15. En cambio, su gasto público social es sólo el 74% del promedio de la UE-15. Si fuera el 94%, el Estado tendría 66.000 millones de euros más para cubrir el déficit del Estado y el enorme déficit de gasto y empleo público social de España. Lo que ocurre es que el Estado en España (y en Grecia, Portugal e Irlanda) está excesivamente influenciado por la banca, la gran patronal y las rentas superiores, los mayores responsables, por cierto, del fraude fiscal, que en España alcanza la cifra de 88.000 millones de euros. El hecho de que el Estado prefiera recortar el Estado del bienestar en lugar de hacer la reforma fiscal que el país necesita se debe a lo que se llamaba antes “poder de clase” y ahora se llama (erróneamente) “poder de los mercados”.

“¡Rompemos la baraja: La sanidad pública es intocable!”, por Pedro.

Guardado en: Historia y vida. — Julio 5, 2011 @ 9:29 am

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Es igual que sean nacionalistas franquistas como los que han ganado las últimas elecciones, igual que sean tecnócratas de última hornada, ejecutivos agresivos, demócratas de Cortefiel, nacionalistas catalanes o vascos, independentistas canarios, socialdemócratas vergonzantes, comunistas arrepentidos, enemigos de la tauromaquia o encarnizados forofos de la misma, partidarios del furbó tiquitaca o del catenaccio, indiferente si gustan del all-i-pebre o de la corvina a la roteña, si prefieren el mar o la montaña o si les apetece más por delante que por detrás: La Sanidad Pública es intocable.

España tiene uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, probablemente el mejor, por mucho que nos quejemos y por mucho que sea susceptible de mejoras, pero es un sistema que corre el riesgo de desaparecer ante la voracidad de los mercaderes que ven en la salud un negocio seguro porque conforme envejezca la población habrá más enfermos y es el Estado, o sea todos nosotros, quien pone los dineros, vamos que no hay riesgo ninguno, sólo beneficios crecientes a costa de unas prestaciones decrecientes derivadas del aumento de “clientes” y de la disminución de costes de personal, de farmacia y de otras partidas: Para ellos, lo importante no es la salud, sino el lucro. Desde que el Partido Popular se hizo con la Comunidad valenciana, los intentos de privatización de la sanidad han ido en aumento aunque nunca han sido globales ni frontales, sino progresivos y poco aireados. Las cosas han cambiado y ahora nos encontramos con que casi todas las Comunidades Autónomas cuentan con Ejecutivos derechistas y muy probablemente también sea de esa calaña el próximo gobierno del Estado si dios no lo remedia, y me parece que dios no lo va a remediar porque, al igual que quienes nos mandan, estudió en la Escuela de Viena, cursó máster en la de Chicago y es profesor emérito del Instituto Católico de Administración y Dirección de Empresas (ICADE).

Tal como escribieron en la revista El Médico los doctores Miguel Morera y Vicente Bogarra, en abril de 2003 tuvo lugar en el Área de Salud nº 10 de la Comunidad Valenciana (comarca de Alcira) un importante hecho: La gestión de la Atención Primaria pasó a manos privadas, como ya había ocurrido 4 años antes con la Atención Especializada, al inaugurarse el nuevo hospital. Así, la iniciativa privada asumió, tanto cualitativa como cuantitativamente, un protagonismo sin precedentes en la sanidad española: Toda un área de salud con su hospital, más de 250.000 personas atendidas y una concesión administrativa a 15 años a una Unión Temporal de Empresas (UTE) con ánimo de lucro formada por las siguientes mercantiles: Adeslas, con un 51% de la contrata, Caja de Ahorros del Mediterráneo y Bancaja, con un 45%, Dragados y Construcciones, con un 2% y Lubasa, con otro 2%. Se iniciaba un proceso que después se extendería a los hospitales de Benidorm, Torrevieja, Elche y Denia dentro de la Comunidad valenciana, que imitaría la de Madrid con los nuevos hospitales (o grandes ambulatorios) construidos durante los últimos años de Esperanza Aguirre y que puede alcanzar su cénit en Cataluña tras el regreso al poder de la derecha cerril nacionalista, que a través de su Ley Onmibus plantea cosas tan escandalosas como alquilar los quirófanos públicos a empresas privadas, la privatización de todo el servicio de radiología, el cierre de plantas enteras de hospitales, el despido de cientos de trabajadores públicos para ser sustituidos por otros con menos derechos y, sobre todo, una monstruosidad: Que aquel que tenga dinero y quiera pagar, pueda saltarse las listas de espera y ser atendido en el acto. Estamos, pues, ante un ataque sin precedentes a la Sanidad Pública, un ataque al que debemos contestar contundentemente sin parar en medios ni instrumentos, porque cuando el poder actúa para servir a intereses particulares en menoscabos de los públicos, es un poder prostituido y bastardo y de poco sirven los avales electorales que puedan esgrimir: El Consell de la Generalitat que preside Artur Mas, nombró como Consejero de Salud a Boi Ruiz i García, Presidente hasta 2010 de la Unión Catalana de Hospitales, asociación de empresarios de la sanidad, y representante de Foment del Treball Nacional, patronal catalana, en la Consellería de Salut. Boi Ruiz es un médico neocon al que gusta mucho la cosa empresarial y ahora cree llegado el momento de poner en práctica su proyecto privatizador pretextando la crisis, la deuda de la sanidad pública y de la Generalitat en general, y que la gestión privada es mucho más eficiente que la pública, afirmación que queda desmentida por los niveles asistenciales de nuestra sanidad pública, por nuestra esperanza de vida –una de las más altas del mundo- o por tener en todo el Estado el mejor sistema de trasplantes del planeta, hecho que debería hacernos sentir extremadamente orgullosos, no sólo por su magnífico funcionamiento sino porque denota una enorme generosidad en las personas que han perdido un ser querido. Empero, no sólo quieren privatizar de esta forma tan escandalosa la sanidad pública, desde instancias oficiales se está invitando a la población a que se haga un seguro privado dando a entender que esa es la única fórmula válida para tener una buena asistencia sanitaria en el futuro: Vamos, el modelo norteamericano, el rico va al médico y el que no lo es, se jode y se muere.

Es terrible, pero estos tipos siempre van a lo mismo, hay una crisis, ven una partida presupuestaria y se les hace la boca golosina. Se ciegan, entran en éxtasis y no paran hasta conseguir hacerse con ella. Hace unos años esto era impensable, pero ahora todo es posible: Teníamos –perdón por el símil- el fútbol gratis, ahora nos ofrecen que no paguemos por verlo durante los 6 primeros meses, después a tanto el partido televisado. Lo mismo quieren hacer con la Sanidad, se han atrevido, sin el menor sonrojo a decir que quieren la caja de la seguridad social, que ese negocio no se les escapa, que es suyo, que ahí, y no en la creación de patentes o industrias competitivas de verdad, está el negocio de las próximas décadas, un negocio fácil en el que los beneficios pueden ascender a billones de pesetas en detrimento del principal pilar del Estado del bienestar, es decir, de nuestra salud. Son –disculpen esos hermosos animales- como los buitres, las hienas, los chacales. No ven oposición, saben que la cárcel aquí está sólo para los de abajo, que nada les amenaza y han sacado pistolas y navajas para el gran festín.

A ninguno de ellos, empresarios y gobiernos diversos, se les ocurre plantear por qué no cobrar una parte de los medicamentos a quienes tienen pensiones o rentas superiores a los 1500 euros, a quienes tienen planes de pensiones privados; tampoco se les pasa por la cabeza -¿no?- que la intermediación supone un incremento de costes pues nadie gestiona ningún negocio por la cara, hay que maximizar beneficios a costa de lo que sea; ni imponer los precios a los laboratorios y negarse a seguir la dictadura por ellos impuesta a los sistemas públicos de salud, saltarse las patentes sobre medicamentos, mandar a hacer puñetas a la industria farmacéutica y a los médicos peseteros; poner un sueldo máximo en la Administración que en ningún caso pueda pasar de 5.000 euros al mes, que ya está bien y el que no esté contento que se vaya de una vez por todas; eliminar el Senado, institución pasiva que no tiene ni tendrá nunca el menor sentido; suprimir de un plumazo todas las televisiones públicas que tengan deudas, poner un canon del cincuenta por ciento de la publicidad de los programas basura de públicas y privadas; impedir bajo pena de presidio que ninguna administración, por la vía que fuere, destine un solo euro a los equipos de Fútbol; eliminar las ayudas a las confesiones religiosas y que cada creyente pague la suya de su bolsillo; acabar con las SICAV, suprimir las prebendas y privilegios de los políticos igualando su situación a la de cualquier trabajador sin menoscabo de lo que sea estrictamente necesario para el cumplimiento de sus obligaciones para con el pueblo, encarcelar a quienes tienen los cuartos en los paraísos fiscales, prohibir las prácticas especulativas, poner un impuesto especial a los sueldos y los beneficios de los banqueros, crear una banca pública justa, recuperar el impuesto de sucesiones y el del patrimonio. ¿Quién, de ese modo, hablaría de deuda? ¿Dónde faltarían recursos?

No, nene, eso no se toca, eso ya nos lo quitamos de encima, estamos en otra cosa, eso son antiguallas que no sirven para nada, piedras en el camino del libre mercado. Lo mismo haremos con el puto impuesto sobre la renta, ya tenéis el IVA, ese sí que es bueno, subidlo cuanto queráis que a nosotros nos la trae floja. No estás en lo que hay que estar, para crear riqueza es preciso que dejemos a las zorras que gobiernen y se queden con el corral, ya sabes, las gallinas no tienen fama de valientes ni se ayudan unas a otras. A ver si te enteras de una vez. Pues no, no me entero ni me quiero enterar. Es más, si me entero, si nos enteramos, habéis puesto el mundo patas arriba, habéis creado una tormenta cuya intensidad y prolongación desconocéis. No sólo queréis quedaros con el tesoro, luego pretendéis cortarnos la cabeza o hacernos que saltemos al mar lleno de tiburones. Vais listos, si tocáis la Sanidad Pública, si los proyectos del Sr. Artur Más, como antes los de Zaplana, Aguirre y Camps, salen adelante, habréis acabado con la paz, nadie estará seguro, las leyes dejarán de tener valor porque habréis violentado, a favor de unos pocos, la democracia para convertirla en una oligocracia. No os lo vamos a consentir, cueste lo que cueste. Puede que estemos aletargados, que muchos no quieran despertar, pero el estruendo que habéis armado es tan atronador que nadie volverá a dormir mientras no estéis todos sepultados. Vosotros sabéis quienes sois, nosotros también. Recordadlo, sois servidores del pueblo, no la casta de los brahmanes, nadie os obliga a estar en política y por tanto no podéis convertir la política en una pocilga: Contra el pueblo, nada es legítimo; por y para el pueblo todo lo es.

“No hay progreso sin proyecto”, por Ramón Folch (El Periódico)

Guardado en: Historia y vida. — Junio 30, 2011 @ 10:56 am

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La sostenibilidad y la justa redistribución de los valores añadidos son los retos del siglo XXI

La derecha es la opción de la especie humana por defecto. Nacemos de derechas. No hay más que ver a los niños. Son de lo más conservador. Y poco solidarios. Ninguna especie lo es. Las especies sociales lo parecen, pero no lo son. Sus individuos no se defienden entre sí, defienden a la colonia expresada en ellos mismos. O sea, que cada individuo, al defender a los demás de la colonia, de hecho se defiende a sí mismo.

La derecha es biológica, la izquierda es cultural. La izquierda es la contrariación cultural de la derecha espontánea que todos llevamos dentro. La derecha responde al instinto; la izquierda, a valores adquiridos. Se suele perder de vista. La escena política moderna presenta derechas e izquierdas como opciones antagónicas, pero simétricas. No es así, basta recordar la historia. Si lo parecen -y lo parecen mucho-, es porque denominamos derecha o izquierda a cosas que no son ni lo uno ni lo otro, al menos en su sentido original.

La izquierda proyecta y propicia futuro, la derecha administra presente. Por eso, la izquierda sin proyecto carece de sentido. Una izquierda sin proyecto que solo aspira a hacer argumentadamente lo mismo que la derecha hace instintivamente está abocada al fracaso, hoy lo vemos tanto Europa como en nuestro país. ¿Y cuál es ese proyecto, razón de ser de la izquierda? En el siglo XIX, fue la definición y defensa de los valores de la emergente cultura industrial. La recién nacida derecha burguesa calcaba las maneras de la aristocracia que ella misma había contribuido a derribar. La izquierda acabada de inventar propugnaba el progreso igualitario, novedad histórica. Su proyecto era construir la sociedad del bienestar. Lo logró. Aquel proyecto de aquella izquierda ya no es ningún proyecto. Es la realidad. Una realidad que la derecha administra como si nada.

Los herederos de aquella izquierda, que no se percatan de que ya no son la izquierda, insisten en resolver lo ya resuelto. En cambio, no parece que sepan ver dónde están los actuales retos pos-industriales. Me parece que el primero es reformular las reglas de la actividad económica, sometidas a un catecismo dogmático más que amortizado. Si no somos capaces de atribuir valor económico a los valores, los valores no valen aparentemente nada. No hablo de monetarizarlo todo, hablo de incluirlo todo en los balances. El resultado de no hacerlo es la economía financiera y la depredación especulativa que sufrimos. Piensen en ello.

Lo valioso ha de valer. Tímidamente, hemos empezado a reconocerlo en la atmósfera poniendo al dióxido de carbono un precio convencional (todos empiezan siéndolo). Un precio a no bien productivo que es el reflejo especular del sí bien llamado clima. El clima: un bien libre, según el pensamiento económico al uso. Libre y sin precio, como el agua, el suelo edáfico y tantos otros bienes sin los que la actividad económica no puede dar un paso. Por no hablar de la energía, presuntamente abundante y barata. No es abundante ni barata. O por no hablar de materiales con ciclos de vida inasumibles o de la erosión de la biodiversidad, llevada por encima de todo límite razonable. En la matriz mental de los pensadores de hace dos siglos, la minimización del valor de estos componentes fundamentales era una licencia comprensible, porque eran aparentemente abundantes y ubicuos. Ya no es así. Por eso ya no sirven los axiomas fundacionales del pensamiento industrial. Por eso hay que cambiar el proyecto.

Esa es la emergencia proyectable. También hay una resiliencia fustigable. No todo el bienestar generado por la sociedad industrial está equitativamente distribuido, ni todo es verdadero. La ingeniería financiera piramidal -una trampa contable y una estafa económica- ha creado mucha riqueza ilusoria que ha deslumbrado a demasiada gente, seducida por la forma fácil con que les colmaba de bienes y servicios. Ahora hay que pagar la fiesta deficitaria, costo que de momento recae sobre los menos favorecidos, porque son más y mandan poco. Hay mucha injusticia encriptada, injusticia local y más aún injusticia global, porque el sistema ha triunfado externalizando responsabilidades. La externalización en el espacio (clases marginadas, países terceros) es muy evidente; la externalización en el tiempo (conflictos ambientales exportados al futuro, como el agotamiento sin reposición de recursos fundamentales o el cambio climático) se percibe peor. O sea, que hay recorrido para el proyecto.

Desde luego. Más que nunca precisamos el proyecto de la izquierda. Es decir, el proyecto de progreso equitativo, que debe incluir la gestión de la transición (cómo pasar de donde estamos a donde proyectamos que queremos estar) y la generalización de la complicidad social (no del mero adoctrinamiento). El movimiento de los indignados (es la espontaneidad de las masas, aunque no esté de moda esa terminología…) lo pone de manifiesto. Y también evidencia un gran riesgo, porque no hay proyecto sin proyectistas. Los indignados, aunque no lo digan así, claman contra la ausencia de proyecto. Pero me temo que su clamor no tiene demiurgo. De momento.

“Una democracia secuestrada: Consideraciones acerca de la crisis”, por Pedro.

Guardado en: Historia y vida. — Junio 22, 2011 @ 7:48 am

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No nos iremos muy lejos en el tiempo para hablar de lo que ha pasado en este país en otros periodos en los que el pueblo se sintió decepcionado de la clase política y, contrariamente a sus deseos, tuvo que conformarse después con sanguinarios gobiernos militares o corruptos gobiernos oligárquicos. En 1812 –el año que viene se cumplirán dos siglos- España fue uno de los primeros países del mundo en aprobar una constitución liberal, una constitución que nació como respuesta a la invasión francesa pero que también fue hija de la revolución acaecida en ese país veinte años antes y del repudio al absolutismo borbónico. Aún así, aquella norma fundamental reconocía como rey a Fernando VII siempre que mostrase públicamente su acatamiento. Al no haber llegado a ejercer como rey debido a su estancia en Francia bajo el cuidado de Napoleón, en torno a Fernando VII se fue tejiendo una leyenda de bondades que muy pronto él mismo se encargaría de desvanecer con toda contundencia. El 14 de marzo de 1814 regresó a España por Valencia. Requerido por varios diputados a que jurase la Constitución, el rey se negó, apoyándose en las tropas del general Elio para volver a Madrid en olor de multitudes y proclamar de nuevo el absolutismo. Las reformas liberales desaparecieron, se cerraron las universidades y se persiguió brutalmente tanto a los afrancesados como a los diputados de Cádiz. Había llegado “El Deseado”. En 1820, la sublevación de Riego dio pie al Trienio Liberal. En vez de ajusticiar al rey por felón, los revolucionarios le ofrecieron de nuevo la posibilidad de jurar fidelidad a la Constitución, cosa que hizo dejando para la posteridad una de las frases más cínicas de la historia de la infamia: “Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional”. Mientras los liberales intentaban acabar con el antiguo régimen y poner en pie las primeras piedras del nuevo Estado, Fernando VII, que aparentaba acatar la Constitución, negociaba con la Santa Alianza la invasión de España y la restauración del absolutismo, cosa que consiguió en 1823 con la llegada de los Cien mil hijos de San Luis y la colaboración imprescindible de los absolutistas españoles. Entre 1823 y 1833, España se vestiría de nuevo de sangre y de luto en una de las décadas más terroríficas de su historia. A los absolutistas nunca les ha temblado el pulso.

En 1868, al mando del general Topete y al grito de ¡Viva España con honra!, se sublevaron los marineros de Cádiz, la reina Isabel II tuvo que exiliarse y el poder quedó interinamente en manos de los generales Serrano, Prim y Espartero, quienes buscaron por toda Europa un rey constitucional: Amadeo de Saboya. Su reinado fue corto y en 1873 se proclamaba la I República española. La debilidad de la burguesía española, la contraposición de intereses y, sobre todo, la división entre las fuerzas progresistas y la unanimidad entre las moderadas y reaccionarias, hicieron que la República fracasase dando pie a la Restauración borbónica tras los golpes de Estado de Pavía y Martínez Campos. Nacía así un sistema corrupto por esencia que, ideado por Cánovas del Castillo –“es español el que no puede ser otra cosa”, llegó a decir-, sometió a España al gobierno de la oligarquía caciquil para suicidarse con la dictadura de Primo de Rivera. La proclamación de la II República fue acogida por el pueblo español con un entusiasmo pocas veces visto, pero las fuerzas de la reacción seguían tan intactas como unidas y conservaban el poder de facto: Ejército, policía, iglesia y dinero. Las reformas republicanas, que nada tenían de revolucionario, chocaron desde el primer momento con el rechazo frontal y amenazador de quienes siempre tuvieron el poder. De modo que en agosto de 1932 –quince meses después de la instauración del nuevo régimen-, el general Sanjurjo y un numeroso grupo de mandos y oficiales se sublevaron contra la República. El movimiento fracasó y sus dirigentes fueron condenados a muerte o cadena perpetua. Pudo ser una ocasión para cambiar nuestra historia definitivamente, pero los políticos republicanos se negaron a aplicar con rigor la ley a quienes habían atentado contra ella, dando, otra vez, a ojos de los protagonistas africanistas, una muestra de debilidad que pagaríamos todos con creces. Divididas las izquierdas, con las estructuras reaccionarias de socialización intactas y las otras sin terminar de cuajar, con los militares africanistas envalentonados y la oligarquía dispuesta a todo, en noviembre de 1933, gracias a las prédicas de la iglesia, al restablecimiento de las redes caciquiles de “persuasión”, a la situación económica internacional y a la penetración de los monárquicos en el Partido Radical, triunfó la derecha antirrepublicana. La II República empezó a morir en noviembre de 1933, pero todavía le quedó resuello para protagonizar en solitario tras el golpe de Estado 17 de julio de 1936 una gesta que pocos pueblos pueden presentar: Resistir a la división interior, al ataque de los militares africanistas, de los mercenarios marroquíes, a la Iglesia romana, al nazi-fascismo europeo y a la pasividad de las grandes democracias durante tres años. Después, llegó otro deseado, el más sanguinario, mediocre, inculto y dañino de cuantos nos han gobernado: Conviene no olvidarlo para saber de dónde vienen muchos de los problemas que hoy nos atañen gravemente.

Con la nueva restauración borbónica en la persona de Juan Carlos de Borbón y las turbulencias de la transición, es necesario recordar y reconocer lo que costó sacar entonces las cosas adelante, hubo de acometerse una segunda transición en los años ochenta, tras el golpe de Estado de 1981, la que dejase fuera de juego a las personas y partidos que mostrasen veleidades franquistas o hubiesen participado en gobiernos, instituciones y chanchullos franquistas. No se hizo y volvimos a chocar con la misma piedra. Nos encontramos de nuevo con las fuerzas reaccionarias y de la derecha en general más fuertes que nunca, orgullosas de su pasado y dueñas de nuestro futuro, dominando los medios de comunicación y de socialización y dispuestas a vaciar de contenido la democracia imponiendo los hábitos políticos, sociales y económicos heredados de la dictadura y reduciendo a la mínima expresión el Estado del bienestar, tan reciente entre nosotros. Al mismo tiempo, la izquierda se encuentra desarbolada, primero porque ha perdido la base social que es su razón de ser: Encriptada, sus mensajes ni sus ejemplos calan; en segundo lugar porque hay una crisis mundial que tiene una vertiente española provocada por esa misma derecha –la burbuja inmobiliaria y la paralización del crédito- a la que no se puede responder desde un solo país, cosa que parece no queremos entender la mayoría. Consecuencia de esta situación, es la desafección creciente –otra vez más- de la población ante la clase política y una confusión que en nada nos beneficia y que puede llevarnos por enésima vez del populismo demagógico al neoliberalismo más salvaje.

Para evitar esa situación, es menester tener las cosas lo suficientemente claras y dirigir las protestas hacia el lugar preciso, siendo conscientes de que quienes idearon la burbuja inmobiliaria y desregularon el mercado financiero, o sea los gobiernos de Aznar, Rato, Rajoy y compañía, jamás harán otra política diferente a la que en aquellos tiempos hicieron y que trajeron estos lodos. Hay que saber quiénes causaron la enfermedad para aplicar el tratamiento correcto:

1. Los hábitos corruptos del franquismo que siguen impregnando nuestra economía y, por ende, nuestra democracia: Amiguismo, clientelismo, especulación, cutrerío, clasismo, información privilegiada, amoralidad e impunidad.

2. Wall Street, la City londinense, la política económica impuesta por Ángela Merkel y el esclavismo chino.

3. Los gobiernos ultraconservadores de Aznar –de los que formó parte Rajoy- con su ley del suelo y su permisividad ante la política crediticia disparatada de los bancos.

4. Jaime Caruana, director del Banco de España hasta 2006, y Miguel Ángel Fernández Ordóñez, director a partir de esa fecha, quienes debieron haber advertido y prohibido a la banca esas prácticas crediticias suicidas.

5. Los bancos y cajas en su totalidad, sus dueños, consejeros y altos ejecutivos, que ofrecieron dinero para especular muy por encima de sus posibilidades y tienen hoy paralizado el crédito debido al enorme stock de suelo y viviendas en su poder, sometiendo a todo el país a su interés particular.

6. Los empresarios que dejaron su actividad habitual para dedicarse a hacerse ricos en cuatro días descapitalizando sus empresas para invertir en el ladrillo.

7. Las nuevas tecnologías que están siendo aplicadas para destruir millones de puestos de trabajo en vez de servir para disminuir la jornada laboral y repartirlo.

8. Los ciudadanos que se endeudaron muy por encima de lo que permitían sus sueldos gracias a la política de créditos fáciles y a la mentalidad de nuevo rico instaurada por el gobierno Aznar, la banca y los medios de comunicación afines.

9. Los grandes especuladores y financieros de un mundo en el que la globalización y el libre movimiento de capitales permiten estafas globales sin coste penal ni monetario alguno.

10. Las instituciones económicas de la Unión Europea y mundiales empeñadas en desarmar el Estado del bienestar, en privatizar todo lo público, en ahogar a los países más endeudados a causa de la gran estafa y en dictar draconianas medidas contra los trabajadores, únicos paganos verdaderos de este gigantesco estropicio.

11. Y, por último, el actual gobierno español que no ha actuado penalmente contra quienes provocaron la crisis ni ha sabido explicarla adecuadamente a los ciudadanos.

Es, a nuestro parecer, contra esas personas, esas instituciones y esos hábitos contra los que hay que actuar y movilizarse, evitando generalizaciones que otorguen a todos iguales responsabilidades, porque además de ser una falacia –el actual gobierno lo ha hecho mal en muchas cosas pero en absoluto tiene que ver con la génesis de la crisis- nos lleva inexorablemente a la demagogia populista y a entregar el poder a los verdaderos causantes de esta situación, lo que aparte de ser una terrible paradoja, supone regresar al pasado y meternos de lleno en la boca del león.

http://www.youtube.com/watch?v=6K7Cbw38bmE

¿Por qué se llama Black Berry?

Guardado en: Historia y vida. — Junio 17, 2011 @ 10:01 am

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Marguerite Yourcenar, en su magnífico ” Memorias de Adriano”, escribió:
“Dudo de que toda la filosofía de este mundo consiga suprimir la esclavitud; a lo sumo le cambiarán el nombre.”

¿Por qué se llama BlackBerry?
En la época de la esclavitud en los Estados Unidos, a los esclavos nuevos se les ataba una bola negra de hierro muy irregular y cacariza (no era una
bola perfecta), con una cadena y un grillete al pie, para que no escaparan corriendo de los campos de algodón.
Los Amos, para usar un eufemismo (palabra políticamente más correcta, suena más bonito), le llamaban “BlackBerry” (cereza negra) porque se asemejaba
a dicha fruta.
Ese era el símbolo de la esclavitud que decía que estaría forzado a dejar su vida hasta perecer sin poder escapar en esos campos de siembra.
En los tiempos modernos, a los nuevos empleados no se les puede amarrar una bola de hierro para que no escapen, en cambio, se les da un “BlackBerry”
y quedan inalámbricamente atados con ese grillete, que al igual que los esclavos, no pueden dejar de lado y que los tiene atados al trabajo todo el
tiempo.
Es el símbolo moderno de la esclavitud.
Gerentes, ejecutivos, directores y empleados en general tienen uno y cualquiera puede ver cómo están pegados a él todo el tiempo, como adicción; en
el baño, en el auto, en el cine, en la cena, al dormirse y no hay forma de escapar cuando llama el jefe o cuando les mandan correos.
No hay manera de decir que no te llegó o que no escuchaste porque este teléfono chismoso te avisa si llamaron y no contestaste, si tienes mensajes
por leer, si los leíste y si los demás abrieron tus correos, te marca citas, horarios, te despierta, se apaga solo, se prende solo, y te permite
estar idiotizado horas en la internet, mientras tu esposa, esposo, novia o novio y tus hijos y familia te reclaman porque no les pones atención.
Y ahí los ves, modernos ejecutivos que se sienten muy importantes porque “el jefe” les dio su BlackBerry para que no escapen de los campos de
trabajo.

No habrían podido pensar un nombre mejor, no?

“El sistema mata todos los años a ochocientos millones de personas”. Entrevista a José Bové por Pepa Roma.

Guardado en: Historia y vida. — Junio 11, 2011 @ 11:03 am

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Veterano de Mayo del 68, líder campesino y el rostro más visible del movimiento antiglobalización, José Bové critica el nuevo orden internacional, regido, según él, por las compañías multinacionales, y aboga por una reforma de las instituciones internacionales para regular el comercio y los flujos financieros

José Bové, el rostro más conocido de la protesta antiglobalización por el destacado papel que tuvo en la revuelta de Seattle, en diciembre de 1999, sabe que su popularidad en Francia es también aquello que mayor recelo provoca entre propios y extraños. Inventor de acciones espectaculares, como el sabotaje contra McDonald’s en Millau, la localidad al sur de Francia donde reside, o la destrucción de transgénicos en Brasil, José Bové está acostumbrado a llamar la atención y a menudo a hacerse detener allí donde va. Es una referencia de un movimiento sin rostros en momentos cruciales, como el de la movilización contra la cumbre del G-8 que se celebra la próxima semana en Génova,

Pregunta. ¿Cuál será el mensaje que dará el movimiento de protesta contra el G-8 en Génova?

Respuesta. Vamos a decir que los siete u ocho países más ricos del planeta no tienen ningún derecho a decidir en nombre de los demás países y ciudadanos. Y mucho menos, a sacrificar este planeta en beneficio exclusivo de sus multinacionales. La reunión del G-8 se produce tres meses antes de la próxima cumbre de la Organización Mundial de Comercio, frente a las costas de Qatar, y pocos meses después de la llegada de Bush al poder, así que los países más ricos tratarán de ponerse de acuerdo en Génova sobre la forma de repartirse el mundo y liberalizar aún más el comercio y la economía. Lo que es una muestra de desprecio absoluto hacia la pobreza y deterioro del medio ambiente que están generando, sobre todo después del rechazo de Estados Unidos a los acuerdos mínimos sobre medio ambiente de Kyoto. Al ser la última cumbre importante que se producirá en tierra firme antes de Qatar, Génova será la ocasión para que la sociedad civil exprese su rechazo. Por ello, se espera que sea la mayor concentración desde Seattle, con más de 100.000 personas.

P. Desde Seattle, en diciembre de 1999, a Génova, la próxima semana, venimos asistiendo a un reguero de manifiestaciones contra instituciones económicas internacionales. ¿Aparte de llamar la atención de la opinión pública, qué han hecho ustedes en concreto para dar alguna respuesta a los problemas de la globalización económica?

R. Seattle fue la emergencia de una toma de conciencia ciudadana y civil. Fue la primera manifestación multitudinaria organizada a nivel mundial para plantear los problemas de fondo que hoy afectan a la humanidad, a nivel económico, ambiental, social, cultural, y decir que los derechos del hombre deben pasar por delante de la lógica del mercado y del beneficio de las empresas. El segundo logro de Seattle fue poner en evidencia la falta absoluta de democracia con la que funcionan las instituciones económicas internacionales, así como la falta de transparencia con la que toman sus decisiones los cuatro o cinco países más poderosos, imponiendo su voluntad al resto. Hoy estamos en la fase de elaboración de un programa, a partir de la extensión y profundización del debate a todas las regiones y continentes.

P. Okupas europeos, indígenas del Amazonas, sindicalistas norteamericanos, agricultores franceses, ¿cómo puede articularse tanto grupo heterogéneo en una fuerza cohesionada y consistente?

R. Esta diversidad sólo refleja la complejidad del mundo en el que vivimos. Pensar que un solo grupo o movimiento puede hoy representar la totalidad es ilusorio. Por ello el debate se organiza a partir de las preocupaciones concretas y experiencia que aporta cada colectivo. Tenemos programadas numerosas reuniones sectoriales y regionales para tratar sobre agricultura, medio ambiente o los temas específicos que preocupan a África, Asia, América Latina, con objeto de encontrar la forma de armonizar los derechos de los pueblos del Norte y del Sur y llegar al segundo encuentro de Porto Alegre, el próximo año, con propuestas concretas.

P. En el último foro económico de Davos, en Ginebra, se le invitó junto con otras organizaciones del movimiento antiglobalización a participar en un encuentro con los empresarios y Gobiernos allí reunidos. ¿No era una buena ocasión para exponer sus planteamientos?

R. Era una trampa que sólo tenía como propósito hacer creer a la opinión pública que estaban dispuestos a discutir sobre los problemas que planteamos. Así que dijimos: ‘Si nos quieren en Davos, bien, nos tendrán, pero no sólo a uno, sino a todos’. Y nos recibieron con balas de goma y lacrimógenos, como todo el mundo sabe.

P. ¿No han dado los poderes políticos y económicos alguna muestra de que están dispuestos a ceder en sus planteamientos?

R. Desde hace dos años, los organismos internacionales, como la OMC y el Banco Mundial, dicen que quieren mejorar las cosas. Pero cuando miras sus actuaciones te das cuenta de que no es más que retórica y que no han hecho nada por invertir la dinámica de la liberalización económica.

P. Las manifestaciones antiglobalización han estado marcadas por los enfrentamientos con la policía. Entre los participantes crece el temor a que la represión creciente de que son objeto, con disparos de bala en Gottemburgo, pueda ocasionar algún muerto. ¿Existe ese peligro en Génova?

R. Es verdad que los Estados han endurecido su postura y que las policías de todo el mundo se reúnen y colaboran para controlar y reprimir la protesta. Pero no hay que asustar. Eso forma parte de la lógica del amedrentamiento para conseguir que las gentes se queden en su casa. No creo que un Gobierno que ha sido tan cuestionado por la presencia de ministros fascistas, como el italiano, y que, por tanto, está tan necesitado de hacerse una imagen demócrata de cara a Europa, se atreva a ir tan lejos, y mucho menos en Génova, una ciudad con una larga tradición contestataria. La prueba es que han terminado por permitir el acceso de los trenes a la ciudad.

P. La violencia que los más radicales del movimiento antiglobalización han utilizado para atraer la atención de los medios de comunicación, ¿no se ha vuelto contra ustedes?

R. Sí. No creo que sirva de mucho emprenderla con los coches o con los escaparates. Me parecen mucho más efectivas las estrategias no violentas a las que se adscribe la gran masa del movimiento. Lo que no quiere decir pasivas. En Seattle, por ejemplo, fueron las cadenas humanas las que bloquearon el acceso de los delegados de la cumbre de la OMC a sus hoteles. Los grupúsculos radicales deben comprender que la estrategia del enfrentamiento violento es la que sirve a la policía. Su objetivo es desacreditar a los que cuestionan la liberalización, y para ello no hay mejor manera que fomentar las acciones de provocación, entrando así en la dinámica de provocación-represión. Ello les permite que la atención se focalice en los incidentes en lugar del debate y cuestiones de fondo que plantea la protesta. Al tiempo que sirve a los Gobiernos y policías para decir a los ciudadanos: ‘No se acerquen ustedes a esas manifestaciones porque los organizadores no controlan la situación’. Ahora bien, dicho esto, no hay que perder de vista que la verdadera violencia no es romper cuatro escaparates, sino la que hoy ejerce un sistema económico y político que mata todos los años a 800 millones de personas en el mundo.

P. ¿Las acciones que usted ha protagonizado contra el McDonald’s de Millau, o la destrucción de plantas de transgénicos en Francia y en Brasil, en las que ha participado junto a los Sin Tierra, no fomentan la violencia?

R. Una cosa es la violencia, y otra, acciones consideradas ilegales. Estamos metidos en un combate en el que cada situación determina las armas a utilizar. Tanto el desmantelamiento del McDonald’s como el arrancar los cultivos transgénicos fueron acciones anunciadas de antemano, hechas a la luz del día y con la cara descubierta. Al igual que la ocupación de tierras de los campesinos brasileños o de los que nos establecimos en el Larzac para luchar contra la presencia militar a finales de los años setenta; el que no sean acciones legales no quiere decir que no sean legítimas.

P. ¿Se aprovechó usted del antiamericanismo que ya existía en Francia o fue su acción contra McDonald’s la que puso a la opinión pública francesa contra las empresas americanas?

R. La OMC es la que ha permitido que Estados Unidos tase con un 100% los productos agrícolas europeos, como el roquefort, en represalia porque Europa no acepta la carne hormonada norteamericana. Lo que es como decir a los consumidores franceses: ‘Si no coméis mierda, os castigamos comercialmente’. Sobre todo cuando está tan probado el efecto cancerígeno de las hormonas y en medio de una serie de crisis alimentarias originadas precisamente por la industrialización y concentración empresarial en el sector agrícola. Es lo que hace que todo el mundo pueda identificarse con nuestra acción contra MacDonald’s. Por ello, ha creado ejemplo no sólo en Francia, sino en muchos otros países, como la India o el mismo Estados Unidos. La prueba de que todo el mundo entendió que no íbamos contra el pueblo norteamericano, sino contra una multinacional abanderada de la industrialización y la comida basura en todo el mundo, es que el 30% de la fianza que nos impusieron a los condenados por el desmantelamiento de McDonald’s fue aportada por agrupaciones de pequeños campesinos norteamericanos.

P. ¿Las empresas y Gobiernos europeos son mejores?

R. No, todas funcionan con la misma lógica. Además, Europa es hoy la principal impulsora de la nueva ronda de la OMC en Qatar y partidaria de ampliar la liberalización a nuevos sectores, como el de los servicios. Tratan de favorecer así a multinacionales como Vivendi, que trata de introducirse en el control a nivel mundial de recursos naturales básicos, como el agua. Lo que terminará por arrastrar a los demás servicios, como hospitales, educación, medio ambiente, dando al mercado un poder de decisión sobre servicios y recursos que ahora dependen del control político. Lo que será una catastrofe. Tratan de tapar la incapacidad para construir una identidad europea con una agenda de negociaciones económicas en favor de sus empresas más larga que nadie. Y más que nadie, el representante del Gobierno socialista francés y negociador europeo ante la OMC, Pascal Lamy.

P. Ante este panorama político, ¿no ha pensado usted en presentarse a las elecciones francesas, tal como le piden muchos de sus seguidores, siguiendo el ejemplo de su colega Ralph Nader en Estados Unidos?

R. Se ha demostrado que hoy poco puede hacerse desde los Estados para enfrentarse al mercado. Por ello me parece mejor seguir trabajando en la construcción del movimiento a nivel internacional. Para mí, lo que hoy pasa en Italia o España es tan importante como lo que pasa aquí, en Francia.

P. Sin embargo, la imagen que se tiene de usted está vinculada con el mismo proteccionismo francés, que lleva a los agricultores franceses a quemar los camiones españoles.

R. Todo lo contrario. Confederación Campesina es la única que, como sindicato, se ha opuesto siempre a este tipo de acciones, que encontramos aberrantes. Llevamos tiempo trabajando con los pequeños campesinos españoles afectados por la misma dinámica de concentración industrial. Hoy son los viveros al sur de la Península los que producen a precios más competitivos que el norte, gracias a producir fresas y verduras más tempranas y a los salarios más bajos de los inmigrantes. Pero mañana son las empresas francesas, que ya se están instalando en el campo marroquí, las que competirán con ellos, de forma que veremos a los españoles quemando camiones procedentes de Marruecos. Hay que terminar con esta lógica, que sólo favorece la concentración de capital y no desarrolla para nada la soberanía alimentaria de los países ni la calidad. La agricultura no puede estar en manos sólo de los intereses de las grandes empresas y sometida a las reglas del beneficio. Es un bien políticamente estratégico para los países.

P. Entre los que dicen que hay que cambiar por completo el actual modelo político y económico y los que piensan que sólo hay que introducirle correctivos, como derechos sindicales internacionales o tasaciones del capital especulativo, como la tasa Tobin, ¿dónde está usted?

R. Yo digo que hay que andar con las dos piernas. Por otra parte, no hay tanta diferencia de fondo. Todos estamos de acuerdo en que el sistema no funciona y que, por tanto, hay que cambiarlo. Yo creo que son necesarias instituciones internacionales para regular el comercio o los flujos financieros, pero si las que existen son incapaces de cambiar, hay que sustituirlas por otras. Para mí, es importante la tasa Tobin, en cuanto tiene de pedagogía y permite visualizar a ojos de la mayoría la cantidad de dinero que especula con los bienes de las gentes. Pero creo que es necesario ir más allá y cuestionar el fondo y lógica, tanto del sistema económico como tecnológico. Por ello es tan importante el debate sobre la alimentación y los transgénicos.

P. ¿Por qué es usted tan reacio a los transgénicos? Kofi Annan ha hecho un llamamiento para que la gente se deje de prejuicios si quiere terminar con el hambre en el mundo. Hasta su padre, un investigador agrícola, ha dicho que los que queman hoy transgénicos se parecen a los que en la Edad Media quemaban a las brujas.

R. Es evidente que las palabras de Kofi Annan sólo reflejan la enorme presión que están ejerciendo las multinacionales del transgénico para conseguir su liberalización de cara a la próxima ronda de la OMC, en Qatar. En cuanto a mi padre, es verdad que en principio no es contrario a los transgénicos, pero habría que leer su artículo en Le Monde diciendo que él no es un especialista sobre el tema y explicando cómo sus palabras fueron distorsionadas por Newsweek.

P. ¿El protagonismo que le dan los medios de comunicación no le pone a usted en contradicción con un movimiento que precisamente desconfía de todo protagonismo y liderazgo?

R. Sé que es así. La originalidad de este movimiento es que no ha sido creado por los partidos políticos, sino por movimientos sindicales y ciudadanos de base, y que se estructura de forma horizontal, sin jerarquías, y por tanto de forma diferente a la lógica de estado y de los partidos. Pero yo no he buscado la fama. Ni busco hacer carrera. Ha sido la propia trascendencia de los acontecimientos en los que he participado, como Seattle, los que me han colocado ahí. Yo lucho desde hace más de veinte años en Confederación Campesina, fui de los primeros que se manifestaron contra el GATT en Ginebra a finales de los años ochenta, cuando la gente todavía no sabía lo que era. Y sé que mi representatividad se limita al papel para el que he sido elegido en el sindicato, como portavoz para las relaciones internacionales con otros sindicatos. Por ello digo que hay personas representativas que encarnan el movimiento, como puede ser mi caso, pero sin liderazgo. Trato de que nada de lo que digo distorsione ni me aleje de las decisiones y discusiones que tienen lugar en la base. Además, como ha comprendido Marcos, la batalla de hoy se libra en el terreno de la opinión pública.

Veterano de Mayo del 68, líder campesino y el rostro más visible del movimiento antiglobalización, José Bové critica el nuevo orden internacional, regido, según él, por las compañías multinacionales, y aboga por una reforma de las instituciones internacionales para regular el comercio y los flujos financieros

José Bové, el rostro más conocido de la protesta antiglobalización por el destacado papel que tuvo en la revuelta de Seattle, en diciembre de 1999, sabe que su popularidad en Francia es también aquello que mayor recelo provoca entre propios y extraños. Inventor de acciones espectaculares, como el sabotaje contra McDonald’s en Millau, la localidad al sur de Francia donde reside, o la destrucción de transgénicos en Brasil, José Bové está acostumbrado a llamar la atención y a menudo a hacerse detener allí donde va. Es una referencia de un movimiento sin rostros en momentos cruciales, como el de la movilización contra la cumbre del G-8 que se celebra la próxima semana en Génova,

Pregunta. ¿Cuál será el mensaje que dará el movimiento de protesta contra el G-8 en Génova?

Respuesta. Vamos a decir que los siete u ocho países más ricos del planeta no tienen ningún derecho a decidir en nombre de los demás países y ciudadanos. Y mucho menos, a sacrificar este planeta en beneficio exclusivo de sus multinacionales. La reunión del G-8 se produce tres meses antes de la próxima cumbre de la Organización Mundial de Comercio, frente a las costas de Qatar, y pocos meses después de la llegada de Bush al poder, así que los países más ricos tratarán de ponerse de acuerdo en Génova sobre la forma de repartirse el mundo y liberalizar aún más el comercio y la economía. Lo que es una muestra de desprecio absoluto hacia la pobreza y deterioro del medio ambiente que están generando, sobre todo después del rechazo de Estados Unidos a los acuerdos mínimos sobre medio ambiente de Kyoto. Al ser la última cumbre importante que se producirá en tierra firme antes de Qatar, Génova será la ocasión para que la sociedad civil exprese su rechazo. Por ello, se espera que sea la mayor concentración desde Seattle, con más de 100.000 personas.

P. Desde Seattle, en diciembre de 1999, a Génova, la próxima semana, venimos asistiendo a un reguero de manifiestaciones contra instituciones económicas internacionales. ¿Aparte de llamar la atención de la opinión pública, qué han hecho ustedes en concreto para dar alguna respuesta a los problemas de la globalización económica?

R. Seattle fue la emergencia de una toma de conciencia ciudadana y civil. Fue la primera manifestación multitudinaria organizada a nivel mundial para plantear los problemas de fondo que hoy afectan a la humanidad, a nivel económico, ambiental, social, cultural, y decir que los derechos del hombre deben pasar por delante de la lógica del mercado y del beneficio de las empresas. El segundo logro de Seattle fue poner en evidencia la falta absoluta de democracia con la que funcionan las instituciones económicas internacionales, así como la falta de transparencia con la que toman sus decisiones los cuatro o cinco países más poderosos, imponiendo su voluntad al resto. Hoy estamos en la fase de elaboración de un programa, a partir de la extensión y profundización del debate a todas las regiones y continentes.

P. Okupas europeos, indígenas del Amazonas, sindicalistas norteamericanos, agricultores franceses, ¿cómo puede articularse tanto grupo heterogéneo en una fuerza cohesionada y consistente?

R. Esta diversidad sólo refleja la complejidad del mundo en el que vivimos. Pensar que un solo grupo o movimiento puede hoy representar la totalidad es ilusorio. Por ello el debate se organiza a partir de las preocupaciones concretas y experiencia que aporta cada colectivo. Tenemos programadas numerosas reuniones sectoriales y regionales para tratar sobre agricultura, medio ambiente o los temas específicos que preocupan a África, Asia, América Latina, con objeto de encontrar la forma de armonizar los derechos de los pueblos del Norte y del Sur y llegar al segundo encuentro de Porto Alegre, el próximo año, con propuestas concretas.

P. En el último foro económico de Davos, en Ginebra, se le invitó junto con otras organizaciones del movimiento antiglobalización a participar en un encuentro con los empresarios y Gobiernos allí reunidos. ¿No era una buena ocasión para exponer sus planteamientos?

R. Era una trampa que sólo tenía como propósito hacer creer a la opinión pública que estaban dispuestos a discutir sobre los problemas que planteamos. Así que dijimos: ‘Si nos quieren en Davos, bien, nos tendrán, pero no sólo a uno, sino a todos’. Y nos recibieron con balas de goma y lacrimógenos, como todo el mundo sabe.

P. ¿No han dado los poderes políticos y económicos alguna muestra de que están dispuestos a ceder en sus planteamientos?

R. Desde hace dos años, los organismos internacionales, como la OMC y el Banco Mundial, dicen que quieren mejorar las cosas. Pero cuando miras sus actuaciones te das cuenta de que no es más que retórica y que no han hecho nada por invertir la dinámica de la liberalización económica.

P. Las manifestaciones antiglobalización han estado marcadas por los enfrentamientos con la policía. Entre los participantes crece el temor a que la represión creciente de que son objeto, con disparos de bala en Gottemburgo, pueda ocasionar algún muerto. ¿Existe ese peligro en Génova?

R. Es verdad que los Estados han endurecido su postura y que las policías de todo el mundo se reúnen y colaboran para controlar y reprimir la protesta. Pero no hay que asustar. Eso forma parte de la lógica del amedrentamiento para conseguir que las gentes se queden en su casa. No creo que un Gobierno que ha sido tan cuestionado por la presencia de ministros fascistas, como el italiano, y que, por tanto, está tan necesitado de hacerse una imagen demócrata de cara a Europa, se atreva a ir tan lejos, y mucho menos en Génova, una ciudad con una larga tradición contestataria. La prueba es que han terminado por permitir el acceso de los trenes a la ciudad.

P. La violencia que los más radicales del movimiento antiglobalización han utilizado para atraer la atención de los medios de comunicación, ¿no se ha vuelto contra ustedes?

R. Sí. No creo que sirva de mucho emprenderla con los coches o con los escaparates. Me parecen mucho más efectivas las estrategias no violentas a las que se adscribe la gran masa del movimiento. Lo que no quiere decir pasivas. En Seattle, por ejemplo, fueron las cadenas humanas las que bloquearon el acceso de los delegados de la cumbre de la OMC a sus hoteles. Los grupúsculos radicales deben comprender que la estrategia del enfrentamiento violento es la que sirve a la policía. Su objetivo es desacreditar a los que cuestionan la liberalización, y para ello no hay mejor manera que fomentar las acciones de provocación, entrando así en la dinámica de provocación-represión. Ello les permite que la atención se focalice en los incidentes en lugar del debate y cuestiones de fondo que plantea la protesta. Al tiempo que sirve a los Gobiernos y policías para decir a los ciudadanos: ‘No se acerquen ustedes a esas manifestaciones porque los organizadores no controlan la situación’. Ahora bien, dicho esto, no hay que perder de vista que la verdadera violencia no es romper cuatro escaparates, sino la que hoy ejerce un sistema económico y político que mata todos los años a 800 millones de personas en el mundo.

P. ¿Las acciones que usted ha protagonizado contra el McDonald’s de Millau, o la destrucción de plantas de transgénicos en Francia y en Brasil, en las que ha participado junto a los Sin Tierra, no fomentan la violencia?

R. Una cosa es la violencia, y otra, acciones consideradas ilegales. Estamos metidos en un combate en el que cada situación determina las armas a utilizar. Tanto el desmantelamiento del McDonald’s como el arrancar los cultivos transgénicos fueron acciones anunciadas de antemano, hechas a la luz del día y con la cara descubierta. Al igual que la ocupación de tierras de los campesinos brasileños o de los que nos establecimos en el Larzac para luchar contra la presencia militar a finales de los años setenta; el que no sean acciones legales no quiere decir que no sean legítimas.

P. ¿Se aprovechó usted del antiamericanismo que ya existía en Francia o fue su acción contra McDonald’s la que puso a la opinión pública francesa contra las empresas americanas?

R. La OMC es la que ha permitido que Estados Unidos tase con un 100% los productos agrícolas europeos, como el roquefort, en represalia porque Europa no acepta la carne hormonada norteamericana. Lo que es como decir a los consumidores franceses: ‘Si no coméis mierda, os castigamos comercialmente’. Sobre todo cuando está tan probado el efecto cancerígeno de las hormonas y en medio de una serie de crisis alimentarias originadas precisamente por la industrialización y concentración empresarial en el sector agrícola. Es lo que hace que todo el mundo pueda identificarse con nuestra acción contra MacDonald’s. Por ello, ha creado ejemplo no sólo en Francia, sino en muchos otros países, como la India o el mismo Estados Unidos. La prueba de que todo el mundo entendió que no íbamos contra el pueblo norteamericano, sino contra una multinacional abanderada de la industrialización y la comida basura en todo el mundo, es que el 30% de la fianza que nos impusieron a los condenados por el desmantelamiento de McDonald’s fue aportada por agrupaciones de pequeños campesinos norteamericanos.

P. ¿Las empresas y Gobiernos europeos son mejores?

R. No, todas funcionan con la misma lógica. Además, Europa es hoy la principal impulsora de la nueva ronda de la OMC en Qatar y partidaria de ampliar la liberalización a nuevos sectores, como el de los servicios. Tratan de favorecer así a multinacionales como Vivendi, que trata de introducirse en el control a nivel mundial de recursos naturales básicos, como el agua. Lo que terminará por arrastrar a los demás servicios, como hospitales, educación, medio ambiente, dando al mercado un poder de decisión sobre servicios y recursos que ahora dependen del control político. Lo que será una catastrofe. Tratan de tapar la incapacidad para construir una identidad europea con una agenda de negociaciones económicas en favor de sus empresas más larga que nadie. Y más que nadie, el representante del Gobierno socialista francés y negociador europeo ante la OMC, Pascal Lamy.

P. Ante este panorama político, ¿no ha pensado usted en presentarse a las elecciones francesas, tal como le piden muchos de sus seguidores, siguiendo el ejemplo de su colega Ralph Nader en Estados Unidos?

R. Se ha demostrado que hoy poco puede hacerse desde los Estados para enfrentarse al mercado. Por ello me parece mejor seguir trabajando en la construcción del movimiento a nivel internacional. Para mí, lo que hoy pasa en Italia o España es tan importante como lo que pasa aquí, en Francia.

P. Sin embargo, la imagen que se tiene de usted está vinculada con el mismo proteccionismo francés, que lleva a los agricultores franceses a quemar los camiones españoles.

R. Todo lo contrario. Confederación Campesina es la única que, como sindicato, se ha opuesto siempre a este tipo de acciones, que encontramos aberrantes. Llevamos tiempo trabajando con los pequeños campesinos españoles afectados por la misma dinámica de concentración industrial. Hoy son los viveros al sur de la Península los que producen a precios más competitivos que el norte, gracias a producir fresas y verduras más tempranas y a los salarios más bajos de los inmigrantes. Pero mañana son las empresas francesas, que ya se están instalando en el campo marroquí, las que competirán con ellos, de forma que veremos a los españoles quemando camiones procedentes de Marruecos. Hay que terminar con esta lógica, que sólo favorece la concentración de capital y no desarrolla para nada la soberanía alimentaria de los países ni la calidad. La agricultura no puede estar en manos sólo de los intereses de las grandes empresas y sometida a las reglas del beneficio. Es un bien políticamente estratégico para los países.

P. Entre los que dicen que hay que cambiar por completo el actual modelo político y económico y los que piensan que sólo hay que introducirle correctivos, como derechos sindicales internacionales o tasaciones del capital especulativo, como la tasa Tobin, ¿dónde está usted?

R. Yo digo que hay que andar con las dos piernas. Por otra parte, no hay tanta diferencia de fondo. Todos estamos de acuerdo en que el sistema no funciona y que, por tanto, hay que cambiarlo. Yo creo que son necesarias instituciones internacionales para regular el comercio o los flujos financieros, pero si las que existen son incapaces de cambiar, hay que sustituirlas por otras. Para mí, es importante la tasa Tobin, en cuanto tiene de pedagogía y permite visualizar a ojos de la mayoría la cantidad de dinero que especula con los bienes de las gentes. Pero creo que es necesario ir más allá y cuestionar el fondo y lógica, tanto del sistema económico como tecnológico. Por ello es tan importante el debate sobre la alimentación y los transgénicos.

P. ¿Por qué es usted tan reacio a los transgénicos? Kofi Annan ha hecho un llamamiento para que la gente se deje de prejuicios si quiere terminar con el hambre en el mundo. Hasta su padre, un investigador agrícola, ha dicho que los que queman hoy transgénicos se parecen a los que en la Edad Media quemaban a las brujas.

R. Es evidente que las palabras de Kofi Annan sólo reflejan la enorme presión que están ejerciendo las multinacionales del transgénico para conseguir su liberalización de cara a la próxima ronda de la OMC, en Qatar. En cuanto a mi padre, es verdad que en principio no es contrario a los transgénicos, pero habría que leer su artículo en Le Monde diciendo que él no es un especialista sobre el tema y explicando cómo sus palabras fueron distorsionadas por Newsweek.

P. ¿El protagonismo que le dan los medios de comunicación no le pone a usted en contradicción con un movimiento que precisamente desconfía de todo protagonismo y liderazgo?

R. Sé que es así. La originalidad de este movimiento es que no ha sido creado por los partidos políticos, sino por movimientos sindicales y ciudadanos de base, y que se estructura de forma horizontal, sin jerarquías, y por tanto de forma diferente a la lógica de estado y de los partidos. Pero yo no he buscado la fama. Ni busco hacer carrera. Ha sido la propia trascendencia de los acontecimientos en los que he participado, como Seattle, los que me han colocado ahí. Yo lucho desde hace más de veinte años en Confederación Campesina, fui de los primeros que se manifestaron contra el GATT en Ginebra a finales de los años ochenta, cuando la gente todavía no sabía lo que era. Y sé que mi representatividad se limita al papel para el que he sido elegido en el sindicato, como portavoz para las relaciones internacionales con otros sindicatos. Por ello digo que hay personas representativas que encarnan el movimiento, como puede ser mi caso, pero sin liderazgo. Trato de que nada de lo que digo distorsione ni me aleje de las decisiones y discusiones que tienen lugar en la base. Además, como ha comprendido Marcos, la batalla de hoy se libra en el terreno de la opinión pública.

“Marea negra”, por Josep Fontana (Público).

Guardado en: Historia y vida. — Junio 7, 2011 @ 9:09 am

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Hace mucho tiempo que he dejado de creer en la racionalidad de la especie humana. Me resisto a considerar como racionales a quienes entregan su vida en un atentado suicida con la esperanza de gozar de otra vida mejor en un paraíso. Ni a los que amargan su existencia sujetándola a los preceptos irracionales de sus iglesias, con la esperanza de que estos sacrificios les serán compensados en otro paraíso. ¿O acaso en el mismo? ¿Van al mismo lugar los cristianos reprimidos por el oscurantismo clerical y los terroristas suicidas musulmanes? ¿O acaso hay más de un paraíso? Y si es así, ¿qué ventajas e inconvenientes tiene cada uno de ellos? Son puntos que convendría aclarar y sobre los cuales, a falta de las informaciones de alguien que haya regresado de ellos, seguimos en la incertidumbre.

De momento, los californianos que esperaban hace pocos días que viniese el propio Jesucristo a aclarárselo se han visto frustrados, y siguen esperando, como algunos millones más de norteamericanos piadosos, que el Mesías venga a abducirlos para contemplar desde arriba cómo los demás nos debatimos en medio de los horrores del fin del mundo. A los impíos, en cambio, no nos queda más que tratar de hacer el mejor uso posible de nuestra única vida, tras la cual tendremos “una noche perpetua para dormir”.

No es menos irracional, sin embargo, la conducta de los votantes que eligen a políticos que van a gobernar contra sus intereses. La marea negra que acaba de entregar más de media España a una derecha cerril, heredera del franquismo que costó 40 años desalojar del poder, es una buena muestra de lo que digo. Admito el derecho de los votantes a descabalgar a los socialistas de sus puestos de mando, donde habían cometido todo género de errores y abusos; merecido lo tienen. Pero que la solución sea entregar el país a los posfranquistas me parece terrible. Nunca hubiera imaginado, por ejemplo, que fuesen tantos los extremeños que han olvidado que sus abuelos fueron oprimidos y explotados –y muchos de ellos asesinados– por esas derechas a las que ahora votan.

Mi viejo maestro don Ramón Carande me decía en una carta de julio de 1970 que lo que necesitábamos era crear “muchos miles de escuelas y maestros”, porque “únicamente cuando lleguen a discurrir los españoles, discurriendo harán que se conmuevan las estructuras más reacias, y barrerán a las que ya están putrefactas”. Está claro que no hemos conseguido enseñarles a discurrir, y que no hemos sido capaces, por ello, de barrer entre todos la herencia putrefacta del franquismo.

Quisiera aclarar, sin embargo, que al calificar a esta derecha de contraria al interés de la mayoría no me baso en el hecho de que entre sus elegidos haya un amplio repertorio de corruptos, algunos imputados por los jueces. Desde que Gibbon dijera que “la corrupción es el síntoma más infalible de la libertad constitucional” nos hemos acostumbrado a aceptar su presencia en la política como algo normal. Personalmente he de reconocer que he conocido a algunos políticos honrados, pero no estoy seguro de que fuesen mayoría.

Lo que resulta más preocupante para el conjunto de los ciudadanos es lo que puede suceder en el futuro, si esta derecha llega, como todo parece anunciar, a adueñarse del aparato del Estado. Algo que ansía hasta tal punto que no dudo de que va a intentar conseguirlo acelerando el hundimiento de nuestro crédito público por el procedimiento de sacar a la luz todo tipo de posibles corruptelas en las haciendas municipales y autonómicas que han caído ahora en sus manos –ellos que suelen ser tan tolerantes con las que cometen los suyos–, con el fin de organizar un escándalo que acabe de hundir la valoración de la deuda española y haga inviable la continuidad del Gobierno actual.

Tras lo cual vendrán a rescatarnos de la quiebra, dispuestos a seguir al pie de la letra las exigencias del “consenso de Berlín”, que es quien dicta ahora las reglas que nos afectan más directamente, recortando nuestros salarios, nuestras pensiones y nuestros derechos sociales (la señora Merkel ya ha comenzado a avisarnos de que tenemos demasiados días de vacaciones). A lo cual se añadirá, naturalmente, la disminución de las cargas fiscales de las grandes empresas, aunque esté más que demostrado que este es un camino que sólo sirve para aumentar los beneficios de estas, pero no sus inversiones ni, en consecuencia, los puestos de trabajo, que podrían crearse, en cambio, con una mayor inversión pública, basada en una presión fiscal más equitativa.

Con lo cual van a acentuar nuestra crisis y nuestra miseria, incapaces de seguir el consejo que Mark Weisbrot nos daba en The Guardian el 29 de enero de este año: “España debería oponerse a aceptar las políticas que prolonguen su crisis y le impidan reducir el paro”. Por ahora nuestra “izquierda realmente existente” ha sido incapaz de hacerlo; pero lo que nos espera a manos de sus previsibles sucesores es mucho peor.

Resulta triste tener que decirles a los jóvenes indignados que se manifiestan en nuestras plazas que no van a conseguir nada, entre otras razones porque sus padres se han encargado de votar a quienes no sólo hacen mofa de sus protestas, sino que han empezado ya a advertirles de lo que les espera con los primeros desalojos policiales.

Va a haber que trabajar mucho, y con mucha seriedad, para librarnos de la marea negra que nos invade.

“Manifiesto de los acampados en la Puerta del Sol”.

Guardado en: Historia y vida. — Junio 3, 2011 @ 11:51 am

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Nadie os obligó a ser políticos. Ninguno de nosotros os pidió que sirvierais al país. Fue vuestra decisión, libre y soberana, así que no vamos a bajar el listón de nuestra exigencia, al contrario, vamos a incrementarlo como nunca antes lo habíamos hecho y vamos a convertir nuestra determinación en el motor de una revolución pacífica que no podréis ni soñar en detener.
Nosotros sustentamos la nación con nuestro trabajo y sostenemos al estado con nuestros impuestos. Nosotros parimos los hijos, los educamos para que continúen manteniendo la nación cuando les llegue el turno y los alojamos en nuestras casas más tiempo del necesario para su vuelo. Y vosotros no habéis hecho vuestra parte del trabajo.
Ahora no tenemos pan para alimentar a muchos de los nuestros. Ahora una generación entera mejor preparada que ninguna otra antes está agonizando sin futuro. Por vuestra culpa.
Ahora lo sabemos: con vuestra hambre de prebendas y vuestra medrosa intemperancia habéis vendido nuestro país y nos habéis vendido a nosotros. Lo peor es que también queréis que paguemos la factura de vuestras pavorosas componendas.
Nosotros cuidamos de los ancianos, mantenemos el ritmo económico del país y hacemos que el progreso sea una realidad para todos inventando internet, descubriendo los principios activos de los medicamentos, aportando ayuda para paliar cualquier desgracia colectiva, viajando a lugares remotos para llevar consuelo o conocimientos, creando los puestos de trabajo y limpiando el chapapote mental con que vuestra negligencia nos roba vidas, haciendas y esperanzas.
Somos nosotros los que morimos por vuestras decisiones, demasiadas veces equivocadas: y es que nosotros ponemos los muertos en los accidentes, en los atentados, en las guerras y en las catástrofes. Vosotros solo nos miráis desde arriba, insaciables, pidiendo más y más y más.
Ahora, cuando las cosas van mal, así sea individual o colectivamente, seguimos siendo nosotros los que apechugamos para salir del hoyo que vosotros cavasteis. Y de paso os sacamos también a vosotros, ingratos, que encima sonreís y os ponéis la medallita que solo es de la masa, de la gente, de la muchedumbre. De la ciudadanía. Nuestra. Y ya hemos llegado al final de nuestro aguante.
Hasta hoy os hemos pedido poco, muy poco. Solamente que no metierais mano en la caja, que no anduvieseis a la gresca por una silla apenas unos centímetros más alta que la otra, que conocierais y respetarais la Constitución , que entendierais nuestras necesidades como sociedad, que fuerais demócratas en el más estricto sentido de la palabra y que protegierais a los más frágiles de entre nosotros. Los servidores públicos sois vosotros y estáis a nuestra disposición, pero lo olvidasteis hace décadas y vendisteis muy barato nuestras vidas, nuestras haciendas, nuestras esperanzas.
Os pedimos muchas veces que nos respetarais como a iguales, que dejarais de perder el tiempo en nimias controversias sobre el tamaño de vuestros egos, enormes por demás. Os gritamos que fuerais más constructivos, capaces y tolerantes, que no dierais tan mal ejemplo a todos los que os hemos estado mirando, atónitos.
Ha llegado el momento de recordaros algo muy importante: este país es nuestro, no vuestro. Y os lo vamos a hacer saber con cuanta determinación y esfuerzos sean necesarios.
Ha llegado el momento. Vamos a recuperar nuestras vidas, nuestras haciendas y, por encima de todo, nuestras esperanzas y nunca más volveréis a robárnoslas.
Ha llegado el momento. Somos más y cada uno de nosotros vale más que todos vosotros juntos porque a nosotros nos mueve la confianza en el nuevo tiempo al que pertenecemos y no vuestro miedo a perder un tiempo que ya murió.
Ha llegado el momento. Vamos a recuperar la sociedad de una nación a la que queremos más que vosotros, con más sensatez y mejores capacidades. Una sociedad que sabe lo que quiere, cómo lo quiere y cuándo lo quiere; una sociedad segura de sí y que sabe bien lo que no quiere: a vosotros.
Ha llegado el momento de abrir la caja de Pandora: y ahora solo resta que os vayáis y dejéis el campo libre para que podamos hacer las cosas bien, con la participación de todos y con la hermosa bandera de la Democracia Real izada en nuestros pabellones. No lo pongáis difícil empecinados en vuestra arrogancia.
Idos a casa, politiquillos. Idos ahora cuando todavía os cabe el honor de la retirada silenciosa. Después no habrá tiempo y será muy doloroso.

Estáis despedidos. Sin 45 días. Ni paro.
Democracia Real Ya.

“No he de callar por más que con el dedo…”, por Carlos Martínez García (ATTAC).

Guardado en: Historia y vida. — Mayo 30, 2011 @ 2:00 pm

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Carta abierta a las cúpulas del PSOE:

La dirección socialista ha encontrado una formula mágica para justificar su debacle electoral: la Crisis. La crisis es la palabra talismán, pues derriba gobiernos, crea indignación… pero en el caso del Estado Español, el electorado del centro-izquierda ha dado la espalda a la socialdemocracia.

Pero no es tanto la crisis financiera “internacional” -es decir, de las potencias centrales y desarrolladas- sino la gestión de la crisis. La gestión de la crisis que han aplicado las dirigencias y gobiernos de carácter socioliberal ha consistido en aplicar a rajatabla medidas NEOLIBERALES. Sabiéndose como se sabe que la crisis la han provocado, en su fase actual, los banqueros y los fondos basura y especulativos, así como la burbuja inmobiliaria, en la que también están implicados los banqueros, nada de esto ha sido corregido y/o se han depurado responsabilidades.

Las clases populares han visto sus derechos y posibilidades recortadas. Se está transfiriendo, de forma escandalosa, rentas de las clases trabajadoras a la banca y la injusticia fiscal campa a sus anchas pues es sabido que, entre las SICAV y los Paraísos Fiscales, los ricos no pagan impuestos, pero exigen privatizaciones, recortes, libertad de despido…, no solo las políticas implementadas para superar la crisis no han sido socialdemócratas, es que no han sido ni siquiera keynesianas.

La Unión Europea que se está construyendo está alejada tanto del control democrático, como de la más mínima sensibilidad social y, cargándose el capitalismo renano, ha optado por el anglosajón, por la desregulación, la desprotección y, para colmo, el amparo al negocio de la deuda mediante rescates o la implantación de planes tipo FMI, semejantes a los que hace una década arruinaron a Argentina. Es decir, que los bancos privados saquen tajada de la deuda pública que, a falta de una auditoría, podemos señalar que en un gran porcentaje es privada.

Resumiendo, ¿acaso se podía pedir el voto tranquilamente a un o una huelguista del 29 de Septiembre, o a las y los manifestantes del 15 de Mayo?

Si el PSOE no cambia profundamente pronto alcanzará resultados similares a las históricas derrotas de sus homólogos europeos. El problema no son los candidatos, son las políticas y los programas. El problema es que las fuerzas transformadoras del siglo XXI comienzan a ser otras.

La ciudadanía ha hablado y a su manera a dicho no. Todo lo demás son excusas de mal pagador o ausencia de autocrítica de personas que viven en otro planeta.

Hay que refundar LA IZQUIERDA. Las izquierdas plurales y alternativas al neoliberalismo imperante solo podrán ser muy participativas, abiertas, populares y populistas, no dogmáticas, no sectarias y con un lenguaje y definición diferentes. Se necesita una carga de pensamiento basada en la reivindicación democrática participativa, el republicanismo y el cambio de paradigma económico, hacia lo verde y sustentable. Mientras tanto, hay que levantar y construir serias resistencias de las clases populares y hay que identificar claramente el enemigo, y éste es la banca, los poderes especulativos financieros, las grandes transnacionales y las ideas xenófobas, autoritarias y conservadoras de las derechas. El PP engaña, miente y es descaradamente neoliberal, pero en estas elecciones ha dicho lo contrario de lo que iba a realizar, y mucha gente, por hartazgo, cabreo o búsqueda de la seguridad que da ser lacayo de un rico, les ha votado.

Hace falta mucha pedagogía política y las izquierdas la han abandonado, si bien los movimientos cívicos -menos mal- la hemos recuperado.

La renovación de ideas progresistas, de izquierdas y transformadora, está pues ahora en las calles, los blogs y los sitios de la red. Si las cúpulas políticas que afirman no ser conservadoras nos ven como enemigos, es su problema, o bien que han cambiado de bando. Si nos intentan manipular ya han fracasado de antemano.

La liberación de los pueblos de las trabas del capital y la opresión está en sus manos, pero es que siempre ha sido así.

Lo que no se puede negar es que han aparecido nuevos actores políticos y esta realidad ha llegado para quedarse, porque los tiempos están cambiando.

“Calderón y la toma de Juárez”

Guardado en: Historia y vida. — Mayo 26, 2011 @ 9:51 am

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CALDERON y LA TOMA DE JUAREZ

A las y los ciudadanas de Cd. Juárez
A la comunidad nacional e internacional

El día de hoy, 20 de mayo de 2011, llegó a nuestra ciudad, Felipe Calderón Hinojosa, Presidente de México, a quién le reiteramos, con las inolvidables palabras de Luz María madre de dos jóvenes asesinados en Villas de Salvarcar, que no es bienvenido.
Porque no llega a escuchar la palabra de las familias de 7 mil víctimas de asesinatos y masacres que su estrategia de guerra ha traído a nuestra ciudad.
Porque tampoco llega, el presidente del empleo, a escuchar la realidad de pobreza en que 100 mil desempleados y desempleadas han tenido que vivir, desde ya hace más de 3 años.
Porque no figura en su agenda dar a conocer los avances en materia de atención a las víctimas de violaciones a los derechos humanos, cometidos por militares y federales. Menos aún, las medidas de sanción para los delitos que los mismos cometen contra la ciudadanía y que casi a diario reportan los medios como nota cotidiana.
Porque no quiere saber cómo han enfrentado y vivido la vida, los miles de huérfanos, la viudas y lo heridos, que sin perder la vida, mueren poco a poco, al faltarles el padre, la madre, quien lleve el sustento a casa, y otros, al quedar lisiados por impactos de armas de alto poder y sin atención médica.
Porque menos aún se reunirá con las madres de desaparecidas y desaparecidos, para quienes la vida se detuvo, y no podrá seguir hasta encontrarlos.
Porque no hablará de los feminicidos, ya que junto con los juvenicidios, no favorecen la buena imagen de la ciudad.
Felipe Calderón llegó a festejar militarmente, el aniversario de la toma de Ciudad Juárez de hace 100 años, no le importa la situación que vive hoy. Eso lo ha demostrado claramente.
Vino a hacer patente, hasta con un desfile, que su estrategia militar es la que llegó para quedarse. Pésele a quien le pese (y a lo mejor hasta vuelve a citar a Churchill). Su señal es muy clara. También vino a decirnos, que visto desde su oficina, son menos los muertos y que la guerra, su guerra, se va ganando. Que la violencia es cuestión de percepción.
Hoy, el aniversario de la toma de Ciudad Juárez, que fue la esperanza de transformar y liberar a la nación de la opresión de un dictador, se transforma en la reiteración de una lógica militar que no implica discutir resultados ni impactos, de un proyecto que viene desde arriba y desde afuera.
Sabemos que Ciudad Juárez es heroica, no necesitamos el nombre, porque siempre hemos resistido, combatido y luchado por la paz, la justicia y la vida digna.
La movilización convocada por el dolor de un padre, que le dio voz a los miles de padres y madres que lloran sus hijas y sus hijos por todo el país, será, en unos días más, bienvenida a Juárez con los brazos abiertos.
Porque es un movimiento por los que secuestraron, extorsionaron y condenaron a vivir con hambre, con enfermedad y sin educación ni progreso.
Porque es por los hijos y las hijas que asesinaron, y por los que no deben ser asesinados hoy, ni mañana, ni mientras dure su guerra, señor presidente.
Por todo eso, y mucho más, NO ES BIENVENIDO.ciudad-juarez.jpg

“A palos con los jóvenes, ¿quiénes son los cerdos”, por Pablo Iglesias Turrión (Público)

Guardado en: Historia y vida. — Mayo 19, 2011 @ 1:39 pm

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Veo en Facebook cómo algunos estudiantes de mi facultad se felicitan por el éxito de la manifestación de hoy y también cómo hacen recuento de moratones y contusiones por los golpes que ha repartido la policía. El vídeo reproducido por Público no deja lugar a dudas sobre la proveniencia de la violencia; varios robocops patean en el suelo a un joven indefenso.

La imagen no es nueva; casi no se distingue de las que vimos en las manifestaciones por una vivienda digna en 2007, en las protestas contra la Guerra en 2003 o en tantas otras movilizaciones. Y tampoco será nuevo el resultado: impunidad para los agentes (varios con pasamontañas y todos sin el número profesional visible en el uniforme), detenciones, acusaciones de desordenes públicos, de resistencia a la autoridad (y quién sabe de qué más) y, probablemente, varias condenas con las declaraciones de los funcionarios de policía como única prueba.

Ayer volví a ver, después de muchos años, La noche de los lápices de Héctor Olivera, una película basada en hechos reales que da cuenta de cómo fueron detenidos, torturados y asesinados, durante la dictadura militar argentina, un grupo de estudiantes de secundaria por su militancia en el movimiento estudiantil. Alguien dirá que no se puede comparar las dictaduras con las democracias. Por el contrario, lo que tiene sentido comparar es precisamente las cosas que son distintas; sería absurda una comparación, pongamos por caso, de un bolígrafo bic azul con un bolígrafo bic azul.

Dictaduras y democracias comparten un cierto consenso social de veneración fetichista hacia la autoridad

El primer elemento que comparten dictaduras y democracias, como cualquier régimen político moderno, es que las tareas de policía están encomendadas a un cuerpo profesional de funcionarios. Quien tramita una denuncia es un funcionario, quien investiga un robo es un funcionario, quien da una patada en la cabeza a un joven en el suelo antes de detenerle es un funcionario, quien aplica la tortura como parte de un dispositivo procesal —ya lo dijo Eduardo Galeano— es sólo un funcionario. ¿Cuál es la diferencia entre unos y otros? Hay quien hablaría de convicciones y de conciencia y seguramente nos diría que los policías de las dictaduras son distintos a los de las democracias. Concederemos que quizá sí, hasta cierto punto, aunque la experiencia histórica española dice lo contrario y los estudios de Bauman (Modernidad y Holocausto) y de Arendt (Eichmann in Jerusalem) demuestran que la diferencia entre un funcionario de la democracia y uno de la dictadura está en la autoridad que le da las órdenes. Como sabemos, la “obediencia debida” ha sido la coartada universal de todos los funcionarios que por las paradojas del destino se han visto en el banquillo de los acusados (desde Núremberg a La Haya pasando por Buenos Aires).

La segunda característica que comparten dictaduras y democracias es un cierto consenso social de veneración fetichista hacia la autoridad. La retórica de la “lucha contra la subversión y el comunismo” sirvió para que una parte de los argentinos mirara hacia otro lado mientras su gobierno arrojaba al mar a 30.000 compatriotas. Pues bien, aquellos que criminalizan las protestas de los jóvenes y se escandalizan al ver un contendor cruzado en una calle o una pintada en un banco mientras el paro juvenil alcanza niveles históricos, al tiempo que callan ante los abusos policiales (cuando no los justifican abiertamente), representan el mismo tipo de materia social sobre la que se construyen las dictaduras y sus crímenes.

Cuando la policía del gobierno del talante responde con violencia a los jóvenes que en este país se han tomado en serio eso de la Democracia, los demócratas debemos, al menos, indignarnos. Se atribuye a Ulrike Meinhof haber dicho que los policías no eran seres humanos sino cerdos. Si efectivamente la malograda fundadora de la RAF dijo eso se equivocaba. Es difícil encontrar una institución más universal que la policía a la hora de representar todas las expresiones de la modernidad racional del género humano (virtudes y monstruosidades incluidas).

Sin embargo, tanto a los que toman las decisiones de reprimir como a los que miran hacia otro lado o las celebran, bien debemos llamárselo: ¡cerdos!