images.jpg

En un bar, no muy al uso ya de antaño, o que más bien es una habitación
conformada por algo parecido a un mostrador sombreado por una luz
eléctrica de baja efusión, tres jóvenes piden unos botellines; beben
agarrando estos con sus manos visiblemente destrozadas de heridas y
cortes. Las uñas ennegrecidas , con alguna que otra naciente tras la
última herida. Los tres saben perfectamente de donde vienen, los tres
compañeros tienen sueños parecidos y los tres hermanados conocen
perfectamente quien es el que impide que estos se realicen.. Don
Saturnino, el propietario del taller de cerrajería general, y para
ventanas, cristales y puertas en particular. Les hace trabajar catorce
horas diarias, y es su jefe quien se lo lleva “crudo”; el único que le
pone algún freno es el “Marce”, el encargado, el que sabe solucionar
todos los problemas y que además te enseña cómo hay que trabajar.
Antonio, el que parece más listo y el más preparado, porque está
completando un curso de mecanografía y contabilidad por la noche en el
Instituto Central Nacional de Enseñanza (llamado El Nacional, que se
añadió hace treinta años y está a punto de desaparecer en seis ), es el
primero que abandona el taller de tortura, para sentarse en la Oficina,
junto al despacho de Don Saturnino. Ahora es quien le lleva los papeles
y las Cuentas. Está sorprendido de la cantidad de cosas que hay que
preparar, y menos mal que todo se lo ordena la gestoría Medina, además
de las órdenes de Don Saturnino. Empieza a entender lo que es la
denominada ingeniería financiera, fraude a la Seguridad Social,
liquidaciones de I.T.E., que son inventadas, al igual que las ventas son
ocultadas y fingidas. Pero al que se le dice la verdad es al señor
Rodríguez del Banco Popular.
Pedro, es el que mejor trato tiene, es guapo y parece mejor dispuesto.
Don Saturnino ha notado que cuando va con él a visitar a los clientes,
obtiene buenos contratos. Aparenta que sabe de todo, aunque sus
trabajos, siempre los tiene que repasar el “Marce”, porque no están bien
acabados. Parece como si terminar fuera más importante que hacerlo bien.
El encargado le tiene bajo presión y vigilancia, están todo el día a
voces y tirándose patadas, ya que el “Marce”, tiene también sus
defectos, el pulso y la vista parece que empiezan a fallar. Sólo su
paciencia y su amor por el trabajo bien realizado, le salva de algunos
errores que antes los veía y ahora no.
Carlos, reconoce haber aprendido todo de “Marce”, la forma de andar, la
forma de fumar y hasta la fórmula de arreglar los problemas. Está
condenado y ungido con el “tú serás el encargado en cuanto me jubile”.
Tienes unas manos y una paciencia, que me recuerdan a las mías y a mí de
hace treinta años. Todas estas palabras, le animan a seguir imitando al
encargado, hasta en la forma de beberse los botellines. También ha
heredado un gusto por el Partido y por CCOO, que el “Marce” le ha
inculcado cuando, de vez en cuando, cambia el botellín por el anís del
Mono y se pone filosófico trascendental .
En las primeras elecciones, dos de ellos votaron al PCE y uno al PSOE, y
hablaban de sus líderes con cariño y respeto. De los franquistas y
centristas, hablaban con sorna y desprecio. Lo que se oía en aquel
maldito bar, era la expresión, “Ya veréis cuando ganen los míos”. Pero
acontecimientos más terribles, vinieron a perturbarles. Según Antonio,
las cuentas de la Empresa, no salían bien. El Banco, apretaba más a Don
Saturnino y este por culpa de la competencia, estaba bajando los
precios, de forma que se perdía dinero. Pedro que es más impulsivo, ya
le ha amenazado varias veces, con irse con la música a otra parte, que a
él no le faltan ofertas y como no tiene hijos, pues que nada, que cuando
quiera, le prepare la cuenta, que se marcha. Carlos les mira con
desesperación, dos hijos, una suegra y una cuñada soltera, en un piso de
San José de Valderas, de 60 metros cuadrados y sin ascensor. ¿Cómo va a
pagar las letras del piso, si Don Saturnino cierra?. Antonio dice, que
Don Saturnino, aguantará hasta que le llegue la Jubilación. Como el
taller es personal y no ha constituido ninguna sociedad, él sabe de
buena tinta, que en cuanto cumpla los 65 años, cierra el negocio y los
pone a todos en la puta calle, sin indemnización alguna, por jubilación
de empresario.. Antonio, busca ayuda en la botella, para intentar
explicar a su mujer que ese piso en Alcobendas, era un sueño erótico,
pero irrealizable. Lo que ellos no saben es que el más débil es Pedro,
su agresividad es cobardía y su mujer ya le ha puesto las maletas en la
puerta de la calle y alguna noche ha tenido que dormir en el coche, en
ese maldito Simca 1.000, con palanca-lanza de cambio.

Han pasado veinte años desde que Don Saturnino cerro por jubilación, los
tres amigos, después de un tiempo juntos, han emprendido caminos dispares.
Carlos tiene un taller con tres ecuatorianos, un árabe y dos polacos.
Todos están mal, sin papeles y por eso puede dar ofertas interesantes.
Se ha liado con una colombiana quince años más joven. Su mujer y sus
hijos, sólo hablan con él, el día de Reyes para pedirle más dinero, más
regalos y si pueden hablar con la hija de su amigo Antonio, el concejal,
para poder ir estas vacaciones a la isla de Formentera, aprovechando la
campaña que tiene el Ayuntamiento de Acompaña a un mayor y te salen las
vacaciones gratis.
Pedro murió lamentablemente en un accidente aéreo, por Filipinas. Fue el
que más dinero ganó, el que más se corrompió, con la droga y el sexo. Su
mujer le abandonó por un profesor de tenis brasileño y éste se dedicó a
tirarse todo lo que tenia faldas. Los políticos empezaron a desconfiar
de él y se alejaron, excepto los viejos pervertidos, que viajaban con él
a Filipinas. Fue el que convenció a Antonio, para que entrara en el
Ayuntamiento de Alcobendas, con un partido independiente y que sonara
muy rojo y muy de Alcobendas. después pactó con el PSOE, luego con el
P.P. y ahora, dicen las malas lenguas de la calle Génova, que puede
llegar al Senado.
Antonio, vive una historia de conveniencia, con su mujer y su hija.
Verdaderamente, hace tiempo que se lió con su secretaria y todos saben a
lo que están jugando, nadie, por ahora, ha sacado los pies del tiesto.
Tiene sus asuntos sucios, tales que, entre otras muchas otras, como que
todas las puertas, ventanas y cristales, hay que comprarlos al taller de
su amigo Carlos, sin discutir precios, plazos y pagos.
De vez en cuando, Carlos toma el camino del Taller de Don Saturnino, en
la calle Vizconde de Matamala y busca entre las torres de pisos, algo
que le recuerde el polígono Industrial, que era cuando empezó a
trabajar. Sus manos y uñas, son el recuerdo vivo de lo que era y se
encuentra escondido trás un buen traje, una buena peluquería y el
Mercedes que le regaló Pedro, una noche de juerga, después de un
pelotazo en la Comunidad, gobernada por el P.P. y naturalmente corrupta.
En un bar atendido por dominicanos, casi en la antigua plaza de Manuel
Becerra, pide Anís del Mono, la chica joven y mulatona, no sabe si la
está insultando o si no puede quitar los ojos, de sus enormes tetas.
Aclarado el tema del anís, sólo tienen Chinchón, le vale, para el dolor
de alma, para brindar por sus amigos y por “Marce”, el único que siguió
votando al PCE. Ellos votan al P.P., eso sí, con anís del Mono.

images8.jpg
Cuando en 2006, algunos analistas juiciosos avisaron de la que se nos venía encima, pocos hicieron caso, respondiendo los pretorianos del orden establecido que eran mensajes de agoreros, que la economía mundial gozaba de una salud de hierro amenazada tan solo por la creciente subida de los combustibles fósiles. Año y medio después, cuando la crisis se hizo flagrantemente evidente, sobre todo para los trabajadores, cuando se vio su etiología canalla, voces de todo el planeta se alzaron pidiendo un cambio de sistema, de modo de vida, incluso algunos gobiernos llegaron a proclamar la insostenibilidad del modelo actual. Ahora, cuando las “turbulencias” financieras parecen debilitarse gracias a los cientos de miles de millones de dinero público que se han tragado los bancos, algunos hablan de brotes verdes, de luces al final del túnel, de la posibilidad de que la economía mundial vuelva a crecer a partir del año que viene, si dios quiere.
Y alguna razón deben tener, no porque vaya a disminuir el paro, no porque los trabajadores vayan a tener mejoras sociales, no porque la educación pública, laica y humanística vaya a ser el principal foco de inversión de los gobiernos, no porque se atisbe la desaparición de las desigualdades, del hambre, de la explotación, sino porque el capitalismo, gracias a todos nosotros, puede haber encontrado otro filón con el que llevarnos definitivamente a la ruina económica, ecológica y moral. Nadie le pida jamás a un capitalista que piense a largo plazo, el beneficio y la acumulación de capitales no saben de plazos largos. A esa especie le va más el regate en corto, el hoy, el mañana y, como mucho, el pasado mañana. No hemos salido todavía, y tengo serias dudas de que lo hagamos, de la mayor estafa de la historia y esos tahúres ya nos tienen preparada otra que puede tener consecuencias absolutamente funestas.
Desde hace unos meses leo en muchos medios de comunicación reclamos para invertir en petróleo, un bien escaso y por tanto con unas posibilidades inmensas de proporcionar beneficio a corto plazo al no haberse producido cambios estructurales respecto a su consumo. En julio de 2008, el petróleo, debido a la política económica depredadora promovida por los organismos económicos internacionales y al consumismo compulsivo de la parte pudiente de la sociedad, llegó a su máximo histórico: 147 dólares. Pese a los augures que anunciaban la llegada del lobo, los especuladores siguieron comprando petróleo a ese precio y almacenándolo en enormes depósitos marinos –petroleros- y terrestres, con la esperanza de que en pocas semanas alcanzase los doscientos dólares. Pero llegó el batacazo, la quiebra del sistema financiero internacional, la gran estafa al descubierto, el ciclo bajista que necesita el capitalismo para limpiarse de impurezas, de costes, que no son otra cosa que derechos laborales, sociales, políticos y económicos, es decir para zafarse de todo aquello que impide que el beneficio sea aún mayor, total. Ante la caída brutal de la demanda de crudo, la OPEP decidió en octubre del pasado año extraer un millón y medio menos de barriles, esperando que con esa medida los precios, que habían descendido a los 32 dólares en febrero, se animaran y pudiese retomarse la corriente alcista. Los especuladores petrolíferos no sabían que hacer con tanto oro negro devaluado guardado en sus letrinas y las medidas de la OPEP no parecían dar resultado. Fue entonces cuando los líderes y los organismos mundiales comenzaron a hablar de esperanza, del posible final de la crisis para un jueves de estos. El gigante chino comenzó a moverse de nuevo, no al ritmo de antaño, pero sí con el poderío que da tener a un ejército de cientos de millones de esclavos obligados a trabajar de sol a sol, los estraperlistas dieron salida al crudo almacenado y comenzaron a comprar nuevas remesas, volviendo a guardarlas en sus silos. Al comprobar que los precios comenzaban a subir, los medianos inversores siguieron la misma pauta, entregando sus dineros a los trileros del sistema, consiguiendo en unos meses, los que van de febrero a mayo de este año que el petróleo llegase a los 67,50 dólares, un precio que duplicaba con creces el de febrero de este mismo año. Por si fuera poco, hay una absoluta confianza en medios financieros y bursátiles de que el aceite de piedra pueda alcanzar a finales de año los 75 dólares. Estamos, pues, ante otra estafa de nivel sideral promovida y auspiciada por la mano invisible que mueve el mercado y se ríe de nosotros, del pueblo que paga quiebras y sufre despidos, a mandíbula batiente.
¿Qué ocurre, se está saliendo de la crisis, estamos al final del túnel, ha llegado de nuevo la eterna primavera que siempre es efímera para la mayoría de los mortales? No creo. Evidentemente, si los estraperlistas, los estafadores, los especuladores que mandan en el sistema han decidido invertir en petróleo, es porque algo se mueve, porque están seguros de que van a ganar muchísimo dinero en un horizonte no muy lejano. Pero no se está saliendo de la crisis porque a los capitalistas que manejan la mano invisible, las crisis les vienen como anillo al dedo. Volverá a subir el PIB, volverán, después de haber expulsado del mercado a miles de pequeñas empresas, a crecer los beneficios de las grandes corporaciones, volverán a tener beneficios los bancos, incluso las automovilísticas con la ayuda económica de los Estados, pero continuará el paro, con la nada desdeñable probabilidad, de que se haga endémico en algunas regiones del planeta y en algunos segmentos de edad, se alargará, por increíble que parezca, la jornada laboral, se invertirá en policía, se bajarán los impuestos a las transnacionales y los ricos y se organizará otro genocidio en algún país de los marcados en rojo en la lista negra del Pentágono.
El poder de las grandes corporaciones ha llegado a ser tal, con todos los grandes medios bajo nómina, que después de haber estafado a la Humanidad y de ponerla en la peor situación en décadas, después de haber obligado a los gobiernos a entregarles una cantidad de dinero tal que habría bastado para eliminar definitivamente el hambre en el mundo, para dar estudios universitarios a todo el que lo desease, para construir hospitales hasta en el más remoto lugar del planeta, para desarrollar, y acabar así con los flujos migratorios forzosos, las áreas más pobres de la Tierra, tienen la cara dura, la inmensa cara dura, de estar planeando, delante de nuestras narices, otra estafa de calibre similar o superior, pues ésta puede no tener remedio. Cuando el petróleo se acercaba peligrosísimamente a los doscientos dólares el barril y la crisis era inminente, había gobiernos que planteaban ya como ineludible el cambio de modelo energético, el progresivo abandono del petróleo y su sustitución por energías renovables. Se hablaba de ayudar a la industria automovilística siempre que mantuviese los puestos de trabajo en el mismo lugar y acometiese una renovación en toda regla que incluyese la sustitución de los motores convencionales por otros –ya inventados- que utilizasen hidrógeno o electricidad. Todo se ha parado, como si nada hubiese pasado. Los gobiernos entregan de nuevo millones a las automovilísticas y éstas siguen con los motores de petróleo sabiendo que eso no tiene futuro, que eso es el suicidio, que, como dice José Luis Sampedro, de retomar las pautas de consumo de energías fósiles anteriores a la crisis, en diez años el petróleo costará por encima de los trescientos dólares el barril, lo que hará inviable cualquier actividad económica y humana, iniciándose un periodo de inestabilidad política, de proporciones difícilmente mensurables, por el control de lo que quede de esa fuente de energía. Llegado ese momento, la energía nuclear será presentada como última tabla de salvación, trasladando la guerra del mundo islámico, que es el del petróleo, al mundo negro, que es el del uranio.
El control político y económico de África ha costado millones de muertos y la pobreza de un continente que tiene la desgracia de tener todo aquello que el opulento primer mundo necesita y se lleva sin su permiso mediante la corrupción, la conquista o la guerra. Europa, siempre Europa, está perdiendo una de sus últimas oportunidades. Ha renunciado a cambiar de modelo económico y apuesta porque todo siga igual, pero otorgando más derechos para quienes más tienen y menos para los trabajadores. Pagará el petróleo, mientras haya, a precios que la sumirán en una crisis crónica, después será esclava del uranio que tiene África pero que está en manos de las grandes transnacionales y sus ejércitos imperiales. Habría sido todo tan sencillo, como aprovechar la actual crisis para cambiar el combustible fósil de los automóviles, por otro renovable. Se habría dado un paso de gigante. De este modo, han elegido por nosotros, el camino a Perdición.

images7.jpg

El Ministerio de Cultura español promovió el Primer Encuentro Internacional de Memoria Histórica en la Universidad de Salamanca, la misma donde Miguel de Unamuno enfrentó al dirigente franquista Millán de Astray cuando éste entró a los claustros pistola en mano gritando “Viva la muerte, abajo la inteligencia”. En esa reunión, de la que participaron delegaciones de Chile, Argentina, República Dominicana, Portugal y Alemania, el poeta y columnista de Página/12 fue el encargado de realizar la conferencia inaugural sobre “el imperativo moral de la memoria colectiva”.

Soy padre de un hijo de 20 años secuestrado, torturado, asesinado en 1976 por la más reciente dictadura militar argentina, que también desapareció sus restos. Fueron hallados, gracias a la infatigable labor del Equipo Argentino de Antropología Forense, 13 años después. Soy suegro de su esposa, secuestrada cuando tenía 19 años, trasladada de Buenos Aires a Montevideo encinta de ocho meses y medio y asesinada por la dictadura militar uruguaya dos meses después de dar a luz. Sigue desaparecida y su hija fue entregada a un policía de matrimonio estéril. Soy abuelo de una nieta de la que me robaron sus primeros 23 años de vida y que mi mujer, Mara La Madrid, que no es la madre de mis hijos, y yo buscamos y encontramos al cabo de una larga investigación. Nada de esto hubiera sido posible sin el testimonio oral de sobrevivientes uruguayos y argentinos, sin expedientes judiciales y aun militares, sin ese archivo tan particular que es el banco de datos sanguíneos de familiares de desaparecidos del Hospital Durand de Buenos Aires, sin una campaña internacional de denuncia que tuvo la solidaridad de decenas de miles de poetas, escritores, artistas y gente de a pie de 122 países, sin libros, sin documentos, sin Internet, sin videos y, sobre todo, sin la voluntad imperiosa de encontrar la verdad.

Hablo desde la experiencia argentina. ¿Por dónde empezar? ¿Por la madre de un desaparecido que año tras año y día tras día arreglaba el cuarto de su hijo y a la noche le preparaba la sopa que él solía tomar al regreso del trabajo? La sopa se enfriaba en la mesa sin remedio. ¿Por el sueño de la hija de una desaparecida? Este sueño: “Mamá vive en el departamento de la calle 47. Voy a visitarla. Tengo miedo de que me abrace y al hacerlo se convierta en fantasma”. Ha pasado mucho tiempo desde la de-saparición de ese hijo y de esa madre, pero no hay final del duelo todavía. No lo habrá mientras no se encuentren sus restos y descansen en un lugar de recuerdo y homenaje. No lo habrá mientras esa madre y esa hija no sepan toda la verdad sobre su sufrimiento. No lo habrá mientras esa verdad no conduzca a la Justicia.

El infierno no termina cuando se cierran las puertas del campo de concentración y los hornos se apagan: hace un cuarto de siglo que cesó el infierno militar en la Argentina y centenares de miles de personas –hijos, padres, hermanos, familiares, amigos de los desaparecidos– viven esa segunda parte del infierno que crepita en la memoria y no hay modo de apagar. “Desde entonces, a una hora incierta/esa agonía vuelve/y hasta que mi cuento espantoso sea contado/mi corazón sigue quemándose en mí”, dice el viejo marinero de un poema de Coleridge que recordó Primo Levi. Para muchos argentinos, uruguayos, chilenos, centroamericanos y nacionales de tantas otras latitudes del mundo esa estrofa poética es vida real y quema cada día.

“En nuestro país el olvido corre más ligero que la Historia”, dijo el escritor Adolfo Bioy Casares. Pues no sólo en la Argentina. Desaparecen los dictadores de la escena y aparecen inmediatamente los organizadores del olvido. “¿Para qué renovar las penas? –dice Ismene a Edipo–. El dolor se sufre al recibir las penas y se vuelve a sufrir al recordarlas.” El Día de Muertos, el pueblo mexicano acude a los cementerios, se sienta alrededor de sus difuntos, toca la guitarra y les canta, les pide que sigan muriendo en paz y que dejen en paz a los vivos para que los recuerden sin terrores. Pero los familiares de los desaparecidos no tienen dónde hablarles y ellos son fantasmas inciertos que vuelven a doler en la memoria.

“Los padres quedaron sin hijos y no terminan sus quejas. Conocen al fin cuál es el dolor total sin remedio”, dice Esquilo. ¿Cada recuerdo trae un dolor que se amontona, capa sobre capa, y se convierte en una geología del dolor? ¿Es posible dialogar con el dolor, fingir que tiene rostro y que no es una potencia que viene y va y protesta contra la muerte del ser querido y le da cuerpo y la afirma negándola? ¿La locura sería la última puerta del dolor, una manera de convertirse en dolor para no padecerlo y desaparecer en el dolor? ¿No será ésa una forma de fundirse con la víctima y así morir con ella? Los familiares de los desaparecidos están en otro lugar. “Un loco, solamente un loco que perdió la mente olvidar puede la muerte de su padre”, dice Electra. O la muerte de un hijo. No es ésa la locura de los familiares: su única “locura” consiste en exigir verdad para las víctimas y justicia para los victimarios. Es un camino lleno de obstáculos con los que se tropieza día a día. Los comisarios del olvido tienen recursos y conocen su trabajo.

Un pacto de silencio sella la boca de los militares argentinos, con pocas excepciones. Cuando sus camaradas conocen que alguno está dispuesto a hablar, lo callan con una buena dosis de cianuro: le ocurrió al prefecto naval Héctor Febres, a punto de ser condenado por los crímenes que cometió durante la dictadura militar. O desaparecen a testigos importantes de los juicios por delitos de lesa humanidad, como desaparecieron a Julio López, para agitar el miedo en las víctimas testimoniantes. La policía facilita la huida del represor atrapado o quema archivos de sus operaciones. La jerarquía de la Iglesia Católica argentina que, a diferencia de la chilena, santificó la matanza –un obispo del Vicariato llegó a decir “cuando hay derramamiento de sangre, hay redención”–, la jerarquía de la Iglesia Católica argentina, que ordenó tranquilizar a militares desasosegados porque venían de tirar prisioneros vivos al océano, se niega a abrir sus muy prolijos archivos de la época, que permitirían recuperar al menos los restos de numerosos desaparecidos.

Ciertos jueces, ciertos fiscales y ciertas instancias judiciales como la Corte de Casación argentina encajonan procesos contra los represores, quienes pueden quedar en libertad por la falta de sentencia. Y lo peor, verdaderamente lo peor, es la perversión que mancha a sectores políticos y sociales que, de un modo o de otro, por acción o por omisión, fueron cómplices de la matanza y callan lo que saben y niegan al Otro lo que saben. Y luego, por qué omitirlo, la actitud pasiva de ciertos familiares que, ante todo por falta de medios, y luego por desánimo, cansancio, resignación, desesperanza o temor, todavía temor, depositan su no hacer en los organismos de derechos humanos. Y también, por qué omitirlo, ciertos organismos argentinos de derechos humanos que burocratizan el dolor o militan contra la búsqueda de los restos de los desaparecidos “para que sigan con sus compañeritos”. Así hacen tabla rasa de la historia personal de las víctimas y del lugar que ocuparon en la historia. Es la continuidad civil, bajo otras formas, del pensamiento militar.

La voluntad de corregir la memoria, como es notorio, viene de muy lejos. En el siglo V antes de Cristo, la sangrienta oligarquía de los Treinta prohibió en Atenas por decreto recordar la derrota militar que le infligiera Esparta. Cada ciudadano fue obligado a pronunciar el juramento “No recordaré las desgracias”. Pasan los siglos y los vencedores siguen reorganizando el pasado a voluntad. En el año de gracia de 1040 el monje Arnold von Saint Emmeram explicaba así el método que había elegido para escribir la historia del ducado de Baviera: “No sólo es pertinente que las nuevas cosas modifiquen las viejas; también es correcto, si las viejas son desordenadas, el de-secharlas por completo, e incluso, aunque estén bien ordenadas pero sean poco útiles, el enterrarlas con reverencia”. La voz de los vencidos es “desordenada y poco útil” en los manuales de historia al uso, cuyo marco de referencia esencial es el Estado. Numerosas víctimas de crímenes contra la humanidad fueron y son carne de olvido, “ese acuerdo con aquello que se oculta”, al decir de Blanchot. Los que falsifican la historia así, falsifican la vida y están presentes y activas las antiguas herencias de nuestra tan moderna, o posmoderna, civilización occidental, en la que los extraordinarios avances tecnológicos conviven o malviven codo a codo con genocidios nunca vistos.

Proliferan las teorías sobre la historia como relato y otras sobre todo lo contrario. De lo primero hay pruebas más que suficientes, algunas francamente ridículas. La historia del Partido Comunista soviético ha sufrido continuos liftings con el correr del tiempo y se convirtió en un acto de predicción del pasado. Es famosa la fotografía del estado mayor bolchevique tomada días después del triunfo de la Revolución Rusa, con Lenin en el centro, a su derecha una escalera y luego Stalin. El lugar de la escalera lo ocupaba Trotski, excomulgado por el Termidor stalinista. El acto tiene pretensiones mágicas y la voluntad de abolir la historia. De ahí la importancia fundamental de los archivos de la memoria. De ahí la importancia fundamental de esta reunión. La pretensión de mutilar la memoria cívica de todos los días corrompe su salud y despeja el camino a nuevos autoritarismos.

El imperativo moral de la memoria colectiva tiene hoy más urgencia que nunca y no faltaron en la Argentina y en otros países quienes entendieron esto muy temprano y crearon y ordenaron personalmente, sin apoyo oficial alguno y movidos por su moral ciudadana, informaciones utilísimas que se pueden ver por Internet. Estos archivos contribuyen a deshacer las artimañas de los asesinos de la memoria, como ésas que pretenden que no hubo cámaras de gas y que el primer pueblo ocupado por el nazismo fue el pueblo alemán. Si queremos que la barbarie no se repita y pase al reino del nunca más, no deberían, creo, ser archivos mudos para la sociedad civil y viceversa: habría que acercar sus contenidos a sectores sociales y políticos en los que hay no poco a despejar todavía.

¿Y se podrá alguna vez despejar mentes en el estamento militar para que obedezcan a lo ético y opongan la desobediencia debida a órdenes criminales? El capitán de navío Juan Carlos Rolón, miembro de un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada de Buenos Aires donde la marina desapareció a 5000 personas, declaró impávido: “Nos enseñaron que la tortura era una forma moral de combatir al enemigo”. Se recuerda el diálogo que Hannah Arendt sostuvo con un oficial nazi que admitió haber gaseado y enterrado a prisioneros con vida en el campo de concentración de Maidanek. La pregunta de la filósofa: “¿Se da cuenta de que los rusos lo van a colgar!”. La respuesta del nazi: “¿Por qué? ¿Yo qué hice?”.

Las dictaduras suprimen el testimonio de las víctimas, pero llevan sus propios archivos. En Auschwitz hay gruesos volúmenes que registran la muerte de los prisioneros gaseados. En la primera columna de cada página figuran el nombre, la edad y la nacionalidad de la víctima; en las dos restantes, hora y causa de la muerte. La hora es la misma a lo largo de páginas enteras, las 8.15, o las 8.30 o las 9.00 de la mañana. También se repite la causa de la muerte, “influenza” casi siempre. Este no es sólo un acto burocrático; sustituye la vida por una mentira de papel y muestra abismos de la condición humana. Se impone abrir esa clase de archivos. Pero ésta es una decisión de Estado y, lamentablemente, todavía hay gobiernos democráticos que no se atreven a disponer que se dé ese paso indispensable. Los familiares de los desaparecidos sólo conocen la dolorosa mitad del crimen. La otra yace oculta, custodiada por centinelas militares, policiales, eclesiásticos. Jacques Derrida habló del “mal de archivo”, pero ésos son los archivos del mal.

Que se me perdone la insistencia en subrayar la importancia de los testimonios orales, vehículos de una memoria que en ocasiones se transmite de generación en generación. Frente a Panamá –narra el periodista José María Pasquini Durán– hay una isla llamada San Blas en la que vive una etnia indígena. Una vez al año todos se reúnen y los ancianos cuentan a los jóvenes la historia de la etnia, que arranca del casamiento del Sol con la Luna, para que su memoria perdure. Los jóvenes comenzaron a emigrar y a quedarse en Panamá, pero mandan grabadoras a la isla para registrar el relato de los ancianos. Ahora la maravillosa historia que comienza con el Sol y la Luna está en casete y los jóvenes lo tienen en su casa entre los discos más recientes de pop norteamericano. Menciono esto porque en muchas sociedades del mundo no hay casete todavía.

En el año 1987 seguía yo exiliado en Francia y el diario recién nacido entonces para el que trabajo, Página/12, me pidió que cubriera el proceso a Klaus Barbie, el ex jefe de la Gestapo en Lyon, bautizado “El carnicero”. A una víctima que le detallaba sus crímenes, Barbie dijo: “Yo no me acuerdo de nada. Si se acuerdan ustedes, el problema es de ustedes”. Efectivamente: recordar y denunciar los crímenes contra la humanidad y exigir su castigo es un problema nuestro.

images6.jpg

Comprometido y crítico, el realizador greco-francés Costa-Gavras firma con Arcadia, su última película, una lúcida, corrosiva -y divertida- fábula (a)moral sobre la precariedad laboral y la competitividad feroz del capitalismo. ¿Cineasta político?: “Todas las películas son políticas porque hablan de lo que pasa en la sociedad”.

Por Andrés y Santiago Rubín de Celis y Carola García-Calvo. Fotografías cedidas por Wanda Visión

—¿Cómo llegaste a la novela de Westlake (The Ax, 1999)?

—Encontré la novela en inglés y la leí -unos amigos en Estados Unidos sabían que buscaba algo así y me la mandaron-. Yo quería hacer la película en Europa, pero los derechos pertenecían a la Paramount, que quería hacer la película. Finalmente, después de cuatro años y muchos guiones, abandonaron el proyecto y yo compré los derechos para hacerla en Europa. Me habían ofrecido hacerla en los Estados Unidos, pero no me interesaba hacerla allí, me parecía mucho más interesante hablar de Europa a través de esta fábula. Además es un filme de género…

—Te interesa más el contexto social y familiar que los pensamientos y motivaciones individuales. ¿Qué papel le das a la psicología de los personajes?

—Claro. En muchas películas la psicología no es más que un alibi, una excusa para justificar las cosas, para explicarlas. No me interesa. La psicología del protagonista de Arcadia es simple: “Hago la guerra para defender a mi familia, no quiero que mi mujer me deje ni que mis hijos hagan cosas inaceptables”, y basta.

—Sí, en un momento de la película dice también: “Mi enemigo es el empresario, pero mi problema, el obstáculo, son los demás candidatos”, queda bastante clara…

—Efectivamente. El problema social es lo que me interesa.

—Es muy notable y ciertamente novedoso el uso que haces del humor en la película. Tus películas tienen a menudo toques de humor, un humor generalmente grotesco o absurdo mientras que en Arcadia es decididamente negro…

—Cuando estudiaba Letras en la Sorbona aprendí que en la tragedia hay siempre una parte de comedia, en eso radica que los hombres tengamos esperanza. Me parece que es una ley perfecta, es la vida. En esta película el humor radica en las situaciones, no en las palabras. Situaciones que a su pesar el personaje principal crea involuntariamente. Cuando dispara, por ejemplo, una y otra vez se hace daño, es una realidad: no sabe disparar. Buscamos situaciones así para introducir lo cómico, sabiendo que era necesario no ir demasiado lejos…Otro ejemplo: cuando el motorista de la policía le para por tirar papeles -una prueba, de hecho- por la ventana. Podríamos haber incidido en la comedia haciendo planos más cortos del policía y de José (García),manteniendo el de José, habría habido enormes risas en las salas, ¡seguro!… pero preferí rodarlo de lejos. Intenté en todo momento equilibrar comedia y drama, no insistí en la comedia, la utilicé. En cuanto a lo del humor negro, era la herramienta perfecta para la crítica.

—José García, que es un actor eminentemente cómico, está muy contenido, y esa es una de las grandes virtudes de la película, su gran interpretación.

—No solo la suya, también la de los demás… José es un actor enormemente cómico, es muy gracioso. En Francia es muy popular porque hizo durante no se cuántos años un programa en Canal + en el que hacía lo que los americanos llaman slapstick, imitaciones y otras cosas. Al contrario que sus compañeros él nunca actuaba pensando en los espectadores, simplemente llevaba el personaje hasta sus últimas consecuencias, y eso es una gran cualidad para un actor. En el cine había hecho un par de películas serias en las que se veía que era un actor de verdad, y mi fabulosa experiencia con Jack Lemmon en Missing (1983) me permitió decidirme por él.

—Físicamente se parecen muchísimo…

—Si se parecen, sí. Para él ha sido un reto. Si uno ve la película con atención hace cosas bastante extraordinarias, casi únicas. Por ejemplo, cuando al final llega la policía. Él está muy contento porque sabe que va a conseguir trabajo, y cuando la policía llega -creemos que a detenerle- su reacción es simplemente colocarse bien la corbata, no hay sobredramatización. Yo le había pedido que no dramatizara nada: “Búscame pequeños detalles, pero no dramatices” y él encontró eso, que funciona perfectamente. Es una virtud muy notable.

—Es lo que los americanos llaman underplay, quedarse en un registro contenido.

—Exactamente, underplay, dejar sentir al espectador lo que tu sientes sin dramatizar, sin sobreactuar.

—Siendo una película realista, en Arcadia -al igual que en todas tus películas- existe una gran estilización, utilizas, por ejemplo, una publicidad muy agresiva: relojes utilizados como cuchillos, sexo explícito, etc. Háblanos de ello.

—Sí, eso es. Está buscado, no es gratuito, es algo ligado orgánicamente a la historia, si puede decirse así. La publicidad que vemos en todas partes, en la calle, el periódico o la televisión, nos propone comprar cosas que no podemos comprar, la mayoría de las personas no pueden hacerlo, y aún más la gente que no tiene trabajo, es decir: él. En la película él, que pertenece a la clase media, ve muchas cosas (los relojes, los coches…) que podría comprar, pero que ahora no puede permitirse. En cuanto a las mujeres desnudas, que, no sé si os habéis fijado, no tienen cara, quiero denunciar que la publicidad ha creado un canon de mujer que no es más que el resultado de las fantasías sexuales de los hombres, tipo Lolita. Todas son delgadas y ninguna modelo tiene más de veinticinco años, las demás mujeres no existen. Simplemente. He querido ligar esto también a la historia de la película: porque la niña, la hija de la familia, lo tiene aprendido, y lo usa: ¿qué hace con la policía?, se desnuda.

—A pesar de ese tono cómico que recorre la película, el final del cazador cazado -entre otras cosas-nos sugiere un cierto desencanto pesimista. ¿Es esa tu opción?

—No, no, es una constatación. Él decide ser un depredador, y, finalmente, siempre hay otro depredador más fuerte. Esa es la idea. Es un cuento amoral, se trata de que el espectador vea una sociedad en la cual todos somos depredadores… y hay que dejar al espectador dar su propia respuesta a esta cuestión… Además, se dice hoy que las mujeres son iguales que los hombres, así que también en eso…

—Hemos leído esta misma semana unas declaraciones tuyas hechas en la Seminci de Valladolid en las que afirmabas que la labor del director es plantear preguntas, no resolverlas; que no eres tú quién debe responderlas…

—No sólo del cineasta, del artista en general… Busco hacer preguntas, pues no creo que el cine deba dar respuestas. Y si esas preguntas son exactas, mejor. El arte, en cierto modo, es político. Yo lo entiendo como herramienta para hablar de lo que no se habla, mostrar lo que no se muestra, romper la rutina cotidiana, elegir otras visiones del mundo.

—Has dicho antes que querías que Arcadia fuese una película europea, ¿qué diferencias encuentras, tanto a un nivel cinematográfico como sociocultural, a la hora de trabajar aquí y en los Estados Unidos?

—Lo primero de todo en la libertad: el poder acabar la película así, por ejemplo, porque en los Estados Unidos hubiese habido, seguramente, una fuerte lucha para encontrar un final positivo y, como decíais vosotros, darle al personaje una serie de motivos psicológicos para explicar por qué mata. No, él debe hacer la guerra y si se va a la guerra hay que matar gente, ése es el principio de la guerra… Eso es todo. Además, en los Estados Unidos no existe la situación que describe la película desde hace años. El capitalismo americano no respeta en absoluto a las clases obrera ni media. Aquí, en Europa, se dice en cambio que la clase media es esencial para la democracia. Todos quieren pertenecer a ella, la clase media es el equilibrio. Aunque ahora tienda también a desaparecer…

“Es un cuento amoral, se trata de que el espectador vea una sociedad en la cual todos somos depredadores”

—¿Cómo te defines políticamente hoy?

—Como un hombre de izquierdas sin adhesión a un partido político concreto, enemigo de todo lo que signifique el uso arbitrario y opresivo del poder. La sociedad a la que aspiro es la que respeta la dignidad y la libertad de los hombres y la posibilidad de vivir una vida humana.

—¿Y qué piensas retrospectivamente del género que te hizo famoso?

—Z, La confesión, Estado de sitio…tuvieron su razón de ser entonces, en su momento. Por suerte, hoy el mundo ha cambiado algo: no mandan los militares y el comunismo cayó en Europa, hoy los métodos de dominación son distintos.

—Más sutiles.

—Sí, mucho más.

—Nosotros tenemos bastante claro cuáles nos gustan más de tus películas -Z, La confesión, Estado de sitio, Missing…- pero ¿cuáles son de las que tú te sientes más satisfecho?, aquellas que cambiarías menos…

—¡Cambiaría todo de todas! [Risas]. Sí, además no las veo mucho una vez terminadas, de veras… No, yo tengo, ¿cómo se dice?, un cariño especial por una película que no funcionó muy bien que es Hanna K, que me parece una buena película que se ha visto poco, nada, y que aquí presentaron hace ya muchos años…

— Sí, pero que se reestrenó comercialmente hace un par de años…

—Exactamente. Porque me parece que la película mostraba, exactamente, lo que años más tarde hicieron Rabin y Sharon con Arafat. Mi posición era correcta, pero probablemente la película llegó 10 años antes de tiempo, sí. Y claro, ahora la piden muchos pero es muy tarde ya… No, de las otras películas no lo sé, es un trabajo de críticos, de historiadores… Las películas tienen generalmente una vida muy corta.

—A mí me gusta, y me parece un poco inusual dentro de tu obra, y quizás por eso me gusta, Una mujer singular (1979) según la novela de Romain Gary…

—¡Ah, sí! A mí también. Sí. ¿Inusual? No lo sé. Es el problema de la gente que me ha metido en una cajita. Yo me siento cercano, naturalmente, a todas ella: son historias que me han tocado profundamente. Sí.

—¿Vas mucho al cine hoy en día?

—Sí. Sí, mucho.

—¿Y qué cosas te gustan?

—Hay muchas cosas interesantes, siempre las hay. Y también otras muchas que no lo son… Generalmente las cosas más interesantes vienen de países que no tienen tradición cinematográfica: por ejemplo, en este momento hay películas argentinas muy interesantes, o coreanas. Están muy bien, con estilo, con una nueva visión…

—Con una mirada nueva, diferente, más consciente…

—Sí. Más conscientes y sobre un mundo distinto. Ya no es siempre el mundo, la sociedad americana.

images5.jpg«Con esto llegamos como por la mano a determinar los facto-
res que integran esta forma de gobierno y la posición que cada uno
ocupa respecto de los demás.
Esos componentes exteriores son tres:
1º, los oligarcas (los llamados primates, prohombres o notables de cada bando que for-
man su “plana mayor”, residentes ordinariamente en el centro);
2º, los caciques, de primero, segundo o ulterior grado, diseminados por
el territorio;
3º, el gobernador civil, que les sirve de órgano de comunicación y de instrumento. A esto se reduce fundamentalmente todo el artificio bajo cuya pesadumbre gime rendida y postrada la
Nación.
Oligarcas y caciques constituyen lo que solemos denominar clase directora o gobernante, distribuida o encasillada en “partidos”. Pero aunque se lo llamemos, no lo es; si lo fuese, formaría parte integrante de la Nación, sería orgánica representación de ella, y no es sino un cuerpo extraño, como pudiera serlo una facción de extranjeros apoderados por la fuerza de Ministerios, Capitanías, telégrafos, ferrocarriles, baterías y fortalezas para imponer tributos y cobrarlos.
En las elecciones …, no es el pueblo, sino las clases conservadoras y gobernantes quienes falsifican el sufragio y corrompen el sistema, abusando de su posición, de su riqueza, de los resortes de la autoridad y del poder que para dirigir desde él a las masas les había sido entregado… Si aquellos bandos o faccioneshubiesen formado parte de la Nación, habría gobernando para ella, no exclusivamente para sí…
No he de aconsejar yo que el pueblo de tal o cual provincia, de tal o cual reino, se alce un día como ángel exterminador, cargando con todo el material explosivo de odio, rencores, injusticias, lágrimas y humillaciones de medio siglo, y recorra el país como en una visión apocalíptica, aplicando la tea purificadora a todas las fortalezas del nuevo feudalismo civil en que aquel del siglo XV se ha resuelto, diputaciones, ayuntamientos, alcaldías, delegaciones, agencias, tribunales, gobiernos civiles…, y ahuyente delante de sí a esas docenas de miserables que le tienen secuestrado lo suyo, su libertad, su dignidad y su derecho, y
restablezca en fiel la balanza de la ley, prostituida por ellos; yo no he de aconsejar, repito, que tal cosa se haga; pero sí digo que mientras el pueblo, la nación, las masas neutras no tengan gusto por este género de epopeya; que mientras no se hallen en
voluntad y en disposición de escribirla y de ejecutarla con todo cuanto sea preciso y llegando hasta donde sea preciso, todos nuestros esfuerzos serán inútiles, la regeneración del país, será imposible. La hoces no deben emplearse nunca más que en segar mieses; pero es preciso que los que las manejan sepan que sirven también para segar otras cosas, si además de
segadores quieren ser ciudadanos; mientras lo ignoren, no formarán un pueblo; serán un rebaño a discreción de un señor; de bota, de zapato o de alpargata, pero de un señor. No he de aconsejar yo que se ponga en acción el “colp de fals” de la canción catalana, ahora tan en boga, tomando el ejemplo de la revolución francesa por donde mancha; pero sí he de decir que en España esa revolución está todavía por hacer; que mientras no se extirpe el cacique, no se habrá hecho la revolución …

images4.jpg

“Mi intención fue hacer algo así como una historia universal contada desde el punto de vista de los que no han salido en la foto”, dice a 7 Días el escritor y periodista uruguayo, Eduardo Galeano sobre su nuevo libro “Espejos”, que Editorial Siglo XXI lanzará en Buenos Aires a mediados de este mes. De la mano de Galeano, los lectores descubren que cuando fueron desalojados del Paraíso, Adán y Eva se mudaron al Africa; que la escritura y el álgebra se inventaron en Irak y no en Texas; que las tres novedades que hicieron posible el Renacimiento europeo, la brújula, la pólvora y la imprenta, habían sido inventadas por los chinos, que también inventaron casi todo lo que Europa reinventó. En sus historias minimas Galeano cuenta que John Locke, el filósofo de la libertad, era accionista de la Royal Africa Company, que compraba y vendía esclavos. Que la Coca Cola inventó la Fanta, en plena guerra, para el mercado alemán, que la IBM hizo posible la identificación y clasificación de los judíos, y ésa fue la primera hazaña en gran escala del sistema de tarjetas perforadas. Las historias narradas por Galeano son pequeñas, minimalistas, y se sitúan al margen de grandes gestas. La Historia se hace poesía, denucia, humor, fábula y leyenda. En esta entrevista exclusiva, Galeano defiende su pasión por el fútbol, , admite sus contradicciones respecto de Hugo Chávez , critica a Fidel pero rescata a Cuba, advierte contra el monocultivo y propone una solución para el conflicto entre Argentina y Uruguay por la instalación de las pasteras de celulosa

–¿Por qué escribió “Espejos”?

–”Espejos” es la culminación de un trabajo que inicié con “Las venas abiertas…” y que continué con “Memorias del Fuego”. En Memorias encontré mi lenguaje, mi estilo para contar el pasado de tal manera que se convirtiera en presente. Para que el lector sintiera que eso que había ocurrido, seguía ocurriendo mientras yo lo contaba—¿Qué es para usted el pasado?

–Es un señor que se hace el dormido o -a veces-, simula estar muerto, pero que en realidad está vivo en todos nosotros aunque no lo sepamos. En Memorias del fuego las historias chiquitas fueron formando la Historia grande. Allí me di cuenta de que estaba encontrando amigos y enemigos en otras épocas, en otros tiempos.

–¿Pero porqué lo tituló Espejos?

–Porque en los espejos uno se reconoce en otros aunque esos otros ya no estén. De algún modo te reconoces: en lo que amas o en lo que odias. El libro está escrito para contar cosas, contar historias que le ocurrieron “a los que no salieron en la foto”. O sea, a los que fueron excluidos por la historia oficial: las mujeres, los negros, los indios, los chinos, los indúes, los árabes. Es gente que tiene una enorme historia pero que no se sabe que ha ocurrido.

–Cuando dice que es una Historia casi universal, no es también la historia de los vencidos, de los derrotados…

–Sí. Creo que sí. Porque creo que los mensajes más interesantes que podemos recibir son los mensajes no escuchados, porque los que emitieron esos mensajes fueron los derrotados de la Historia oficial. Yo fui rescatando cosas que me fueron asombrando en la medida que las iba descubriendo. Se trata de recoger el testimonio de los no escuchados, justamente porque sus vencedores se ocuparon de callarlo. De todos modos, la prueba de que la Historia está viva es que los vencidos de hoy pueden ser los vencedores de mañana o a la inversa.

–Usted trabaja mucho con la mirada, con el punto de vista para cuestionar aquellas cosas que uno da por obvias.

–Yo lo que hago es mirarlas de otro lado. Siempre digo que desde el punto de vista de una lombriz un plato de spagettis es una orgía. Se trata de mirar desde el otro ángulo. ¿Porqué fueron “normales” cosas que fueron tan anormales?. ¿Cómo pudieron ser aceptadas tantas exclusiones, tanta discriminación, tantas mutilaciones?

–Deme un ejemplo

–La Iglesia católica impidió durante siete siglos y medio que las mujeres cantaran en los templos. ¿Porqué eso resultó “normal?. La idea que las voces de las hijas de Eva ensuciaba la pureza del templo porque era la voz que había tentado a Adán.

–Lo mismo pasa con el celibato sacerdotal. Los curas se casaban hasta que la Iglesia -que era dueña de la tercera parte de todas las tierras de Europa- que no sed podía timbear el patrimonio si se dejaba en manos de las mujeres y los hijos de los curas. Para preservar su patrimonio inmobiliario, la Iglesia se convirtió en la única empresa de solteros del mundo.

–¿Cómo prefiere definirse: como periodista, como historiador, como cronista?

–Como nada. Yo no sé bien lo que soy. Lo que escribo es un género de géneros, es una cosa muy difícil de clasificar. Lo que sé es que la mirada humana es subjetiva: la objetividad es una aventura imposible y que en general se usa como máscara para ocultar las deformaciones más colosales de la realidad.

–¿Cuál es la respuesta que ha encontrado para todas las injusticias que recopila en el libro?

–El libro no da respuestas, sólo formula preguntas y después cada cual lo interpretará a su manera. Esa es la diferencia entre este tipo de narrativa y un libro como “Las venas abiertas….” que era un ensayo clásico. Aquí hay un juego más libre con el lector. Yo intento conversar con él y entregarle estas cosas para que cada uno haga con ellas lo que le parezca.

–La denuncia es una constante en sus libros y artículos, pero el tono de la denuncia ha cambiado ¿Por qué?

–He ido descubriendo que todo lo que uno intente hacer para desenmascararla realidad va a ser más eficaz, va a funcionar mejor si uno se limita a mostrarla tal cual es. La denuncia explícita me parece menos eficaz a largo plazo que la denuncia implícita. Es como la diferencia entre la pornografía y el erotismo.

–¿Cuándo le indignan cuestiones del presente, no le dan ganas de subir el tono?

–Yo creo que la prosa vibra mejor, tiene más electricidad cuando uno cabalga mejor con riendas cortas. Si uno da rienda suelta, se deja ir, es mucho menos eficaz. Yo no quiero dictar cátedra, pero eso es lo que me pasa a mí. Me parece que mejor que formar es informar. Mejor que desarrollar las ideas en abstracto es encarnarlas. Que las ideas transpiren, que respiren, que tiemblen, que lloren y que rían. Después hay que ver que pasa con las palabras que el lector recibe y ahí no hay estadística válida. La prueba de que un libro de veras funciona no está en el libro sino en el lector o la lectora.

–¿Cómo trabaja?

–Siempre ando con una libretita (saca del bolsillo una libreta del tamaño de una caja de fósforos). Acá tomo nota de cosas que veo , que leo, que no sé si se van a convertir en algo: (hojea la libreta y lee:)

“Todo se hace desde abajo, salvo los pozos se hacen desde arriba”

Ocho años, hijo de un cartonero en Buenos Aires:

–¿Qué es lo que más te gustaría?

–Conocer a Dios pero sin morirme

–¿Cómo elige a sus enemigos?

–No hay malos y buenos. Todo lo que nos mutila la diversidad posible, no ayuda a vivir. Las concepciones fanáticas, dogmáticas de la religión, la política o la cultura o de lo que sea, son mutiladoras de la diversidad. Lo mejor que el mundo tiene es la cantidad de mundos que el mundo contiene. Lo que yo siento como enemigo es aquello que me niega la diversidad del mundo.

–Por ejemplo, los fundamentalismos de cualquier signo…

–No sólo los fundamentalismos. También las mutilaciones heredadas. ¿Cómo puede ser que la estatua más alta de la Argentina sea la del general Roca, el exterminador de los indios? Eso es anormal.

–Sin embargo, usted lo pone a Diego Armando Maradona en el lugar de un Dios.

–Si, pero de un Dios sucio. En el texto sobre Maradona digo que fue un rebelde: el único ídolo del fútbol que cuestionó el negocio del fútbol, que fue solidario con otros jugadores que no eran ni famosos ni importantes como él y eso es algo muy positivo. Pero las claves de su ascenso a su condición divina no están sólo en sus virtudes sibo también en sus defectos. Ha sido más admirado por el gol robado a los ingleses que por el gol que realizó en la jugada más prodigiosa que se ha visto en la Copa del Mundo. Por eso la gente lo quiere tanto: porque es un Dios sucio, pecador, que se nos parece: es borrachín, mujeriego, mentiroso, borrachín. El drama de Maradona es que los dioses no se jubilan. El no va a volver a la anónima multitud de la que proviene. El necesita ser el muerto de cada velorio.

–¿Cómo concilia su pasión por el fútbol con el fútbol-negocio, el fútbol de las barrasbravas?

–Nada ha sido más mercantilizado que el sexo. Mucho más que el fútbol y sin embargo ahí está. Con el fútbol pasa lo mismo. El fútbol bien jugado es una hermosa fiesta de los ojos que lo miran y de las piernas que lo juegan, a pesar de del cochino negocio que rige el fútbol en el mundo de hoy. Lo mismo pasa con muchas otras pasiones humanas que merecen ser vividas.

–¿Qué piensa de la nueva generación de líderes latinoamericanos?

–Hay una voluntad de cambio que me parece muy saludable, pero las generalizaciones son injustas y no muy respetuosas de la realidad. Me parece que existe una voluntad popular de cambio: la gente quiere otra cosa. Se hizo una experiencia muy desgraciada con esta idealización del mercado como una solución mágica para los problemas hasta que país por país se ha ido demostrando que el libre mercado es enemigo de la libertad humana.

–¿Cómo explica la aparición de líderes como Hugo Chávez?

–Es un hombre muy contradictorio. Con algunas cosas me identifico, con otras no. A veces mete la pata, a veces me parece que dice la verdad. Yo lo que resaltaría como su mérito principal es su generosidad. Es un hombre solidario y es muy raro que un país petrolero sea solidario. Los países petroleros siempre son egoístas y jodidos, empezando por Arabia Saudita- El hecho que Venezuela a partir de Chávez se haya convertido en un país tan generoso y solidario me parece muy importante y debe ser tenido en cuenta a la hora de medir la longitud de sus discursos o algunas ideas disparatadas que se le pueden ocurrir.

–¿Y que aspectos le disgustan?

-Cuando me cuenta que Irán es una maravilla. O cuando hace la apología de las Farc a mi no me convence para nada.

–En “Espejos” enumera las críticas que se le han formulado a Fidel Castro…

–Si. Sus enemigos dicen que fue rey sin corona y que confundía la unidad con la unanimidad.

Y en eso sus enemigos tienen razón. También dicen que si Napoleón hubiera tenido un diario como el diario Granma, ningún francés se habría enterado del desastre de Waterloo. Y en eso sus enemigos tienen razón. Pero sus enemigos no dicen que Cuba es un raro país que no compite en la Copa Mundial del Felpudo. Cuba es lo que pudo ser y no lo que quiso ser.

–Usted siempre alerto contra el monocultivo pero ahora Uruguay afronta el riesgo de monocultivo de celulosa y Argentina el de la soja.

–El monocultivo otorga la ilusión de glorias fugaces que después te convierten a la ruina perpetua. La historia latinoamericana es una historia de esas ruinas. Todo monocultivo es devastador. El de soja para la Argentina y el de celulosa para el Uruguay.

–¿Qué haría con las pasteras que procesan celulosa?

–Yo ya sugerí, pero no me hicieron caso. Propuse que las pongan todas en Punta del Este porque van a mejorar mucho la calidad de vida del balneario.

images3.jpg

Edwin es moreno, cuelga melena profusa hasta los hombros, recortada, sobre espalda que amenaza chepa. Es ágil, se mueve bien. Fuerte, se atreve con todo. Salvo los domingos, cuando la noche y los tragos se mezclan en la infinitud de la soledad. Vino a España hace seis años, con esposa e hija menor –sigue sin papeles, no sé ni como-, y reside en una desvencijada casa del casco viejo del pueblo monumental, uno de tantos que construyeron sobre lo alto de las rocas en las guerras contra los árabes que nos trajeron a los griegos los soldados de las órdenes de Santiago y Calatrava, los siervos de la gleba atemorizados por todos; ese del que descuellan torres macizas de piedra caliza de iglesias descomunales que asustan, que hablan, que dicen: Estos son mis poderes; ese en el que se mezclan los palacios abandonados del privilegio con las infraviviendas de los vasallos de nuestro tiempo; ese en el que hoy sólo habitan viejos, pensionistas pobres y emigrantes sin trabajo. La ciudad vieja, como Edwin y su familia, vive en un lugar que fue bello pero que cada día que pasa se va agrisando en páramo prohibido, en barrio de exclusión, en gueto al que ni los turistas más curiosos osan subir. Y no es que pase nada en el viejo barrio ancestral, simplemente, los de abajo, los de la ciudad nueva, los nuevos ricos, las “buenas gentes” han decidido darle a la lengua y repetir hasta la saciedad que allí vive la pobreza y el peligro, aunque no dudan en recurrir a ellos, a los pobres, a los segregados, cuando han de cortar el césped, acarrear piedras para delimitar los setos de evónimos y baladres o cuidar a sus viejos. Y es que, aunque vivan en el gueto, en la ciudad prohibida que antes fue la única ciudad y hoy está dejada de la mano de Dios y de los hombres que deciden, Edwin y sus amigos cobran menos.
Me dice Edwin que él no es un emigrante como los demás… Sus dos apellidos son españoles, apenas está cruzado con indígenas, que los españoles y ellos son hermanos, que nos tendríamos que haber fijado en gente como él a la hora de admitir emigrantes, que los del Este y los moros son mala gente, mafiosos, poco de fiar, que proviene de la provincia de Santa Cruz, esa cuyos oligarcas han puesto en pie de guerra contra Evo Morales: “Un indio que no sabe lo que se hace, que anda peleándonos con nuestros amigos del Norte…”. Presume de sus orígenes hispanos, de su tierra, una vaca por hectárea, el paraíso terrenal. Le digo, ¿una vaca por hectárea?, ¿cuánta gente en Santa Cruz tiene una hectárea de tierra? ¿Y quienes no tienen una hectárea, con lo fértiles que son aquellos campos, no pueden tener una vaca? Ocurre entonces –argumento- que sólo los terratenientes pueden tener vacas, que toda la tierra, por tanto, es de los terratenientes, de los oligarcas, de esos que combaten al presidente electo Morales y, gracias a la ganadería extensiva obligatoria que genera muy poco trabajo, te han obligado a ti a cruzar el Atlántico hasta la “madre patria” como si fuera la tierra prometida. Si bueno, puede ser, pero yo no me he preguntado nada. Vine en busca de fortuna, todavía no la he encontrado, trabajo a salto de mata y voy por libre. No quiero juntas, aquí cada cual tiene que buscársela como pueda. Yo estoy muy agradecido a quien me da trabajo, para mí es como mi padre. Algunos paisanos hablan de sindicatos, dicen que debemos asociarnos para vender mejor nuestro trabajo. Yo no entro en esas cosas, unos días trabajo, otros no, voy sembrando, soy trabajador y acepto lo que me den. Ya le digo, quien me da trabajo es como mi padre, me tiene para lo que mande. Esa es mi ley.
Edwin, entiendo lo que me dices, sé que pasas por una situación muy difícil, que no has encontrado la tierra prometida cuando lo parecía, pero ahora la situación económica es mala, cobras muy poco por trabajos duros, mucho menos de lo estipulado, de lo que se usa y no tienes quien te defienda. Deberías hacer caso a quienes hablan de sindicatos, de asociaciones, tendrías que olvidarte de que eres diferente, aquí lo único que vendes, como los demás, es tu fuerza de trabajo, nadie te va a preguntar si eres de la provincia de Santa Cruz ni cuantas vacas por hectárea permiten las leyes ni siquiera si tus orígenes son españoles. Cuanto más te agaches, más se te verá el culo.
Edwin, meneando la cabeza, con unas deportivas gastadas y un chándal ajado, coge la carretilla cargada de aperos y sale camino abajo para proseguir su tarea. Durante siete horas acarrea piedras, arranca malas hierbas, poda árboles, hace cemento para afirmar hormas. ¿Has pensado en lo que hablamos? Si, si, baje usted al tajo ya verá que lindo lo he dejado. Si no le gusta dígamelo y hacemos lo que falte. Ya lo he visto, está muy bien, pero después de siete horas de trabajo me pides veinticinco euros, me parece que de poco ha servido nuestra conversación anterior: El trabajo que has realizado vale –es lo que cobran habitualmente- sesenta euros en esta tierra, si cobras la mitad puede que encuentres trabajo de vez en cuando, pero también enemigos y desde luego te haces un flaco favor a ti y a los que trabajan en lo mismo que tú. Mire Pedro, yo se defenderme, entre los míos me respetan, saben que no soy persona de paso atrás, de modo que no se preocupe. Llámeme cuando tenga más tajo.
Edwin es uno de tantos, un inmigrante latinoamericano que vino a España en busca de El Dorado, como antes fuimos nosotros a América con el mismo objetivo, sólo que su Dorado depende de sus manos. No tiene conciencia alguna de clase, sabe leer pero no lee, cree en Dios y en la Iglesia, espera que las plegarias cambien su suerte algún día. Entre tanto, atrapado por la educación no recibida, por el oscurantismo católico, piensa que Dios le ayudará a él antes que a los demás, que Dios está de su lado, que sus paisanos de allá y de aquí son sus enemigos, que sólo a quien le da trabajo, en las condiciones que sea, debe pleitesía. Sólo los sábados, al caer la tarde, acude al gueto, se encierra en una taberna repleta de latinoamericanos y de litros de cerveza. Apura los culos de los vasos, ríe y vocifera. Al día siguiente la duerme. El lunes a andurrear por las calles y campos de Dios a ver si algún privilegiado quejoso le da un jornal miserable para llevar unos euros a su maltrecho hogar.
¿Quieres regresar a tu país? Todavía no, todavía espero que la gracia de Nuestro Señor, todo bondad, caiga sobre mí. Edwin no quiere saber que Dios está muy ocupado hablando con Sarkozy, Georges Bush, Berlusconi, José María Aznar, Emilio Botín, Rouco Varela y Benedicto XVI, que no tiene tiempo para él, que aunque lo tuviera jamás se ocuparía de él. Dios no pierde el tiempo en menudencias. Estragos del criollismo dominante, estragos de la caverna, estragos de las tinieblas, estragos del neoliberalismo castrador: Mientras Alan García mata a decenas de indígenas en Perú, Europa vota racismo y xenofobia. A mi amigo Edwin no le importa, la cosa no va con él, ni con nosotros. Todos tranquilos, como decía aquella magnífica canción cantada por un pulcro joven nazi en Cabaret, el mañana les pertenece, entre todos se lo estamos entregando en bandeja. No tienen más que echar un ojo sobre los resultados de las elecciones en la mayoría de los países de la Unión Europea. El mañana es suyo, no les quepa la menor duda. Siempre ha sido así cuando los pueblos se han dejado llevar por la indolencia:

http://www.youtube.com/watch?v=ZMVql9RLP34

images2.jpg

EN EL CAFE

La definitiva iconografía de D. Ramón del Valle Inclán ha de hacerla un pintor sobrehumanizado: Solana.

Caído en el diván… Caído, sí, con la elegancia sobria de una vitela miniada. En cruz, espiritualmente, sobre el «peluche» de los divanes. Santón de la burla, «dandy» del arroyo, gran «romancista» de lo muy rojo y de lo muy negro.

Una banda flameante escribirá en lo alto -cielo de humo de mal tabaco, turbio de toses y de murmuraciones- el glorioso timbre de empresas: «ilustre escritor y extravagantes ciudadano».

El mote lo es de mastín. Recogido gallardamente de boca de un cachicán con espuelas, castizo conductor de corderos.

Esta noche, como otras, como siempre, D. Ramón, en su café, se ordeñará a la vista del público su barba impertinente.

¡Buen adjetivo que rezuma pimienta del Arcipreste! ¡Parábola malabar de los caballeritos de la España buena!: ¡Los que sabían latín y francés cuando escribían español!

¡Zumbas del perpetuo antruejo de Larra!: España sigue disfrazada de destrozona. Y…

Don Ramón comparece. La barba, la capa, los quevedos… una visión de azufre. Trae el aire jocundo de los esqueletos que disfrutan permiso para salir de noche… La noche: aquí, en el café, en la calle de Alcalá, centro de las cosquillas españolas, la calle por donde, eternamente, «suben y bajan» los eternos andaluces de nuestro eterno cante jondo…

En este Carnaval de café -España a la luz del esperpento es casi toda café- se sienta por derecho propio D. Ramón del Valle Inclán: «Primer premio trágico de máscaras a pie»…

-Zeñores: voy a hacer de profeta… -dice-.

La Sibila de Cumas ya tiene marido. A mí sólo me toca apuntar.

FUTURO POLITICO

Don Ramón se monda el pecho de una tos de noviembre, y dogmatiza sobre la piel de toro:

-Se dibuja en el horizonte nacional la crisis inherente al momento en que funcione la Constitución.

(Hasta aquí su palabra es suave. Y de pronto, D. Ramón, apocalíptico, retumba):

-Y es absurdo, ridículamente absurdo, que alguien haya pensado en una solución socialista. Pero «ezo», ¿qué «ez»? Y en ese círculo vicioso y absurdo, es más absurdo aún que se piense en un gobierno de Largo Caballero. ¡Sería el colmo! Aparte las virtudes que adornen a Largo Caballero, no es posible olvidar que Largo Caballero actúa y actuará -ello es indivisible en su persona- como secretario de la U.G.T. Se da a los Sindicatos Unicos una política de excepción, cuando lo oportuno, al bien de la República, fuera todo lo contrario.

Como decía en los tiempo de Carlos V, «interin» no se logre esto, en España no habrá sosiego.

¡Los socialistas!… Conviene advertir que el partido socialista se llama Partido Socialista Obrero. ¡No hay que olvidarlo! Y no hay que olvidarlo porque el tal partido representa una casta, una casta lo mismo de odiosa que la casta eclesiástica o la militar.

No me explico, no me explico, la verdad, cómo EL SOL ha publicado una información donde, si no defendía, se señalaba sin repulsa un Gabinete Largo Caballero.

¡Están ustedes locos! Si «ezo», «ezo es» lo que hay que evitar precisamente… ¡Sería una afrenta!

Don Ramón se recrea en la pausa y sigue:

-Lo que más me indigna es esa pobre gente que se vanagloría del título de obrero intelectual. No comprendo… ¿Qué eso? Ahora ruedan por ahí tres tópicos horribles: el feminismo, el obrerismo y el americanismo. A mí me subleva la sangre cuando oigo lo de «obrero intelectual». ¡Qué cosas! El intelectual no puede ser obrero. A no ser que sea un faquín a sueldo de un periódico o de una editora. El intelectual crea. El obrero sirve a la creación de otro. Son tan dispares los conceptos de creación y de ejecución, que no hay que unirlos. ¡Pero si la Santísima Trinidad explica esto claramente!

Dios, el Padre Eterno, no es un obrero. Hace el mundo en seis días sin atenerse a la jornada legal de ocho horas. Es decir, crea. Y crea una obra como el mundo, que aunque le parezca mal a Largo Caballero, no es el del todo una birria. Dios, es por tanto un patrono, no un obrero. Y si a lo sumo se puede decir que Dios es un obrero, hay que reconocer que es un obrero, que a los seis días se va del trabajo, se cansa, se convierte en un rentista. Del Hijo tampoco se puede decir que fuera obrero, ya que abandonó el trabajo manual a tiempo, la garlopa de José. Y en cuanto a que es Supremo en el concepto de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo… ¿qué le voy a decir? La paloma extática, para mantener su sello mítico, no ha volado nunca.

-Y ese momento, D. Ramón ¿lo ve turbio o claro?

-Hay indudablemente, una crisis del régimen parlamentario. Reconozco que quien va a las Cortes no siente ante el espectáculo un gran afecto; pero, ¿se puede decir que los anteriores superaban a los actuales? No. Difícilmente, ni ayer, ni hoy, ni mañana, se reunirá una Cámara con menos vicios y más dones del Espíritu Santo que la de ahora. ¡Ya sé yo que no es un delicado paisaje! De la crisis del régimen parlamentario yo puedo hablar mucho porque tal como veo el Parlamento, sí que entra en la afición de toda mi vida: en la literatura.

Hay varios géneros literarios en ruina: la epopeya y la elocuencia. La política española fue siempre elocuencia o no fue nada. ¡Claro que no fue nada! Y yo digo: Sin Homero no puede existir Demóstenes; sin Virgilio, tampoco Cicerón.

Con el régimen parlamentario ha ocurrido siempre en España una cosa divertida. Mientras unos lo superaban, otros no habían llegado. En España indiscutiblemente, este régimen es un postizo. Y de esto de los postizos sí podría hablarle. Recuerdo ahora, dice D. Ramón nostálgicamente, algo que ocurrió en los días postreros de los Reyes Católicos o en los iniciales de Carlos V. Se produjeron al español dos obras de excelente adoctrinamiento espiritual, cuyas lecturas en muchos países hicieron santos, y donde no santos, varones sumamente perfectos: La divina Caligo, de Taulero, y Los ejercicios espirituales del Maestro, de Ekar. Y bien… Estas obras en España sólo engendraron degeneraciones, pecados oscuros del sexo. De ellas surgió un nuevo contagio: el de los «alumbrados».

La Inquisición se alarmó mucho; pero como los tales libros llevaban el «imprimatur» de Roma y la licencia de arzobispos numerosos, no se podían prohibir. Y la Inquisición para suprimir su lectura, recogió uno a uno los ejemplares y los quemó, simplemente, por la consecuencia de la doctrina, como dicen los autos del Santo Oficio.

Algo de esto pasa hoy con los amasadores de la Constitución en sus afanes de copiar leyes extrañas.

-Entonces D. Ramón ¿cómo cree usted que se arreglará el país?

-Hombre, con una dictadura. Sí, Dictadura… En España hay que hacer la revolución con la dictadura. Se impone. Y no como la del pobre Primo, sino como la de Lenin. Cuando Carlos III quería adecentar Madrid que era una letrina, justificaba los alborotos de la plebe con una frase: «Los pueblos lloran como los niños cuando se les quiere lavar el rostro». La dignidad no se quiere: se impone. Los pueblos la aceptan a latigazos. Quienes se hallan acostumbrados a estar de rodillas se les hace muy difícil ponerse en pie. Recuerdo que Borodine cuando estuvo en Madrid, me confesaba: «Allí en Rusia, somos un millón de esclavos y de blancos para dos millones de asiáticos. Y sólo a fuerza de latigazos podemos imponerles la dignidad a esa gente». En España no hay otro recurso que imponer la dignidad a esa tropa confusa que unas veces se llama cavernícolas y otras agrarios. ¿Qué se puede decir de una pobre gente que aún siente amor al trono de D. Alfonso?

.-¿Ve usted inmediata la Dictadura?- pregunto al profeta.

-Fatalmente ha de venir.

-¿Y existe el dictador o los dictadores en potencia?

-En las dictaduras, dice D. Ramón, los hombres no son necesarios, lo que manda es el concepto no el hombre. Ahí está Roma. Primero fue el Senado. Más tarde el Imperio. Augusto fue un hombre cabal: pero Tiberio no lo fue tanto. Y después viene la teoría de los monstruos: Calígula, Nerón… En España, es inevitable. Las derechas impondrán la dictadura de las izquierdas para hacer la revolución. Lo que es ingenuo es que en un país se abra de cara y les dé Constitución y derechos iguales a todos.

-¿Y qué porvenir le asigna, don Ramón, a las mujeres en la nueva España?

-¡Pero hombre! ¡Qué cosas! ¡Las mujeres! A las pobres se las puede hacer únicamente la justicia de la conocida frase de Schopenhauer. ¡Y ahora ya ni siquiera tienen los cabellos largos! En la presente civilización -sentencia, dogmático, Valle Inclán- no tienen que hacer más las mujeres.

-¿Y el pleito de los Estatutos?

-«Ezo» no tiene importancia. Hay que conceder todos los Estatutos que se pidan. ¡Si es un ensayo! ¡Qué más da…! Ocurre ahora que hay unos politiquitos que se creen legisladores de la eternidad y no saben los pobres que dentro de muy poco tiempo a su obra política se le aplicarán esos versos que ruedan por ahí sobre el Estatuto:

«Aquí yace el Estatuto:
nació y murió en un minuto».

-Entonces, ¿cómo ve el problema de los regionalismo?

-Con mi teoría de siempre: Hay que integrar el espíritu peninsular como fue concebida por los romanos. Es lo acertado. Dividir la Península en cuatro departamentos: Cantabria, Bética, Tarraconense y Lusitania. Esto, queramos o no, es así. En la Península sólo hay grandes cuatro ciudades: Bilbao, que es Cantabria; Barcelona, que es la Tarraconense; Sevilla, que es la Bética; y Lisboa, que es la Lusitania. Cada gran ciudad a un mar: el Cantábrico, el Atlántico, el Mediterráneo.

Don Ramón se queda un minuto silencioso, sin duda porque no halla el mar de Sevilla, y porque el Guadalquivir no le parece todo lo importante que pide el gran lienzo. Se recobra pronto, y con esa gran facilidad que tiene para urdir fantasías, repite la anterior enunciación.

-… El Cantábrico, el Atlántico, el Mediterráneo y… el mar Africano. ¡«Ezo»: el mar Africano! Dividida la Península en cuatro departamentos, podría hacerse una altísima confederación de mares, y por el Pacífico y Acapulco reanudar el gran comercio con el Extremo Oriente, a base de Filipinas. ¡Pero «zi» es lo eterno! Lo eterno es el pensamiento, la ética y la estética peninsulares. No entro en el debate de dialectos y lenguas aunque sí sé que lo único que mantiene entre los hombres la unidad es el verbo de comunicación.

-¿Y qué le ha parecido la solución del problema religioso?

-La natural, la que tenía que ser. ¿Si aquí todo era farsa! La religión, incluso. Ficción era lo de la Monarquía consustancial; ficción el Ejército al que también se le decía consustancial, y ficción el llamado problema religioso. Fue resuelto sin problemas ni protestas considerables. Y las que ahora surgen son del todo grotescas. A mí me «pazma» que tanto hablar de religión y después lo único que se defendía era el permiso para algunas procesiones: ¡pero sin gran pasión! Con la misma que se pone al defender las capeas. El divorcio tampoco tiene importancia. Es un hecho en todos los países, y natural que, separándose la Iglesia del Estado, sea éste quien regule las relaciones de vida entre hombre y mujer.

Anda ahora por ahí el bulo de una posible Iglesia nacional. No creo que cuaje. Ha pasado el tiempo de las herejías como ha pasado el de los santos.

-¿Cómo será la Dictadura que profetiza usted, D. Ramón?

-Ha de tener todo o casi todo el ejemplo de Lenin, y nada de Mussolini. En el mundo han existido únicamente tres grandes revoluciones. Nada más que tres. Fueron a la par que grandes revolucionarios, tres grandes semitas: San Pablo, Mahoma y Lenin. ¡Aquí no faltan judíos! Yo espero que surja el semita prometido.

-¿Y cómo será el dictador?

Don Ramón se estremece la barba con un dedo y escoge el concepto.

-Ha de tener todas las virtudes inherentes a un político universal, sobre todo austeridad, energía, sentido histórico y la virtud del silencio. ¡Tiene que ser un taciturno!

-¡Hombre!, Lerroux -le digo-.

-El mundo no es el taciturno -contesta D. Ramón-. Lerroux fue taciturno en el Congreso, y habló mucho en las provincias. La Dictadura la traerá o la creará un solo partido: el de la Dictadura. La Dictadura sólo puede tener un partido que es como no tener ninguno.

-¿Y qué le parece la actuación de los intelectuales en la política?

-Excelente. Toda la política ha de ser intelectual y realizada por intelectuales. El mal de nuestro país ha consistido en que su política no fue nunca intelectual. Ahí tienen el caso de Cánovas. Cánovas es un gran tipo de político inteligente. Si frente a Cánovas los liberales hubieran tenido un intelectual, otros serían los destinos de España. Pero los capitaneaba ese hombre nefasto que se llamó Sagasta, todo sonrisas simpáticas, promesas, ambigüedades y horro de lecturas. La inteligencia es necesaria e imprescindible en todas las formas políticas. Lo mismo que el carácter, aunque no tanto el carácter. A un político le va muy bien dotes de cultura histórica y política, y, digámoslo con amargura: necesita también su poco de cultura literaria.

Ahora a D. Ramón le tiembla la barba de ira, y es como un modelo irritado de Miguel Angel:

-Se averg|enza el ánimo -dice- al toparse con ese bodrio que han escrito los hombres que redactan la Constitución. ¡Y en un país que desde el rey Sabio parece el más noble lenguaje para las leyes que se ha conocido en el mundo! ¡sonroja esa manera de escribir las leyes!

-¿Le interesa la política, D. Ramón?

Ya sé que después de todo lo que va dicho la pregunta no es muy lógica, pero sí conveniente.

-No me ha interesado nunca, -responde Valle Inclán, desdeñoso-. Cuando asisto a la Cámara siento no ser diputado para decir las cosas oportunas en cada hora.

-¿Y cómo cree usted que anda de hombres la República, Don Ramón?

-La revolución no tuvo nunca hombres. Es un absurdo decir que en España, no hay hombres para la revolución. La revolución es vida, y, por tanto, crea lo que hace falta. Aquí tenemos bien palmario el ejemplo de Azaña. Hace seis meses sólo le conocían los amigos. En un gobierno Heterogéneo, colmado de conflictos interiores, supo afirmarse y erguirse con la máxima autoridad. Azaña tenía una preparación y muchas condiciones de genialidad. Yo no digo que en seis meses se creen los hombres que se necesiten; pero en un año o dos no hay duda de que España los contará por legiones Lo que no se puede hacer es seguir pensando a lo Lerroux; en reincorporar a esos muertos putrefactos de Alba y de D. Melquiades. Pero, ¿se ha creído Lerroux que en España se han agotado las matrices que suelen producir tal clase de esperpentos?

Ya ve usted. En estos días ha salido una pareja que me parece perfecta: Ortega y Maura. No hay duda que la pareja es maravillosa, porque a la densidad de pensamiento de Ortega se le unen las indudables energías y resolución de Maura. Si se consigue fundirlos tan íntimamente como a los siameses que hace años recorrían las ferias y que se hicieron tan indisolubles que al querer separarlos por el bisturí murieron los dos, sería de un efecto prodigioso. ¡Ahí es nada: un Jano con dos cabezas!

Yo sé que D. Ramón tiene soluciones para todo. En esta lonja de los cafés le he oído los más encontrados proyectos sobre las cuestiones más diversas, y como estoy seguro de que tiene solución para todo, le pregunto:

-¿Le preocupa la cuestión económica?

-¡Ya lo creo! Aunque eso de la peseta no tiene ninguna importancia. El mejor ministro de Hacienda será, a mi juicio, el que la hunda definitivamente. ¡Pero si aquí toda la economía es también una farsa! Los que hilan algodón, seda o lino. Antes el lino venía de Riga, ahora no sé de dónde lo traen, lo importan. ¿El hierro, de Bilbao!… Para producir hierro, naturalmente, es imprescindible el carbón en unas proporciones de dos toneladas de hierro, por una de carbón. ¡Y también lo traen del Extranjero! Los que laboran papel se surten de pasta del Norte. Aquí si se produce algo es el azúcar, un azúcar que sabe a trapos. Y esto es lo único que nos importa, porque resultaría más barata traerla de Cuba. Como toda la economía nacional es una farsa, hay que hundirla. ¡Yo ya se lo dije a Prieto!… pero él se empeña en salvarla, y así le va… Cuando la Hacienda española se haya hundido, entonces haremos una economía nacional racional.

-Claro -sigue Valle Inclán- que en España la revolución más urgente es convertir a los ricos en pobres. Los ricos en España no tuvieron nunca dignidad de ricos. Merecen ser mendigos. A casi todos los accionistas del Banco, el único derecho que yo les reconozco es el de una plaza de asilo. Y soy en este punto tan radical, que daría todos los derechos pueriles que nos reconoce la Constitución por una ley que dijera simplemente: Artículo único: queda anulada la ley de herencia.

-Y en la Presidencia de la República, ¿ha pensado usted?

-Todo cuanto se ha hecho no me parece mal. Lo digo sin ironías. Noto la falta de un vicepresidente primero, otro segundo y otro tercero. ¡Igual que en las Juntas de los casinos! Esta teoría de sustitutos es necesaria por tres razones: la muerte, conviene pensar siempre en la muerte; después, por la renuncia de las vanidades. ¡Pensemos también en Wamba, que se marchó a un convento!

-¿Y eso de los jesuita, D. Ramón?

-¡Otro asunto sin importancia! Los jesuitas cumplieron su destino. Es como la Orden del Temple, que acabó con la Edad Media. ¡Anda el mundo tan pobre de dinero!

Yo le respondo, muy conmovido:

-Sí, Don Ramón, creo que sí…

images1.jpg
1. No sólo esto debe tomarse en cuenta, que día a día se va gastando la vida y nos queda una parte menor de ella, sino que se debe reflexionar también que, si una persona prolonga su existencia, no está claro si su inteligencia será igualmente capaz en adelante para la comprensión de las cosas y de la teoría que tiende al conocimiento de las cosas divinas y humanas. Porque, en el caso de que dicha persona empiece a desvariar, la respiración, la nutrición, la imaginación, los instintos y todas las demás funciones semejantes no le faltarán; pero la facultad de disponer de sí mismo, de calibrar con exactitud el número de los deberes, de analizar las apariencias, de detenerse a reflexionar sobre si ya ha llegado el momento de abandonar esta vida y cuantas necesidades de características semejantes precisan un ejercicio exhaustivo de la razón, se extingue antes. Conviene, pues, apresurarse no sólo porque a cada instante estamos más cerca de la muerte, sino también porque cesa con anterioridad la comprensión de las cosas y la capacidad de acomodarnos a ellas.

2. Conviene también estar a la expectativa de hechos como éstos, que incluso las modificaciones accesorias de las cosas naturales tienen algún encanto y atractivo. Así, por ejemplo, un trozo de pan al cocerse se agrieta en ciertas partes; esas grietas que así se forman y que, en cierto modo, son contrarias a la promesa del arte del panadero, son, en cierto modo, adecuadas, y excitan singularmente el apetito. Asimismo, los higos, cuando están muy maduros, se entreabren. Y en las aceitunas que quedan maduras en los árboles, su misma proximidad a la podredumbre añade al fruto una belleza singular. Igualmente las espigas que se inclinan hacia abajo, la melena del león y la espuma que brota de la boca de los jabalíes y muchas otras cosas, examinadas en particular, están lejos de ser bellas; y, sin embargo, al ser consecuencia de ciertos procesos naturales, cobran un aspecto bello y son atractivas. De manera que, si una persona tiene sensibilidad e inteligencia suficientemente profunda para captar lo que sucede en el conjunto, casi nada le parecerá, incluso entre las cosas que acontecen por efectos secundarios, no comportar algún encanto singular. Y esa persona verá las fauces reales de las fieras con no menor agrado que todas sus reproducciones realizadas por pintores y escultores; incluso podrá ver con sus sagaces ojos cierta plenitud y madurez en la anciana y el anciano y también, en los niños, su amable encanto. Muchas cosas semejantes se encontrarán no al alcance de cualquiera, sino, exclusivamente, para el que de verdad esté familiarizado con la naturaleza y sus obras.

3. Hipócrates, después de haber curado muchas enfermedades, enfermó él también y murió. Los caldeos predijeron la muerte de muchos, y también a ellos les alcanzó el destino. Alejandro, Pompeyo y Cayo César, después de haber arrasado hasta los cimientos tantas veces ciudades enteras y destrozado en orden de combate numerosas miríadas de jinetes e infantes, también ellos acabaron por perder la vida. Heráclito, después de haber hecho tantas investigaciones sobre la conflagración del mundo, aquejado de hidropesía y recubierto de estiércol, murió. A Demócrito, los gusanos; gusanos también, pero distintos, acabaron con Sócrates. ¿Qué significa esto? Te embarcaste, surcaste mares, atracaste: ¡desembarca! Si es para entrar en otra vida, tampoco allí está nada vacío de dioses; pero si es para encontrarte en la insensibilidad, cesarás de soportar fatigas y placeres y de estar al servicio de una envoltura tanto más ruin cuanto más superior es la parte subordinada: ésta es inteligencia y divinidad; aquélla, tierra y sangre mezclada con polvo.

4. No consumas la parte de la vida que te resta en hacer conjeturas sobre otras personas, de no ser que tu objetivo apunte a un bien común; porque ciertamente te privas de otra tarea; a saber, al imaginar qué hace fulano y por qué, y qué piensa y qué trama y tantas cosas semejantes que provocan tu aturdimiento, te apartas de la observación de tu guía interior. Conviene, por consiguiente, que en el encadenamiento de tus ideas, evites admitir lo que es fruto del azar y superfluo, pero mucho más lo inútil y pernicioso. Debes también acostumbrarte a formarte únicamente aquellas ideas acerca de las cuales, si se te preguntara de súbito: «¿En qué piensas ahora?», con franqueza pudieras contestar al instante: «En esto y en aquello», de manera que al instante se pusiera de manifiesto que todo en ti es sencillo, benévolo y propio de un ser sociable al que no importan placeres o, en una palabra, imágenes que procuran goces; un ser exento de toda codicia, envidia, recelo o cualquier otra pasión, de la que pudieras ruborizarte reconociendo que la posees en tu pensamiento. Porque el hombre de estas características que ya no demora el situarse como entre los mejores, se convierte en sacerdote y servidor de los dioses, puesto al servicio también de la divinidad que se asienta en su interior, todo lo cual le inmuniza contra los placeres, le hace invulnerable a todo dolor, intocable respecto a todo exceso, insensible a toda maldad, atleta de la más excelsa lucha, lucha que se entabla para no ser abatido por ninguna pasión, impregnado a fondo de justicia, apegado, con toda su alma, a los acontecimientos y a todo lo que se le ha asignado; y raramente, a no ser por una gran necesidad y en vista al bien común, cavila lo que dice, hace o proyecta otra persona. Pondrá únicamente en práctica aquellas cosas que le corresponden, y piensa sin cesar en lo que le pertenece, que ha sido hilado del conjunto; y mientras en lo uno cumple con su deber, en lo otro está convencido de que es bueno. Porque el destino asignado a cada uno está involucrado en el conjunto y al mismo tiempo lo involucra. Tiene también presente que todos los seres racionales están emparentados y que preocuparse de todos los hombres está de acuerdo con la naturaleza humana; pero no debe tenerse en cuenta la opinión de todos, sino sólo la de aquellos que viven conforme a la naturaleza. Y respecto a los que no viven así, prosigue recordando hasta el fin cómo son en casa y fuera de ella, por la noche y durante el día, y qué clase de gente frecuentan. En consecuencia, no toma en consideración el elogio de tales hombres que ni consigo mismo están satisfechos.

5. Ni actúes contra tu voluntad, ni de manera insociable, ni sin reflexión, ni arrastrado en sentidos opuestos. Con la afectación del léxico no trates de decorar tu pensamiento. Ni seas extremadamente locuaz, ni polifacético. Más aún, sea el dios que en ti reside protector y guía de un hombre venerable, ciudadano, romano y jefe que a sí mismo se ha asignado su puesto, cual sería un hombre que aguarda la llamada para dejar la vida, bien desprovisto de ataduras, sin tener necesidad de juramento ni tampoco de persona alguna en calidad de testigo. Habite en ti la serenidad, la ausencia de necesidad de ayuda externa y de la tranquilidad que procuran otros. Conviene, por consiguiente, mantenerse recto, no enderezado.

6. Si en el transcurso de la vida humana encuentras un bien superior a la justicia, a la verdad, a la moderación, a la valentía y, en suma, a tu inteligencia que se basta a sí misma, en aquellas cosas en las que te facilita actuar de acuerdo con la recta razón, y de acuerdo con el destino en las cosas repartidas sin elección previa; si percibes, digo, un bien de más valía que ese, vuélvete hacia él con toda el alma y disfruta del bien supremo que descubras. Pero si nada mejor aparece que la propia divinidad que en ti habita, que ha sometido a su dominio los instintos particulares, que vigila las ideas y que, como decía Sócrates, se ha desprendido de las pasiones sensuales, que se ha sometido a la autoridad de los dioses y que preferentemente se preocupa de los hombres; si encuentras todo lo demás más pequeño y vil, no cedas terreno a ninguna otra cosa, porque una vez arrastrado e inclinado hacia ella, ya no serás capaz de estimar preferentemente y de continuo aquel bien que te es propio y te pertenece. Porque no es lícito oponer al bien de la razón y de la convivencia otro bien de distinto género, como, por ejemplo, el elogio de la muchedumbre, cargos públicos, riqueza o disfrute de placeres. Todas esas cosas, aunque parezcan momentáneamente armonizar con nuestra naturaleza, de pronto se imponen y nos desvían. Por tanto, reitero, elige sencilla y libremente lo mejor y persevera en ello. «Pero lo mejor es lo conveniente.» Si lo es para ti, en tanto que ser racional, obsérvalo. Pero si lo es para la parte animal, manifiéstalo y conserva tu juicio sin orgullo. Trata sólo de hacer tu examen de un modo seguro.

7. Nunca estimes como útil para ti lo que un día te forzará a transgredir el pacto, a renunciar al pudor, a odiar a alguien, a mostrarte receloso, a maldecir, a fingir, a desear algo que precisa paredes y cortinas. Porque la persona que prefiere, ante todo, su propia razón, su divinidad y los ritos del culto debido a la excelencia de ésta, no representa tragedias, no gime, no precisará soledad ni tampoco aglomeraciones de gente. Lo que es más importante: vivirá sin perseguir ni huir. Tanto si es mayor el intervalo de tiempo que va a vivir el cuerpo con el alma unido, como si es menor, no le importa en absoluto. Porque aun en el caso de precisar desprenderse de él, se irá tan resueltamente como si fuera a emprender cualquier otra de las tareas que pueden ejecutarse con discreción y decoro; tratando de evitar, en el curso de la vida entera, sólo eso, que su pensamiento se comporte de manera impropia de un ser dotado de inteligencia y sociable.

8. En el pensamiento del hombre que se ha disciplinado y purificado a fondo, nada purulento ni manchado ni mal cicatrizado podrías encontrar. Y no arrebata el destino su vida incompleta, como se podría afirmar del actor que se retirara de escena antes de haber finalizado su papel y concluido la obra. Es más, nada esclavo hay en él, ninguna afectación, nada añadido, ni disociado, nada sometido a rendición de cuentas ni necesitado de escondrijo.

9. Venera la facultad intelectiva. En ella radica todo, para que no se halle jamás en tu guía interior una opinión inconsecuente con la naturaleza y con la disposición del ser racional. Esta, en efecto, garantiza la ausencia de precipitación, la familiaridad con los hombres y la conformidad con los dioses. 10. Desecha, pues, todo lo demás y conserva sólo unos pocos preceptos. Y además recuerda que cada uno vive exclusivamente el presente, el instante fugaz. Lo restante, o se ha vivido o es incierto; insignificante es, por tanto, la vida de cada uno, e insignificante también el rinconcillo de la tierra donde vive. Pequeña es asimismo la fama póstuma, incluso la más prolongada, y ésta se da a través de una sucesión de hombrecillos que muy pronto morirán, que ni siquiera se conocen a sí mismos, ni tampoco al que murió tiempo ha.

11. A los consejos mencionados añádase todavía uno: delimitar o describir siempre la imagen que sobreviene, de manera que se la pueda ver tal cual es en esencia, desnuda, totalmente entera a través de todos sus aspectos, y pueda designarse con su nombre preciso y con los nombres de aquellos elementos que la constituyeron y en los que se desintegrará. Porque nada es tan capaz de engrandecer el ánimo, como la posibilidad de comprobar con método y veracidad cada uno de los objetos que se presentan en la vida, y verlos siempre de tal modo que pueda entonces comprenderse en qué orden encaja, qué utilidad le proporciona este objeto, qué valor tiene con respecto a su conjunto, y cuál en relación al ciudadano de la ciudad más excelsa, de la que las demás ciudades son como casas. Qué es, y de qué elementos está compuesto y cuánto tiempo es natural que perdure este objeto que provoca ahora en mí esta imagen, y qué virtud preciso respecto a él: por ejemplo, mansedumbre, coraje, sinceridad, fidelidad, sencillez, autosuficiencia, etc. Por esta razón debe decirse respecto a cada una: esto procede de Dios; aquello se da según el encadenamiento de los hechos, según la trama compacta, según el encuentro casual y por azar. Esto procede de un ser de mi raza, de un pariente, de un colega que, no obstante, ignora lo que es para él acorde con la naturaleza. Pero yo no lo ignoro; por esta razón me relaciono con él, de acuerdo con la ley natural propia de la comunidad, con benevolencia y justicia. Con todo, respecto a las cosas indiferentes, me decido conjeturando su valor.

12. Si ejecutas la tarea presente siguiendo la recta razón, diligentemente, con firmeza, con benevolencia y sin ninguna preocupación accesoria, antes bien, velas por la pureza de tu dios, como si fuera ya preciso restituirlo, si agregas esta condición de no esperar ni tampoco evitar nada, sino que te conformas con la actividad presente conforme a la naturaleza y con la verdad heroica en todo lo que digas y comentes, vivirás feliz. Y nadie será capaz de impedírtelo.

13. Del mismo modo que los médicos siempre tienen a mano los instrumentos de hierro para las curas de urgencia, así también, conserva tú a punto los principios fundamentales para conocer las cosas divinas y las humanas, y así llevarlo a cabo todo, incluso lo más insignificante, recordando la trabazón íntima y mutua de unas cosas con otras. Pues no llevarás a feliz término ninguna cosa humana sin relacionarla al mismo tiempo con las divinas, ni tampoco al revés.

14. No vagabundees más. Porque ni vas a leer tus memorias, ni tampoco las gestas de los romanos antiguos y griegos, ni las selecciones de escritos que reservabas para tu vejez. Apresúrate, pues, al fin, y renuncia a las vanas esperanzas y acude en tu propia ayuda, si es que algo de ti mismo te importa, mientras te queda esa posibilidad.

15. Desconocen cuántas acepciones tienen los términos: robar, sembrar, comprar, vivir en paz, ver lo que se debe hacer, cosa que no se consigue con los ojos, sino con una visión distinta.

16. Cuerpo, alma, inteligencia; propias del cuerpo, las sensaciones; del alma, los instintos; de la inteligencia, los principios. Recibir impresiones por medio de la imagen es propio también de las bestias, ser movido como un títere por los instintos corresponde también a las fieras, a los andróginos, a Fálaris y a Nerón. Pero tener a la inteligencia como guía hacia los deberes aparentes pertenece también a los que no creen en los dioses, a los que abandonan su patria y a los que obran a su placer, una vez han cerrado las puertas. Por tanto, si lo restante es común a los seres mencionados, resta como peculiar del hombre excelente amar y abrazar lo que le sobreviene y se entrelaza con él. Y el no confundir ni perturbar jamás al Dios que tiene la morada dentro de su pecho con una multitud de imágenes, antes bien, velar para conservarse propicio, sumiso, disciplinadamente al Dios, sin mencionar una palabra contraria a la verdad, sin hacer nada contrario a la justicia. Y si todos los hombres desconfían de él, de que vive con sencillez, modestia y buen ánimo, no por ello se molesta con ninguno, ni se desvía del camino trazado que le lleva al fin de su vida, objetivo hacia el cual debe encaminarse, puro, tranquilo, liberado, sin violencias y en armonía con su propio destino.

images.jpg

No has nacido en los Estates, no es tu batalla,
no juego a básquet en un ghetto, juego a futbol sala
No has nacido en los Estates, no es tu batalla,
admiras a Malcom X? Yo a Durruti y a La Pasionaria

Otra batalla perdida, otra cerveza fría,
me cago en Manolo García,
Leticia Ortiz es una arpía, su coñito tiene premio
no cobra veinte euros por mamada, cobra un reino
hoy no me peino, ni me afeito, la vida es un gran pleito
En Valencia Rita Barberá, en California Terminator
Es de locos, publicistas con lo de siempre,
por favor, no más mujeres anunciando detergentes
Si Cofrentes pega un pedo, carnaval y confeti,
me pillará en la rave o jugando al tetris
Leyendo Alberti, Amena no te hace más libre,
defecaría con gusto en la cara de Esperanza Aguirre
Boris Izaguirre, por favor, que emigre
No más España de pandereta, no más salto del tigre.
Pajares, Esteso, el regreso de Los Pecos
picoletos con mostacho, machos de pelo en pecho, borrachos
El carajillo, el paquete de Ducados,
Amaral es un frígida y Bisbal no tiene el graduado
Maldita sea, maldita España de guateque,
hundamos a cañonazos el barco de Chanquete
Barrio Sésamo, Espinete, este cromo lo tengo repe,
los abusos del Duque de Feria, los chistes de Lepe
Un español en un cohete? Ese que llaman Pedro Duque?
Rollito Corleone no, me quedo con el Lute
Almodóvar y su trupe triunfan entre los yanquis
pero Almodóvar no es Roman Polanski
Soy el Nega, tu móvil con cámara me la trae floja
naturales o de bote me gustan las pelirrojas.
Así están las cosas, que coño miras
lo siento encanto pero me dejé el glamour en la tintorería.

[Estribillo] (x2)
No has nacido en los Estates no te engañes,
no hables de malas calles si vives en Blasco Ibáñez
Nosotros seguimos sin pasta, y sin caros estudios
y celebramos el 14 de Abril y no el 4 de Julio

[Tony]
No has nacido en los Estates, tu batalla no es,
no juego a básquet en un ghetto, juego al ajedrez
No has nacido en los Estates, tu batalla no es,
admiras Malcom X? Yo a Guevara, el Che

A Hombres G se les ha pasado el arroz y no lo asumen,
todas sus canciones suena repes, ya no es guapo ni David Summers.
Aquí al sol los lunes, abundan bares porque abundan parados,
niñas prefieren mi yogur al de José Coronado
Nada ha cambiado, sigue con su monopolio Polanco.
Te emociono el vuelo de Pedro Duque? A mí el de Carrero Blanco.
Te ríes con los Morancos y Juan Imedio?
El humor en España se quedo tuerto con muertes de Gila y Eugenio
Niños pequeños no juegan a cacos y a polis,
no creen en dios creen en Sardá, y el mounstro de su armario es Boris
El furgón del Dioni, crónicas de la España negra
recuerdos de la infancia, la teta de Sabrina en Nochevieja
Me hago viejo, atrás quedo el real Humor Amarillo
el viaje de Roldan, Mario Conde en el banquillo
Que de chiquillo más que al futbol jugué al teto,
yo enterré a Chanquete y compré condones en la farmacia de Concha Cuetos.
Cuentos yanquis se cuelan en tu puerta,
fracasó el 1,2,3, y hoy se usa para Halloween a Ruperta
Antes muerta que sencilla triunfó, pobre María Isabel,
acabará viviendo del recuerdo borracha como Massiel
No has nacido en los Estates, no es tu batalla,
antes que tu BigMac, prefiero mi brascada
Que os cambio la época de Ozores, por la de James Dean,
pero antes que tu NBA prefiero el truc o el futbolín
No envidio vuestra adicción por las armas y el dinero,
el Corte Ingles de la Avenida Francia, nuestra zona cero
Es humos negro, nuestro punto de enfoque,
lo siento encanto pero perdí el romanticismo en una timba de póker.

[Estribillo] (x2)
No has nacido en los Estates no te engañes,
no hables de malas calles si vives en Blasco Ibáñez
Nosotros seguimos sin pasta, y sin caros estudios
y celebramos el 14 de Abril y no el 4 de Julio

[Tony]
España profunda y cañí, Pajares y Esteso
Mama Chicho me toca, Locomía y su regreso
Excesos de Bárbara Rey, con esposas y vendas,
cuando Lola Flores descubrió que todos somos Hacienda
Los 80 McNamara con vuestro Pedro querido
demostró que haciendo música era igual de vomitivo.
Antidepresivos de Enrique Urquijo, no eran secreto
como que Rita se hizo la loca en el accidente del metro
Ortega Lara, no era ningún pacifista,
cambio de carcelero a contorsionista
Pobre rehén diréis, lo que no sabéis,
es que se le iba la mano como a los padres de Madeleine

[Nega]
España profunda y cañí, Manolo Escobar, el Fary
Antonio Angles, buceando con el Nani
La España de José Mari fue oscura y temida,
el 23-F un complot para perpetuar la monarquía
Los 80, la movida, en las manis un punkie en muletas
héroe de la working class, el cojo Manteca
La teta de Sabrina, el no a la OTAN, la heroína,
la bola de cristal, Kortatu, Alex y Cristina
Papelina, en los 80 todos ratas,
las firmas del Muelle, el break dance en tocata
Puzzle, Barraca, cayó el muro con Pink Floyd,
mientras Valencia capital del Techno, la ruta destroy
Los primeros B.boys por encima de modas,
el break en Viveros, la sala Kingston, las piezas del Nova,
La mazorca, ha regresado, contraataca,
con rap político y sarcasmo pusimos valencia en el mapa.
Mi rap bomba lapa, el tuyo una chapuza
tu escuchabas a Mecano, yo a Chuck-D y a Fermín Muguruza
Somos gentuza, nuevo héroe de barrio,
amnistía para el Solitario…

images9.jpg

Lo que es el Premio Planeta todo el mundo lo sabe. Lo que no sabe todo el mundo es que casi todo el mundo se comporta como si no lo supiera. En lo que sigue, téngase en cuenta, como telón de fondo, aunque no se lo nombre, que una cosa es el “todo el mundo relacionado con la cultura” o lo que ocupa su lugar y otra el “todo el mundo” que compra periódicos mentirosos y consume libros, es decir, los primos que llenan las arcas de un capo de la mafia editorial.

El Capolara padre lo inventó en los tiempos del franquismo, en que se valoraba cualquier tipo de actividades triunfalistas, y el Capolara junior ha seguido explotando el invento en esta pseudodemocracia consentidora. Un invento burdo, de payaso de circo, pero que en un país de broma, una parodia de país, deformación grotesca de la cultura europea, como decía Valle Inclán, da resultado. Y donde, si no se tiene nada que aportar a la ciencia, la antropología, la biología, la metafísica, el pensamiento occidental en general, se inventa a Chiquiliquatre o a la mejor liga del mundo. Pero iba a decir que el primer Capolara, que era editor, pero que no leyó en su vida otros libros que los de cuentas, solía decir –conservo recortes- que “en España se lee muy poco y, para vender libros, hace falta mucha publicidad y, como la publicidad es muy cara, para eso se han inventado los premios literarios”. Debería haber dicho “este premio literario” o “estos premios literarios”, porque fuera de España no existen estos tinglados.

Lo que “todo el mundo sabe” es lo siguiente: un fabricante de libros, no un editor, convoca lo que quienes no están en el “secreto”, los compradores potenciales, creen que es un concurso para distinguir la mejor obra que se presente. Pero la realidad es que el fabricante ya tiene en su poder, y en la imprenta, la obra de un figurón mediático: la obra que un jurado compuesto por empleados suyos, fijos o temporeros –entre ellos, profesores universitarios como Alberto Blecua, críticos lacayunos como Carlos Pujol y sedicentes escritores como Rosa Regás- va a “premiar”, después de varias horas de fingir que delibera y otras payasadas propias de la parodia que se representa delante de lo mejorcito de las clases política, cultural, empresarial, etc. encabezadas por algún miembro de la familia real y las autoridades del Ministerio de Cultura. Los ingredientes necesarios, en suma, para obtener una cantidad más que multimillonaria de publicidad gratuita, pues para eso los medios de comunicación en pleno entran en el juego, empezando por aquellos –RNE, TVE, etc.-que pagamos los contribuyentes.

En la última ocasión, hace pocos días, quien se ha prestado a urdir la trampa con el mafioso editorial ha sido un figurón profesional, que da conferencias sobre casi todo –en el colmo del virtuosismo, incluso sobre aquello de lo que nada sabe-, funda partidos políticos y foros ciudadanos, organiza carreras de caballos, asiste diariamente a un cóctel y casi diariamente a una manifestación, firma manifiestos sobre lo que sea… Y, además –y esto ya es el colmo-, es profesor de ética en una Universidad. Seré un ingenuo, pero a mí me escandaliza que un profesor de ética se preste a una componenda en la que hay muchísimo dinero de por medio y se engaña a mucha gente.

¿Qué se puede pensar de los periódicos, las revistas culturales, las cadenas de radio y televisión que, conociendo que todo es un manejo, alaban a su beneficiario y lo tratan –al manejo- como si fuera algo serio y de verdad? ¿Qué se puede decir de las autoridades políticas –de la Generalidad catalana, del gobierno central, ¡del Ministerio de Cultura!-, que asisten para dar lustre a la payasada, presididas por un miembro de la familia real? ¿Qué de los sedicentes escritores, artistas e intelectuales, tan moralistas ellos, que van para lo mismo, por haber sido ya elegidos o ponerse en cola para serlo alguna vez?

El figurón de este año, que desde ahora ya se mueve, con su carga ética a cuestas, entre las dos grandes mafias de la industria cultural de este país –el Grupo Planeta y el Grupo Prisa- ha querido salir al paso de las posibles críticas que le podían venir de unos pocos reductos de decencia que aún quedan aquí para confirmar la regla. Y lo ha hecho, como suele, apelando a su ingenio inexistente: “Sospechar del Planeta –le ha dicho a un compadre: Javier Rodríguez Marcos, El País, 17-X-08- es como sospechar de los Reyes Magos”. Como diciendo que se trata de una inocente broma que a todos divierte, a nadie perjudica y hasta engendra ilusión.

Pues no, señor Savater, no es así. En primer lugar, usted defrauda a los casi quinientos concursantes que han optado al premio de buena fe. En segundo lugar, defrauda también a los miles de lectores que comprarán su libro no porque sea de usted, que literariamente no es nadie, sino porque ha sido premiado en un concurso que ellos, que no están en el ajo de la magia de los reyes, creen que es de verdad. En tercero, usted beneficia a un industrial de la cultura a quien sólo le preocupa la ganancia, no los valores literarios. Y en cuarto, mediante tantas falsedades, usted se va a embolsar una millonaria cantidad de euros que, de otra forma, ni hubiese olido.

images8.jpg

La mayor parte de la sociedad podría estar de acuerdo con la idea de que en los últimos dos siglos, y sobre todo en las últimas décadas, el conocimiento científico ha avanzado de una forma impresionante. En todas las áreas del pensamiento: física, matemáticas, química, biología, economía, sociología, etc. han sido descubiertas nuevas teorías, leyes o postulados cuya aplicación ha creado una enorme variedad de artefactos, máquinas, compuestos químicos, medicamentos, instituciones, nuevos negocios, etc. que han cambiado aspectos sustanciales de la vida.
Curiosamente, a la vez, vemos cómo casi todo lo imprescindible va a peor. Las reservas pesqueras en todo el mundo disminuyen rápidamente debido a las extracciones masivas; los suelos pierden paulatinamente la capacidad de producir alimentos; el petróleo, imprescindible para mantener nuestra organización productiva y económica, se agota; el cemento y el hormigón fraccionan y deterioran los ecosistemas; el agua, el aire y el suelo se envenenan debido a la contaminación química; las desigualdades sociales se profundizan porque existe una apropiación obscena de bienes y riqueza por parte de una minoría; la articulación social que garantizaba los cuidados en la infancia, en la vejez o a las personas enfermas se está destruyendo, entre otras cosas, porque hombres y mujeres dedican la mayor parte de su tiempo a trabajar para el mercado; lo que se llama democracia se ha convertido en un sistema hegemónico que dispone de medios de difusión masivos, y una enorme maquinaria tecno-militar capaces de convencer por las buenas o por las malas…

¿Cómo es posible que de forma paralela a la generación de tanto conocimiento, a la vez que se han ido descubriendo tantas cosas que antes permanecían ocultas, y al mismo tiempo que nacían más y más universidades, laboratorios o centros de investigación, las variables que explican la vida se hayan ido deteriorando progresivamente? ¿Por qué el agua, el aire, los territorios, la fertilidad del suelo, los mares, la biodiversidad o la vida comunitaria se han ido destruyendo al mismo ritmo acelerado con que aparentemente aprendíamos sobre ellos? ¿Por qué en esta situación de crisis global la ciudadanía continúa creyendo firmemente que nuestra sociedad sigue un camino lineal desde un pasado de atraso y superstición hacia un futuro emancipador de mayor bienestar?

Para virar esta trayectoria que conduce al colapso es preciso reflexionar sobre la noción de progreso que tienen las sociedades occidentales, una noción que se basa en la separación entre cultura y naturaleza, y que ha contribuido a construir una esfera social, tecnológica y económica que ignora el funcionamiento de los sistemas naturales y crece, como un tumor, a costa de ellos.

Saber de dónde venimos para poder cambiar

La génesis del modelo de pensamiento occidental hunde sus raíces en la Modernidad. Este período, época de indudables avances, en la que se consigue desvincular el pensamiento del poder religioso, se proclaman los Derechos del Hombre y el concepto de ciudadanía (masculina) comienza a abrirse paso, es también el momento en el que se consolida el modo de relación entre los seres humanos y la naturaleza que han dado lugar a la actual crisis ecológica.

En efecto, es en este momento histórico cuando se ponen las bases del actual sistema tecnocientífico que se desarrolló a unas velocidades incompatibles con los procesos de la Biosfera que sostienen la vida, y al servicio de un modelo socioeconómico que sólo considera riqueza lo traducible a valor monetario y que necesitaba crecer de forma exponencial.

La ciencia moderna se constituyó en el supuesto de que el pensador podía sustraerse del mundo y contemplarlo como algo independiente de sí mismo, siendo el conocimiento generado absolutamente objetivo y, supuestamente, neutral y universal. La revolución científica condujo a conceptuar la naturaleza como una enorme maquinaria que podía ser diseccionada y estudiada en partes. La naturaleza pasaba así a ser considerada un autómata sujeto a unas leyes matemáticas eternas e inmutables que determinan su futuro y explican su pasado.

En la actualidad sabemos que este modelo diseccionador, que ha sido tan útil para aplicar en la industria, ha resultado enormemente dañino para la vida sobre la Tierra. La lógica de las cosas muertas no sirve para entender el mundo vivo. En un ecosistema, vegetales, animales y microorganismos cooperan intensamente y, por ello, no puede ser comprendido estudiando cada parte por separado.

La visión atomizada y dispersa de la realidad tiene importantes repercusiones en nuestro entorno. Muchas decisiones en temas de ordenación del territorio, de creación de infraestructuras o de lanzamiento de productos químicos o transgénicos al medio, alteran una compleja maraña de relaciones con consecuencias imprevisibles. Estas actuaciones basadas en un conocimiento fragmentado, en muchas ocasiones ignoran la densa red de relaciones que conecta todo lo vivo y la emergencia de fenómenos que no tienen explicación y ni siquiera son visibles para una mirada reduccionista.

A pesar de que la propia ciencia desautorizó hace muchos años la mecánica clásica o la separación entre cultura y naturaleza como visiones que pudiesen explicar la complejidad del mundo, estas miradas siguen fuertemente arraigadas en los esquemas mentales de nuestra sociedad y continúan estando presentes en muchas de las aplicaciones tecnológicas e industriales de vanguardia.

Una concepción del saber como objetivo y universal, la oportunidad de difundirlo que ofrecieron los procesos colonizadores y la tecnología adecuada para poder hacerlo, han hecho de la ciencia occidental el sistema de conocimiento hegemónico, ante el que cualquier otro es considerado tradición o, a lo peor, superstición. De este modo, se olvida que ha habido, y hay, otras muchas formas de aproximarse al conocimiento que han demostrado su utilidad y cuya validez es equiparable a la de la ciencia “oficial” (pensemos en la conservación de los bosques de muchos pueblos indígenas o la eficacia energética de muchos tipos de arquitectura vernácula).

Un progreso lineal e ilimitado

La revolución científica e ideológica que instaura el proyecto de la Modernidad se amplía y se asienta en el Siglo de Las Luces, momento en el que se afianza la cultura occidental como visión generalizada del mundo. En este período, por una parte aparecen los ideales de la Ilustración basados en la libertad intelectual y el desarrollo del conocimiento emancipado de la Iglesia; por otro, surgen dos fenómenos asociados: el capitalismo y la Revolución Industrial. Fundamentalmente en manos de la economía liberal, la ciencia y su aplicación, desvinculadas de la ética gracias a su halo de objetividad y neutralidad, se ponen al servicio de la industria incipiente y del capitalismo, consiguiendo unos aumentos enormes en las escalas de producción, gracias a la disponibilidad de la energía fósil, primero el carbón, y posteriormente, y hasta hoy, el petróleo. El capitalismo y la Revolución Industrial, con la poderosa tecnociencia a su servicio, terminaron instrumentalizando los ideales de la Ilustración e imponiendo unas relaciones entre las personas y también entre los seres humanos y la Naturaleza, guiadas por la utilidad y la maximización de beneficios a cualquier coste.

El concepto de progreso humano se fue construyendo, por tanto, basado en el alejamiento de la naturaleza, de espaldas a sus límites y dinámicas. El desarrollo tecnológico fue considerado como el motor del progreso, al servicio de una idea simplificadora que asociaba consumo con bienestar, sobre todo en las últimas décadas, en las que la sociedad de consumo se ha autoproclamado como la solución para todos los problemas humanos. El lema “si puede hacerse, hágase” se impuso, sin que importasen los para qué o para quién de las diferentes aplicaciones. La ocultación de los deterioros sociales y ambientales que acompañaban a la creciente extracción de materiales y generación de residuos, hicieron que se desease aumentar indefinidamente la producción industrial, creando el mito del crecimiento continuo.

La palabra progreso dotaba de un sentido de satisfacción moral a esta tendencia de la evolución sociocultural. Se consideró que todas las sociedades, de una forma lineal, evolucionaban de unos estadios de mayor “atraso” –caza y recolección o ausencia de propiedad privada– hacia nuevas etapas más racionales –civilización industrial o economía de mercado– y que en esta evolución tan inexorable y universal como las leyes de la mecánica, las sociedades europeas se encontraban en el punto más avanzado. Al concebir la historia de los pueblos como un hilo de secuencias que transitaba del salvajismo a la barbarie, para llegar finalmente a la civilización, los europeos, empapados de la convicción etnocéntrica de constituir la “civilización por excelencia”, expoliaron los recursos de los territorios colonizados para alimentar su sistema económico basado en el crecimiento. Sometieron mediante la violencia (posibilitada por la aplicación científica a la tecnología militar) y el dominio cultural a los pueblos colonizados, a los que se consideraba “salvajes” y en un estado muy cercano a la naturaleza.

Esta concepción de progreso, vigente en el presente, ha sido nefasta para los intereses de los pueblos empobrecidos y para los sistemas naturales. La idea de que más es siempre mejor, la desvalorización de los saberes tradicionales, la concepción de la naturaleza como una fuente infinita de recursos, la reducción de la riqueza a lo estrictamente monetario y la fe en que la tecnociencia será capaz de salvarnos en el último momento de cualquier problema, incluso de los que ella misma ha creado, suponen una rémora en un momento en el que resulta urgente un cambio de paradigma civilizatorio.

Cambiar no es una opción

En un planeta con los recursos finitos, es absolutamente imposible extender el estilo de vida occidental, con su enorme consumo de energía, minerales, agua y alimentos. El deterioro social y ambiental no son subproductos del modelo de desarrollo, sino que son una parte insoslayable de ese tipo de desarrollo. Nos encontramos, entonces, ante una crisis civilizatoria, que exige un cambio en la forma de estar en el mundo. Los modos de producción de bienes y necesidades de la sociedad industrial, han colaborado en la configuración de las relaciones entre las personas. Si la dinámica consumista y la obtención del beneficio en el menor plazo dirigen la organización económica, esta misma lógica se instala en los procesos de socialización y educación, determinando finalmente que las metas a alcanzar por cada individuo se orienten hacia la acumulación, olvidándose de poner en el centro el propio mantenimiento de la vida.

Hoy, el progreso es afrontar la incompatibilidad esencial que existe entre un planeta Tierra con recursos limitados y finitos, y un sistema socioeconómico, el capitalismo, que impulsado por la dinámica de la acumulación del capital, se basa en la expansión continua y conlleva de forma indisoluble la generación de enormes desigualdades. Se trata de establecer un “nuevo contrato social” que involucre a hombres y mujeres como parte de la naturaleza y seres interdependientes.

Progresar será, por tanto, transitar de una lógica de guerra contra las personas, los pueblos y los territorios a una cultura de paz que celebre la diversidad de todo lo vivo, que permita a todas las personas el acceso a los bienes materiales en condiciones de equidad y que se ajuste a los límites y ritmos de los sistemas naturales. Vivir con menos es una exigencia física que impondrá la limitación de los recursos materiales. Vivir bien con menos y en condiciones de justicia y equidad, es un camino que hay que señalar, sumando mayorías que puedan resistir, exigir e impulsar un cambio. Esta nueva visión permitirá establecer alternativas, recuperar lo valioso que perdimos y explorar caminos inéditos que permitan vivir en armonía social y en paz con el planeta. Muchas personas, en todos los continentes, lo están haciendo ya.

images7.jpg

Hace sólo unos días, el presidentes más ridículo, más cateto, más zafio y más lerdo que ha tenido la República Italiana, logró que el Parlamento de su país –o lo que sea- aprobase unas leyes que convierten en delincuentes a quienes allí arriban desde el extranjero sin tener dinero, o sea a los pobres; que permiten la creación de patrullas ciudadanas para imponer el orden tal como gusta a la “buena gente” y que limitan de modo arbitrario los derechos de los inmigrantes regularizados que hacen los trabajos más penosos y sin los cuales la sociedad italiana en particular y la europea en general no podría subsistir.
Italia, que duda cabe, es uno de los países que más ha contribuido a la creación del acerbo cultural mundial. No tiene sentido alguno nombrar ahora a la inmensa pléyade de pintores, escritores, arquitectos, políticos, filósofos, científicos y humanistas que desde esa tierra contribuyeron a sacar al hombre del oscurantismo, la tristeza y el temor divino, atribuyéndole la posibilidad de ser feliz en esta vida, que es la única que tenemos. Sin embargo, desde hace algún tiempo Italia está encabezando una vuelta al pasado como la que en su tiempo lideró Benito Mussolini, aquel vehemente activista socialista que terminó por fundar el fascimo y aniquilar a sus camaradas de “viejas y trasnochadas luchas obreras”. Silvio Berlusconi, uno de los hombres más ricos y más palurdos del mundo, es el nuevo duce, el nuevo conducator que ha descubierto en la barbarie la forma más moderna y efectiva de llevar las cosas públicas y privadas de un país que agoniza después de siglos de dar al mundo una parte sustancial de sus mejores frutos. Las leyes aprobadas por el Parlamento italiano –que provienen de sugerencias hechas por sus socios de la Liga Norte y del Partido fascista, algunas tan humanitarias como aquellas que proponían hundir en alta mar a cualquier barco con emigrantes a bordo- son una auténtica vuelta al pasado más reaccionario de una Europa que parece verlas con complacencia, pues no es otra cosa el silencio de las instituciones que rigen la Unión europea, de los gobiernos que la componen y de los ciudadanos que forman parte de cada Estado.
Aquí no existe la xenofobia, nadie es racista, pero cada día se invierte más dinero en luchar contra la emigración, cada día se levantan nuevos muros, cada día se publican más artículos criminalizando a los inmigrantes, cada día son más quienes, como ocurría otrora con los judíos, los masones o los comunistas, culpan a los que han venido de la pobreza que nosotros mismos creamos a conciencia, de los males que nos afligen que, con ser muchos, no son ni la diezmillonésima parte de los que les afligen a ellos. Pues bien, quede bien claro que ahora mismo Italia –Europa en general- no podría subsistir sin los millones de inmigrantes que cuidan de nuestros viejos y de nuestros hijos, que limpian nuestras calles y nuestros retretes, que trabajan en condiciones infrahumanas en todos aquellos lugares a los que los europeos dejaron de acercarse al calor de una riqueza material que en ningún país ha ido acompañada de un enriquecimiento paralelo en lo referente a la cultura, el humanismo y la solidaridad. El europeo rico, el europeo aburguesado de nuevo cuño, desprecia cuanto desconoce, desconociéndolo casi todo, incluso al pequeño burgués del siglo XIX que, en muchos casos, tenía una ética y una moral progresiva, que soñaba con un mundo más justo para todos, con una casita y el tiempo libre suficiente para leer un buen libro y catar un buen vino, mira sólo a su ombligo y estigmatiza a quienes creen que han invadido su casa y pretenden quedarse con ella imponiéndole modos de vida ajenos, cuando es el europeo con pedigrí -¿los hay?- quien se ha autoimpuesto un esquema vital, una ideología reaccionaria y un modo de vida egoísta opuesto radicalmente a lo mejor de su tradición. No, queridos amigos, el enemigo no viene de fuera, el enemigo está dentro y es el mismo de siempre, el que no aceptó la democracia más que cuando se la impusieron a la fuerza, el que veía a los trabajadores como enemigos a batir, el que creía en la iglesia, cualquiera de ellas, como su mejor aliado, el que veía cualquier cambio, por tímido que fuese, como un atentado directo a sus intereses y a su bienestar, el indiferente, el belicista, el excluidor, el que cree pertenecer a un club selecto al que sólo se entra si se tiene un determinado diámetro de panza, el que aburre a los muertos con su plática senil, el que, agazapado, está destruyendo poco a poco los logros políticos, económicos, sociales y culturales de siglos sin el más mínimo rubor.
Europa no es propiedad de nadie, ni tan siquiera de sus habitantes nativos. Es un trozo de tierra como los demás en el que se vive mejor que en el resto del mundo gracias, entre otras cosas, a los inmigrantes y a que llevamos siglos esquilmando y desangrando a sus países de origen. Europa no tiene ningún derecho a poner límites a la libre circulación de personas, sí a la de capitales; Europa no tiene nada que temer de quien viene de fuera y si mucho que esperar, que pagar y que agradecer, pues es una sociedad envejecida que necesita sabia nueva para seguir funcionando, para reinventarse y poder sobrevivir a los desafíos que el futuro nos depara. No quiere decir eso que el viejo continente tenga que someterse a culturas y costumbres que le son ajenas como la ablación del clítoris, la obligación de llevar velo, el machismo, la lapidación, la pena de muerte o los condicionantes religiosos ultramontanos, condicionantes que por cierto están cada vez más vivos entre nosotros y no por causa de Mahoma sino de la Santa Iglesia Católica, apostólica y romana: No hay más que ver el seguimiento que los medios de comunicación de masas hacen de las declaraciones trogloditas del jefe del Estado vaticano o de sus viajes por el mundo.
Sin embargo, algo ha cambiado desde que desapareció la Unión Soviética y los países árabes de su órbita quedaron a merced del nuevo y único emperador, desde que se le dio a Israel licencia para matar a placer, desde que los Bush y su corte decidieron machacar países como Irak –que llegó a ser el primer Estado laico del mundo árabe-, desde que las potencias “democráticas” adoradoras de “la mano invisible que mueve el mercado” decidieron apoyar incondicionalmente a los jeques medievales y eliminar a quienes ya no los tenían y habían optado por modelos de desarrollo occidentalizados. Desde entonces, la sangre corre por toda la geografía árabe e islámica sin dejar a sus pueblos más esperanza que la que Alá y Mahoma, que es su profeta, les promete para el día de mañana, para ese día que sucede al último suspiro. El mundo islámico se ha cerrado sobre sí mismo, se ha enclaustrado, aislado, tanto allí como aquí. Ahora, muchos de ellos pitan la Marsellella –el himno que fue símbolo de la libertad de todos- tras un partido de fútbol, rechazan la libertad de palabra, la libertad de vestir, la libertad de mezclarse, creyendo que con eso cumplen con los preceptos divinos, se aseguran un lugar en el Paraíso y preservan sus señas de identidad de quienes han intentado eliminarlos física, espiritual y culturalmente. Esto es un hecho y no vale la pena discutirlo por evidente: Ningún perro, por dócil que sea soporta que todos los días le rompan un palo de avellano en el lomo, aunque puede ser que los europeos de la vieja Europa hayan doblado las rodillas sin necesidad de palo alguno, rindiéndose a la demagogia y a las ideologías populistas más retardatarias.
Ante esta situación, Europa no puede hacer lo mismo, aunque sea por puro egoísmo, por afán de supervivencia: Necesitamos a los inmigrantes, tenemos una deuda impagable con ellos. Su única salida es un rearme ético de envergadura y rechazar las prédicas de los augures del apocalipsis. Europa debe retomar su tradición democrática, liberadora, utópica, lo mejor de sí misma y ofrecerlo a quienes aquí nacieron y a quienes aquí vinieron. Para lo demás, para las vueltas al pasado, para la restricción de libertades y derechos, para los que piensan como Berlusconi o como el Ayatolá Jomeini, está la Ley Democrática, esa que hizo de Europa un ejemplo para el mundo y que debe ser inexorablemente respetada por todos.

images6.jpg “Los numerosos casos de corrupción en España arraigan tanto en una aristocracia política de origen franquista, como en las estructuras psicológicas que generó aquel sistema para naturalizar el abuso”

El Partido Popular aglutina en sus filas a los políticos más corruptos del Reino de su Majestad. Eso, aunque no lo demuestren los jueces, lo sabemos todos. Realmente, más que como partido, debería definirse formalmente como: grupo mafioso, o mafiocracia, al que acceden los niños pijos de un linaje especial de españoles selectos con vistas a ejercer un poder sobre el resto del país y, de paso, enriquecerse. Yo intento elaborar un artículo sobre la corrupción urbanística y política en Murcia -decir urbanístico, corrupción y política en este país es decir lo mismo-, el mayor feudo del PP en España, y he tenido que dividir los casos en varios artículos especiales (robo de agua, urbanismo…) porque uno sólo con todos los casos actualmente investigados sería demasiado largo. Aburriría. Y esto teniendo en cuesta que se trata de una información a la que cualquiera puede acceder a través de Internet. A estos habrá que añadir los casos que ni se conocen, ni se conocerán jamás.

Deberíamos preguntarnos de una vez por todas cómo es posible que semejantes políticos no solamente tengan cabida en España, sino que además se reproduzcan como por esporas y que nunca caigan en manos de la Justicia. Se podría responder que la justicia es un órgano no independiente de la política. Si se examina el sistema de elección de altos cargos de CGPJ se verá que no sólo no hay una clara división, sino que la justicia está literalmente en manos de los intereses políticos. Pero esto es otro tema del que por cierto ya hablé en otro artículo con relación a Garzón.

Por otro lado, creo que existe otro factor de peso: Los españoles en general tienen como un cierto aguante para los casos de corrupción política. De hecho, para una gran parte de la población no son tan escandalosos como para la otra. Alegan que “ellos también lo harían, de estar en su lugar”, y esto porque asumen naturalmente que el acceso a la política no tiene su sentido en un auténtico interés por los asuntos sociales. Muchos ciudadanos vinculan a priori, ya digo que de forma natural, política y dinero fácil. Se ha asumido que esto es así.

Una explicación de este insólito fenómeno puede ser la vida en el régimen de Franco durante nada menos que 40 años. De hecho, yo personalmente considero que cuando se habla de franquismo la palabra “ilegal” pierde el significado específico que tendría en un auténtico ordenamiento jurídico y político. ¿Se puede hablar de corrupción política o económica durante este oscuro periodo de la triste historia de España? En realidad, no. Y esto es así porque se trata de un régimen golpista. Su desenvolvimiento está ligado a la ilegalidad. Da igual a qué leyes decimonónicas o a qué principios naturales apelaran en su día las tropas rebeldes para justificar su posicionamiento en contra de la República. Lo cierto es que quebrantaron la ley. El problema es que, una vez quebrantada, este acto se habría mantenido como ilegal si el golpe hubiera fracaso. Al tener éxito, se implantó en España una forma de gobierno -forma, por llamarla de algún modo- que ni siquiera contaba con un programa político, ideológico, identificable. Por eso la crítica al franquismo es tan ambigua. Por eso, mientras en otros lugares se habla de dictadura socialista, comunista, nacionalsocialista, fascista, en España debemos referirnos a la forma de gobierno con el mismo nombre que designa al gobernante, ya que no existen categorías políticas puras que puedan relativizar la función del régimen y hacer objetivos los casos de abuso de poder. Estuvo caracterizado por la Santa Voluntad de unos señores que, por la fuerza, hicieron suyo el país y luego lo utilizaron para enriquecerse, para consolidarse como clase dominante sobre otros españoles que corrieron peor suerte al defender la legalidad. Clase dominante que, de una forma u otra, llega hasta nuestros días.

España durante el franquismo fue el país del chanchullo. No sólo a nivel político. Las condiciones de vida fueron tan duras hasta bien entrados los años 50’s (para algunos esta situación se prolongó durante muchos más años) que la gente corriente, los obreros, tenían que recurrir a toda suerte de artimañas para sobrevivir. Esta nueva picaresca, en el fondo, tenía su correlato en la clase dominante, en sus tejemanejes. Recordemos, por ejemplo, que en España, durante muchos años, no hubo política fiscal, y que la utilización de la peseta durante este tiempo era una simple cuestión de fe. De cara a las relaciones internacionales de comercio, se tenía que recurrir al trueque porque la peseta adquiría o perdía valor en función no de un mercado de valores, sino del favoritismo de algún Ministro con un empresario que había decidido dar el pelotazo con productos prohibidos por ley. Tener una amistad significaba tener riqueza. Ni siquiera se cobraban impuestos. En realidad, el imperio de la ley brilló por su ausencia. En un sistema legal se puede sobornar a un juez para que altere su veredicto, o a un funcionario de prisiones para que deje libre a un preso. Estos son casos de corrupción. En la España de Franco, sin embargo, estos casos constituían la norma. Todo era arbitrario. Los únicos valores eternos fueron los exigidos a la población sometida.

La diferencia esencial estriba en que los españoles corrientes lo hacían por necesidad, para subsistir nada más y a duras penas, mientras que los otros lo hacían para enriquecerse y vivir entre los más fastuosos lujos a la vez que pregonaban el ayuno, la abstinencia y la humildad cristianas. Se instaló en España, hasta la llegada de un sistema político (mejor o peor, pero sistema a fin de cuentas), una forma marrullera de hacer política y de vivir cotidiano que a veces se confundían. El asalariado de hoy día, al tener una nómina, posee ahora pocas oportunidades de estafar al sistema. Sin embargo, lo que ha quedado de todos esos años no es ya su habilidad para sobrevivir, su picaresca, sino la increíble tolerancia a los casos de corrupción que vemos en este país. De momento, ya tenemos una tesis: la corrupción de los políticos, esto es, el usar la política como vía directa al enriquecimiento, así como el beneplácito que dan a esta corrupción muchos ciudadanos (sin el cual no podría desenvolverse) tiene su origen quizá antes del franquismo, pero sin duda fueron esos 40 años los que por fin institucionalizaron la corrupción hasta disolverla tanto en la forma de actuación política en particular como en la mentalidad del español en general.

Fue, pues, una enfermedad endémica del franquismo, que comenzó el día del levantamiento contra un Gobierno legítimo. Y fue este mismo sistema de golpistas quien naturalizó la corrupción hasta convertirla en la norma. Incluso los socialistas de Felipe Gonzalez, que se presentaron como serios estadistas después de años de chanchullos, cayeron finalmente en la trama interminable de la corrupción. No obstante, es injusto que la derecha (desde el diario El Mundo) elaborara un discurso gracias al cual la palabra “pelotazo” y la corrupción política de esta clase iba a pasar a la historia ligada irremediablemente a los socialistas de entonces y a la época que va de finales de los 80’s hasta que perdieron las elecciones, pasando por la Exposición Universal de Sevilla del 92. Es injusto, digo, porque la derecha mejor que nadie sabe que esta forma de corrupción viene de muy atrás, concretamente de las mismas filas de donde ellos han salido.

Podríamos todavía preguntarnos qué otros elementos contribuyen a la normalización de la corrupción. Estoy seguro de que son muchos los ciudadanos que se sentirían indignados si llegaran a conocer la ingente cantidad de casos que están siendo investigados con relación a la trama de corrupción que atañe sobre todo al Partido Popular (lo que no significa que no alcance también al PSOE, pero eso es otra historia). Los ciudadanos continúan fiándose de las noticias que difunden los medios de comunicación de masas. Aún distinguen entre la seriedad y veracidad que rodea un espacio de tertulia política y el carácter informal de otros espacios, como los del corazón. Sin embargo, lo que se está difundiendo en estos espacios de supuesta tertulia política con relación a la corrupción política y económica del Partido Popular es para sospechar. De hecho, por más que cada día machaquen al telespectador con numerosos casos del PP valenciano, uno llega a preguntarse si la función de los medios no estará siendo, realmente, la de desinformar sobre la naturaleza de la corrupción política en el país.

Sólo dos ejemplos: en Alicante al alcalde popular, Luis Díaz Alperi, y dos concejales, han sido imputaos por el juez por delitos de prevaricación, tráfico de influencias y adjudicaciones irregulares. El alcalde ha sido acusado por el partido de la oposición por aprobar en 2003 la revisión de un plan parcial en una zona en expansión para favorece un centro privado mediante una concesión administrativa encubierta en un solar reservado para un colegio público. El alcalde Pedro Hernández, del PP, estuvo imputado por la venta millonaria de un solar de su propiedad. Además de las acusaciones contra el alcalde hay otros dos imputados, dos concejales del consistorio municipal, Pascual Ortiz y José Antonio Sánchez, acusados de prevaricación. Pero sus casos fueron archivados. Solicitaban créditos para financiar obras y servicios no presupuestados.

Se pude continuar. Los casos son infinitos y se extienden hasta Murcia, conectados con la trama Marbellí que se llevó por delante, solamente, a Julián Muñóz, el chivo expiatorio, la cabeza cortada, sangrante y exhibida por televisión, de poderes que jamás nos estará permitido identificar, y cuyos nombres, quizá, nos tropezamos cada día en la calle en la forma de los más respetables logotipos, carteles e incluso anuncios de televisión. Recordemos el caso Zaplana de Terra Mítica y las facturas falsas. En todos estos casos se manejan cifras multimillonarias (300 millones de euros, 400 millones) Un vistazo rápido por internet podrá sacar a cualquiera de dudas.

Y con todo este trasfondo, que por cierto todos los españoles conocemos perfectamente, y que probablemente será más escandaloso de lo que la justicia, y nuestra propia imaginación, reconocerá jamás, hoy, en la cadena de televisión privada Cuatro, en la tertulia política de sobremesa, hablaban de unos trajes del señor Francisco Camps. No se cuántos pantalones y camisas y chaquetas. PANTALONES, CAMISAS Y CHAQUETAS. Repito, por si no se ha captado la gravedad, no del delito de Camps, sino del de los medios de comunicación en su tertulia política: hoy, el debate político trataba sobre cuántos PANTALONES, CAMISAS Y CHAQUETAS le han regalado a Camps. Federico Trillo también tiene algo que ver en todo esto, y la trama gira en torno a un sastre maléfico. No en torno a banqueros multimillonarios, multinacionales del ladrillo, alcaldes y demás miembros electos de la santa institución pública española, constructores, inmobiliarias, empresarios… NO, sino que giraba en torno a un SASTRE. y sus pantalones, camisas y chaquetas ¿De verdad piensan que nos vamos a tragar ese camelo?

Volvemos al principio de este artículo. ¿Es el Partido Popular el partido más corrupto del país? Con independencia de lo que digan los medios, es voz popular que los casos de corrupción urbanística en España son vergonzosos. Hablamos de una forma de enriquecimiento que, a diferencia de la corrupción del PSOE de González, va a cambiar, a la larga, la fisionomía del país, las relaciones políticas y, sobre todo, sociales. La corrupción ha sido la norma y amparada por el negocio del ladrillo de ella ha surgido una elite económica tan poderosa que va a ser difícil liberarse de su gobierno en las sombras, y más difícil va a ser todavía que no notemos las consecuencias durante muchos años.

El oscurecimiento de la vida que poco a poco vivimos, y que por ahora muchos no saben aún calificar, pero que sí sienten, se debe a este extraño proceso de cambio hacia formas de gobierno que de vez en cuando trascenderán el conservadurismo para mostrarse plenamente fascistas. Otras formas de explotación de la clase obrera, otras formas de represión y otras formas de vigilancia propias de un Estado sin libertad, están llamando a las puertas. De hecho, las tenemos ya dentro, configurando nuestro entorno, pero todavía son muchos los que se niegan a verlo porque la clase media aún no ha protestado en serio.

A pesar de que la crisis es global, en España su naturaleza responde sobre todo al modelo de crecimiento económico de los últimos años, ese que ha vuelto a generar pobreza para algunos, riqueza para otros, injusticia, endeudamiento de las familias y una diferencia intolerable entre las clases sociales, entre las que ahora hay que destacar a las muy pobres. Si experimentamos alguna clase de libertad parcial durante la década inmediatamente posterior a la transición, aquello se acabó, señores. Y el fondo de todo esto son los millonarios surgidos al amparo de la corrupción política y financiera del país. Y Cuatro hablando de la trama en torno a un sastre.

images5.jpgLa Junta de la Escuela de Formación del Profesorado de EGB propuso en el mes de julio al poeta Mario Benedetti como Doctor Honoris Causa por nuestra Universidad, propuesta acogida por la Junta de Gobierno y que hoy vamos a desarrollar. Comenzaré diciendo que es un honor para mí, que enseño literatura hispanoamericana en esta casa, el que se me haya encargado realizar esta laudatio, en donde tengo que plantearles una reflexión lo más objetiva posible que responda a las razones por las que pedimos el Doctorado Honoris Causa para Mario Benedetti, una reflexión que se hace difícil en su tono si tenemos en cuenta que hay también, necesariamente, una dosis de emoción en todo lo que yo les pueda decir. A la imagen del escritor, un día sucedió la imagen del amigo que, desde hace años, está fuertemente vinculado a esta Universidad, que ha participado en cursos, recitales, diálogos en ella, que ha sido, digamos, una factor de dinamización de ese «destino latinoamericano» que nuestra Universidad quiere tener, un destino que pasa por la cooperación científica y solidaria, y por la formación de estudiantes iberoamericanos en nuestras aulas.

Mario Benedetti nació en 1920 en Paso de los Toros, departamento de Tacuarembó, en Uruguay, aunque muy pronto Montevideo se convirtió en el ámbito vivencial de un niño que, en el barrio de Capurro, acumuló las primeras sensaciones para ser escritor y persona, y para convertirse un día en otra voz de esa universalidad que la literatura uruguaya ha tenido también en nuestro siglo. Aquel Montevideo generó un poeta, un novelista, un autor teatral y un ensayista que, a lo largo de más de setenta libros, ha ido jalonando una de las escrituras más nutricias del castellano. Una escritura que comenzó como aventura reflexiva con aquel Peripecia y novela en 1948, en donde pudimos conocer una mirada crítica temprana que completó enseguida con su mirada poética y narrativa: Poemas en la oficina en 1956 y La tregua en 1960 son dos libros que abren con fuerza una escritura que no ha parado de desarrollarse hasta la publicación reciente de un último libro de poesía, El olvido está lleno de memoria, en 1995, una última novela, Andamios, en 1997, y la recopilación de una parte de sus ensayos, con el título El ejercicio del criterio, en 1995. En medio, obras reconocidas como Quién de nosotros, Gracias por el fuego, o los relatos de Montevideanos y Geografías. Y también una voluminosa escritura poética que se ha organizado en sus dos monumentales Inventarios; en todo este tiempo también, la reflexión crítica que ha tenido ejemplos perdurables de pasión y lucidez.

Quisiera destacar ahora, ciñéndome a los valores principales que su obra aporta, algunos sentidos que debemos retener de la misma. En primer lugar, por una disposición personal más activa hacia la poesía, quiero comentarles que Mario Benedetti es un autor que definió su poética con el intento de aludir al lector y no eludirlo, con el impulso conversacional de elevar el lenguaje cotidiano, repleto de guiños cómplices, a la categoría de la expresión poética. La tensión de ese lenguaje tiene que ver con la que la palabra tenga para cada uno de nosotros. Quiero decir que la palabra se carga en Benedetti de emociones, como la ternura, el afecto, el amor, la ira, la cólera, el enojo, la indignación, respondiendo a las situaciones vivenciales de un sujeto lírico que intenta vivir conjuntamente la vida personal y la historia de cada día y de nuestro tiempo. Un lenguaje vertebrado por palabras que van respondiendo en su inmediatez, y en su alegría, y en su dolor, y en su esperanza, a un lector que sabe que en cierta medida puede encontrar una parte de sí mismo en ellas, que puede encontrarse. Lo digo como testimonio personal, porque estas sensaciones de la poesía son difíciles de establecer objetivamente, pero considero que son afirmaciones compartidas. Conozco jóvenes locos por Benedetti que descubrieron en poemas como «Táctica y estrategia», «No te salves», «Hagamos un trato», «Chau número tres», «Los formales y el frío», en su poesía amorosa, en definitiva, un lenguaje de amor que se podía compartir. He visto recitales de Benedetti con muchos jóvenes sentados en los pasillos, recordando en voz baja, con y sin nostalgia, aquello de «Compañera / usted sabe / que puede contar / conmigo». ¿Les atrae sólo esa vertebración coloquial y original de los lenguajes de amor?. No creo.

Desde su poesía a sus ensayos intentaría completar ahora una visión sobre la sociedad que forma una línea de reflexión complementaria. Creo que en Mario Benedetti hay una de la visiones urbanas contemporáneas más intensas, en su poesía y en su narrativa, una matizada visión de nostalgias por espacios desaparecidos que se evocan desde aquel poema inicial que decía que «Montevideo era verde en mi infancia / absolutamente verde y con tranvías». La intensidad de la evocación sobre el espacio urbano, en la que se mezclaban lenguajes de la burocracia y de la memoria, fue convirtiéndose con el paso del tiempo en remembranza histórica: hay un relato, que dio título al volumen Geografías, en el que se construye la memoria exiliada precisa, la de los espacios abandonados por imperativos de represión, persecución y torturas. Estoy hablando ya de la sociedad global. La que ha vivido el escritor durante una época de su vida que construyó una evocación imprescindible del país que tuvo que abandonar. Hablo de la reflexión social por tanto. De Mario Benedetti como un autor comprometido. A una parte de nosotros la palabra nos sonará con la antigüedad de nosotros mismos. Hay un poema de Mario Benedetti que certifica su voluntad de escritura de millares de páginas en el mismo sentido. Se titula «Soy un caso perdido» y responde a la sagacidad de un crítico que ha descubierto la parcialidad del autor y le exhorta «a que asuma la neutralidad / como cualquier intelectual que se respete». El escritor asume finalmente que no será neutral aunque sus textos traten «de mariposas y nubes / y duendes y pescaditos». Pues bien, yo creo que este caso perdido que es Mario Benedetti ha provocado algunas de las reflexiones poéticas, narrativas y ensayísticas más lúcidas sobre el tiempo que vivimos.

Si repasamos ahora sus ensayos, que son crítica cómplice, como dice uno de sus títulos, que son además ese ejercicio de la conciencia que decía Roberto Fernández Retamar cerrando el Congreso, obtendremos sobre todo una escritura incesante, un caudal de páginas que sitúan a Mario Benedetti, a través de una veintena de títulos, como uno de los ejes de reflexión de América Latina. Desde los escritores contemporáneos, a las cuestiones concretas que han ido jalonando nuestros años, desde las raíces culturales del continente mestizo –mestizo no sólo de razas, sino de influencias, aspiraciones, ideologías-, a los grandes temas contemporáneos, cada una de sus páginas ha ido construyendo una reflexión de época vertebrada por esa audacia de decir muchas veces lo que no se quiere oír. Su biógrafo principal, Mario Paoletti, identificó al autor con el título de «El aguafiestas», en una perspectiva qu traza su capacidad de ser inconveniente ante toda sacralidad y oficialidad cultural. Martianamente, el escritor eligió realizar su obra como ejercicio del criterio, y el criterio parece lo más difícil de mantener en tiempos de embustes y mentiras.

Entre los ensayos de Benedetti, algunos especialmente actuales, como aquel panorama en el que la dialéctica del subdesarrollo genera lo que titula como «letras de osadía». América Latina como una emergencia cultural que, desde el modernismo, alcanza la palabra en otra dimensión, la nutre de unos supuestos de independencia que, sin negar los vínculos europeos, afirman una tradición propia, diferenciada y universalizante: un planteamiento metodológico que, sin ser nuevo, radicaliza otra novedad en su vinculación minuciosa al desarrollo de las sociedades en las que surge. La osadía es quizá seguir afirmando el papel de la palabra en su valor esencial, en afirmar el cuidado que de la palabra debemos tener, pero sin que el escritor se encierre en una celda verbal, sin que la palabra sea un ámbito conventual, sino que se ejerza al aire libre, abierta a la realidad. Esta atención a la palabra tiene gloriosos antecesores que se llaman Darío, Rodó, Carpentier, Neruda, etc. Que, sin embargo, resumen en casi todos los casos espacios de realidad. Esta atención ha llevado incansablemente a Mario Benedetti a escribir páginas críticas sobre una gran parte de sus contemporáneos, y de los problemas culturales que se afrontan. Con humor se ocupó en «Rasgos y riesgos de la actual poesía latinoamericana» de los problemas del compromiso del escritor. Benedetti ha afirmado siempre la grandeza de aquellos poetas del compromiso –llámense Neruda, Vallejo o tantos otros- que, sin embargo, abren su obra a la consustancial complejidad del ser humano, creando un lenguaje propio en el que aparecen núcleos del amor, del dolor, de las preocupaciones metafísicas sobre el tiempo, sobre la vida y la muerte. Y detecta en los últimos años, sin embargo, al crítico incriminador y delator que parece estar señalando todos los días «a los poderes fácticos y prácticos» al poeta comprometido diciéndoles a éstos más o menos: «pero, señores, ¿no os habéis dado cuenta de que este individuo defiende, así sea con metáforas, las revoluciones? ¿No habéis advertido que en el fondo escarnece y estigmatiza vuestros canonizados patrimonios y rentas?».

«Los intelectuales y la embriaguez del pesimismo» es otro de los títulos que recomendaría en esta sala y, sobre todo en los tiempos que corren. Tras detectar una devastadora corriente de pesimismo, tras realizar un análisis de la razón mítica y crítica, y una apuesta por esta última, tras recorrer la desacralización del intelectual y la civilización artificio, Benedetti llevará a cabo una sencilla propuesta, constructiva de una esperanza: la palabra sigue teniendo sentido, y en esta confianza cabe un margen de reconstrucción e, incluso, de modesto optimismo: «nada embriagador por cierto –nos dice-, pero al menos no disociado de lo posible. Entre la tanatología y el eudomonismo, entre el culto a los muertos y el de la felicidad ?…? existe todavía una calle del medio por la que puede transitar, con los pies en la tierra, el hombre, ese hombre que no sólo es, como creía Unamuno, «el sujeto y el supremo objeto a la vez de toda la filosofía, sino también, y sobre todo, protagonista de la historia».

Y la cita de Unamuno me ha abierto un interrogante. Recuerdo que Benedetti cita alguna otra vez al rector salmantino, por ejemplo por su correspondencia con su compatriota José Enrique Rodó, recuerdo alguna otra cita, pero, en cualquier caso, al margen del pensamiento, al margen de sus grandes distancias, hay un paralelismo comprensible entre un escritor y otro: su pasión cultural o las formas de cultura que se establecen y expresan a través de la pasión, algo de lo que también estamos necesitados en estos tiempos de afirmación de pensamiento débil y complaciente.

La narrativa sería el tercer recorrido que rápidamente les quiero proponer. Hay títulos de probada eficacia ante el lector. Ediciones innumerables de novelas como La tregua, una de las más bellas peripecias narrativas contemporáneas sobre la soledad y el amor. Anticipaciones del terror que después habría de emplazarse en Uruguay como Gracias por el fuego. Memorias del exilio, con atisbos de esperanzas, como Primavera con una esquina rota. Y la construcción de un ciclo personal de la memoria, en la que el protagonista no es el autor, aunque tenga varias cosas en común con él, iniciada con La borra del café, donde la evocación del barrio infantil de Capurro adquiere una gran intensidad emotiva. Y continuando el ciclo de la memoria con la reciente Andamios, una historia de un periodista desexiliado a Uruguay tras la dictadura, que mantiene sus vínculos con España y que evoca a través de los tipos humanos de aquella sociedad (el confidente, el torturador, el militante que ha pasado la dictadura en la cárcel, etc.) el entramado moral de una sociedad que quiere pervivir y mantener esperanzas. Entre los muchos guiños de la novela, hay uno que me resultó particularmente divertido: cuando a Javier, el protagonista, la agencia española que publica sus crónicas desde allá empieza a no publicarle nada por su radicalismo, aparece un artículo suyo en la prensa de Alicante.

Pero volviendo a La tregua, uno de los más bellos ejemplos de la narrativa hispanoamericana contemporánea, con el que Benedetti se afincó en el mundo cansado de la burocracia, mediante un personaje, Martín Santomé y su redescubrimiento tardío del amor en Laura Avellaneda. Un lenguaje preciso establecido por lo diarios de Santomé nos daba cuenta narrativa de un mundo que, poéticamente, había sido construido también en los Poemas de la oficina. La peripecia del amor, la ternura de las situaciones del personaje y el dolor en la pérdida, han dotado a esa novela de esa clasicidad contemporánea que hacen de Benedetti también un novelista imprescindible en un panorama de tanta riqueza como el de la novela hispanoamericana en los años 60.

El teatro también sería otro recorrido posible. Estos días hemos podido ver en Alicante Pedro y el capitán, ese vigoroso dialogo ente un torturador y su víctima con el que Mario Bendetti lanzó una interpretación universal de la psicología de los dos personajes en su situación límite. Al margen de la sociedad uruguaya, la eficacia del diálogo ha servido para que algunas asociaciones como Amnistía Internacional hayan considerado esta obra como valiosísima para el trabajo de concienciación que pretenden.

El recorrido podría ser mucho más amplio. Más de setenta libros, como ya dije, nos acompañan en la memoria, en los estímulos personales, en la capacidad de reencontrarnos en ellos. Pero quisiera insistir de nuevo en la síntesis que les propongo de la escritura de Mario Benedetti.

¿Qué nos entrega hoy esta obra en donde están presentes el conjunto de sentidos que he enunciado hasta aquí? ¿Por qué podemos considerar esta producción como imprescindible también para nuestro ámbito español? Yo creo que, en algunos de los sentidos esbozados, está presente ese conjunto de ideas que nutren de complejidad a la mujer y al hombre contemporáneo. Cuando un autor tiene detractores, y Mario Benedetti los tiene con seguridad, se condiciona su obra a determinados estímulos de la misma. Las reducciones se operan entonces con facilidad y se puede afirmar que el escritor es, por ejemplo, un poeta del compromiso en un tiempo en el que se deterioran la ejemplaridad de los mensajes que construyeron aquella poesía. Pero estas reducciones no suelen llevar al que las practica a ninguna parte. Si el compromiso social forma un núcleo importante en su obra, no está de más recordar la amplia dosis antiépica que la recorre, la vena irónica y humorística que la sostiene. Y no está de más recordar que el amor, con la creación de un lenguaje propio sobre el mismo, es uno de los más nutrientes estímulos de su poesía y su narrativa.

En ese sentido, Mario Benedetti es de los creadores que se han dedicado a interpretar nuestra época en toda su complejidad, con todos los estímulos individuales y sociales que la constituyen, con todas las esperanzas y desesperanzas que la recorren. De las esperanzas habrá que hablar finalmente y aquí entra directamente la reflexión sobre América Latina . Se ha dicho alguna vez que en los años 60 América Latina fue el territorio de la esperanza y que ahora, por el contrario, se presenta con perfiles dramáticos de desesperanza. La detención de los procesos transformadores que se acumularon en los años 70, proceso que se saldó con un margen de violencia estatal rotunda en países como Chile, Argentina o Uruguay, con dictaduras que significaron la represión y desaparición violenta de un gran número de ciudadanos, significó una inversión de las líneas esperanzadoras de la historia que se quería vivir. La restitución de las democracias se hizo con una fuerte dosis de incertidumbre en la cual todavía estamos. Mario Benedetti, en ese tiempo, vivió el exilio hasta el punto de ser uno de los creadores principales de la poética de aquella diáspora. Desde 1973 hasta 1985 vivió en Buenos Aires, en Lima, en La Habana y en Madrid una concentrada y creativa espera en la que aparecieron algunas de sus obras principales. El «desexilio», término que acuñó en 1985, era la voluntad de regreso y de reintegración a un espacio que necesariamente había cambiado en doce años. Si los árboles de una de las avenidas principales de Montevideo, la Avenida 18, habían desaparecido, muchas personas también, en aquel horror que la dictadura militar abrió en el 73. El «desexilio» por eso conlleva una poética explícita de la memoria. La invitación social al olvido lleva al último libro poético que es una forma de responder a esta pretensión: el olvido está lleno de memoria, y con la memoria se restituye el pasado y el presente, la esperanza también que es, todavía, «compartir los sueños con los sueños». Escritor vertebrado en la esperanza a pesar de todo lo que se ha vivido, afirmando todavía que el «futuro se acerca / despacio / pero viene», sustentador de un optimismo contra el que no hay vacunas, Mario Benedetti es por todos esos sentidos también una lección moral que, desde lo cotidiano, envuelve la sociedad y la repuebla de guiños optimistas, aunque no fáciles. Si, a pesar de todo, debemos defender la alegría nos prevendrá de que habrá que defenderla también de la misma alegría, en su juego riguroso de encuentros con la palabra y el sentido último que ésta defiende.

Estos son algunos de los sentidos de una obra y un autor al que estos días más de sesenta ponentes han dedicado su reflexión en un Congreso en el que prevaleció rigurosamente el valor múltiple, repleto de sugerencias, de posibilidades de lectura, de su narrativa, de su poesía, de su teatro y su ensayística.

Advertiré para concluir que esta laudatio tiene muchas adhesiones por el sentido de lo que pide. Más allá de ésta, algunas Universidades como la de Valladolid, en España, o la de La Habana, en Cuba, le van a otorgar, próximamente, a Mario Benedetti el mismo reconocimiento que la nuestra. Pero hay otro tipo de apoyo posible que tiene que ver con un amplio espacio de textos poéticos y ensayísticos en los que Mario Benedetti ha reivindicado la grandeza del sentimiento como mecanismo intelectual. Hablo ahora exclusivamente desde el mismo, desde el sentimiento. Y les digo que estoy seguro de que llegarían adhesiones desde el más allá si éstas fueran posibles, porque desde el cielo, la nada, o donde se encuentren, estarán mandando faxes de adhesión seguramente Julio Cortázar, Roque Dalton o Juan Carlos Onetti entre otros, y por supuesto que también Zelmar Michelini, monseñor Óscar Arnulfo, Salvador Allende y Ernesto Che Guevara.

Así pues, considerados y expuestos todos estos hechos, dignísimas autoridades y claustrales, solicito con toda consideración y encarecidamente ruego que se otorgue y confiera al Sr. D. Mario Benedetti, a este caso perdido de Mario Benedetti, el supremo grado de Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alicante.

images4.jpg
A este hecho, sorprendente para mí, se une otro, de distinta índole, deparado por el azar. Voy a ocupar el sillón Q mayúscula, que durante muchos años alojó a Camilo José Cela.

Conocí a Camilo José Cela en 1946 en el Café Gijón, donde yo, en una de las mesas, traducía, de la mano del insustituible Slaby-Grossmann, a un autor alemán muy sobresaliente por entonces en mi disciplina: Viktor von Weizsäcker (5) . Todos los días, sin faltar uno, llegaba Cela hacia las cuatro de la tarde. Era imposible no verle desde el momento en que, apartando con la mano izquierda el pesado cortinón de cuero acolchado de la puerta, entraba solemne, pausadamente, y se dirigía a la derecha y al fondo, hacia su tertulia. Era de los últimos en llegar. Solían estar allí José García Nieto, Víctor Ruiz Iriarte, Salvador Pérez Valiente, alguna vez Juan Antonio Garcés, Pedro de Lorenzo, Eugenia Serrano y algún que otro actor de teatro y cine. Cela no dirigía su mirada a las demás tertulias, la de Buero Vallejo, la de Ledesma Miranda, a pocos metros de la suya. Iba directamente hacia su grupo y se sentaba en el lugar de siempre. Había publicado ya La familia de Pascual Duarte, Pabellón de reposo y Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes (este último no había sido del agrado de los PP. Jesuitas de Madrid, y se lo hicieron saber en un artículo de una revista editada por ellos y que yo leí. Se titulaba, como una admonición, “Un libro que no nos gusta”).

Cela era ya, permítanme la expresión, de bronce. Pasó al bronce sin el intermedio del barro o la escayola. Era de bronce, desde luego, en su morfología, pese a ser ésta, por entonces, más bien escuálida; y lo era en su voz, una voz de bajo profundo (si hubiera sido cantante hubiera hecho a la perfección esa escena sobrecogedora de la muerte de Boris Godunov, en la ópera de Moussorsky). Su palabra, emitida además con voz tronante, resultaba, por su propia sonoridad, indiscutible. El habla, como la escritura de Camilo José Cela, eran ya contundentes, y esa es la razón de que su identidad como personaje del universo literario que le tocó vivir, y que él mismo contribuyó a configurar, alcanzara proporciones inusuales.

Un día trabajaba yo en una mesa junto a la que él ocupó al llegar. Algunos de sus contertulios se habían marchado. En un determinado momento, mirando hacia mí al tiempo que yo me enderezaba por unos segundos, me habló de esta manera: “¿Puedo preguntarle, joven, si no es indiscreción, qué es lo que hace usted tan afanosamente?”. Le dije lo que hacía. A continuación me espetó, sin duda no solo a mí, sino a una multitud imaginaria: “Me parece muy bien que trabaje. Como usted sabe —y si no lo sabe, se lo hago saber yo—, este es un país de holgazanes; aquí no trabaja ni Dios, porque el que trabaja es considerado imbécil. Siga trabajando”. No me habló más. A todo esto, debo advertir que Camilo José Cela tenía seis años más que yo, es decir, veintisiete, pero se dirigió a mí desde una mayoría de edad representada a la perfección. Luego nos encontramos bastantes veces más, en Madrid, en Barcelona, incluso en Córdoba, en donde ya vivía yo. Le seguí al principio con regularidad en su vida de escritor; luego, no tanto.

“Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo”.

Con estas palabras, que inicia el Pascual Duarte, Camilo José Cela se inició a su vez en la literatura, y saltó directamente hacia los clásicos. Esa fue, creo yo, su vocación: ser un clásico. Lo es, desde luego, en Viaje a la Alcarria, pero también consigue serlo en una novela tan experimental en estructura y diseño como La colmena, que él mismo presentaba como “un trozo de vida narrado paso a paso, sin reticencias, sin extrañas tragedias, sin caridad, como la vida discurre”. Hay en Cela una consciente asimilación de nuestra mejor tradición narrativa, desde la picaresca y Cervantes hasta Baroja y Valle-Inclán, que fecunda su potente imaginación verbal para crear una escritura absolutamente suya, en la que nos sorprende la combinación insólita de tremendismo y lirismo, de expresionismo y melancolía.

Camilo José Cela fue un constante y compulsivo trabajador, como lo demuestra su amplia y diversa producción literaria. Seriamente comprometido con la literatura y siempre en “mantenida pelea” con ella, nunca se conformó con lo obtenido. Desde Vísperas, festividad y octava de San Camilo del año 1936 en Madrid, publicada en 1969, pasando por Oficio de tinieblas 5 o Cristo versus Arizona, Mazurca para dos muertos hasta Madera de boj, de 1999, hay una sostenida búsqueda de nuevos caminos expresivos para dar forma a visiones de la realidad que ya no pueden acomodarse a los viejos modelos del realismo tradicional. Cada novela parece un desafío a sí mismo, a sus facultades como narrador, pero también un desafío al propio género, a sus límites y convenciones. “La novela”, dice Cela, en Palabras para Madera de boj “es un género que no se acaba de escribir jamás y como la vida y el amor y la imaginación no se está quieta hasta la muerte”.

Tampoco sus lectores pueden vivir de rentas. El abandono de la trama cerrada, y lineal, que pone orden y argumento en el caos indomable de la vida, y su preferencia por estructuras fluidas y abiertas, siguiendo, como ha señalado Víctor García de la Concha, en el prólogo a Madera de boj, el patrón combinatorio de la salmodia o la letanía (como ocurre, por ejemplo, en su última novela), rompe nuestros hábitos interpretativos y nos obliga a ensayar otras vías de lectura y comprensión.

La calidad de la aportación de Camilo José Cela a la tradición literaria española y al patrimonio de la cultura universal quedó justamente reconocida con la concesión del premio Nobel.

Quiero añadir algo más. En la década de los cincuenta, Cela fundó Papeles de Son Armadans. Podía haber sido una revista literaria más. No lo fue por muchas razones, y una de ellas la marcó de manera indeleble. En Papeles de Son Armadans hubo por primera vez, tras nuestra bárbara guerra incivil, un lugar para la literatura del exilio, un sitio para el escritor exiliado. Los que seguimos desde el principio el itinerario de esta revista vimos este gesto con estupor: ¿podría sobrevivir?; luego, lo agradecimos. La presencia de los exiliados no fue solo un acto que enriqueció a la revista y a sus lectores. Fue, también, un destacado acto moral, y me complazco en subrayarlo.

En una obra tan extensa y varia como la de Cela cada lector puede encontrar su lugar y elegir lo que más le complace según sus preferencias. Yo me quedo con el que considero mejor, con aquel que, como con mis clásicos, cada vez que me aproximo y lo releo aprendo a sentir el mundo y los seres que lo habitan de una forma insospechada. Recuerdo ahora la impresión que me produjo la lectura de un breve relato suyo titulado “El hombre al que se le vació la cabeza”, y que se publicó, en 1995, en El Extramundi, la revista que Cela fundó y dirigió al amparo de la Fundación que lleva su nombre en Iria Flavia. Transcribo, como final de esta semblanza, un fragmento:

“La lluvia lava los cristales de las ventanas; a veces, sobre todo al principio, en vez de lavarlos, los mancha con unos churretones pálidos y grises, que parecen las arrugas que se le pintan alrededor de la boca a los hombres con la cabeza vacía. Dentro de la cabeza, igual que dentro de los montes, duerme el agua que lava la memoria y que va vaciando, poco a poco, la cabeza. Hay quien no se da cuenta, y hay quien sí. Estos son los que lo pasan peor.”

images3.jpg

Al tratar de reflejar la realidad del siglo XIX, Galdós pintó un destino de mujer tan distinto del que se busca hoy en día que la crítica literaria le ha dedicado recientemente muchas páginas a la novela Tristana. Emilia Pardo Bazán considera, por ejemplo, que esta es una novela de final fallido por suponer que el tema de la novela debió ser el de la esclavitud moral de la mujer. Sin embargo, Leopoldo Alas Clarín no cree que Tristana represente tal cosa y resalta el realismo con que Galdós se aproxima al espíritu de su época afirmando lo siguiente:

Yo veo allí puramente la representación bella de un destino gris atormentando un alma noble, bella, pero débil, de verdadera fuerza sólo para imaginar, para soñar, de muchas actitudes embrionarias, un alma como hay muchas en nuestro tiempo de medianías llenas de ideal y sin energía ni vocación seria, constante, definida. (224)

Clarín habla de la protagonista como del alma española en un período de decadencia por lo que Tristana debe releerse dentro de su contexto histórico-social. Recordemos que Pardo Bazán fue una mujer que se adelantó a su época y no hubiese escrito una novela de final fatalista para la mujer, mientras que Galdós no escapó a su tiempo. De aquí que en el artículo “Releyendo Tristana,” Teresa Bordons plantee que esta novela se ha de contextualizar durante un período de cambio social específico: “la consolidación de la burguesía española en el poder” (471); y que tal alteración del orden social hizo necesario un proceso de “reelaboración del sistema del género sexual […] como elemento activo dentro de la amplia red de relaciones sociales” (472). Por lo tanto, nos es necesario profundizar en la manera en que la novela muestra estas reelaboraciones de la sexualidad de Tristana y en el proceso de aburguesamiento de la España de La Restauración, la cual encasilla a la mujer, según Galdós, “en un hueco honroso de la sociedad” (95).

Michel Foucault explica que mientras la aristocracia se conservaba en el poder por la herencia sanguínea, la burguesía tuvo que crear un mecanismo que la diferenciara, y éste fue el sexo con relación al cuerpo. El concepto de la sexualidad surge así con una serie de normas y preocupación por cuidar los defectos físicos y morales como consecuencia de una diferenciación sexual que marca la identidad individual. Para Foucault, “sex became a police matter […] to transform the sexual conduct of couples into a concerted economic and political behavior” (25-6). La sexualidad así entendida tuvo su origen durante la ilustración, período del predominio de la razón que crea la idea del sexo como un método para asegurar la estabilidad y el progreso de la burguesía europea.

El pensamiento filosófico en España a finales del siglo XIX tiene como uno de sus objetivos establecer unos patrones que den un carácter de normalización a las prácticas sexuales en el sentido en que se impone como necesaria para la sociedad. Así es posible observar que durante la Primera República española (1873) las ideas del krausismo influyen en el pensamiento liberal de los republicanos que están en el poder. Éstos consideran, dentro de su política de gobierno, que se ha de buscar la armonía social en el matrimonio como unión natural y social de los sexos. Fernando de Castro, krausista del siglo XIX, está a favor de una instrucción de la mujer de cara a la maternidad y “expone en su discurso inaugural los conocidos tópicos sobre los distintos caracteres (la ´delicada impresionabilidad y dulzura’ de la mujer, ‘la reflexiva deliberación del hombre’, etc.) y de allí las diferentes funciones de los sexos […] en que la educación de la mujer debería ser esencialmente práctica, de forma que pudiese aplicar sus conocimientos en la familia” (Geraldine M. Scalón 32). Tales ideas hacen que escritores krausistas como Galdós dejen, según Juan López Morillas, “la moraleja expresa o tácita: No intentes singularizarte […] la verdadera felicidad está en no extralimitarse, en querer ser, y ser efectivamente, como todos los demás” (124). Esto es evidente en el final de Tristana ya que se le deja al lector con la posibilidad de aceptar el que el matrimonio de Tristana y don Lope sea dichoso por el simple hecho de seguir con las normas de la nueva burguesía.

El pensamiento krausista perdura aún con el regreso de la monarquía borbónica durante La Restauración española. Cabe resaltar que el pueblo español que tenía fe en los ideales de liberación, vio que realmente tales ideales se iban desvaneciendo al establecerse un sistema de turnismo entre Canovas, el liberal conservador, y Sagasta, el liberal progresista. De allí que el pueblo pidiera el regreso de la monarquía, pero que se mantuviera el planteamiento krausista arriba expuesto, pues éste era la única esperanza de equilibrio social y moral de España.

Si durante la restauración de la monarquía se mantiene el plan krausista basado en la familia como célula básica del progreso de la nación española, era de espera que Tristana, publicada en 1892, fuera la historia de una joven que sueña con ser independiente por sus ideales liberales. Pero su sueño se esfuma tal y como se desvanecieron los ideales del pueblo español y Tristana termina aburguesándose y aceptando el rol de esposa sumisa y religiosa dentro de una monarquía que comparte el poder con la iglesia católica. Al mismo tiempo, se deja en claro que es la propia naturaleza de la mujer la que determina su supeditación al varón, ya que Tristana pierde sus ideales de libertad cuando se le amputa la pierna por el lunar que le brota en ella. Sin embargo, no debemos olvidar que la naturaleza femenina es sólo una construcción social que cobró fuerza en España durante La Restauración.

Tanto el título como el nombre de la protagonista es una palabra clave en la lectura de esta novela. Observamos que Tristana, cuyo nombre deriva de Tristan, un personaje inventado, es un objeto de creación. En “Struggle for Autonomy in Galdós’ Tristana,” Akiko Tsuchiya llega a la misma conclusión y por partida doble, afirmando lo siguiente:

Tristana becomes the object of artistic fabrication from the moment in which her mother, Josefina Solís, gives her a name of literary significance. An amateur writer of verse and a devotee of Golden Age drama, the quixotic Josefina names her daughter after the legendary hero Tristan in an effort to revive a mythical society that will serve as ‘norma y ejemplo a nuestras realidades groseras y vulgares.’ Josefina Solís is thus twice Tristana’s creator: first, by virtue of her motherhood and, secondly, by the act of naming her daughter. (334)

La cita interna de Tsuchiya añade en español que el propósito de la novela es el de servir de norma y ejemplo, lo cual evidencia que Tristana es una alegoría de la realidad social de la España de La Restauración. Además, podríamos agregar que aparte de Josefina, la madre de Tristana, hay una voz masculina que está creando la novela Tristana y al personaje Tristana, mediante un discurso patriarcal, en este caso la de Benito Pérez Gadós. Tal deducción nos lleva a ver en Tristana a una mujer creada desde el punto de vista masculino como un constructo social basado en el pensamiento krausista y no como una mujer real. De allí que Tristana sea pasiva como un papel en blanco que ha de escribirse porque ella no puede crear, sólo ser creada.

Los personajes femeninos son tan pasivos que estos existen sólo en función de un personaje masculino. La voz narrativa introduce primero a don Lope y luego se dice que “con él vivían dos mujeres, criada la una, señorita en el nombre la otra, confundiéndose ambas en la cocina y en los rudos menesteres de la casa, sin distinción de jerarquías, con perfecto y fraternal compañerismo, determinado más bien por la humillación de la señora que por las ínfulas de la criada” (8). Tanto Tristana como Saturna son criadas, pues Tristana es “la otra” que humildemente se identifica con la criada de la casa por tener el mismo rol en dicho espacio. Ambas están relegadas a la cocina y a pasar desapercibidas haciendo labores domésticas. Cuando Galdós decide presentar a las dos mujeres juntas basándose en su parecido, también notamos la poca independencia e individualidad de Tristana.

¿Quién es Tristana?, se pregunta el lector, mas luego de leer una líneas sobre la descripción del personaje, éste comprende que la muchacha es en realidad un objeto, una muñeca “que parecía toda ella de puro armiño y el espíritu de la pulcritud […] parecía de papel […] una fiel imagen de dama japonesa” (8-9). La mujer que crea Galdós es un constructo masculino a imitación de la mujer oriental, cuya apariencia es de muñeca y es educada para complacer sexualmente al varón, caminar detrás de él, obedecerlo, servirlo y entretenerlo ya que su amo es su dueño y puede regalarla, mutilarla y hasta matarla. Observemos que desde un inicio Tristana “no era nada y lo era todo, pues le pertenecía como una petaca, un mueble o una prenda” (9) y ésta hasta es amenazada de muerte cuando se envalentona y enfrenta a don Lope. Catherine Jagoe sugiere que “the initial evocation of Tristana as a little oriental doll had served to evoke the practice of foot binding, which is later metaphorically realized. As a result of her illness, Tristana is both figuratively and literally cut down to size” (135). El paralelo es bastante válido, ya que Tristana es mutilada física y espiritualmente al final de la historia.

Cabe mencionar que la forma en que la sociedad aburguesa a la mujer es bastante cruel, considerando que el rol que le toca a la mujer burguesa es el de esclava del varón. Las ideas de superación de Tristana son vistas como una enfermedad que se ha de curar para que ésta pueda conformarse con su rol de esclava. Horacio, que lee los ideales de Tristana en las cartas que ésta le envía, le responde las misivas diciendo: “Dime que te gustará esta vida oscura y deliciosa; que amarás esta paz campestre; que aquí te curarás de las locas efervescencias que turban tu espíritu, y que anhelas ser una feliz y robusta villana” (57). Horacio, sin duda, la quiere aburguesar prometiéndole la felicidad si lo hace, tal es el discurso de poder; El discurso masculino parece hacer uso del afecto y del supuesto histerismo de la mujer para contrarrestar su resistencia y subyugarla. Cuando las ansias de superación pasan a ser locas efervescencias, se está diagnosticando científicamente que esta mujer necesita curarse de tal mal. Curiosamente, días más tarde Tristana empieza a quejarse de dolor de pierna y cuando el doctor Miquis la examina, él recomienda que el mal debe ser erradicado inmediatamente con una amputación.

En su libro The History of Sexuality, Foucault afirma que la creación del concepto de sexualidad, como la conocemos en la sociedad burguesa en que vivimos, usa una combinación de estrategias que forman mecanismos específicos de relaciones de poder y conocimiento centradas en la diferenciación sexual en que se basa la burguesía. Entre tales estrategias, él menciona “1. A hysterization of women’s bodies, 2. A pedagogization of children’s sex, 3. A socialization of procreative behavior, 4. A psychiatrization of perverse pleasure” (104-5). De aquí que la enfermedad de Tristana sea sólo el producto de su resistencia al modelo burgués. Al casarse con don Lope, ella se casa con su educador o tutor, el cual le enseñó lo que era la sexualidad al seducirla en su juventud y controló su facultad de procreación al mantenerla alejada de Horacio. Finalmente, el proceso psiquiátrico necesario para su curación total hace que ella se vuelve beata para seguir con su tratamiento o aburguesamiento luego de la mutilación.

Es importante añadir que la casa de don Lope puede ser vista como un espacio decadente, lleno de trofeos y cosas acabadas, mientras el estudio de Horacio es, por antonomasia, el lugar de las cosas inacabadas, como la relación amorosa ente Tristana y Horacio. Sin embargo, tanto la casa de don Lope como el estudio de Horacio son espacios cerrados en los que se confina a Tristana a una vida sedentaria. Ambos espacios podrían ser vistos también como centros de poder donde se cuestiona y examina a Tristana como si fuera un objeto de estudio o una mascota que se domestica. En palabras de Foucault:

local centres of power: knowledge: for example, the relations that obtain between penitents and confessors, or the faithful and their directors of conscience. Here guided by the theme of the flesh that must be mastered, different forms of discourse - self-examination, questionings, admissions, interpretations, interviews- were the vehicle of a kind of incessant back-and-forth movement of forms of subjugation and schemas of knowledge. (98)

La novela realista española muestra que este sistema de dominación fue muy fuerte en el siglo XIX. Por ejemplo, Saturna es amiga de Tristana pero a la vez es una espía que don Lope cuestiona para obtener información de la joven. El mismo don Lope siempre está evaluando a Tristana con preguntas y moldeando sus ideas. Él le enseña a detestar el matrimonio con el fin de que ella no piense en casarse con un joven y abandonarlo más adelante. Luego, la observa con Saturna y logra subyugarla gracias a la información que obtiene de ella, por eso hasta se ofrece a escribirle sus cartas amorosas a Horacio cuando ella está en cama luego de perder su pierna. Finalmente, Tristana pierde su anhelo de llegar a ser una mujer independiente y se resigna a no ser mujer, “sino un ángel de sabiduría y gracia” (73) según el molde de mujer honrada al que la empuja la sociedad.

La pérdida de un miembro como la pierna es muy importante en la novela, pues esto simboliza la incapacidad de Tristana para avanzar en la vida. Recordemos que el rol de la mujer, según el pensamiento krausista, es el de la mujer dependiente ocupándose del hogar como esposa, madre y moralizadora. Según John H. Sinnigen, Tristana “se conforma en apariencia con la imagen de una mujer tradicional: es beata, casada y cocinera” (57). Por consiguiente, Tristana termine casándose y convirtiéndose en la esposa de don Lope, en su madre al cuidarlo en su vejez, y en una mujer beata que sigue los principios morales de la iglesia católica para estar más cerca de la sabiduría y gracia divina. Stella Moreno considera que Galdós examina “la situación de la mujer dentro del marco de las convenciones de la sociedad restauradora” (88). Así, Tristana no puede ir en contra del rol que le asigna el discurso masculino.

En consecuencia, al cortársele la pierna a la protagonista se está mostrando “what happens when women try to ‘make themselves’” (Jo Labanyi 93), ya que Tristana intentó tener una voz propia y crearse a sí misma cuando escribía cartas a Horacio. En dichas cartas, Tristana se muestra inteligente y Horacio habla de su “supina barbarie” (59). Ella se siente superior a él y le llama: “bruto, burro, tonto, prosaico, monigote, hombre rústico y pedestre, destripaterrones, moro de los dátiles, grandísimo tuno, ganso” (55-64). Estos insultos no serán perdonados por el discurso masculino de la narración y en sus últimas cartas Tristana ya padece de dolor de pierna y dice que se le olvidan las cosas. En consecuencia, Tristana sólo tiene voz en la novela de los capítulos dieciséis al veinte, luego ella regresa a ser narrada y creada por la voz masculina.

No sólo los personajes femeninos caen dentro del modelo krausista, sino que don Lope y Horacio también se aburguesan. De modo que don Lope, símbolo del liberal romántico a imitación del don Juan de Zorrilla, y Horacio, el liberal progresista de educación extranjera con sus proyectos de creación e innovación artística, caen ambos, de un modo u otro, en el aburguesamiento conservador de La Restauración. En el caso de Horacio, éste viaja al campo para cuidar de su tía enferma y aunque al comienzo no le agrada su estadía, termina por adaptarse a la vida campestre. Horacio le pide incansablemente a Tristana que se anime a vivir con él en el campo, describiéndole lo hermoso que sería para ella ser ama de casa, criando animales, cocinando y cuidando de él. La voz narrativa nos dice que Horacio “esperaba que su constante cariño y la acción del tiempo rebajarían un poco la talla imaginativa y razonante de su ídolo, haciéndola más mujer, más doméstica, más corriente y útil” (45). Este postulado indica que el discurso masculino crea a la mujer burguesa porque el varón desea conformarse con su papel de proveedor dentro del esquema krausista. Por ejemplo, don Lope siempre se esmera por dorarle “la jaulita” (40) a Tristana. Ésta es la razón por la cual Tristana ha de sufrir una mutilación y olvidar sus proyectos, casándose con don Lope, quien odiaba el matrimonio y la iglesia, pero que, sin embargo, termina pidiéndole a Tristana que se case con él y asistiendo a misa con ella, ya que él también se aburguesa en su vejez.

El espacio geográfico marca, sin duda, el aburguesamiento de los personajes. Notemos que la historia empieza en Chamberí, área en expansión de Madrid, pero alejada del centro de la actividad comercial de la burguesía. Cuando viven en esta zona, los personajes aún siguen pensando en vivir sin trabajar a causa de su abolengo familiar; es el caso de don Lope que vende sus pertenencias para subsistir, y el de Tristana que fue encargada por su madre a don Lope, ya que de otro modo no podría ganarse la vida. Horacio también vive en una zona retirada, donde tiene su estudio. Es en las afueras de la ciudad que los personajes son más libres y no consideran que el matrimonio represente la base de su prosperidad. Lo que es más, en un inicio se siente un anticlericalismo muy fuerte de parte de don Lope. Sin embargo, luego vemos que Horacio se muda al campo y admira la naturaleza, asociando ésta al matrimonio y a la vida sedentaria. Horacio regresa a la ciudad ya aburguesado y al ser rechazado por Tristana, se casa y se establece en Madrid. Don Lope y Tristana se mudan cerca al centro de la ciudad y compran una casa con huerta donde deciden crear un hogar según las normas sociales, pero como no es un hogar real, el narrador termina preguntándose irónicamente si esta pareja dispareja creada a base de convencionalismos podrá ser feliz.

Con respecto al desenlace irónico de la obra, Stella Moreno indica que el matrimonio de don Lope y Tristana se presenta como prisión y lo define como:

el pilar institucional que sostiene el aparente prestigio del statu quo. El viejo donjuán transformado en ‘pacífico burgués’, y la joven víctima tranformada en beata con muletas, se convierten al final en marido y mujer honrados, colmo de la ironía. Es irónico que Tristana rehúse la vida oscura y convencional que le ofrece Horacio por oponerse a sus ideales de independencia, para culminar al lado del tirano-artífice de su fracaso individual (92).

Este comentario nos lleva a sugerir que el tono de la obra tiene en sí un propósito específico: el de criticar el abandono de los ideales y el aburguesamiento de la nación española durante La Restauración, ya que los liberales que defendían la república terminaron igual de patriarcales que los monárquicos y conservadores. En este sentido, Tristana, como la nación española, se queda estancada y no avanza. La vida del español de La Restauración se encasilla en roles creados por el sistema político económico que, como el hogar de Tristana, es una farsa progresista porque en realidad ya se han perdido los ideales liberales que sustentaban La República, y sólo queda un “quizás” como respuesta a una posible mejora de la nación española. La decepción de Benito Pérez Galdós, como español liberal nos es revelado claramente en esta novela. Todos los personajes de esta obra terminan aburguesados y la sociedad recae en el régimen monárquico anterior, por lo tanto, al final se nos presenta una familia que acata la autoridad del estado y de la iglesia. La mujer ha sido un símbolo dentro del discurso patriarcal y el desarrollo de las ciudades decimonónicas con sus normas sociales le negaban a la mujer el cambio y el progreso, tal como sucedía con la nación española de entonces.

Obras Citadas

Alas, Leopoldo. Galdós, novelista. Ed. Adolfo Sotelo Vázquez. Barcelona: PPU, 1991.

Bordons, Teresa. “Releyendo Tristana” Nueva Revista de Filología Hispánica 41:2 (1993): 471-

487.

Foucault, Michel. The History of Sexuality: An Introduction. Vol.1. Trad. Robert Hurley. New York: Vintage Books, 1978.

Jagoe, Catherine. Ambiguous Angels. Los Angeles: University of California, 1994.

Labanyi, Jo. “Galateas in Revolt: Women and Self-Making in the Late Nineteenth-Century

Spanish Novel” Women: A Cultural Review 10.1 (1999): 87-96.

López Morillas, Juan. El krausismo español. Ciudad de Méjico: Fondo de Cultura Económica,

1956.

Moreno, Stella. “Amor, deseo y matrimonio en Tristana de Benito Pérez Galdós” Selecta: Journal of the Pacific Northwest Council on Foreign Languages 14 (1993) : 88-93.

Pérez Galdós. Tristana-Nazarín. 4ta ed. Ciudad de Méjico: Editorial Porrúa, 2000.

Scanlón, Geraldine M. La polémica feminista en la España contemporánea: 1868-1974. Madrid: Akal, 1986.

Sinnigen, John H. “Tristana: La tentación del melodrama” Anales Galdosianos 25 (1990): 53-8.

Tsuchiya, Akiko. “The Struggle for Autonomy in Galdós Tristana” MLN 104.2 (1989): 330-349.

images2.jpg

Es evidente que la España actual no duele ni sangra tanto como antaño. Felizmente, España no es hoy un país tan diferente a los de su entorno. Sin embargo, el alma de España y su valoración como país siguen sujetas a disensiones y a paradojas. La principal indefinición deriva de que el Estado democrático se ha sometido a dos corrientes centrífugas, saludables y necesarias sin duda, pero que parecen estar siempre en construcción y siempre repensadas: una, la descentralización territorial; la otra, la apertura al exterior y, singularmente, la pertenencia a la Unión Europea.
Si hacemos una rápida radiografía de la España actual nos encontramos con otros hechos llamativos, hasta contradictorios, que complican el diagnóstico de en qué país vivimos.
España es, sin lugar a dudas, uno de los países que más se han transformado en los últimos 30 años, indiscutiblemente para bien. De ser un país de emigrantes ha pasado a ser un país de inmigración (el segundo en 2008 por este concepto), sin dejar de ser una potencia turística de primer orden (aún la segunda del mundo). También de ser receptor neto de la ayuda al desarrollo (hasta 1981) ha pasado a ser uno de los más dinámicos contribuyentes.
El resultado de esta metamorfosis es una sociedad más libre, tolerante, moderna y próspera, que, sin embargo, sigue sufriendo la barbarie en forma de terrorismo o de violencia machista.
Este país puede alardear de sus logros. Es la octava potencia económica mundial, sólida aspirante a una silla permanente, y no sólo cedida, en el G-20, grupo llamado a ejercer de gobierno económico mundial de hecho. En cambio, en el índice de desarrollo humano, fijado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo con arreglo a otros criterios de calidad de vida, retrocedemos hasta el puesto decimotercero. Por otra parte, España ha sido la gran beneficiaria del presupuesto europeo (ha recibido el equivalente de más de tres planes Marshall), pero sus bolsas de pobreza y exclusión no han dejado de existir, y proliferarán ahora con la contracción económica.
Precisamente, cuando la moderna España oficial se jactaba de tener más peso en los asuntos internacionales, ese papel fue empleado para arropar la nefasta guerra de Irak, que contribuyó a situarla en el punto de mira del terrorismo yihadista. Y es que, aunque hemos ganado muchos enteros en el plano económico, los escasos recursos diplomáticos nos sitúan muy lejos de ser una potencia política.
El recién terminado boom económico (14 años consecutivos de fuerte crecimiento) se ha cimentado en una burbuja inmobiliaria, en la especulación. El urbanismo salvaje apenas si ha rendido dividendos en instrucción y civismo. Pero no hay desarrollo sostenible sin cuidar del medio ambiente y de la educación. Nuestro déficit exterior -el segundo más abultado del mundo-, el envejecimiento de la población y la extremada dependencia energética hipotecan asimismo el país que legaremos a las generaciones futuras.
Ahora ya sabemos que en el mundo occidental hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, aferrados en parte a un capitalismo golfo basado en la corrupción político-económica y no en la cultura del esfuerzo, la ética y la responsabilidad (Transparency International sitúa a España en el lugar 28 de los países menos corruptos). En España la jornada laboral se prolonga desordenadamente sin resultados provechosos en términos de productividad y competitividad, y sí nocivos para la conciliación familiar y el bienestar personal. Precisamente, ese crecimiento económico descontrolado ha minado la lucha contra el cambio climático, fenómeno que amenaza con africanizar nuestro territorio.
Nuestras empresas han invertido profusamente en el exterior y forjamos alianzas de civilizaciones y contra el hambre, pero también obtenemos pingües beneficios con la venta de armas y con la indulgencia ante gobiernos abominables. Recuperamos ahora la tasa más alta de paro de la OCDE y corregimos el diferencial de inflación con la UE, pero a costa de correr el riesgo de caer en la deflación.
La marca “España” no es bien explotada, pese a contar con campeones del deporte (¡ya hasta la selección nacional de fútbol!), de la cultura e incluso de la economía. La asignatura siempre pendiente del dominio del inglés frena nuestra apertura al exterior.
La verdad es que vivimos instalados en el contraste: participamos en sectores punteros (la aeronáutica, el espacio exterior, la Antártida) y en cambio tenemos nuestro I+D+i en los últimos lugares de la UE. Nuestra lengua es un gran activo que hablarán pronto 500 millones de personas, pero se degrada en nuestro territorio nacional (y no sólo por razones políticas). Somos líderes en ámbitos elogiables como la adopción de menores o la donación de órganos; y también lo somos en aspectos deplorables: abandono de animales domésticos, nivel de ruido, piratería intelectual, consumo de cocaína, siniestralidad laboral…
En realidad, existen tantas españas -tantos estados de la na-ción- como ciudadanos, coyunturas, lugares o estados de ánimo. Sin embargo, para hacernos una idea de cómo está el mundo, conviene recalcar que España sigue siendo uno de los países donde mejor se vive. Pero es seguro que el estado del mundo afectará cada vez más a nuestro bienestar.

images1.jpg
Quiero dudar que a día de hoy, Ramoncín, sepa cuales son las tácticas de recaudación de la Sociedad General de Autores a la que lidera en compañía de Teddy Bautista. Y por liderar una entidad a ciegas, se hace merecedor de todas cuantas críticas sea objeto, a fin de que se cuestione cual es su labor en dicha asociación y el por que rompe lanzas a favor de una entidad de tácticas fascistas y dictatoriales.

Quiero dudar que a día de hoy, Ramoncín, sepa que cientos de negocios familiares somos acosados por la sociedad que lidera, a los que nos reclaman cantidades millonarias sobre productos que compramos y vendimos desde 1999. Nos aplican el cobro del canon con carácter retroactivo, y nos lo exigen judicialmente en lugar de a los importadores y fabricantes, abogando por una extraña interpretación de “la cadena solidaria”, ¿solidaria? bonita palabra oída tantas veces en boca de Ramoncín…

Quiero dudar que a día de hoy, Ramoncín, sepa que tras gastar en abogados el dinero que con tanto esfuerzo gano para mantener mi casa y mi familia, la sociedad que lidera no se presentó en fecha, y mi demanda con amenaza de embargo quedó sobreseída, y quiero dudar que sepa que al día siguiente me interpusieron una segunda demanda en el mismo juzgado y por los mismos motivos, esta vez variando un formalismo jurídico para que les fuera aceptada a trámite.

No dudo que Ramoncín catalogaría este hecho de ensañamiento.

Y no dudo que a poco que se pare a pensar, llegará a la conclusión que de nuevo he de gastar lo que no tengo en más abogados.

Para demostrar que en todo momento he cumplido con mis obligaciones como comerciante.

Para demostrar que la sociedad a la que lidera, hace una interpretación fascista y dictatorial del artículo 25 de la L.P.I en el momento en que exime de toda responsabilidad a fabricantes e importadores y osa venir a reclamar a un negocio familiar un impuesto con carácter retroactivo.

Para demostrar que la sociedad que lidera, hizo un acuerdo privado con esos fabricantes, que luego fue modificado con una nota aclaratoria (interna entre ellos) pero no en el B.O.E.

Y no dudo que Ramoncín sabe, que lo de los soportes digitales ya es antiguo, y ahora la historia se repite con grabadoras, mp3 etc.… y que la sociedad que lidera vendrá mañana a mi casa, por que con mi negocio ya habrá acabado, a pedirme ese impuesto tan necesario para su subsistencia como artista, y me lo pedirá con carácter retroactivo y yo tendré que pedir un préstamo para que los abogados me ayuden a demostrar que a día de hoy, los fabricantes e importadores niegan que las grabadoras lleven canon, eso unos, otros dicen que ya lo paga el fabricante, pero ni unos ni otros me incluyen en factura una línea que me salve del acoso de las Sociedades de gestión.

¿Creerá Ramoncín, que llegados a este punto me pueda consolar la frase de…”Tranquila, a embargar tu casa no llegaremos”?

Y si todo esto no le hace a Ramoncín cuestionarse cual es la sociedad que lidera, y que su sistema de cobro es irracional, injusto, fascista y dictatorial, será la confirmación de que todas mis dudas anteriores sobre su persona, no son tales.

Y mi odio hacia él y otros muchos artistas a los que yo consideraba cerca del pueblo y a los que justificaba en su lucha contra la piratería, solidarizándome con un gremio en crisis, ese odio, será completo, eterno y visceral. Pues les hago responsables de mi ruina económica y personal como líderes mediáticos de una sociedad de gestión que actúa al más puro estilo fascista y dictatorial, adjetivos que tanto repito para vergüenza de aquellos que se enorgullecieron un día de los cambios políticos de nuestro país.

images.jpg

Está claro que son cada vez más las voces que ponen en duda la realidad de esta crisis sanitaria.
Estás en tu derecho sacar tus propias conclusiones.

El pasado 2 de abril durante la reunión del grupo de G7 integrado por EU, R. Unido, Canadá, Alemania, Italia y Japón se dieron 2 conclusiones fundamentales.

1- La economía mundial necesitaba un cambio

2- El FMI. Destinaria 500,000 millones de dólares para ayudar a las economías emergentes, (países pobres dispuestos a colaborar) pues bien los dados estaban en el aire.

3- Luego vino la reunión privada del presidente Obama y Felipe Calderón el 16 y 17 de abril.

Sorpresivamente el jueves 23 de abril el presidente de México convoco a una reunión de emergencia con su gabinete, y por la noche el secretario de salud José ángel córdoba Villalobos anunciaba en cadena nacional la aparición del virus de la influenza, y las medidas inmediatas como la suspensión de las clases a todos los niveles en el DF y el estado de México.

El 24 de abril el G7 declara la economía mundial debería ponerse en marcha este año y que se lanzarían todas las acciones necesarias.

Finalmente lunes 27 de abril la empresa farmacéutica Sanofi Aventis anuncia que inyectara 100 millones de euros en una nueva planta de vacunas y donaría 236,000 dosis a México como apoyo al control de la enfermedad..

De todo lo anterior veamos lo siguiente:

1. Desde hace más de 2 años la industria farmacéutica a nivel mundial tenía problemas financieros por la baja en la venta de medicamentos.

2. Si no creas guerras crea enfermedades (la economía mundial debería ponerse en marcha)

3. México perfecto trampolín para lanzar la enfermedad, de aquí saldrían turistas a diferentes partes del mundo, curiosamente los países que reportan enfermos que estuvieron en México, y que están reforzando su cerco sanitario son los países que integran el G7 que raro.

Lo que pasara esta semana que viene. Muy probable la suspensión de actividades en todas las empresas del DF y Estado de México, ya las clases se suspendieron hasta el día 6 de mayo, donde el gobierno hará un análisis de la farsa y vera conveniente el que siga, o la declaración tan estudiada “gracias a las medidas que se tomaron a tiempo y el apoyo de la ciudadanía pudimos controlar la enfermedad”

4. Ponte a pensar de que se está hablando a nivel internacional ahora ¿del virus o de la crisis financiera?. Esto de antemano es un alivio para el banco mundial y las bolsas del mundo.

Distribuye este correo a todos tus contactos no se vale nos quieran ver la cara como lo han hecho en el pasado, (chupacabras, ovnis, leche contaminada etc.)

Y si puedes saca copias para la gente que no tiene internet, esta gente como siempre es la más afectada, mira los noticieros y las ventas de las farmacias se ha incrementado y el costo de los cubrebocas ya llego a 7 pesos imagínate las risas de quien esto orquesto al ver a la gente con cubrebocas.

Si alguien debate que con el paro México perdería mucho pues no, para eso es el fondo que destino el FMI, e imagínate las ganancias de la farmacéutica a nivel mundial, y como lo acaba de anunciar el Secretario de Economía de México por dinero no paramos para combatir la enfermedad, y por último los empresarios considerarían este paro un alivio y muchos vivales como siempre pagaran la mitad a sus empleados.

El presidente anuncio que la enfermedad es curable, y siempre nos manejan cifras a medias ¿donde están los muertos y donde están concentrados los enfermos?,

puntos importantes:

1. Si realmente es tan contagioso, ¿cómo y donde están las familias de los muertos?

2. Si la influenza porcina es una mutación del virus original de los cerdos, entonces el brote de la infección debería haber comenzado en el campo y no en la ciudades.

3. ¿Por qué no han mostrado una entrevista con algún enfermo? (he visto que entrevistan a familiares, diciendo que su familiar esta enfermo y que ya está estable gracias a los medicamentos, pero si el familiar ha estado en contacto directo con el virus que lo lógico no es que esté enfermo o en cuarentena?)

4. ¿Por qué no han dicho el nombre del retroviral que esta “curando” a la gente enferma?

images7.jpg

Cuando volvió a casa,sus ojos ya estaban muertos.Ocho meses después Tim se dio un tiro el de Día de Gracias”, dijeron hace un año Kim y Mike Browman al canal CBS sobre la muerte de su hijo luego de regresar de Irak donde sirvió como soldado a Estados Unidos.
Ellos, como alrededor de 120 familias por semana, sufren la dura realidad de vivir la consecuencia del desorden de estrés post traumático (PSTD)que soportan una gran parte de los veteranos del Ejército y la Marina Norteamericana, según datos que recopiló la cadena televisiva en 45 de los 50 Estados de ese país.
Por otro lado, el documental La Cruda Verdad de Patricia Foulkrod tambìén se dedica al tema en base al testimonios de varios soldados que relatan sus experiencias desde el reclutamiento, el combate en Irak hasta la vuelta a “casa”. Todos en el film destacan lo mismo que los “Browman”: “Nunca volveremos a ser lo mismo”.
Los abusos contra iraquies, la presión de no saber quién es el ”enemigo”, atropellar a una persona que se interpone contra un conbow para evitar un posible “ataque” y matar por error a un civil son algunas de las situaciones que los han afectado para “toda la vida”.
Además, eso se suma a que, como detallan en el film, el Ejercito les da a elegir en su regreso entre volver con su familia o internarse en una Base por un mes para rehabilitarse si poseen problemas psicológico. “Nadie duda en elegir la primera opción”, afirma uno de los entrevistados.
Para paliar este problema,por otra parte, la Secretaria de Defensa estadounidenses ,amparada en la ley de Psicología Kevlar, aplica “el uso de substancias para evitar” este tipo de estrés. Es por eso que, según el periodista y poeta Juan Gelman, muchos de los soldados norteamericanos utilizan propanolol, una “pastilla para el día siguiente que atenúa o apaga la memoria de los horrores vistos y cometidos”.
“Esta técnica de congelación de la sensibilidad y la memoria explica el miedo de las familias que se instala en los hogares cuando los veteranos vuelven y ejercen una violencia indiscriminada. También el número de violaciones dentro de las fuerzas armadas de EE.UU : ascendieron a 2374 casos en el 2005, un incremento del 40 por ciento respecto del año anterior, y se trata apenas de los casos denunciados”, analiza Gelman en su artículo la lobotomía Moral publicado en el diario argentino Pagína 12.
Aunque esto parece no menguar demasiado el problema ya que las autoridades del Pentagono informaron ayer que a lo largo del año pasado se suicidaron al menos 128 de sus combatientes en el frente. Un número que sobrepasa a los 115 de 2007 y a los 102 de 2006 y es el mayor desde 1980 cuando se desarrollaba la guerra de Vietnam.Un dato que deberá ser tenido en cuenta por el presidente Barack Obama si se piensa en su idea de trasladar las fuerzas de la Coalición de Irak a Afganistan en un contexto de mayores suicidios y menor porcentaje de reclutamiento.
Otras voces
“Tenemos que actuar rápidamente con el fin de hacer todo lo posible para revertir esta cifra… perturbadora”, dijo el subjefe de personal del ejército, el general Peter Chiarelli.
“En lugar de aprender las lecciones de Vietnam, el presidente, el vicepresidente, el secretario de Defensa y su subsecretario de Defensa nos han metido en un desastre en el desierto”, escribio en el Atlanta Journal Constitution Max Cleland, ex senador, ex director de la Administración para Veteranos y veterano de la guerra de Vietnam
“No hay duda de que el estrés es el factor en la tendencia que estamos viendo “, afirmó a la BBC General Peter Chiarelli, vicecomandante del ejército
Sintomas del estrés post traumatico, según la periodista Jeanette Becerra Acosta
—Continuos intentos de adquirir pastillas, armas de fuego y otros objetos para hacerse daño.
—Hablar o escribir sobre la muerte y llegar a morirse o suicidarse.
—Vivir en la total desesperanza.
—Actuar con rabia incontrolable, siempre en busca de venganza.
—Vivir siempre en busca de situaciones de peligro o riesgo.
—Sentirse atrapados, sin salida, como si no existieran puertas por donde escapar hacia la búsqueda de la paz y la felicidad.
—Llamadas frecuentes a viejos amigos, en especial a camaradas militares para despedirse.
—Limpiar compulsivamente un arma que tienen como souvenir.
—Visitas a cementerios.
—Obsesión por la cobertura de noticias de la guerra en la TV y diarios y por el canal militar de televisión.
—Usar su uniforme o parte de ese como botas, saco, camisetas, gorras.
—Insistir en todas sus conversaciones en cuán honroso es ser soldado.
—Dormir demasiado. Algunas veces la decisión de suicidarse conlleva un sentido de paz mental y duermen más de la cuenta para retraerse.
—Hacen guardia, quizá mientras la familia duerme para vigilar sus casas, echando llave obsesivamente a puertas y ventanas.
—Si están bajo tratamiento médico, dejan de tomar las medicinas.
—Se convierten en adictos al alcohol o a ciertas drogas.
—De pronto son compradores compulsivos que no dejan de gastar dinero en regalos para sus seres queridos con la idea de que “nunca lo olviden”.
—Rehusarse a hacer contacto visual con las personas con quienes conversa

images6.jpgJosé María Fidalgo es un hombre grande, sobre ese particular creo que nadie puede albergar duda alguna. Basta con mirarlo al lado de otros, a lo largo y a lo ancho. Es el más grande, más que el rey, más que la Faraona, más que Marcial Lalanda, aquel matador amigo de Franco que toreó para Himmler a principios de los cuarenta. Pero ser grande, grandullón que diría mi madre, no significa nada, como tampoco dejarse crecer la barba, hablar poco para dejar entrever una supuesta inteligencia escondida, tener la voz ronca, ser traumatólogo o monosabio.
Fue en 1977 cuando Fidalgo, que como su nombre indica era hijo de alguien, como todos, se afilió a Comisiones Obreras, un sindicato comunista que había logrado infiltrarse en las estructuras verticales e imperiales del régimen, un sindicato que había organizado las mayores contestaciones contra el fascismo español en la década de los sesenta. En aquellos años de la “transacción” estaba casi de moda ser comunista, lo eran hasta algunos pijos de la calle Serrano y adyacentes. Para algunos, ser comunista era estar al día, una excusa para salir de cañas, una fórmula para intentar llevarse a alguien al catre o de vivir la vida alegre. Así al menos lo entendieron muchos que pasados los años dejaron Comisiones y el PCE para alistarse en las filas de la derecha más rancia, caso de don Ramón Tamames, por poner un ejemplo significativo y de todos conocido.
Marcelino Camacho luchó contra el fascismo durante nuestra guerra civil, lo siguió haciendo después, durante toda su vida, indomable, fiel a sus ideales. Pasó años en las cárceles de posguerra, en los campos de trabajo franquistas. Exiliado en Francia, regresó en 1957 para fundar Comisiones Obreras sin importarle la feroz represión ni los riesgos que corría en la aventura. En 1967 fue encarcelado, pasando nueve años en la prisión de Carabanchel, de la que salió tras la amnistía de 1976. Fue diputado a Cortes y Secretario General de Comisiones Obreras hasta que vio que el sindicato comenzaba a virar a la derecha, a hacerse más doméstico con la llegada de los “Gutiérrez boys”. Camacho, que convocó la primera huelga general contra González, siguió siendo durante unos cuantos años presidente honorario del sindicato, abandonando el cargo cuando comprobó que se imponía dentro de él una línea completamente contraria a la que él defendió siempre, la del sindicalismo de clase. Hoy, con noventa y un años, Marcelino Camacho vive con su compañera en un piso de sesenta metros cuadrados del madrileño barrio de Carabanchel. Todo, hasta su vestimenta, sigue siendo igual, no hay lujos en su vida, no hay cambios en su pensamiento, no hay más que amor a la clase trabajadora, al pueblo puro, y en su rostro se nota la satisfacción de quien se ha entregado en cuerpo y alma a la más justa de todas las causas. Sin embargo, un deje de tristeza se atisba en su mirada, una tristeza que quizá provenga de ver cómo ha cambiado la sociedad de la mano de personajes como José María Fidalgo, de observar desde la atalaya de una vida larga llena de luchas magníficas como la izquierda se diluye en toda Europa mientras avanza el individualismo, la insolidaridad y la reacción, de comprobar como tanto esfuerzo, tanto sacrificio, tanta generosidad, puedan no haber servido de mucho para las nuevas generaciones, las encargadas ya de hacer el mundo más habitable para todos. Empero, Marcelino Camacho es un ejemplo de ética, de lealtad a las ideas de progreso, justicia y libertad, Marcelino Camacho es un referente, uno de los pocos grandes referentes que le quedan actualmente a la izquierda europea. Con él no pudo la dictadura, ni sus cárceles ni sus policías ni sus torturadores; tampoco los honores ni los almuerzos de trabajo, ni las reuniones con la “gente bien”. Salió del sindicato tal como entró y a los noventa y un años sigue siendo aquel hombre sencillo, duro, abnegado y honrado que siempre fue.
Decíamos que José María Fidalgo es un hombre grande, un hombre alto y corpulento, pero nada más que eso, solamente eso. Delante de mí tengo una fotografía en la que aparecen juntos Camacho y Fidalgo. No hay que fijarse mucho, un vistazo basta para saber quién es el hombre grande de los dos, el ser humano en todo su esplendor. Fidalgo casi le dobla la estatura, pero a mí me parece un personaje menguado al lado de Marcelino, un equidistante que ha hecho de la incoherencia todo un programa vital. No niego a nadie el derecho a cambiar una institución, un partido o un sindicato para adaptarlo, según su propio criterio y el de quienes le apoyen, a los nuevos tiempos: El inmovilismo no es una cualidad envidiable. Lo que si niego rotundamente es el derecho de nadie a jugar con las ideas, a confundir al pueblo, a deteriorar de forma irreparable los medios que los trabajadores tienen para defender sus intereses ante un capitalismo cada vez más agresivo y avasallador.
El viejo republicanismo hizo del imperativo categórico kantiano una máxima que pasaba de generación en generación: “Obra de tal manera que tu conducta pueda servir de ejemplo a los demás”. Sacrificar la vida personal por los intereses generales se daba mucho entre quienes desde la izquierda se entregaban a la cosa pública y muchas brillantes carreras de médicos, fisiólogos, escritores, periodistas, arquitectos, juristas, se vieron truncadas por ese sentimiento ético de la vida. Durante los primeros años de la “transacción”, algo quedaba de aquel espíritu en los abogados laboralistas que defendían causas perdidas, en los obreros que salían a pecho descubierto a enfrentarse contra los grises, en muchos estudiantes y algunos intelectuales, pero ese espíritu se fue diluyendo en las aguas del pragmatismo más indecente y hoy podemos contemplar sin demasiada sorpresa como el Secretario General del mayor sindicato de clase del país, sea contratado por el Instituto de Empresas, organización elitista dedicada a asesorar y formar cuadros directivos para las grandes corporaciones, y por el diario ABC, desde su fundación el periódico preferido por las clases más retardatarias y montañesas del país.
Fidalgo es un hombre grande que ha demostrado su pequeñez. Se pueden nombrar muchos casos parecidos a lo largo de nuestra historia. No merece la pena, son tantos que necesitaríamos varios periódicos para dejar constancia de los más significados. Pero dentro de nuestro pasado más inmediato, lo hecho por José María Fidalgo pasará a la historia como un ejemplo de deslealtad, de incoherencia y de carencia de los principios éticos más elementales. No sé el daño que tal actitud puede causar en quienes hoy sienten el deseo de rebelarse contra un sistema injusto y caduco, pero barrunto que es mucho. Dejémoslo en la trastienda, dónde se guardan los objetos inservibles, y fijémonos en la figura indómita y admirable de Marcelino Camacho, quien nunca vendió su alma ni a dios ni al diablo. Todo un ejemplo a seguir. Fidalgo siempre creyó que Camacho era sólo un jugador de fútbol.

images4.jpg

El encuentro del G-20 en Londres llevó a una tensa convergencia de las propuestas norteamericana y la europea. Ésta última prevé controles y regulaciones más rígidas de los mercados y la norteamericana busca salvar el sistema bancario privado con la inyección estatal de miles y miles de millones de dólares, sacados de los contribuyentes, con el propósito de financiar los créditos y garantizar la continuación del consumo. Hay informaciones de que Barack Obama se comprometió a asimilar algo de la propuesta europea y de esta forma crear un consenso mínimo para enfrentarse colectivamente a la crisis.

Es necesario, sin embargo, reconocer que ambas soluciones son intrasistémicas y nada inspiradoras, pues no ponen en absoluto en cuestión el modo de producción capitalista y su expresión política, el neoliberalismo. Curiosamente, Sarkozy, en un artículo del día 1 de abril, proponía un capitalismo cooperativo y solidario como forma de salir del caos. Parece entender poco de la lógica del capital, pues éste se rige por la competitividad y no por la cooperación. La solidaridad no es una categoría del capital; si lo fuera no tendríamos tantos millones de excluidos. Si alguien encuentra que el capitalismo es bueno para los trabajadores es un iluso. El capital es bueno para los capitalistas que detentan el tener, el saber y el poder.

Las propuestas del G-20 mantienen la acumulación del capital como el motor principal del funcionamiento de la economía y el mercado libre como el lugar de donde se reproduce. Esto sencillamente es más de lo mismo. No ataca las causas que han llevado a la crisis. La crisis económico-financiera es vista fuera del contexto global de crisis: social, alimentaria, energética, climática y ecológica. Todas estas crisis son consideradas externalidades, es decir, factores que no entran en la contabilidad del capital, como son el desplazamiento de millones de personas del campo a las ciudades, la deforestación, la contaminación del suelo, del mar y del aire. Estos factores sólo se toman en consideración cuando se revelan impedimento para las ganancias del capital.

Pero no es posible evitar la cuestión ética: ¿se trata de una solución que contempla a la humanidad como un todo y que garantiza la vitalidad del planeta Tierra o simplemente se trata de salvar el sistema del capital para beneficiar a los que acumulan? ¿Será una nueva jugada del sistema? ¿Se trata de una crisis en el sistema o de una crisis del sistema?

Todo indica que se trata de una crisis del sistema. Las dos externalidades mayores —la social y la ambiental— no ocupan un lugar central, pero son tan graves que ponen en jaque las soluciones contempladas, sostenibles solamente a corto y medio plazo. Después volverá la crisis, posiblemente bajo forma de tragedia o de farsa (Marx).

La crisis social mundial es aterradora. Los datos del PNUD de 2007-2008 prueban que el 20% de los más ricos absorbe el 82,4% de las riquezas mundiales, mientras que el 20% de los más pobres tiene que contentarse con solo el 1,6%. Es decir, hay una pequeñísima minoría que monopoliza el consumo a escala mundial mientras que los ceros económicos son lanzados a la miseria. Hay más de 900 millones de hambrientos y cada cuatro segundos muere un ser humano de hambre, según refiere J. Ziegler en su informe para la ONU sobre la pobreza en el mundo. ¿Qué cabeza y qué corazón tienen ciertos analistas notables de Brasil (véase M. Leitão y Sardenberg) que saben de todo esto y aun así defienden un sistema de tanta perversidad?

La crisis ecológica no es menor. Ya estamos inmersos en un calentamiento global que va a ser devastador para millones de personas y para la biodiversidad. E. Wilson, renombrado biólogo, denunció que la voracidad capitalista elimina definitivamente 3.500 especies de seres vivos cada año. Ante este cuadro dramático, sólo nos queda repetir lo que dejó escrito en latín el genio de la crítica al capital: «dixi et salvavi animam meam»: «dije y salvé mi alma».

Hay quien afirma, muy convencido, que las cosas de este mundo van ahora peor que nunca. ¿Peor que nunca? Notemos que el mismo que dice esto afirma también que dentro de poco irá todo mejor que nunca. Son cosas que decimos los jóvenes: nuestro entusiasmo nos lleva a creer que vivimos en la época más importante de la historia del mundo. Por eso nos lanzamos a la calle de golpe y nos damos a un trabajo inútil, atropellado, exterior a nosotros mismos, y nos dedicamos a buscar con estúpida vanidad el heroísmo. Y todo lo que decimos está lleno de una mística retórica, absurda, mientras nuestra alma y nuestro cuerpo siguen sin hacer nada más que zarandearse de acá para allá locamente.

Y es que anda muy escasa la virtud de la Paciencia. Entendamos por paciencia, no sólo una virtud que en ocasiones de la vida cotidiana nos hace resistir las pequeñas molestias, sino más bien una actitud total y armónica ante la vida que nos hace acomodar nuestros impulsos y nuestros deseos a la monotonía del tiempo (a esa monotonía riquísima, madre de toda virtud y de todo buen pensamiento que nos parece tan prosaica). Sencillamente: la Paciencia es el arte de no coger la pera antes de tiempo y de saber cultivarla.

Todo eso que, a primera vista, parece preparación religiosa, no es más que juventud: juventud fisiológica, la que pasa con el tiempo. Y no es que la juventud sea un mal principio, pero no es más que el primer principio. Hay que educarla. No hemos de dejar que se quemen sus ardores en salvas inútiles. Quizá alguien se escandalice si digo que hay que matar su primer impulso de impaciencia, de deseos de heroísmo, de fanatismo y hasta de ira, que algunos han dado en llamar «santa ira», como si un pecado capital pudiera ser santo (la ira es una pasión tal que, el que la tiene, pierde conciencia de lo que hace; un acto inconsciente es un acto animal: por tanto, o no es santa o no es ira).

Por tanto, conviene que tengamos Paciencia para acostumbrar a nuestro cuerpo, completamente corrompido por las comodidades de nuestro tiempo, a una ascética, si no fuerte, a lo menos ordenada, metódica e intransigente.

Paciencia, para acostumbrarnos a la tranquilidad y al silencio; para alejarnos de la máquina de emociones que es la vida actual. No estamos nunca con nosotros mismos, siempre en la calle, con la cabeza llena de colores, de gritos, de impresiones, que nos quitan la serenidad para pensar y nos cubren la realidad de apariencias para que no podamos conocerla fríamente.

Tengamos el convencimiento de que lo que debemos de hacer nos lo dice siempre antes la razón que los afectos. Acostumbramos a imaginar, no a pensar; a sentir, no a querer. Imaginamos como Don Quijote. Estamos enfermos: necesitamos emociones. Por eso nos entusiasma el gesto retórico, apariencial; la postura, el estilo, en fin, lo que nos parece bello nos importa más que el fondo de las cosas. O creemos que aquello es el fondo de ellas, a veces, en realidad, duro y prosaico. Admiramos al personaje genial, al héroe huidizo de una ocasión histórica, y no comprendemos al ser anónimo de todos los tiempos, infinitamente pacientes, que labró la tierra. Y no imitamos a éste; queremos imitar a aquél, y no se le puede imitar porque es un ser ocasional y único, y así nos salen esos aspavientos ridículos, grotescos y desproporcionados con la cosa que queremos hacer. También queremos sentir; ser protagonistas de algo en una estúpida soberbia romántica. San Agustín en un capítulo de las Confesiones, dice cómo a él le satisfacía en el teatro lo que él llama el falso dolor; la satisfacción de esa necesidad de sentir, el más morboso de los placeres que tiene todo hombre de una época decadente. Nosotros también. Y desdeñamos el dolor verdadero, el dolor racional y fundado en una renuncia real.

Somos cobardes, enormemente cobardes; no queremos el sacrificio auténtico, la realidad fría, prosaica; sólo queremos fantansías, teatro.

Vamos a buscar el dolor de verdad, la renuncia a nuestras vanidades, nuestros entusiasmos, nuestro deseo de brillar antes de tiempo, sin trabajo.

El dolor de verdad en la mortificación de nuestro cuerpo sin hacer caso de fervores pasajeros.

Cuando hayamos tenido este dolor podremos meditar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, que hace tiempo que estamos jugando con ella por querer llegar a la mística sin pasar por la ascética; al heroísmo sin pasar por la paciencia.

Y Paciencia también para seguir el camino pequeño, poco brillante, del trabajo honrado y verdadero. Ya vendrá Dios a llamarnos si nos cree aptos para lumbreras del mundo; es hasta pretencioso y vano creernos a nosotros mismos elegidos para tales menesteres. ¿O es que pensamos que por estar en un lugar muy alto nos van a oír las gentes? Es Dios quien abre los oídos de los hombres. Y si no lo merecemos por nuestra virtud y por nuestra sabiduría (aunque sólo aquélla es indispensable), no seremos oídos. ¡Ya estamos hartos de dar tanta importancia a la propaganda y a los medios humanos! ¡Es Dios y sólo Dios quien hace las cosas!

Seamos humildes y trabajemos en lo pequeño como el Carpintero de Nazaret. ¿No estuvo treinta años enseñándonos la Paciencia, la Humildad y cómo habíamos de prepararnos para la muerte? ¿O es que hemos olvidado ya todo eso?

Y no perderemos el tiempo, porque la sangre sin el sudor es casi estéril, digan lo que digan las retóricas baratas. El martirio puede por sí solo justificar una vida, ¡y tanto!; pero en este caso aprovecha casi sólo al mártir. El martirio no hace la vida, la completa. No se puede perder ésta buscándolo como única cosa que ofrecer a Dios. Desear morir es casi un egoísmo cuando aún no se ha dado nada. El martirio lo manda Dios cuando quiere: pero el camino normal es el de la Paciencia, que hará valer la vida, tanto o más que el martirio mismo.

Y cuando estemos respaldados por una formación ascética dura y una conducta ejemplar; cuando ya no seamos señoritos con fantasías heroicas; cuando tengamos una virtud y un criterio perennes, fuera de las circunstancias del tiempo: cuando no sintamos la belleza, sino que queramos la verdad; cuando no queramos ser nosotros, sino que Dios sea, entonces estaremos libres de todo prosaísmo, libres del fracaso de Don Quijote. Que lo más bello no es lo mejor, sino que lo mejor es lo más bello.

Entonces se nos habrá olvidado eso de que nuestro momento es el más decisivo de la historia del mundo. ¡Maldita fantasía juvenil!

¡Quién sabe cuántas vueltas dará todavía el mundo con el mismo monótono, aburrido y maravilloso compás sin dejar de dar, por eso, gloria a Dios en cada momento!

terrorismo-mediatico-prensa-corrupta.jpg

Parece indiscutible un hecho: la mejor garantía para que un sistema democrático funcione en estos tiempos reside en la existencia de los partidos políticos. El engranaje de la democracia no ha encontrado mejor herramienta que esas agrupaciones de personas que se mueven en la política para proponer fórmulas diversas de administrar la cosa pública, con la referencia de su ideología y sus propuestas concretas, ligadas a momentos concretos. Pero ese reconocimiento no significa, en absoluto, que se pueda admitir la arbitrariedad cuando falta el debido control sobre las estructuras partidarias, que pueden actuar en muchos casos como agrupaciones de intereses oligárquicos, incluso con matices corporativos, que conducen a corrupciones, a ventajismos y a una acumulación de poder que pueden llegar a poner en juego la propia salud de la democracia.

Es la corrupción la que ahora nos preocupa. Ni siquiera la corrupción de los partidos, sino la que se genera en torno a ellos. Nos podemos situar en la posición más caritativa y decir que los partidos políticos en España no son estructuras que admitan mecanismos de corrupción en su seno. Pero los partidos, que siguen teniendo el apoyo electoral suficiente para que el sistema democrático funcione en nuestro país, tienen sin embargo gérmenes en su interior que pueden desarrollarse y fomentar la corrupción y la desafección. Veamos algunos problemas todavía sin resolver de los partidos españoles.
Las listas electorales las hacen los partidos eligiendo, según el criterio del aparato, quiénes las componen. Los argumentos por los que se elige a unos y no a otros no suelen tener nada que ver ni con la representatividad social, ni con la formación, sino con el dedo de quien manda. Vemos de candidatos a alcaldes, diputados autonómicos, nacionales, a personas que es dudoso que pudiesen serlo si hubiesen tenido que ser elegidas democráticamente con criterios de mérito y capacidad. Porque se ha ido cambiando poco a poco el criterio racional y jurídico impuesto en casi toda la Europa democrática por el cual la legitimidad del elegido la da el electorado, y se va imponiendo el de que la legitimidad la da el partido que lo designa. Por lo que tanto la discusión interna como las diferencias ideológicas tienden a desaparecer. Todos acabamos diciendo amén a quien nos paga. O no diciendo nada durante años y apretando el botón del voto en el Parlamento cuando lo ordena el jefe del grupo.
Los partidos se van transformando en grandes empresas, donde conviene entrar y aprender a servir a quien corresponde para prosperar en su momento. Vemos cómo muchos militantes entran en las nóminas de los partidos (Juventudes Socialistas, Nuevas Generaciones, etcétera) desde jovencitos y a partir de ahí van trepando en el peor sentido de la palabra. Sin tener que estudiar ninguna carrera, ni aprender idiomas, ni saber recitar dos líneas sin leer una chuleta. Cuando la política se ha transformado en una profesión facilona, ejercida a través de los partidos, es muy duro marcharse, porque fuera de la política no se tiene oficio ni por tanto beneficio. Cualquiera que esté en esa situación mata por permanecer en el aparato.
Para evitar esta perversión, habría que introducir factores en las elaboraciones de las listas por los cuales el candidato elegido lo fuese por sí mismo con nombres y apellidos. Es el viejo debate entre listas abiertas y cerradas que cada vez se hace más urgente en nuestro país.
Ligado a lo anterior está la limitación de los mandatos. Es curioso observar cómo todos los ciudadanos y políticos de un signo u otro han criticado por antidemocrático el intento de Hugo Chávez de perpetuarse en el poder liquidando el límite del tiempo en su mandato presidencial. Pero nadie sugiere ni por asomo, que no estaría mal que en España se pusiese ese límite, lo que sería bueno para la alternancia, algo muy importante en el juego democrático.
La corrupción no es un fenómeno nuevo. Desde que existe la política, existe la corrupción política. Vivimos en un país en que los funcionarios, salvo raras excepciones que pocas veces han tenido entidad y significado, son decentes. En cambio, de vez en cuando nos salpican con gran repercusión mediática los escándalos de corrupciones políticas. Si creemos que la corrupción existirá siempre, pues siempre habrá gente dispuesta a dar y otra gente a recibir en interés propio, el núcleo del asunto es si la corrupción política es significativa o no. Y en España es preocupante. Eso ha estado, hasta ahora, ligado a las necesidades de ingresos extraordinarios de los partidos.
¿De qué viven los partidos? Javier Pradera lo resumía hace unas semanas en este periódico. De subvenciones por gastos electorales a todos los niveles, local, autonómico, nacional y europeo. De subvenciones anuales tendentes a financiar la actividad ordinaria. De subvenciones a grupos parlamentarios que financian los gastos de los partidos en las cámaras legislativas. De aportaciones privadas que tienen un límite. Y, cada vez menos, de aportaciones de los militantes.
La suma de todos esos ingresos es muy importante. Y nunca hemos escuchado decir a ningún representante de partidos políticos que las cantidades que perciben sean insuficientes. Como tampoco hemos conseguido que nos detallen, exactamente y con transparencia, todas sus fuentes de financiación.
Si la cantidad es suficiente, la posición de los partidos ante la corrupción debería ser de una claridad meridiana; y si no lo es, deberían explicarlo y pedir más dinero, porque los partidos son absolutamente necesarios en un sistema democrático. Y año tras año vemos cómo los partidos políticos gastan más de lo que recaudan, que no es poco. Y no entran en quiebra. ¿Por qué? Porque los Parlamentos lo permiten, y porque los bancos lo consienten. De cuando en cuando, hasta les condonan sus deudas. Los partidos se han convertido en estructuras que devoran recursos sin cuento, lo que favorece que existan corrupciones, sobre todo en los ámbitos locales, en los que es más fácil confundir el interés personal con el político.
Lo peor es que casi todos los partidos democráticos participan, cómplices entre ellos, del implícito acuerdo de no cuestionar sus sistemas de funcionamiento. Y, como apéndices de esas estructuras, los parlamentarios fijan sus propios emolumentos, sus dietas de viaje y comida, y hasta sus planes de pensiones, algunos tan escandalosos como los que disfrutan los parlamentarios europeos, que alcanzan además el derecho a la pensión máxima con tres años de dedicación mientras un trabajador normal necesita 35.
Los partidos son estructuras sin alma. Son edificios. Unos edificios habitados por gentes que pueden tener en origen un encomiable afán de servicio público, pero cuyos intereses son los de profesionales que tienen que sostener un tren de vida, y defender con uñas y dientes un puesto de trabajo para el que no es fácil encontrar repuesto. Véase, si no, la facilidad con la que un ministro, una persona que suele venir avalada por su gestión o por su sabiduría, puede dejar su puesto y volver a su actividad anterior, mientras las listas de parlamentarios se renuevan sin que nadie se acuerde de sus nombres ni sepamos qué han dicho en cuatro años. Sólo lo que han aplaudido y votado. Si se expresan de manera inconveniente les expulsará el partido, jamás el elector.
¿Para cuándo la aplicación del artículo 6 de la Constitución? Transparencia y democracia interna. Las únicas medicinas para hacer que los partidos sean instrumentos nobles de nuestra democracia. Entonces, quizá, querrán volver a la política los que hablan sin leer, los que saben inglés, los que han negociado en las fábricas convenios complejos, o los que han escrito libros de matemáticas o sociología. Sin necesidad de ser ministros.

images3.jpg
A estas alturas nadie puede dudar de que nos hayamos inmersos en una crisis económica grave e incierta. Grave porque millones de personas se están quedando sin trabajo, porque los países pobres son hoy más pobres que hace un año, porque el hambre amenaza a media humanidad; incierta, porque no hay nadie, absolutamente nadie que sea capaz de pronosticar su duración, de prescribir las recetas necesarias para que la economía se recupere a medio plazo o para imponer otro sistema que no se base en la depredación, la estafa, la explotación y la acumulación de capitales sin mesura.
Se ha repetido hasta la saciedad que los gobiernos no alertaron a tiempo sobre el alcance de la depresión, y probablemente sea cierto. Sin embargo, quienes así hablan cuentan una verdad a medias o sólo una parte de la misma: Cuando los gobiernos alertan a sus pueblos de cosas graves por venir, no lo hacen –sobre todo en los últimos tiempos- para pedirles sacrificios en pos de un mañana mejor, sino simplemente para imponérselos sin dar nada a cambio, para disminuir los derechos sociales, para aumentar la jornada laboral, para congelar salarios o dejar las manos todavía más libres a los capitalistas para que puedan cumplir mejor con su función esencial: Maximizar beneficios a costa de los trabajadores. Ver a un presidente del Gobierno hablar solemnemente ante el Parlamento o las cámaras de televisión, supone de inmediato una amenaza para el común de los mortales, excepción hecha de aquellos que por no ser comunes, por vivir encima de las leyes, nunca se verán afectados por las medidas restrictivas que se puedan aplicar. Del mismo modo, quienes insisten en esa falta previsión, olvidan –muchas veces intencionadamente- que cualquier persona con dedo y medio de frente que haya vivido estos últimos años en el “mundo civilizado” –ya hemos dicho en otras ocasiones que el resto no importa, son escoria, números, ni siquiera eso- sabía perfectamente que las prácticas económicas que se estaban realizando ineludiblemente llevarían a una situación crítica. Y no sólo los ricos, los jefes y gestores de las grandes corporaciones, los promotores y constructores, los banqueros, en este timo global participaron autónomos de todos los oficios que cobraban cantidades disparatadas por cualquier chapuza, abogados, ingenieros, arquitectos, delineantes, informáticos, alicatadores, enjabelgadores, ascensoristas, jardineros, carpinteros, electricistas que aprovechándose de la gigantesca marea especulativa pensaron en hacer de cada día su “agosto” particular y eterno. Así que, aquí, en lo que llaman mundo desarrollado, civilizado, en la vieja Europa y la joven América, el que no corría, volaba. Probablemente, sólo los obreros fabriles, los pequeños agricultores, los comerciantes modestos, los pobres –que los hay y muchos- y algunos despistados se mantuvieron al margen de la vorágine especuladora que implantó la corrupción como sistema magnífico para hacerse rico en un abrir y cerrar de ojos sin dar palo al agua, aunque sí al prójimo, que para eso estaba.
Por otra parte, desde que la crisis se mostró en toda su dramática intensidad, también han sido muchos los que han depositado, con la mejor intención desde luego, sus esperanzas en el nacimiento de un sistema más justo, más libre, más democrático. El desbarajuste creado por los druidas neoconservadores ha sido de tal calibre que era fácil dejarse llevar por el deseo, por los espejismos, por la esperanza de ver desaparecer a un sistema tan injusto como criminal. Lamentablemente, pienso que, aunque la esperanza es lo último que se pierde, todos nos hemos equivocado, al menos de momento. Me explico o intentaré hacerlo. Para que se produzca un cambio de sistema económico son necesarias muchas cosas, pero sobre todo una: Que el pueblo sea consciente de lo que ocurre y se ponga manos a la obra. Por ningún lado veo a un pueblo consciente y dispuesto a enterrar para siempre al capitalismo, ni incluso ahora que aparece desmoronado. Lo que si veo es que en Europa, la izquierda se está diluyendo, llegando a casos como el italiano en el que ha desaparecido. Lo que si veo es que la mayoría de los gobiernos europeos están dirigidos por neoconservadores. Lo que si presiento es que el modelo político europeo dentro de muy poco tiempo, ante la indolencia de la ciudadanía, será similar al norteamericano, ni siquiera cabrá la opción de llevar al poder mediante el sufragio a un partido tímidamente socialdemócrata. Al europeo medio –que no sé quién es, pero creo que existe- le gusta la comodidad, el sillón, que no le molesten, que le exploten y le gobiernen los canallas, que le roben su libertad, que prime el orden y la mano dura, que quien la haga la pague, incluso si no la ha hecho. Con esos mimbres pocos cestos se pueden hacer, y si no se pueden hacer cestos mucho menos cambiar un sistema que aunque tocado, sigue teniendo la salten por el mango, es decir el dinero, la policía y las conciencias domesticadas.
Pero la cosa va mucho más allá. Durante los primeros meses de la actual crisis, al contemplar la desmesura calamitosa de su obra, los neoconservadores callaron, se escondieron en sus dorados salones a esperar que pasara la tormenta, pues estoy convencido de que creían que se iba armar una y muy gorda. Pasaron los días y vieron como ninguno de ellos era procesado, como los diferentes gobiernos, asustados ante la quiebra del sistema financiero, invirtieron miles de millones de euros del pueblo en tapar los agujeros creados por los plutócratas, como los ciudadanos, atemorizados por el futuro, se volvieron hormiguitas ahorradoras y llenaron con su austeridad las vacías cajas de los bancos arruinados; contemplaron la quietud de las clases trabajadoras, incluso de los que habían sido expulsados del “mercado laboral”, la subsistencia de los paraísos fiscales, los apoyos multimillonarios a las transnacionales, la insolidaridad internacional con los más afectados por el desaguisado. Se dijeron: Aquí no ocurre nada, esta crisis es lo mejor que nos ha podido pasar puesto que en vez de meternos a todos entre rejas para toda la vida, nos están dando dinero, se pliegan a todas nuestras peticiones y ni Dios –que todo lo puede- dice esta boca es mía, salvo cuatro pirados que protestan contra Bolonia, la masacre de palestinos o las violaciones contra los derechos humanos, cosa que a nosotros nos tiene sin cuidado. Pasemos al ataque.
Primero fueron los bancos quienes dieron la voz de alerta clamando por una rápida intervención del Estado en forma de euros o dólares, pero quedando la propiedad de los mismos en las mismas manos que estaba. Después las constructoras, ahogadas en su codicia pero con los beneficios de años a buen recaudo en los paraísos fiscales, que para eso los hicieron, leñe. Más tarde, las textiles, las periodísticas, las agroalimentarias, las siderúrgicas y, por último, las automovilísticas. Mientras tanto, la estrategia del miedo tan bien urdida por los neoconservadores, surtía los efectos deseados y los trabajadores en vez de dar un contundente puñetazo en la mesa, de gritar hasta que su grito se hiciese insoportable para los habitantes de los palacios de invierno, guardaron silencio, se acobardaron, se aquietaron como si hubiesen dejado de saber que, en última instancia, son ellos, unidos, quienes tienen todo el poder. No cabe mejor ejemplo de lo que aquí digo que lo sucedido en SEAT: Asustados por el panorama catastrófico que a diario describen los medios, los empleados de la empresa automovilística aceptaron varias regulaciones de empleo. No bastó. Aprobaron en referéndum congelar sus salarios. No bastó. Cuando todo parecía medianamente encarrilado gracias a las cesiones obreras, Eric Schmitt, presidente de la empresa, muy sonriente, muy complacido, orgulloso de su obra, dice en voz alta que si el Estado no le da no sé cuantos miles de millones –he perdido la cuenta-, la continuidad de SEAT podría ser inviable. Vamos que la cierra. Y ante una situación como esta, que se ha repetido en los últimos meses cientos de veces en todos los países, yo me pregunto, ¿estamos ante una crisis o ante una monumental extorsión a la clase trabajadora muda?
Sin ningún género de dudas, me inclino por la segunda opción y me atrevo a pronosticar que se saldrá de la crisis, ya lo creo que se saldrá, pero con menos derechos, incluso con menos ropa, casi desnudos, como los hijos de la mar. Las cartas están boca arriba, descubiertas. Los que fabricaron la crisis van a por todas. Ni el mejor de los gobiernos podría hacer frente a semejante ofensiva sin una contestación masiva y global de los trabajadores de todo el mundo. Entre tanto, el G-20 se reúne para hacer la corte a Obama y hablar del sexo de los ángeles, sin plantear un solo cambio estructural, poniendo encima de la mesa otro montón de oro para ver si la máquina vuelve a funcionar como antaño, sin una sola resolución que pueda molestar a los emperadores de la cosa nostra. Cuando el pueblo se olvida de la democracia, la democracia se olvida del pueblo.

images2.jpgimages1.jpg

El pasado domingo, este periódico dedicaba unas páginas a la aparición en castellano de la biografía Franco, del historiador Paul Preston. La información venía ilustrada por cuatro imágenes. Ninguna tenía desperdicio: en una se veía a Serrano Súñer junto a Himmler y otros nazis eminentes; en otra, la más conocida, se veía a Franco y a Hitler en Hendaya, con ocasión de su famoso encuentro del 23 de octubre de 1940: Franco avanza mucho más marcialmente que el Führer (más ridículamente, por tanto, con las manos estiradas como si fuera a echar a correr) y pisa la alfombra que les han puesto, mientras que Hitler la evita y camina al margen; el austriaco lleva gorra y un correaje cruzándole el pecho; el español, gorro de soldado y un fajín que le queda alto. La tercera foto con ser semifamiliar da bastante más miedo que las anteriores, pese a carecer del elemento germano: según el pie, se trata de una visita de Franco y su mujer, Carmen Polo, a las Torres de Meirás en 1938, y el matrimonio está acompañado del gobernador civil de La Coruña y el general Yuste. La señora tiene el gesto frío y seco que siempre la caracterizó; aún más, el gesto de asco o desprecio perpetuos, la ceja alzada, los labios finos de la rencorosa viuda que tanto tardaría en ser, la mirada difidente y de soslayo, una mujer ya convencida entonces (aún estamos en plena guerra) de que la altivez es un signo de distinción. Aun así no resulta distinguida, la delata la manera en que tiene agarrado el bolso, con fuerza y desconfianza, como si el general Yuste se lo fuera a robar. Es lo que le preocupa, el bolso; quizá también el pañuelo al cuello, su sombrero como boina ancha y su abrigo enlutado. A la izquierda de la imagen está su marido, Franco, ausente, distraído, por algo elevado, quizá las torres, de nuevo con su gorro de cuartel, sobre el uniforme un capote con cuello de piel, versión pobre y guerrera del manto de armiño que le llegaría, al menos en retratos oficiales e idealizados.
Pero es la cuarta fotografía la que hiela la sangre. El pie dice: “Millán Astray y Franco cantan junto a su tropa. Millán Astray, fundador de la Legión, eligió a Franco para que dirigiera el primer batallón”. Puede que estén cantando, pero la congelación del instante no nos lo permite ver. En todo caso, la cosa es aún peor si en efecto están cantando, porque nadie canta así. Más parece que estén abucheando o desafiando o escarneciendo a alguien. La cara de Millán Astray es la más acabada imagen de la chulería fanática. Alzado con desdén el bigote de hormigas, la, dentadura picada e irregular, los ojos semicerrados como para mirar sin ser visto, su gesto es ya un insulto, parece que estuviera diciendo: “¡Anda ya! ¡A tomar por saco!” o alguna frase similar. Le pasa la mano derecha a su compinche por encima del hombro, y la cara de éste es la de un individuo en el que lo último que debería hacerse es confiar. La expresión de irrisión. y rechifla, la denigración y la crueldad en la boca, las cejas turbias, los ojillos fríos mirando siempre con avidez, el conjunto del rostro mofletudo y fofo, es el de un criminal. Son un par de facinerosos, sin apelación. Si nos encontráramos hoy día con esas caras, ni la calle cruzaríamos en su
compañía. ¿Nadie las vio? ¿Eran percibidas de otra manera en su tiempo? Hoy vemos las caras de la gente mucho más a menudo y con mayor impunidad: las vemos en televisión. Pero nadie parece ver lo que las caras dicen, y a veces dicen lo suficiente para no querer tener nada que ver con sus portadores (las apariencias engañan; sin embargo, no siempre). Me pregunto si en estos años nadie ha mirado de verdad los rostros de Javier de la Rosa y de Mario Conde, de Matanzo y de Álvarez Cascos, de Mohedano y Guerra y del ministro Belloch, de Idígoras y Roldán y de tantas figuras de nuestra política y nuestras finanzas. Si los hubiéramos visto en una película, habríamos adivinado en seguida sus papeles. Nos podríamos haber equivocado, pero es posible que no hubiéramos cruzado la calle con ellos, como tampoco con Jack Palance o Lee van Cleef. Que un pueblo entero se deje engañar por las caras de Kennedy o del propio González es comprensible; que se dejara engañar por Franco, no. Por favor, miren la FOTO otra vez.

images.jpgEl capitalismo del desastre se incuba en Chile y EEUU, hace unos treinta años y alcanza su punto más alto en 1994, cuando sus impulsores, los neocons, herederos de Milton Friedman, alcanzan mayoría republicana en el Congreso. Mayoría que perdieron, en 2006, días antes de la muerte de Friedman. Una de las claves de su derrota fue la corrupción. Las reglas del “libre mercado” nunca pretendieron crear una economía justa y armoniosa sino hacer a los ricos más ricos y a los demás, trabajadores de usar y tirar. Esa es la pauta que se repitió allá donde se implantó la ideología emanada de la Escuela de Chicago. Uno de los más fervientes discípulos de Friedman, se preguntaba a la muerte del maestro si de sus su vacío supondría la no supervivencia de sus principios.
Pero el problema no era la desaparición del líder intelectual, el problema es que muchos de los impulsores de la liberación de los mercados estaban sumidos en una serie de escándalos y procesos penales o ya estaban en la cárcel. Es el caso de directivos de en Enron en EEUU, Yukos en Rusia, Pinochet y su equipo de patriotas cleptómanos en Chile, los Videla, Massera o Cavallo en Argentina, Bordaberry en Uruguay o de Lozada en Bolivia. Todos ellos, sin excepción, intentaron retratarse como víctimas de una persecución política sin fundamento.
Tras la desaparición de Friedman, se extiende la resistencia a su invento conforme la gente se desprende del miedo instalado a base de desapariciones y picanas, y se comienza por los antiguos laboratorios en Chile, Bolivia o Argentina, cuyas exigencias son la mayor amenaza al legado de Friedman al negar su tesis de que el capitalismo y la libertad son parte indivisible del proyecto. El régimen de Bush estaba dispuesto a perpetuar ese falso binomio cuando declaraba en 2002 que: “las grandes luchas entre libertad y totalitarismo acabaron con la victoria decisiva de las fuerzas de la libertad” dos de esas fuerzas eran precisamente la democracia y el libre mercado.
En Europa tiene lugar un enfrentamiento entre ciudadanía y libertad de mercado en 2005, con el rechazo a la Constitución Europea en dos refrendos nacionales. Muchos descubrían con espanto que aquello, con la fuerza de una constitución, era un documento que podía maniatarlos sin posibilidad de revisión ni enmienda. También es cierto que muchos otros iba motivados por el miedo al inmigrante en general o al fontanero polaco, en particular, que hundía los salarios. Precisamente en Polonia, tras la traición a los trabajadores de Solidaridad, se votó a los Kaczynski (2005) por un programa cuya retórica atacaba la política de la Escuela de Chicago, programa que luego resultó ser otra cosa.

images8.jpg

Este tono, levantado del español es un defecto, viejo ya, de raza. Viejo e incurable. Es una enfermedad crónica.
Tenemos los españoles la garganta destemplada y en carne viva. Hablamos a grito herido y estamos desentó- nados para siempre, para siempre porque tres veces, tres veces, tres veces tuvimos que desgañitarnos en la historia hasta desgarrarnos la laringe.
La primera fue cuando descubrimos este Continente y fue necesario que gritásemos sin ninguna medida: ¡Tierra! ¡Tierra! ¡Tierra! Había que gritar esta palabra para que sonase más que el mar y llegase hasta los oídos de los hombres que se habían quedado en la otra orilla. Acabábamos de descubrir un mundo nuevo, un mundo de otras dimensiones al que cinco siglos más tarde, en el gran naufragio de Europa, tenía que agarrarse la esperanza del hombre. ¡Había que motivos para hablar alto! ¡Había motivos para gritar!
La segunda fue cuando salió por el mundo, grotesca- mente vestido, con una lanza rota y una visera de papel, aquel estrafalario fantasma de La Mancha, lanzando al viento desaforadamente esta palabra de luz olvidada por los hombres: ¡Justicia! ¡Justicia! ¡Justicia!… ¡También había motivos para gritar! ¡También había motivos para hablar alto!
El otro grito es más reciente. Yo también estuve en el coro. Aún tengo la voz parda de la ronquera. Fue el que dimos sobre la colina de Madrid, el año 1936, para prevenir a la majada, para soliviantar a los cabreros, para despertar al mundo: ¡Eh! ¡Que viene el lobo! ¡Que viene el lobo!…. ¡Que viene el lobo!
El que dijo Tierra y el que dijo Justicia es el mismo español que gritaba hace seis años nada más, desde la colina de Madrid, a los pastores: ¡Eh! ¡Que viene el lobo!
Nadie le oyó. Los viejos rabadanes del mundo que escriben la historia a su capricho, cerraron todos los postigos, se hicieron los sordos, se taparon los oídos con cemento y todavía ahora no hacen más que preguntarse como los pedantes: ¿pero por qué habla tan alto el español?
Sin embargo, el español no habla alto. Ya lo he dicho. Lo volveré a repetir: El español habla desde el nivel exacto del Hombre, y el que piense que habla demasiado alto es porque escucha desde el fondo de un pozo.

México, 1942.

todxs.JPGimages6.jpgimages5.jpg

Entrevista a Miguel Nuñez, dirigente comunista en la guerrilla y en la lucha democrática contra el franquismo.

G. Buster

-¿Por qué es importante recuperar ahora la memoria social y política? ¿Tiene que ver con el cambio de gobierno y de situación política? ¿Con las conmemoraciones en el 2006 de la II República española y la Guerra Civil?

Creo que la recuperación de la memoria histórica tiene que partir de un elemento esencial como ha sido la tergiversación. No solo no se ha mantenido socialmente una memoria histórica que se corresponda con la realidad objetiva de la Historia, sino que ha sido falsificada y traicionada. Por eso es absolutamente necesario recuperarla.

Pero no solo por eso. La memoria del siglo XX, con las dos guerras mundiales, el nazismo, el estalinismo, las dictaduras y los problemas coloniales, ha hecho necesario que todo el cúmulo de valores de resistencia de los trabajadores, del pueblo en general, de la lucha anticolonial, del mantenimiento de la esperanza aun en los propios campos de exterminio, de la defensa de los derechos humanos, no se pierda cara a las luchas del siglo XXI. Porque son valores y experiencias imprescindibles para armar a las nuevas generaciones que se tienen que enfrentar a una globalización en manos de los neoconservadores, que no ahorran violencia para imponer unos intereses que afectan a la existencia misma de los seres humanos y al propio planeta.

Hace quince años, el propio Club de Roma -una institución que no esta constituida precisamente por extremistas, sino por científicos- advirtió que si se mantenían las políticas en vigor, el mundo marchaba hacia una catástrofe ecológica y social. A eso nos conduce la globalización y a eso hay que hacer frente.

-La recuperación de la memoria histórica se ha convertido en un movimiento social. Desde la búsqueda y apertura de las fosas colectivas del franquismo, hasta el redescubrimiento de archivos, pasando por conmemoraciones que vuelvan a plantear las principales cuestiones históricas de este siglo. ¿Qué relación hay entre este esfuerzo y la promesa del Gobierno Zapatero de presentar un proyecto de ley para la recuperación de la memoria histórica y la rehabilitación de las victimas del Franquismo?

La creación misma de AMESDE, Asociación para la Recuperación de la Memoria Social y Democrática, tiene ese objetivo. Poner en relación a la sociedad civil con la Cultura, con las Universidades, para que se pueda recuperar desde el estudio objetivo de la historia los valores democráticos y humanistas. Al mismo tiempo hay la necesidad de una ley que aborde toda esta problemática y que el actual gobierno ha comenzado a preparar.

Pero no habrá seguridad de que esa ley va hacia delante y se aprueba - y no solo por voluntad del gobierno actual- sin un fuerte apoyo social que sea capaz de superar las dificultades y obstáculos con los que se encuentra por parte de la derecha más reaccionaria. Es necesario desarrollar toda una serie de actos, investigaciones y movilizaciones que compongan la masa crítica de apoyo necesaria para superar desde la sociedad civil esos obstáculos. La Iglesia, los poderes fácticos no se resignan a una interpretación de los hechos distinta de la que han impuesto durante tanto tiempo. No habrá una ley como la que necesitamos sin un movimiento social en el que pueda apoyarse.

-AMESDE ha tenido para ello una intensa actividad para articular una red social en apoyo a la recuperación de la memoria histórica. Ha firmado toda una serie de convenios de colaboración con instituciones oficiales, sindicatos, fundaciones, ONG’s. ¿En que ha consistido esta labor?

AMESDE ha encontrado un eco extraordinario en sus propósitos. La idea de que es necesario recuperar los valores auténticos de la lucha por el humanismo, por la democracia, por el progreso social para proyectarlos en las luchas de hoy ha sido acogida con entusiasmo. No hay mas que citar algunos de los nombres del Consejo Asesor de AMESDE como Antonio Tapies, Paul Preston, Pierre Galland, Jordi Borja o Carlos Berzosa.

AMESDE se ha centrado inicialmente en la creación de la Cátedra de la Memoria Social y Democrática del siglo XX en la Universidad Complutense de Madrid. Esta cátedra es la única que existe en España dirigida por una comisión mixta formada por tres catedráticos de historia y por tres personalidades ligadas a los acontecimientos de esta época. Desde su creación ha tenido una actividad intensísima, con el apoyo de otras universidades, que le ha permitido constituir equipos de investigación multidisciplinares.

AMESDE encara ahora su programa de trabajo para el año 2006. Un año importante para la recuperación de la memoria social y política de lo que fue la II República en nuestro país y las causas de la insurrección fascista y el estallido de la Guerra Civil. Las autoridades han tomado algunas iniciativas en relación con estas conmemoraciones, a las que hay que llenar de contenido desde la sociedad civil. Hay que publicar toda una serie de investigaciones imprescindibles, de videos, documentos y cintas sonoras que permitan, desde el rigor científico, trasladar esa nueva visión objetiva a la enseñanza a todos los niveles. Todavía hoy los libros que se estudian en nuestra enseñanza media no reflejan en muchos casos de manera objetiva la historia de nuestro país o la historia universal. Recuperar la memoria histórica y social no es solo un deber cara a los protagonistas, es sobre todo una necesidad cara al futuro, para construir un “sentido común” del pasado objetivo que permita pensa r sin miedos el futuro.

Nada de lo que ha conquistado gracias a las luchas sociales la Humanidad esta asegurado. La involución siempre es posible. Sobre todo cuando las fuerzas reaccionarias son tan poderosas y hay una falta de conocimiento del pasado que permita su manipulación. Si no se defienden y se amplían esas conquistas, se pueden perder.

¿Por qué el Partido Popular defiende estos días una Constitución a la que su antecesor político, Alianza Popular criticó tan duramente?
Porque quiere congelar el presente en defensa de sus privilegios. Que no se pueda avanzar sobre todo desde esa propia Constitución. La conquista de la democracia en la Transición, con todas sus limitaciones, después de todos los años transcurridos, exige la puesta al día de la propia Constitución y su reforma. Y eso es lo que teme y a lo que se opone ferozmente el PP. Hoy le dan al texto constitucional del 78 todas las virtudes que entonces le negaron.

-Además de Presidente de AMESDE, Miguel, has sido un protagonista importante en la resistencia contra el Franquismo. Resumiste tu experiencia de aquellos años en un libro de memorias, “La Revolución y el Deseo”, que es especialmente autocrítico. ¿Cómo se relaciona este esfuerzo personal de mirar al pasado con la lucha actual por recuperar la memoria social y democrática?

Lo que me inspiró para poder comenzar esta nueva tarea fue precisamente ese esfuerzo personal de poner en cuestión el propio pasado. Durante mucho tiempo hemos tenido ideas políticas, sociales, incluso creencias, arraigadas, que han permitido luchas tenaces y sacrificios inmensos de mucha gente, pero que se combinaban con ideologías, con orientaciones políticas que no solo eran falsas, sino que se oponían en algunos casos a los mismos valores más positivos de esa lucha. Queríamos una nueva humanidad en la que cada uno diera según sus capacidades y recibiera de acuerdo con sus necesidades. Pero eso fue vulnerado en muchos casos por el estalinismo, por la persecución de las disidencias -que en la mayoría de los casos eran un esfuerzo crítico creador a favor de los procesos revolucionarios.

El esfuerzo personal individual tiene que trasladarse para ser de verdad eficaz a un esfuerzo colectivo global de la sociedad. Ahora hay incluso una cierta moda de discutir si cuando ha habido las violencias totalitarias del nazismo, del franquismo del estalinismo, las sociedades implicadas eran culpables de alguna manera o si solo eran culpables unos cuantos. Creo que hay una culpabilidad colectiva. Unas veces por miedo, otras por comodidad inclusive -como ha señalado un importante historiador del Holocausto- o por dinero y egoísmos personales que se colocaban por encima del bien común.

Creo que si no hubiera hecho mi reflexión personal autocrítica sobre la lucha contra el Franquismo no hubiera sido capaz de implicarme ahora con una cierta autoridad moral en la lucha por la recuperación de la memoria social y democrática colectiva.

* Miguel Nuñez , nacido en Madrid en 1920, fue uno de los principales dirigentes comunistas en la guerrilla y en la lucha democrática contra el Franquismo, en especial en reorganización del PSU de Catalunya. Fue diputado por Barcelona en la primera legislatura democrática. Impulsor de la ONG de desarrollo ACSUR-Las Segovias y en la actualidad presidente de AMESDE, Asociación para la recuperación de la memoria social y democrática. La entrevista fue realizada por G. Búster.

Next Page »